Capítulo
Uno.
Como
ocurría el último jueves de cada mes Andy levantó su vista y la vio entrar,
como siempre elegantemente vestida con su traje sastre a medida, su falda gris
metálico apenas a la altura de las rodillas, sus zapatilla negra de tacón, con
medias cubriendo sus torneadas piernas, una camisa de seda blanca se asomaba
por debajo de su abrigo del mismo color de su falda; en su brazo izquierdo
colgaba su bolso negro a juego con sus zapatos, su cabellera negra y lacia caía libre por sus hombros, de sus
orejas se alcanzaban a percibir discretos aros dorados, en su dedo anular destacaba
su sortija de matrimonio y sobre su muñeca izquierda su reloj, por su cuello se
alcanzaba a ver el brillo discreto de su gargantilla;

