Amanecimos
abrazadas. Un nudo de brazos y piernas que no daba lugar a espacio alguno.
Nuestros rostros con señales de poco dormir, pero con la felicidad reflejada en
cada poro.
Quise levantarme
para hacer el desayuno, pero no me dejó. Quiso hacerlo ella misma, así que me
quedé en la cama recordando lo maravilloso de la noche anterior. Lo maravilloso
de cada instante vivido y lo completa que me sentí. No había una sensación
mejor que esa. Mi cuerpo se calentó nada más de pensar en la manera en que sus
manos, dedos y lengua exploraron mi cuerpo. En cada caricia, en cada lamida, en
cada succión que hizo de mi cuerpo ... la humedad se hizo presente en mi
entrepiernas y mi respiración se aceleró ... era increíble cómo podía
necesitarla tanto después de haber hecho el amor tantas veces, pero así era ...
sin poder evitarlo, mis manos comenzaron a moverse por todo mi cuerpo, tratando
inútilmente de recrear las caricias de Fabiana. Eran sus manos, era su boca lo
que necesitaba y mi cuerpo pedía a gritos alivio, así que mis manos bajaron
hasta mi intimidad tratando de calmar esa llama que tenía por dentro. Tratando
de imitar las caricias de mi amor. Mi respiración se aceleró irremediablemente
y mis caderas se movían a voluntad propia. Perdida en mis acciones estaba
cuando sentí que la cama se hundía a mi lado y pude ver la mirada ardiente de
Fabi. Sus pupilas dilatadas y sus labios húmedos y entreabiertos. Con sus
manos abrió mis piernas y se ubicó entre ellas, hundió su cara entre mis muslos
hasta que su lengua comenzó a recorrerme sin piedad. A succionarme sin reparo y
a beber mí esencia directamente de mi abertura. Fue rápido, intenso y voraz,
pero deliciosamente maravilloso. No hubo preámbulo, ni juegos, fue deseo
primario, básico, pero era lo que mi cuerpo necesitaba por lo cual, el orgasmo
que explotó en mi me hizo gemir con fuerza y liberarme sin control. Los
espasmos controlaban todo mi cuerpo haciendo que temblara sin cesar y mis
jadeos y respiración compitieran por cuál era la más descontrolada. No sé
cuánto tiempo pasó antes de que recuperara la serenidad, sólo sé que la sentía
aún en mi entrepierna.