Esperamos tu historia corta o larga... Enviar a Latetafeliz@gmail.com Por falta de tiempo, no corrijo las historias, solo las público. NO ME HAGO CARGO DE LOS HORRORES DE ORTOGRAFÍA... JJ

Al final del corredor - Jane Doe - 4

 - ¡Camila…pero tú… cómo…!
 - ¿Cómo llegué aquí? Preguntando.
 - No entiendo…cómo es…
 - Si me dejas pasar te explico –y Andrea se movió un poco en la entrada y su amiga se introdujo al interior del departamento con rapidez.
 - Pero quién te dijo que estaba aquí –preguntó aún perpleja.
 - Venga, dame un abrazo fuerte amiga y sentémonos. Camila no era de las que esperaba a las formalidades y las buenas maneras y urbanidad, así que tomó asiento en el sofá de la sala dejando su bolso a su lado, le hizo una seña a su amiga para que la imitara. Andrea la obedeció y luego de unos segundos reaccionó y la abrazó fuertemente.
 - Amiga, he tenido unos días de perros.
 - Anda, cuéntame, que fue lo que hizo esa loca ahora.
          Andrea le contó lo sucedido la última vez que estuvo con Claudia. La amiga la escuchó atentamente, no hizo comentarios. Andrea sintió que podía descargar su dolor y lloró en los brazos de Camila. Ya más tranquila se levantó y fue a la cocina por vasos y cerveza para seguir charlando. La amiga la acompaño a la cocina y se llevó a la sala lo que Andrea había preparado para Estela.
 - Y dime, ¿cómo llegaste a este lugar, de quién es?
 - Ah, es de Estela –y Camila asintió con la cabeza.
 - Es una amiga de Jorge y coincidimos en este edificio. El caso es que me vio mal esa noche y aquí estoy desde entonces.
 - Y tu departamento.
 - Ah, no sé, ni siquiera quiero ir.
 - ¿Por? –interrogó Camila.
 - La verdad, entre otras cosas no quiero encontrarme con Claudia. Pero dime, cómo supiste donde encontrarme.
  - Bueno, te estuve llamando desde hace días y tú no contestabas  –y Andrea se tapó los ojos-. Llamé a tu oficina y me dijeron que te habías ausentado. Así que intenté con Jorge, él me dijo que estabas con Estela, una amiga cercana. Le pedí  la dirección, sólo me dijo que vivía aquí. Así que soborné al portero y aquí estoy.
 - ¿Le pagaste?
 - Sí. Um, esto está bueno –se deleitaba degustando los quesos de la tabla-. Al parecer ustedes se la pasan bastante bien –murmuró con la boca llena.
 - No, lo que pasa es que salí a la calle y creí que sería bueno hacerle una atención a mi anfitriona.
 - Vaya, así que estamos en esas, haciéndose atenciones. ¿Y qué tipo de atenciones te hace ella?, tengo entendido que es enfermera –y la miró con picardía-, ¿usa uniforme ajustado? –y le  guiñó un ojo.
 - ¡Camila, cómo eres!
 - ¿Y ella es lesbiana?  –y Andrea sonrió y asintió con la cabeza, guardándose muy bien de no comentar  sus hábitos al dormir con la morena.
 - ¡Mira que pedazo de zorra me saliste Andrea Jiménez! Yo preocupándome por ti y tú detrás de las faldas de una enfermerita –y se rió a destajo mientras abrazaba  a su amiga echándose sobre ella.
         En ese momento se abrió la puerta del departamento  y Estela las encontró abrazadas riendo en el sofá. Cuando las amigas se dieron cuenta de su llegada, Andrea se levantó rápidamente para saludarla. La trigueña se veía algo nerviosa tratando de explicar a Estela acerca de su amiga, a  la que saludó brevemente. Le dijo que la estaban esperando con algo para degustar pero cuando Andrea y la morena miraron la tabla se dieron cuenta que ya no quedaba nada. Andrea se avergonzó y Estela sólo sonrió.
 - Descuida comí algo en la clínica –dijo con naturalidad y se acercó para saludar a la chica sentada.
 - Hola, soy Estela, mucho gusto. Estas en tu casa.
 -El gusto es mío, señorita enfermera –y  le sonrío coqueta- . Me llamo Camila y soy la amiga heterocuriosa de Andrea –y las tres chicas rieron de buena gana.
       Estela tomó asiento en uno de los sillones mientras Andrea retomó su lugar junto  a la visita. La trigueña le relató grosso modo que aquella tarde había salido a dar una vuelta, que pensó en preparar algo, que se encontró con Camila en la puerta y todo lo demás. Estela sonreía con sinceridad, pues al ir escuchando el relato se dio cuenta que Andrea se veía casi como cuando la conoció, ahí en el edificio, cuando recién se había mudado. Desde entonces la observaba a distancia prudente. Siempre evitó encontrarse con Claudia y su desagradable carácter, aun así, no pudo dejar de notar ese brillo en los ojos que dejaban ver algo tristeza, como cuando se ha llorado. No sólo Estela sonreía por la escena. Camila también notó que su amiga se veía con menos pesar que cuando hablaron a su llegada. Intuía que el buen ánimo se debía a la presencia de la morena quién se mostraba interesada en lo relatado por su amiga a pesar de verse algo cansada. Camila llegó a la conclusión que si el diablo, o sea “Claudia”  no metía la cola, esas dos tendrían algo más que una amistad y la picardía asomó en su rostro.
      Luego de despedir a la visita las chicas se fueron a acostar. Ya en la cama y en su acostumbrada posición pudieron hablar más tranquilas.
 - Estela –dijo Andrea mientras se acomodaba en el regazo  de la morena.
 - Sí, dime.
 - Gracias.
 - ¿Porqué?
 - Por todo.
 -No agradezcas, no es nada.
 - Sí, sí lo es. Por ayudarme, acogerme, por recibir a mis amigos.
 - No te preocupes, puedes recibir a quién quieras, esta también es tu casa.
 - ¿Estela? –preguntó de nuevo.
 - Um.
 - ¿Qué te pareció Camila? –Estela meditó unos segundos y respondió.
 - Yo diría que es una mujer especial.
 - Una loca linda, ¿cierto?
 - Esa es una buena descripción –dijo en tono de aprobación.
 - Estela.
 - Sí.
 - ¿Puedo darte un beso? –y la morena abrió los ojos un tanto perpleja.
 - Claro –respondió pensando que le daría un beso de agradecimiento. Pero Andrea se separó del costado de Estela, levantó el rostro hasta quedar frente a la otra mujer y se acercó dejando un suave beso en sus labios. La morena no supo que decir o hacer y se quedó ahí con los ojos abiertos, mientras Andrea le dio una rápida  sonrisa y volvió a su lugar en el regazo de al enfermera.
 - Buenas noches Estela.
 - Buenas noches Andrea –y apagó la luz
        Al siguiente día se levantaron tarde, la morena tenía un turno de veinticuatro horas en la clínica que comenzaría a las seis de la tarde. Estela le sugirió a Andrea que saliera, que llamara a su amiga, que se fueran de copas, que no se quedara en casa sola. Andrea desestimó la idea, prefería quedarse, que no se aburriría. La morena le ofreció que para el siguiente fin de semana tendría libre desde el jueves, que hiciera planes para salir juntas si le apetecía.
          El viernes siguiente a primera hora salían de la capital, en el auto de Andrea, rumbo al norte, a un pueblo distante unos doscientos  kilómetros, allí vivía el padre de Andrea, con quien se había puesto de acuerdo para ir a visitarlo. Él hombre se mostró contento cuando le dijo  que llevaría a una amiga, pues dio por hecho que su hija se había  liberado de esa petulante a la que llamaba novia.
 - ¡Papá, papá!, ¿cómo estás? –bajó corriendo a saludar a su padre.
 - Hija, que bueno tenerte por aquí –y se abrazaron con emoción.
 - Mira. Ven, ven –le dijo a la morena- . Papá, ella es Estela López, la amiga de quién te hablé y él es mi papá Octavio Jiménez –dirigiéndose a la morena. Se dieron los saludos correspondientes y el hombre las invitó a entrar a la casa a dejar los bolsos.
  - Deben estar cansadas, llevaré sus cosas al cuarto y ustedes descansen.
 - No la verdad no estamos cansadas papá. Dejemos todo aquí en la sala y nos llevas al pueblo para que Estela lo conozca  –y así lo hicieron.
      El padre de Andrea las llevó a dar una vuelta por el pueblo. Le iba contando las novedades del pueblo, de quienes se habían ido y quienes habían llegado, los avances con esas antenas  de las compañías telefónicas. De los negocios nuevos que se habían instalado, además de uno que otro chisme de  la viuda y el alcalde. Estela no entendía mucho pero Octavio era muy ameno en su relato lo que hacia que ella lo disfrutara.
       De regreso en la casa, Octavio  les mostró la habitación  que ocuparían en el segundo piso. Estela se dio a la tarea de de sacar la ropa de los bolsos y ordenarla en los cajones, en tanto en el primer piso Andrea  ayudaba  a su padre en la cocina con el almuerzo.
 - Y dime papá, cómo has estado.
 - Yo bien, ya sabes con uno que otro achaque sin importancia. La que se ve muy bien eres tú con tu nueva novia.
 - Hay papá, ella no es mi novia.
 - ¡Hey! Pero yo creí…tendré que preparar la habitación de huéspedes.
 - No hace falta papá, somos amigas tenemos confianza, dormiremos en la misma habitación.
 - Pero tú dijiste que no son novias.
 - Sí, sí sé pero no te preocupes, nos acomodaremos, estamos acostumbradas.
 - Con tal de no ver por aquí a la chinche de barrio pudiente.
 - ¡Hay papá, no seas así! –reclamó Andrea pero su padre solo se rió.
 - ¿Cuál es el chiste? –preguntó Estela al entrar en la cocina.
 - Nada Estela, es esta señorita que es muy enojona.
 -¡Pero papá!
 - Sí, sí lo eres. Recuerdas cuando te peleabas con todos los encontrabas por el camino al colegio
 - ¿Yo, cuando? –preguntó la hija haciéndose la inocente.
 - ¿Y tú no la has visto confrontarse a alguien en la ciudad? –Estela sonrió y pensó antes de responder.
 - No sabría decir. No he tenido ocasión de comprobarlo, tengo la impresión  que ya creció y se hizo adulta.
 - Y además te defiende –expresó Octavio por lo bajo a su hija bajando la vos- y tú me dices que no son novias –y le tocó la punta de la nariz a Andrea como cuando era una nena.
 - ¡Ya, pá!, no me trates como niña –y abrazó a su padre. La morena se deleitaba viéndolos, sobre todo a Andrea, que parecía renovada con un resplandor especial en su rostro. Sin duda esta era la mujer que ella siempre había visto desde lejos en edificio.
        Después de almorzar, Octavio salió a atender unos asuntos a la curtiembre que poseía, mientras las chicas deambularon por el pueblo. Andrea le fue contando una a una sus hazañas, que en su mayoría se trataban  de disputas con chicos del colegio. La trigueña se ufanó de tener un record perfecto de peleas, todas ganadas, excepto una, por que el chico, un poco menor que ella  comenzó a llorar en cuanto la vio.
 - Me gustaría ver algo de aquella Andrea hoy en día – comentó Estela.
 - A mí también pero esa parte de mí se quedó el pasado. Mis problemas tengo que resolverlos como lo que soy ahora, una mujer adulta –concluyó Andrea a lo que Estela también estuvo de acuerdo.
      Luego de una merienda liviana se retiraron a sus habitaciones. En el dormitorio de Andrea había dos camas, así que ocuparon ambas. No pasaron ni diez minutos desde que se habían acostado cuando Andrea habló a su compañera.
  - Estela –dijo la trigueña y un rose de sábanas se escuchó en la oscuridad.
 - Está bien  –y Andrea se metía en la cama con la morena.
 - Buenas noches Estela.
 - Buenas noches Andrea –y se durmieron.

 - ¡Buenos días chicas. ¡Oh, perdón! –y Octavio que había abierto la puerta cerró apresurado.
 - ¡No papá!, puedes pasar.
 - ¿No molesto?
 - No, claro que no.
 - Permiso, no veo nada –dijo el hombre medio tapándose  los ojos con la palma de su mano, pero aún así vio cómo su hija  levantaba la cabeza  detrás del cuerpo de su amiga que daba la espalda a la puerta.
 - Niñas, el desayuno está listo, bajen antes que se enfríe –él hombre concluyó y salió del cuarto renegando por lo bajo, “Qué no son novias. Cuando es que mi hija se va a dar cuenta que no puede engañarme”. Mientras, en el cuarto Estela se preocupaba.
 - Tu papá se va a molestar.
 - No, cómo crees, para él tú eres mi novia.
 - ¿De verdad? ¿Pero por qué cree eso?
 - No sé. Él es de ideas fijas. Además  de vernos abrazadas en la cama.
 - Claro, puede ser eso –y no pudo contener una sonrisa- . Crees  que debemos dormir separadas  esta noche para que no se confunda  –concluyó Estela.
 -¿Tú piensas que podremos?
 - No, no lo creo.
 - Um –concluyó Andrea.
           Cuando terminaron de desayunar ayudaron a Octavio en la casa, pues la señora que trabajaba para él fue de visita a casa de uno de sus hijos. Más tarde prepararon el almuerzo  entre todos, luego ordenaron la cocina y se fueron a la sala de estar. Allí el padre de Andrea les contó las actividades cotidianas de su vida, el trabajo y sus amistades. Siempre que podía trataba de sacar alguna información a la amiga de su hija, ella era amble y educada, respondía a todo sin entrar en mayores  detalles de su pasado. Para el hombre pareció discreta y creyó apropiado no incomodar a la joven.
        Luego de la charla vino lo que Andrea más temía, los álbumes de fotos. Su padre se encargó de mostrar a Estela  todas aquellas fotos que su hija odiaba. Y para comenzar la de bebe desnuda.
 - ¡Papá! –se quejó.
 - ¿Qué?, si es la más linda, ¿cierto Estela? –y la morena asintió con la cabeza y una alegre sonrisa. Después de una serie de fotos en los que la  trigueña aparecía con vestidos por lo general sucios y algo desgreñados. Algunas fotos de cumpleaños, en las que ella era una vaquera o soldado con uniforme de camuflaje y tenía como prisioneros a unos amiguitos amarrados y llorando. Eso le causó mucha gracia a Estela que revisaba una a una  las fotos con mucho interés. Las dos últimas fueron las de su primera comunión donde al parecer fue la última vez que usó vestido. En la otra, la trigueña estaba con sus padres justo antes de irse a al universidad. Un dejo de nostalgia cubrió el rostro de Andrea,  Estela lo notó y tomó su mano, la trigueña reaccionó al gesto regalándole una sonrisa a su compañera. Octavio miraba en silencio la escena y asentía con la cabeza.
       En la noche las chicas hablaron largo tiempo en la cama. Andrea le contó lo sucedido con su madre y lo difícil que fue superarlo, la morena escuchó en silencio y al concluir el relato la estrechó con fuerza y luego se durmieran.
        El domingo se levantaron temprano pues querían aprovechar la mañana. Andrea la llevó a conocer los lugares más pintorescos de los alrededores. Para comenzar visitaron un cerro cercano al pueblo donde estaban las horribles antenas de telecomunicaciones, ese lugar era usado como el mirador del lugar. Desde ahí podían ver  los alrededores de la zona, teniendo un amplió campo visual. Hasta donde se perdía la vista. Luego de apreciar todo el paisaje y tomar muchas fotografías ya que a Estela le encantó la vista, Andrea la llevó hasta un riachuelo que bajaba de lo alto de otro cordón de cerros cercanos, carcomiendo el suelo, a los pies de uno de los cerros, formando una pequeña laguna rodeada de juncos, totorales y algunas plantas acuáticas; considerando que la zona era algo desértica, este pequeño oasis daba un toque de verdor al entorno.
       Regresaron a la casa para almorzar y descansar un poco, ya que tenían pensado regresar a la capital a media tarde. Después de charlar amenamente  y de los agradecimientos mutuos entre Octavio y Estela, las chicas salieron de ahí con algo de pena por parte de Andrea por despedirse de su padre.

          El viaje había llenado de nuevo aire a Andrea, se sentía más liviana, más alegre, incluso con deseos de salir de tiendas, sin embargo le pidió a Estela que fuera al departamento por más ropa. La enfermera para no complicarse la complació, no sin antes pedirle que la acompañara por lo menos en el corredor. Andrea se quedó en el mismo lugar de la vez anterior, mientras Estela caminaba con precaución rumbo al departamento. Cómo esta vez no estaba tan nerviosa, al entrar pudo observar con más calma el interior del departamento, vio lo amplio y confortable que era el lugar, decorado con buen gusto y sobriedad.  A pesar de eso, la chica no se percató del juego de llaves que estaba en la mesa de arrimo en entrada del departamento, así como tampoco, la ropa y el calzado que faltaba en el closet o las prendas íntimas del primer cajón de  la cómoda. Aquel no era ni un buen momento ni lugar para ser curiosa así que se dedicó a seleccionar de mejor manera la ropa interior, ya que Andrea solía reclamar por la mezcla de conjuntos que había llevado. Sin proponérselo, acarició con delicadeza las bragas y sujetadores de su compañera, dado que a pesar del tiempo de convivencia, no solían pasearse con poca ropa por el departamento. Luego retiró más ropa sport y dos o tres trajes de dos piezas, la morena intuyó que su amiga estaba preparada para salir a la calle a hacerse cargo de sus asuntos personales y laborales. Sintió algo de pena al pensar que tal vez se iría pronto de su lado. Trató de no preocuparse y recogió algunas cosas personales desde el baño que le había encargado. Salió del departamento no sin antes mirar a todos lados. Tomó el bolso, que estaba realmente pesado, sólo lo arrastro por el piso del pasillo hasta donde se encontraba Andrea y entre ambas lo llevaron al otro departamento. 
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5 comentarios:

  1. que lindo el cap !!!! super esa "amistad" de andi y estela..conti pronto

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  2. Muchas gracias Jane Doe por regalarnos esta linda historia, esperando desde ya el proximo... un abrazo enorme, saludos
    Kyka, Chile

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    Respuestas
    1. Se agradecen sus saludos colega escritora, Yo también disfruté tu historia. Supongo que en su cabeza ya estará tomando notas para un próximo relato, de seguro lo disfrutaré igual.
      Con afecto. Jd

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  3. Me encanta la historia ! Andrea y Estela deberían terminar juntas ! Admirable la reacción de Estela, como se toma de bien que Camilia esté en su casa, esta chica es especial !
    La parte del beso me ha parecido muy bonita, corta, pero bonita ;)

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  4. La verdad que cada capítulo esta mejor, de nuevo gracias por compartirla.

    Quiero una Estela en mi vida jajajaja.

    Makeys

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