Era una noche oscura, nublada y
lluviosa, en el camino trato que esquivar los charcos, lo bueno es que tengo mi
suéter de capucha y evito mojarme mis alisados cabellos. Mi destino es decisivo
acabo de tomar la decisión más grande de mi vida, subo unos escaleras y me
dirijo al apartamento número 117, antes de tocar la puerta cierro mis ojos
respiro profundo y trago saliva “toc, toc”. Pero esperen un momento para que
puedan entender porque mi nerviosismo y mi decisión tengo que contarles cómo
fue que empezó todo:
Mis días son rutinarios, me
levanto, me tomo una taza de café, me ducho, me visto y me dirijo a mi trabajo.
Trabajo en la administración de un pequeño supermercado, no es gran cosa y para
mi edad la paga es muy buena. Consto con solo la edad de 21 añitos soy graduada
en administración, vivo sola en un departamento en la ciudad y me doy todos los
lujos que cualquiera muchacha de mi edad quiere darse. No soy fiestera, ni
amiguera al contrario no confió en casi nadie, no tengo amigos sino conocidos,
amo la soledad y tengo un refrán que me acompaña todos mis días “mejor sola,
que mal acompañada”. Pero ya no hablemos de mí, hablemos de cómo empezó esta
historia.