- ¿Cómo llegué aquí? Preguntando.
- No entiendo…cómo es…
- Si me dejas pasar te explico –y Andrea se
movió un poco en la entrada y su amiga se introdujo al interior del
departamento con rapidez.
- Pero quién te dijo que estaba aquí –preguntó
aún perpleja.
- Venga, dame un abrazo fuerte amiga y sentémonos.
Camila no era de las que esperaba a las formalidades y las buenas maneras y
urbanidad, así que tomó asiento en el sofá de la sala dejando su bolso a su
lado, le hizo una seña a su amiga para que la imitara. Andrea la obedeció y
luego de unos segundos reaccionó y la abrazó fuertemente.
- Anda, cuéntame, que fue lo que hizo esa loca
ahora.
Andrea le contó lo sucedido la última
vez que estuvo con Claudia. La amiga la escuchó atentamente, no hizo
comentarios. Andrea sintió que podía descargar su dolor y lloró en los brazos
de Camila. Ya más tranquila se levantó y fue a la cocina por vasos y cerveza
para seguir charlando. La amiga la acompaño a la cocina y se llevó a la sala lo
que Andrea había preparado para Estela.
- Y dime, ¿cómo llegaste a este lugar, de
quién es?
- Ah, es de Estela –y Camila asintió con la
cabeza.
- Es una amiga de Jorge y coincidimos en este
edificio. El caso es que me vio mal esa noche y aquí estoy desde entonces.
- Y tu departamento.
- Ah, no sé, ni siquiera quiero ir.
- ¿Por? –interrogó Camila.
- La verdad, entre otras cosas no quiero
encontrarme con Claudia. Pero dime, cómo supiste donde encontrarme.
- Bueno,
te estuve llamando desde hace días y tú no contestabas –y Andrea se tapó los ojos-. Llamé a tu
oficina y me dijeron que te habías ausentado. Así que intenté con Jorge, él me
dijo que estabas con Estela, una amiga cercana. Le pedí la dirección, sólo me dijo que vivía aquí.
Así que soborné al portero y aquí estoy.
- ¿Le pagaste?
- Sí. Um, esto está bueno –se deleitaba
degustando los quesos de la tabla-. Al parecer ustedes se la pasan bastante
bien –murmuró con la boca llena.
- No, lo que pasa es que salí a la calle y
creí que sería bueno hacerle una atención a mi anfitriona.
- Vaya, así que estamos en esas, haciéndose
atenciones. ¿Y qué tipo de atenciones te hace ella?, tengo entendido que es
enfermera –y la miró con picardía-, ¿usa uniforme ajustado? –y le guiñó un ojo.
- ¡Camila, cómo eres!
- ¿Y ella es lesbiana? –y Andrea sonrió y asintió con la cabeza,
guardándose muy bien de no comentar sus
hábitos al dormir con la morena.
- ¡Mira que pedazo de zorra me saliste Andrea Jiménez!
Yo preocupándome por ti y tú detrás de las faldas de una enfermerita –y se rió
a destajo mientras abrazaba a su amiga echándose
sobre ella.
En ese momento se abrió la puerta del
departamento y Estela las encontró abrazadas
riendo en el sofá. Cuando las amigas se dieron cuenta de su llegada, Andrea se
levantó rápidamente para saludarla. La trigueña se veía algo nerviosa tratando
de explicar a Estela acerca de su amiga, a
la que saludó brevemente. Le dijo que la estaban esperando con algo para
degustar pero cuando Andrea y la morena miraron la tabla se dieron cuenta que
ya no quedaba nada. Andrea se avergonzó y Estela sólo sonrió.
- Descuida comí algo en la clínica –dijo con
naturalidad y se acercó para saludar a la chica sentada.
- Hola, soy Estela, mucho gusto. Estas en tu
casa.
-El gusto es mío, señorita enfermera –y le sonrío coqueta- . Me llamo Camila y soy la
amiga heterocuriosa de Andrea –y las tres chicas rieron de buena gana.
Estela tomó asiento en uno de los sillones mientras Andrea retomó su
lugar junto a la visita. La trigueña le
relató grosso modo que aquella tarde había salido a dar una vuelta, que pensó
en preparar algo, que se encontró con Camila en la puerta y todo lo demás.
Estela sonreía con sinceridad, pues al ir escuchando el relato se dio cuenta
que Andrea se veía casi como cuando la conoció, ahí en el edificio, cuando
recién se había mudado. Desde entonces la observaba a distancia prudente.
Siempre evitó encontrarse con Claudia y su desagradable carácter, aun así, no
pudo dejar de notar ese brillo en los ojos que dejaban ver algo tristeza, como
cuando se ha llorado. No sólo Estela sonreía por la escena. Camila también notó
que su amiga se veía con menos pesar que cuando hablaron a su llegada. Intuía
que el buen ánimo se debía a la presencia de la morena quién se mostraba
interesada en lo relatado por su amiga a pesar de verse algo cansada. Camila
llegó a la conclusión que si el diablo, o sea “Claudia” no metía la cola, esas dos tendrían algo más
que una amistad y la picardía asomó en su rostro.
Luego de despedir a la visita las chicas se fueron a acostar. Ya en la
cama y en su acostumbrada posición pudieron hablar más tranquilas.
- Estela –dijo Andrea mientras se acomodaba en
el regazo de la morena.
- Sí, dime.
- Gracias.
- ¿Porqué?
- Por todo.
-No agradezcas, no es nada.
- Sí, sí lo es. Por ayudarme, acogerme, por
recibir a mis amigos.
- No te preocupes, puedes recibir a quién
quieras, esta también es tu casa.
- ¿Estela? –preguntó de nuevo.
- Um.
- ¿Qué te pareció Camila? –Estela meditó unos
segundos y respondió.
- Yo diría que es una mujer especial.
- Una loca linda, ¿cierto?
- Esa es una buena descripción –dijo en tono
de aprobación.
- Estela.
- Sí.
- ¿Puedo darte un beso? –y la morena abrió los
ojos un tanto perpleja.
- Claro –respondió pensando que le daría un
beso de agradecimiento. Pero Andrea se separó del costado de Estela, levantó el
rostro hasta quedar frente a la otra mujer y se acercó dejando un suave beso en
sus labios. La morena no supo que decir o hacer y se quedó ahí con los ojos
abiertos, mientras Andrea le dio una rápida
sonrisa y volvió a su lugar en el regazo de al enfermera.
- Buenas noches Estela.
- Buenas noches Andrea –y apagó la luz
Al siguiente día se levantaron tarde, la
morena tenía un turno de veinticuatro horas en la clínica que comenzaría a las
seis de la tarde. Estela le sugirió a Andrea que saliera, que llamara a su
amiga, que se fueran de copas, que no se quedara en casa sola. Andrea desestimó
la idea, prefería quedarse, que no se aburriría. La morena le ofreció que para
el siguiente fin de semana tendría libre desde el jueves, que hiciera planes
para salir juntas si le apetecía.
El viernes siguiente a primera hora
salían de la capital, en el auto de Andrea, rumbo al norte, a un pueblo
distante unos doscientos kilómetros,
allí vivía el padre de Andrea, con quien se había puesto de acuerdo para ir a
visitarlo. Él hombre se mostró contento cuando le dijo que llevaría a una amiga, pues dio por hecho
que su hija se había liberado de esa
petulante a la que llamaba novia.
- ¡Papá, papá!, ¿cómo estás? –bajó corriendo a
saludar a su padre.
- Hija, que bueno tenerte por aquí –y se
abrazaron con emoción.
- Mira. Ven, ven –le dijo a la morena- . Papá,
ella es Estela López, la amiga de quién te hablé y él es mi papá Octavio Jiménez
–dirigiéndose a la morena. Se dieron los saludos correspondientes y el hombre
las invitó a entrar a la casa a dejar los bolsos.
- Deben estar cansadas, llevaré sus cosas al cuarto y ustedes descansen.
- No la verdad no estamos cansadas papá.
Dejemos todo aquí en la sala y nos llevas al pueblo para que Estela lo conozca –y así lo hicieron.
El padre de Andrea las llevó a dar una vuelta por el pueblo. Le iba
contando las novedades del pueblo, de quienes se habían ido y quienes habían
llegado, los avances con esas antenas de
las compañías telefónicas. De los negocios nuevos que se habían instalado,
además de uno que otro chisme de la
viuda y el alcalde. Estela no entendía mucho pero Octavio era muy ameno en su
relato lo que hacia que ella lo disfrutara.
De regreso en la casa,
Octavio les mostró la habitación que ocuparían en el segundo piso. Estela se
dio a la tarea de de sacar la ropa de los bolsos y ordenarla en los cajones, en
tanto en el primer piso Andrea ayudaba a su padre en la cocina con el almuerzo.
- Y dime papá, cómo has estado.
- Yo bien, ya sabes con uno que otro achaque
sin importancia. La que se ve muy bien eres tú con tu nueva novia.
- Hay papá, ella no es mi novia.
- ¡Hey! Pero yo creí…tendré que preparar la
habitación de huéspedes.
- No hace falta papá, somos amigas tenemos
confianza, dormiremos en la misma habitación.
- Pero tú dijiste que no son novias.
- Sí, sí sé pero no te preocupes, nos
acomodaremos, estamos acostumbradas.
- Con tal de no ver por aquí a la chinche de
barrio pudiente.
- ¡Hay papá, no seas así! –reclamó Andrea pero
su padre solo se rió.
- ¿Cuál es el chiste? –preguntó Estela al
entrar en la cocina.
- Nada Estela, es esta señorita que es muy
enojona.
-¡Pero papá!
- Sí, sí lo eres. Recuerdas cuando te peleabas
con todos los encontrabas por el camino al colegio
- ¿Yo, cuando? –preguntó la hija haciéndose la
inocente.
- ¿Y tú no la has visto confrontarse a alguien
en la ciudad? –Estela sonrió y pensó antes de responder.
- No sabría decir. No he tenido ocasión de
comprobarlo, tengo la impresión que ya
creció y se hizo adulta.
- Y además te defiende –expresó Octavio por lo
bajo a su hija bajando la vos- y tú me dices que no son novias –y le tocó la
punta de la nariz a Andrea como cuando era una nena.
- ¡Ya, pá!, no me trates como niña –y abrazó a
su padre. La morena se deleitaba viéndolos, sobre todo a Andrea, que parecía
renovada con un resplandor especial en su rostro. Sin duda esta era la mujer
que ella siempre había visto desde lejos en edificio.
Después de almorzar, Octavio salió a atender unos asuntos a la
curtiembre que poseía, mientras las chicas deambularon por el pueblo. Andrea le
fue contando una a una sus hazañas, que en su mayoría se trataban de disputas con chicos del colegio. La
trigueña se ufanó de tener un record perfecto de peleas, todas ganadas, excepto
una, por que el chico, un poco menor que ella
comenzó a llorar en cuanto la vio.
- Me gustaría ver algo de aquella Andrea hoy
en día – comentó Estela.
- A mí también pero esa parte de mí se quedó
el pasado. Mis problemas tengo que resolverlos como lo que soy ahora, una mujer
adulta –concluyó Andrea a lo que Estela también estuvo de acuerdo.
Luego de una merienda liviana se retiraron a sus habitaciones. En el
dormitorio de Andrea había dos camas, así que ocuparon ambas. No pasaron ni
diez minutos desde que se habían acostado cuando Andrea habló a su compañera.
- Estela –dijo la trigueña y un rose de sábanas se escuchó en la
oscuridad.
- Está bien –y Andrea se metía en la cama con la morena.
- Buenas noches Estela.
- Buenas noches Andrea –y se durmieron.
- ¡Buenos días chicas. ¡Oh, perdón! –y Octavio
que había abierto la puerta cerró apresurado.
- ¡No papá!, puedes pasar.
- ¿No molesto?
- No, claro que no.
- Permiso, no veo nada –dijo el hombre medio
tapándose los ojos con la palma de su
mano, pero aún así vio cómo su hija
levantaba la cabeza detrás del
cuerpo de su amiga que daba la espalda a la puerta.
- Niñas, el desayuno está listo, bajen antes
que se enfríe –él hombre concluyó y salió del cuarto renegando por lo bajo, “Qué
no son novias. Cuando es que mi hija se va a dar cuenta que no puede
engañarme”. Mientras, en el cuarto Estela se preocupaba.
- Tu papá se va a molestar.
- No, cómo crees, para él tú eres mi novia.
- ¿De verdad? ¿Pero por qué cree eso?
- No sé. Él es de ideas fijas. Además de vernos abrazadas en la cama.
- Claro, puede ser eso –y no pudo contener una
sonrisa- . Crees que debemos dormir
separadas esta noche para que no se
confunda –concluyó Estela.
-¿Tú piensas que podremos?
- No, no lo creo.
- Um –concluyó Andrea.
Cuando terminaron de desayunar
ayudaron a Octavio en la casa, pues la señora que trabajaba para él fue de
visita a casa de uno de sus hijos. Más tarde prepararon el almuerzo entre todos, luego ordenaron la cocina y se
fueron a la sala de estar. Allí el padre de Andrea les contó las actividades
cotidianas de su vida, el trabajo y sus amistades. Siempre que podía trataba de
sacar alguna información a la amiga de su hija, ella era amble y educada,
respondía a todo sin entrar en mayores
detalles de su pasado. Para el hombre pareció discreta y creyó apropiado
no incomodar a la joven.
Luego de la charla vino lo que Andrea más temía, los álbumes de fotos.
Su padre se encargó de mostrar a Estela
todas aquellas fotos que su hija odiaba. Y para comenzar la de bebe
desnuda.
- ¡Papá! –se quejó.
- ¿Qué?, si es la más linda, ¿cierto Estela?
–y la morena asintió con la cabeza y una alegre sonrisa. Después de una serie
de fotos en los que la trigueña aparecía
con vestidos por lo general sucios y algo desgreñados. Algunas fotos de cumpleaños,
en las que ella era una vaquera o soldado con uniforme de camuflaje y tenía
como prisioneros a unos amiguitos amarrados y llorando. Eso le causó mucha
gracia a Estela que revisaba una a una
las fotos con mucho interés. Las dos últimas fueron las de su primera
comunión donde al parecer fue la última vez que usó vestido. En la otra, la
trigueña estaba con sus padres justo antes de irse a al universidad. Un dejo de
nostalgia cubrió el rostro de Andrea,
Estela lo notó y tomó su mano, la trigueña reaccionó al gesto
regalándole una sonrisa a su compañera. Octavio miraba en silencio la escena y
asentía con la cabeza.
En la noche las chicas hablaron largo tiempo en la cama. Andrea le contó
lo sucedido con su madre y lo difícil que fue superarlo, la morena escuchó en
silencio y al concluir el relato la estrechó con fuerza y luego se durmieran.
El domingo se levantaron temprano pues querían aprovechar la mañana.
Andrea la llevó a conocer los lugares más pintorescos de los alrededores. Para
comenzar visitaron un cerro cercano al pueblo donde estaban las horribles
antenas de telecomunicaciones, ese lugar era usado como el mirador del lugar.
Desde ahí podían ver los alrededores de
la zona, teniendo un amplió campo visual. Hasta donde se perdía la vista. Luego
de apreciar todo el paisaje y tomar muchas fotografías ya que a Estela le
encantó la vista, Andrea la llevó hasta un riachuelo que bajaba de lo alto de
otro cordón de cerros cercanos, carcomiendo el suelo, a los pies de uno de los
cerros, formando una pequeña laguna rodeada de juncos, totorales
y algunas plantas acuáticas; considerando que la zona era algo desértica, este
pequeño oasis daba un toque de verdor al entorno.
Regresaron a la casa para almorzar y descansar un poco, ya que tenían
pensado regresar a la capital a media tarde. Después de charlar amenamente y de los agradecimientos mutuos entre Octavio
y Estela, las chicas salieron de ahí con algo de pena por parte de Andrea por
despedirse de su padre.
El viaje había llenado de nuevo aire
a Andrea, se sentía más liviana, más alegre, incluso con deseos de salir de tiendas,
sin embargo le pidió a Estela que fuera al departamento por más ropa. La
enfermera para no complicarse la complació, no sin antes pedirle que la acompañara
por lo menos en el corredor. Andrea se quedó en el mismo lugar de la vez
anterior, mientras Estela caminaba con precaución rumbo al departamento. Cómo
esta vez no estaba tan nerviosa, al entrar pudo observar con más calma el
interior del departamento, vio lo amplio y confortable que era el lugar, decorado
con buen gusto y sobriedad. A pesar de
eso, la chica no se percató del juego de llaves que estaba en la mesa de arrimo
en entrada del departamento, así como tampoco, la ropa y el calzado que faltaba
en el closet o las prendas íntimas del primer cajón de la cómoda. Aquel no era ni un buen momento ni
lugar para ser curiosa así que se dedicó a seleccionar de mejor manera la ropa
interior, ya que Andrea solía reclamar por la mezcla de conjuntos que había
llevado. Sin proponérselo, acarició con delicadeza las bragas y sujetadores de
su compañera, dado que a pesar del tiempo de convivencia, no solían pasearse
con poca ropa por el departamento. Luego retiró más ropa sport y dos o tres
trajes de dos piezas, la morena intuyó que su amiga estaba preparada para salir
a la calle a hacerse cargo de sus asuntos personales y laborales. Sintió algo
de pena al pensar que tal vez se iría pronto de su lado. Trató de no
preocuparse y recogió algunas cosas personales desde el baño que le había
encargado. Salió del departamento no sin antes mirar a todos lados. Tomó el
bolso, que estaba realmente pesado, sólo lo arrastro por el piso del pasillo
hasta donde se encontraba Andrea y entre ambas lo llevaron al otro
departamento.
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autor.

que lindo el cap !!!! super esa "amistad" de andi y estela..conti pronto
ResponderEliminarMuchas gracias Jane Doe por regalarnos esta linda historia, esperando desde ya el proximo... un abrazo enorme, saludos
ResponderEliminarKyka, Chile
Se agradecen sus saludos colega escritora, Yo también disfruté tu historia. Supongo que en su cabeza ya estará tomando notas para un próximo relato, de seguro lo disfrutaré igual.
EliminarCon afecto. Jd
Me encanta la historia ! Andrea y Estela deberían terminar juntas ! Admirable la reacción de Estela, como se toma de bien que Camilia esté en su casa, esta chica es especial !
ResponderEliminarLa parte del beso me ha parecido muy bonita, corta, pero bonita ;)
La verdad que cada capítulo esta mejor, de nuevo gracias por compartirla.
ResponderEliminarQuiero una Estela en mi vida jajajaja.
Makeys