La Orden Viribus
Capítulo 4
Juvenes
Soy joven, aun me falta mucho por aprender... esas son las palabras de
los más sabios. Para los más antiguos quienes han existido eones, mi tiempo es
tan breve como para el hombre lo es una milésima de segundo, y aun así he
vivido 40 años del hombre. El nacimiento que para la humanidad es motivo de
dicha, para los de nuestra clase es sinónimo de luto y renovación, pues solo
con la muerte de un Viribus antecesor, el Celestial, concede el divino éter del
que estamos hechos y entonces podemos ser creados por nuestros padres, dos
Lucendi de dos dimensiones diferentes. El nacimiento es la obra más sublime
entre los Lucendi, moldear el éter es un regalo como ningún otro, pues por un
momento se nos concede la facultad de la creación y solo por este medio nos es
posible la existencia. Un don que a otros les ha sido negado desde el momento
mismo de su rebelión, es por esta distintiva razón, que los Descendi ocuparon
en la humanidad el medio para inmortalizarse a través de sus descendientes,
lamentablemente para ellos, híbridos imperfectos con muy poco o nada de
divinidad resultaron de aquella unión. Por nuestra parte, los Lucendi
consideramos tal cruza, un acto tanto inútil como absurdo, por no decir
aberrante, ninguno procrearía jamás con un humano, pues la criatura resultante
tendría un destino incluso peor que los Crecelius.
Las acciones viles de aquellos que una vez brillaron como estrellas y se
consumieron en la oscuridad, sus viajes entre dimensiones pese a las
prohibiciones del Celestial, así como el creciente número de hijos que estos
continúan gestando en la humanidad, nos ha obligado a permanecer en el mundo de
los mortales, donde los más jóvenes aprendemos a superar la corrupción del
hombre y los Crecelius, para alcanzar la templanza suficiente y así soportar el
viaje a la dimensión oscura; un plano donde los Descendi más antiguos habitan,
allá donde el Arquitecto y sus aliados fueron desterrados; vivimos y morimos en
una batalla tan larga como el tiempo mismo, una que no acabará hasta que no
quede ninguno de ellos en las dimensiones porque esa es la voluntad del
Celestial.