La miro, la veo alejarse lentamente, con paso cansino,
parece que llevara sobre sí el peso del sin amor; espero que gire su cabeza
para cruzarme con sus ojos una última vez al tiempo que deseo fervientemente
gritar su nombre, detener su marcha, correr rauda hacia ella y envolverla entre
mis más antiguas ternuras. Quizás ella lo esté esperando, parece detenida en el
tiempo, como si no avanzara dejándome atrás. Pero sólo son mis ganas que me
engañan, su figura esta clavada en mí, y sigo viéndola aunque la multitud de
cemento ya la haya devorado…no detuve su irse, no volteó a verme una vez más.