Esto dijo mi hermana Rebecca a nuestra madre, cuando aún podía hablar, y su corazón aún latía de tanto en tanto:
Por favor compréndeme, si mis labios se encaprichan en endurecerse, o de a momentos
tiendo a temblar, porque el dolor de mi corazón ha enmudecido mi vida entera, y mis muchas noches enlutadas momificaron aún mis sentimientos. El dolor es un sentimiento ambiguo, cuando pienso en lo intenso de su origen. Me he enamorado. Simplemente me he enamorado, y su belleza sobrepasó aún los límites de lo permitido a los seres humanos, y no hablo solo de belleza física, sino de hermosura espiritual.
