Esperamos tu historia corta o larga... Enviar a Latetafeliz@gmail.com Por falta de tiempo, no corrijo las historias, solo las público. NO ME HAGO CARGO DE LOS HORRORES DE ORTOGRAFÍA... JJ
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Conversaciones con una muñeca hinchable - Angelove

Conversaciones con una muñeca hinchable

- Todo eso está muy bien, Cordelia, pero no voy a quedarme en casa sentadita viendo la tele y aplaudiendo tus perspicaces comentarios sobre cada programa.- Cordelia miraba a María con aquellos ojos azules suyos muy abiertos, con una O dibujada en sus labios color carmesí, con su modelito de sábado noche, trajecito lila con flores amarillas, ¿margaritas tal vez?- Está claro que no voy a convencerte de lo contrario.
- ¿No vendrás conmigo?
- No, esta noche estoy cansada.
- Siempre estás cansada para salir conmigo.

Uvas - AngeLove

Allí estaba, la vendimia había llegado al fin con los albores del otoño. Todos se afanaban por terminar la dura jornada de trabajo que había comenzado al amanecer para evitar los rigores del sol y el calor, cortando racimos, probando uvas y separando las que irían directas al lagar de las que se servirían como postre. A pesar de ser una actividad mecánica, si bien salpicada de notas de humor, comentarios y chismorreos, constituía el momento más interesante de la época ya que era difícil encontrar una reunión multitudinaria sin salir de la comarca. Para Julia el atractivo estrella de la jornada residía en poder observar a las tres hijas del vecino libremente, unas genuinas “Ángeles de Charlie”, deambulando entre parras y simulando ser auténticas expertas. 

Tiempo de confesiones - Angelove

Hay algunos que descuidan la familia. Otros simplemente la ignoran. Otros la malinterpretan. Los más, la soportan. Claudia estaba en este último grupo. Como cada verano tocaba celebrar el cumpleaños de su madre, se reunirían todos, la matriarca soplaría las velas y ahí terminaría la celebración, después desaparecerían. Ella, sin embargo, se quedaría allí parte la época estival. Un par de playas y una obra inacabada eran su excusa. Cuando todos se hubieran marchado podría disfrutar de la casa, las playas y la soledad a sus anchas. De momento se conformaba con poder refugiarse en su habitación. Así que no se percató de quien había llegado, mucho menos de quien lo había hecho en primer lugar.

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