Esperamos tu historia corta o larga... Enviar a Latetafeliz@gmail.com Por falta de tiempo, no corrijo las historias, solo las público. NO ME HAGO CARGO DE LOS HORRORES DE ORTOGRAFÍA... JJ

Te juro que no recuerdo nada - Vall Lynch - 9


                    9.                 


         Estábamos en mi habitación como muchas otras veces antes y llegó a mi mente la canción, "Enamorado- Gregory Palencia".
         La miraba y sólo pensaba en besarla, así que en un principio preferí mantener un poco de distancia entre las dos sentándome en una silla de frente a ella que se encontraba sentada en mi cama, tan hermosa como siempre, la había extrañado demasiado. Quería saltar sobre ella y comérmela a besos, abrazarla y confesarle todo lo que provocaba en mí. Me estaba costando horrores pero debía controlarme porque aunque hubiera descubierto lo de hacía dos años atrás, aun me preguntaba por qué ella nunca me lo dijo, ya que era obvio que lo sabía ¿Por qué? Ésa era la cuestión.

         Necesitaba saber si lo había ocultado porque no le importaba o porque tenía miedo. Tal vez sentía vergüenza. Si me lo pensaba un poco yo no tendría el valor ni de mirarla a la cara después de algo así. Cabía la posibilidad de que para ella fuera algo que prefirió borrar de su mente, tal vez porque no sintiera nada por mí. Quizás porque nos convertimos en amigas y eso volteaba un poco la torta. Pero esa noche de Diciembre soltamos a flor de piel muchas emociones y sentimientos. No podía ser sólo por el efecto del alcohol, era imposible que sintiéramos algo más que vergüenza por nuestros actos, si en nuestra memoria lo sucedido era una nube confusa de imágenes y sonidos, no debía afectarnos tanto. Sin embargo, ese beso en la enfermería no podía ser un error. Yo la sentí. Ella me correspondió.
         Me entristecía el hecho de que me hubiera confundido con alguien más a pesar de que pronunció mi nombre. Ese golpe que recibió pudo aturdirla lo suficiente para no ser consciente de que era a mí a quien besaba, no podía ser peor mi suerte.
         Aun así, ahí estaba ella preguntándome  si me gustaba Johana. No Podía negarme a mí misma que tuve mis dudas al compartir tanto con ella, me hizo cuestionarme muchas cosas. A pesar de eso, lo único que confirmé era el hecho de que me gustaban las mujeres, algo que me ayudó a dejar de ahogarme en mis sentimientos. Si había una mujer que me gustaba, ésa era Vanessa. Ella y solo ella. En cuanto tuve eso claro en mi mente lo demás tomó forma por sí solo.
         Estaba muy enfrascada en que me gustara alguna mujer, aseguraba que no era homofóbica, pero no me bastaba, necesitaba estar segura de si sentía algo por mí, si Johana no era de su agrado comprendía su antipatía al creer que era ella la agraciada. Necesitaba algo más neutral. Me armé de valor y tomé asiento a su lado en la cama, había apartado su vista de mí y no podía quedarme como una tonta sin hacer nada al respecto. Tal vez que me gustara otra que no fuera Johana, despertaría algo en ella. Sin embargo, no se me ocurría otra cosa que mentirle. Podría decirle que era alguien que ella conocía y que me avergonzaba que lo supiera. Sólo quería saber si le molestaría o no.
         —Daylis, te estoy hablando—su voz me sacudió—Te pregunté que quién es o si la conozco.
         Se le veía muy apurada por mi respuesta. Sus risos estaban más hermosos que nunca, su boca tan cerca y tan sexy aún con lo tensa que lucía, se había convertido en una línea recta y en parte me hacía un poco de gracia que no se diera cuenta de que me refería a ella misma. Me divertía cómo ignoraba los deseos locos que tenía de tocar esas hermosas piernas. Qué cruel por su parte aparecerse en mi casa con semejante manjar y no dignarse a brindar aunque sea un poquito.
        —Estaba pensando que no tiene importancia porque tal vez esa chica no sienta lo mismo por mí.
        — ¡Qué tonterías dices! Eres hermosa— al decir eso apartó su mirada de mí y no pude indagar en sus ojos.
        — ¿Lo dices en serio?— le pregunté con ilusión.
        —Por supuesto que sí— me aseguró aún sin mirarme.
        —Seguro sólo lo dices porque eres mi amiga.
        — ¿No se te ha ocurrido que tal vez lo digo porque puedo?
        —Ha. Sí, claro que puedes...
        En verdad no entendía del todo a qué se refería.
        —Quiero decir, que tal vez a mí también me gusten las mujeres.
        Fue entonces cuando me miró y pude ver que hablaba en serio. Todas las ideas se me desajustaron.
        — ¿Hay alguna chica en especial para ti?— no era mi técnica más sutil pero me sentí desfallecer ante semejante información.
        — ¿Qué? No... Este... Estábamos hablando de ti no de mí.
         No entendía por qué balbuceaba.
        —Bueno. Disculpa, es que me has sorprendido.
         —Créeme que yo estoy más sorprendida que tú—me dijo con seriedad.
         Ahora sí que no tenía idea de qué hacer. Qué tontería había hecho. Ojalá no hubiera hablado de más.
      — ¿Cuándo te diste cuenta?—le pregunté.
      — ¿De qué?— parecía perdida.
      —De que te gustan las mujeres.
      —Hace poco.
      —Pero... —debía arriesgarme—Y lo que hicimos esa noche...—su cara enseguida cambió de color— ¿Crees que lo hicimos por eso?
      —Ah... ¿Dices que además del alcohol, eso...También influyó?
      —Bueno. Eso creo—no estaba segura de estar haciendo las preguntas correctas.
       —Entonces... Pudo ser con cualquiera... Digo, nos hubiera pasado con cualquier otra mujer. ¿Eso dices?
       — ¿Qué? No. Yo no sería capaz—la sola idea me parecía imposible.
       — ¿Ni siquiera con esa chica que dices que te gusta?
       Era oficial. Se le daba mejor que a mí hacer preguntas.
       —Bueno, tal vez. No sé.
       — ¿Cómo que no sabes? ¿Qué sientes cuando la ves?
       No podía contestar eso sin besarla ahí mismo.
       —No es algo tan sencillo, Vanessa—aparté la vista de ella.
       —Pero lo hiciste conmigo y es ella quien te gusta, no yo.
       —No es igual. A ti te conozco, confío en ti...— no tenía idea de qué decirle para que dejara de acercarse más mientras buscaba mi mirada— Tengo miedo... —fue mi mejor defensa y además era la pura verdad.
        —No seas tonta— colocó su mano en mi mejilla haciendo que me volteara a verla. 
        Estaba tan cerca de mí, su boca, la miré con ganas. No podía resistirme.
        — Vanessa, yo...
        —Dijiste que confías en mí.
        —Ah. Así es— no entendía nada.
        —Cierra los ojos— me pidió.
        —Está bien— dije y obedecí su mandato.
        —Te haré una pregunta y quiero que la contestes sin abrir tus ojos.
        —De acuerdo— respondí y con mis ojos aun cerrados pude sentir que se acercaba más a mí.
        — ¿Me dejas darte un beso?
        —Sí.
        Respondí y no pude evitar sonreír. No tenía idea de qué pretendía pero un beso suyo sería un sueño hecho realidad para mí. Me sentí muy nerviosa cuando la mano que tenía sobre mi mejilla pasó tras mi nuca sujetándome con la misma suavidad que en un principio, su nariz rozó la mía anticipándome el roce de sus labios. Mi boca se entreabrió sola para recibir su beso. Me atrapó en un beso sencillo al cual correspondí, al parecer sólo esperaba mi reacción porque al instante sus labios obtuvieron más movimiento. Era una delicia. Sus carnosos labios, esa boca sexy, era todo para mí y lo recibía con un gusto agobiante. Besaba tan bien que era irreal, como si supiera todos los secretos del arte de besar. Mi alma se llenó de suspiros por tanta dicha. Un ardor hacia hervir mi sangre, aceleraba su recorrido por mis venas, mi corazón bombeaba dentro de mi pecho, no podía pensar con claridad. Estaba demasiado excitada y no pude aguantar, mediante una muda petición solicité permiso para dar paso a mi lengua, su boca se abrió cuando mi lengua se paseó por su labio inferior, la punta de su lengua se encontró con la mía, la humedad del interior de su boca me erizó la piel. Al parecer lo hacía bien porque tomó mi rostro con sus dos manos y su lengua empujó contra la mía al tiempo que atrapaba mis labios entre los suyos.
         Coloqué una mano sobre uno de esos ansiados muslos sedosos y pulcros dejando que mi otra mano libre se aferrara a la sábana de esa cama sobre la cual me moría de ganas por recostarla. Sus labios, su dulce y adictivo sabor me enloquecían, podía anticipar la total pérdida de mi escaso autocontrol. La punta de mis dedos se toparon con la tela de su falda.
         No sabía si ella me permitiría ir más lejos del punto en que nos encontrábamos, tenía mucho miedo de que se apartara espantada, mi mano sobre su muslo bajó un poco más hasta posarse sobre su rodilla, decidí dejarla ahí por precaución. Y también por un poco de duda que de pronto me embargó al recordar que aquel Diciembre el alcohol me impulsó y desinhibió de una manera descomunal, pero ahora que estábamos sobrias no podía saltar sobre ella como loca y manosearla sin cautela por todas partes. No me sentía tan segura.
 Ella sin embargo, me quitó el gancho que sujetaba mi abundante cabello, dejándolo caer como por error, sus dedos hurgaron entre mi fino pelo, la yema de sus dedos se deslizaron tras mi nuca masajeándome el cuero cabelludo con destreza, era algo inexplicable para mí, sus intensos besos, sus suspiros ahogados en el interior de mi boca, me incliné más hacia ella buscando reducir los pocos centímetros que nos separaban ya que yo seguía siendo un poco más alta, sus dedos se cerraron sujetando mis cabellos con una fuerza excitante, deseaba tanto tocarla un poco más.
         Mi mano que se había estado aferrando a la sábana se atrevió a desobedecer la orden que le dicté desde el inicio, como poseída, se escabulló bajo su blusa, dejándome descubrir la suavidad que emanaba la piel de su espalda tibia por estar bajo la protección de esa tela estorbosa, mis dedos curiosos se pasearon con antojo, ella se irguió un poco provocando que mis dedos desearan subir, cuando se encontraron con el broche de su brasier, al instante descendieron despacio hasta que logré sacar mi malcriada mano por su costado negándole la petición de posarse sobre su cintura y sentir la peligrosa curva conectada a sus caderas.
          Al hacer eso ya sus brazos rodeaban mi cuello y la simple inercia me colocó sobre ella al tiempo que nuestras bocas se separaron, entonces nuestros ojos se abrieron. Pude ver sus risos esparcidos sobre mi cama mientras me sostuve con mis antebrazos para no aplastarla. No supe cómo o por qué una de mis piernas estaba entre las de ella, por suerte yo tenía puesto unos jeans, no resistiría el rose de sus muslos con los míos al natural.
          Había llegado más lejos de lo que pensé que llegaría, ella no decía palabra alguna, sólo nos mirábamos y me preguntaba si lo que estaba sucediendo era real o solo un juego para ella. La tenía ahí entre mis brazos justo como deseaba, decidí dejar de pensar tanto y me acerqué para besarla una vez más.
           —Daylis… ¿Qué haces?—su voz melodiosa me detuvo.

           —Quiero besarte.

           — ¡No!

           Me empujó a un lado apartándome de ella dejándome aturdida y confundida. No comprendía para nada su repentino rechazo.
           —Vanessa…— la observé con atención mientras se ponía en pie con aparente enfado.
           — ¿Qué pasa contigo?—me dijo ya de pie mientras me miraba con desdén— ¿Es que te gusta todo el mundo, o qué?
           — ¿Cómo? ¿De qué me hablas?—me senté en la cama buscando lógica a lo sucedido.
          —Primero, estás todo el tiempo con Johana, luego me dices que te gusta una chica, la cual no es Johana, y ahora… estás aquí… conmigo.
          —Vanessa, las cosas no son así, cálmate—le dije olvidando que decirle eso sólo la enojaría más.
          — ¿Ah, no?—objetó, su cinismo me dolió.
          —No entiendo qué te pasa, ¿Me besaste y ahora me saltas con esto? Tal vez seas tú la que tiene un problema.
          —Pero… Sería solo un beso y tú…
          — ¿Yo qué, Vanessa?—me puse de pie y quedamos frente a frente.
          Entonces ella retrocedió un paso como si yo fuera a hacerle algo malo.
         —Sólo quería ayudarte a soltarte un poco, parecías muy tímida e insegura. ¡Pero por lo visto no lo eres y creo que tú solita puedes ir y conquistar a esa chica que te gusta o a cualquier otra que prefieras!
       — ¡Oh, señora inocencia, disculpe usted el atrevimiento!—sea lo que sea que pretendiera no me hacía gracia.
       — ¿Cómo puedes…?
       Fue en ese momento que presté atención al brillo acuoso que se formaba en sus ojos.
       —Hey, perdón… Es que de verdad, no es lo que piensas. Yo no quiero conquistar a nadie, y ya te he dicho mil veces que no me gusta Johana… Dios, no debí…
       — ¿Qué no debiste, Daylis? Lo hecho, hecho está.
       No podía creer que me acusara sin siquiera tener idea de lo que pasaba en realidad, había sido una tonta al decirle que me gustaba otra chica cuando no fui capaz de resistirme a un beso suyo. Caí como una imbésil en mi propia trampa.
       —Por Dios, ya no quiero más enredos, Vanessa…
       —Yo menos, así que mejor me marcho—dijo dando un paso a un lado en dirección contraria a donde me encontraba.
       — ¡Qué manía la tuya de nunca dejarme terminar de hablar!
       —Ya no tienes que explicarme nada, Daylis, lo único que te diré es que yo no seré tu experimento.
       —Eso podría decirlo yo, ya que fuiste tú la que comenzó…
       En ese momento tocaron la puerta de mi habitación. Era mi madre. Y mi suerte continuaba en picada. La puerta se abrió y ahí apareció mi madre con su ropa formal de trabajo, un silencio sepulcral se apoderó de cada rincón de esas cuatro paredes. Nadie dijo nada, Vanessa, caminó hacia la puerta y mi madre la dejó pasar después de mirarme de arriba abajo para luego prestar su atención en mi amiga que se esfumaba apurada dejándome con la palabra en la boca, un montón de malentendidos sin aclarar además de lo que me esperaba con mi madre, de paso seguro más tarde en la cena, participaría mi padre.
        Se suponía que sabía lo que hacía, en vez de irme por las ramas debí decirle que era ella quien me gustaba desde el comienzo. Por cobarde no me quedé en la enfermería con ella, no pude después de que Johana me encontrara infraganti, era obvio que Johana ya sospechaba que yo sentía algo por mi amiga, pero verlo con sus propios ojos era algo muy distinto según ella. Me había pretendido llenar la cabeza de tonterías que sólo me sembraron dudas y miedos. Tenía toda la información a mi favor y lo había echado todo a perder de la forma más estúpida posible. 
        De pronto me enojé con Vanessa, ella sabía que yo era esa desconocida que besó en un baño, sabía que casi tuvimos sexo ese Diciembre, llegó hasta mi casa con esa falda súper corta, me besó a pesar de creer que me gustaba otra, y aun así, yo era la mala de la película.    
        Tal vez era yo el experimento. Ojalá ella nunca hubiera sufrido ese golpe durante el partido, tal vez así nunca la hubiera besado, nunca me habría enterado de la verdad, esa verdad que me dejaba caer el corazón en una licuadora que giraba a toda potencia, despedazándolo sin piedad. Tenía que sacármela de la cabeza y estrellarme de una vez contra la realidad. Ella no sentía lo mismo por mí, aunque también le gustaran las mujeres, mis besos no significaban nada para ella, tal vez sólo era su primera experiencia y nada más, qué ilusa había sido al creer que por unos cuantos besos y algunas caricias ella me amaba. Estaba arruinada.

valerine14@outlook.es
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La Teta Feliz Historias y Relatos ® Vall Lynch - Derechos Reservados
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7 comentarios:

  1. Que capitulo tan fuerte, las cosas se complican y mucho

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  2. Pero por que!!!! Hablando se entiende !a gente...

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  3. Hola para cuando el próximo capítulo? ???

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  4. Cuando públicas el próximo capítulo??? Si no para ya no esperarlo

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  5. Buenas tardes serias tan amable de tu parte seguir con el siguiente capitulo digo para darle un final por favor

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