Aquel viernes, Andrea se levantó con
una sonrisa en la cara. Había dejado que Estela se marchara al trabajo sin decirle sus planes.
Luego de dejar todo ordenado, salió del edificio y visitó distintos lugares
buscando un vino especial, además de velas y un mantel, que hacía tiempo
había visto por Internet, en seguida regresó al departamento para recibir las
flores que había encargado. Como no sabía sus gustos pidió un arreglo con rozas
blancas y rojas. Poco antes de las siete, llegaron con la cena que había pedido
Andrea al restaurante, dejaron todo preparado para cuando llegara la morena. Andrea luego de
darse un baño meditó sobre si vestirse de manera especial pero luego concluyo
que eso podía incomodar a su compañera, entonces optó por vestir algo casual,
luego encendió las velas, puso algo de música y se sentó a esperarla. Esta vez
sí la sorprendería. Cinco minutos después, cuando la puerta se abría, Andrea se
levantó rápidamente y sacó a Estela al corredor.
- ¿Qué… qué sucede? –preguntó la recién
llegada algo asustada.
- Nada, bueno sí. Quiero decir, es que tengo
una sorpresa para ti –habló nerviosa la trigueña.
- ¿Una sorpresa? –preguntó extrañada Estela.
- Sí, mira, es que necesito que cierres los ojos y no los abras,
hasta que te lo indique –la enfermera la miró un instante y vio la ansiedad en el
rostro de su amiga.
- Ok, sí eso quiere la señorita, lo haré –y
Estela cerró sus ojos y se dejó guiar
por su compañera hasta el interior del departamento, cuando estuvo junto al comedor Andrea le habló.
- Ábrelos ahora –y la chica abrió lentamente sus ojos y fue descubriendo
lo que había preparado su amiga. Reparó que en su mesa había un mantel que no
correspondía a los suyos que eran más sencillos, un delicado arreglo de flores
en el centro de la mesa y un par de velas encendidas. La mesa estaba puesta,
sólo faltaba servir. La mujer estaba realmente sorprendida, no esperaba un
detalle como el que su amiga le había preparado.
- ¿Y qué te parece, te gusta? –preguntó
ansiosa Andrea.
- Sí, sí claro –respondió Estela aún impresionada.
- Ven, siéntate y te sirvo –mientras separaba
una silla de la mesa para que se sentara. Estela la aceptó y Andrea la ayudó a
acomodarse en la mesa, en seguida sirvió la comida y el vino y comenzaron a
comer.
La cena estaba realmente
deliciosa reconoció Estela, mientras se llevaba a la boca una copa de vino.
Andrea estaba contenta, que todo fuera del agrado de su amiga pues se veía que
estaba disfrutando. Comieron, bebieron y charlaron hasta que la comida y el
vino habían acabado y las velas se estaban apagando. Ya debía de ser tarde pero
ellas seguían charlando quedamente en sofá, hasta donde se habían trasladado
después de comer. Andrea le contaba una historia de cuando era adolescente y se
había peleado con un amigo por una chica de su pueblo a la que ambos
pretendían.
- No te pudo creer –le decía Estela.
- Cómo te dije, Pablo y yo nos peleamos por
nada, al final la muchacha se fue del pueblo con sus padres – y ambas rieron de
buena gana.
De pronto las risas cesaron y la
conversación se acabó. Ambas se quedaron en silencio, una junto a la otra
mirándose en el sofá.
- Andrea –rompió el silencio la morena.
- Sí, dime.
- Tengo que agradecerte, estaba todo muy delicioso,
gracias.
- No tienes nada que agradecer, al contrario,
soy yo quién está agradecida por todo tu apoyo en estos meses –y
se quedó nuevamente en silencio.
-Andrea –mirándola de frente.
- Sí.
- ¿Te puedo dar un beso? –Andrea creyó que su
amiga repetiría el gesto que ella misma había tenido tiempo a tras.
-Sí claro, ¿por qué no? –y antes que Andrea
terminara de decir estas palabras,
Estela acercó su rostro al de la trigueña y hundió sus labios en la boca
de Andrea, quién se sintió sorprendida
en un primer momento y luego reaccionó a aquel beso, que desde su inicio mostraba
una profundidad que no dejaba dudas de
su intención. La morena se fue recostando sobre Andrea a medida que el beso se
hacía más y más intenso. Las lenguas de ambas se encontraban en plena lucha de reconocimiento
de la una a la otra, mientras el resto de sus cuerpos se agitaban sobre el sofá. Sólo la falta de
aire las hizo separar sus bocas y quedar jadeando una frente a la otra.
Ese instante fue
aprovechado por Andrea para escapar del peso del cuerpo de Estela y
levantarse del sofá jalando a la
morena hacia el dormitorio. Una vez ahí,
fue la trigueña que reinició el encuentro
a los labios de la enfermera, quien respondía como si en ello se le
fuera la vida, abrasándose al cuello de Andrea, mientras esta atrapaba entre sus brazos la cintura de de la
morena. Las manos comenzaban a cobrar vida al igual que sus gargantas, que
emitían ahogados quejidos que las enardecían aún más. Andrea la empujó a la
cama montándose sobre ella. Agradeció que llevara aquel uniforme, sólo bastó
con bajar el cierre para dejar a la vista el hermoso cuerpo moreno, que
contrastaba con el níveo uniforme y la
ropa interior. Se regocijaba acariciando los pechos por encima del sujetador mientras recorría los hombros y el cuello de
Estela con su lengua. La humedad iba ascendiendo de las mejillas a las cien, luego
por la frente, bajaba besando sus ojos y luego esa lengua se lanzaba por la
nariz para hundirse nuevamente en la
boca de la morena, e iniciar una intensa refriega de labios, por momentos
suaves y luego urgentes.
Estela en su ardor apretaba a Andrea
contra sí. Hurgaba en la oscura y larga cabellera de la trigueña, luego
recorría su espalda, apretando y acariciando. El deseo iba en aumento pero los
progresos por desprenderse de sus ropas se
veían interrumpidos a cada momento por
aquellas manos que no encontraban el camino.
- Esto… no está resultando –jadeó Andrea tendida
sobre la morena.
- Sí, sí… -respirando entrecortado.
- Creo, creo que deberíamos tomárnoslo con más
calma.
- Que… sugieres, uh.
- Tomémonos unos segundos y nos relajamos.
- Uh, sí
–en seguida Andrea se separó de la morena y se tendió unos segundos a su
lado. Cuando hubo recuperado algo el aliento se volvió hacia su compañera y le
dio un suave beso.
- ¿Más tranquila? –le preguntó a la morena.
- Mm, sí –y le sonrió de vuelta.
Andrea fue quitándole el uniforme por
los hombros mientras Estela levantaba un poco el cuerpo para que la prenda
saliera por completo. Luego fue bajando los tirantes del sujetador exponiendo
la redondez sus pechos engalanados por
aquellos botones oscuros, que erectos y desafiantes, invitaban Andrea a degustarlos con su lengua aumentado
su dureza. Cómo deseaba atraparlos en su boca, lamerlos, succionarlos con sus
labios, amasarlos entres sus dedos hasta que por
cansancio se rindieran.
Estela se dejaba hacer.
Ansiaba acariciar a su amante pero
esperaría hasta donde su control le permitiera. Así, tendida en la cama con
sólo sus tangas blancas, era contemplada con deseo por Andrea, quién la besó
nuevamente mientras sus manos amasaban aquellos pechos. La morena gimió de
placer pero Andrea debió separarse de ella.
- Anda, te toca
–le dijo a Estela recostándose a su lado.
Estela se incorporó sin dejar de mirar
a su compañera y la besó suavemente mientras acariciaba sus pechos por encima
de la blusa que estaba a medio desabotonar. Cuando la blusa dejó de ser un
obstáculo, siguió por el pantalón, lo desabrochó y fue bajando el cierre rozando
levemente el pubis de la trigueña.
Andrea movió sus caderas y el pantalón
se deslizó por los muslos hasta dejar completamente libres las piernas. Estela
dejó un suave beso en el seno de la mujer mientras desprendía el broche del
sujetador
Ya libres de
aquellos impedimentos se abrazaron y reiniciaron las caricias y los besos
contenidos. Andrea se fue tendiendo sobre la morena, que receptiva la recibía entre sus brazos y de igual forma
entre sus piernas. Iniciaron un beso largo y profundo como sus deseos, mientras
las manos de la trigueña amasaban los pechos de Estela que disfrutaba de los
masajes recibidos; las manos estrujaban, acariciaban los pezones endurecidos
que se perdían entre los dedos de su amante. Andrea sintió la imperiosa necesidad
de bajar su boca hacia aquellos pechos que se debatían en sus manos. Cual codiciosa se embelesó con ellos. Con toda la
amplitud de su lengua, lamía por completo la mama para luego centrarse en la aureola y terminar
acorralando con sus dientes los altivos pezones de la morena, que ante aquel asedio constante,
no podía más que suspirar de placer. La mano libre de Andrea se arrastró en
medio de los dos cuerpos en refriega hasta el sexo de la morena, allí comenzó
un estímulo constante y decidido al clítoris. La reacción de Estela fue
inmediata, su pelvis se elevaba al ritmo que le impuso la trigueña, que en ningún momento se
despegaba del par de montículos que
reclamaba como suyos, mordiendo y succionando cada uno. Los dedos de la
trigueña ya exploraban en la copiosa humedad de
Estela, claro indicio de su excitación.
Un suave recorrido por el borde de aquella sensible piel y comenzó a hundir los
dedos en el interior de la morena que se mecía al compás de esos dedos
diligentes que la arrastraban irremediablemente
al orgasmo. Andrea iba sintiendo cómo el cuerpo de Estela se iba tensando bajo
el suyo cada vez más. Dejó súbitamente
el par de montículos exquisitos para ir en busca del centro de su amante. Con
su lengua alcanzó el clítoris mientras sus dedos no abandonaron el ritmo ya impuesto. Estela se
debatía entre gemidos ininteligibles, aferrándose a lo cobertores. Sentía un
ardor incontrolable que la invadía por completo, mientras los estímulos de la
lengua y dedos de su amante no parecían tener fin, erizando hasta el más
pequeño bello de su cuerpo. Un leve estremecimiento le anunciaba que la agonía
llegaría a su termino, el cuerpo de de la morena llegaba a la cúspide de su delirio explotando en una
serie de espasmos incontrolables. Andrea la sostuvo fuertemente por la cintura
con su rostro pegado al pecho de Estela que se encontraba abandonada en oleadas
de placer. En esa posición y con su sexo sobre
el muslo de la morena dio alivio a su propia necesidad.
La sed de Andrea por aquel cuerpo moreno
no se apagó. Si bien se dieron un respiro, los besos cortos y caricias mutuas
fueron encendiendo sus cuerpos una vez más. De a poco se daban el tiempo para
explorar hasta el más pequeño resquicio de sus carnes que les provocara placer. La trigueña siempre activa, lograba
derribar cualquier intento de Estela por conducir las acciones en el momento de
complacer a la otra. La morena
simplemente se rendía una y otra vez al
continuo afán de la trigueña por hacerla
explotar en nuevos orgasmos. Sin embargo,
en determinado momento, cuando parecía que la lucha por satisfacer sería ganada
nuevamente por Andrea, la morena en una acción que sorprendió a la trigueña, la
fue sometiendo bajo su peso. Mientras Andrea disfrutaba de caricias y besos
bajo el cuerpo de Estela, esta iba acomodando las almohadas junto al respaldo
de la cama. De apoco y sin detener las caricias fue arrinconando a Andrea
contra las almohadas. Estela se separó de su boca para darle una única instrucción,
“Tómate del respaldo, cariño”.
La trigueña no sabía de
qué se trataba pero obedeció y se dejó hacer por la otra mujer. Le dio un
nuevo beso tan intenso y profundo
mientras la iba estrechando con mucha intensidad
entre sus brazos, tanto que Andrea sintió que perdía el aire. Sin soltar el
abrazo y mientras la trigueña recuperaba el aliento, Estela bajó su boca hasta
los pechos de su amante para saciarse en
ellos a su entero placer. No particularmente delicada, la pasión que imprimió
en ellos hizo a Andrea emitir un gemido sonoro que sería sólo el primero de
muchos más. La boca de la morena ejerció tales estímulos en los pechos de la
trigueña, que esta sintió cómo su sexo pedía a gritos ser atendido. Estela
liberó una de sus manos para estrujar con descaro las mamas agitadas de Andrea que
liberaba nuevos quejidos de su garganta. La morena conciente del efecto de sus
caricias en la otra mujer, fue al auxilio de su excitado centro, con aquella
mano que dejaba la dureza de los pezones por la tibieza húmeda del sexo de la
trigueña. Un suspiro profundo de Andrea le indicó lo acertado del movimiento.
Acarició con sus dedos el pequeño apéndice excitado para luego masajear con la amplitud
de la mano cada rincón sensible a su alcance. La trigueña disfrutaba cada
movimiento de aquellos dedos en su centro, abandonándose a las hábiles manos de
su amante. La morena renunció a los deliciosos pechos para dirigirse diligente
hasta la mojada entre pierna de Andrea. Con su lengua acarició el rosado clítoris
para luego tratar de capturarlo entre sus dientes. Andrea se estremecía con las
tentativas de la morena que luego de un par intentos lo atrapó con delicadeza,
consiguiendo nuevos suspiros entrecortados
por parte de ella, que elevaba su
pelvis ofreciéndola por entero a Estela. La morena liberó a su rehén para hundir su boca en el humedecido y dilatado sexo de Andrea, que sentía cómo su
amante recorría su vulva con su lengua y bebía de ella. Cuando la trigueña sintió
que aquella lengua se hundía en su carne, acarició la corta cabellera de su amante entre sus muslos
pero Estela no la dejaría abandonarse. Se separó de ella para subir hasta su
rostro nuevamente y dejar otro largo beso, mientras, sus dedos volvieron a hundirse
en Andrea una y otra vez, entonces repitió la instrucción anterior, “Tomate
del respaldo cariño”.
Andrea
obedeció casi como una autómata, su voluntad estaba por completo a merced de
las caricias de la morena, que había
vuelto a sus pechos, imprimiendo pasión a sus estímulos en los pezones ya enrojecidos.
Estela fue acomodando su muslo entre las piernas de Andrea y, con él, fue
imprimiendo más fuerza a los continuos estímulos de sus dedos en la vulva de la
trigueña, que fue experimentando el aumentó de su propia pasión. La morena presionaba más
y más en su sexo, sentía como su cuerpo se debatía, entre los embates de Estela
con sus dedos y muslo así cómo el de los
dientes que estaban en sus pechos. La
morena empujó una y otra vez, hasta que
Andrea con un último lamento se abandonó por completo al frenesí, perdiendo
el control de su cuerpo, el que fue contenido entre los brazos de la morena que
en todo momento, no dejó de dar pequeños besos en el cuello a Andrea, hasta que
esta fue calmando sus espasmos.
La mañana las encontró desnudas y
entrelazadas en la cama, el sueño las había vencido en la madrugada. Estela
había arropado a su amante antes de dormir.
Lo primero que sintió Andrea al despertar fue el suave pecho de la
morena bajo su mejilla y sonrió. Muchas veces trató de imaginar cuando despertaba
en las pasadas semanas, cómo serían ese par de tetas al desnudos. El recuerdo
la hizo sonreír. Estela dormía profundamente, así que la trigueña se dejó
llevar por aquella antigua curiosidad. Deslizó con cuidado el cobertor
descubriendo la tostada piel ante sus ojos. Con el dorso de sus dedos comenzó a
recorrer la suave piel de las aureolas
de los pezones en reposo en el pecho de Estela. La sensación era exquisita para Andrea. La extrema
suavidad de esa delicada piel fascinó a
la trigueña que seguía haciendo círculos con sus dedos. Era tan suave el tibio rose
de los dedos de Andrea, que de no haber estado ya despierta Estela no lo
hubiera notado. Y siguió realizando esta
acción hasta que notó una inesperada reacción de los pezones y los dejó con algo
de sobresalto. Estela no había podido mantenerse
insensible y su cuerpo reaccionó emitiendo un profundo suspiro y habló.
- ¿Qué haces cariño? –preguntó la morena.
- Nada, digo, sólo acariciaba tus pezones,
preciosa. Son tan suaves cuando no están alertas.
- Tus dedos también son suaves y delicados que
apenas los percibí –y se quedaron en silencio por un buen rato, disfrutando de
la tibieza de sus cuerpos hasta que Andrea habló nuevamente.
- Estela.
- Sí.
- ¿Qué planes tienes para hoy?
- No sé, la verdad no se me ocurre nada que
hacer fuera de casa, para ser más exacta, nada para hacer fuera de este
dormitorio. ¿Y tú?
- Bueno, yo… desperté con ganas de salir
explorar –concluyó Andrea
-Um ¿Y qué quieres explorar? –preguntó con
complicidad la morena.
- Tengo en mente un par de cerros muy, muy cercanos –acariciando la
base de los pechos de la morena.
- Ah,
que interesante. ¿Y qué más?, digo, si es que me entusiasmo y te
acompaño.
- Ah, sí y también podemos ir a caminar por la
explanada –mientras desplazaba su mano por el abdomen de su compañera.
- Eso pinta bien –aseguró la morena-. ¿Y
alguna otra cosa?
- No sé, si quieres…-hizo una pausa y arrastró
sus dedos hasta el pubis de Estela comenzando a jugar con sus rizos- podemos
recorrer el bosque y luego bajamos por alguna quebrada –y cuando se disponía a
bajar sus dedos la morena los atrapó.
- Creo que tenemos panorama para el resto del
fin de semana, ¿no? –acercándose a la
boca de Andrea para iniciar un provocador beso mientras con su mano
acompañaba a la de la trigueña hasta el final del recorrido.
El giro en la relación de las dos mujeres cambió las perspectivas de
ambas. Mientras Andrea, sintió un nuevo impulso en su vida para iniciar nuevos
proyectos, Estela le daba un respiro a aquella preocupación de perder a la
trigueña por causa de Claudia. En los tres meses de convivencia Andrea prácticamente no la mencionó, sin embargo, la morena estaba
conciente que una relación tan larga no se acabaría de un día para otro y la
idea de un encuentro frontal entre ella y la rubia era una amenaza en su
romance con Andrea, aun así se dejó llevar por esta ilusión que la envolvía cada vez más.
Estela siguiendo como de costumbre los caprichos de su amante, se
introdujo en el departamento deshabitado, recogió una serie de documentos y
carpetas que estaban en su escritorio, así cómo su computador personal. Lo
demás podía esperar. Cuando regresaron al pequeño departamento luego de esa
última expedición Estela la confrontó.
- Andrea, ¿no crees que es tiempo que
enfrentes tus miedos o dolores?
- ¿Por qué dices eso, morena?
- Tu departamento está prácticamente
abandonado. No hay indicios de que Claudia lo haya visitado y si lo hizo debió
ser hace tiempo.
- No temo encontrarme con Claudia.
- ¿Y entonces?
- Es…es que como hogar ya no me interesa. Hay
demasiados recuerdos de una vida que ya se acabó. No tiene sentido. Ahora vivo
aquí, contigo, esta es mi casa ahora, claro, si me aguantas.
- Por supuesto
que te aguanto, loca –le dijo dándole un pequeño beso- . Lo que sucede
es que tú estabas acostumbrada a tu espacio, a tus cosas y aquí es tan chico.
- Si te incomoda, lo vendo y
arrendamos un lugar más grande para ambas, ¿te parece?
- A mí me da igual. Aquí estoy cómoda contigo.
Te puedo ver a cada momento, no te me puedes esconder –y se le fue insinuando
hasta quedar completamente abrazada a la trigueña que la fue arrastrando hacia
el sofá.
Jorge le había enviado a Andrea por email el proyecto que estaba implementando. Luego
de revisar detenidamente todos los factores a intervenir, diseñó un estudio de
mercado, que le permitiría a la pequeña y naciente empresa posesionarse dentro
del mercado de anunciantes publicitarios, en los espacios públicos y también
con los futuros clientes. De esa manera Andrea aceptaba hacerse socia de su ex
compañero de trabajo.
Las semanas pasaban y las chicas se compenetraban cada día más. Estela
cuando estaba en casa, se preocupaba que la trigueña no se distrajera de su
nuevo trabajo, que por estar en etapa de desarrollo le demandaba mucho tiempo.
La dejaba trabajar por horas y sólo la interrumpía para comer o si era muy de
madrugada y seguía en el ordenador. Una noche que Andrea elaboraba un plan de
medios, al tomar un descanso de la pantalla del computador, encontró a Estela
dormida a su lado en el sofá. Guardó en el archivo el informe en el que estaba
trabajando y apagó el equipo, despertó con suavidad a la morena y se la llevó
al dormitorio. Desde entonces, no le importó que tan urgente fuera el trabajo
pendiente. Andrea, simplemente dejaba de trabajar para ocuparse de su mujer. No
tenía intención de desperdiciar ni un solo momento de aquella nueva vida, es más, cuando la morena tenía turnos
de veinticuatro horas, la trigueña ocupaba ese mismo tiempo en trabajar y de
esa manera descansaban juntas cuando regresaba al departamento. Si había
decidido cambiar, que el cambio fuera completo y eso incluía en especial a su
adorada morena.
En esta nueva vida no sólo le dedicaba más tiempo a su pareja, sino
también a sus amigos. Con frecuencia salían con Jorge y Camila a cenar o de
rumba, claro cuando la morena no tenía turnos en la clínica. Aunque por alguna
razón los mejores panoramas eran en el pequeño departamento al final del
corredor. Allí los cuatro, más la presencia de Julia la hermana de jorge, que
con su pelirroja belleza había impactado a Camila, quien después de todo no era
tan en broma su gusto por las mujeres. A la chica no le fue indiferente el
interés de la mujer y los demás lo notaron. Al final, Jorge tuvo que
conformarse pues las tres chicas en las que había puesto sus ojos estaban
emparejadas entre ellas incluyendo a su hermana. “Joder, que esta es mala
suerte” decía. Así, los cinco amigos
se acomodaban en el pequeño pero muy acogedor departamento pasando muchas horas
de amena diversión.
Por esos días el padre de Andrea había anunciado visita. El martes,
pasado el medio día, llegó a la capital y se fue al departamento de las chicas;
Andrea le había dado las indicaciones y
lo estaba esperando. Estela llegó a media tarde a casa, quería atender a
Octavio por lo bien que la había pasado en su visita allá en el pueblo.
Las chicas lo interrogaban acerca de su salud, la curtiembre y si había
alguna novia en vistas. El hombre respondió a todo incluso les hizo un guiño
cómplice cuando le preguntaron por romance.
Ellas lo pusieron al día de su nuevo estatus de pareja, así también de
los avances en la formación de la nueva empresa. Octavio ofreció sus ahorros en
caso de ser necesario. Andrea se lo agradeció pero le dijo que por el momento
todo iba bien.
La tarde avanzó y Estela preparó la comida.
Después de comer se sentaron en la sala
a tomar té. Andrea le explicó a su padre
que en ese departamento no se fumaba y no se tomaba café y se encogió de
hombros mirando a su novia. Él asintió con la cabeza, su médico le había prohibido el café. Cuando se
hizo de noche, Octavio les dijo que era hora de irse pero Estela le indicó que
el sofá cama era muy cómodo, que se quedara con ellas en el departamento, a
Octavio no le pareció mal la idea, él se sintió a gusto desde que había llegado
pero vio a su hija hacerle morisquetas desde a tras de la morena. El padre
cambió de opinión argumentando que estaba viejo para esos trotes en sofá cama.
Cuando Estela le estaba ofreciendo su cama, Andrea la interrumpió.
-¡Ah papá! No te hagas problema, a la vuelta
del corredor está mi departamento y tiene dos recámaras muy cómodas.
- ¡Andrea! –le reclamó Estela- Aquello está deshabitado
por más de tres meses.
- No, no, no. No se preocupen, a mí no me
cuesta hacer una cama, estoy acostumbrado, así que me voy a descansar y mañana
nos vemos para el desayuno – y se despidió de las chicas.
- Estela, por favor acompaña a papá – le entregó
las llaves y la morena acompañó a Octavio hasta el departamento de su hija.
- Dime Estela –le dijo Octavio antes de
entrar-. ¿Andrea aún no ha vuelto a su departamento?
- No, no ha querido hacerlo.
- ¿Tú crees que la duele todavía?
- No, no lo creo. Pienso que lo dejó a tras
como dejó otras cosas, Octavio.
- Gracias Estela.
- No tiene que dármelas, si estamos aquí al
lado.
- No, no me refería a eso –replicó el hombre-
. Lo que quiero decir es gracias por ayudar a mi hija en un momento tan difícil
de su vida.
- No me debe nada. Ella es una mujer muy fuerte, Octavio.
- Lo sé pero ahora además de fuerte es feliz y eso te lo debo a ti –y
tomó las manos de la joven y se las beso, luego dejó un beso en la mejilla y le
dio las buenas noches.
- ¿Por qué te tardaste tanto? –Andrea la
interrogó cuando regresó.
- Estuvimos hablando de cosas.
- ¿De qué cosas? –la siguió por el pasillo
cuando iba al baño a cepillarse los dientes.
- Nada, que él estaba contento de vernos
juntas, cosas como esa.
-Ese es mi papi –sonrió con orgullo.
- La que no está nada contenta soy yo.
- ¿Qué, dijo algo más? –preocupada la
trigueña.
- Lo que no entiendo Andrea, es el por qué
echaste casi a la fuerza a ese hombre –le reclamaba mientras se desvestía para
ponerse el pijama.
- Lo que pasa –le decía la trigueña
mientras se acercaba con malas intenciones a la morena-, es que el departamento
es muy chico.
- Sí pero podemos dormir cómodamente tres o
cuatro personas -replicó Estela.
- Ah, eso si es para dormir y yo no estaba pensando
precisamente en dormir –atrapando a la
morena por la cintura mientras comenzaba a darle besos desde el cuello hasta el
borde del sujetador.
- Sííí, esa me parece una explicación muy
convincente –mientras Andrea introducía su lengua bajo la tela del sujetador.
- ¡Andrea!
- ¿Um?
- M… mañana, uhhh, tengo que trabajar
temprano.
- Que bien, entonces démonos prisa –la tendió en
la cama y comenzó a besarla con pasión, derribando las pocas defensas de la
morena que se derretía bajo el cuerpo de su amante. Al final de la noche tuvo
que reconocer que Andrea tenía razón, puesto que con el suegro durmiendo en la
sala no hubieran tenido la misma intimidad.
A las siete de la mañana estaban nuevamente juntos los tres desayunando.
Luego se dispusieron a salir. Estela hacia la clínica y Andrea que acompañaría
a Octavio a visitar a algunos clientes de la capital. En el pasillo, los tres
caminaban alegremente. Andrea abrazada a la izquierda de su padre y con los
dedos de su otra mano entrecruzados con
los de la morena, rumbo al ascensor. Cuando las puertas se abrieron los tres se
quedaron paralizados.
- ¡Vaya, vaya!, a caso este es el comité de bienvenida –soltó
sarcásticamente la esbelta rubia que salió del ascensor.
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autor.

OH!!! aparecio claudia!!! pero que querra esa mal#&%¡?... me encanta esta relacion entre andi y estela..¿ de suponer que la cosa se pone critica, o no?....conti pronto
ResponderEliminarmuy bueno, quiero leer más...
ResponderEliminarGuaaauuu!!! que gran capitulo Jane Doe, me encanto que Estela tomara la iniciativa y mas que Andrea se lanzara a sus brazos, ahora a esperar que Claudia no perjudique la hermosa relación de ambas. Y gracias por responder, y bueno comentar que ya estoy escribiendo una nueva historia pero aun son pocos capítulos. Saludos y un cariñoso abrazo.
ResponderEliminarKyka, Chile
Oh no lo tuvo que fastidiar!! Buenísima historia yo me declaro Team Estela (quiero una para mi) xD
ResponderEliminarDesde España
oh por dios, has dejado el capitulo en el momentazo que estaba esperando, muy buen capitulo.
ResponderEliminarMakeys.
Sin duda,sabes como dejarnos con ganas de más :-)
ResponderEliminarTodo marchaba de maravilla,pero creo que Claudia va a intentar hacer todo lo posible para fastidiar la relación de las chicas.
Rita
Team Claudia gracias a dios apareció wiiii :-)
ResponderEliminarkiki.
Es en broma lo que dices, por que esa Claudia es mala de verdad, es con Estela que tiene que estar Andrea.
EliminarHaidee
RD
UUUUUUUUUU!!! No entendí, ¿por qué es bueno que haya aparecido Claudia?, KiKi,
ResponderEliminarniña mala :(
Q tenia ella q venir a opinar despues de lo q hizo, Andra y Estela estan muy bienby ella debe desaparecer por la alcantarilla por la q aparecio. Chau
ResponderEliminarQueee desagradableee esa claudia que la deje en paz despues de lo que le hizo muy buena historia besos
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