Qué fácil es
enamorarse en un chat. Conectas con alguien, te gusta su humor, su forma de
hablar, compartís demasiadas cosas… y lo que no sabéis la una de la otra tu
imaginación lo rellena para que seáis absolutamente compatibles. La información
se va compartiendo primero tímidamente y luego cada vez con mayor avidez, ni
más ni menos que como en un ritual de seducción en el que un cruce de miradas
desemboca (no sabemos bien cómo) en un rodar-por-la-alfombra bien acompasado.
