En la empresa las cosas no mejoraban. En el pasillo se encontró con Jorge, que salía furioso de la oficina de García.
- Ese hijo de… -se contuvo por respeto a su
amiga- ese pedazo de basura me amenazó, ¿lo oyes?, me amenazó. Andrea lo tomó
del brazo y lo llevó a su oficina.
- Calma, calma. ¿Cómo que te amenazó?
- Así es. El muy bruto me dijo que si no
rebajaba los costos me echaría a la calle.
- ¿Pero qué se le ha metido ahora a ese
hombre? -preguntó extrañada.
- Quiere que haga cuadrar los números de
costos para sus socios. Al parecer metió mano en las ganancias y quiere que yo
lo ayude a blanquear los informes, ¿me entiendes?
- Ya veo.
- Sí y por ello es que acepta una y otra
cuenta, sin importarle cómo estemos nosotros, incluso quiere reducir personal
en un veinte por ciento.
- ¡Pero está loco! Si lo que necesitamos es
más personal. No podremos funcionar con menos.
- Ya estoy cansado. Quiero tirar la toalla y
mandar todo al carajo de una buena vez.
- Sí, te comprendo pero piénsalo bien.
- Pensar, ese idiota no tiene arreglo.
Abusivo, explotador y además sin vergüenza.
- No sé que decirte, de verdad.
- No digas nada. Total, ya tenía planes
propios.
- Eso
es nuevo – sorprendida Andrea.
- No, la verdad no. Hace tiempo lo he estado
pensando y si tú quieres pedemos trabajar juntos.
- No, no. Yo soy la menos aventurera que hay.
Me gusta lo seguro, lo siento –se disculpó ella.
- Da igual. Aprovecho el impulso y me largo de
aquí –tomó el pomo de la cerradura y antes de salir le advirtió-. Así cómo van
las cosas, pronto estarás pensando igual que yo, recuérdalo –y salió.
Andrea se quedó pensando, aquello la tomó por sorpresa. Jorge era un muy
buen compañero y amigo. Él llevaba menos tiempo que ella en la empresa y desde
el comienzo mostró animadversión hacia su jefe. Siempre dijo que García no le
daba confianza y al parecer no se equivocaba, aun así, Andrea tendría que enfrentarlo
y tratar de conseguir que el hombre, recapacitara de las medidas de reducción
de personal.
En la tarde se retiró de la oficina con una sensación de incomodidad. El
ambiente se sentía tenso. Necesitaba desconectarse. Llamó a Claudia pero no la
localizó y se fue a casa. Una vez en allí dejó el bolso y las llaves sobre la
mesa de arrimo en la entrada, se tendió en el sofá de la sala y cerró sus ojos,
necesitaba descansar.
El golpe de la puerta al cerrarse la
despertó, se había quedado dormida y al parecer era muy tarde. Claudia caminaba
a oscuras, y tropezó con el sofá. En medio de la noche comenzó a hablar con él.
- Sh, sh, calladito, que no se despierte, sh,
sh – y siguió caminando a tientas pero volvió a tropezar, esta vez con la mesa
de centro, se golpeó con una de las patas- ¡Auch, auch, sh. ¡Carajo cómo duele
la condenada! -Andrea consideró prudente encender la lámpara o la rubia no
llegaría completa hasta el cuarto. Al encender de improviso la luz, Claudia pestañeó hasta acomodarse a la inesperada
claridad- ¡Andrea, amorcito, estabas aquí! -acercándose al sofá pero no pudo
contenerse en pie y cayó arrodillada y
de esa manera avanzó hacia Andrea sin intentar levantarse-. Amor te quedaste
esperando, pero mi vida no debiste. ¡Je, je! –era evidente que a la mujer
arrodillada se le habían pasado los tragos esa madrugada. Pensó que era inútil
dialogar con la rubia en ese estado y se levantó para tratar de llevarla al
cuarto.
- Vamos levántate Clau, no te puedes quedar
aquí.
- No, no, yo me quedo aquí con mi amorcito.
Ji, ji, ji.
- Clau estaremos mejor en el dormitorio.
- Yo no quiero dormir, quiero hacerte el amor
¡aquíííí! –dijo decida.
- Hay amor, yo también quiero pero estas algo
mareada, ¿ves? – le dijo con dulzura.
- Yo mareada, no, no, te lo demostraré –luego
de varios intentos pudo levantarse por
fin, esto fue aprovechado por Andrea para rodearla con sus brazos y encaminarla
hasta la recámara. La rubia cayó como un costal de patatas en la cama, Andrea
con cuidado y paciencia la fue desvistiendo y la acomodó bajo las sábanas,
luego de ponerse su pijama se metió en la cama junto a ella.
Ahí estaba con su pelo enmarañado al despertar. Le despejó el rostro con
cuidado y se quedó observándola. La
expresión era tranquila y serena. En momentos como ese ella podía observarla
con detenimiento. Ver por breves instantes
a aquella mujer de la que se había enamorado hacía tanto tiempo. Serena,
tranquila, sin esas manías que había ido adquiriendo a través de los años. A
pesar de que siempre tuvo carácter
fuerte y ser algo engreída, en el último tiempo se había agudizado esa
conducta. El desden era por casi todo el mundo, parecía sentir que los demás no
daban el ancho, no llenaban sus expectativas. Andrea acarició con cuidado el
fino rostro dormido a su lado.
- ¡Uggg!, qué jaqueca, la cabeza se me va a
partir.
- Buenos días a ti también amor –la saludó en
tono bajo.
- Uf no aguanto, apaga la luz please, please.
- No puedo, es el sol, ya es medio día,
querida.
- Um. Gesticuló y cubrió su cabeza con las
sábanas.
- No te escondas, toma –y le pasó un vaso con agua y un par de analgésicos que
tomó de la mesa de noche que estaba de
su lado de la cama. Luego de tomarse los medicamentos y agradecerle a Andrea
volvió a su lugar bajo las sábanas. Andrea la imitó metiéndose también bajo las
sábanas, no tenía ganas de hacer nada aquel sábado, sólo quedarse ahí y se
volvieron a dormir.
A la mañana siguiente ya hartas de dormir y descansar se levantaron
temprano. Cómo el día amaneció gris y con algo de lluvia fina, ir a la playa o
al campo quedó descartado. Un almuerzo en casa y por la tarde ir al cine fue lo
que acordaron. Andrea se dio cuenta que no tenía verduras, Claudia se ofreció
para ir a comprarlas y salió sin darse
cuenta que no llevaba las llaves de su vehículo. Andrea las encontró cuando ordenaba
la cama, las tomó y salió en su búsqueda. Al no verla en el pasillo tomó el
elevador hasta el subterráneo, ahí la
encontró cerca de su camioneta, discutía acaloradamente con alguien que estaba
tras un pilar. Andrea se aproximó y la escuchó insultando a una mujer.
- No eres más que una gata callejera. Crees
que no sé en que andas –recriminaba Claudia con dureza.
- No, no lo sabes, tú no sabes nada.
- Sí qué lo sé. Sé que no eres más que una
ordinaria –y levantó su mano con la palma abierta.
- ¡Claudia! –gritó Andrea y ambas mujeres se
volvieron hacia ella-. ¿Qué, qué es lo que haces?
- Yo, yo –intentó explicar la rubia, mientras
la otra mujer, que era Estela, salió rápidamente de ahí sin mirar a Andrea al
pasar por su lado rumbo a los ascensores.
- Claudia, creo que te estás sobrepasando,
debes calmarte –la rubia la miró con frialdad y se limitó a preguntar.
- ¿Qué es lo que haces aquí?
- Tus llaves, se te quedaron –y se las
extendió.
La otra mujer las tomó y las observó
por un segundo, se dio media vuelta, se metió en la camioneta y se fue sin dar
explicaciones.
Andrea se quedó desconcertada. Aquello superaba su comprensión. La había
visto en innumerables ocasiones enfrentarse a las personas, hombres y mujeres
pero nunca pasar más allá de algún insulto, esta agresividad era completamente
nueva en Claudia.
Mientras subía por el ascensor, pensó en ir a disculparse con
Estela pero al abrirse las puertas se
dio cuenta que no sabía cual era el
departamento de la chica, así que se encaminó al propio.
Claudia no respondió a los
llamados ni a los mensajes de texto que Andrea le había enviado el lunes por la
mañana. Pensó que necesitaba tiempo y no la presionó. Allá por el miércoles en
la tarde la rubia devolvió el llamado y quedaron de cenar tranquilas en el
departamento.
La cena estaba casi lista cuando la rubia llegó.
- Hola, siéntate –Claudia aceptó sin
protestar. Se notaba incómoda, algo nerviosa quizás.
- Mn, ¿te ayudo a poner la mesa? –ofreció la
rubia.
- Bueno –se levantó y fue al armario de la
cocina a sacar platos, preguntó que había preparado para poner los cubiertos
adecuados, entretanto iniciaban una plática trivial, de asuntos sin importancia
hasta que Andrea tocó el tema.
- Clau, ¿qué te está pasando?, ¿qué nos está
pasando?
- No sé, la verdad no sé –y dejó el último
cubierto sobre la mesa y se sentó en una silla-. A veces…siento qué me ahogo y
quiero irme lejos.
- ¿A dónde, a qué?
- No sé, sólo quiero irme, no estar más aquí.
- ¿Aquí en el departamento, conmigo? –preguntó
Andrea tratando de mantener la calma.
- Aquí, el departamento, el edificio, el
trabajo, el país, todo –y apoyó su cabeza entre sus manos.
- Pero Clau –acercándose a la rubia rodeándole
los hombros pero ella se levantó abruptamente, alejándose de Andrea.
- ¿No entiendes verdad?, no se trata de que
todo vaya a pasar con un cariñito o una caricia –mirándola desde su nueva
posición-. Andrea estoy harta de de esta
vida mediocre, de estos trabajos subvalorados, de jefes abusivos y patanes. Estoy harta de desperdiciar lo que
me queda de juventud en la rutina del trabajo y la casa, quiero más, mucho más
que eso.
- Qué es lo que quieres exactamente –preguntó
Andrea tomando aire para esperar la respuesta.
- Quiero vivir, eso es lo que quiero, vivir.
- ¿Y qué se supone que hemos hecho todos estos
años desde que llegamos a la capital.
- Subsistir, apenas eso, subsistir Andrea
–respondió con acritud.
- Yo no estoy de acuerdo –respondió serena- .
De apoco he ido consiguiendo las metas que me propuse desde niña. Viajar a la
capital, estudiar la carrera que quería, encontrar a alguien que me quisiera,
tener una vida tranquila, un trabajo, auto, mi departamento.
- Te conformas con tan poco. Tu trabajo es una
mierda al igual que el mío. De cuando no te tomas tus vacaciones completa. El
auto debe tener unos cinco o seis años. El departamento de clase media, aún te
quedan años de hipoteca. Es basura Andrea.
- ¿Y qué se supone que nos merecemos, dime
Claudia? –perdiendo un poco la paciencia.
- No sé si nos las merecemos pero yo quiero
unas vacaciones largas. Quiero pasar por lo menos un mes en Europa o en New
York, recorrer sus joyerías, los teatros, sus museos. Dejar esos vejestorios
coreanos en lo que nos movemos y comprarnos algo que todos nos envidien, como
una Cayenne por ejemplo.
- Amor, te das cuenta de lo que hablas. Sólo
son lujos que ni tú ni yo podemos darnos.
- ¿Me entiendes ahora?
- Lo que yo veo es que te estás dejando llevar
por lo aspiracional, linda. Deseas cosas que en realidad no necesitas.
- ¿Qué no las recesito?, ¡claro que las
necesito! No quiero que mi automóvil quede
en el último estacionamiento en los eventos de la compañía. No quiero estar en
la mesa con funcionarios de menor rango
en los aniversarios de la empresa. No quiero estar preocupándome del cupo de mi
tarjeta, Andrea.
- Amor, el sistema económico en el que vivimos
está estructurado así. Unos pocos obtienen todo lo que tú mencionas, de esa manera
el resto de los individuos trata de imitarlos, aspira a tenerlo, trabaja muy
duro y cuando no lo logra se frustra y sufre. En ocasiones puede llevar a la
depresión. Amor no dejes que esto te supere, date cuenta.
- Tú que sabes
de esto, te conformas con la mediocridad, yo no. Quiero más –y no pudo
seguir sosteniendo la mirada a Andrea y
se volvió hacia el ventanal.
Andrea quería encontrar las palabras
adecuadas para hacer que reaccionara. Se acercó con cautela hacia la rubia y
agregó.
- Si tú quieres podemos buscar ayuda, una
terapia. Podemos ir juntas.
- Una terapia, si yo no estoy loca, yo sólo
quiero lo que me merezco nada más, ¿a caso es pedir demasiado? –gesticulando
con sus manos en el aire dejando rebotar finalmente las palmas en los muslos y luego agregó –
será mejor que me vaya, no fue buena idea venir después de todo –tomó su bolso
y se fue.
Andrea apagó la estufa y se sentó en un sillón a meditar en Claudia, en
ella, en la vida que habían llevado juntas hasta ese momento. En ningún
recuerdo encontró el minuto en el que la
otra mujer mostrara un interés desmedido por cosas tan superfluas, ¿qué era lo
que la rubia esperaba realmente de la vida?, ¿y cual era lugar de Andrea en
este escenario tan materialista? Pensó y meditó una y otra vez, durante muchas horas hasta que el cansancio la
venció.
En la oficina las cosas no mejoraban.
García continuaba presionando al personal. Jorge se sentía más y más incomodo
con las medidas de su jefe.
Los días pasaban y Claudia no daba
noticias. Llamó a su secretaria y esta le informó que la rubia estaba en la
costa, con unos invitados chinos que pretendían invertir en el país.
Andrea había quedado de reunirse con
Camila, una amiga en común, para tomarse algo por ahí.
- Hola preciosa –saludó Camila al llegar dándole
dos besos a Andrea.
- Hola linda, tanto tiempo. Que bueno verte
nuevamente.
- ¿Y qué se habían hecho? ¿Por que no nos
reunimos con el resto de los chicos uno de estos días? Deberíamos hacer un plan
para uno de estos fines de semana.
- No, ni pensarlo. Tanto Jorge como yo estamos
sobre cargados de trabajo y Clau anda por las mismas.
- ¡Ja!, pero ella se hace tiempo para todo, ya
sea si es fin de semana o mediados de esta. Cuando quiere irse de copas se va y
nada más –se burló Camila y Andrea se limitó a asentir con la cabeza y agregó.
- Sí pero no te creas, a veces el cansancio le
pasa la cuenta.
- No lo parecía la semana pasa…da -y se detuvo
cuando se dio cuenta que hablaba con Andrea.
- ¿Lo dices por lo del viernes? Sí la
verdad ni ella se acordaba cómo llegó al departamento –repuso Andrea sonriendo
abiertamente.
Camila meditaba en lo sucedido el viernes pasado cuando vio a Claudia
enfiestada con otra mujer. No era una buena idea seguir por ese camino la
conversación, a ella no le correspondía andar de chismosa y no lo haría.
- ¿Y tú Andrea, qué me cuentas de nuevo? –La
trigueña meditó y concluyó que Camila era una buena amiga y discreta, así que
le contó de manera resumida lo que estaba viviendo en los últimos días con la
rubia, además del estrés por el trabajo.
- Calma, no te preocupes –aseguró la amiga-
verás que en un par de semanas ya no se acordaran de este mal momento. Recuerda
que a Claudia le gusta el consumismo de
tanto en tanto o con creerse la reina de
Sava.
- Sí
pero esta vez le ha durado más tiempo. Está irritable, nerviosa, hasta violenta.
El otro día casi golpea a una chica de mi edificio. ¿Qué quieres que piense?
- No pienses nada amiga, déjala, se le pasará
sola, ya verás.
- No sé. A veces creo que soy yo la que la
frustra, que no la sigo a su ritmo o es que tal vez se aburrió de mí, ¿Qué
crees?
- Te diré –e hizo una pausa-, si esa loca de
patio se va tan sólo por un día de tu vida, yo me instalo inmediatamente en tú
departamento y lanzo todas sus cosas por la ventana –y rió estrepitosamente-
aquí la que pestañea pierde –y volvió a reír-.
Amiga –agregó con más calma- esa mujer debe ser una enferma si cree que va a encontrar a
alguien mejor que tú –le sonrió con afecto, tomó las manos de Andrea entre las
suyas y las besó.
- Gracias Camila por ser tan linda –y entrecruzó
los dedos con los de la amiga.
Andrea siguió meditando el fin
de semana. Trataba de encontrar un camino, una forma de sobrellevar todo lo que
estaba pasando, buscaba una formula que le permitiera comprender de mejor
manera a Claudia. Quizás algo de lo que la rubia había dicho era cierto,
llevaban más de diez años juntas. Si bien eran profesionales y ejecutivas de importantes empresas, el
agotador ritmo de trabajo no lo compensaban los ingresos, a decir verdad,
Andrea no recordaba el último aumento de salario y era casi una odisea
conseguir que García se pusiera al día con los bonos de producción. Además sabía
que por lo menos le debía una semana de vacaciones en los últimos cinco años, así como un fin de
semana por mes en lo que llevaba el año. Se la pasaba prácticamente en la
oficina. “Sí, sí, García se estaba aprovechando”. Fue la conclusión sobre su trabajo.
Pensó que no era tan alocado comprar un vehículo más nuevo, ella tenía
ahorros y se puso a cotizar por Internet y se sorprendió al darse cuenta que esas camionetas Cayenne de Porsh podían superar los cien mil dólares.
Consideró un despropósito gastar tal cantidad de dinero en un automóvil. Aunque
unas vacaciones no estarían nada mal, buscó destinos tanto de la preferencia de
la rubia como los que a ella le interesaban. Sí, podían perderse por un mes o
más en el extranjero.
También su sentido práctico salió a relucir. Pensó en la posibilidad de
hacer un diplomado o una maestría. El campo profesional cada día es más competitivo
y a los ejecutivos se les exige seguir perfeccionándose, de esa forma
aseguraban buenos empleos y con ello sus rentas, era una opción más lenta pero
segura. Buscó en el Internet costos y universidades que fueran del gusto de
Claudia; y quien sabía si ella misma no se animaba y más adelante tomaba otro postgrado. Esa idea
era viable. En caso que la rubia tuviera problemas para estudiar y trabajar,
ella se haría cargo, podían vivir juntas arrendar el otro departamento. Revisó
sus estados de cuentas bancarios. Para un postitulo si le alcanzaba. Y, con lo
que ella ganaba les bastaría para vivir
cómodamente.
La idea fue tomando forma dentro de la cabeza de Andrea, claro que había
que esperar la opinión de Claudia, pues
ella debía decidir que prefería entre las opciones pensadas. Se prometió
aceptar lo que la rubia decidiera y la acompañaría, incluso, si se tratara de
ir a pasar el invierno al polo norte con los esquimales y rió ante esa locura. El fin de semana, se dedicó a estudiar la viabilidad
de las diferentes ideas en las que había pensado, para presentárselas a
Claudia cuando se reencontraran. Estaba
segura que la sorprendería y eso la animaba.
La siguiente semana trató
infructuosamente de comunicarse con la
rubia. Su secretaria le repetía el asunto de los chinos o que simplemente no
estaba en la oficina; la última vez que llamó escuchó por el auricular un
rápido “dile que no estoy”, al otro lado del teléfono. Andrea creyó que
era ridículo que se negara. Era viernes así que tomó su cartera y salió rumbo a
la oficina de Claudia. Justo antes de salir de la agencia se encontró con jorge,
que salía furioso de su oficina con una caja en sus manos.
- ¡Me voy de esta mierda, no aguanto más toda esta basura!
- ¿Qué fue lo que sucedió? –preguntó ella.
- Ese maldito me amenazó para que adulterara
los libros, eso no lo aguanto. Mejor me voy antes que la mierda me salpique a
mí también.
- No sé que decir –dijo desconcertada.
- No digas nada. Andrea, ve viendo por donde
pisas o un día de estos estarás hundida hasta el cuello en esta mierda. La agencia no se va a enderezar mientras ese tránsfuga
la dirija –no dijo nada más y se fue. Ella se quedó pensando en lo
sucedido unos momentos y luego recordó
sus planes y se fue en busca de Claudia.
Al llegar a la transnacional dejó sus datos en portería, cómo el portero
la reconoció, ya que no era la primera vez que iba, no vio la necesidad de dar
aviso a la secretaria de Claudia. La joven no estaba en su escritorio cuando
Andrea llegó por fin. Pensó que la chica estaría con Claudia pues se escuchaban
risas dentro de la oficina de la rubia, así que entró sin llamar.
- ¡Hola, moles…! -y no pudo terminar el saludo, la imagen con
la que se encontró la dejó sin palabras-. Perdón, yo…, yo no quise molestar
–trataba de disculparse mirando hacia todos lados, no quería fijar la vista en Claudia, que estaba semi desnuda
en el sofá de su oficina con una tipa algo mayor que ellas, en iguales
condiciones que la rubia. La mujer se levantó y comenzó a acomodarse la ropa
con indiferencia hacia la recién llegada.
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autor.

oh por dios!! que malsdfsdf es claudia ...andrea no se merece esto ..por fa conti pronto
ResponderEliminarMuy buena esperando el próximo capítulo.
ResponderEliminarDesde España
Pinta bien, gracias por compartirla, te seguiré leyendo.
ResponderEliminarMakeys.
Me está gustando mucho tu historia Jane,tengo que decir que desde que ayer empezé a leerla, algo me decía que Claudia no era trigo limpio y por lo que veo acerté de pleno.
ResponderEliminarSiento mucha lástima por Andrea,mientras intenta buscar una solución a los ´´problemas´´ de Claudia,ésta la engaña con otra,que seguramente será una ricachona de la que intentará aprovecharse para que sus caprichos se hagan realidad.
Desde ya me declaro del #TeamAndrea ;-)
Rita
Gracias chicas por sus comentarios, puedo adelantarles que la historia la envié completa.
ResponderEliminarBesos Jane Doe