Maía caminaba, sin saber que
decir, entraron en la habitación en silencio absoluto, al menos ahora podrían
ser ellas, se acercó dándole un abrazo que fue correspondido, las lágrimas
seguían cayendo sin importar ahora como se mirara.
El silencio inundo el carruaje,
nadie más hablo y el tranquilo viaje se tornó melancólico para cada una de
ellas, a lo largo se veía los últimos rayos del sol perdiéndose sobre las
mesetas frente a ellas, el bosque se mecía ante el viento, daba una sensación
de serenidad y paz.
-Maía, despierta, te perderás
una bonita vista, estamos cerca de la casa de Madre.
-Estoy despierta, solo cerré
un rato los ojos.
Bostezando
todavía entre los brazos de Reggie que veía el paisaje entre la ventana del
carruaje, escuchando la riza de su amante, aunque no había pasado más de besos
y caricias, lo eran, su corazón ciertamente así lo aseguraba.
El
viaje que habían hecho al pueblo no sirvió para nada, alguien les aviso que irían
a la taberna, por lo que ellos no aparecieron, el viaje de regreso se tornó
triste e incluso inquieto, algo estaba mal lo podía sentir, así que se apresuró
a regresar.
Después de despedirnos con
los besos más deliciosos, mi corazón estaba en llamas me gustaría pasar la vida
con esa mujer tan hermosa, sentada aun en la mesa, recordaba los besos que eran
y seríande los únicos labios que querría probar.
Reginne en sus pensamientos volvía
al momento que Ryot le contaba de su ataque, a pesar de haber tenido una cena
romántica, se entristeció porque siempre le perseguía ya sea la guerra o la
muerte.
Aunque
se alegraba de estar cerca del cuerpo de la mujer que le inspiraba ternura, no
podía dormirse pensando en que Ryot estuvo bajo ataque cuando se dirigía a vera Madre,
cosa que no logro hacerlo al regresar castillo inmediatamente unos días después
del rapto de Leonora.
Ryot despacho a cada uno de
los sirvientes, mientras esperaba que preparan su habitación, se acomodaron frente a la chimenea en los sillones separados
cada pareja frente a la otra, ensimismada en sus pláticas.
Por la tarde como fue pactado
entraron en el cuarto de la Reina, sus sonrisas se ensanchaban mientras
murmuraban entre ellas, no pasaron desapercibidas ante la pareja que les
esperaban en el sillón sentadas muy juntas agarradas de la mano.
Saboreaba del cuerpo cercano,
sintiendo los latidos, sin pensar en nada más que el recorrido demi mano hacía
la cadera del cuerpo, sin urgencia, un suspiro escapo de su boca, me sentí
contenta de estar acompañada de la mujer más hermosa que existía. Por los rayos
del sol era aún temprano, continúe las caricias hasta que note el cambio de
respirar.
La luna estaba en todo su
esplendor, hacía frío tanto que me acomode más cerca de la noble por algún
motivo me calentaba mejor que las colchas, tener a mi lado a esta mujer, era
todo lo que una doncella no debería ni siquiera pensar, que dirían mis padres
si se enterasen del trato tan íntimo que estoy dando en este momento.
Desde
que vi entrar a este caballero mi corazón palpito con urgencia de ampararlo,
estaba tan maltratado, sucio, despojado de su armadura y aun así frente a su reina
con la urgencia de un animal agredido, sus ojos destellaban ira quizás eso la
mantenía en pie, pero cuando hablo lo hizo tan resueltamente,ahora estaba
segura que es una mujer, su vos lo asegura y sin duda era experta en temas de batallas.
Era
aún de día, no podía arriesgarme, tendría que acercarme lentamente mientras
llega la noche pensé resuelta a no dejarme ver, dirigí mi corcel cercano al bosque,
aunque al hacerlo me rezagara más.Sentía por el paso de mi corcel y su
desaliento que en cualquier momento haría más larga mi llegada, mire el castillo
y pensé “Al menos los habitantes están a salvo, ella también”.