- Pero que tenemos aquí –prosiguió la rubia en
el mismo tono de vos- ¿Qué pasó amorcito?, nunca me devolviste el llamado –le
preguntó a la trigueña.
-No había necesidad, entre nosotras quedó todo
claro.
- Pero bebé, tú te fuiste demasiado enojada,
esperaba que te calmaras.
-Yo siempre estuve calmada, al parecer quién
perdió la calma y el norte fuiste tú.
- El norte, el norte, deja esos clichés Andrea
¿No ves la realidad?
- La realidad que yo vi, fue a ti con esa señora y no era un cliché lo que estaban
haciendo.
El tono de vos se elevaba así como las verdades que estaban saliendo, aun
así, Octavio y Estela permanecieron serenos, confiados en la sobriedad de
Andrea.
- Pero si te expliqué amor, aquello no tenía
importancia.
- Para mí sí, yo no te pedí que lo hicieras.
- ¿Y qué pretendías, que me quedara igual que
tú girando en la rueda? No Andrea, para
mí no es suficiente.
- Ya lo sé. Y no estoy de acuerdo con ese tipo
de comportamiento.
- ¿Tú no estás de a cuerdo? ¡Ahh! Pero sí te puedes ir a enredar con la
primera gata que te encuentres, ¿cierto? – apuntando a Estela con la mano.
- No Claudia, a ella la dejas fuera, no tiene
nada que ver en este asunto.
- ¿Qué no tiene que ver? Ella sí tiene que ver,
porque a mí me cuestionas que quiera ascender pero de seguro te acuestas con
esta puta de quinta categoría, ¿cierto? –gritándole a Andrea para luego girarse hacia
Estela- ¿Cierto callejera?
- No más, Hasta aquí Claudia.
- ¿Qué, no me crees? Pregúntale, anda,
pregúntale que hacía cuando la conocí
-el último comentario no dejó indiferente a nadie. Octavio carraspeó
asumiendo que la discusión había tomado un giro inesperado. Andrea permaneció
en silencio con la vista fija en Claudia, quien mostraba en su rostro un aire
de triunfo pues sabía el efecto de sus palabras. Sin embargo, Estela no
mostraba enojo o molestia en su cara, siempre supo que tarde o temprano tendría que enfrentar su
pasado o este la enfrentaría a ella, lo único que lamentaba, era que Claudia,
precisamente ella la expusiera de sea manera con el único fin de lastimar a
Andrea. Aun así, no le daría la
satisfacción de sentirse que se saldría
con la suya y le sostuvo la mirada a la rubia con determinación.
-¿Qué? –
se dirigió Claudia a la morena con tono desafiante- ¿Acaso he mentido?
- No –respondió Estela impasible.
- Ah, ¿te vas a ser la digna?
- A diferencia tuya no tengo que fingir.
- ¿Y quién te autorizó a juzgarme?
- Tú, cuando me usas para justificar tu
pequeñez.
- A mí no me enjuicia una puta. Es mejor que
vayas buscando una buena explicación para tu noviecita, a ver si te perdona tu
pasado.
- No tengo que pedir perdón por mi pasado, es
mío, me pertenece sólo a mí –sostuvo
Estela y agregó-. Además, no era yo la que tenía un compromiso afectivo con
ella –terminó sin mostrar alteración en la vos sabiendo que aquella frase
irremediablemente exponía la infidelidad de la rubia.
- Eres una sínica haciéndote la digna.
Andrea escuchaba las duras palabras
del par de mujeres, previendo que a cada frase saldría más información que
sospechaba no le serían gratas de saber. Sabía que a Claudia no le gustaba que la
confrontaran y por esa razón no escatimaría recursos para denigrar a quien se
le opusiera.
- Yo no soy orgullosa, simplemente no te debo
nada a ti y menos explicaciones –expresaba segura Estela.
- ¡Mira pedazo de puta, yo soy de las que pago
y tú sólo tienes que quedarte en tu lugar, la calle!
- Tú dinero no paga respeto ni sumisión.
- ¿Ah
no, tan importante te crees?
- Tú obtuviste por lo que pagaste, nada
más -estas últimas palabras golpearon
duramente a Andrea, que desde un par de frases a tras intuía que lo que se venía
no sería de su agrado.
- Y caro que me cobraste – fue la queja de la
rubia.
- El costo se valúa de acuerdo a la dificultad
del trabajo y tú…fuiste un trabajo difícil –estas últimas palabras acabaron por
exasperar a Claudia que levantó su mano para abofetear a Estela, quién adivinó las
intenciones de la rubia.
- Ni siquiera lo intentes -advirtió la morena con un rictus severo en
su rostro. Pero la rubia hizo caso omiso y lanzó su mano hacia el rostro de
Estela pero esta fue más rápida y bloqueó el golpe atrapando la muñeca de
Claudia. La rubia insistió en su intento de hacer llagar su palma al rostro de
la otra mujer, que impávida siguió con la muñeca de la rubia atrapada y aumentando
la presión de su mano hasta que la otra mujer se quejó, entonces Estela la liberó
de su agarre. Fue en aquel momento que Octavio decidió intervenir
- Chicas, creo que cada una a dejado en claro
su postura y no hay necesidad de seguir con esta escena.
- Sí, ya dije todo lo que tenía que decir. Y
tú Andrea, déjate de pendejadas de novia resentida, llámame y
continuaremos donde nos quedamos –y le
acarició la mejilla pero Andrea le
retiró la mano con fastidio. Y los tres vieron cómo la mujer se metió en el
ascensor para irse.
Andrea y Estela se miraron la una a la otra. Una conversación entre
ellas era inevitable y así lo entendió Octavio.
- Lo que tengan que hablar es mejor que lo hagan en su departamento
–ambas lo miraron y se dieron media vuelta y regresaron por donde habían llegado.
Caminaron en silencio tomadas de la mano pues no se habían soltado en
ningún momento. Una vez dentro del
departamento, Andrea se fue a sentar en el sofá y ahí se quedó junto al apoya
brazos.
- Creo que prepararé té –dijo Estela
dirigiéndose a la cocina. En tanto Andrea, continuaba concentrada en sus
pensamientos, sin saber que decir o preguntar. El escenario a la vez de
inesperado, también era complejo. A los pocos minutos la morena llegaba con el
té.
- Y bien, en que piensas –preguntó mientras se
sentaba en el otro extremo del sofá dejando las tazas en la mesa de centro.
- Estoy confundida –dijo finalmente Andrea
luego de un suspiro- . No sé que hacer, si pensar, cuestionar o qué.
- Bien tú dirás, habla.
- Ese es punto, decir qué. Pedir explicaciones
está descartado, lo dejaste claro en el corredor, es tu pasado.
- Sí –respondió brevemente la morena.
- Aun así Estela, necesito saber.
- ¿Y qué necesitas saber?
- ¡Todo!...bueno, lo que decidas contar
–retomando un tono de vos tranquilo, mientras la morena le escrutaba el rostro.
- Está bien, entonces que sea desde el
principio -y Andrea la miró con
atención-. La historia no es muy larga, ni muy diferente a
las que hayas escuchado o vayas a escuchar en la vida.
Y Estela comenzó a relatarle de cómo había llegado
a la capital. Buscaba alejarse de la
nociva relación con sus padres que más
parecían un par de adolescentes, irresponsables y caprichosos. También le habló
de que manera al ver la realidad de encontrarse sola en una ciudad desconocida
y sin familia la llevó a decidir por el
camino de obtener dinero a través del sexo, prostituirse. De igual modo le dijo,
que al convivir con otras chicas que se dedicaban a lo mismo, se dio cuenta que
algunas usaban el dinero para pagar sus estudios, que cuando los terminaban
simplemente dejaban este trabajo. Ella se dijo que también podía hacerlo y se
inscribió en la universidad. Así a los pocos años había sacado su carrera de
enfermería. Cuando fue contratada en el
hospital donde hizo su última práctica, simplemente dejó aquel oficio y con los
ahorros que le quedaban dio el enganche para el departamento y se mudó al
edificio.
-¿Y…no había otra forma? –preguntó Andrea y
bajó la mirada.
- Tal vez pero es la que yo elegí y ya no me
puedo echar para atrás ni arrepentirme, no tiene sentido, ya fue-. Mira, no se
trata de mis padres, de mi familia o de Claudia. Aquí la que tomó las
decisiones fui yo. No me voy a pasar la vida justificándome o buscando
culpables. Tendré que vivir con eso, es parte de lo que soy y nada podrá
cambiarlo.
- Eso lo entiendo pero es complicado para mí,
trata de entenderme.
- No te preocupes am…Andrea. Siempre supe que
algún día tendríamos esta
conversación –Estela creyó que lo mejor
que podía hacer por Andrea era darle una salida-. Sí quieres tomarte un tiempo
hazlo y si decides…, bueno, no seré yo quien tome decisiones por ti –y no dijo
más, se quedó en silencio en el sofá mirando las tazas de té que se enfriaban.
Luego de unos momentos Andrea se levantó y se dirigió a la puerta. Antes de
salir se volvió hacia Estela y preguntó.
- ¿Hiciste el amor con Claudia? –preguntó la
trigueña aunque cuado terminó la pregunta ya estaba arrepentida.
- Si te refieres a si tuve sexo con ella…
- No fue eso lo que pregunté.
-Entonces no, no hice el amor con Claudia –y
Andrea salió sin despedirse. Su padre la esperaba en el mismo lugar donde había
quedado y lo abrazó.
- ¿Pá, qué pasó? –preguntó escondiéndose en el cuello de su
padre.
- La vida, hija, la vida –dijo Octavio y
cuando concluyó instó a su hija a entrar en el departamento pero Andrea se
negó.
- Necesito tomar aire papá -y el hombre le devolvió una sonrisa y entraron al ascensor.
Caminaron casi todo el resto de la
mañana, lento y sin hablar, hasta que Octavio le recordó que él ya no era un
muchacho y estaba algo cansado. Como se
acercaba la hora del almuerzo, se fueron a un restaurante pequeño pero acogedor
que Andrea conocía por aquellos rumbos. Comieron tranquilos, hablando de
cualquier cosa evadiendo el tema, hasta que Andrea retomó el asunto.
- Pá.
- Sí hija.
- ¿Qué debo hacer?
- ¿Con qué?
- Con Estela, pá, con su pasado, con nosotras.
No sé, estoy confundida, ayúdame.
- ¡Uf! Es difícil hija, no puedo decirte lo
que debes hacer, sólo puedo limitarme a ayudarte a que ordenes tus prioridades.
- ¿Cómo, pá?
- Mira hija, veamos un punto a la vez. Con
Estela no puedes hacer nada, ella es una mujer adulta, hecha y derecha, incluido
su pasado. Ella es quién ha decidido en
su vida y lo seguirá haciendo, más allá de tus dudas y temores. Estela ha hecho
un alto en el camino de la vida que le tocó recorrer como a todos. Se ha detenido
y se han encontrado, se están conociendo. Han estado caminando juntas, han
iniciado un recorrido que no saben donde las llevará pero se han arriesgado a
seguirlo. Si por lo que está pasando u otro motivo se separan, a pesar de las
ilusiones y proyectos fallidos, debes entender que ella seguirá adelante con o
sin ti, es la ley de la vida y ella probablemente lo tiene claro, por que al
parecer es de esas personas de gran fortaleza interna, esa fuerza la ha llevado
hoy a pararse de frente a su pasado en el rostro de Claudia, no le bajó la mirada y no le permitió que la
humillara. Y si no intervengo, tu ex noviecita se hubiera llevado más que un
fuerte dolor de muñeca. A la morena no le vienen con vainas –dijo finalmente
Octavio.
- Sí, yo también pensé eso –dijo la chica y se
sonrió por el recuerdo- . El problema es que no sé cómo sobrellevar su pasado.
- Con amor hija, con amor. Mira, te diré una
cosa. Cuando conocí a tu madre yo era adulto, tenía unos treinta años y la
verdad no me había portado muy bien en la vida, mi irresponsabilidad me llevó a
ensuciar mis papeles con la justicia. Cuando ella me conoció, yo ya había
pagado mi deuda con la sociedad e intentaba rehacer mi vida. Ella se enteró y
me confrontó. Le dije la verdad, me preguntó si eso había quedado en el pasado
y yo le dije que sí. Nunca más hablamos
del tema, para ella también quedó en el pasado. Nunca hubo un comentario
mordaz o culposo de su parte. El amor y
la confianza que ella me brindó fue un aliciente para ser digno de su amor, ser
un hombre integro, que se sintiera orgullosa. Te puedo asegurar que cada día
desde que nos conocimos me dediqué a hacer
todo lo que estuvo en mis manos para que ella fuera la mujer más feliz
del mundo y cómo si fuera poco el amor y confianza que me brindó, me dio el más
bello tesoro que pudiera desear, tú Andrea. La única razón por la que aún sigo
luchando en esta vida solitaria eres tú, no pudo dejarte sola, ella jamás me lo
hubiera perdonado -y se emocionó.
- Papá, perdóname, no quise que te pusieras
así, a mí también me afecta recordarla –abrazándose a su padre.
- Ya, hija estoy bien, no te preocupes. Lo que
trato de explicarte, es que tu madre no sólo confió en mí, sino también en sí
misma. Yo no sé si alguien la aconsejó, sus
padres o alguna amiga, así como yo hablo contigo ahora, el caso es que su
decisión de amor nos brindó la oportunidad de vivir la hermosa vida que llevamos
juntos.
- Yo no sé si tengo esa capacidad de amar como
la tenía mi madre.
- Hay hija, cómo que no, si hace unas horas
solamente hubieras saltado sobre Claudia para sacarle los ojos por que estaba
insultando a Estela. Yo te sentí cómo estabas de tensa con sus insultos y de
cómo te relajaste cuando te diste cuenta
que la morena no es fácil de
amedrentar -Andrea lo miraba con
asombro, su padre detallaba a la perfección cada emoción que ella tuvo aquella
mañana, al pie de la letra-. Hija y lo de “Nosotras”, es simple, no hay un nosotras sin Estela, así
de sencillo -y no hablaron más hasta que terminaron de almorzar.
Por
la tarde Andrea para distraerse acompaño a su padre a ver a algunos de sus
clientes. Después pasaron al supermercado a comprar algunos vivieres para el
departamento. Cuando Octavio abrió la
puerta para entrar, Andrea le preguntó nuevamente.
- ¿Pá, qué es lo que esperas de la vida? –el
hombre sonrió y le dijo.
- Sólo dos cosas cariño –e hizo una breve
pausa- . Que tú seas feliz y que a lo menos me des un nieto barón.
- ¡Pá!
- Está bien –corrigió- pueden haber nietas
pero uno que sea varón, para malcriarlo y enseñarle a decir palabrotas, je, je.
- Pero cómo eres pá. Yo no pensé que fueras
así.
- Um, que puedo hacer, además, aparte de que
sea barón y que pase todas sus vacaciones conmigo -acariciando los hombros de su hija con
cariño- sería hermosa si fuera morocho
-y le hizo un guiño cómplice.
- Papá, no se si a ti te agrada Estela o Claudia nunca te
gustó.
- Las dos cosas hija. De Claudia siempre tuve
mis aprensiones y de Estela me gusta que siempre te mire a la cara y
ponga atención a todo lo que tiene que ver contigo. Así quiero una mujer
para mi hija, claro que ese asunto de nada de cigarrillos ni café lo encuentro
algo exagerado pero por mí pasa –entonces Andrea le entregó las bolsas de las
compras.
- Toma papá, se me hace tarde, debo preparar
la cena.
- Esta bien hija, te veré mañana –y le dio un
fuerte abrazo y besó su mejilla.
- Te amo papá –y se fue lentamente rumbo al
departamento de Estela mientras su padre se quedó en la puerta mirándola con
orgullo, viendo cómo su hija era toda una mujer y con una pizca de suerte lo
haría abuelo uno de esos días.
Cuando Estela regresó del trabajo percibió el delicioso aroma que
provenía de la cocina. Aquello realmente la sorprendió.
- Ah, ya llegaste –le dijo Andrea que salía
del baño en ese momento, pensé que había sucedido algo, digo por lo tarde.
- ¡Oh!, –aún sorprendida Estela- sí, bien. Hubo una emergencia y debí quedarme
hasta más tarde. Es parte de mi trabajo.
-Entiendo. Ve a lavarte las manos, ya te sirvo
–la morena entró al baño y Andrea comenzó a servir la comida.
Mientras cenaban Estela le contó sobre la emergencia por una
intoxicación en un colegio de niñas bien de la ciudad. Se trató de una fuga de
gas en los vestidores. Cuando terminaron de cenar y la morena notó que Andrea
estaba algo distante cambió el tema.
- Andrea.
- Ah.
- ¿Que haces aquí?
- Por que la pregunta.
- Es que creí que te tomarías un tiempo.
- Sí y me lo estoy tomando.
- Ah pero pensé que te irías –dijo estas
ultimas palabras bajando la vos mirándola a los ojos.
- ¿A dónde? –preguntó Andrea extrañada.
- No sé, a tu departamento, por ejemplo.
-Pero si este es mi departamento o prefieres
que me vaya.
- No, claro que no. Es que creí que querías
pensar.
- Claro, sí eso, sí pensar. No te preocupes,
puedo pensar aquí de igual forma. ¿No crees? –le preguntó a la morena
- No sé, supongo que sí. En todo caso te daré
tu espacio, así que esta noche te prepararé el sofá –dijo resuelta.
- Estela, que… Pero cómo se te ocurre, el sofá
no.
- Pero que tiene de malo, si es cómodo.
- No, claro que no lo es -renegaba Andrea- . Además las
almohadas se caen.
- Pero de que hablas, si tú nunca usas
almohadas –y Andrea levantó sus cejas dirigiendo su mirada al busto de la
morena mientras una sonrisa pícara aparecía en su rostro-. Claro de eso se
trataba. No Andrea, esta vez no, no te saldrás con la tuya. Te lo advierto.
-¡Ah! Pero no seas malita –acercándose
acosadoramente a Estela.
- No, no –interponiendo sus manos entre ella y
Andrea- , tú tienes que pensar bien lo que harás o lo que decidas, en fin.
- Hoy ya pensé y mañana puedo seguir
haciéndolo, ya es tarde y hay que irse a la camita –levantando sus cejas con
picardía.
- ¿hablas de dormir?
- Bueno eso también, después claro.
- ¡Andrea! No seas niña –reclamaba Estela
mientras la trigueña le hacía cosquillas en los costados para luego atrapar sus
pechos que se agitaban en el jugueteo de ambas.
- ¡Ah, sí!
Al fin las atrapé –decía Andrea masajeándolas con sus dedos.
- ¡Andrea no! Sí, ahí sí –al sentir Estela la boca de la trigueña recorriendo su
busto por sobre la ropa
- Um, se pone más interesante –dijo Andrea
cuando el cierre abierto del uniforme había dejado a la vista el cuerpo de la
morena-. Sí, sí, que delicias -mientras liberaba
las mamas de sus prisiones de algodón-.Um, sí
pero que envase tan perfecto y funcional.
- Andrea o pero que malvada –suspirando-.
¿Pero de qué…hablas? –pudo decir blandamente.
- ¡Oh preciosos! El viejo quiere un nieto.
¡Um!
- ¿Qué? –preguntó la morena casi al borde de
la cama, hasta donde la había arrinconado Andrea.
- Sip, un barón –le dijo mientras le bajaba
sus bragas y le besaba sus muslos.
- Ven aquí –le dijo Estela atrayéndola hasta
su boca para besarla.
- Y todavía falta lo mejor –comenzó a decirle
entre besos a la enfermera
- ¿Y
que más? –y Andrea comenzó a recorrer el rostro de la morena con la punta de la
legua hasta llegar a su oído y le habló.
- El viejo está obstinado que su nieto sea un
morocho -metiendo la punta de su lengua en oído de la morena y luego agregó-. ¿Qué
me dices, le hacemos un morochito al viejo?
- Sí, sí, sí, lo que tú quieras amor pero no
me hagas esperar más –y ambas se tendieron en la cama y comenzaron a amarse con
pasión. Queriendo sentirse en cada abrazo, entregándose en cada beso,
encendiéndose con el rose de sus pechos humedecidos por las bocas de ambas.
Andrea la amó con ternura y pasión. Recorrió cada sendero, cada curva, cada
rincón de Estela. Con sus dedos, su boca y
su lengua estimulando cada centímetro de piel que se pudiera morder, oler, besar, acariciar,
lamer y penetrar, hasta lo más profundo que sus posibilidades se lo
permitieron. Bebió de su boca y de su sexo como un sediento en el desierto
bebería de un manantial sin fondo. Disfrutó arar en
aquel cuerpo hermoso y fuerte que se debatía bajo el suyo, gimiendo y
suspirando. No podía creer que aquella mujer tan sensual y fuerte pudiera
entregarse con tanto abandono a las caricias descaradas de Andrea.
Aquella noche, tomó el cuerpo joven y fértil de Estela y labró sobre él como un
campesino a la tierra, lo surcó de
arriba abajo con sus manos y su boca.
Abrió ese cuerpo y hundió su arado en lo más profundo de ser una y otra vez,
hasta que la primavera del éxtasis anunció su germinación entre gritos de
place. La hizo suya, completamente suya.
Más tarde, con los cuerpos rendidos y el ánimo más relajado, Andrea
tenía a Estela recostada a su espalda con el rostro en la frondosa cabellera oscura ofreciéndole su brazo como almohada y el otro abrazando el abdomen de Andrea manteniéndose muy juntas las chicas.
- ¿Estela, estás dormida?
- No.
- ¿Puedo preguntarte algo? –y la morena
suspiró antes de responder.
- Anda, pregunta amor.
- ¿Por qué a mí?, digo, ¿qué vistes en mí?
–Estela se tomó un segundo y habló.
- Es difícil de explicar, apenas si yo me
entiendo.
- Inténtalo, quieres.
- Yo, la verdad… es… que nunca creí en cuentos
de hadas, ni de príncipes y caballeros o el fueron felices para siempre. Creía
que la vida es lo que es y así había que vivirla. Un día como cualquier otro me
crucé contigo en el ascensor, aquí en el edificio. Por un segundo, quizás
menos, pusiste tus ojos en mí, luego seguiste rumbo a la calle. Sólo bastó ese
menos que un segundo para despertar ese algo en mí que yo no creí existía.
- ¿Qué?
- Ilusión amor, ilusión. Me ilusioné pensando
que alguien como tú, en algún momento me rescataría de mi decepción por la
vida.
- Vaya que valiente caballero resulté ser –se quejó Andrea- cuando nos conocimos yo no era más que un
montón de hojalatas oxidadas y una lanza hecha astillas, no recuerdas cómo me
encontraste esa noche.
- Sí, lo recuerdo y también recuerdo que
confiaste en mí y te dejaste arrastrar hasta mi guarida –y la morena dejó un beso en la cabellera de Andrea.
- ¿Y cómo sabías que podías confiar en que al
día siguiente no me iría?
- No lo sabía y no me interesaba. Tú ya me
habías rescatado de mi soledad y me habías regalado la ilusión de que yo podía
enamorarme y amar y, si tenía algo de suerte, alguien me pudiera amar pero eso
ya no dependía de mí.
- Estela.
- Sí amor.
- Te amo mi hermosa morena.
- Y yo a ti, mi caballera con armadura de
hojalata oxidada – y la estrechó
fuertemente.
- Estela.
- Dime cariño.
-¿Tú quieres tener un morochito conmigo. Que
sea como tú, fuerte y bello.
- No estarás exagerando, amor –y la morena
rió.
-No, ¿por qué? , dime.
- No sé, yo preferiría una nena trigueña,
Inteligente, hermosa y gentil como tú.
- Ah pero si quieres nenas vas a tener que
esforzarte –le sugirió Andrea.
- A caso me estás insinuando que busquemos la
pareja, amor.
- No sé, debe ser tarde y yo estoy algo
cansada –se quejó la trigueña.
- Nunca es demasiado tarde –sentenció Estela
soltando el abrazo a su amada que se
giró con presteza y la instruyó-
Anda acomoda las almohadas en respaldo de la cama y vamos por esa
parejita –le dijo a Andrea que no perdió tiempo para prepararse para la nueva
empresa.
- Ya amor, hazme esa niña que tanto quieres.
Y desde entonces las chicas siguen
amándose en ese pequeño departamento, al final del corredor.
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mmmm se acabo!!!..super la historia!!! .. de verdad que bonito final !!! cortica pero sustanciosa..espero seguir leyendo tus historias !!! y ahora si pudo irme a dormir! jijji!!
ResponderEliminarme encanto!!!!!
ResponderEliminarVaya esperaba que fuera mas larga la historia pero ha estado bien, me ha gustado.
ResponderEliminarMakeys
Muy linda tu historia Jane Doe, espero que te tengamos prontito de vuelta :), saludos
ResponderEliminarKyka
me encanto! pero no se como que me falto, el final con los niños, jajjaja bueno digo yo, por toda la practica, jjajaja
ResponderEliminarpence que tendría mas capítulos, pero estuvo buena la historia, que digo buena, excelente!! un beso-te jane doe, espero la próxima historia.
haidee
RD
Genial historia ! Muy bien escrita ! Pero me he quedado con ganas de más :/
ResponderEliminarmuy linda
ResponderEliminaren edspera de la proxjma
saludos yakun
wow muy linda la historia me encanto ¡¡¡¡¡
ResponderEliminarsaludos ♥
Muy linda la historia. Chau
ResponderEliminarHermoso final... Ahora si a dormir :))
ResponderEliminarVale (Colombia)
De echo una de las buenas historias es esta
ResponderEliminarMe encanta que escriban con el corazón .!! Eso dice mucho
Pon tu mente en blanco; piensa en la persona con la que quieres estar
ResponderEliminary di su nombre completo para ti 3 veces
Piensa intensamente en lo que quieres ocurra entre tú
y esa persona en los siguientes días
y repítelo para ti 6 veces.
Piensa en todo lo que quieres con esa persona y dilo una vez
Ahora di:
Rayo de luz, yo (Tu nombre completo) te invoco
para que desentierres a (Nombre completo de él/ella)
de donde este y con quien este,
y le hagas llamarme ahora mismo, enamorado y arrepentido.
Desentierra todo lo que este impidiendo que (Nombre completo de él/ella)
venga a mí (Tu nombre completo)
Retira a todos los que contribuyan a que no estemos juntos,
y haz que (Nombre completo de él/ella) solo piense en mi (Tu nombre completo)
y sienta la necesidad de llamarme justo ahora.
(Nombre completo de él/ella), piensa en mí (Tu nombre completo)
en este justo momento en cualquier lugar donde estés
(Nombre completo de él/ella), en este justo momento pondrás toda tu concentración
y tus pensamientos en mí (Nombre completo de él/ella),
entiende que no puedes vivir sin mí (Tu nombre completo).
En este justo momento (Nombre completo de él/ella),
aparta tu orgullo y llamame (Nombre completo de él/ella)
no te resistas a seguir pensando en mí (Tu nombre completo).
Siente en ti (Nombre completo de él/ella) a San Miguel,
expulsando de tu ser, todo espíritu del mal
y toda influencia negativa que de mi te este apartando
(Nombre completo de él/ella) escucha a San Gabriel,
anunciándote mi nombre al oído,
acompañado con la palabra amor verdadero
Con el permiso de Dios, de todos los seres celestiales y de tu Ángel Guardián
(Nombre completo de él/ella), decreto que,
justo comparta yo (Tu nombre completo) este poderoso mensaje,
para que otros también obtengan lo que anhelan a través de el
Tú, (Nombre completo de él/ella), en dos minutos,
tendrás un impulso irresistible que no te dejará paz hasta que me llames,
cediendo a todo lo que estoy esperando de ti.
(Nombre completo de él/ella), para conmigo (Tu nombre completo)
Doy gracias a Dios por este sagrado poder a mi concedido,
doy gracias a Él y a todos los seres celestiales porque sé,
intercederán para que se cumpla mi petición y decreto.
Amén