Anna
Hacía mucho tiempo que iba a
la misma estética a cortarme el cabello, era un lugar cercano a mi casa, me
atendían casi de inmediato con cita previa –y aunque no era muy económico- el
servicio era bueno.
No soy una persona a la que
le guste mucho el contacto físico, por lo cual siempre pedía que me atendieran
las mismas personas, para lavarme el cabello Jovita, una señora de edad no tan
avanzada, pero sí mayor, y para el corte de cabello Lila, la dueña del local.
Lila siempre trataba de convencerme de que me hiciera tratamientos y cambios:
depilación de cejas, tinte de cabello, masajes faciales, etc. a los que yo
nunca accedía, la verdad es que me daba flojera pensar el trabajo que tendría
que hacer para conservar tales cambios: o dedicaba más tiempo en casa a mi
arreglo personal, o tendría que ir más continuamente a la estética, y la verdad
es que ninguna de las opciones me seducía, prefería una apariencia lo más
natural posible sin llegar al descuido.
