No mires atrás 8 (final)
Tres semanas pasaron sin saber nada de ella. Cada
día que finalizaba y su ausencia se hacía más notable, aumentaba mi desilusión.
Por más que me repetía que no debía esperarla, que no debía mirar a la puerta
con la ilusión de que en cualquier momento apareciera, no podía evitarlo.
Ingrid por supuesto, estuvo muy pendiente de mí. Me
conocía bien y sabía que aunque por fuera pareciera estar como siempre, por
dentro estaba hecha añicos. Pero no porque esperara algo diferente de todo esto
con Diana, sino porque me fue imposible no involucrarme sentimentalmente y no
desear haberla conocido en otro tiempo, en otras circunstancias ... con más
juventud y menos equipaje en mi haber. Ese equipaje que me gritaba que aunque
la edad era sólo un número, había muchas cosas que Diana necesitaba vivir,
disfrutar y sufrir antes de involucrarse con alguien como yo. Cosas que ya yo
había vivido y definitivamente no quería volver a vivir.

