
Soñé que me miraba a los ojos fijamente tan de cerca que
no podía verla, veía en sus ojos deseo y pasión, también vi duda y temor, que
no podía creer lo que estaba pasando.
La había mirado tanto y tenerla así frente a mí me hacia
estremecer, porque era tan hermosa con su ojos oscuros bien redondos, tanto que
eran hipnotizadores en combinación perfecta con sus cejas tan bien formadas, su
boca tan apetecible y besable, tan llena de besos que no conocía y que se
avecinaban mientras entreabría lentamente los labios acto reflejo de mi
cercanía, que era evidente porque pude oler el aroma de su pelo tan bien
cuidado, y sus pupilas vi dilatar mientras dejé de respirar teniendo miedo de
romper el encanto, de mover un músculo, ella tenía un imán invisible que me
atraía de forma inevitable e irresistible y es que su rostro se convirtió en lo
más perfecto para mí y ahí en esas cuatro paredes solo fui consciente de ella,
del tono de su piel.