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Tempus vitae - Cristalsif - 9

Tempus Vitae

Capítulo 9

Valía II
 

Atravesó una multitud de gente empujando un poco para hacerse paso, justo porque después de llegar al castillo, recibió la curiosa noticia de que un inesperado festín tendría lugar en la plazoleta donde anteriormente cayó el madero de Tule. La situación le obligó a redirigir sus pasos, aún impaciente por la resolución que hubiese tomado el Rey Kenji sobre sus nupcias. Natsuki se sintió ligeramente molesta cuando su dragón al parecer enfadado con ella por razones desconocidas, no se dignó aparecer a pesar de su llamado, obligándole a transportarse como un Dartaria, no... pensándolo bien aquellos seres poseen alas propias así que en realidad sería como una Xana, pero ellas cuentan con magia material y algo podrían ingeniarse... así que, ni siquiera a ese nivel llegaba, estaba al mismo nivel de un Reptilian, arrastrándose sobre la tierra por su propio pie pesada y cansadamente. Pasaron dos horas después de salir de la casa de Rena, cruzar por el castillo y devolverse a donde todo empezó, cuando por fin llegó a la plaza, a pie, con un dolor de cabeza capaz de incordiar al más paciente y el barullo martillando en sus oídos, esperaba que nadie más quisiera conocer el límite de su paciencia, porque justamente ese día la tenía muy corta. Natsuki no recordaba un malestar semejante, ni siquiera en la peor resaca de su vida había padecido tanto con el ruido alrededor... razones de peso tenía la joven Reina para suponer que ese sería un mal día.


Aun con todo, la joven Tempus sonrió al ver a su gente y los Élide convivir entre platicas, comilona y bebidas, relatos yendo y viniendo de cada lado, era una grata e inesperada sorpresa, algo que avivaba la esperanza de que en verdad aquella paz entre las dos naciones perdurara en el tiempo, si se hacían un solo pueblo no tendrían motivos para pelear entre ellos. Sin embargo, la sorpresa y hasta contento de la Kuga murió en cuanto oyó de los labios del Rey, que su prometida sería besada por el insensato que se atreviera a ganar una extraña competición sin los medios habituales, como elementales o dragones. La sola idea de compartir los labios de aquella que sería su Uma, enervaba la sangre que corría por sus venas, e instantáneamente comprendió el sentir de Shizuru la noche anterior, cuando confesó sus acciones sobre la solicitud de la sacerdotisa Julieth. -Para eso tendría que estar celosa...- Musitó suavemente para sí misma. Las emociones delatadas por la princesa Fujino la noche anterior, ¿Confirmarían entonces una emoción semejante?

Suspiró largamente mientras escuchaba el discurso completo del Rey, alguien le ofreció una pierna de pato bien asada, otro un poco de vino y acabó sentada en una mesa con ropas Élide en medio de un grupo tan diverso de las dos naciones. Al menos sería un reto digno del privilegio que aquel señor había ofertado. ¿Y si participaba? Era imposible pasar inadvertida en la labor, luego sería puesta en duda la honestidad del evento si alguien se daba cuenta que ella, la prometida de la princesa Shizuru se atrevía a participar.

Buscó con sus glaucos ojos a la hermosa castaña de escarlatas ropas, dispuesta en el palco real junto a sus majestades, desde su humilde posición Natsuki comprendió por qué tantos hombres y mujeres estarían dispuestos a batirse en duelo por una mujer como ella. Era la criatura Elfen más bella que sus ojos hubieran visto jamás, aunque se negara a admitirlo desde el principio. -No ganarás... Los Élide son muy escuálidos- Dijo Tarik, un hombre musculoso, de piel morena y brillantes ojos azules perteneciente a los vigías nocturnos, un grupo de élite entre los draconianos.

-No solo se trata de músculos, amigo- Refutó un Acuarium, delgado pero con caras de ser muy ágil.

-Se necesita inteligencia- Apuntó otro Élidita, un Luz Spectra con aire de sabiduría, era claramente un hombre de biblioteca.

-Ganará quien tenga ambos, pero no lo presuma...- Musitó Natsuki entre dientes, pero lo suficientemente alto para ser escuchada, la mayoría hicieron caso omiso de ella, salvo el grandullón de Draco Flake marrón.

Tarik abrió sus azulinos ojos  más que sorprendido de reconocer a su joven Reina en aquellos atuendos Élide. -Su... su maje...-

-Es un regalo de sus padres... no te atrevas a decir nada- Le interrumpió Natsuki antes de permitirse ser delatada en presencia de todos, por un lado las vendas y la ropa hacían que nadie imaginara en ella a la orgullosa reina Tempuria. Pese a todo el grandullón de amable mirar guardó silencio sin hacer preguntas...

-El gran Tarik se deja someter por una doncella Élide...- Se rió su compañero de guardia, el arienzo Asenath, escondiendo en su tono un dejo de celos, pues largo tiempo había transcurrido sin que su fornido amigo hiciera caso de las sutiles insinuaciones que le lanzaba, ya estaba claro porqué, su amigo miraba a las doncellas con interés.

-Ya va siendo hora de sentar cabeza amigo y ya que tu debilidad son las bellas Elfen- Reprochó el muchacho más delgado y pálido, sin dejar de mirar con sus verdes ojos al moreno, y la dama Élide que emprendía la graciosa huida. -Pues ningún Tempuria sería suficiente- Estrechó la copa fuertemente entre sus dedos.

-¡A callar!- Frunció el ceño y luego bajó un poco el tono de su voz. -No me avergüences Asenath... ni menosprecies a nuestras hermanas Élide- Dijo el más alto antes de ponerse de pie y darle así oportunidad a su alteza de salir del lugar junto con él. -Eres un vigía nocturno, compórtate como tal-

-Como ordene... capitán- Dijo el muchacho rubio, tomando asiento en la mesa sin atreverse a mirar a su amigo, tomó una botella de vino y sirvió otra copa, aquel sería un ejercicio frecuente a lo largo de la tarde.

Tarik salió junto con Natsuki, buscando un lugar más apartado para hablar con tranquilidad.

-Espero puedas disculparme, Tarik... no he querido importunar tu descanso o a tu amigo- La pelinegra quien ahora entendía un poco más las emociones que embargan los corazones a raíz de su propio deambular atropelladamente por los caminos del amor, intuyó de inmediato a un semejante en Asenath, el chico se miraba demasiado interesado en el capitán de la guardia, pero vaya que el jinete de Krakon era despistado.

-De ninguna forma majestad, es un honor servirle...- El hombre moreno se inclinó de acuerdo al protocolo establecido, en una ceremoniosa venia. -Espero pueda disculpar las acciones de mi amigo, Asenath es un gran soldado, pero no puedo entender su actitud hoy, si supiera que es usted, tal vez...-

Natsuki negó con la cabeza, sonriendo suavemente ¿Cuánto sería posible cambiar en una noche y una mañana? Tenía una nueva vista del mundo, ampliada estaba su percepción, sin embargo la suya era una mirada dolorosa. -Deberías hacerle saber tu admiración, parecía un poco decaído- Natsuki posó su mano en el hombro del fornido soldado y sonrió con más ánimo. -A veces, escuchar lo que piensa un amigo mejora mucho el ánimo, sobre todo si son cosas buenas-

-Así será, se lo aseguro...- El moreno admiraba profundamente a su joven Reina, como muchos la morena apareció en el panorama en momentos verdadera adversos, recordaba que su escuadrón había logrado establecer un asentamiento en la meseta de Ming, sin embargo los Reptilian alcanzaron la cima de forma insospechada, ellos taladraron la tierra de la montaña hasta formar un pasaje que les dió acceso, las criaturas lejos de desbocarse sobre su presa y dar alguna posibilidad de alerta, aguardaron el velo de la noche para esconder su ataque, una acción demasiado inteligente para su gusto... Esa noche se perdieron las vidas invaluables de hermanos y hermanas Tempuria, pese a ello Tarik solo tenía clara una cosa, que de no ser por la Guardiana de Jade ni siquiera él habría sobrevivido, pues para esa ocasión huir no era una opción... Él y sus soldados no dejarían a la merced de aquellos asquerosos sangre fría, a los niños que todavía no aprendían a volar apropiadamente, esos pequeños eran el único futuro posible de su nación pues no tenían ya un solo huevo de dragón para eclosionar, debían esperar a que los jóvenes trajeran consigo una nueva generación...

Claro que y sonrió por ello, Tarik no pensó que aquella niña de piel pálida, la mitad de su propia altura, ojos verdes y largos cabellos de azulino brillo, fuera una guerrera tan formidable o una guardiana en primer lugar, hasta que la vió blandir su espada hecha enteramente de Jadeíta, y solo supo que se trataba de su reina cuando con movimientos ensayados en medio de la refriega, rocas y otros objetos pesados empezaron a caer del cielo, desde un punto donde antes no había nada, o que decir cuando detuvo el tiempo para evitar que la cola mortífera de uno de esos monstruos lo atravesara de lado a lado. Claro que le debía la vida, todos se la debían... así, cuando el alba llegó y aquellas alimañas fueron erradicadas, en medio de la plaza del poblado, los sobrevivientes le rindieron honores postrándose como se hacía con los antiguos reyes.

Así gracias a su joven gobernante, esos niños se estaban convirtiendo en hombres y mujeres adultos, al mirarla notaba que ella misma había dejado atrás aquella distante figura en sus recuerdos, tenía a una mujer bellísima justo frente a él, pero era como ver a una hija, la que los Reptilian le negaron cuando atacaron los templos con los huevos de Dragón.

-¿En qué puedo servirle, majestad?- Tarik se rascó el cuello ligeramente apenado por su prolongado silencio y también notando que en efecto nunca le había hecho saber a su amigo, tanta admiración.

-Bien, por ahora necesito que me hagas un favor, amigo mío... encuentra a la sacerdotisa polar Nina Wong y tráela ante mí, no tengo mucho tiempo... esperaré en la torre más cercana a la contienda que se dará por el honor de la princesa Fujino, la atalaya Norte-

-De inmediato...- Tarik se llevó la mano al Reiji en su brazo y como si extrajese energía pura de aquella gema mágica, abrió un portal en el suelo del cual emergió un formidable dragón, la criatura tenía un aspecto estilizado, cabeza aguda y cuerpo engrosado, una mortífera cornamenta curvada hacia adentro, cuatro garras en sus extremidades, alas de membrana solar, era un dragón con marcados músculos, alargada forma y escamas brillantes entre doradas y plateadas.

-Y Tarik, me gustaría que esto se quedara entre nosotros, por ahora...- Añadió Natsuki, en verdad deseaba evitar dificultades políticas a causa de su egoísta movimiento.

Krakon era fuerte como su jinete, una criatura sorprendentemente resistente de un colosal tamaño, pero Tarik no tuvo ningún inconveniente en saltar hasta su lomo. El moreno de ojos azules sonrió, asintió y se elevó magníficamente sobre el cielo en busca de la leal sacerdotisa polar. Una vez a solas, la morena suspiró con cansancio, buen día había escogido Durhan para desobecerle, el camino hacia la torre sería sin lugar a dudas un agobio adicional, pero si el blanquecino ser era orgulloso, ella lo era el doble y por nada del mundo volvería a solicitarlo si no venía él por su propia cuenta. Aunque, no tenía por qué caminar en ese caso, no si se presentaba en un espacio despejado para emerger. Concentró sus esmeros en tomar para sí los ojos del dragón, tornando su iris de un color azul hielo y sus pupilas alargadas como si fueran los mismísimos ojos de Durhan, enfocó cuanto le fue posible la torre en la distancia y ubicando un espacio libre en la cima, sobre el techo, usó la segunda habilidad de la familia Real Tempuria, saltar de un espacio a otro. -Spatium... Spectra- Susurró suavemente, por lo que desapareció sin dejar rastro en el lugar.
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El bullicio que se escuchó cuando los cuernos sonaron en todo el valle dando inicio a la competencia, hizo eco más allá de las murallas exteriores, no solo por el hecho de verse duplicada la cantidad de personas en la contienda debido a la unión de las dos naciones dando a la vista casi 10 centenas en la muchedumbre de rivales. Sino también el objetivo de competencia, un botín cuyo valor sería simbólico comparado con el placer o la leyenda de haber como pocos besado a la bellísima princesa Élide, justo antes de contraer nupcias... era para muchos otros el recibir el beso de la manifestación más próxima de un dios un privilegio de incalculable valor.

Centenares de hombres y mujeres sin distinción de casta, raza o nación, acometieron en una carrera por campo traviesa tan lleno de obstáculos como fuera imaginable, entre elevados muros, rocosas, enredaderas, ciénagas falsas, cruce de cuerdas y demás, se miraba un aciago camino dentro de una arboleda cercana a las llanuras de trigo, decenas fueron quedando atrás, no sin recibir auxilio en algunos casos por los organizadores del evento, también contaban con sibilas para evaluar y descalificar a los concursantes que en su afán por alcanzar la meta hicieran trampa, empleando elementales, dragones, o incluso magia. La cruzada de los Elfen, como se llamaba a la gran carrera, representaba para los Élide, el valor y el coraje de los maestros primigenios, quienes en los orígenes de su historia carecían de elementales para enfrentar las vicisitudes del mundo, aquello aconteció al principio cuando su raza era joven. Todos conocían la historia, sabían que solo tras ganar el afecto de Vitae, los hijos de Élide fueron bendecidos con la facultad de coexistir con los majestuosos seres que ahora formaban parte integra de ellos al punto de ser como una extensión de su corazón y alma. La tradición sin embargo, no era tan distinta en la nación vecina, pues los Dragones no siempre le hicieron compañía a los Saxar, como se conocía a la raza de los habitantes de Tempuria que adoraba a Chronos, seres de temple y resistencia sin igual para enfrentar los peligros del mundo antiguo. ¿Quién diría hace milenios que los Elfen y los Saxar se unirían como naciones hermanas? Nadie, dado que se consideraban las razas opuestas de entre las existentes.

Las trampas de la ciénaga y la arboleda mermaron considerablemente el número de competidores, la segunda etapa sin embargo no era más simple o fácil, poco antes de alcanzar los campos de trigo, los competidores tuvieron que cruzar el río Nara, con un detalle en contra, debían hacerlo sin mojarse. Solo los más ágiles y equilibrados pasaban dando saltos entre las salientes rocas humedecidas por el constante flujo de agua que las salpicaba y el moho que había crecido con la tibieza del sol. Un gran número de competidores impacientes, torpes o accidentados fueron descalificados después de un buen chapuzón, sin mencionar a un par de tramposos, algunos acuarium que intentaron usar a sus elementales de agua camuflándoles con el río para evitar las salpicaduras y otros Tempuria de dragones acuáticos que quisieron usarlos como puente para pasar.

La tercera parte de la contienda consistía en deducir una adivinanza suspicaz en la que se probaba el intelecto de los participantes, todo en memoria del primer Rey de Élide, Kurama Fujino, quien logró resolver el acertijo del Fénix Léfir por quien obtuvieron los primeros elementales de fuego a su servicio; así mientras unos concursantes cruzaban después de acertar la respuesta, otros se miraban frustrados e incapaces de resolver los acertijos, siendo descartados tras 3 intentos fallidos. El número que para entonces se había reducido considerablemente, delataba ya solo a 50 temerarios, los cuales serían reducidos prontamente, pues la cuarta etapa consistía en alcanzar una línea de salida en la que solo 10 corceles estarían disponibles.

Corrieron los últimos 50 con resueltas intenciones a través de los campos de trigo, procurando alcanzar uno de los diez caballos antes que los demás, quienes llevaban ventaja arribaron primero, pero encontraron al llegar, que los corceles tenían 2 de sus cuatro patas esposadas a unos grilletes cuya cadena les unía a dos pesadas esferas de Imantita, metal que se aferraban a la tierra formando en el suelo profundas marcas producto de la creciente gravedad entre la piedra y la superficie, lo cual comprobó con alguna terquedad uno de los concursantes que intentó obligar al animal a iniciar la marcha.

-Serán descalificados si lastiman a los caballos- Gritó una cuidadora Animalium de castaños cabellos y ojos azules, la gracia de sus atuendos extrañaba en el hecho de que fuera una garante de la honestidad del juego, porque prácticamente lucía como de la realeza. La joven miraba molesta al impertinente señor Ishigami quien fue el primero en llegar a la línea de salida, aquel hombre un Ignis pelinegro de ojos marrones, muy poco gentil con los animales para el gusto de la cuidadora, entrenaba duramente para ganar la competencia por un botín que claramente le evitaba esfuerzo todo el año posterior. La mayoría suponía que el sujeto hacía trampa de alguna forma, pero nadie sabía cómo, de cualquier modo yacer entre los primeros contendientes ya le concedía una recompensa suficiente para descansar a sus anchas por lo menos un mes. Sin embargo esta vez, el moreno quería que reposara sobre su nombre la leyenda de haber besado a la hija del rey, algo verdaderamente sin precedentes. -Mira el suelo...- Dijo Aoi Senou con una expresión indignada, al notar que Wataru Ishigami preferiría obligar al caballo a llevar tan pesada carga que desistir en su empeño, por lo que se vió obligada a facilitarle una información que saltaba a la vista.

Había un centenar de llaves de cobre en el suelo, Wataru atendió con bastante enfado que aquel truco era nuevo, el azar también jugaba una parte importante de aquella cruzada, por lo que bajó del caballo y comenzó a probar una por una las llaves, desesperándose al notar que ninguna se ajustaba al cerrojo. A su diestra, no más lejos de 5 metros de distancia, arribó una mujer de vestiduras blancas, quien en el acto ensayó metódica y pacientemente las llaves, dejando a un lado un montoncillo con las llaves ya usadas de las que faltaba por probar, la suerte que al parecer le sonrió primero, pues la llave justa entró y giró en la cerradura, liberando por fin a la montura... la dama de la que no Wataru tenía muy claro su origen pues usaba el traje de una sacerdotisa o algo semejante, subió en el corcel tan blanco como sus vestiduras y galopó hacia la siguiente etapa.

Frustrado por las circunstancias y viendo perdida la ventaja que tanto le había costado obtener, Wataru ideó la manera de saltarse la búsqueda de la llave, le dió un golpe bien disimulado al caballo negro que sería su montura, por lo que el animal relinchó molesto ante la extrañeza de su cuidadora Aoi Senou. -Calma lindo...- Susurró con voz serena, mientras le prodigaba un mimo a su crin. Aquel breve descuido fue suficiente para que el Ignis fingiera apartarse por seguridad y tomar la llave de la cerradura vecina, la cual arrojó disimuladamente en lugar conocido, así cuando se inclinó sobre el suelo a buscar, la siguiente fue la precisa.

Aoi quien tenía una particular habilidad desconocida por el Ignis, escuchó por parte de una serpiente que reptaba en las cercanías, la historia detrás del acierto de aquel Élide tramposo, presta se aproximó a tomar la bandera roja y levantarla para descalificar a aquel competidor, sin embargo una voz se escuchó a su espalda.

-No lo descalifiques todavía, yo vi también lo que hizo y tal vez... sea más creíble que hable yo... pudiera ser que alguien dude del testimonio de una reptante. Ya sabes lo que dicen... podrían ser familia de los Reptilian- Ante lo dicho por Harada, la serpiente siseo y continuó su camino entre las piedras.

Aoi frunció el ceño, claro que conocía a Chie Harada, la orgullosa heredera de la casa Ignis... siempre tan odiosamente gallarda, cabellos cortos de ébano, piel canela, ojos de un tono café rojizo tan particular, su sonrisa confiada, la Gregoris negra con un cinturón de oro y detalles rojizos, cualquiera diría que se trataba de una deidad guerrera, pero más pronto recordaba la castaña que aquella chica era una casanova de pies ligeros y todo el encanto que poseía se evaporaba como una bruma dejándola ser... simplemente una más del montón. Senou suspiró buscando los ápices restantes de su paciencia, la idea de que Chie quisiera cubrir a un Ignis a pesar de su indignante trato, le revolvía el estómago. Claro que su padre tenía razón, de las 8 castas... los Ignis son los de menos fiar. Intentó levantar la bandera pero la mano de aquella morena de mirada intensa le detuvo, se topó con los brazaletes de oro a juego con la restante indumentaria, molesta e incómoda Aoi se apartó.

-Queremos conocer el modo en que realiza su juego, si lo descalificas por patear a un pobre caballo, no recibirá un gran castigo... si son ciertos los rumores, espero obtener las pruebas suficientes que me concedan impedirle participar de ahora en más en las competencias y degradar su posición, hombres como él nos hacen ver mal al resto de los Ignis ¿Entiendes?- La seriedad y formalismo del semblante de la morena, hizo que Aoi dudara y dejase pasar su oportunidad pues ya se había perdido de vista a Ishigami. -Gracias, por este favor que me has hecho- Y ahí estaba de nuevo, la coqueta sonrisa de Chie la casanova de la casta de fuego.

Aoi desvió la mirada aun ligeramente molesta y abochornada. -No lo hago por ti- Refunfuñó antes de advertir posando su dedo acusador cerca del pecho de Harada. -Si Ishigami hace algo que lastime a algún otro  competidor o a los caballos, será tu entera responsabilidad ¿Entendido?-

Es una alegría que al fin me muestras la pasión de la que estas hecha... gatita- Fue todo cuanto obtuvo por respuesta de Chie, para la castaña de azul mirar era como si aquella mujer no pudiera tomarse nada en serio.

-Eres... el colmo, ¡Seiyus!- Un enorme halcón de plumas blancas y doradas como el oro, de tamaño gigantesco descendió de las alturas. Aoi fue sujetada por las garfas del ave sin recibir ningún daño, ya en el aire y a cierta distancia, la joven ama de Seiyus logró arribar hasta el lomo donde una silla de cuero aguardaba por ella. Se suponía que tenía que velar por la justicia de la carrera y Chie le quitó más tiempo del necesario, así a lo lejos pudo apreciar a 7 de los 10 jinetes, cosas nefastas ya habían pasado. -¡Te odio Harada!-

-Qué difícil eres... mi querida princesa Animalium- Musitó la Ignis antes de tomar camino de la recta final, donde una base de troncos aguardaba con la prueba definitiva a los participantes. -Hallard- Chie invocó a su elemental de fuego y emergió un fénix de fuego puro, rojizo su plumaje se incendiaba sin agotarse o consumirse, aquel era el rasgo que le concedía a la morena la herencia de su casa a pesar de contar con 3 hermanos mayores antes que ella, su Hallard era según la leyenda de los Ignis, un elemental de linaje directo con el gran Léfir del Rey Kurama.
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Le había notado en cuanto emergió de la arboleda, curiosamente sus impolutos atuendos blancos no se mancharon a pesar de la conocida red de lodazales o la flora verdosa y otras coloridas pigmentaciones de las flores, que normalmente se extraían de allí para la realización de pinturas, algo que recordaba de sus clases de arte, después de todo el perfecto trazo enseña a la mano la precisión requerida también para guiar el filo de la espada extensible, pues como heredera a la corona, Shizuru había aprendido las bellas artes tanto como las artes más mortíferas de la guerra. Así después tuvo la sensación de verle danzar con cada espléndido salto que dio entre las rocas del río Nara con la gracia de una Xana del río, como si la punta de sus pies tocaran nubes poco antes de evaporarse, luego le sorprendió la prontitud de su acierto y la velocidad de su carrera, se alegró cuando la vió subir al corcel y galopar tan intrépidamente.

-Parece que los organizadores se esmeraron más este año...- Se oyó la melodiosa voz de Shizuma a su lado, mientras el Rey apostaba con Reito quien sería el vencedor de ese año, Ishigami fue una opción mencionada, al igual que los hermanos Karamaki y la lista continuó, salvo por la figura desconocida de dos, seguramente Tempuria.

-No lo dudo...- Admitió Shizuru al ver que los jinetes se inclinaban en posición sumamente arriesgaba para alcanzar casi a la altura del suelo un arco por el lado derecho y un cesto de flechas pocos metros más adelante pero en el lado izquierdo.

-Imagino que esperas y quien gane sea la doncella, así te librarías de un par de barbas incomodas- La expresión risueña de su madre era sin lugar a dudas motivo de confusión, todos disfrutaban la justa, salvo por ella que tenía que besar al ganador. Era un castigo bien pensado, algo que en otro momento no hubiera significado demasiado, pero en fechas como las que corrían, era demasiado.

-Como sabrías tal cosa...- Fue incapaz de esconder su disgusto a pesar de sentir la mirada de tantos sobre si, las cosas de cierta manera habían perdido mucho sentido después del incidente con Margueritte aquella madrugada.

-¿Acaso no te lo ha dicho tu padre?- La madre miró con paciencia a su hija.

-¿Qué cosa?-

-Le hiciste cortar la barba a tu padre siendo apenas un bebé...-

-Cómo sería eso posible...- Levantó una ceja sutilmente.

-No consentías que se acercara para darte un beso, porque al parecer te picaba su barba... y siendo honesta, te agradecí enormemente la ayuda, en verdad picaba-

Una sonrisa se le escapó de los labios, y se disgustó internamente por caer en aquel juego. -Madre...- No podía ni imaginar la escena, una versión más joven de Kenji lidiando con el barbero por capricho de su hija pequeña.

-No estés enojada con nosotros eternamente... te lo imploro- Verse reflejada en aquel mar profundo que serían sus ojos, el marco de sus cabellos castaños, la mirada amorosa y entrañable.

-Sabes que esto es jugar sucio...- Intentó defender su punto con un mohín molesto.

-Una madre hace lo que es necesario para recuperar lo que atesora...- Ante semejante respuesta Shizuru supo que había perdido aquella batalla verbal, no sabía su corazón rechazar a Shizuma pues la amaba profundamente. -Y tu padre en verdad se quitó el mostacho para que su niña pequeña recibiera sus afectos sin dificultad, él te ama muchísimo hija mía, pero debe como padre tomar decisiones difíciles, te aseguro que vas a entendernos mucho cuando sean tus hijos los que sostengas en tus manos...-

-Eso significa que la boda y todo lo demás sigue en pie...- Ni siquiera era una pregunta en realidad, Shizuru miraba a los jinetes y se sorprendía de entender que de mil aquellos 10 valientes hubieran batallado tanto para ser merecedores de un instante de sus afectos.

-Absolutamente, pienso que Kuga será una excelente esposa aunque tú no lo veas...-

-Eso... ya no lo dudo y se hará madre-

Shizuma buscó en los ojos rubíes de su hija la respuesta a la pregunta que nació en el instante preciso de su pasivo actuar, sin embargo la atención de todos se diluyó cuando la quejas de la multitud se alzaron hasta el palco real. La última etapa de la contienda que consistía en una carrera de velocidad y agilidad, por parte de los corceles y sus jinetes quienes tenían no solo que salvar los obstáculos en el camino de ida y vuelta hasta la base de maderos apenas a unos metros del palco real, sino también acertar en la diana de una serie de blancos situados en los laterales. El barullo y la protesta no era otra que el disgusto ocasionado, pues de 10 competidores 3 jinetes se habían caído de sus monturas en extrañas circunstancias, saltos de obstáculos aparentemente fáciles y los cascos de los caballos los habían rozado, resbalando en el acto… jinetes y monturas desbocados, fallos de puntería y descalificaciones.

-¿Eso hace parte de la prueba?- Unos pequeños géiseres que francamente no recordaba hicieran parte de esa zona.

-Lo dudo, nada que ponga en riesgo la integridad física de nuestra gente o los Tempuria- Afirmó la Reina, ante la sospecha de Shizuru quien se puso de pie para ver más de cerca la contienda. –Sabes que por ahora los ánimos son como la pólvora, una chispa y todo podría arder, solo su unión le hará ver a ambos pueblos que esta paz será duradera-

-Ahora lo sé… lo he comprendido ya, no tiene sentido que siga luchando contra esto cuando es lo más necesario, aun sobre mi pasado o Irial… el tiempo no detiene su marcha y seré, al final. Una digna heredera…- Se explicó la menor con una extraña serenidad que causó incluso más preocupación a la Reina, pues Shizuru parecía ausente de sí misma y el ímpetu en su mirada estaba casi extinto.

-¡Descalifíquenlo!- Se oyeron los gritos de otros. –¡Tramposo!-

E Ishigami había perdido los estribos, el Ignis ya no se preocupaba de atinar sus blancos, sino de disparar a los otros competidores. Los más recientes años había tenido un acuerdo tácito con los Karamaki, asegurándose ellos que cada año uno de los 3 venciera la justa y fuera repartido el botín. Sin embargo la entrada inoportuna de los Tempuria había puesto sobre la mesa un par de posibilidades insospechadas, porque claramente Akira Okuzaki y la sacerdotisa polar no entraban en la ecuación.

La habilidad de los Tempuria, fuertes por naturaleza, resistente, acostumbrados a yacer sobre sus dragones aun contra el viento fuerte de las alturas, les daba sin lugar a dudas cierta habilidad sobre los corceles que cabalgaban. Los Karamaki habían empleado los servicios del Terrano Kron, él había desnivelado en el momento justo los obstáculos, ocasionando la caída de los otros competidores, pero aquellas mujeres, más diestras y experimentadas ante los imprevistos, salieron airosas, tomando las dos la delantera. Lleno de ira y sin razón, el  Ignis Wataru ocupó sus flechas para deshacerse de sus oponentes, lo cual ocasionó un gran escándalo por parte de los espectadores, quienes exigieron un justo trato a la brevedad y las acciones no tardaron en llegar.

-¡Descalificado!- Gritó Aoi Senou, descendiendo en picada desde el cielo sobre Seiyus quien sujetó con sus garfas al infractor y lo alejó de los demás. Sin embargo, el moreno había logrado en dos de sus disparos, lastimar el caballo y el brazo de la joven Tempuria Okuzaki. –Nunca más Ishigami- Murmuró molesta la Animalium, dirigiéndose a la armada, donde Akane tenía listos un par de guardias para poner preso al Élide tramposo.

Así llegaron apenas al final, 6 competidores, todos ellos Élide salvo por la joven de blancas vestiduras, que los Tempuria reconocieron como la sacerdotisa polar. Al bajar de los corceles, la de raza Saxar se apresuró a trepar una serie de maderos de 5 y 6 metros de alto hasta llegar a la cima. Sobre los mismos, flotando en el aire por arte de la magia de un par de sibilas, pañuelos de colores levitaban danzantes y representaban la respuesta a la simple pregunta. ¿Cuál es el color favorito de la princesa? Así pues, quien alcanzara la prenda correcta se declararía vencedor de la contienda. Sin embargo, al elevarse sobre la cima, los competidores podrían incluso combatir por la ocasión de atrapar la seda correcta.

Quienes llegaron primero, tomaron el primer paño que tuvieron a su alcance, deshaciéndose este como el polvo entre sus manos, lo cual daba a saber que no era el color del afecto de Shizuru. La castaña comprendiendo que solo sus más cercanos conocían tal información, observó a su padre, quien en su mano guardaba el pañuelo gemelo, el ganador, para demostrar al público la honestidad del vencedor si es que alguien intentara encantar algún otro pañuelo. Nadie vislumbraba un ganador en aquella batalla, ya combatían entre todos, pues sobre los troncos al mismo nivel y en equilibrio, los participantes podían deleitar al público con sus habilidades en el combate. Siempre que la lucha no tuviera intenciones asesinas… sería algo grato de ver. Shizuru por su parte no imaginaba que alguien intentara atrapar el color correcto, pues la mayoría se esforzaban en vano por alcanzar el rojo escarlata que igual a su vestido les hizo pensar se tratara de su color favorito y era un particular error, pues pocas veces usaba ese color.

La mayoría, disfrutaba ver los juegos de llaves, patadas y puñetazos que se veían ir y venir, mientras las manos y los saltos cada vez más espectaculares, se elevaban buscando con suerte el velo vaporoso que le diera a alguno el privilegio de un beso de la joven Vitae. Todos, salvo una intentaban alcanzar el color rojo, a un lado y no muy lejos del escarlata, flotaba con suave movimiento una seda de lila color, con un brillo purpureo que a diferencia del rojo, de agitados movimientos como emulando una flama, simplemente estaba allí, al alcance y lejos del interés de los participantes.

La dama de blancas vestiduras, se había batido ya con 3 Élide y los había vencido, quien observaba se maravillaba de la gracia y la suavidad de sus letales movimientos, algunos ya se cuestionaban si verdaderamente se trataba de una Tempuria, pues se esperaba de su raza que fueran toscos y rudos. No era el caso, la posición de su cuerpo sobre el tronco, era como la manecilla de un reloj, con la punta de sus pies ocupando el menor espacio, la otra pierna en posición de loto y las manos abiertas en la postura del dragón, como si las mismas fueron las fauces de su hermano draconiano.

Shizuru quien no había visto un estilo semejante, centró su atención en esa persona específica, esforzando en su mente el identificar vestiduras como esas, pues lo más frecuente para los Tempuria era usar sus Draco Flake, así que solo tenía una opción… apenas las sacerdotisas, ostentaban velos ceremoniales en su mayoría de colores tan vivos como la naturaleza es diversa, pero de todas solo una lucía una tela de completo blanco con hilos de plata, lleno de intrínsecos bordados de espirales de hielo que brillaban con la luz del sol. Sin darse la ocasión de confirmar sus sospechas, la castaña princesa de Aurus contempló cada movimiento con fascinación, hasta el momento en que los hermanos Karamaki, quienes ya había descartado el paño rojo, se acercaron a la posición de la Tempuria para tomar la prenda que esta defendía con tanto recelo y resultaba ser, la de tono violeta.

Los dos hombres atacaron en conjunto a la joven Saxar, ante la chifla de la multitud por la falta de honor tras aquellas acciones, sin embargo estaba permitido y todos lo sabían. Kimin y Korun se abalanzaron sobre la joven por cada lado pero en un solo movimiento, esta extendió su puño y su pierna, formando una gran T con su cuerpo, con lo que impactó a los dos hombres en el estómago al mismo tiempo. Ante la potencia del golpe que los tomó por sorpresa, los Karamaki por poco  y caen de los maderos, de la misma forma que ellos habían lanzado a su contendiente anterior fuera de la pelea. Notando los dos la muralla imbatible que la joven era, pues podía lanzar golpes múltiples en un solo movimiento, se miraron sonrientes y se apresuraron a intercambiar lugares, corrieron contra la doncella, pero esta vez Korun quien yacía del lado del rostro de su oponente, usó la luz Spectra de su elemental para encandilarle la vista, fue apenas un imperceptible destello, cuyo brillo concentrado, dejo ciega por un momento a la draconiana. Incapaz de percibir la dirección del ataque con la vista deslumbrada por un breve momento, la Tempuria recibió un golpe en su hombro, escuchó el otro venir sobre su cabeza y se inclinó apoyando las manos sobre tronco para evadirlo, sin notar que se trataba de un señuelo, tarde fue cuando sintió las piernas de los Karamaki enredadas cada hermano en cada pierna suya. Para cuando recuperó la vista se miraba en una situación difícil, ya que los hermanos Luz Spectra habían invertido su T, una parte de ella agradeció el exceso de ropas que usaba, lo que impedía la vista de lugares un tanto privados.

-Ríndete o perderás tus piernas- Dijo Kimin, halando junto con Korun en la dirección contraria, por lo que la sacerdotisa, terminó suspendida en el aire con las piernas extendidas y su único soporte para mantenerse en la pelea, radicaba en un fiero agarre de sus manos sobre el madero, en cuyos brazos ocupaba una fuerza descomunal para anclarse pero le ocasionaba un gran dolor. –Te las fracturaremos- Insistió el que sujetaba su extremidad derecha, realizando un poco más de presión. Kimin y Korun se miraban sudorosos, pero eran fuertes, cada uno tenía una pierna de la Tempuria enredada entre las propias impidiendo cualquier movimiento, intentaron que soltara el tronco para arrojarla fuera de la arena elevada en qué consistía aquella pila de troncos incrustados en la tierra y cuyas caras opuestas ofertaban soporte a los luchadores, pero no se había logrado. Los Élide por su parte aferraban ambas manos a sus troncos como si estos fueran un remplazo a sus pies, por lo que siendo dos, la fuerza que ejercían ambos superaba la de la joven guerrera.

La multitud agraviada por el deshonor que estaban exponiendo aquellos Élide, gritaba enardecida y exigía la descalificación de aquellos hombres, tenían por tanto los Karamaki que concluir rápidamente la batalla. -¡Ríndete!- Gritó Kimin.

-Prefiero las piernas rotas a conceder que uno de ustedes se aproxime a la princesa, ¡Indignos!- Gruñó por lo bajo y con voz grave la pelinegra, claro que había notado la artimaña, así es como habían vencido los años pasados, deslumbrando a los competidores que fueran un verdadero problema.

-¡Así sea!- Dijeron a coro los dos hombres mientras se precipitaban a golpear la rodilla de la Tempuria al mismo tiempo, sin sospechar que ella esperaba aquel movimiento.

En cuanto una de las manos de los Karamaki soltó el madero, la llamada sacerdotisa, aplicó toda la fuerza con la que contaban sus brazos para halar a los hombres hacia su posición. Habiendo perdido la mitad de su agarre y sintiendo el impulso incontenible, Kimin y Korun no pudieron liberarse de las piernas de la Tempuria cuyo pie se había aferrado a sus muslos para trabarlos e impedir su escape, así no pudieron sujetarse solo con una mano, por lo que fueron irremediablemente arrastrados, siendo elevados desde sus posiciones, por encima de la cadera de la joven que realizaba la postura del escorpión, arrojándolos de cabeza contra un par de maderos. Los dos hombres quedaron inconscientes en el acto y cayeron de los troncos sobre cúmulos de aserrín dispuestos en el suelo para la seguridad de los luchadores.

Con la respiración agitada y el sudor corriendo por su cuerpo bajo las blancas prendas ya un poco manchadas por la pelea, la morena se mantuvo a sí misma sobre su tronco sosteniéndose verticalmente con las piernas rectas y las manos soportando su propio peso sobre la madera. El silencio que reinó ante la inesperada victoria, algunas bocas abiertas y otros ojos amenazando salir de sus cuentas, la admiración de tantos se guardó calladamente hasta la ocasión en la que la guerrera Tempuria se arrojó al siguiente tronco, quedando de pie, para saltar y tomar entre sus manos la seda lila de destellos purpuras. Levantado el puño vendado con la prueba de su acierto, se deshicieron como el polvo todos los otros pañuelos que flotaban en el aire.

El Rey Kenji se puso de pie y mostró el pañuelo gemelo, dándole a saber al mundo que el color de las amatistas era el predilecto de su amada hija. –He aquí que te declaro vencedora de esta contienda… levanta el rostro con orgullo y que quien te vea aprecie el valor y el honor de quien en la adversidad habría de ser la mejor versión de sí mismo…- Así y sabiendo de antemano aquella prendas a quien pertenecían. –Alaben y enorgullézcanse hijos de Tempuria, pues Nina Wong en su nombre ha vencido en la cruzada de los Elfen- Una ovación se extendió en la distancia, Élide y Tempurias aplaudieron en un solo eco sin distinciones ni diferencias, los silbidos y la algarabía festiva se extendió por todo el valle. -Ven entonces y recibe el justo pago que tu hazaña merece- Dicho esto la joven obedeció al Rey de aquella nación y de saltó en salto, se aproximo al palco real, del que una puertecilla le fue abierta para pasar junto al Rey y su corte, donde curiosamente solo Mai Tokiha estaba presente en representación de Tempuria.

Le vió acercarse con un tenue cojeo en su caminar, allí donde los gemelos Karamaki intentaron dislocarle la pierna, había sido toda una injusticia que los Élide conspiraron contra la joven Tempuria, solo por ello observaba con admiración a quien tan valerosamente había vencido aquella justa, aún si se trataba de aquella mujer, pero no estaba segura.

Una duda le asaltó en el acto ¿Por qué motivo justamente ella se había sometido a tal esfuerzo? ¿Acaso el dinero, la fama o incluso, un beso suyo se estimaba tanto a los ojos de un draconiano? Aunque en el fondo desearía que fuera una persona diferente... estaba halagada, esperaba en verdad que el cofre contuviera grandes tesoros.

Un desencanto presionó en su pecho al notar que el iris de aquella persona, muerta la esperanza, pues era de tono rojizo como el magma si iris. Wong, verdaderamente era ella. Memorando en sus recuerdos tensó la mandíbula, era claro que por los atuendos de esa persona supo en el acto que se trataba de la sacerdotisa polar, pero la absurda idea de que Kuga tuviera una acción semejante, tan cobarde al envíar a otra en su lugar hacía que la sangre le hirviera y el corazón palpitara violento.

-Me honran... tus esmeros, di pronto lo que ansías para congraciarnos- Musitó Shizuru con tono gentil, no olvidaba el lugar ni la posición. A su pueblo se debía en primer lugar y a la diplomacia requerida entre ambas naciones.

-La cinta que sujeta tus cabellos...- Y efectivamente era la voz de Wong, se sintió tonta por albergar en primer lugar una idea tan absurda.

No pedía mucho, era casi una broma… de haberse tratado de los Karamaki o incluso Ishigami, el collar de rubí en su cuello o los brazaletes de oro macizo que lucía en sus muñecas, habrían sido la obvia elección. Otras habrían solicitado el anillo en su mano o hasta los pendientes, la tiara o el cinturón de su Gregoris. Pero Nina Wong pedía de una princesa, una sencilla cinta para sujetar el pelo. Con un raudo movimiento de su mano, liberó de sus ataduras aquella cinta, la cual apenas estaba adornada con un par de puntas de oro, en cada lado, era seda de un vivo rojo escarlata. La castaña depositó el obsequio en sus manos y de acuerdo a lo prometido, tomó una cadena esperando depositarla en el cuello de la chica. –Retira las prendas, para honrarte con una cadena que le muestre al mundo, el alcance de tu valor-

-Permanecer en su memoria es todo cuanto quiero-

-Ya… eres inolvidable… doncella- Dijo aquello con una sonrisa en sus labios, pero era falsa como toda la complacencia que mostraba por la ocasión. Cansada, quería concluir el protocolo, por lo que depositó aquel collar en la misma mano que la cinta. -Y el beso… donde eliges te sea dado, campeona entre campeones…- Cuestiono en voz alta para ser oída por todos y sellar por fin, la conclusión de aquel evento.

-Yo quisiera besar, vuestra mano… alteza- Dicho esto, la mujer se inclinó para tomar la mano zurda de Shizuru y besar su envés.

Tanta humildad, ¿Qué quería o aparentaba? Apenas podía contener su enojo ante la idea y la memoria de sus acciones menos honestas, vistas claro desde la perspectiva de una sacerdotisa cuyo cuerpo no se había dado por amor ¿O sí? ¿Amaba a su reina sobre cualquier cosa, por ser Reina o por ser quien quiera que Kuga fuera?

La ira creciendo lenta y ponzoñosa en su pecho, le mantuvo quieta hasta que sintió la suavidad de sus labios sobre su piel. –¿Eso es un beso?… no seas inocente, sabemos que tu piel conoce más- Retiró la mano y con la diestra la levantó en un santiamén. Miró allá en el fondo de su alma buscando lo que no encontraría, Pues bien, ya sabría ella y todos los demás quién era Shizuru Fujino y que no podría compararse nunca, con la pasión de su boca o la maestría de sus virtudes.

La algarabía se alzó tan extensa en todas direcciones entre silbidos y aplausos, pues serían testigos los dioses y las dos naciones, del beso apasionado que la princesa Vitae, Shizuru Fujino de Élide, le había dado en justo pago a Wong Nina de Tempuria, por ganar la cruzada de los Elfen. Supieron todos además que la morena sacerdotisa del polo gélido, era todo menos fría, pues no tardó en responder con los mismos ímpetus que la princesa Elfen. Después de aquello, un cofre fue entregado a las manos de la vencedora, quien arrojó las joyas y las monedas sobre la multitud, dejando saber a todos que ni el oro, ni las gemas… podrían compararse con la gracia de haber como pocos recibido un beso, de la futura novia.

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El velo de la noche todo lo cubrió con su manto silencioso, el agobio se apartó por un breve momento mientras sus pasos le llevaban a la habitación en la que esperaba encontrarla, de una u otra forma clamaba por ella su alma llena de tristezas. Abrió la puerta con delicados movimientos, apenas las tinieblas le respondieron, bufó cual felino, molesta por su ingrata soledad.

-Mañana serás mi esposa... y yo no debería estar aquí, rompiendo el albur- Escuchó la voz grave, suave y particularmente sensual de la reina Tempuria. -Pero quería verte...-

Un breve silencio, era lo más dulce que le había dicho esa tosca persona. Sin Embargo, Aún tenía tantas preguntas, estaba francamente molesta.

-¿Por qué no fuiste tú? ¿Porque enviaste a Nina Wong?- Reprochó con un tono dolido que escondió en la suavidad de su voz, intentando no mirarla, fue directamente sobre el tocador... no se tomó la molestia de iluminar, quería esconder la tristeza en su rostro.

La morena sonrió en las sombras sin ser descubierta, dando pasos lentos sobre las losas del suelo de la habitación de la bella princesa Élide. -Pareces molesta por ello, mas sería inapropiado, entonces envié a mi guerrera más confiable para negarme a compartir tus labios... pero no pensé, que la besarías a ella-

-Le di un beso... para adivinar el sabor de tu boca en la suya, y claramente lo conoce... ¿Con ella aprendiste esos movimientos?- Estrechó entre sus manos el cepillo con el que solía peinar sus cabellos cada mañana, la barnizada madera del mango crujió bajo la formidable fuerza de la castaña.

-Supondría que se trata de celos, pero solo podría equivocarme ante ese pensamiento...- Natsuki no podría decir que no disfrutara esa conversación, por una vez se sentía bien tener las de ganar, aunque era extraña aquella pasividad en la hija de Kenji, algo no iba bien.

Si por lo menos pudiera encontrarse con el iris esmeralda, confrontar en sus ojos la tormenta que la había agobiado hasta ese momento, pero nada había cambiado ¿Verdad? -Claramente estás equivocada ¿Por qué habría de indignarme si no eres mía? Y he debido compartir... lo que...- Calló repentinamente, dándose cuenta que estaba cayendo en su juego, pero aquel había sido un día tan terriblemente agotador. La viejas heridas estaban doliendo, ¿Por qué habría de importar ahora lo que sintiera? -Deja de jugar...- Se levantó del tocador, dejando a un lado su cepillo roto, se deshizo del cinto sin siquiera cuidar el lugar donde debía depositarlo.

-¿Por qué no podemos ser diferentes Alteza?- Se escuchó la voz de Natsuki casi anhelante.

-Hemos sido enemigos mil años, creo que ya está en nuestra sangre...- Realmente no encontraba una razón de fondo para la forma en que se llevaban tan mal.

-Si no fuera una Tempuria, ¿Sería diferente?- Le traicionó un dejo de añoranza, pensando que sería capaz de renunciar a todo por un instante de esperanza. –Este debatir y luchar sin sentido… cansada de la guerra estoy, ¿y tú?-

-No importa eso ahora, estamos al inicio y al final de nuestra discordia, mañana serás mi esposa también...- De pie en la oscuridad oyendo su voz, Shizuru apenas sentía el roce del viento que se colaba por las ventanas abiertas, pero Kuga se esmeraba en mantenerse en las sombras y lejos de la vista.

-¿Lo deseas?- Cuestionó la joven Tempus dejando atrás las niñerías, si tan solo ella dijese sí... ¿Sería mucho pedir?

-Ara, ¿Natsuki se preocupa de mis sentimientos? Creí que carecía de ellos... a sus ojos- Shizuru trató de componer su desecha mascarada, pero...

Sintió las manos de Kuga sobre sus hombros, sobre la tela de su vestido a sus espaldas. -Respóndeme, por favor...-

-No lo sé, pero preguntas en un mal momento...- La humedad escurriendo por sus mejillas dibujó líneas translúcidas en su rostro. -Soy el premio... ¿Vienes a reclamarme?- Contuvo un gemido en su voz, sentía una espina presionando por dentro.

-Vengo en paz- La liberó de su agarre, reprochándose tal atrevimiento por un tenso momento. -Queriendo por esta vez ser más que solo la cuerda presionando tu cuello con un compromiso que no quieres... lamento que las cosas sean así, me gustaría que tuviésemos un poco de felicidad, pero parece imposible cuando tu corazón es de alguien más y no tengo un solo camino para llegar a ti-

Un escalofrío recorrió la espalda de Shizuru. -Eso no...-

-¿Entonces no fui bien informada? Sobre esa persona... una doncella llamada... Irial- La Kuga temió estar haciendo el ridículo más grande, ¿Su credulidad sería mal pagada? Dió un paso atrás abochornada.

-Guárdate ese nombre, por favor- Shizuru se llevó la mano al pecho, como si aquel movimiento le impidiera sentir el aguijón venenoso que le ocasionaba la memoria de una persona amada que no era la mujer que creyó conocer, ¡Irial! Su traición no atenuaba ni un poco con el paso de las horas, solo que ahora no tenía los ojos de sus leales súbditos sobre ella, el temple la abandonó entonces. -Por... favor- Ya no pudo esconder lo roto de su voz y su corazón. -No quiero... saber ya de ella, o de las emociones...- Un gemido ahogado, cayó de rodillas ya sin contener el llanto, odiaba tanto sentirse tan frágil pero ya no tenía la capacidad de estancar el flujo de su dolor.

-Perdóname, no quise hacerte llorar- ¿En qué momento Natsuki se puso frente a ella? Cómo era posible que la envolviera en sus brazos o le brindara su hombro, quizás lo que más le extrañaba era justamente el hecho de que se mostrara tan cercana.

-No... No es tu culpa- Apoyó la frente en su hombro y vertió en llanto el sufrimiento que había escondido del mundo cada día desde que Irial murió, cuando al final, aunque ya no era la persona que creyó conocer, fue la mujer que amó, dejarla ir le había costado el alma misma, fingir que no era una herida hacía que al final su amargura corrompiese cada parte de su ser. Gimió y las gotas humedecieron la piel blanca de la persona que la abrazaba, que la envolvía con sus brazos dándole a su pena la calma que tanto había necesitado.

-Estaré junto a ti mientras tenga suspiros y latidos, Shizuru...- Deslizó su mano vendada sobre los castaños cabellos, mientras la mujer que amaba lloraba desconsoladamente. -Y todo estará bien-

No hubo respuesta en su voz, salvo un agarre más firme y la sujeción de sus manos a su espalda. Apretó los labios ¿Tanto sentía por aquella chica? ¿Viviría siempre bajo su sombra? Eso no importaba tanto, verla así resultaba doloroso, prefería a la princesita odiosa que le hacía bromas crueles esperando disgustarla o incluso a la mujer posesiva que le había gritado “mía” en el salón. Suspiró entendiendo que estaba perdidamente enamorada de Shizuru, dado que, prefería mil veces más ver roto su propio corazón que contemplar aquel nivel de tristeza en la mujer que abrazaba.

Kuga había enfrentado Reptilian colosos, cientos de caminantes a la vez, pero no el llanto femenino de alguien que la tocara tan profundamente, a su pesar... no tenía la cura para la pena que aquejaba a la princesa Fujino, así que la dejó ser y sentir libremente. Continuó acariciando su cabeza con una mano, mientras que con la otra la aferraba a su pecho para prodigarle un lugar donde hacerla sentir segura. Pasó un largo tiempo antes de que llegara la calma, al parecer el agotamiento físico y emocional había vencido a la testaruda castaña.

-... pienso en la primera vez que hablamos a solas, allá en la atalaya, si hubiera dicho que solo deseaba darle paz a nuestros pueblos, si te dijera que me pareciste la criatura más hermosa que había visto nunca, pero lamentaba atarte con nuestro compromiso forzoso, que mis palabras te prometían jamás enclaustrarte en un matrimonio desdichado ¿Habría sido diferente?- Musitó en un susurro. -Un Tempuria sabe mejor que nadie, que el tiempo sigue su marcha y debemos asumir responsabilidad de nuestros errores, sin embargo me gustaría romper las reglas por una vez, para verte feliz-

Por toda respuesta recibió el mutismo interrumpido brevemente por el silbido del viento y los suaves suspiros de una Shizuru dormida. Natsuki suspiró largamente, sabía que no la había escuchado ¿Acaso se había desvelado la noche anterior? Con toda la gentileza de la que sabía, levantó a la castaña en sus brazos y en posición nupcial la depositó suavemente en el lecho. Tomó asiento a su lado y retiró el peso de aquel sensual vestido rojo de su piel no sin sentir el pulso acelerarse un par de veces, hasta que logró cubrirla con las sábanas de seda de Tigris. Limpió las lágrimas de su rostro, observó la venda en sus manos con preocupación, las cambió por seguridad preguntándose qué pudo lastimar las manos de su prometida. La contempló dormida apaciblemente durante un tiempo más, deslizó sus dedos sobre su mejilla con la suavidad de una nube, casi etérea para no importunar su sueño. -Shizuru...- Contempló sus labios, su rostro por completo... -Eres la más bella obra de Vitae, seguramente te esculpió con sus propias manos- Odiaba que fuera tan fácil hablar con ella mientras estuviera inconsciente o no la escuchara. -Mañana no te importunaré con estas cosas, seré lo que esperas de mí... Sueña dulcemente- Natsuki retiró la mano de la mejilla de la princesa Élide, se puso de pie y salió por la puerta lo más silenciosamente posible. Tenía pendiente realizar los rituales propios de una boda Tempuria, después de todo sería imposible dormir, había visto con sus propios ojos la magnitud de los sentimientos que la castaña le guardaba a Irial, sabía de antemano que había perdido, así que haría por amor lo más honesto y preciso. -Solo una noche... nada más, no necesito más- Murmuró con firmeza y el ceño fruncido.

Se levantó con profundo sigilo, teniendo presente que la siguiente vez que la viera sería en el altar, no evitó un suspiro desosegado. –Spatium… Spectra-

Transportarse en el espacio… la sensación era como desprender el espíritu del cuerpo, moverse incluso más rápido que la luz y en menos de un pestañeo, volver a ser sólida, a crearse desde cero en cada partícula de su ser. Frecuentemente, una de sus pesadillas más ocultas era justamente el miedo a dejar de existir, le asaltaba la idea de que al viajar tan lejos y por tanto tiempo, llegado el momento, no podría materializarse una vez más y sería solo partículas en la corriente continua de las dimensiones. Chronos, su dios, era benévolo con su casa, como el padre que ata una pequeña cuerda a sus hijos, para que cuán lejos viajen no se pierdan, porque al haberle otorgado su propio poder, se le había concedido una llave a puertas que ningún mortal había visto jamás, salvo ella.

-Alteza…- La voz de Nina se escuchó a su espalda, la morena le miraba maravillada, porque se consideraba un honor apreciar la materialización de un Tempus, la realidad es que era un espectáculo a la vista, porque de la nada un haz de luz multicolor se formaba y condensaba en apenas una milésima de segundo la figura portentosa de Natsuki. Sabía y esperaba por ella en el castillo de helios, en la cámara de los cristales, donde más tarde tendría que adorar a los dioses y agradecer la fortuna, para el buen albur de su matrimonio.

La sacerdotisa polar se aproximó a su joven Reina y esta se inclinó para prodigarle un beso de agradecimiento, cosa que fue cortada por la propia Wong, desviando el rostro a su mejilla izquierda. No estaban solas… y Natsuki lo notó tardíamente.

-Natsuki…- La voz de Mai tenía un tono de todo menos amigable. –Me parece que sé poco de tus acciones, pero conozco de otras menos honorables y poco recomendables- La mujer en sus verdes y anaranjadas galas ceremoniales, se aproximó con el ceño fruncido. Miró con reproche las blancas ropas que su reina vestía, tomando para sí, una posición prestada, si no fuera ya suficiente crimen el haber tomado de Wong, más que solo sus vestiduras.

-Mai… no tengo tiempo para sermones- Admitió cansada la de ojos glaucos, se iba a casar dentro de unas horas y había hecho de todo, menos dormir o realizar los ritos establecidos para tales menesteres.

-¿Esta fue la solución que encontraste conveniente? ¿Una Uruha para tu servicio personal cuando vas a desposarte mañana?- Lanzó al aire sus insultos presa de un enojo desmedido.

-¡Calla!- El grito enfadado de Natsuki nunca se había alzado en tal tono sobre la sacerdotisa del fuego eterno. Notando la mirada abrumada de la pelinaranja la morena suspiró y habló con más serenidad. –No tolero, que la insultes… ella solo, me ha obedecido tal y como tú lo haces cada día… fuego eterno y polar gélido, ustedes dos son iguales ante mí y no concedo que le faltes-

Efectivamente, Nina y Mai se miraron a los ojos, para Tempuria había solo dos personas a la altura de la corona, las líderes de las dos órdenes sagradas, Mai Tokiha sibila del fuego eterno, quien representaba el día y el sol, el correr del tiempo a la vista de Chronos; y Nina Wong, La sacerdotisa del polo gélido, quien representaba la noche y la luna, el correr del tiempo en la vista cerrada de Chronos, allá en sus oníricos.

-Chronos, pueda perdonarte… ¡Su piel era intocable para ti! Si no ibas a desposarla de cualquier modo- Mai no pudo contenerse, era su deber velar por la persona que tenía frente a ella, desde la más tierna infancia se había enaltecido ante el nacimiento de una criatura tan bella como ella, había jurado cuidarla como si fuera una hermana mayor cuando la reina Saeko aún vivía y nada de aquella oscuridad se había cernido sobre el mundo.

-Tokiha… solo se viola nuestra ley si ella toma por la fuerza la virtud de una dama, pero no se juzga a nadie si se concedé por voluntad un instante semejante, y yo… no le he negado nada- A pesar de todo Nina no perdía la calma, sabía de los juicios de los demás, su sola naturaleza era extraña pues como ella no habían dos y no había encontrado a nadie que pudiera ayudarle a reconstruir su orden. –Yo… se lo pedí- Admitió esta vez con un sonrojo que podía verse incluso más allá de los velos que usaba siempre, porque solo ante Natsuki había expuesto el rostro.

Para Mai, la forma misteriosa en la que siempre se presentaba la joven Wong le generaba un dejo de desconfianza, y el que se hubiera acostado con su reina, desequilibraba la soberanía establecida desde tiempos remotos, temía pues que la corona de su nación no estuviera sobre la cabeza de la joven Tempus, si no sobre el lecho y los susurros de la chica a su lado. Teniendo a la reina convencida y con su propio voto, serían una relación de dos contra uno, lo cual arriesgaría que las decisiones más importantes fueran tomadas por lujuria, no por el bienestar de todos. –No, cuando es de la Reina y la sacerdotisa polar de quien se habla… en verdad no puedo ni créerlo- Gruñó molesta. Luego palideció al pensar en otra posible disyuntiva… –Y si ustedes, par de irresponsables llegaran a…-

-Eso no pasó… el Ovum está en el templo y claro que no hemos buscado esa posibilidad- Aclaró Natsuki con tono abochornado.

-Pues saben que a veces pasa… estamos en medio del ciclo del sol rojo- Mai no daba crédito al hecho de tener que explicarlo, se cruzaba de brazos indignada, todo Saxar conocía el ciclo anual que los rige incluso en aspectos tan triviales como la reproducción.

Nina bajó la mirada, delatando que en efecto la dama tocaba un tema sensible. -Si eso es todo lo que te preocupa- Murmuró con voz lúgubre y una mirada mortalmente fría. -No temas, mi Ovum se perdió en el ataque a la meseta de Ming y el suyo no podría ser tocado, si su esposa no abre la cerradura-

Al escuchar aquello un escalofrío recorrió la espalda de la peli naranja. -Nina… como lo siento, yo no…- Notando tan tarde su error.

-Ningún Tempuria lo dice en voz alta, pero todos lo sabemos… el destino solitario que le aguarda a los infortunados cuyos Ovum fueron destruidos por los Reptilian- Le restó importancia adelantándose a la cámara del castillo en la que esperaban prepararlo todo para el matrimonio de su gobernante.

-Pues culpa a la sacerdotisa de la orden Tempus Vitae…- Añadió Natsuki antes de seguir adelante, jamás se le habría pasado por la cabeza yacer con nadie que no fuera su esposa, pero ella lo había exigido para poder auspiciar la boda. Lo primero que tenía que hacer era quitarse ese mar de polen y pigmentos que se le adhirieron a la ropa debajo de los velos, cambiar las vendas y rogar que los moretones no se vieran en la parte expuesta de su atuendo nupcial.

La sacerdotisa del fuego eterno, se acercó apenada a la otra morena, arrepentida por sus palabras y por no medir sus acciones, ciertamente lo acontecido, no podía deshacerse por lo que sus reclamos, desentonaban... Naturalmente para alguien que moriría sin ver una semilla crecer de su sangre… tal vez, carecería de sentido la idea de guardarse para el matrimonio. -Nina… perdóname-

-Ya te dije, no importa- Suspiró cansada. -Deberías ir por el traje de bodas de Natsuki ¿Serías tan amable?- Dijo esto para deshacerse de ella.

-Si…- Sabiendo que por el momento las disculpas estaban de más, Mai se apresuró a ir a la sala de los reyes, por el traje que había sido confeccionado para su majestad en un día tan importante.

Estando entonces a solas, Wong entró en la sala de baño donde su querida Reina retiraba de si las prendas que le había prestado aquella tarde. –Fuiste amable, al obsequiar el cofre…- Nina sonrió, incluso fingiendo ser alguien más, Kuga no dejaría jamás de ser Kuga.

-No lo di todo- Natsuki sonrió en respuesta y de debajo del manto Élide que Rena le obsequió, el cual estaba un poco manchado de pigmentos florales, lodo y otros, extrajo el collar que Shizuru depositó en su mano con tanto desdén. –Gracias por prestarme, tus ojos y tu voz- Susurró en el oído de Nina mientras le ponía el collar que la declaraba ganadora de la cruzada de los Elfen.

-De nada…- Nina estrechó cerca de su pecho, las prendas usadas por su joven reina. La ropa que usaba como sacerdotisa polar, tenía estampados peculiares en un hilo plateado que daba las vistas de hielo, lo que hizo pensar a la multitud que era ella quien enfrentaba la competencia en primer lugar, después de todo sus atuendos solo dejaban ver un recuadro de sus ojos y una pequeña porción de la boca, por lo que nadie se cuestionó el cambio de color de sus iris entre el momento de la victoria y su arribo al palco. Tras haber ganado nadie se preocupó de velar el uso de la magia, pues técnicamente no sería trampa ya habiendo ganado, así un simple conjuro le concedió a Natsuki el tener iris rojizos y replicar el color de la voz de Wong, quien ejecutó aquella magia en sincronía, para ayudar a su majestad. –Se esmeró en no ensuciarlas demasiado- Afirmó la dama, al notar apenas unas pocas manchas de sangre y de polvo.

-No quería arruinarlas, me vestí con ellas poco antes de salir del bosque…-

-Te tomaste… muchas molestias, tengo otros…-

-Pero este… me parece que es tu favorito, te gustan los copos de nieve- Musitó Natsuki peligrosamente cerca de los labios de Nina, pues su saludo había quedado inconcluso.

-¿Por qué escogiste su cinta?- Nina desvió el tema y su rostro de la proximidad atrayente de Natsuki, era cierto que si continuaban teniendo esa clase de contactos pudiera ser verdaderamente malo, sobre todo ahora que la Reina, tendría otra Reina.

La de ojos esmeralda, se apartó y continuó la labor de desnudarse sin pudor alguno, pues la dama su desnudez ya conocía. Prefería no pensar demasiado en sus sentimientos, pero si Nina preguntaba, siempre sería para ella su respuesta la más honesta. -El perfume de jazmines que usa se confunde con su esencia natural a la altura de su cuello, allí reposa esta cinta… le pedí un fragmento de ella, para tener algo suyo cuando su corazón no me corresponda-

-No es justo…- Tenso la mandíbula, aun con todo, tomó la cinta que había sido depositada sobre el muro, a un lado de la enorme tina en la que Natsuki se sumergía para lavarse. Dobló la prenda y la posó sobre la cama, conocía tan bien a Natsuki, que tenía la certeza de saber, donde la llevaría desde ese momento hasta el final de sus días, por la dama castaña cuyo amor no correspondía.

La Kuga sonrió comprensiva, odiaba molestar a la sacerdotisa, porque era raro que ella perdiera la calma por alguna cosa. Pero Nina, ni Mai o algún otro Tempuria sabe la razón de su aceptación. El filum Fatum de Shizuru había muerto y solo el tiempo le daría a saber, si alguna vez ella le daría espacio en su corazón, hasta entonces, esperaría por ella. –Déjame dibujar un cuadro en tu mente, si ella muriera… Nina, yo no sabría ser nadie, preferiría yacer con ella en la morada de Lacrom, que vivir sin su presencia en este palacio-

-¿Tanto la ama?- Aunque lo intentara esconder, Nina no pudo disimular una mueca de dolor. –Dejaría a su pueblo en soledad por ella… una Élide- Y dijo pueblo, solo por evitar mencionarse a sí misma.

-Tanto así…- Natsuki no negó y sabría que eso quedaría expuesto dentro de unas horas. -Así que perdona mi egoísmo, contigo-

-Yo acepté ese lugar, pero no será más… desde mañana, solo eso te pido- No consentiría ser amante de su reina, llenar un espacio sería por demás humillante.

-No tendrás un lugar inferior, nunca y yo nunca volveré a tocarte…- Sabía que la soledad que se sentiría por ello, quizás duraría años, pero era lo más justo. -Te lo prometo- Añadió al final con una venia.

-Gracias…- Acarició con suavidad la mejilla de la Reina, tan gentilmente que casi se olvidaban las labores que tenían pendientes cada una. -Iré a danzar… luego irás tú, así que reposa un poco después del baño, no querrás tener ojeras el día de tu boda-

-Me había olvidado de esas vanidades- Sonrió, antes enjabonar y enjuagar su piel, así como sus cabellos. La vió partir, mientras Mai entraba con su traje nupcial en una bandeja de plata y miraba con extrañeza al par ¿Desde cuándo Natsuki se había vuelto tan desnudista? Lo siguiente fue todavía más raro. -¡Hey Nina!… no más esconder tanta belleza, hiciste un voto y me lo prometiste-

La sacerdotisa polar se detuvo y gruñó suavemente, pero acorde a su palabra, tomó la parte superior de su indumentaria y deshizo los nudos, retirando de su cabeza la capucha que usaba siempre y parte de la cobertura de su torso, quedando así en la falda lunaria y en el top ceremonial. A la vista de Mai, una cascada de cabello ébano, se depositó casi mágicamente sobre una espalda nacarada, llena de tatuajes dorados tan intrincados como hermosos había visto nunca, todo sin mencionar las finas facciones de la hermosa mujer que ahora sabía era, Nina y que al no haber visto nunca lucir los atuendos ceremoniales de su danza Nocturna, le hizo perder el habla y hasta la coordinación, pues el estruendo del metal contra el granito resonó en la sala. Por mirarla había descuidado sus menesteres… si lo supiera Mikoto, vaya problema tendría.

-Wo…- Susurró por lo bajo, mientras recogía la charola. -Hasta yo le habría pedido salir de haberlo sabido-

-Y te habría dicho que si… Mai- Respondió Nina, simplemente divertida, pues claro que había oído el comentario. –Pero Mikoto me habría matado mucho antes de poder acercarme-

Mai se volvió a mirar a Natsuki, quien se estaba riendo de las circunstancias. –¿Qué rayos ha pasado con ustedes dos?- Pestañeaba intentando recuperar la serenidad propia de su postura. –Ahora ella no camina, levita… y tú ya no te apenas, te exhibes…-

-Siempre que no se haya estropeado mi traje de bodas… tendremos tiempo para que te lo explique- Natsuki salió de la tina y se envolvió en una toalla de lino, todo ante los ojos violeta de Mai, quien había tenido y sin desearlo, demasiada belleza expuesta a la vista. Estaba segura que de no haber sido por la noche oscura y los Reptilian, ese par se habrían desposado… pero los dioses tenían un curioso y torcido sentido del humor.



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6 comentarios:

  1. Dios mio cada vez que leo un capitulo de
    me quedo con ganas de mas. Espero que
    pronto y agradezco que continúes la hist
    un placer leerte.

    Saludos. Puka159

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  2. Debería existir una opción para editar comentarios publico de nuevo mi comentario y esta vez completo.
    Dios mio cada vez que leo un capitulo de esta historia me quedo con ganas de mas. Espero que publiques pronto y agradezco que continues la historia porque siempre es un placer leerte.

    Saludos Puka159

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  3. Gracias por actualizar ya estaba esperando que pasa con la pareja, Nat queriendo tener el amor y Zuro que lo esta sintiendo a base de celos , ya quiero boda

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  4. Buen capitulo. ¿Para cuándo Danza de Lobos?

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  5. Feliz inicio de año es peremos que en este nuevo año puedan terminar todas las historias inconclusas

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