Nos quedamos
en la casa a solas, las dos con el fuego calentado
el ambiente, pero no nuestras ganas, porque esas estaban ardiendo desde que pisamos
el lugar.
Como vos siempre decís no tenía prisa, pues
llegaría lo que tanto ansiaba, así que
sólo disfruté de vos, de vuestra mirada, de vuestra timidez, junto a
la mía. Compartíamos el espacio que tanto deseábamos, no era fácil
romper esa timidez, pero de a
poco, lo estábamos haciendo, hablábamos,
nos movíamos por la estancia buscando ese
encuentro, ese momento tan deseado…
Pero las dos sabíamos esperar, sabíamos encender
más ese fuego que ya nos quemaba el
alma.
