Subía en un
ascensor, si alguien me hubiese preguntado donde iba una vez entre en él,
hubiese contestado tras carraspear “donde vaya ella”
Así es, fue entrar
a ese ascensor, verla apoyada distraída en el espejo, mientras trasteaba su
carísimo móvil y me alegré de ser tan perezosa como soy, de tener un culo al
que no le hacen falta ejercicios para mantenerse duro y firme, y de ser
olvidadiza y no recordar el daño al medio ambiente que se hace usando un
ascensor para subir una sola planta
