Esperamos tu historia corta o larga... Enviar a Latetafeliz@gmail.com Por falta de tiempo, no corrijo las historias, solo las público. NO ME HAGO CARGO DE LOS HORRORES DE ORTOGRAFÍA... JJ
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Pase lo que pase - Despistada - 14 y EPILOGO

Capítulo 14

      Sylvie no solo se implicó desde el primer momento en la crianza de Niara, sino que enseguida comenzó los trámites necesarios para adoptarla legalmente ella también. Fue amor a primera vista. Juntas buscamos  una profesora para ella que la pusiera al día antes de escolarizarla definitivamente, buscamos  a una niñera que pudiera atenderla cuando nosotras estuviéramos trabajando y sobre todo intentamos que Niara se sintiera una niña querida y alegre. Ambas nos derretíamos de gusto cuando la oíamos reír y mi mayor placer era observarlas cuando ambas se quedaban dormidas abrazadas en el sofá.

Pase lo que pase - Despistada - 13

Capítulo 13


      Abrí la puerta. Allí estaba ella. Tan guapa, que dolía. Me hice a un lado y pasó al salón. La seguí.

Sylvie: ¿Qué tal estás?

Yo: Bien. ¿Cómo te encuentras tú?

Sylvie: Bien. Acabo de llegar de Vancouver

Yo:  ¿Vancouver? ¿Qué hacías en Vancouver?

Pase lo que pase - Despistada - 12

Capítulo 12

      Ahora quedaba explicarle a Niara todo lo que pasaría. En una semana volaríamos rumbo a Canadá y Niara iba a perder la última conexión con sus raíces, iba a desplazarse a miles de kilómetros de la vida que había conocido hasta entonces . Me senté con ella en el salón del barracón. Enseguida se subió encima de mis rodillas y me miró con esos ojazos que hacían que me derritiera por dentro.

Pase lo que pase - Despistada - 11

Capítulo 11

      Sylvie seguía sin contestar a mis llamadas y decidí que no volvería a telefonearla. Cuando ella se encontrara bien, cuando tuviera las cosas claras, me buscaría, para bien o para mal. Supe por mi prima Kaitlyn que había vuelto a Quebec con su familia y que había comenzado a acudir a un psicólogo.

      Mientras, Niara llenaba mi vida. Me encantaba cuando saltaba a mis brazos cada vez que entraba en la habitación de su mamá a visitarla, me encantaba  sentir su mano agarrada a la mía mientras dormíamos, me encantaba escuchar su vocecita mientras desayunábamos. Las paredes de mi habitación estaban llenas de sus dibujos. Cuando tenía algo de tiempo libre (que era pocas veces, ya que tenía que trabajar muchísimas horas en el hospital) salíamos a dar un paseo en barco, a tomar helado o a montar en un tiovivo y su cara reflejaba una sonrisa que iluminaba el mundo. Se había convertido en el motivo principal de mi alegría y de mi felicidad en ese país tan alejado de la gente que me quería.

Pase lo que pase - Despistada - 10

Capítulo 10

      La revelación de Liya me dejó pensativa. Había que buscar una forma de que madre e hija permanecieran juntas. Teníamos un par de días para pensar algo. Al día siguiente consultaría con el coordinador de la ONG a ver si él veía alguna solución.

Pase lo que pase - Despistada - 9

Capítulo 9

      Desayuné con Alicia. Nos dirigimos al aeropuerto, dejamos mi coche y en la terminal nos encontramos al coordinador de la ONG y a su alrededor un pequeño pero variopinto grupo. Eramos doce médicos canadienses: tres especialistas en ginecología y obstetricia (dos hombres y una mujer), dos neurocirujanos (Alicia y otro doctor), dos traumatólogos ortopedistas  (hombres), dos pediatras (mujeres), un anestesista (otro hombre), un especialista en Dermatología y Venerología (mujer)  y yo. Todos y todas parecían gente agradable. Ya no había vuelta atrás. Allí estaba yo con mis dos maletas aparentando un entusiasmo que no sentía, aunque estaba convencida de que, una vez metida en faena, me dejaría absorber por mi trabajo como siempre lo hacía. Me retiré unos metros del grupo y saqué el teléfono de mi bolso. ¿Debía intentar volver a llamar a Sylvie? ¿Estaba preparada para volver a oír el sonido de mi llamada y soportar que nadie descolgara de nuevo? ¿Estaba preparada para escuchar la voz de Sylvie y volver a sufrir su rechazo? No lo estaba.  Apagué mi móvil, lo guardé en el  bolso y me dirigí con el resto del grupo a facturar mi equipaje.

Pase lo que pase - Despistada - 8

Capítulo 8

      En cuanto abandoné mi casa llamé a la ONG y me reservaron un vuelo para dentro de tres días y un hotel en la ciudad. Tenían un concierto con el hospital donde yo trabajaba, con lo que ellos se encargarían de todo el papeleo  para tramitar mi excedencia.  Llegué a Montreal de madrugada, me dirigí al hotel y me duché. Me recosté encima de la cama y no pude pegar ojo. Me retumban en la cabeza las palabras y sobre todo las ausencias de Sylvie. No sabía qué había sido, pero algo había hecho mal, muy mal, para que mi mujer me quisiera fuera de su vida. Las lágrimas resbalaban por mis mejillas y la angustia me martilleaba en el pecho.
      Bajé pronto a desayunar y me di un paseo por la ciudad, un poco de aire fresco me vendría bien. Vagué sin rumbo y mis pasos me llevaron, casi sin darme cuenta de vuelta al hotel. Tenía una reunión en la sede de la ONG a las 12 de la mañana y aún quedaban dos horas. Subí a mi habitación y marqué el teléfono de Sylvie. Necesitaba oírla, necesitaba decirle que si ella quería, volvería inmediatamente a su lado, necesitaba decirle que, si me quería lejos, lejos estaría, pero dispuesta a correr a su lado en cuanto me necesitara. No cogió el teléfono. Llamé a Kaitlyn, mi prima.

Pase lo que pase - Despistada - 7

Capítulo 7

     Cuando en la mañana abrí los ojos, mi esposa estaba sentada al borde de la cama a mi lado velando mi sueño. Leía en sus ojos amor y ternura. Me besó en la frente.

Sylvie: Buenos días, mi amor. Es delicioso observarte mientras duermes
Yo: Lo que es estupendo es abrir los ojos y que tú seas la primera visión del día (Me abracé a su tripa). ¡Uhmmmm, qué rico hueles!
Sylvie: Mientras tú te duchas voy a pedir el desayuno. Estamos bien de tiempo. Tu hermano viene a buscarnos a las 11 y media para llevarnos al aeropuerto y son las 10 de la mañana
Yo: Vale, mi amor

Pase lo que pase - Despistada - 6

Capítulo 6

      Odiaba dejar a Sylvie sola en esa circunstancia, pero que a mí me tocaran tres días seguidos de guardia quizás fue lo mejor que podía habernos pasado. Yo dormía, comía y me duchaba en el hospital y cuando terminé mi trabajo me alegró no encontrarme con ningún periodista afuera esperándome. A Sylvie, también, el asedio le duró un par de días. Seguía firme en sus declaraciones, reconociendo que tanto personal como laboralmente se encontraba en un momento dulce de su vida, pero sin desvelar con quién la compartía. El interés hacia nosotras decayó, pero algunos periodistas decidieron efectivamente contrastar los datos que Nicholas les había vendido en el reportaje que concedió a una revista y la tortilla dio bruscamente la vuelta. Comprobaron que el día que murió la madre de Sylvie él había continuado con sus reuniones y su trabajo, que no acudió al funeral, que había malmetido con la productora (uno de cuyos directivos era familiar suyo) para intentar desacreditar a Sylvie y sacarla de la serie. Lo acusaron de insensible, de homófobo, de mentiroso… y el estúpido de él seguía dando declaraciones a cual más desafortunada y a cual más criticada. Su imagen personal quedó muy dañada y su prestigio profesional puesto en entredicho, porque una vez él entró en ese juego, el engranaje le pasó por encima. Revisaron hasta su último movimiento y seguían sacando porquería sin parar de debajo de sus alfombras. “La vida, al final, nos pone a todos en nuestro sitio” pensé y decidí borrar a ese personaje de mi vida y de mi mente.

Pase lo que pase - Despistada - 5

CAPITULO 5

      Sylvie estaba decidida a que nada empañara nuestra felicidad y yo no me podía sentir más enamorada ni más agradecida a la vida. En la serie, cuatro semanas después, hicieron que su personaje tomara la decisión de abandonar el equipo, la montaron en un avión y el último plano de Sylvie se rodó en una avioneta alejándose de los otros “travellers”. Lejos de entristecerse, le vio el lado bueno rápidamente. Al tener menos trabajo, podría atender más al rodaje de la película y tendría más tiempo para buscar una casa nueva para nosotras. A mí me daba mucha rabia, porque justo hacía poco que una cadena norteamericana y varias europeas habían comprado los derechos de emisión de la serie, lo cual era una plataforma inmejorable para los actores y actrices que trabajaban en ella. Sylvie me decía que no me preocupara, que  su personaje aparecía en dos temporadas y media y que ella tendría también su escaparate por mucho que les pesara a los productores.

Pase lo que pase - Despistada - 4

CAPITULO 4

      Yo  estaba definitivamente atrapada y mi corazón dulcemente encadenado al suyo. Sin remedio. Seguimos saliendo de vez en cuando, al cine, a comer, al parque… y ella iba dando pequeños pasos que encendían la llama de mi esperanza. Del suave beso en los labios, pasó a atrapar los míos entre los suyos, a utilizar tímida su lengua, a jugar con ella con la mía, todo mientras me atraía firmemente hacia su cuerpo dejándose estrechar entre mis brazos. Sus manos recorriendo mi espalda, mis dedos perfilando su rostro, acariciándonos también por debajo de la ropa. Como si fuéramos adolescentes experimentando. Yo dándole tiempo y ella a mí centímetros de piel.

Pase lo que pase - Despistada - 3

CAPITULO 3

No podía dejar de pensar en ella, pero me decía que se me pasaría. Sylvie insistía. Me mensajeaba constantemente proponiéndome planes que yo amablemente rechazaba. Por lo menos, me decía a mi misma, yo tenía la deferencia de contestarla, que era más de lo que ella había hecho conmigo. Un día, al entrar en una cafetería en la que había quedado con mi prima Kaitlyn, la vi con un grupo de amigos. Se acercó y me saludó. Charlamos un poquito, pues ellos se iban y me arrancó una cita para ir al cine la semana siguiente. Fuimos y ella estuvo encantadora. Yo no. La soberbia me podía, el orgullo me reconcomía. Ella siguió insistiendo. Me arrancó una segunda cita para tomar un café y de nuevo ella estuvo encantadora y yo no. Se acercaba mi cumpleaños y me propuso ir a cenar. Le dije que tenía planes, que unas cuantas amigas y amigos vendrían a mi apartamento y consiguió que la invitara o consiguió invitarse sin que yo me opusiera. El día de mi cumpleaños apareció en mi puerta con una rosa roja y un regalo, más guapa imposible, más tierna imposible, más deseable imposible. El pantalón negro que llevaba se le ceñía a sus preciosas y largas piernas, estilizadas más si cabía aún por unos botines negros con un suave tacón. Debajo de una levita gris lucía una blusa blanca larga que le daba un aire desenfadado y adorable. Llevaba perfectamente peinada y alisada su media melena rubia y el suave maquillaje hacía destacar aún más el rojo de sus labios. Unos labios que no podía dejar de mirar. Unos labios que no podía dejar de desear. Unos labios que, me había jurado no probar nunca.Los invitados fueron llegando y aunque ella no me quitaba ojo de encima (lo presentía, lo sabía) mantenía una prudente distancia, supongo que para no agobiarme, supongo que para no invadir mi espacio pero mantenerse cerca de él.  Cuando estuvimos todos, le presenté a mis amigos y amigas (Kaitlyn, Emma,  Hanna,  Amy, Madison,  Lena, Alicia,  Mya, Derek, Ian  y Michael, al que ya conocía). Se mostró agradable y sociable. Y alguna de mis amigas también hubiera querido socializar con ella, si no hubieran sabido lo que en su momento yo sentí por ella (¿sentí? ¿sentía? Mi soberbia no me dejaba contestarme a esa pregunta). Avanzada la fiesta, Kaitlyn, mi prima, me arrastró a mi habitación.

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