Capítulo
18
Cuando
le dije eso pude ver en su rostro consternación. Quedo callada y pensativa.
-¿Crees
en la reencarnación?- pregunto de repente.
-
Si creo en la reencarnación, ¿por?
-
Porque quiero saber tu opinión, sabes eso que me has dicho de que quizás en
otra vida quizás escuche tu voz me hizo acordar a una leyenda que me contaron
alguna vez.
-
¿Y de que habla esa leyenda? He escuchado muchas aunque hay una sola que yo
sepa que habla de la reencarnación.
-
Es una leyenda de medio oriente habla de vampiros y la reencarnación.
-
Entonces si estamos hablando de la misma leyenda, sabes en mi casa donde estas
quedándote, tengo unos escritos antiguos con imágenes que hablan de eso y cuentan más o menos la
historia de una vampira. He leído tantas veces esa leyenda que ya me la sé de
memoria.
-
Si debe ser la misma. Vamos yendo a tu casa y seguimos hablando de eso. Tal vez
puedas contarme esa historia que te la sabes bien, parece.
-
Esta bien, vamos.
Cuando llegamos a la planta baja del edificio.
Pude ver con el gesto que hizo su cara que noto a los tipos que no están
siguiendo, están allí vigilándola.
-¿Has
visto que nos siguen?
-Si
lo he notado hace un par de días, a quien más vigilan es a ti. Están casi
siempre cerca del edificio.
-Jamás
pensé que sería vigilada. Tengo que tratar de encerrarlos cuantos antes.
-Seguro
que no, pero esta vez hay alguien importante si puede decirse porque no es más
que otro narcotraficante más el que esta atrás de todo esto. Si pero tienes que
hacerlo con cuidado.
-Es
verdad el senador Politari es un delincuente más. Si tengo que preparar una
buena estrategia para atraparlos.
-Si
sabes que tiene influencia y nos mando a vigilar, podría tener más sicarios. Tú
necesitaras protección.
-Tienes
razón pero tú también necesitaras protección.
-
Mira Adriana, tú por mí no tienes que preocuparte. Eres tú la que lo va a meter
presos a ellos. Por eso querrán lastimarte a ti.
-Como
que no me preocupe, estas pidiendo algo que no puedo hacer.
-Sé
que no pero tendrás que hacerlo- dije llegando a casa.
-Está
bien si eso quieres- respondió mirando seriamente, sé que no hará lo que le
dije- yo iré a bañarme así me relajo, esto me produce estrés.
-Me
imagino que sí. Yo estaré con los libros.
Me
fui a la habitación donde tengo los libros y las demás cosas de recreación.
Busco
los libros que tengo hace tiempo que en realidad son manuscrito con historias
de los vampiros, en uno o dos hablan de mí. En uno de ellos hay una imagen mía.
Arranco
la hoja para guardarla y que ella no vea, porque me reconocería inmediatamente
o le resultaría muy parecida. Pero ella es inteligente y sospecharía más de lo
que ya lo hace.
Sostengo
esa imagen en mis manos y me pierdo en los recuerdos.
¿Creen
que los vampiros somos monstruos? ¿Seres sin recuerdos? muchos se han entregado
a lado bestial, no les importa nada, se creen superiores que los humanos, sin
pensar que ellos alguna vez lo fueron. Otros nos resistimos a perder esa parte
que nos hace humanos. Aunque a veces dejamos salir esa parte bestial a la que
no nos hemos entregado.
Mi
mente sigue recorriendo los terribles sucesos que me llevaron al viaje que
desencadeno en la oscuridad perpetua.
Habían
pasado varias semanas desde que mi pequeño hermano y yo dejamos nuestras tierras y vendimos todo
aquello que nos ataba allí.
Pronto
llegamos al territorio de los casitas, un lugar inhóspito y lleno de misterio.
Un
reino de ladrones, asesinos, y terrores nocturnos. Muchos viajeros, comerciantes
y pastores perdieron su vida en estos lugares.
Mi
corazón latía muy de prisa pero mi espíritu parecía estar muerto. Tenía miedo
pero no por lo que me fuera a pasar a mí sino a Josías que apenas era un niño.
Nos
encontramos con un campamento de elamitas que estaban en el reino de los
casitas comerciando telas, vino y joyas.
La
mujer del líder de los elamitas que acampaban en ese lugar se acerco a nosotros
al vernos allí armando nuestro
campamento bastante cerca del suyo. Después de hablar un rato con ella y saber
de quién éramos hijos nos invito a cenar con ellos.
Esa
noche nos sentamos frente a la gran mesa, ubicada en medio de una carpa. La
carne asada desprendía un olor que podría satisfacer a cualquier hambriento.
Entre
vinos y la historia de viajeros que contaban pasamos gran parte de la noche,
-Esta
es una gran noche – dijo el líder Aswad mientras levantaba la copa- mañana
estaremos en Heliópolis. Brindemos porque saldremos de este horrible lugar y
Dios nos acompaña en este viaje.
Todos
levantaron su copa para brindar.
Los
hombres reían y festejaban. Apophis hijo de Aswad, Asim su hermano, Badru ex
guardia del faraón que viajaba con ellos como seguridad. Y alguno de sus
esclavos también se encontraba en la mesa.
-No
nos van a presentar a tus jóvenes invitados- dijo Badru- ¿de dónde vienen?
-Jajá
–rio Aswad- ni yo conozco su historia, solo se por mi mujer que son los hijos
del difunto comerciante Chike
-Muchacha
cuéntanos que hacen tu y el niño por aquí, para que te conozcamos, a tu padre
lo conocíamos perfectamente.
Todos
lo de la mesa guardaron silencio, a la espera de que contara que hacía por
allí. No veía el porqué de contarle las penas que cargábamos.
-No
creo que este sea el momento de contar nuestra historia, solo sigamos
celebrando.
-Una
mujer sabia- exclamo Aswad- será mejor que le hagamos caso.
Me
sentí tranquila, pero al mirar el rostro del anfitrión comprendí que no quedo
satisfecho con mi respuesta.
La
voz de Adriana me trajo a la realidad, de donde me encontraba.
Guarde
en uno de mis bolsillos la hoja que arranque del libro.
Antes
de decirle o descubra que es lo que soy, quiero que recuerde su anterior vida,
los momentos que vivimos juntas, que se que están en su inconsciente.
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Me gusta mucho tu historia...siempre espero, con ansias, los capítulos, gracias Ve. C.
ResponderEliminarAtt Lilián U.