Esperamos tu historia corta o larga... Enviar a Latetafeliz@gmail.com Por falta de tiempo, no corrijo las historias, solo las público. NO ME HAGO CARGO DE LOS HORRORES DE ORTOGRAFÍA... JJ
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El raro diseño de la luna - Laura T.D - 26 - Fin

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            Los bocetos fueron aceptados sin cambios, pero todavía tenía que revisar el currículum de veinte personas para seleccionar a su nuevo asistente. Mar estaba descartando de tajo aquellos resúmenes de vida profesional desordenados o con muy mala presentación. Teniendo tantas posibilidades de ordenar sus datos, información y referencias (unas trescientas formas o más), le parecía inaceptable que los aspirantes a trabajar en la empresa, no se tomaran la molestia de pensar en el orden y la buena y creativa presentación.

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            “Tienes una cara horrible”, la saludó su hermana, temprano por la mañana. Mar no hizo caso, se apresuró a tomar un poco de jugo del desayunador, pero una vez lo hubo servido, se dio cuenta de que realmente no le apetecía. Alargó el vaso a su pequeña sobrina que jugaba con un par de huevos fritos, haciendo un desastre su plato de comida. ¿Cómo esperaba su hermana que Lucía desayunara tan temprano?
            “¿Irás a trabajar? ¿Cuántos huevos quieres?”
            “No, gracias. Comeré más tarde y no, hoy no iré a la oficina”
            “¿Y eso?”

El raro diseño de la luna - Laura T.D - 24

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            Eran las dos de la mañana. Mar estaba esperando en la estación a Nora. ¿No podían llamarle o enviar un mensaje o un e-mail, con las noticias? A lo mejor, pensaba, era la manera mediante la cual Luna logró que Nora se fuera de su lado. Luna se había contactado mentalmente con Mar para decirle que Nora iba en camino y llevaba noticias. Sin Nora, el canal para la comunicación no tenía interferencias (a Mar le gustaba, aunque no lo admitiera del todo, pensar en el “sin Nora”, descartando de tajo la debilidad de los maestros).

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Nora y Luna, abrazadas, se preparaban para pasar la noche tumbadas en una hamaca. Estaban en una playa, el sonido de las olas llenaba el silencio. Ambas (más explícitamente Nora que Luna) habían decidido ir hasta allá para cubrir con los maestros la historia de las vacaciones. Nora había visto esa mañana a sus duendes informáticos que ahora trabajaban a marchas forzadas en un hotel cercano a la ribera en la que ellas se hospedaban. Eran casi las tres de la mañana. Luna estaba acostada en completo silencio, mientras Nora intentaba conciliar el sueño, pero éste se le negaba. La escritora sentía el cuerpo cansado y la mente agotada, pero era incapaz de dormir. Al final, decidió encarar por fin aquello que le preocupaba.

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Mar comprobaba una y otra vez su bandeja de entrada, por si tenía noticias. Corrió a conectar su celular porque de tanto revisar su pantalla, la batería se había agotado en menos de cuatro horas. Nada. Para mantener su cabeza tranquila se había concentrado en establecer una rutina de cambios de postura. Primero acostada en su cama, luego boca abajo. Después, sentada en el suelo, luego acostada boca arriba en el suelo, luego acostada boca abajo en el suelo. Posteriormente, aún sobre el suelo, con las piernas estiradas sobre la silla del escritorio. Luego sentada frente al escritorio. Luego sentada frente al escritorio con las piernas encima del mismo. Luego daba vueltas caminando por toda la habitación. Y todo volvía a repetirse cambiando de posición cada 15 minutos. Nada. Nora y Luna se habían ido sin despedirse y no había noticias de ellas.

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Nora y Sara llegaron al mismo tiempo a la casa de Mar. Eran cerca de las cinco de la tarde cuando ambas coincidieron en la puerta de entrada. Ciertamente no les dio mucho gusto encontrarse ya que eso significaba que ninguna de las dos estuvo acompañando a las supuestas primas durante el día. Bueno, tendrían que pensar en una mejor coordinación, pensó Nora y supuso que Sara estaría de acuerdo.
Fue Mar quien atendió la puerta y las dejó entrar. Sara la saludó con un beso rápido en los labios y Nora con otro en la mejilla.

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Mar abrió los ojos. Luego sintió un tirón en su espalda y cadera. Mar estiró todo lo que pudo su cuerpo. Seguía en el piso. Se había quedado dormida en aquella posición. Eso significaba que Luna no había regresado, ¿o sí? Dirigió la vista hacia la cama, donde había visto el cuerpo-recipiente de Luna la noche anterior. Como había supuesto, el cuerpo parecía vacío todavía. Mar se desperezó, eran apenas las 6 de la mañana.
Curiosamente no le preocupaba que Luna se hubiera ido o la hubieran llevado para siempre, porque todavía podía recordar todo sobre la galáctica. Además, esos alienígenos superiores no dejarían un cuerpo blanquecino tibio abandonado en el planeta tierra. Se trataba de pasar desapercibidos, ¿no?

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Si terminaba con lo que tenía enfrente, podría tener tiempo suficiente para comenzar a vectorizar el segundo personaje. Eso sería muy bueno porque entonces tendría más tiempo para  la animación. Había hecho rendir las dos horas que llevaba en la oficina, ¿solo dos horas? Le parecían muchas más, unas cinco o seis, pero es que el tiempo ese día transcurría lento. Había llegado antes que todos a su escritorio, como a eso de las siete y cuarto de la mañana, porque su cama parecía catapultarla fuera. Pues sí, si la idea era dejar de pensar en todo lo que pasó esa anoche, entonces era necesario tomar distancia del sitio exacto en el que permanecía el aroma de Luna y el recuerdo de su cuerpo. Probablemente nunca volvería a conciliar el sueño en esa cama. Ok, ya estaba de nuevo ahí su tendencia a la exageración. Pero es que sí. Independientemente de todo lo improbable que sería volver a tener una experiencia íntima con un ser alienígeno, para tener punto de comparación, hacer el amor con Luna había sido incomparable con cualquier cosa. Pero no era momento de pensar en eso, había que pensar en vectorizaciones.

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Resultó que la película era la versión extendida del director, así que había terminado muy tarde. Apenas acabando, todos fueron a dormir. Luna no mostró intenciones de charlar, marciana respetuosa de los horarios laborales. A la mañana siguiente, Luna sorprendió a Mar con la noticia de que Hugo la llevaría a pasear en moto. Mar no tuvo reparo. Una mañana libre para trabajar intensamente sin labor niñera intergaláctica. Además Hugo es de confianza, no es como si tuviera que mantenerme preocupada, pensó Mar.

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A la mañana siguiente, en el trabajo, Mar tomaba una taza de café con una dona glaseada. Había decidido que esa mañana no le importaban las calorías, aunque la verdad pocas veces le importaban (y sí, qué envidia por su metabolismo). Luna, que la acompañaba con otra dona, la observaba en silencio.

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Eran ya casi las dos de la mañana. Mar había jugado, publicado en redes, escuchado música, conectado el celular porque la pila se había agotado y Luna no regresaba. Supuso que podría haberse ido a su habitación porque nadie intentaría entrar al cuarto de Luna a las dos y cuarto de la madrugada. Pero si ya había esperado tanto, pues podía esperar un poco más y le pareció ver que el cuerpo terrícola de Luna se empezaba a mover. No era así, era un juego de sombras proyectadas por la galaxia que no brillaba siempre de la misma manera. Por lo menos ya no estaba recargada contra la puerta,  sobre el piso. Ahora estaba sentada sobre la cama y como el cuerpo-recipiente-terrícola estaba más cercano, los juegos de sombras ya no la engañarían.

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Nora se sentía flotando en una nube. El día estaba un poco nublado, el aire estaba más fresco que de costumbre, los patos jugueteaban alegremente y había pájaros y mariposas revoloteando en muchos lados, pero lo que realmente era maravilloso (y es que el adjetivo le parecía cada vez más conveniente), era Luna esforzándose por contarle todo lo que se podía saber sobre aves migratorias.

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Sara agitaba las hojas impresas por la webcam, Mar intentaba encontrar el artículo en internet. ¿Por qué Sara no había guardado el enlace? Esas cosas poco consideradas eran el típico comportamiento de su amiga. Le había insistido mediante mensajes de texto que se conectara a una videollamada en horas de trabajo y Mar, que nunca podía negarle nada durante mucho tiempo, se había conectado aunque tenía que hacer tres ilustraciones antes de finalizar el día y además de perder el tiempo chateando, ahora necesitaba encontrar el único artículo en el que aparecía una fotografía de Nora. ¿En verdad era “esa Nora”? Todo apuntaba a que sí. La creadora de su vínculo intergaláctico era una de sus escritoras contemporáneas favoritas, medio famosa, muy talentosa. Mar había leído todos sus libros y esperaba con ansiedad la publicación de los próximos volúmenes de su saga. “Pregúntale a Luna”, le había dicho Sara y sin duda lo haría, pero ya que internet estaba más a la mano, se había volcado a esa fuente primero, aun cuando pudo haberse comunicado psíquicamente con la galáctica. En verdad Nora era perfecta. Si ella fuera una visitante interplanetaria, seguramente también la habría elegido para materializarse a través de ella, pensaba Mar y definitivamente sería una candidata perfecta para ejercitar un proceso de enamoramiento mutuo. Mar suspiró. Ahora ella también quería ser parte de la misión. Por muy mala que pudiera ser la idea, para Nora, claro, el hecho de que la escritora fuera un tan inusualmente maravilloso ser humano (por lo menos eso pensaba Mar que tendía a idealizar a sus escritores favoritos), le agregaba valor al experimento amoroso de Luna.

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“Prometiste que no ibas a desaparecer”
“No voy a desaparecer, Mariana, te estoy avisando que ahora estaré en esta ciudad. Es exactamente lo mismo y no estamos tan lejos.El día de la entrega trimestral puedo viajar hasta allá y dar la cara. Mis entregas semanales las hago por correo, así ha funcionado”
“Sé que no me necesitas para arrear tu trabajo, pero sí me necesitas para mantenerte comunicada con el mundo…Nora, ese es mi trabajo y estás haciéndolo muy difícil”

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“Tú sabes que si me gusta una manzana, estoy dispuesta a estar con ella… pero la cosa no es tan sencilla, tío, olvídate de que tiene novio, de que es una egocéntrica empedernida, olvídate del hecho de que me le he declarado más de una vez y me ha rechazado… no, no solo es eso, sino que ahora yo podría representar algo no muy conveniente para ella… ¿me explico? antes ella era la que no me convenía  a mí, por egoísta y todo eso, pero ahora yo no le convendría a ella… No, no tío, no estoy metida en la mafia… no… tampoco tengo alguna enfermedad venérea… ¿son en serio tus preguntas? Sí, ya sé que he esperado mucho y ahora sé que siente por mí lo que sea que siente, pero no es suficiente… ¿me estás diciendo inconforme? Pues sí, la quiero solo para mí o bueno… ¿un capricho? No empieces a analizarme… Está bien, sí… ¿cuándo vienes? perfecto, mis papás estarán encantados… solo que esta vez dormirás en la sala porque tenemos compañía… una prima, hija del tío Juan… no, no es alguien que conozcas, ya sabes cómo es la familia de mi papá… sí, seguramente te simpatizará. Sí, es muy bonita… sí, juega para mi equipo y no, no la he besuqueado… nos vemos entonces el miércoles. Te quiero.”

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“Pobre mujer”, declaró Mar, después de escuchar la historia entre Luna y Nora.
“¿Por qué la compadeces? Fue solo un instrumentoque resultó dañado”
Luna continuaba abrazada a su cuerpo. Mar notaba que poco a poco la alienígena recobraba su fuerza.
“¡Oye! En primer lugar, yo también soy un instrumento, así que por favor observa un poco más de respeto a quienes te servimos, aunque seamos humanos inferiores”, Mar hablaba medio en serio, medio en broma.  “En segundo lugar, y si estoy entendiendo bien esta situación, si te materializaste de acuerdo a sus pensamientos y pensaste que ella sería tu vínculo y ella recuerda algo de eso, seguramente se estaba volviendo medio loca al estar pensando una y otra vez si todo en verdad sucedió”

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Nora estaba sentada frente al pequeño escritorio del cuarto de hotel. En la pantalla de su computadora portátil, el cursor parpadeaba al inicio de un nuevo documento. Podía sentir que estaba cerca de ella y entonces aquella era su gran oportunidad. Iba a intentar reconectar con ella de la misma manera en que todo había comenzado. El poemario conseguido en la tarde le había recordado que tenía que dejarse desbordar, que sus emociones debían estallar en pensamientos, letras y palabras para llamarla. Escribió sin pensar demasiado. Casi tenía los ojos entrecerrados mientras presionaba cada letra, cada espacio. Se había abandonado al vértigo de escribir en prosa un llamado. Aquella era su última esperanza y tenía que aprovecharla porque de otra forma estaba resignándose a una vida incompleta.

El raro diseño de la luna - Laura T.D - 10-2

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En aquella novela las olas se movían marcando el ritmo de la vida. Era envolvente. El estilo de la narración de repente abrumaba tanto que podías llegar a sentirte como movida también por un vals y si te descuidabas emocionalmente, podrías verte convertida en una náufraga o un trozo de coral perdido o un pez globo desinflado, flotando a la deriva. Más o menos así se sentía Mar esa noche. No podía dormir. Hacía tres días que ella y Sara habían llevado a Luna a su primera cacería de oportunidades de experimentación romántica. No habían vuelvo a hablar. Ni si quiera un mensaje. Se sentía peor que como aquella vez en la que habían discutido por alguna estúpida razón que ni recordaba con claridad. Esa vez no se hablaron dos días y fue un martirio. Pero esta vez se sentía peor, porque ni siquiera estaba segura del por qué se había cortado la comunicación. Quizá había hablado de más; claro, eso era. Por lo que a ella concernía, le había medio declarado (otra vez) su amor en esa mesa de bar. Pero no, tampoco había sido tanto. ¿O sí? Tal vez no había sido explícita, pero es que a veces no podía controlar su impetuosidad, a lo mejor había dicho eso de “lo importante que eres para mí” con demasiado fuego en la mirada. El pensamiento la avergonzó, primero porque pudo ser cierto y luego porque en una de sus recreaciones mentales del momento se imaginaba vestida como un Romeo ofreciéndole la luna a su amada, con tal de demostrarle su amor. No había sido para tanto. De seguro estaba exagerando.

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“¿Cómo te gustan las mujeres, Luna?”
Sara era la más entusiasmada, pensó Mar. Luna estaba en modo contemplativo, como el día anterior mientras caminaban de regreso a casa y ella misma no se sentía totalmente cómoda en aquella situación.
“Mis expectativas, después de una delimitación previa con Mar, incluyen el género femenino, por supuesto, juventud y una personalidad interesante”

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“¿Estas segura que yo elegí esa chaqueta?”
“No tendría por qué mentirte”
“Es solo que…te aseguro que si la hubiera elegido yo, la hubiera elegido para mí”
Mar estaba enamorada de la chaqueta que Luna se había puesto.
“Préstamela, voy a probármela”
Luna se quitó la chaqueta y se la pasó elegantemente a Mar. La terrícola metió sus brazos por las mangas, se alisó el frente y volteó a verse en el espejo del cuarto de su hermana, en que ambas mujeres se encontraban. Mar observó su reflejo. La maldita chaqueta lucía menos bonita ahora. Suspiró, era inútil. Luna se había materializado en una maldita modelo, con maldita capacidad para lucir chaquetas baratas como si fueran exclusivas de Prada. ¿Y es que Prada tenía chaquetas?, luego lo averiguaría.

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