Esperamos tu historia corta o larga... Enviar a Latetafeliz@gmail.com Por falta de tiempo, no corrijo las historias, solo las público. NO ME HAGO CARGO DE LOS HORRORES DE ORTOGRAFÍA... JJ

Al final del corredor - Jane Doe - 1

Andrea observaba en silencio el delicado cuerpo de Claudia tendido a su lado en la cama. La suave luz de la mañana que se filtraba por las cortinas, le daba a la silueta de su compañera un aura especial y difusa que hacía más hermosa  a aquella mujer, por la que sentía un inmenso y profundo amor.
         La cabellera dorada  con sus rizos desordenados sobre el rostro y parte de la espalda brillaban intensamente, mientras, el resto de aquel cuerpo tan pálido como las sábanas, que apenas cubrían  parte de sus piernas, la incitaban recorrerlas  con besos y caricias.

          Andrea deseó  extender su mano y tocarla, luego seguir el contorno de aquella suave espalda, descendiendo hacia su cintura para elevarse nuevamente por la redondez de sus glúteos. Contuvo el aliento por un segundo pues Claudia refunfuñó entre dientes y prosiguió su tranquilo sueño. Resolvió dejarla seguir  durmiendo, durante la noche se habían amado con pasión, se habían perdido en una sinfonía de caricias y suspiros   hasta el agotamiento. Como  hacía tiempo no lo hacían.
           En las últimas semanas, Claudia se mostraba desganada y distante, con poco ánimo. De tanto en tanto pasaba  por épocas como esa. Andrea notaba sus cambios de ánimo y no la presionaba; como llegaban se iban y todo quedaba ahí.
         Se abstuvo de acariciarla y decidió levantarse, tomó su bata y se fue en silencio a la cocina. Cuando el desayuno estuvo preparado, Claudia apareció en la cocina, arrastraba los pies aún desperezándose.
- Hola linda, cuando desperté no te vi – rodeando a Andrea por la cintura y depositando un sonoro beso en el cuello.
- Um que rico – girándose hacia Claudia besándola en los labios -. No quise despertarte, te veías tan relajada cielo – y volvió a atender lo que estaba haciendo.
 - Dormí profundamente. Me pregunto por qué sería – manteniendo el abraso a su compañera.
 - No tengo la menor idea – respondió  Andrea haciéndose la inocente y echándose en el cuerpo de Claudia.
 - Oh, eres una gran mentirosa, lo sabías. Anoche me dejaste sin aliento malvada.
 - ¡Ja, ja, ja!, no seas exagerada. Te recuerdo que fuiste tú la que inició el coqueteo – soltándose para comenzar a servir el desayuno en la mesa.
 - ¿Yo, yo? No fui yo la que se paseaba casi desnuda desde que llegué de la oficina – tomándola por los hombros y siguiéndola en las vueltas que daba  de la cocina al comedor.
 - Ya, ya, sienta que el desayuno se enfría. Debes  tener mucha hambre o ¿no? – sonriéndole pícaramente.
 - Um, sí, que rico -y ambas siguieron esa amena charla mientras tomaban el desayuno.
       Después de comer se bañaron y se prepararon para salir. A pesar de ser sábado, Andrea debía ir a la agencia donde trabajaba, ya que era  publicista. Tenían una campaña en marcha y el cliente, además de ser el más importante también era el más quisquilloso. Así que por algunas semanas trabajaría de lunes a lunes. Por su parte, Claudia tenía un almuerzo con altos ejecutivos de la casa matriz de la empresa transnacional donde trabajaba cómo relacionadora pública. El tiempo apremiaba y debían salir.

 - Andrea, te dije que los bocetos debían estar listos para hoy – la amonestó Rafael García, el jefe y uno de los dueños de la agencia de publicidad.
 - No se preocupe, iré por ellos al departamento de gráfica en seguida – respondió Andrea tratando parecer tranquila.
 - Mira, de sobra sabes  lo importante de esta campaña, del dinero que está en juego, el prestigio de la agencia y sobre todo, que son nuestros mejores clientes. Debemos esforzarnos al máximo – dijo  el hombre levantando sus manos en el aire.
 - Mire don Rafael,    siempre han quedado  satisfechos con nuestro trabajo, su posicionamiento en el mercado ha  ido en aumento desde que nos hemos hecho cargo de su cuenta, sin contar que la mayoría del personal está dedicado a esta campaña  –dijo Andrea sin alterarse ante los movimientos histéricos de su jefe.
- No es suficiente, todo tiene que salir perfecto, ¿me oyes? – y golpeó con ambas palmas el escritorio de Andrea, que asintió con un leve movimiento de cabeza  antes que su jefe retomara la compostura y saliera de la oficina.
- Ufff, histérico –bufó Andrea una vez que García cerró la oficina.
       Alrededor de las seis de la tarde habían quedado de juntarse con Claudia en un café del centro. Andrea llegó más temprano y esperó ojeando unos documentos que se había llevado de la oficina.
 - Hola amor, ¿me demoré?
 - No, si acabo de llegar, ¿te llamó al camarero?
 - Sí por favor – mientras se quitaba la chaqueta.
 - Señoritas, en que las puedo atender.
 - Un capuchino para mí y ¿tú Clau? –preguntando a su compañera.
 - Un jugo natural.
 - Muy bien – y el camarero se retiró.
 - Um, que sanita – rió Andrea.
 - Sí, el almuerzo no me asentó muy bien.
 - ¿El almuerzo o la compañía? – inquirió Andrea.
 - Las dos cosas. Esos tipos son realmente desagradables. Todo les parece mal. Que si la metodología, el rendimiento, en fin todo, son unas pestes, unos engreídos.
 - ¡Sí que estuvo mal la cosa!
 - Así es. No quiero hablar más de ello -le esbozó una sonrisa – por qué no vamos a comer, después nos tomamos algo por ahí y luego lo que salga, ¡es sábado!
 - No puedo - se lamentó Andrea – García anda hecho un energúmeno. El lunes debe estar todo listo para la presentación con los dueños de la inmobiliaria. Tengo que chequear el plan de medios y ajustar el storyboard de los anuncios para la televisión.
 - ¿Ah pero cómo?, ¿nos tendremos que quedar en casa otra vez? ¿Hasta cuando aguantas a ese viejo de mierda explotador, Andrea?
 - Si quieres… -Andrea en un intento por bajar la tensión de Claudia ofreció una alternativa-  podemos ir a cenar, eso no nos llevará mucho tiempo.
 - No, no. De todas maneras tendremos que trasnochar. Mejor nos vamos al departamento de una vez.
      Desde que salieron del café Claudia no dijo una palabra. Andrea intentó hacer conversación pero recibió monosílabos  cómo respuestas. Al salir del ascensor el silencio se hacía más pesado entre ellas, caminaban maquinalmente por el pasillo, una junto a la otra hasta llegar a la puerta del departamento de  Andrea.
 - ¡No, no!, esto no me gustó – habló de improviso Claudia.
 - ¿A qué te refieres? – inquirió Andrea.
 - Es sábado, deberíamos divertirnos como todo el mundo allá afuera.
 - Sí te entiendo cariño pero hoy no puedo.
 - Ya sé, pero yo necesito salir, si te quieres quedar, allá tú  –y dio  media vuelta hacia los ascensores.
 - ¡Pero Clau!, ¿a dónde vas?
 - No me esperes, me quedaré en mi departamento – y se fue rápido. Al llegar al elevador que acababa de abrirse, pasó por encima de una chica morena que salía en ese momento por las puertas. La joven al igual que Andrea se la quedó viendo mientras se cerraban las puertas nuevamente, luego se giró en dirección contraria de donde se encontraba Andrea y se fue por el corredor. Andrea sacó sus llaves y entró en el departamento. La relación que mantenían era abierta desde el principio, si bien los primeros años fue intensa, nunca dejaron de mantener cierto grado de independencia a la hora de la convivencia. Esto hacía más llevadero los arranques que de tanto en tanto sobrevenían a Claudia.
       Cómo la rubia no apareció el resto del fin de semana, Andrea se dedicó por completo a la revisión de los últimos detalles de la campaña, luego de uno que otro retoque, consideró que todo estaba ok.
        El lunes a media mañana se hizo la presentación al dueño de la inmobiliaria y sus socios. Ellos quedaron muy conformes y felicitaron a García y a los creativos de la agencia. Andrea asentía con satisfacción, después de todo, se había dedicado mucho tiempo y personal para este logro. Luego de despedir a los clientes García parecía flotar en el aire, ya saboreaba el suculento cheque, aunque la idea de destinar parte de él para el bono del personal no le agradaba mucho y todos en la agencia lo sabían.
 - Andrea, debes comenzar ya, hoy mismo. Todo mundo a sus puestos. Esta campaña debe saturar todos los medios sin demora – ordenó García.
 - Sí señor. Una pregunta antes que se marche… ¿el bono será  agregado  a la planilla de pago de este mes? –dijo Andrea con satisfacción al ver que el semblante de su jefe se tornó serio de improviso.
 - No se preocupe señorita Jiménez, yo me encargaré de eso – dijo García antes de salir de la sala de juntas. Cuando te nombra por el apellido es sinónimo de poca felicidad pensó Andrea al momento que asentía con la cabeza.
 - Ese cabrón es un miserable – le hablaron por la espalda. Ella se giró para encontrarse con Jorge, el jefe de finanzas.
 - Sí que lo es – respondió Andrea y ambos rieron de buena gana.
 - ¿Almorzamos juntos?
 - No, llamaré a Claudia.
 - Bueno, si cambias de opinión estaré en La Canela, el restaurante peruano que está cerca de la clínica San Esteban, allá en Miraflores. Si quieres la puedes invitar.
 - Ok, lo tendré presente – y con una sonrisa se despidieron.
Andrea intentó localizar a Claudia en la oficina y en su móvil, al final optó por dejar mensaje con su secretaria y en el celular. Le indicó  el restaurante en que estaría con Jorge. En realidad necesitaba distraerse del trabajo y Jorge siempre había sido un buen amigo y compañero, a pesar de ser algunos años menor que ella.
     Al llegar al lugar de reunión, lo encontró acompañado de una chica joven como de su edad. Se detuvo a pensar por unos instantes y creyó más oportuno retirarse y no hacer mal tercio, no se sentía con deseos de interrumpir algún romance. En eso pensaba cuando Jorge la vio.
 - Andrea aquí estamos, acércate – el joven llamaba su atención para que se les uniera.
 - Hola, ¿llego demasiado tarde?
 - No para nada. Estábamos entretenidos con Estela, aún no hemos pedido.
 - Hola - dijo Andrea cuando estuvo junto a ellos.
 - Perdón, perdón - se disculpó  Jorge-  Andrea ella es Estela López, es la enfermera que se encargó personalmente de los cuidados de Julia, mi hermanita, cuando estuvo internada tras el accidente en  auto, te lo conté, ¿lo recuerdas?
 - Mucho gusto Estela, soy Andrea Jiménez,  amiga y compañera de oficina de Jorge.
 - El gusto es mío –dijo brevemente la joven.
 - Recuerdas que te conté lo del accidente –agregó Jorge.
  - Sí, sí claro y cómo está ella – preguntó con interés Andrea.
 - Mucho mejor, Ya la dieron de alta aquí en la clínica pero sigue en reposo en casa de mis padres.
 - ¿Y qué dicen los médicos, le quedaran secuelas?
 - No pero tardará en retomar se vida normal, ya sabes, la universidad, los amigos, las fiestas, esas cosas.
 - Lo bueno es que no pasó a mayores  -dijo ella con alivio.
 - Sí y se lo debemos a esta señorita que se esmeró en los cuidados a mi hermana, así que en agradecimiento la invité a almorzar con nosotros. Ya averigüé y tu turno no comienza hasta las tres y media por lo menos. Tenemos varias horas para comer rico, con grata conversación y mejor compañía – dijo a la joven en tono muy coqueto.
 - Gracias pero no era necesario – dijo  Estela algo ruborizada.
 - No, no, esa chica es la luz de los ojos de este caballero, así que están muy bien los agradecimientos -agregó  Andrea en tono sincero. En tanto que la homenajeada se sentía más azorada.
 -¿Y tú, viniste sola? –preguntó Jorge cambiando bruscamente de tema lo que ayudó  Estela a serenarse.
- Sí, es que no logré comunicarme con Claudia pero le dejé mensaje, aún puede llegar.
 - Espero y no lo lea – refunfuñó Jorge.
 - ¿Ah, sí? Pero cómo eres de malvado
 - Es una pesada y altanera.
 - ¡Oh sí, sí que lo es! – corroboró Estela notando que sus dos compañeros se le quedaron viendo-. Vivo en tú mismo edificio –dirigiéndose a Andrea con naturalidad.
 Andrea se le quedó viendo con un a sonrisa amable, tratando de recordar su rostro pero no lo consiguió. Debía reconocer que la joven mujer a su lado era guapa, notó que su porte a pesar de estar sentada era mayor al suyo. Se podía decir que era una morena  bastante atractiva.
 - No, si es muy difícil que te recuerde  -dijo Jorge de improviso adivinando las cavilaciones de Andrea –ella anda siempre con un pie aquí y el otro en la luna, je, je –y los tres rieron a la vez-. Yo no sé cómo la aguantas – dijo el joven retomando el tema de Claudia.
 - No si los opuestos se atraen –agregó Estela dándose cuenta que había sido imprudente al exponer de esa forma la relación de las chicas ante Jorge y el rubor retornó a su cara. Con el rostro enrojecido sólo atinó a disculparse-. Lo siento.
 - ¡Ja, ja, ja! –rió estrepitosamente Jorge-.Yo no lo hubiera dicho mejor. Realmente esa es la definición exacta para su noviazgo o como lo llamen -estas últimas palabras sorprendieron a Estela a la vez que la tranquilizaron.  Mientras, Andrea estaba entretenida viendo cómo el rostro moreno de aquella chica se sonrojaba por completo, incluyendo las orejas al descubierto por su corto cabello. Le pareció tan simpático que le alegró el día.
 - Así que opuestas dices, ¿en que has visto esas diferencias entre nosotras?
 - Bueno, Jorge ha mencionado las características de ella. Yo diría… más bien, las veces que te he visto, por lo regular llevas una sonrisa, en particular cuando están juntas. Pero en otras ocasiones, aún cuando en tu rostro se ve preocupación no dejas que tu cara  la opaque un gesto de enojo o fastidio. Por cierto, tampoco miras a nadie, salvo al portero para saludarlo.
    Andrea se quedó pensando y llegó a la conclusión que la chica tenía toda la razón. Se sorprendió y trató de disculparse.
 - ¡Hola!, ¿molesto? Aquel saludo abrupto la sacó de sus pensamientos. Era Claudia de pie junto a ella.
 - Mm, no, claro que no. Estábamos…
 - Hablando de lo que íbamos  a pedir –completó Jorge-. ¿Te unes a nosotros? –Claudia con una mueca de disgusto echó una rápida mirada por  lugar y la detuvo en Estela.
 - No, no me gusta el lugar.
 - De qué hablas, es uno de los mejores de la ciudad –protestó Jorge. “Si es un muy buen lugar, hemos venido varias veces aquí y te ha encantado”, se dijo Andrea en silencio.
 - Bueno aun así –manteniendo la mirada seca en Estela- me apetece comida italiana. ¿Me acompañas o tendré que comer sola –dirigiéndose a Andrea quien puso sus ojos en blanco, suspiró, tomó sus cosas y se encogió de hombros a modo de disculpa a sus compañeros. Se despidió rápidamente y se fue tras Claudia, que caminaba de prisa  hacia la salida y con aire de satisfacción.
 - Tarada –dijo Jorge.
 - ¿Pero qué le ve? –cuestionó Estela.
 - Andrea a Claudia.
 - Sí.
 - Mm, yo creo y me gustaría que así fuese, que es costumbre –afirmó Jorge.
 - ¿Por qué dices eso?, explícate.
 - Por lo que tengo entendido, se conocieron cuando llegaron aquí a la capital a estudiar en la universidad, así qué, es muy probable que Claudia sea su primera novia en serio. Entonces, amor más costumbre.
 - Vaya, que paciencia.
 - Pero la paciencia se acaba y  yo espero que a Andrea le quede poca. Y que un buen  día le dé una hermosa y gran patada en medio del culo a  Claudia, ja, ja, ja, ja –y ambos rieron de buena gana.

- ¡Claudia, Clau!, espera, no me dejes sola – protestaba Andrea casi corriendo para alcanzar a la rubia.
 - Pensé que te quedarías con tus amiguitos.
 - Cómo crees –tomándose de su brazo mientras se dirigían al estacionamiento  por la camioneta de Claudia. Luego de almorzar cada una volvió a sus respectivos trabajos. Por la tarde, la rubia pasó por Andrea ya que esta última no había salido en su automóvil, se fueron al departamento pero Claudia no se quedó ahí a pasar la noche.
       Andrea se había acostumbrado a los cambios de humor de su novia. Desde que se conocieron, Claudia había mostrado la misma actitud, arrogante con los demás. Llevada a sus ideas, prácticamente sin tolerancia a la frustración, luego de algún episodio como aquel, su temperamento  se calmaba y volvían a la normalidad. Andrea tenía el don de la paciencia, la conoció así, la aceptó y se enamoró de ella. Sabía que esa mujer  podía parársele al mundo de frente si se le antojaba pero siempre volvía a ella, al refugio que era su relación. Que a pesar de las manías de Claudia, nunca dejaban de tratarse con respeto y consideración. Era como un acuerdo tácito entre ambas desde el principio. Así lo veía Andrea y Claudia mostraba su aceptación con sus actos.
       Luego de aquel impás, las chicas volvieron a su cotidianeidad,  una  en la transnacional y la otra  en la agencia de publicidad. Allí las cosas marchaban como un reloj. La campaña se encontraba en pleno desarrollo. El producto se encontraba en todos los medios audiovisuales masivos. Todo lugar que sirviera de exposición allí llegaría la publicidad de la agencia.
       Andrea era la encargada y en ella  recaía toda la responsabilidad. García siempre la estaba atosigando para que se mantuviera atenta a la evolución de la campaña.
 - Y bien Andrea, cómo va la campaña.
 - Viento en popa, señor García, no ha quedado nada al azar.
 - Eso deseaba oír, no quiero que descuides ni un detalle.
 - No se preocupe estaré atenta a todo –aseguró Andrea.
 - Además, te informo que me llamaron de la minera. Están pensando hacer una campaña de limpieza de imagen, ya sabes, por el escándalo de las napas subterráneas contaminadas con sulfuro. Vamos a estar atareados por los próximos meses  –dijo García sobándose las manos.
 - Bien pero creo que los creativos están un poco saturados. Los hemos presionado bastante con lo de la inmobiliaria, además de las otras cuentas señor García –le recordó ella.
 - Sí, sí, ya sé pero esta cuenta es muy grande y no la puedo dejar pasar.
 - Lo comprendo pero qué hacemos con el personal. Creo que deberíamos contratar algunos freelance para el departamento de diseño, así como para el de medios ¿No lo cree?
 - ¡Pamplinas Andrea! Lo que sucede es que son unos flojos, los presionas un poco y reclaman.
 - Claro que reclaman, el mes pasado no tuvieron ni un fin de semana libre.
 - Pero yo les pago bien.
 - Es su obligación señor García, ellos se ganan cada centavo de su salario. Y le advierto, si los sigue sobrecargando van a comenzar a emigrar a otras agencias.
 - Que se vayan, hay otros que sí quieren trabajar –alzando el tono de vos García.
 - Sí, hay otros, pero este equipo ya está armado y conocen perfectamente el funcionamiento de la empresa. Yo los necesito a todos. Ya se han ido dos la semana pasada, no quiero perder más gente.
 - No, no me interesa, tú has que todo funcione, ese es tu trabajo, para eso te pago y muy  bien –y salió azotando la puerta.
 - A veces creo que no lo suficiente -respondió Andrea pero él ya no se encontraba en la oficina.
       Tal como lo había dicho García, la minera había contratado los servicios de la agencia. Andrea además de supervisar la campaña en curso tendría que hacerse cargo de la nueva. Al igual que Jorge, que estaba encargado de  finanzas y debía hacer los estudios de costos de cada campaña. Estaban saturados con trabajo, se la pasaban largas jornadas en la oficina, además del que se llevaban a casa.
 - Ese García me tiene hasta más arriba de la coronilla –se desahogaba Jorge mientras caminaban a los estacionamientos.
 - A mí también –suspiró Andrea-. Le dije que estábamos con sobrecarga de trabajo.
 - El muy miserable me pidió que bajara costos. ¿Qué se habrá creído? –bufó Jorge.
 - No sé. Creo que se acostumbró a ganar mucho y ahora quiere más.
 - Pero no a costo nuestro. Sabes que se negó a contratar un asistente para mí oficina. Ya estoy hastiado de ese hombre. Un día de estos me largo. Tú deberías hacer lo mismo Andrea.
 - Son muchos años en la empresa, eso equivaldría a empezar de nuevo.
 - Yo estoy dispuesto.
 - Tú eres más joven.
 - Pero sólo cinco años.
 - No sé,  ya no soy una veinte añera -con un beso se despidieron en el estacionamiento.
    Al llegar esa tarde al departamento, Andrea decidió no pensar en la oficina y se dedicó a preparar la comida. Llamó a Claudia y esta le dijo que estaba en el centro  e iría para allá. Al llegar se sorprendió al encontrar a Andrea en la cocina. Habían quedado de salir esa noche. Cuando le pidió explicaciones, Andrea se limitó a decirle que estaba cansada y prefería comer en casa. A Claudia no le pareció nada bien pero se contuvo de reclamar y aceptó el nuevo plan, comerían en casa y en paz se dijo para sí.
      A la mañana siguiente salieron con retraso a sus trabajos. Claudia caminaba  con pasos largos y presurosos mientras Andrea se esforzaba por mantener el ritmo. A Claudia no parecía importarle, ella avanzaba por el pasillo sintiéndose dueña de la situación. En aquel momento su objetivo era el ascensor. Las puertas se abrieron y ella apresuró aun más el paso arrastrando a Andrea, a la que traía de la mano. Sin perder tiempo se abalanzó dentro de la caja metálica, sin importarle pasar por sobre la mujer que salía de él en ese momento. Andrea reconoció a Estela y quiso saludarla pero las puertas se cerraron.
      A solas dentro del ascensor, Andrea reconvino a Claudia por su actitud grosera. La rubia respondió con indiferencia “Es sólo una gata”,  le dijo y Andrea la cuestionó con la mirad y lo que obtuvo de ella fue que se encogiera de hombros como única respuesta y  no habló más del asunto.

     
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2 comentarios:

  1. Wauuu que historia y que mal esta claudia quien se cree me emociine a seguir leyendo

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