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Serenpidia - Eldest88 - Capítulo 6


Buen día mis estimados, disculpen la demora, este capítulo estaba listo desde mucho antes pero me gusta tener al menos uno de ventaja para no demorar mucho la publicación, gracias por la paciencia.
Más abajo encontraran un link a un vídeo que me pareció seria la melodía más acorde para el vals, la canción es un cover de Sting pero con violonchelos, ojala les agrade.

 Capítulo 6 Compromisos II


―De que estás hablando Nat...quiero decir Arashi― la mandíbula de la oji rubí se tensó enseguida. 
―Es decir, si sé, pero no en esta posición― Ambas llegaron al centro del gran salón, se giraron para quedar una enfrente de la otra.

―Entiendo― La princesa le sonrió con ternura. ―Toma mi mano derecha― Ordenó rauda. La de ojos verdes movió el brazo indicado enlazó sus dedos con los de la castaña ―Ahora pon tu mano izquierda en mi cintura― Añadió con un suave susurro. Un leve sonrojo coloreó las mejillas del “príncipe”, ―¿recuerdas los pasos? tu debes ser el que lleve el ritmo.― Los ojos sangría observaban con intensidad a los verdes, “el” joven asintió como respuesta. Natsuki aspiró profundo, escuchó la tonada y dio inicio al baile halando con suavidad hacia la derecha a su acompañante, contó los pasos, de aquel vals y la atrajo más cerca de sí para tener mayor seguridad sobre los giros. 
La multitud se congració con la pareja danzante, pues el contraste de sus excelencias, exponía tanto elegancia, como belleza, poderío y majestad, sus movimientos cautivaron a la vista y sus rostros serenos generaban seguridad sobre la nueva unión que traería solidez a la paz y prosperidad de las dos naciones. Keinji observaba complacido como avanzaban en habilidad y complejidad en el vals, agraciando la velada con florituras hermosas que animaban el buen talante de los invitados, los cuales no tardaron en unirse al momento de la finalización de la primera sección de la sonata.
―Al parecer la atracción ha nacido con prontitud, el príncipe Arashi es un joven con la gracia de un adonis, me alegro de saber que nuestros descendientes serán hermosos sin duda― Se pronunció la reina Izumi de tsu con una sonrisa que claramente su hija había heredado.
―Unidas nuestras castas, por sangre la paz perdurará… fuimos afortunados de que tan hermosa y delicada heredera fuera entregada a la potestad y el cuidado de Arashi, es sofisticada en todo aspecto y obediente como se espera de una esposa. Un nieto pronto alegrará nuestros castillos con sus risas― Halagó el rey de Fukka.
―Porque sean nietos, Keinji… estaría encantado si es una docena― Se rió el Rey Fujino, brindando.
El baile finalizó con una venia del “príncipe” a la princesa, aplausos y vítores de todos lados sonrojaron a la joven pareja quienes se tomaron de la mano y con paso tranquilo se dirigieron hasta donde se encontraban sus padres reunidos.
―Padre,― una involuntaria e imperceptible sonrisa se formó en su boca, pero al posarse sobre la mujer de la que era semejante como una gota de agua, salvo por su rojiza melena y el azul frío de sus ojos, la mueca se borró y se tornó diplomática. ―Madre― La castaña saludo a sus progenitores realizando una venía adornada con el elegante movimiento de su mano derecha girando en vuelo a la par que se inclinaba. Una vez erguida, la expresión serena y magnífica de la menor encantó a los que la miraran, sin embargo aquel semblante era un poco más parco de lo que se podría esperar de una hija; aun cuando Shizuru se había encontrado con una agradable sorpresa al conocer a Natsuki, la princesa de Tsu no olvidaba que solo estaba siendo usada para procrear el heredero varón que el vientre marchito de Izumi no pudo concederle a su padre, y que por aquella incapacidad, de cierta manera, jamás pudo sentir el afecto de su madre, como si el haber salido de sus entrañas y requerir en el parto el retiro de la matriz, fuera su culpa. 
―Mi niña― Se adelantó el castaño de mirada escarlata, lleno de alivio. ―Supe de los peligros que has enfrentado al venir aquí, cuando verte de nuevo me ha devuelto el alma―
―Me encuentro bien padre, los Dioses enviaron a mi prometido a rescatarme, es solo por su valentía, el buen tino de su flecha y su inquebrantable voluntad, que sigo con vida, pues aquel ogro era… en verdad temible―
―Entonces te lo debemos todo querido Arashi― La reina de Tsu no tardó en aproximarse al silencioso muchacho. 
―Es un honor conocerlos― Natsuki se inclinó nerviosamente y recordando las peripecias que ocupaba su hermano con las mujeres, tomó delicadamente la mano de la reina y depositó un suave beso en el envés de su mano. ―Al verla puedo apreciar que la hermosura de mi prometida, le fue heredada de su bella madre, así como su templanza, proviene del padre― Dijo volviendo la vista sobre el Rey de la vecina nación.
Keinji quien estaba ansioso y preocupado desde el inicio de la velada, observaba más que sorprendido a su hija, pues de no ser, por su conocimiento sobre el acuerdo de libertad y las nefastas circunstancias que lo habían llevado a tales agobios, el padre habría podido jurar que aquel, era en verdad un príncipe y es que a su hija le iba mejor con la etiqueta de caballeros, que con los modales propios de las doncellas. ―Aliviados todos por la bondad de los dioses, pues lo que pudo ser una tragedia, ha sido la muestra del heroísmo del heredero de Fukka, pues que no haría un hombre por probar su valía a la dama que será la madre de sus hijos.―
Natsuki observó a su padre, por un momento esperanzada ante la idea del reconocimiento del mayor, empero un segundo después recordó que todo aquello sería parte de la pantomima que había aceptado realizar, no eran para ella los halagos, recaerían los méritos para su hermano, como siempre. Desviando la mirada para esconder el desencanto, encontróse con el amable agarre de la mano tibia de su compañera quien le sonreía comprensiva mientras los reyes ocupaban el juego de halagarles, solo por lucir “quien tiene el castillo más grande” o para la ocasión, un hijo más dotado de virtudes.
―Sea pues oficial― Con un aplauso de sus manos, el Rey Akihiro Fujino, llamó al sirviente para que trajera la charola de plata con los manuscritos que formalizaban el enlace entre los dos reinos, que se esperaba completar con las firmas de los príncipes, los reyes y una rauda bendición de una sacerdotisa. ―Completemos los formalismos y que la fiesta continue―
La bandeja fue puesta sobre la mesa y el vial con la tinta así como la pluma le fueron tendidas a Shizuru, quien no tardó
―¿No lo cree muy apresurado? Los muchachos apenas se conocieron ayer en tan traumáticas circunstancias― Trató de mediar Keinji, para dar tiempo a que el verdadero heredero llegara y no recibiera su hija la bendición nupcial con otra mujer, pues a fin de cuentas sería un pecado imperdonable.
―Y el príncipe salvó a mi hija ¿Porque esperar si es la voluntad de los dioses que se unan? Más señales no pueden darnos― Negoció con tono divertido. ―Oh… acaso hay algún motivo para que estas nupcias no se realicen―
Una gota fría bajó por la espalda de los Kruger allí presentes. ―Repose mi firma junto a la suya, como mi sangre y mi promesa de ser el mejor esposo posible― Se adelantó Natsuki notando que a su padre posiblemente le daría un síncope en cualquier momento.
Tragó saliva y al dirigir la pluma sobre el papel, casi estuvo a punto de firmar con su nombre, la gota de tinta permeó el papel cuando pronto cambió su trazo, no en vano alguna vez hizo algunas tareas aburridas de su hermano a cambio de favores, entre ellas firmar ciertos documentos formales a su cargo, por lo que la letra no fue un problema, su perfecta caligrafía aguardó junto a otra incluso más pulida con el nombre de Shizuru. Observó el cuchillo en medio de la bandeja, lo tomó y retiró el guante de su mano, ante la mirada de la multitud interesada cuyo silencio sepulcral delataba la expectativa de la paz más permanente entre las dos naciones.
No era muy justo, tenía que cortarse la mano para dejar la huella de la palma en el papel, mientras su hermano estaría en quien sabe que puerto disfrutando de la bebida, el baile y las mujeres. Suspiró, cortó sin dilaciones, cerró el puño para esparcir el líquido escarlata, y posarlo en el papel un instante después. Su mano quedó perfectamente dibujada, incluso con todas las huellas de sus dedos… ―Está hecho― 
Una parte de la castaña dudo un momento, aunque aquello no asomara jamás en su rostro, tomó la tela en el borde de la charola antes que el sirviente, y con infinita delicadeza vendó la mano lastimada de su ahora “Fiance”, la sacerdotisa enunció oraciones en un lenguaje antiguo, pero voz desatendida en el momento por la pareja, fue apabullada por el barullo de los invitados, quienes, conmovidos por la acción de la princesa exigían en algarabía la consumación con un beso.
La mirada que se prodigaron las jóvenes en verdad engañaron a todo el mundo, aunque tal vez de tanto fingir, algún fragmento fuera real. Shizuru más consciente que Natsuki de las circunstancias que la envolvían, soltó la mano ahora debidamente curada y apartó la vista del rostro hermoso que ciertamente la pelinegra poseía, pues para su disgusto, más consigo misma que con la otra, los latidos de su corazón se habían acelerado.
Solo entonces y por el sudor en la frente del “príncipe” quien comprendió la solicitud del pueblo, todo volvió a ser el problema presente, que tanto de aquella falacia podrían ejecutar y es que un beso, jamás hizo parte de la estratagema de las dos.
―No es necesario en verdad― Intentó Keinji.
―Hombre, Hombre… no pretendemos nietos si es que los muchachos intentaran ser pudorosos―
―Pero… no nos hemos casado, mi señor― Afirmó más que avergonzada Natsuki, mientras Shizuru se mantenía al margen del asunto tal, como una doncella en su posición y circunstancias debía. En el fondo, muy distante del pensamiento, la idea de que Natsuki no quisiera besarla hirió el orgullo de la princesa.
―Aún es bastante inocente, Keinji― Sonrió encantada la madre de Shizuru, notando que el muchacho todavía era casto. La ojiazul de melena rojiza se inclinó suavemente para susurrarle al oído y que los incitadores no les escucharan, logrando por descontado una mirada molesta de su hija, la cual omitió sin esfuerzo. ―La boda en sí misma, es un beneficio que se da para el goce y la complacencia del pueblo, pero en este punto y por ese contrato, ustedes dos ya son esposos y se deben al otro, con todos los derechos y responsabilidades―
La reina suspiró intencionalmente en la oreja del más joven, con lo que la morena, muy poco acostumbrada a tales proximidades casi respingó dando un paso atrás. Nerviosamente y sin poder esconder un sonrojo en su rostro, Kruger cuestionó. ―¿Eso quiere decir que esta noche debo yacer con ella?―
―Claro que puede, Excelencia― Afirmó esta vez la sacerdotisa, quien había concluido el rito de oración, e igualmente firmó el documento en constancia de la ceremonia. ―La boda procederá en el mes próximo, durante el plenilunio, cuando las estrellas estarán en la posición más adecuada de acuerdo a la fecha de nacimiento de los príncipes―
―Gra...gracias― Murmuro sin que el rojo de su cara se atenuará aunque fuera un poco.
―Vaya, vaya… qué impaciente está el príncipe― Bromeó con una sonrisa ladina, en tanto el sonrojo en el rostro de su hija se incrementaba y no justamente por el pudor. ―¿Tanto desea probar las mieles del amor?― Insinuó un poco más, y tal vez con ello Natsuki podría desmayarse allí por la presión.
―Madre― El tono apenas una nota más grave que lo habitual, advirtió a la reina cesar sus juegos, con el que claramente era la propiedad de la menor.
―Un beso mi niña, complace a tus nuevos súbditos― Sonrió triunfalmente.
―No hace falta― Insistió de nuevo el Rey Keinji quien no lo pasaba mejor que su hija.
―Demostrar el interés de los príncipes por dar herederos a los reinos, es meramente otro formalismo. ― Intervino Akihiro.
―Ya al anochecer podrán atender los detalles― Remató Izumi, solo para torturar un poco más a la pareja.
La mirada del padre sobre la hija fue la viva expresión de su aflicción, las voces de las gentes y los rumores sobre las motivaciones de Arashi, quien era conocido en el castillo por ser un mujeriego, para no besar a una mujer tan hermosa como lo fuera su ahora “fiance”, dejaban mucho que desear. De modo que como cuando vio a la castaña en riesgo ante aquel ogro, se llenó de valor y con la mano aun aferrada a la suya, la atrajo con una suavidad tal, que los pétalos de una rosa serían ásperos en comparación, la miró a los ojos, moviéndose con la calma que no tenía y esperando que Shizuru no se sintiera demasiado agraviada por el hecho. De modo que para cuando depositó sus labios sobre los carmines, suaves y carnosos de la Gracia Amatista, esta le recibió de la forma que ‘lo habría hecho con su esposo’. 
El primer roce por demás tímido, apenas fue una caricia de las dermis, casi fantasmagórico, aun así la sensación eléctrica que recorrió a ambas hizo imposible que se apartaran con tan poco; la presión no tardó en darse, en cuanto las manos de Natsuki sujetaron las mejillas de la esposa de uno olvidado, el sabor de aquella boca era el más apetecible manjar, y en cuanto un suspiro brotó de la castaña, esta no tardó en tomar la oportunidad, para sentir aunque fuera una sola vez, la textura de su lengua, la cual acarició por un breve instante antes de apartarse. Los vítores y silbidos de los hombres, orgullosos del semental que tendrían por Rey en algunos años, los aplausos y sonrojos de las mujeres, algunas anhelantes de percibir, aunque fuera una ínfima fracción de la pasión del Hati de Jade.
Se habría abandonado a su misma de haber podido, pero pudo más la consciencia que preserva la existencia, pues respondió gustosa y al mismo tiempo confusa. El aliento que la abandonó durante el contacto, fue como abrir la puerta al infierno mismo, y se forzó a cerrarla tan pronto concluyó, abrumada por dentro, pero correcta en el rostro buscó la mirada esmeralda de aquella que había fingido demasiado bien para su gusto ¿O tal vez eran sólo figuraciones suyas?
―Además de gallardo, un caballero en toda regla y un amante apasionado… mi hija no puede más que alegrarse de la fortuna que le sonríe― Intervino Izumi, con una sonrisa que podría engañar a todos, salvo a la más joven. La reina de Tsu iba a pronunciar algo más, para incomodidad de Natsuki, quien se sentía observada de una forma inadecuada al menos a su entender.
―Continúe la fiesta y brindemos― Keinji levantó su copa y todos los reunidos hicieron lo mismo.
Bebidas las copas, la pelinegra sujetó la mano de Shizuru. ―Bailemos, esposa mía― Murmuró antes de alejarse con la joven y alejarla de la sinuosa serpiente que había resultado ser la futura suegra de su hermano.
―Gracias― Susurró Shizuru dispuesta a bailar toda la noche si con ello se evitaba la proximidad de su madre, sobretodo cuando era evidente que el carisma de “Arashi” la había atraído más de la cuenta. No le gustaba ni un poco, ya fuera por su silente venganza perpetua o por un interés genuino, sabía de los amoríos de la Reina, de los cuales algunos eran demasiado jóvenes para su gusto.

Horas más tarde…

En silencio ambas jóvenes caminaron hasta la mesa en la que estaban dispuestos los alimentos de la cena, seguidas por los mayores que charlaban amenamente sobre la noche tan agradable que tuvieron dejándolos un poco de lado, por fortuna, pensó Natsuki a la que le dolía un poco la cabeza, y el costado, no estaba acostumbrada al estrés de los momentos anteriores.
―¿Te duele mucho la cabeza?― La castaña observó preocupada el gesto de su “prometido” quien posaba la mano en su sien y cerraba los ojos con fuerza.
―No es nada Shizuru… tal vez es porque estoy un poco cansado o muriendo lentamente,― La ojiverde sonrió de lado y se movió dramáticamente procurando tranquilizar a su… esposa. ―Entonces…¿Ahora debo llamarte ‘amor’?― Sonrojada apartó la mirada hacia los sirvientes que ayudaban a acomodar a los invitados en la enorme mesa llena de manjares y deliciosos postres.
―Al terminar de comer, nos retiraremos a descansar si estás de acuerdo― La ojirubi sonrió divertida al tiempo que deslizaba su mano por el brazo izquierdo de su acompañante y lo dirigió hasta las sillas dispuestas para sí al lado de sus progenitores. ―y como deseas que te diga, ¿Cielo mío?― Respondió con una sonrisa ladina, que robó la atención de algunos de los hombres más próximos, lo que disgustó a Natsuki un poco, ya tendría tiempo de ponerlos en cintura… por su hermano, claro.
La cena paso entre tintineos de copas y cubiertos en los platos, la pelinegra no había notado sino hasta entonces, el hambre descomunal que tenía, sus ojos brillaban con emoción al ver tantos platos, y esto no pasó desapercibido para Shizuru, quien la veía con cierta curiosidad.
―Creo que solo tenías hambre.― Le susurro al oído provocando un estremecimiento y escalofrío que descendió por su espalda, temblaron sus iris verdes y aún más rápido sintió el calor extenderse por su rostro, además de otras partes, situación que jamás le había pasado antes.
―S..Si..Ya no me duele...La cabeza― Casi deja caer un pastelito que había tomado como postre, el “príncipe” no podía ocultar el nerviosismo que le producía la cercanía de la castaña, no después de haberla besado de aquella forma antes. ―Si lo deseas podemos quedarnos un poco más, odiaría arruinar la velada para ti― Abandonó el postre en su plato centrando su atención en los ojos sangría.
―Algunos nobles requieren tu presencia hijo― El rey Keinji colocó la mano sobre el hombro del príncipe cortando aquella interacción tan cercana que ocurría entre las dos, ―la de ambos, creo que es para felicitarlos.
―Entiendo padre,― “El príncipe” se levantó de su silla tendiéndole la mano a la castaña para ayudarla de forma caballerosa, quien la tomó suavemente acomodando los pliegues de su vestido con la otra.
Ambas caminaron sin soltarse de la mano hasta donde se encontraban un grupo de caballeros y sus esposas, todos sin excepción realizaron una venia larga y pausada en señal de respeto hacia los príncipes, palabras de felicitación y de buenos deseos fueron pronunciados para la hermosa pareja, besos depositados en el envés de la mano de Shizuru, apretones de mano y palmadas en la espalda para el futuro Rey, uno a uno fueron bendiciendo la unión de ambas naciones, por un tiempo más del que Natsuki podía tolerar, pues esa era una de las razones por las cuales se negaba a asistir a las fiestas, el odioso protocolo y tener que sonreírle a todo el mundo, incluso si le caían como una patada en el…
―Nos retiramos,― Iba a decir la morena dispuesta a golpear a quien dijera lo contrario.
―Que considerado cielo mío, en verdad me siento fatigada y no quisiera importunar, pero ya es necesario que vayamos a nuestros aposentos―
Realizaron una despedida formal, con un asentimiento antes de dirigirse a las escaleras, por lo que las trompetas se escucharon en todo el salón, delatando la circunstancia. Natsuki gruñó por lo bajo sabiendo que los aplausos que les dirigían, se debían al hecho de que la consumación del matrimonio tendría lugar esa noche, al menos a los ojos del mundo.
Llegaron al pasillo donde al fin el anhelado silencio llegó a los oídos de la de ojos esmeralda. Sin embargo, el ceño aún continuaba fruncido y la rapidez de sus pasos delataba el disgusto.
―Pareces… enojad...o― Prefirió decir observando a los guardias en las esquinas.
―No somos cosas, odio asistir a las fiestas… porque solo me recuerdan que― La mano en su mejilla le silenció brevemente, no era el lugar dedujo al ver la mirada cautelosa de la castaña de iris borgoña a la sombra de su altura y su cabeza cubriendo el candelabro.
Continuaron en silencio hasta la habitación destinada para la pareja después de las firmas; Natsuki abrió la puerta con la copia de la llave que le dio la Institutriz, MariaRockfield y que había guardado celosamente hasta el baile y los mencionados contratos. Al girar el cerrojo y empujar la madera gruesa tan hermosamente tallada, se encontró con una habitación tan esplendida que hacía palidecer la suya, pese a ser la princesa de aquel castillo, en el centro lo que más llamaba la atención sin duda era una cama de un tamaño tal, como para que al menos 4 adultos durmieran cómodamente en ella.
―Una cama matrimonial, ¿en realidad te sorprende?― Cuestionó Shizuru, notando la insistente mirada de su acompañante en la misma y procurando cerrar la puerta tras de sí, para evitar las miradas indiscretas. Tomó la llave de la mano de Natsuki y la introdujo en el cerrojo, asegurando la puerta desde adentro, pero sin retirar la llave para evitar que alguien mirara a través de la hendidura, así mismo, posó su pañuelo en el picaporte, solo por las dudas.
Aun extrañada por las acciones de la castaña, respondió. ―No, es… solo que debo dormir en el suelo, es una cama, solo una―
―¿En serio piensas que dormirás en el suelo con esa herida?― Refutó Shizuru con una sonrisa divertida. ―Aquí no tienes que pretender ser el soldado de la montaña― Un sonrojo atacó el rostro níveo ante la alusión de las circunstancias pasadas. ―Por otra parte, somos doncellas ¿ves algún inconveniente sobre dormir en la misma cama?―la castaña caminó hasta el tocador que hubieran dispuesto para ella y se sentó en el banquito para admirar los perfumes y el maquillaje. las joyas en los cajones, el ajuar de una futura reina.
―No deseo importunar tu descanso Shizuru― la pelinegra camino lentamente hasta la cama y se sentó en la orilla, una mueca se posó en su rostro ante el dolor que le causara su costado, los ojos sangría no pasaron por alto el gesto que observó desde el espejo de aquel tocador.
―Natsuki, en esa cama bien podría dormir un batallón, creo que por acá debe haber un botiquín, desnuda tu torso― Abrió una cajonera que se hallaba cerca de la cama, en el encontró algunas vendas y alcohol, se dirigió al baño y dispuso en una charola un poco de agua para limpiar las heridas, coloco todos los implementos en una mesita al lado de una pelinegra que se encontraba muy sonrojada y petrificada ―¿porque no te has quitado la camisa? Necesito cambiar los vendajes― la cuestiono extrañada la princesa.
―No...No sería mejor llamar al médico real? ―los cabellos cobaltos se deslizaron con el leve movimiento de su cabeza al tratar de esconder su expresión avergonzada.
―Solo es un cambio de vendajes, es muy tarde para enviar un mensajero y despertarle a semejantes horas por algo que yo misma podría hacer ― Las manos tibias de la ojirubi se movieron hasta el primer botón de la casaca de su acompañante ―¿puedo?― pregunto dudando por un momento si estaría incomodando a la pelinegra quien asintió como respuesta.
―Tengo que admitir que Natsuki pudo convencerme por completo que cualquier Diva de la Ópera palidecería en comparación, ¿o es acaso que ha conocido tantos labios para desempeñarse así?― Sonrió divertida, aunque la idea repentinamente le resultara odiosa, se levantó para quitarle la prenda y evitarle mucho esfuerzo.
Sintiéndose un poco atacada por las aseveraciones, no tardó en responder. ―No, ni lo digas siquiera Shizuru…― Negó un poco molesta e incómoda. ―Yo no he besado a nadie antes― levantó ambos brazos para facilitarle la tarea, la castaña se detuvo unos segundos sopesando aquella respuesta. 
―Ara, Ara… y de donde ha sido posible que aprendieras… eso― Estaba segura de que más de una de las doncellas del lugar la envidiaron hasta desear matarla para cambiar los lugares, se recompuso tomando las vendas de su torso jalándolas para desprenderlas, pero no evitó una mirada fugaz hacia las otras que envolvían su pecho.
―He visto suficientes cosas en este castillo y querían que fuera Arashi… ¿no?― Tan pronto lo dijo y por la expresión de Shizuru, comprendió que había cometido una absoluta imprudencia. ―Digo… yo… es… lo que haría un hombre ¿No es así?―la pelinegra no evitó sentirse observada por lo que con ambos brazos cubrió su pecho aun cuando las vendas ya cumplían ese trabajo.
―Natsuki me subestima lo suficiente si piensa que puedo creer tal cosa, se honesta sobre tu hermano o te juro que me oirán gritar al menos hasta el portón del castillo, que he sido timada y el esposo que me han dado, resulta no ser en primer lugar un hombre― La frialdad de su mirada sangría congeló a Natsuki en su sitio. 
Sabiendo que la castaña la tenía en sus manos, tensó la mandíbula antes de obedecer. ―No sé si en tu reino sea igual o no, pero aquí él es el príncipe y algunas mujeres no necesitan ser esposas para recibir favores, él sabe cuán agraciado es y hasta exagera, muchas lo encuentran cautivador… lo lamento Shizuru, pero no te casaste exactamente con un hombre fiel y dudo que cualquiera de tus pretendientes lo sea alguna vez―Cuando sintió ya las nuevas vendas en su torso se levantó a buscar una camisa para cubrirse dándole la espalda a una tensa rubí.
―No ignoro ese aspecto, solo no intentes cubrir los defectos de tu hermano, está claro que los conoceré todos en detalle más adelante… no me mientas Natsuki, porque yo no te he mentido a ti hasta ahora y me gustaría pensar que no tengo que cambiar eso contigo―Levantándose también, se encamino al baño esperando que un poco de agua tibia le hiciera descansar.

―y...Natsuki― se detuvo colocando una mano en el marco de la puerta del baño ―Ese no fue mi primer beso―sin esperar respuesta alguna cerró la puerta dejando atrás a una muy confundida ojiverde.
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7 comentarios:

  1. Me gusta mucho tu historia. Espero con ansias el siguiente capítulo

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  2. Me gusta mucho tu historia. Espero con ansias el siguiente capítulo

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  3. Me gusta mucho tu historia. Espero con ansias el siguiente capítulo

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  4. Gracias por tu historia. Espero con ansias el siguiente capítulo

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  5. Cada cuanto publican los capítulos?

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