Hay algunos que
descuidan la familia. Otros simplemente la ignoran. Otros la malinterpretan.
Los más, la soportan. Claudia estaba en este último grupo. Como cada verano
tocaba celebrar el cumpleaños de su madre, se reunirían todos, la matriarca
soplaría las velas y ahí terminaría la celebración, después desaparecerían.
Ella, sin embargo, se quedaría allí parte la época estival. Un par de playas y
una obra inacabada eran su excusa. Cuando todos se hubieran marchado podría
disfrutar de la casa, las playas y la soledad a sus anchas. De momento se
conformaba con poder refugiarse en su habitación. Así que no se percató de
quien había llegado, mucho menos de quien lo había hecho en primer lugar.
