Esperamos tu historia corta o larga... Enviar a Latetafeliz@gmail.com Por falta de tiempo, no corrijo las historias, solo las público. NO ME HAGO CARGO DE LOS HORRORES DE ORTOGRAFÍA... JJ

Al final del corredor - Jane Doe - 2


En la empresa las cosas no mejoraban. En el pasillo se encontró con Jorge, que salía furioso de la oficina de García.
 - Ese hijo de… -se contuvo por respeto a su amiga- ese pedazo de basura me amenazó, ¿lo oyes?, me amenazó. Andrea lo tomó del brazo y lo llevó a su oficina.
 - Calma, calma. ¿Cómo que te amenazó?
 - Así es. El muy bruto me dijo que si no rebajaba los costos me echaría a la calle.
 - ¿Pero qué se le ha metido ahora a ese hombre? -preguntó extrañada.
 - Quiere que haga cuadrar los números de costos para sus socios. Al parecer metió mano en las ganancias y quiere que yo lo ayude a blanquear los informes, ¿me entiendes?
  - Ya veo.
 - Sí y por ello es que acepta una y otra cuenta, sin importarle cómo estemos nosotros, incluso quiere reducir personal en un veinte por ciento.
 - ¡Pero está loco! Si lo que necesitamos es más personal. No podremos funcionar con menos.
 - Ya estoy cansado. Quiero tirar la toalla y mandar todo al carajo de una buena vez.
 - Sí, te comprendo pero piénsalo bien.
 - Pensar, ese idiota no tiene arreglo. Abusivo, explotador y además sin vergüenza.
 - No sé que decirte,  de verdad.
 - No digas nada. Total, ya tenía planes propios.
  - Eso es nuevo – sorprendida Andrea.
 - No, la verdad no. Hace tiempo lo he estado pensando y si tú quieres pedemos trabajar juntos.
 - No, no. Yo soy la menos aventurera que hay. Me gusta lo seguro, lo siento –se disculpó ella.
 - Da igual. Aprovecho el impulso y me largo de aquí –tomó el pomo de la cerradura y antes de salir le advirtió-. Así cómo van las cosas, pronto estarás pensando igual que yo, recuérdalo –y salió.
       Andrea se quedó pensando, aquello la tomó por sorpresa. Jorge era un muy buen compañero y amigo. Él llevaba menos tiempo que ella en la empresa y desde el comienzo mostró animadversión hacia su jefe. Siempre dijo que García no le daba confianza y al parecer no se equivocaba, aun así, Andrea tendría que enfrentarlo y tratar de conseguir que el hombre, recapacitara de las medidas de reducción de personal.
        En la tarde se retiró de la oficina con una sensación de incomodidad. El ambiente se sentía tenso. Necesitaba desconectarse. Llamó a Claudia pero no la localizó y se fue a casa. Una vez en allí dejó el bolso y las llaves sobre la mesa de arrimo en la entrada, se tendió en el sofá de la sala y cerró sus ojos, necesitaba descansar.
         El golpe de la puerta al cerrarse la despertó, se había quedado dormida y al parecer era muy tarde. Claudia caminaba a oscuras, y tropezó con el sofá. En medio de la noche comenzó a hablar con él.
 - Sh, sh, calladito, que no se despierte, sh, sh – y siguió caminando a tientas pero volvió a tropezar, esta vez con la mesa de centro, se golpeó con una de las patas- ¡Auch, auch, sh. ¡Carajo cómo duele la condenada! -Andrea consideró prudente encender la lámpara o la rubia no llegaría completa hasta el cuarto. Al encender de improviso la luz, Claudia  pestañeó hasta acomodarse a la inesperada claridad- ¡Andrea, amorcito, estabas aquí! -acercándose al sofá pero no pudo contenerse en pie y cayó  arrodillada y de esa manera avanzó hacia Andrea sin intentar levantarse-. Amor te quedaste esperando, pero mi vida no debiste. ¡Je, je! –era evidente que a la mujer arrodillada se le habían pasado los tragos esa madrugada. Pensó que era inútil dialogar con la rubia en ese estado y se levantó para tratar de llevarla al cuarto.
 - Vamos levántate Clau, no te puedes quedar aquí.
 - No, no, yo me quedo aquí con mi amorcito. Ji, ji, ji.
 - Clau estaremos mejor en el dormitorio.
 - Yo no quiero dormir, quiero hacerte el amor ¡aquíííí! –dijo decida.
 - Hay amor, yo también quiero pero estas algo mareada, ¿ves? – le dijo con dulzura.
 - Yo mareada, no, no, te lo demostraré –luego de varios intentos  pudo levantarse por fin, esto fue aprovechado por Andrea para rodearla con sus brazos y encaminarla hasta la recámara. La rubia cayó como un costal de patatas en la cama, Andrea con cuidado y paciencia la fue desvistiendo y la acomodó bajo las sábanas, luego de ponerse su pijama se metió en la cama junto a ella.
      Ahí estaba con su pelo enmarañado al despertar. Le despejó el rostro con cuidado y se  quedó observándola. La expresión era tranquila y serena. En momentos como ese ella podía observarla con  detenimiento. Ver por breves instantes a aquella mujer de la que se había enamorado hacía tanto tiempo. Serena, tranquila, sin esas manías que había ido adquiriendo a través de los años. A pesar de que siempre tuvo  carácter fuerte y ser algo engreída, en el último tiempo se había agudizado esa conducta. El desden era por casi todo el mundo, parecía sentir que los demás no daban el ancho, no llenaban sus expectativas. Andrea acarició con cuidado el fino rostro dormido a su lado.
 - ¡Uggg!, qué jaqueca, la cabeza se me va a partir.
 - Buenos días a ti también amor –la saludó en tono bajo.
 - Uf no aguanto, apaga la luz please, please.
 - No puedo, es el sol, ya es medio día, querida.
 - Um. Gesticuló y cubrió su cabeza con las sábanas.
 - No te escondas, toma –y le pasó  un vaso con agua y un par de analgésicos que tomó de la mesa de noche que estaba  de su lado de la cama. Luego de tomarse los medicamentos y agradecerle a Andrea volvió a su lugar bajo las sábanas. Andrea la imitó metiéndose también bajo las sábanas, no tenía ganas de hacer nada aquel sábado, sólo quedarse ahí y se volvieron a dormir.
      A la mañana siguiente ya hartas de dormir y descansar se levantaron temprano. Cómo el día amaneció gris y con algo de lluvia fina, ir a la playa o al campo quedó descartado. Un almuerzo en casa y por la tarde ir al cine fue lo que acordaron. Andrea se dio cuenta que no tenía verduras, Claudia se ofreció para ir a comprarlas  y salió sin darse cuenta que no llevaba las llaves de su vehículo. Andrea las encontró cuando ordenaba la cama, las tomó y salió en su búsqueda. Al no verla en el pasillo tomó el elevador  hasta el subterráneo, ahí la encontró cerca de su camioneta, discutía acaloradamente con alguien que estaba tras un pilar. Andrea se aproximó y la escuchó insultando a una mujer.
 - No eres más que una gata callejera. Crees que no sé en que andas –recriminaba Claudia con dureza.
 - No, no lo sabes, tú no sabes nada.
 - Sí qué lo sé. Sé que no eres más que una ordinaria –y levantó su mano con la palma abierta.
 - ¡Claudia! –gritó Andrea y ambas mujeres se volvieron hacia ella-. ¿Qué, qué es lo que haces?
 - Yo, yo –intentó explicar la rubia, mientras la otra mujer, que era Estela, salió rápidamente de ahí sin mirar a Andrea al pasar por su lado rumbo a los ascensores.
 - Claudia, creo que te estás sobrepasando, debes calmarte –la rubia la miró con frialdad y se limitó a preguntar.
 - ¿Qué es lo que haces aquí?
 - Tus llaves, se te quedaron –y se las extendió.
La otra mujer las tomó y las observó por un segundo, se dio media vuelta, se metió en la camioneta y se fue sin dar explicaciones.
        Andrea se quedó desconcertada. Aquello superaba su comprensión. La había visto en innumerables ocasiones enfrentarse a las personas, hombres y mujeres pero nunca pasar más allá de algún insulto, esta agresividad era completamente nueva en Claudia.
        Mientras subía por el ascensor, pensó en ir a disculparse con Estela  pero al abrirse las puertas se dio cuenta que no sabía  cual era el departamento de la chica, así que se encaminó al propio.
        Claudia no respondió a  los llamados ni a los mensajes de texto que Andrea le había enviado el lunes por la mañana. Pensó que necesitaba tiempo y no la presionó. Allá por el miércoles en la tarde la rubia devolvió el llamado y quedaron de cenar tranquilas en el departamento.
La cena estaba casi lista cuando  la rubia llegó.
 - Hola, siéntate –Claudia aceptó sin protestar. Se notaba incómoda, algo nerviosa quizás.
 - Mn, ¿te ayudo a poner la mesa? –ofreció la rubia.
 - Bueno –se levantó y fue al armario de la cocina a sacar platos, preguntó que había preparado para poner los cubiertos adecuados, entretanto iniciaban una plática trivial, de asuntos sin importancia hasta que Andrea tocó el tema.
 - Clau, ¿qué te está pasando?, ¿qué nos está pasando?
 - No sé, la verdad no sé –y dejó el último cubierto sobre la mesa y se sentó en una silla-. A veces…siento qué me ahogo y quiero irme lejos.
 - ¿A dónde, a qué?
 - No sé, sólo quiero irme, no estar más aquí.
 - ¿Aquí en el departamento, conmigo? –preguntó Andrea tratando de mantener la calma.
 - Aquí, el departamento, el edificio, el trabajo, el país, todo –y apoyó su cabeza entre sus manos.
 - Pero Clau –acercándose a la rubia rodeándole los hombros pero ella se levantó abruptamente, alejándose de Andrea.
 - ¿No entiendes verdad?, no se trata de que todo vaya a pasar con un cariñito o una caricia –mirándola desde su nueva posición-. Andrea estoy harta de  de esta vida mediocre, de estos trabajos subvalorados, de jefes abusivos  y patanes. Estoy harta de desperdiciar lo que me queda de juventud en la rutina del trabajo y la casa, quiero más, mucho más que eso.
 - Qué es lo que quieres exactamente –preguntó Andrea tomando aire para esperar la respuesta.
 - Quiero vivir, eso es lo que quiero, vivir.
 - ¿Y qué se supone que hemos hecho todos estos años desde que llegamos a la capital.
 - Subsistir, apenas eso, subsistir Andrea –respondió con acritud.
 - Yo no estoy de acuerdo –respondió serena- . De apoco he ido consiguiendo las metas que me propuse desde niña. Viajar a la capital, estudiar la carrera que quería, encontrar a alguien que me quisiera, tener una vida tranquila, un trabajo, auto, mi departamento.
 - Te conformas con tan poco. Tu trabajo es una mierda al igual que el mío. De cuando no te tomas tus vacaciones completa. El auto debe tener unos cinco o seis años. El departamento de clase media, aún te quedan años de hipoteca. Es basura Andrea.
 - ¿Y qué se supone que nos merecemos, dime Claudia? –perdiendo un poco la paciencia.
 - No sé si nos las merecemos pero yo quiero unas vacaciones largas. Quiero pasar por lo menos un mes en Europa o en New York, recorrer sus joyerías, los teatros, sus museos. Dejar esos vejestorios coreanos en lo que nos movemos y comprarnos algo que todos nos envidien, como una Cayenne por ejemplo.
 - Amor, te das cuenta de lo que hablas. Sólo son lujos que ni tú ni yo podemos darnos.
 - ¿Me entiendes ahora?
 - Lo que yo veo es que te estás dejando llevar por lo aspiracional, linda. Deseas cosas que en realidad no necesitas.
 - ¿Qué no las recesito?, ¡claro que las necesito! No quiero que mi automóvil  quede en el último estacionamiento en los eventos de la compañía. No quiero estar en la mesa con funcionarios de menor  rango en los aniversarios de la empresa. No quiero estar preocupándome del cupo de mi tarjeta, Andrea.
 - Amor, el sistema económico en el que vivimos está estructurado así. Unos pocos obtienen todo lo que tú mencionas, de esa manera el resto de los individuos trata de imitarlos, aspira a tenerlo, trabaja muy duro y cuando no lo logra se frustra y sufre. En ocasiones puede llevar a la depresión. Amor no dejes que esto te supere, date cuenta.
 - Tú que sabes  de esto, te conformas con la mediocridad, yo no. Quiero más –y no pudo seguir sosteniendo la mirada a  Andrea y se volvió hacia el ventanal.
Andrea quería encontrar las palabras adecuadas para hacer que reaccionara. Se acercó con cautela hacia la rubia y agregó.
 - Si tú quieres podemos buscar ayuda, una terapia. Podemos ir juntas.
 - Una terapia, si yo no estoy loca, yo sólo quiero lo que me merezco nada más, ¿a caso es pedir demasiado? –gesticulando con sus manos en el aire dejando rebotar finalmente  las palmas en los muslos y luego agregó – será mejor que me vaya, no fue buena idea venir después de todo –tomó su bolso y se fue.
     Andrea apagó la estufa y se sentó en un sillón a meditar en Claudia, en ella, en la vida que habían llevado juntas hasta ese momento. En ningún recuerdo encontró el minuto en el que  la otra mujer mostrara un interés desmedido por cosas tan superfluas, ¿qué era lo que la rubia esperaba realmente de la vida?, ¿y cual era lugar de Andrea en este escenario tan materialista? Pensó y meditó una y otra vez,  durante muchas horas hasta que el cansancio la venció.
         En la oficina las cosas no mejoraban. García continuaba presionando al personal. Jorge se sentía más y más incomodo con las medidas de su jefe.
         Los días pasaban y Claudia no daba noticias. Llamó a su secretaria y esta le informó que la rubia estaba en la costa, con unos invitados chinos que pretendían invertir en el país.
Andrea había quedado de reunirse con Camila, una amiga en común, para tomarse algo por ahí.
 - Hola preciosa –saludó Camila al llegar dándole dos besos a Andrea.
 - Hola linda, tanto tiempo. Que bueno verte nuevamente.
 - ¿Y qué se habían hecho? ¿Por que no nos reunimos con el resto de los chicos uno de estos días? Deberíamos hacer un plan para uno de estos fines de semana.
 - No, ni pensarlo. Tanto Jorge como yo estamos sobre cargados de trabajo y Clau anda por las mismas.
 - ¡Ja!, pero ella se hace tiempo para todo, ya sea si es fin de semana o mediados de esta. Cuando quiere irse de copas se va y nada más –se burló Camila y Andrea se limitó a asentir con la cabeza y agregó.
 - Sí pero no te creas, a veces el cansancio le pasa la cuenta.
 - No lo parecía la semana pasa…da -y se detuvo cuando se dio cuenta que hablaba con Andrea.
- ¿Lo dices por lo del viernes? Sí la verdad ni ella se acordaba cómo llegó al departamento –repuso Andrea sonriendo abiertamente.
       Camila meditaba en lo sucedido el viernes pasado cuando vio a Claudia enfiestada con otra mujer. No era una buena idea seguir por ese camino la conversación, a ella no le correspondía andar de chismosa y no lo haría.
 - ¿Y tú Andrea, qué me cuentas de nuevo? –La trigueña meditó y concluyó que Camila era una buena amiga y discreta, así que le contó de manera resumida lo que estaba viviendo en los últimos días con la rubia, además del estrés por el trabajo.
 - Calma, no te preocupes –aseguró la amiga- verás que en un par de semanas ya no se acordaran de este mal momento. Recuerda que a Claudia le gusta el consumismo  de tanto en tanto  o con creerse la reina de Sava.
  - Sí pero esta vez le ha durado más tiempo. Está irritable, nerviosa, hasta violenta. El otro día casi golpea a una chica de mi edificio. ¿Qué quieres que piense?
 - No pienses nada amiga, déjala, se le pasará sola, ya verás.
 - No sé. A veces creo que soy yo la que la frustra, que no la sigo a su ritmo o es que tal vez se aburrió de mí, ¿Qué crees?
 - Te diré –e hizo una pausa-, si esa loca de patio se va tan sólo por un día de tu vida, yo me instalo inmediatamente en tú departamento y lanzo todas sus cosas por la ventana –y rió estrepitosamente- aquí la que pestañea pierde –y volvió a reír-.  Amiga –agregó con más calma- esa mujer debe  ser una enferma si cree que va a encontrar a alguien mejor que tú –le sonrió con afecto, tomó las manos de Andrea entre las suyas y las besó.
 - Gracias Camila por ser tan linda –y entrecruzó los dedos con los de la amiga.
       Andrea siguió meditando el fin de semana. Trataba de encontrar un camino, una forma de sobrellevar todo lo que estaba pasando, buscaba una formula que le permitiera comprender de mejor manera a Claudia. Quizás algo de lo que la rubia había dicho era cierto, llevaban más de diez años juntas. Si bien eran profesionales  y ejecutivas de importantes empresas, el agotador ritmo de trabajo no lo compensaban los ingresos, a decir verdad, Andrea no recordaba el último aumento de salario y era casi una odisea conseguir que García se pusiera al día con los bonos de producción. Además sabía que por lo menos  le debía  una semana de vacaciones  en los últimos cinco años, así como un fin de semana por mes en lo que llevaba el año. Se la pasaba prácticamente en la oficina. “Sí, sí, García se estaba aprovechando”. Fue la conclusión  sobre su trabajo.
      Pensó que no era tan alocado comprar un vehículo más nuevo, ella tenía ahorros y se puso a cotizar por Internet y se sorprendió al darse cuenta  que esas camionetas Cayenne  de Porsh podían superar los cien mil dólares. Consideró un despropósito gastar tal cantidad de dinero en un automóvil. Aunque unas vacaciones no estarían nada mal, buscó destinos tanto de la preferencia de la rubia como los que a ella le interesaban. Sí, podían perderse por un mes o más en el extranjero.
        También su sentido práctico salió a relucir. Pensó en la posibilidad de hacer un diplomado o una maestría. El campo profesional cada día es más competitivo y a los ejecutivos se les exige seguir perfeccionándose, de esa forma aseguraban buenos empleos y con ello sus rentas, era una opción más lenta pero segura. Buscó en el Internet costos y universidades que fueran del gusto de Claudia; y quien sabía si ella misma no se animaba y  más adelante tomaba otro postgrado. Esa idea era viable. En caso que la rubia tuviera problemas para estudiar y trabajar, ella se haría cargo, podían vivir juntas arrendar el otro departamento. Revisó sus estados de cuentas bancarios. Para un postitulo si le alcanzaba. Y, con lo que ella ganaba les bastaría  para vivir cómodamente.
          La idea fue tomando forma dentro de la cabeza de Andrea, claro que había que esperar la opinión de  Claudia, pues ella debía decidir que prefería entre las opciones pensadas. Se prometió aceptar lo que la rubia decidiera y la acompañaría, incluso, si se tratara de ir a pasar el invierno al polo norte con los esquimales y rió ante esa locura.  El fin de semana, se dedicó a estudiar la viabilidad de las diferentes ideas en las que había pensado, para presentárselas a Claudia  cuando se reencontraran. Estaba segura que la sorprendería y eso la animaba.
        La siguiente semana  trató infructuosamente de comunicarse  con la rubia. Su secretaria le repetía el asunto de los chinos o que simplemente no estaba en la oficina; la última vez que llamó escuchó por el auricular un rápido “dile que no estoy”, al otro lado del teléfono. Andrea creyó que era ridículo que se negara. Era viernes así que tomó su cartera y salió rumbo a la oficina de Claudia. Justo antes de salir de la agencia se encontró con jorge, que salía furioso de su oficina con una caja en sus manos.
 - ¡Me voy de esta mierda,  no aguanto más toda esta basura!
 - ¿Qué fue lo que sucedió?  –preguntó ella.
 - Ese maldito me amenazó para que adulterara los libros, eso no lo aguanto. Mejor me voy antes que la mierda me salpique a mí también.
 - No sé que decir –dijo desconcertada.
 - No digas nada. Andrea, ve viendo por donde pisas o un día de estos estarás hundida hasta el cuello en esta mierda. La  agencia no se va a enderezar mientras ese tránsfuga la dirija –no dijo nada más y se fue. Ella se quedó pensando en lo sucedido  unos momentos y luego recordó sus planes y se fue en  busca de Claudia.
        Al llegar a la transnacional dejó sus datos en portería, cómo el portero la reconoció, ya que no era la primera vez que iba, no vio la necesidad de dar aviso a la secretaria de Claudia. La joven no estaba en su escritorio cuando Andrea llegó por fin. Pensó que la chica estaría con Claudia pues se escuchaban risas dentro de la oficina de la rubia, así que entró sin llamar.
- ¡Hola, moles…!  -y no pudo terminar el saludo, la imagen con la que se encontró la dejó sin palabras-. Perdón, yo…, yo no quise molestar –trataba de disculparse mirando hacia todos lados, no quería fijar  la vista en Claudia, que estaba semi desnuda en el sofá de su oficina con una tipa algo mayor que ellas, en iguales condiciones que la rubia. La mujer se levantó y comenzó a acomodarse la ropa con indiferencia hacia la recién llegada. 

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5 comentarios:

  1. oh por dios!! que malsdfsdf es claudia ...andrea no se merece esto ..por fa conti pronto

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  2. Muy buena esperando el próximo capítulo.
    Desde España

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  3. Pinta bien, gracias por compartirla, te seguiré leyendo.

    Makeys.

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  4. Me está gustando mucho tu historia Jane,tengo que decir que desde que ayer empezé a leerla, algo me decía que Claudia no era trigo limpio y por lo que veo acerté de pleno.
    Siento mucha lástima por Andrea,mientras intenta buscar una solución a los ´´problemas´´ de Claudia,ésta la engaña con otra,que seguramente será una ricachona de la que intentará aprovecharse para que sus caprichos se hagan realidad.
    Desde ya me declaro del #TeamAndrea ;-)

    Rita

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  5. Gracias chicas por sus comentarios, puedo adelantarles que la historia la envié completa.
    Besos Jane Doe

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