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Cuando Clara se despertó, vio que se había dormido y que
ya llegaba tarde al trabajo. Llamó a Neira para decirle que se retrasaría y se
vistió. Vega seguía durmiendo cuando Clara se tumbó de nuevo en la cama y se
colocó frente a ella para despertarla con un beso.
– Me
tengo que ir, hoy es el gran día y me he quedado dormida. Soy un desastre.
– Eres
mi desastre – le dijo Vera después de besarla. – Suerte con tu jefe. Me quedaré
aquí esperando ansiosa tu regreso, como la esposa de un guerrero, para curarte
con mi amor las heridas de la batalla.
– Vega,
referente a lo de irnos de viaje, yo…
– No,
no tienes que decirme nada, sé que estás pasando por un mal momento y no quiero
presionarte. Esperaré lo que haga falta y entenderé si no quieres.
– No,
yo, lo que quiero decir es que, me iré contigo a cualquier rincón del mundo, a
la Ruta de la Seda o al Perú pasando por la Conchinchina, a donde sea. Soy
libre y soy tuya.
Clara la besó y se levantó sin esperar su respuesta. Vega
se quedó tumbada boca arriba, sonriendo ante la sensación de incredulidad y de
felicidad que sentía a la vez, al saber que se iría con ella.
Salió de la casa de Vega con la intención de pasar por la
suya, quería dejar el coche y cambiarse de ropa antes de ir a la comisaría.
Después de asearse, cogió la carta de la renuncia y, antes
de salir de su casa, como si se tratara de un ritual, Clara dejó lentamente la
mágica, negra, lisa, suave y escurridiza piedra de toque con su fósil oculto
sobre la mesa, mientras la tocaba por última vez. Ya no la necesitaría más, a
partir de ese día comenzaba una nueva vida para ella.
– ¿Qué
desea Castillo? Estoy muy ocupado.
– Vengo
a darle la enhorabuena, señor, ha conseguido usted que tire la toalla.
Ante la mirada incrédula del comisario Peláez, Clara le
entregó su renuncia y puso su placa y el arma reglamentaria encima de la mesa.
– Necesito
que firme el recibí en una de las copias. Gracias.
No quiso darle explicaciones al comisario, no se las
merecía. Cogió la copia firmada, se dio media vuelta y salió. Era la primera
vez que Clara salía del despacho del comisario contenta, tranquila y liviana
después de haberse quitado ese peso de encima de tantos años.
Una vez en su mesa, envió un email a Recursos Humanos con
todos los papeles necesarios para la baja y recogió tranquilamente sus cosas en
una caja, que Neira se encargaría de enviar a su casa, para que hiciera
compañía a las otras cajas del rincón.
Se despidió de los compañeros, de los agentes Flor
Estévez y Luís Salcedo y quedó con Neira en llamarse.
Cuando salió de la comisaría, Clara se paró ante la
puerta y respiró profundamente para que el aire frío llenara sus pulmones.
Estaba tranquila, se ajustó el abrigo para no pasar frío y comenzó a caminar
por las aceras de la ciudad en dirección a la casa de su amada.
Había decidido adelantarse once mil años al cosmos y
otorgarle el honorable título de Estrella Polar a la deslumbrante Vega, para que
fuese ella, y solo ella, la Estrella del Norte que marcase el rumbo de su vida
a partir de ese momento.
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Amina, gracias por esta historia, por darnos hoy viernes el final de ella,(no es tan común) por toda la emoción y romance q plasmaste en ella, un gusto leerte. Paky
ResponderEliminarAmina, es una buena historia, bien escrita de principio a fin.
ResponderEliminarEs algo cobarde por parte de clara deveria joder a ese corrupto
ResponderEliminarJajaj vega siente amor por clara me encanto besos
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