Esperamos tu historia corta o larga... Enviar a Latetafeliz@gmail.com Por falta de tiempo, no corrijo las historias, solo las público. NO ME HAGO CARGO DE LOS HORRORES DE ORTOGRAFÍA... JJ

Al final del corredor - Jane Doe - Final

 - Claudia – dijo Andrea con sequedad
 - Pero que tenemos aquí –prosiguió la rubia en el mismo tono de vos- ¿Qué pasó amorcito?, nunca me devolviste el llamado –le preguntó a la trigueña.
 -No había necesidad, entre nosotras quedó todo claro.
 - Pero bebé, tú te fuiste demasiado enojada, esperaba que te calmaras.
 -Yo siempre estuve calmada, al parecer quién perdió la calma y el norte fuiste tú.
 - El norte, el norte, deja esos clichés Andrea ¿No ves la realidad?
 - La realidad que yo vi, fue a ti con  esa señora y no era un cliché lo que estaban haciendo.
   El tono de vos se elevaba así como las verdades que estaban saliendo, aun así, Octavio y Estela permanecieron serenos, confiados en la sobriedad de Andrea.
 - Pero si te expliqué amor, aquello no tenía importancia.
 - Para mí sí, yo no te pedí que lo hicieras.
 - ¿Y qué pretendías, que me quedara igual que tú girando en la rueda?  No Andrea, para mí no es suficiente.
 - Ya lo sé. Y no estoy de acuerdo con ese tipo de comportamiento.
 - ¿Tú no estás de a cuerdo?  ¡Ahh! Pero sí te puedes ir a enredar con la primera gata que te encuentres, ¿cierto? – apuntando a Estela con la mano.
 - No Claudia, a ella la dejas fuera, no tiene nada que ver en este asunto.
 - ¿Qué no tiene que ver? Ella sí tiene que ver, porque a mí me cuestionas que quiera ascender pero de seguro te acuestas con esta puta de quinta categoría,  ¿cierto?  –gritándole a Andrea para luego girarse hacia Estela-  ¿Cierto callejera?
 - No más, Hasta aquí Claudia.
 - ¿Qué, no me crees? Pregúntale, anda, pregúntale que hacía cuando la conocí  -el último comentario no dejó indiferente a nadie. Octavio carraspeó asumiendo que la discusión había tomado un giro inesperado. Andrea permaneció en silencio con la vista fija en Claudia, quien mostraba en su rostro un aire de triunfo pues sabía el efecto de sus palabras. Sin embargo, Estela no mostraba enojo o molestia en su cara, siempre supo que  tarde o temprano tendría que enfrentar su pasado o este la enfrentaría a ella, lo único que lamentaba, era que Claudia, precisamente ella la expusiera de sea manera con el único fin de lastimar a Andrea. Aun así, no le daría  la satisfacción  de sentirse que se saldría con la suya y le sostuvo la mirada a la rubia con determinación.
 -¿Qué?  – se dirigió Claudia a la morena con tono desafiante- ¿Acaso he mentido?
 - No –respondió Estela impasible.
 - Ah, ¿te vas a ser la digna?
 - A diferencia tuya no tengo que fingir.
 - ¿Y quién te autorizó a juzgarme?
 - Tú, cuando me usas para justificar tu pequeñez.
 - A mí no me enjuicia una puta. Es mejor que vayas buscando una buena explicación para tu noviecita, a ver si te perdona tu pasado.
 - No tengo que pedir perdón por mi pasado, es mío,  me pertenece sólo a mí –sostuvo Estela y agregó-. Además, no era yo la que tenía un compromiso afectivo con ella –terminó sin mostrar alteración en la vos sabiendo que aquella frase irremediablemente exponía la infidelidad de la rubia.
 - Eres una sínica haciéndote la digna.
Andrea escuchaba las duras palabras del par de mujeres, previendo que a cada frase saldría más información que sospechaba no le serían gratas de saber. Sabía que a Claudia no le gustaba que la confrontaran y por esa razón no escatimaría recursos para denigrar a quien se le opusiera.
 - Yo no soy orgullosa, simplemente no te debo nada a ti y menos explicaciones –expresaba segura Estela.
 - ¡Mira pedazo de puta, yo soy de las que pago y tú sólo tienes que quedarte en tu lugar, la calle! 
 - Tú dinero no paga respeto ni sumisión.
 - ¿Ah  no, tan importante te crees?
 - Tú obtuviste por lo que pagaste, nada más  -estas últimas palabras golpearon duramente a Andrea, que desde un par de frases a tras intuía que lo que se venía  no sería de su agrado.
 - Y caro que me cobraste – fue la queja de la rubia.
 - El costo se valúa de acuerdo a la dificultad del trabajo y tú…fuiste un trabajo difícil –estas últimas palabras acabaron por exasperar a Claudia que levantó su mano para abofetear a Estela, quién adivinó las intenciones de la rubia.
 - Ni siquiera lo intentes  -advirtió la morena con un rictus severo en su rostro. Pero la rubia hizo caso omiso y lanzó su mano hacia el rostro de Estela pero esta fue más rápida y bloqueó el golpe atrapando la muñeca de Claudia. La rubia insistió en su intento de hacer llagar su palma al rostro de la otra mujer, que impávida siguió con la muñeca de la rubia atrapada y aumentando la presión de su mano hasta que la otra mujer se quejó, entonces Estela la liberó de su agarre. Fue en aquel momento que Octavio decidió intervenir
 - Chicas, creo que cada una a dejado en claro su postura y no hay necesidad de seguir con esta escena.
 - Sí, ya dije todo lo que tenía que decir. Y tú Andrea, déjate de pendejadas de novia resentida, llámame y continuaremos  donde nos quedamos –y le acarició la mejilla pero Andrea  le retiró la mano con fastidio. Y los tres vieron cómo la mujer se metió en el ascensor para irse.
 

    Andrea y Estela se miraron la una a la otra. Una conversación entre ellas era inevitable y así lo entendió Octavio.
  - Lo que tengan que hablar es mejor que lo hagan en su departamento –ambas lo miraron y se dieron media vuelta y regresaron por  donde habían llegado.
       Caminaron en silencio tomadas de la mano pues no se habían soltado en ningún momento. Una  vez dentro del departamento, Andrea se fue a sentar en el sofá y ahí se quedó junto al apoya brazos.
 - Creo que prepararé té –dijo Estela dirigiéndose a la cocina. En tanto Andrea, continuaba concentrada en sus pensamientos, sin saber que decir o preguntar. El escenario a la vez de inesperado, también era complejo. A los pocos minutos la morena llegaba con el té.
 - Y bien, en que piensas –preguntó mientras se sentaba en el otro extremo del sofá dejando las tazas en la mesa de centro.
 - Estoy confundida –dijo finalmente Andrea luego de un suspiro- . No sé que hacer, si pensar, cuestionar o qué.
 - Bien tú dirás, habla.
 - Ese es punto, decir qué. Pedir explicaciones está descartado, lo dejaste claro en el corredor, es tu pasado.
 - Sí –respondió brevemente la morena.
 - Aun así Estela, necesito saber.
 - ¿Y qué necesitas saber?
 - ¡Todo!...bueno, lo que decidas contar –retomando un tono de vos tranquilo, mientras la morena le escrutaba el rostro.
 - Está bien, entonces que sea desde el principio  -y Andrea la miró con atención-.  La  historia no es muy larga, ni muy diferente a las que hayas escuchado o vayas a escuchar en la vida.
       Y Estela  comenzó a relatarle de cómo había llegado a  la capital. Buscaba alejarse de la nociva  relación con sus padres que más parecían un par de adolescentes, irresponsables y caprichosos. También le habló de que manera al ver la realidad de encontrarse sola en una ciudad desconocida y sin familia  la llevó a decidir por el camino de obtener dinero a través del sexo, prostituirse. De igual modo le dijo, que al convivir con otras chicas que se dedicaban a lo mismo, se dio cuenta que algunas usaban el dinero para pagar sus estudios, que cuando los terminaban simplemente dejaban este trabajo. Ella se dijo que también podía hacerlo y se inscribió en la universidad. Así a los pocos años había sacado su carrera de enfermería.  Cuando fue contratada en el hospital donde hizo su última práctica, simplemente dejó aquel oficio y con los ahorros que le quedaban dio el enganche para el departamento y se mudó al edificio.
 -¿Y…no había otra forma? –preguntó Andrea y bajó la mirada.
 - Tal vez pero es la que yo elegí y ya no me puedo echar para atrás ni arrepentirme, no tiene sentido, ya fue-. Mira, no se trata de mis padres, de mi familia o de Claudia. Aquí la que tomó las decisiones fui yo. No me voy a pasar la vida justificándome o buscando culpables. Tendré que vivir con eso, es parte de lo que soy y nada podrá cambiarlo.
 - Eso lo entiendo pero es complicado para mí, trata de entenderme.
 - No te preocupes am…Andrea. Siempre supe que algún día  tendríamos esta conversación   –Estela creyó que lo mejor que podía hacer por Andrea era darle una salida-. Sí quieres tomarte un tiempo hazlo y si decides…, bueno, no seré yo quien tome decisiones por ti –y no dijo más, se quedó en silencio en el sofá mirando las tazas de té que se enfriaban. Luego de unos momentos Andrea se levantó y se dirigió a la puerta. Antes de salir se volvió hacia Estela y preguntó.
 - ¿Hiciste el amor con Claudia? –preguntó la trigueña aunque cuado terminó la pregunta ya estaba arrepentida.
 - Si te refieres a si tuve sexo con ella…
 - No fue eso lo que pregunté.
 -Entonces no, no hice el amor con Claudia –y Andrea salió sin despedirse. Su padre la esperaba en el mismo lugar donde había quedado y lo abrazó.
 - ¿Pá, qué pasó?  –preguntó escondiéndose en el cuello de su padre.
 - La vida, hija, la vida –dijo Octavio y cuando concluyó instó a su hija a entrar en el departamento pero Andrea se negó.
 - Necesito tomar aire papá  -y el hombre le devolvió una sonrisa y  entraron al ascensor.
         Caminaron casi todo el resto de la mañana, lento y sin hablar, hasta que Octavio le recordó que él ya no era un muchacho y estaba algo cansado.  Como se acercaba la hora del almuerzo, se fueron a un restaurante pequeño pero acogedor que Andrea conocía por aquellos rumbos. Comieron tranquilos, hablando de cualquier cosa evadiendo el tema, hasta que Andrea retomó el asunto.
 - Pá.
 - Sí hija.
 - ¿Qué debo hacer?
 - ¿Con qué?
 - Con Estela, pá, con su pasado, con nosotras. No sé, estoy confundida, ayúdame.
 - ¡Uf! Es difícil hija, no puedo decirte lo que debes hacer, sólo puedo limitarme a ayudarte a que ordenes tus prioridades.
 - ¿Cómo, pá?
 - Mira hija, veamos un punto a la vez. Con Estela no puedes hacer nada, ella es una mujer adulta, hecha y derecha, incluido su pasado. Ella  es quién ha decidido en su vida y lo seguirá haciendo, más allá de tus dudas y temores. Estela ha hecho un alto en el camino de la vida que le tocó recorrer como a todos. Se ha detenido y se han encontrado, se están conociendo. Han estado caminando juntas, han iniciado un recorrido que no saben donde las llevará pero se han arriesgado a seguirlo. Si por lo que está pasando u otro motivo se separan, a pesar de las ilusiones y proyectos fallidos, debes entender que ella seguirá adelante con o sin ti, es la ley de la vida y ella probablemente lo tiene claro, por que al parecer es de esas personas de gran fortaleza interna, esa fuerza la ha llevado hoy a pararse de frente a su pasado en el rostro de Claudia,  no le bajó la mirada y no le permitió que la humillara. Y si no intervengo, tu ex noviecita se hubiera llevado más que un fuerte dolor de muñeca. A la morena no le vienen con vainas –dijo finalmente Octavio.
 - Sí, yo también pensé eso –dijo la chica y se sonrió por el recuerdo- . El problema es que no sé cómo sobrellevar su pasado.
 - Con amor hija, con amor. Mira, te diré una cosa. Cuando conocí a tu madre yo era adulto, tenía unos treinta años y la verdad no me había portado muy bien en la vida, mi irresponsabilidad me llevó a ensuciar mis papeles con la justicia. Cuando ella me conoció, yo ya había pagado mi deuda con la sociedad e intentaba rehacer mi vida. Ella se enteró y me confrontó. Le dije la verdad, me preguntó si eso había quedado en el pasado y yo le dije que sí. Nunca más hablamos  del tema, para ella también quedó en el pasado. Nunca hubo un comentario mordaz  o culposo de su parte. El amor y la confianza que ella me brindó fue un aliciente para ser digno de su amor, ser un hombre integro, que se sintiera orgullosa. Te puedo asegurar que cada día desde que nos conocimos me dediqué a hacer  todo lo que estuvo en mis manos para que ella fuera la mujer más feliz del mundo y cómo si fuera poco el amor y confianza que me brindó, me dio el más bello tesoro que pudiera desear, tú Andrea. La única razón por la que aún sigo luchando en esta vida solitaria eres tú, no pudo dejarte sola, ella jamás me lo hubiera perdonado  -y se emocionó.
 - Papá, perdóname, no quise que te pusieras así, a mí también me afecta recordarla –abrazándose  a su padre.
 - Ya, hija estoy bien, no te preocupes. Lo que trato de explicarte, es que tu madre no sólo confió en mí, sino también en sí misma. Yo no sé  si alguien la aconsejó, sus padres o alguna amiga, así como yo hablo contigo ahora, el caso es que su decisión de amor nos brindó la oportunidad de vivir la hermosa vida que llevamos juntos.
 - Yo no sé si tengo esa capacidad de amar como la tenía mi madre.
 - Hay hija, cómo que no, si hace unas horas solamente hubieras saltado sobre Claudia para sacarle los ojos por que estaba insultando a Estela. Yo te sentí cómo estabas de tensa con sus insultos y de cómo te relajaste cuando te diste cuenta  que  la morena no es fácil de amedrentar  -Andrea lo miraba con asombro, su padre detallaba a la perfección cada emoción que ella tuvo aquella mañana, al pie de la letra-. Hija y lo de  “Nosotras”,  es simple, no hay un nosotras sin Estela, así de sencillo  -y no hablaron más  hasta que terminaron de almorzar.
      Por la tarde Andrea para distraerse acompaño a su padre a ver a algunos de sus clientes. Después pasaron al supermercado a comprar algunos vivieres para el departamento. Cuando Octavio  abrió la puerta para entrar, Andrea le preguntó nuevamente.
 - ¿Pá, qué es lo que esperas de la vida? –el hombre sonrió y le dijo.
 - Sólo dos cosas cariño –e hizo una breve pausa- . Que tú seas feliz y que a lo menos me des un nieto barón.
 - ¡Pá!
 - Está bien –corrigió- pueden haber nietas pero uno que sea varón, para malcriarlo y enseñarle a decir palabrotas, je, je.
 - Pero cómo eres pá. Yo no pensé que fueras así.
 - Um, que puedo hacer, además, aparte de que sea barón y que pase todas sus vacaciones conmigo  -acariciando los hombros de su hija con cariño- sería hermosa si fuera morocho  -y le hizo un guiño cómplice.
 - Papá, no se si  a ti te agrada Estela o Claudia nunca te gustó.
 - Las dos cosas hija. De Claudia siempre tuve mis aprensiones y de Estela me gusta que siempre te mire  a la cara y  ponga atención a todo lo que tiene que ver contigo. Así quiero una mujer para mi hija, claro que ese asunto de nada de cigarrillos ni café lo encuentro algo exagerado pero por mí pasa  –entonces Andrea le entregó las bolsas de las compras.
 - Toma papá, se me hace tarde, debo preparar la cena.
 - Esta bien hija, te veré mañana –y le dio un fuerte abrazo y besó su mejilla.
 - Te amo papá –y se fue lentamente rumbo al departamento de Estela mientras su padre se quedó en la puerta mirándola con orgullo, viendo cómo su hija era toda una mujer y con una pizca de suerte lo haría abuelo uno de esos días.
        Cuando Estela regresó del trabajo percibió el delicioso aroma que provenía de la cocina. Aquello realmente la sorprendió.
 - Ah, ya llegaste –le dijo Andrea que salía del baño en ese momento, pensé que había sucedido algo, digo por lo tarde.
 - ¡Oh!, –aún sorprendida Estela-  sí, bien. Hubo una emergencia y debí quedarme hasta más tarde. Es parte de mi trabajo.
 -Entiendo. Ve a lavarte las manos, ya te sirvo –la morena entró al baño y Andrea comenzó a servir la comida.
        Mientras cenaban Estela le contó sobre la emergencia por una intoxicación en un colegio de niñas bien de la ciudad. Se trató de una fuga de gas en los vestidores. Cuando terminaron de cenar y la morena notó que Andrea estaba algo distante cambió el tema.
 - Andrea.
 - Ah.
 - ¿Que haces aquí?
 - Por que la pregunta.
 - Es que creí que te tomarías un tiempo.
 - Sí y me lo estoy tomando.
 - Ah pero pensé que te irías –dijo estas ultimas palabras bajando la vos mirándola a los ojos.
  - ¿A dónde? –preguntó Andrea extrañada.
 - No sé, a tu departamento, por ejemplo.
 -Pero si este es mi departamento o prefieres que me vaya.
 - No, claro que no. Es que creí que querías pensar.
 - Claro, sí eso, sí pensar. No te preocupes, puedo pensar aquí de igual forma. ¿No crees? –le preguntó a la morena
 - No sé, supongo que sí. En todo caso te daré tu espacio, así que esta noche te prepararé el sofá –dijo resuelta.
 - Estela, que… Pero cómo se te ocurre, el sofá no.
 - Pero que tiene de malo, si es cómodo.
 - No, claro que no lo es   -renegaba Andrea- . Además las almohadas  se caen.
 - Pero de que hablas, si tú nunca usas almohadas –y Andrea levantó sus cejas dirigiendo su mirada al busto de la morena mientras una sonrisa pícara aparecía en su rostro-. Claro de eso se trataba. No Andrea, esta vez no, no te saldrás con la tuya. Te lo advierto.
  -¡Ah! Pero no seas malita –acercándose  acosadoramente  a Estela.
 - No, no –interponiendo sus manos entre ella y Andrea- , tú tienes que pensar bien lo que harás o lo que decidas, en fin.
 - Hoy ya pensé y mañana puedo seguir haciéndolo, ya es tarde y hay que irse a la camita –levantando sus cejas con picardía.
 - ¿hablas de dormir?
 - Bueno eso también, después claro.
 - ¡Andrea! No seas niña –reclamaba Estela mientras la trigueña le hacía cosquillas en los costados para luego atrapar sus pechos que se agitaban en el jugueteo de ambas.
 - ¡Ah, sí!  Al fin las atrapé –decía Andrea masajeándolas  con sus dedos.
 - ¡Andrea no! Sí, ahí sí –al sentir  Estela la boca de la trigueña recorriendo su busto por sobre la ropa
 - Um, se pone más interesante –dijo Andrea cuando el cierre abierto del uniforme había dejado a la vista el cuerpo de la morena-. Sí, sí, que delicias  -mientras liberaba las mamas de sus prisiones de algodón-.Um, sí  pero que envase tan perfecto y funcional.
 - Andrea o pero que malvada –suspirando-. ¿Pero de qué…hablas? –pudo decir blandamente.
 - ¡Oh preciosos! El viejo quiere un nieto. ¡Um!
 - ¿Qué? –preguntó la morena casi al borde de la cama, hasta donde la había arrinconado Andrea.
 - Sip, un barón –le dijo mientras le bajaba sus bragas y le besaba sus muslos.
 - Ven aquí –le dijo Estela atrayéndola hasta su boca para besarla.
 - Y todavía falta lo mejor –comenzó a decirle entre besos a la enfermera
  - ¿Y que más? –y Andrea comenzó a recorrer el rostro de la morena con la punta de la legua hasta llegar a su oído y le habló.
 - El viejo está obstinado que su nieto sea un morocho -metiendo la punta de su lengua en oído de la morena y luego agregó-. ¿Qué me dices, le hacemos un morochito al viejo?
 - Sí, sí, sí, lo que tú quieras amor pero no me hagas esperar más –y ambas se tendieron en la cama y comenzaron a amarse con pasión. Queriendo sentirse en cada abrazo, entregándose en cada beso, encendiéndose con el rose de sus pechos humedecidos por las bocas de ambas. Andrea la amó con ternura y pasión. Recorrió cada sendero, cada curva, cada rincón de Estela. Con sus dedos, su boca y  su lengua estimulando cada centímetro de piel que  se pudiera morder, oler, besar, acariciar, lamer y penetrar, hasta lo más profundo que sus posibilidades se lo permitieron. Bebió de su boca y de su sexo como un sediento en el desierto bebería  de  un manantial sin fondo. Disfrutó arar en aquel cuerpo hermoso y fuerte que se debatía bajo el suyo, gimiendo y suspirando. No podía creer que aquella mujer tan sensual y fuerte pudiera entregarse con tanto abandono a las caricias descaradas de Andrea.
       Aquella noche, tomó el cuerpo joven y fértil de  Estela y labró sobre él como un campesino  a la tierra, lo surcó de arriba  abajo con sus manos y su boca. Abrió ese cuerpo y hundió su arado en lo más profundo de ser una y otra vez, hasta que la primavera del éxtasis anunció su germinación entre gritos de place. La hizo suya, completamente suya.
      Más tarde, con los cuerpos rendidos y el ánimo más relajado, Andrea tenía a Estela recostada a su espalda con el rostro  en la frondosa cabellera oscura  ofreciéndole su brazo como  almohada y el otro abrazando  el abdomen de Andrea manteniéndose muy juntas  las chicas.
 - ¿Estela, estás dormida?
 - No.
 - ¿Puedo preguntarte algo? –y la morena suspiró antes de responder.
 - Anda, pregunta amor.
 - ¿Por qué a mí?, digo, ¿qué vistes en mí? –Estela se tomó un segundo y habló.
 - Es difícil de explicar, apenas si yo me entiendo.
 - Inténtalo, quieres.
 - Yo, la verdad… es… que nunca creí en cuentos de hadas, ni de príncipes y caballeros o el fueron felices para siempre. Creía que la vida es lo que es y así había que vivirla. Un día como cualquier otro me crucé contigo en el ascensor, aquí en el edificio. Por un segundo, quizás menos, pusiste tus ojos en mí, luego seguiste rumbo a la calle. Sólo bastó ese menos que un segundo para despertar ese algo en mí  que yo no creí  existía.
 - ¿Qué?
 - Ilusión amor, ilusión. Me ilusioné pensando que alguien como tú, en algún momento me rescataría de mi decepción por la vida.
 - Vaya que valiente  caballero resulté ser –se quejó Andrea-  cuando nos conocimos yo no era más que un montón de hojalatas oxidadas y una lanza hecha astillas, no recuerdas cómo me encontraste esa noche.
 - Sí, lo recuerdo y también recuerdo que confiaste en mí y te dejaste arrastrar hasta mi guarida –y la morena  dejó un beso en la cabellera de Andrea.
 - ¿Y cómo sabías que podías confiar en que al día siguiente no  me iría?
 - No lo sabía y no me interesaba. Tú ya me habías rescatado de mi soledad y me habías regalado la ilusión de que yo podía enamorarme y amar y, si tenía algo de suerte, alguien me pudiera amar pero eso ya no dependía de mí.
 - Estela.
 - Sí amor.
 - Te amo mi hermosa morena.
 - Y yo a ti, mi caballera con armadura de hojalata  oxidada – y la estrechó fuertemente.
 - Estela.
 - Dime cariño.
 -¿Tú quieres tener un morochito conmigo. Que sea como tú, fuerte y bello.
 - No estarás exagerando, amor –y la morena rió.
 -No, ¿por qué? , dime.
 - No sé, yo preferiría una nena trigueña, Inteligente, hermosa y gentil como tú.
 - Ah pero si quieres nenas vas a tener que esforzarte –le sugirió Andrea.
 - A caso me estás insinuando que busquemos la pareja, amor.
 - No sé, debe ser tarde y yo estoy algo cansada –se quejó la trigueña.
 - Nunca es demasiado tarde –sentenció Estela soltando el abrazo  a su amada que se giró con presteza y la instruyó-        Anda acomoda las almohadas en respaldo de la cama y vamos por esa parejita –le dijo a Andrea que no perdió tiempo para prepararse para la nueva empresa.
 - Ya amor, hazme esa niña que tanto quieres.

Y desde entonces las chicas siguen amándose en ese pequeño departamento, al final del corredor.
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12 comentarios:

  1. mmmm se acabo!!!..super la historia!!! .. de verdad que bonito final !!! cortica pero sustanciosa..espero seguir leyendo tus historias !!! y ahora si pudo irme a dormir! jijji!!

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  2. Vaya esperaba que fuera mas larga la historia pero ha estado bien, me ha gustado.

    Makeys

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  3. Muy linda tu historia Jane Doe, espero que te tengamos prontito de vuelta :), saludos
    Kyka

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  4. me encanto! pero no se como que me falto, el final con los niños, jajjaja bueno digo yo, por toda la practica, jjajaja
    pence que tendría mas capítulos, pero estuvo buena la historia, que digo buena, excelente!! un beso-te jane doe, espero la próxima historia.
    haidee
    RD

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  5. Genial historia ! Muy bien escrita ! Pero me he quedado con ganas de más :/

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  6. muy linda
    en edspera de la proxjma
    saludos yakun

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  7. wow muy linda la historia me encanto ¡¡¡¡¡
    saludos ♥

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  8. Muy linda la historia. Chau

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  9. Hermoso final... Ahora si a dormir :))
    Vale (Colombia)

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  10. De echo una de las buenas historias es esta
    Me encanta que escriban con el corazón .!! Eso dice mucho

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  11. Pon tu mente en blanco; piensa en la persona con la que quieres estar
    y di su nombre completo para ti 3 veces
    Piensa intensamente en lo que quieres ocurra entre tú
    y esa persona en los siguientes días
    y repítelo para ti 6 veces.

    Piensa en todo lo que quieres con esa persona y dilo una vez
    Ahora di:
    Rayo de luz, yo (Tu nombre completo) te invoco
    para que desentierres a (Nombre completo de él/ella)
    de donde este y con quien este,
    y le hagas llamarme ahora mismo, enamorado y arrepentido.

    Desentierra todo lo que este impidiendo que (Nombre completo de él/ella)
    venga a mí (Tu nombre completo)
    Retira a todos los que contribuyan a que no estemos juntos,
    y haz que (Nombre completo de él/ella) solo piense en mi (Tu nombre completo)
    y sienta la necesidad de llamarme justo ahora.

    (Nombre completo de él/ella), piensa en mí (Tu nombre completo)
    en este justo momento en cualquier lugar donde estés
    (Nombre completo de él/ella), en este justo momento pondrás toda tu concentración
    y tus pensamientos en mí (Nombre completo de él/ella),
    entiende que no puedes vivir sin mí (Tu nombre completo).

    En este justo momento (Nombre completo de él/ella),
    aparta tu orgullo y llamame (Nombre completo de él/ella)
    no te resistas a seguir pensando en mí (Tu nombre completo).

    Siente en ti (Nombre completo de él/ella) a San Miguel,
    expulsando de tu ser, todo espíritu del mal
    y toda influencia negativa que de mi te este apartando
    (Nombre completo de él/ella) escucha a San Gabriel,
    anunciándote mi nombre al oído,
    acompañado con la palabra amor verdadero
    Con el permiso de Dios, de todos los seres celestiales y de tu Ángel Guardián
    (Nombre completo de él/ella), decreto que,
    justo comparta yo (Tu nombre completo) este poderoso mensaje,
    para que otros también obtengan lo que anhelan a través de el

    Tú, (Nombre completo de él/ella), en dos minutos,
    tendrás un impulso irresistible que no te dejará paz hasta que me llames,
    cediendo a todo lo que estoy esperando de ti.

    (Nombre completo de él/ella), para conmigo (Tu nombre completo)
    Doy gracias a Dios por este sagrado poder a mi concedido,
    doy gracias a Él y a todos los seres celestiales porque sé,
    intercederán para que se cumpla mi petición y decreto.

    Amén

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