Y ahí estaba frente a mi amiga de años, confidente, paño de lágrimas y cómplice de locuras sin sentido; en el último momento que comparto con ella antes de su viaje por unos meses. Las despedidas nunca son fáciles, ya sea por unos días o por unos meses; nunca son momentos gratos que le gusten a nadie, pero se debe dar en las personas que se quieren. Sé que solo serán unos meses, pero teniéndola aun frente a mí, ya le extraño.
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