Soy tu dueña 3. Hacerte el amor
Sandra llegó a mi vida de manera inesperada. Nunca
pensé que aquella experiencia tan desagradable de quedarnos encerradas en un
ascensor, me haría conocer a la mujer de mi vida. Sí, así nos conocimos.
Estaba en su ciudad natal en la organización de un
evento en una cede bancaria cuando nos topamos en los ascensores de la misma.
Confieso que no me fijé en su presencia, dado que estaba atareada tratando de
resolver algunos inconvenientes que se habían presentado, sin embargo, al
entrar en el ascensor y presionar de manera conjunta el piso 10, fue inevitable
sentir su suave piel.


