Buen día mis
estimados, disculpen la demora, este capítulo estaba listo desde mucho antes
pero me gusta tener al menos uno de ventaja para no demorar mucho la
publicación, gracias por la paciencia.
Más abajo encontraran
un link a un vídeo que me pareció seria la melodía más acorde para el vals, la
canción es un cover de Sting pero con violonchelos, ojala les agrade.
Capítulo 6
Compromisos II
―De que estás
hablando Nat...quiero decir Arashi― la mandíbula de la oji rubí se tensó
enseguida.
―Es decir, si sé,
pero no en esta posición― Ambas llegaron al centro del gran salón, se giraron para
quedar una enfrente de la otra.
―Entiendo― La
princesa le sonrió con ternura. ―Toma mi mano derecha― Ordenó rauda. La de ojos
verdes movió el brazo indicado enlazó sus dedos con los de la castaña ―Ahora
pon tu mano izquierda en mi cintura― Añadió con un suave susurro. Un leve
sonrojo coloreó las mejillas del “príncipe”, ―¿recuerdas los pasos? tu debes
ser el que lleve el ritmo.― Los ojos sangría observaban con intensidad a los
verdes, “el” joven asintió como respuesta. Natsuki aspiró profundo, escuchó la
tonada y dio inicio al baile halando con suavidad hacia la derecha a su
acompañante, contó los pasos, de aquel vals y la atrajo más cerca de sí para
tener mayor seguridad sobre los giros.
La multitud se
congració con la pareja danzante, pues el contraste de sus excelencias, exponía
tanto elegancia, como belleza, poderío y majestad, sus movimientos cautivaron a
la vista y sus rostros serenos generaban seguridad sobre la nueva unión que
traería solidez a la paz y prosperidad de las dos naciones. Keinji observaba
complacido como avanzaban en habilidad y complejidad en el vals, agraciando la
velada con florituras hermosas que animaban el buen talante de los invitados,
los cuales no tardaron en unirse al momento de la finalización de la primera
sección de la sonata.
―Al parecer la
atracción ha nacido con prontitud, el príncipe Arashi es un joven con la gracia
de un adonis, me alegro de saber que nuestros descendientes serán hermosos sin
duda― Se pronunció la reina Izumi de tsu con una sonrisa que claramente su hija
había heredado.
―Unidas nuestras
castas, por sangre la paz perdurará… fuimos afortunados de que tan hermosa y
delicada heredera fuera entregada a la potestad y el cuidado de Arashi, es
sofisticada en todo aspecto y obediente como se espera de una esposa. Un nieto
pronto alegrará nuestros castillos con sus risas― Halagó el rey de Fukka.
―Porque sean nietos,
Keinji… estaría encantado si es una docena― Se rió el Rey Fujino, brindando.
El baile finalizó con
una venia del “príncipe” a la princesa, aplausos y vítores de todos lados
sonrojaron a la joven pareja quienes se tomaron de la mano y con paso tranquilo
se dirigieron hasta donde se encontraban sus padres reunidos.
―Padre,― una
involuntaria e imperceptible sonrisa se formó en su boca, pero al posarse sobre
la mujer de la que era semejante como una gota de agua, salvo por su rojiza
melena y el azul frío de sus ojos, la mueca se borró y se tornó diplomática.
―Madre― La castaña saludo a sus progenitores realizando una venía adornada con
el elegante movimiento de su mano derecha girando en vuelo a la par que se
inclinaba. Una vez erguida, la expresión serena y magnífica de la menor encantó
a los que la miraran, sin embargo aquel semblante era un poco más parco de lo
que se podría esperar de una hija; aun cuando Shizuru se había encontrado con
una agradable sorpresa al conocer a Natsuki, la princesa de Tsu no olvidaba que
solo estaba siendo usada para procrear el heredero varón que el vientre
marchito de Izumi no pudo concederle a su padre, y que por aquella incapacidad,
de cierta manera, jamás pudo sentir el afecto de su madre, como si el haber
salido de sus entrañas y requerir en el parto el retiro de la matriz, fuera su
culpa.
―Mi niña― Se adelantó
el castaño de mirada escarlata, lleno de alivio. ―Supe de los peligros que has
enfrentado al venir aquí, cuando verte de nuevo me ha devuelto el alma―
―Me encuentro bien
padre, los Dioses enviaron a mi prometido a rescatarme, es solo por su
valentía, el buen tino de su flecha y su inquebrantable voluntad, que sigo con
vida, pues aquel ogro era… en verdad temible―
―Entonces te lo
debemos todo querido Arashi― La reina de Tsu no tardó en aproximarse al
silencioso muchacho.
―Es un honor
conocerlos― Natsuki se inclinó nerviosamente y recordando las peripecias que
ocupaba su hermano con las mujeres, tomó delicadamente la mano de la reina y
depositó un suave beso en el envés de su mano. ―Al verla puedo apreciar que la
hermosura de mi prometida, le fue heredada de su bella madre, así como su
templanza, proviene del padre― Dijo volviendo la vista sobre el Rey de la
vecina nación.
Keinji quien estaba
ansioso y preocupado desde el inicio de la velada, observaba más que
sorprendido a su hija, pues de no ser, por su conocimiento sobre el acuerdo de
libertad y las nefastas circunstancias que lo habían llevado a tales agobios,
el padre habría podido jurar que aquel, era en verdad un príncipe y es que a su
hija le iba mejor con la etiqueta de caballeros, que con los modales propios de
las doncellas. ―Aliviados todos por la bondad de los dioses, pues lo que pudo
ser una tragedia, ha sido la muestra del heroísmo del heredero de Fukka, pues
que no haría un hombre por probar su valía a la dama que será la madre de sus
hijos.―
Natsuki observó a su
padre, por un momento esperanzada ante la idea del reconocimiento del mayor,
empero un segundo después recordó que todo aquello sería parte de la pantomima
que había aceptado realizar, no eran para ella los halagos, recaerían los
méritos para su hermano, como siempre. Desviando la mirada para esconder el
desencanto, encontróse con el amable agarre de la mano tibia de su compañera
quien le sonreía comprensiva mientras los reyes ocupaban el juego de
halagarles, solo por lucir “quien tiene el castillo más grande” o para la
ocasión, un hijo más dotado de virtudes.
―Sea pues oficial―
Con un aplauso de sus manos, el Rey Akihiro Fujino, llamó al sirviente para que
trajera la charola de plata con los manuscritos que formalizaban el enlace
entre los dos reinos, que se esperaba completar con las firmas de los
príncipes, los reyes y una rauda bendición de una sacerdotisa. ―Completemos los
formalismos y que la fiesta continue―
La bandeja fue puesta
sobre la mesa y el vial con la tinta así como la pluma le fueron tendidas a
Shizuru, quien no tardó
―¿No lo cree muy
apresurado? Los muchachos apenas se conocieron ayer en tan traumáticas
circunstancias― Trató de mediar Keinji, para dar tiempo a que el verdadero
heredero llegara y no recibiera su hija la bendición nupcial con otra mujer,
pues a fin de cuentas sería un pecado imperdonable.
―Y el príncipe salvó
a mi hija ¿Porque esperar si es la voluntad de los dioses que se unan? Más
señales no pueden darnos― Negoció con tono divertido. ―Oh… acaso hay algún
motivo para que estas nupcias no se realicen―
Una gota fría bajó
por la espalda de los Kruger allí presentes. ―Repose mi firma junto a la suya,
como mi sangre y mi promesa de ser el mejor esposo posible― Se adelantó Natsuki
notando que a su padre posiblemente le daría un síncope en cualquier momento.
Tragó saliva y al
dirigir la pluma sobre el papel, casi estuvo a punto de firmar con su nombre,
la gota de tinta permeó el papel cuando pronto cambió su trazo, no en vano
alguna vez hizo algunas tareas aburridas de su hermano a cambio de favores,
entre ellas firmar ciertos documentos formales a su cargo, por lo que la letra
no fue un problema, su perfecta caligrafía aguardó junto a otra incluso más
pulida con el nombre de Shizuru. Observó el cuchillo en medio de la bandeja, lo
tomó y retiró el guante de su mano, ante la mirada de la multitud interesada
cuyo silencio sepulcral delataba la expectativa de la paz más permanente entre
las dos naciones.
No era muy justo,
tenía que cortarse la mano para dejar la huella de la palma en el papel,
mientras su hermano estaría en quien sabe que puerto disfrutando de la bebida,
el baile y las mujeres. Suspiró, cortó sin dilaciones, cerró el puño para
esparcir el líquido escarlata, y posarlo en el papel un instante después. Su
mano quedó perfectamente dibujada, incluso con todas las huellas de sus dedos…
―Está hecho―
Una parte de la
castaña dudo un momento, aunque aquello no asomara jamás en su rostro, tomó la
tela en el borde de la charola antes que el sirviente, y con infinita
delicadeza vendó la mano lastimada de su ahora “Fiance”, la sacerdotisa enunció
oraciones en un lenguaje antiguo, pero voz desatendida en el momento por la
pareja, fue apabullada por el barullo de los invitados, quienes, conmovidos por
la acción de la princesa exigían en algarabía la consumación con un beso.
La mirada que se
prodigaron las jóvenes en verdad engañaron a todo el mundo, aunque tal vez de
tanto fingir, algún fragmento fuera real. Shizuru más consciente que Natsuki de
las circunstancias que la envolvían, soltó la mano ahora debidamente curada y
apartó la vista del rostro hermoso que ciertamente la pelinegra poseía, pues
para su disgusto, más consigo misma que con la otra, los latidos de su corazón
se habían acelerado.
Solo entonces y por
el sudor en la frente del “príncipe” quien comprendió la solicitud del pueblo,
todo volvió a ser el problema presente, que tanto de aquella falacia podrían
ejecutar y es que un beso, jamás hizo parte de la estratagema de las dos.
―No es necesario en
verdad― Intentó Keinji.
―Hombre, Hombre… no
pretendemos nietos si es que los muchachos intentaran ser pudorosos―
―Pero… no nos hemos
casado, mi señor― Afirmó más que avergonzada Natsuki, mientras Shizuru se
mantenía al margen del asunto tal, como una doncella en su posición y
circunstancias debía. En el fondo, muy distante del pensamiento, la idea de que
Natsuki no quisiera besarla hirió el orgullo de la princesa.
―Aún es bastante
inocente, Keinji― Sonrió encantada la madre de Shizuru, notando que el muchacho
todavía era casto. La ojiazul de melena rojiza se inclinó suavemente para
susurrarle al oído y que los incitadores no les escucharan, logrando por
descontado una mirada molesta de su hija, la cual omitió sin esfuerzo. ―La boda
en sí misma, es un beneficio que se da para el goce y la complacencia del
pueblo, pero en este punto y por ese contrato, ustedes dos ya son esposos y se
deben al otro, con todos los derechos y responsabilidades―
La reina suspiró
intencionalmente en la oreja del más joven, con lo que la morena, muy poco
acostumbrada a tales proximidades casi respingó dando un paso atrás.
Nerviosamente y sin poder esconder un sonrojo en su rostro, Kruger cuestionó.
―¿Eso quiere decir que esta noche debo yacer con ella?―
―Claro que puede,
Excelencia― Afirmó esta vez la sacerdotisa, quien había concluido el rito de oración,
e igualmente firmó el documento en constancia de la ceremonia. ―La boda
procederá en el mes próximo, durante el plenilunio, cuando las estrellas
estarán en la posición más adecuada de acuerdo a la fecha de nacimiento de los
príncipes―
―Gra...gracias―
Murmuro sin que el rojo de su cara se atenuará aunque fuera un poco.
―Vaya, vaya… qué
impaciente está el príncipe― Bromeó con una sonrisa ladina, en tanto el sonrojo
en el rostro de su hija se incrementaba y no justamente por el pudor. ―¿Tanto
desea probar las mieles del amor?― Insinuó un poco más, y tal vez con ello
Natsuki podría desmayarse allí por la presión.
―Madre― El tono
apenas una nota más grave que lo habitual, advirtió a la reina cesar sus
juegos, con el que claramente era la propiedad de la menor.
―Un beso mi niña,
complace a tus nuevos súbditos― Sonrió triunfalmente.
―No hace falta―
Insistió de nuevo el Rey Keinji quien no lo pasaba mejor que su hija.
―Demostrar el interés
de los príncipes por dar herederos a los reinos, es meramente otro formalismo.
― Intervino Akihiro.
―Ya al anochecer
podrán atender los detalles― Remató Izumi, solo para torturar un poco más a la
pareja.
La mirada del padre
sobre la hija fue la viva expresión de su aflicción, las voces de las gentes y
los rumores sobre las motivaciones de Arashi, quien era conocido en el castillo
por ser un mujeriego, para no besar a una mujer tan hermosa como lo fuera su
ahora “fiance”, dejaban mucho que desear. De modo que como cuando vio a la
castaña en riesgo ante aquel ogro, se llenó de valor y con la mano aun aferrada
a la suya, la atrajo con una suavidad tal, que los pétalos de una rosa serían
ásperos en comparación, la miró a los ojos, moviéndose con la calma que no
tenía y esperando que Shizuru no se sintiera demasiado agraviada por el hecho.
De modo que para cuando depositó sus labios sobre los carmines, suaves y
carnosos de la Gracia Amatista, esta le recibió de la forma que ‘lo habría
hecho con su esposo’.
El primer roce por
demás tímido, apenas fue una caricia de las dermis, casi fantasmagórico, aun
así la sensación eléctrica que recorrió a ambas hizo imposible que se apartaran
con tan poco; la presión no tardó en darse, en cuanto las manos de Natsuki
sujetaron las mejillas de la esposa de uno olvidado, el sabor de aquella boca era
el más apetecible manjar, y en cuanto un suspiro brotó de la castaña, esta no
tardó en tomar la oportunidad, para sentir aunque fuera una sola vez, la
textura de su lengua, la cual acarició por un breve instante antes de
apartarse. Los vítores y silbidos de los hombres, orgullosos del semental que
tendrían por Rey en algunos años, los aplausos y sonrojos de las mujeres,
algunas anhelantes de percibir, aunque fuera una ínfima fracción de la pasión
del Hati de Jade.
Se habría abandonado
a su misma de haber podido, pero pudo más la consciencia que preserva la
existencia, pues respondió gustosa y al mismo tiempo confusa. El aliento que la
abandonó durante el contacto, fue como abrir la puerta al infierno mismo, y se
forzó a cerrarla tan pronto concluyó, abrumada por dentro, pero correcta en el
rostro buscó la mirada esmeralda de aquella que había fingido demasiado bien
para su gusto ¿O tal vez eran sólo figuraciones suyas?
―Además de gallardo,
un caballero en toda regla y un amante apasionado… mi hija no puede más que
alegrarse de la fortuna que le sonríe― Intervino Izumi, con una sonrisa que
podría engañar a todos, salvo a la más joven. La reina de Tsu iba a pronunciar
algo más, para incomodidad de Natsuki, quien se sentía observada de una forma
inadecuada al menos a su entender.
―Continúe la fiesta y
brindemos― Keinji levantó su copa y todos los reunidos hicieron lo mismo.
Bebidas las copas, la
pelinegra sujetó la mano de Shizuru. ―Bailemos, esposa mía― Murmuró antes de
alejarse con la joven y alejarla de la sinuosa serpiente que había resultado
ser la futura suegra de su hermano.
―Gracias― Susurró
Shizuru dispuesta a bailar toda la noche si con ello se evitaba la proximidad
de su madre, sobretodo cuando era evidente que el carisma de “Arashi” la había
atraído más de la cuenta. No le gustaba ni un poco, ya fuera por su silente
venganza perpetua o por un interés genuino, sabía de los amoríos de la Reina,
de los cuales algunos eran demasiado jóvenes para su gusto.
Horas más tarde…
En silencio ambas
jóvenes caminaron hasta la mesa en la que estaban dispuestos los alimentos de
la cena, seguidas por los mayores que charlaban amenamente sobre la noche tan
agradable que tuvieron dejándolos un poco de lado, por fortuna, pensó Natsuki a
la que le dolía un poco la cabeza, y el costado, no estaba acostumbrada al
estrés de los momentos anteriores.
―¿Te duele mucho la
cabeza?― La castaña observó preocupada el gesto de su “prometido” quien posaba
la mano en su sien y cerraba los ojos con fuerza.
―No es nada Shizuru…
tal vez es porque estoy un poco cansado o muriendo lentamente,― La ojiverde
sonrió de lado y se movió dramáticamente procurando tranquilizar a su… esposa.
―Entonces…¿Ahora debo llamarte ‘amor’?― Sonrojada apartó la
mirada hacia los sirvientes que ayudaban a acomodar a los invitados en la
enorme mesa llena de manjares y deliciosos postres.
―Al terminar de
comer, nos retiraremos a descansar si estás de acuerdo― La ojirubi sonrió
divertida al tiempo que deslizaba su mano por el
brazo izquierdo de su acompañante y lo dirigió hasta las sillas
dispuestas para sí al lado de sus progenitores. ―y como deseas que te diga,
¿Cielo mío?― Respondió con una sonrisa ladina, que robó la atención de algunos
de los hombres más próximos, lo que disgustó a Natsuki un poco, ya tendría tiempo
de ponerlos en cintura… por su hermano, claro.
La cena paso entre
tintineos de copas y cubiertos en los platos, la pelinegra no había notado sino
hasta entonces, el hambre descomunal que tenía, sus ojos brillaban con emoción
al ver tantos platos, y esto no pasó desapercibido para Shizuru, quien la veía
con cierta curiosidad.
―Creo que solo tenías
hambre.― Le susurro al oído provocando un estremecimiento y escalofrío que
descendió por su espalda, temblaron sus iris verdes y aún más rápido sintió el
calor extenderse por su rostro, además de otras partes, situación que jamás le
había pasado antes.
―S..Si..Ya no me
duele...La cabeza― Casi deja caer un pastelito que había tomado como postre, el
“príncipe” no podía ocultar el nerviosismo que le producía la cercanía de la
castaña, no después de haberla besado de aquella forma antes. ―Si lo deseas
podemos quedarnos un poco más, odiaría arruinar la velada para ti― Abandonó el
postre en su plato centrando su atención en los ojos sangría.
―Algunos nobles
requieren tu presencia hijo― El rey Keinji colocó la mano sobre el hombro del
príncipe cortando aquella interacción tan cercana que ocurría entre las dos,
―la de ambos, creo que es para felicitarlos.
―Entiendo padre,― “El
príncipe” se levantó de su silla tendiéndole la mano a la castaña para ayudarla
de forma caballerosa, quien la tomó suavemente acomodando los pliegues de su
vestido con la otra.
Ambas caminaron sin
soltarse de la mano hasta donde se encontraban un grupo de caballeros y sus
esposas, todos sin excepción realizaron una venia larga y pausada en señal de
respeto hacia los príncipes, palabras de felicitación y de buenos deseos fueron
pronunciados para la hermosa pareja, besos depositados en el envés de la mano
de Shizuru, apretones de mano y palmadas en la espalda para el futuro Rey, uno
a uno fueron bendiciendo la unión de ambas naciones, por un tiempo más del que
Natsuki podía tolerar, pues esa era una de las razones por las cuales se negaba
a asistir a las fiestas, el odioso protocolo y tener que sonreírle a todo el
mundo, incluso si le caían como una patada en el…
―Nos retiramos,― Iba
a decir la morena dispuesta a golpear a quien dijera lo contrario.
―Que considerado
cielo mío, en verdad me siento fatigada y no quisiera importunar, pero ya es
necesario que vayamos a nuestros aposentos―
Realizaron una
despedida formal, con un asentimiento antes de dirigirse a las escaleras, por
lo que las trompetas se escucharon en todo el salón, delatando la
circunstancia. Natsuki gruñó por lo bajo sabiendo que los aplausos que les
dirigían, se debían al hecho de que la consumación del matrimonio tendría lugar
esa noche, al menos a los ojos del mundo.
Llegaron al pasillo
donde al fin el anhelado silencio llegó a los oídos de la de ojos esmeralda.
Sin embargo, el ceño aún continuaba fruncido y la rapidez de sus pasos delataba
el disgusto.
―Pareces… enojad...o―
Prefirió decir observando a los guardias en las esquinas.
―No somos cosas, odio
asistir a las fiestas… porque solo me recuerdan que― La mano en su mejilla le
silenció brevemente, no era el lugar dedujo al ver la mirada cautelosa de la
castaña de iris borgoña a la sombra de su altura y su cabeza cubriendo el
candelabro.
Continuaron en
silencio hasta la habitación destinada para la pareja después de las firmas;
Natsuki abrió la puerta con la copia de la llave que le dio la Institutriz,
MariaRockfield y que había guardado celosamente hasta el baile y los
mencionados contratos. Al girar el cerrojo y empujar la madera gruesa tan
hermosamente tallada, se encontró con una habitación tan esplendida que hacía
palidecer la suya, pese a ser la princesa de aquel castillo, en el centro lo
que más llamaba la atención sin duda era una cama de un tamaño tal, como para
que al menos 4 adultos durmieran cómodamente en ella.
―Una cama matrimonial,
¿en realidad te sorprende?― Cuestionó Shizuru, notando la insistente mirada de
su acompañante en la misma y procurando cerrar la puerta tras de sí, para
evitar las miradas indiscretas. Tomó la llave de la mano de Natsuki y la
introdujo en el cerrojo, asegurando la puerta desde adentro, pero sin retirar
la llave para evitar que alguien mirara a través de la hendidura, así mismo,
posó su pañuelo en el picaporte, solo por las dudas.
Aun extrañada por las
acciones de la castaña, respondió. ―No, es… solo que debo dormir en el suelo,
es una cama, solo una―
―¿En serio piensas
que dormirás en el suelo con esa herida?― Refutó Shizuru con una sonrisa
divertida. ―Aquí no tienes que pretender ser el soldado de la montaña― Un
sonrojo atacó el rostro níveo ante la alusión de las circunstancias pasadas.
―Por otra parte, somos doncellas ¿ves algún inconveniente sobre dormir en la
misma cama?―la castaña caminó hasta el tocador que hubieran dispuesto para ella
y se sentó en el banquito para admirar los perfumes y el maquillaje. las joyas
en los cajones, el ajuar de una futura reina.
―No deseo importunar
tu descanso Shizuru― la pelinegra camino lentamente hasta la cama y se sentó en
la orilla, una mueca se posó en su rostro ante el dolor que le causara su
costado, los ojos sangría no pasaron por alto el gesto que observó desde el
espejo de aquel tocador.
―Natsuki, en esa cama
bien podría dormir un batallón, creo que por acá debe haber un botiquín,
desnuda tu torso― Abrió una cajonera que se hallaba cerca de la cama, en el encontró
algunas vendas y alcohol, se dirigió al baño y dispuso en una charola un poco
de agua para limpiar las heridas, coloco todos los implementos en una mesita al
lado de una pelinegra que se encontraba muy sonrojada y petrificada ―¿porque no
te has quitado la camisa? Necesito cambiar los vendajes― la cuestiono extrañada
la princesa.
―No...No sería mejor
llamar al médico real? ―los cabellos cobaltos se deslizaron con el leve
movimiento de su cabeza al tratar de esconder su expresión avergonzada.
―Solo es un cambio de
vendajes, es muy tarde para enviar un mensajero y despertarle a semejantes
horas por algo que yo misma podría hacer ― Las manos tibias de la ojirubi se
movieron hasta el primer botón de la casaca de su acompañante ―¿puedo?―
pregunto dudando por un momento si estaría incomodando a la pelinegra quien
asintió como respuesta.
―Tengo que admitir
que Natsuki pudo convencerme por completo que cualquier Diva de la Ópera
palidecería en comparación, ¿o es acaso que ha conocido tantos labios para
desempeñarse así?― Sonrió divertida, aunque la idea repentinamente le resultara
odiosa, se levantó para quitarle la prenda y evitarle mucho esfuerzo.
Sintiéndose un poco
atacada por las aseveraciones, no tardó en responder. ―No, ni lo digas siquiera
Shizuru…― Negó un poco molesta e incómoda. ―Yo no he besado a nadie antes―
levantó ambos brazos para facilitarle la tarea, la castaña se detuvo unos
segundos sopesando aquella respuesta.
―Ara, Ara… y de donde
ha sido posible que aprendieras… eso― Estaba segura de que más de una de las
doncellas del lugar la envidiaron hasta desear matarla para cambiar los
lugares, se recompuso tomando las vendas de su torso jalándolas para
desprenderlas, pero no evitó una mirada fugaz hacia las otras que envolvían su
pecho.
―He visto suficientes
cosas en este castillo y querían que fuera Arashi… ¿no?― Tan pronto lo dijo y
por la expresión de Shizuru, comprendió que había cometido una absoluta
imprudencia. ―Digo… yo… es… lo que haría un hombre ¿No es así?―la pelinegra no
evitó sentirse observada por lo que con ambos brazos cubrió su pecho aun cuando
las vendas ya cumplían ese trabajo.
―Natsuki me subestima
lo suficiente si piensa que puedo creer tal cosa, se honesta sobre tu hermano o
te juro que me oirán gritar al menos hasta el portón del castillo, que he sido
timada y el esposo que me han dado, resulta no ser en primer lugar un hombre―
La frialdad de su mirada sangría congeló a Natsuki en su sitio.
Sabiendo que la
castaña la tenía en sus manos, tensó la mandíbula antes de obedecer. ―No sé si
en tu reino sea igual o no, pero aquí él es el príncipe y algunas mujeres no
necesitan ser esposas para recibir favores, él sabe cuán agraciado es y hasta
exagera, muchas lo encuentran cautivador… lo lamento Shizuru, pero no te
casaste exactamente con un hombre fiel y dudo que cualquiera de tus
pretendientes lo sea alguna vez―Cuando sintió ya las nuevas vendas en su torso
se levantó a buscar una camisa para cubrirse dándole la espalda a una tensa
rubí.
―No ignoro ese
aspecto, solo no intentes cubrir los defectos de tu hermano, está claro que los
conoceré todos en detalle más adelante… no me mientas Natsuki, porque yo no te
he mentido a ti hasta ahora y me gustaría pensar que no tengo que cambiar eso
contigo―Levantándose también, se encamino al baño esperando que un poco de agua
tibia le hiciera descansar.
―y...Natsuki― se
detuvo colocando una mano en el marco de la puerta del
baño ―Ese no fue mi primer beso―sin esperar respuesta alguna cerró la puerta
dejando atrás a una muy confundida ojiverde.
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Me gusta mucho tu historia. Espero con ansias el siguiente capítulo
ResponderEliminarMe gusta mucho tu historia. Espero con ansias el siguiente capítulo
ResponderEliminarMe gusta mucho tu historia. Espero con ansias el siguiente capítulo
ResponderEliminarGracias por tu historia. Espero con ansias el siguiente capítulo
ResponderEliminarCada cuanto publican los capítulos?
ResponderEliminarAl comienzo era diario, ahora no sabria decirte
EliminarGracias, jajaja, ojalá fuesen diarios ;)
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