CAPITULO 5
Mis
conversaciones con Jenny se fueron convirtiendo primero en algo habitual y
luego en algo necesario. El anonimato propició que le abriera mi corazón y le
contara cosas de mí que a casi nadie había contado. Sí, ya sé que ese anonimato
es un arma de doble filo y que nadie me aseguraba que detrás de ese perfil que
pertenecía a Jenny Hartman se encontrara en realidad esa mujer de veintisiete años, médico y
excelente conversadora, divertida, comprensiva y entrañable con la que llevaba
ya tres meses comunicándome. La persona
que se escondía detrás de esos mensajes me iba ganando poco a poco el corazón. La física funcionaba, no había duda y sentía
una atracción casi magnética hacia su persona. ¿Pero funcionaría la química?. Mil veces había imaginado cómo sería el
envoltorio de ese corazón que había aprendido a querer poco a poco, pero por
más que le pedía que me describiera cómo era físicamente, siempre me decía que
quería reservar esa única sorpresa para el momento en que nos viéramos cara a
cara.

