La soledad me consumía día tras día en la espera de alguna persona que me hablara con ternura del amor. Mi pobre corazón se ahogaba de incesante llanto por la amargura que le causaba el no tener otro corazón a quien amar. Vivía sedienta por consumir el excitante néctar del amor de los labios de ese alguien que me salvase de las terribles garras del olvido y el desamor.
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