Esa mañana llegué de Madrid, después de rentar un apartamento y
organizar todo para el traslado. Al abrir la puerta, me recibió un silencio
frío. Encontré la casa despojada de muebles, nevera, algunos libros y CDs;
corrí a la habitación y en la cama estaba Susana sentada. Su mirada se perdía
en el infinito y apenas se inmutó al verme.
Me acerqué a ella, me senté a su lado y le abracé; aunque sus
brazos no enlazaron mi cuerpo y pronto se separó de mí con cara de malestar y
el ambiente empezó a tornarse tenso…
Isabella: - ¿Estás bien? ¿Qué ha pasado?
Susana: - He tenido épocas mejores, mi padre dijo que pronto
pasará y la verdad es que siento que así será.
