SABANAS FRIAS.
Durante horas fantaseando sin ser
capaz de descansar, el sueño se niega a acompañarme, al menos la calma es total
en el monte.
La brisa mece un par de abetos
cercanos a la cabaña, una locura me trajo a este lugar ermitaño y dejado de la
mano de dios, o como mínimo de la sociedad cibernética, ni siquiera cobertura
para llamadas de emergencia, si se me antojara caerme muerta, hasta que el
recepcionista pase no me entierran….
El optimismo no me acompaña es algo innegable, un lugar
así seria todo un placer disfrutar en compañía, pero no como un perro
abandonado…
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