Estaba
tan enfrascada en mi mundo de aventuras literarias, que jamás me di cuenta, de
las personas que pasaban a mi lado. Estaba en mi servicio social, y lo único
que se me pedía era ayuda de vez en cuando, sacar copias, comprar cosillas
pequeñas, de ahí en más nada.
No sabía
ni la mitad de los nombres de las personas que trabajaban ahí, pero no me
preocupaba mucho, tampoco no todos sabían mi nombre.