Esperamos tu historia corta o larga... Enviar a Latetafeliz@gmail.com Por falta de tiempo, no corrijo las historias, solo las público. NO ME HAGO CARGO DE LOS HORRORES DE ORTOGRAFÍA... JJ

Danza entre lobos - Cristalsif - 48

Danza Entre Lobos

Capítulo 48

Vindicta III

 


Las encontró la luna en cenit, desnudos sus torsos con apenas una sábana cubriendo sus suaves pieles bajo la cintura, desveladas con temor a dormir por perder otra vez tiempo valioso, con la mirada puesta en la otra, con las piernas entrelazadas. La joven de iris ígneo, acariciaba con adoración amorosa la mejilla de su amante mientras la aguamarina mirada le era devuelta con igual devoción. La pasión consumada en múltiples ocasiones había devuelto la calma y la serenidad a Nina, quien más allá de las quejas de su cuerpo aún intoxicado, le mostraba a Erstin un sentir más gentil que solo la lujuria desmedida. Con calculado movimiento buscó en el cajón más cercano, encontrando en él una cadena húmeda por el agua que lavó el vino ponzoñoso que le fue vertido encima. El collar cuyo dije de inmediato reconoció Erstin fue posado en la palma de su mano.


— ¿Lo llevas contigo todo el tiempo?— Dedujo al notar lo frío y mojado de la gargantilla, por no mencionar que así se hallaba Nina hace unas horas.

—Siempre... lo retiré para quitarme la ropa mojada, segundos antes de que llegaras— Musitó abochornada.

— ¿Por qué?— Temblaba su mano en la cual encerró el anillo, el conocido ‘diamante de Venus’. — ¿Por qué lo llevas contigo si ya no éramos nada?—

—Yo no he dejado de pertenecerte un solo momento, aún si te hice pensar lo contrario— Le dió un suave beso a sus labios. —Incluso sentí que se rompía mi corazón cuando lo devolviste... en ese instante pude imaginar el daño que yo te hice, pero esperaba que en otro momento pudiera hacerte ver, que no me interesan ellos, me importas tú y sabes que... no quiero sentirme arrepentida todo el tiempo, te juro que en cuanto libere a Natsuki para que pueda ver nacer y crecer a sus hijas...— hizo hincapié en ello, desvirtuando cualquier otra idea posible en la mente de la bella Ho. —Serás mi esposa y te llevaré a conocer otros lugares, otros maestros escultores, pintores y orfebres, quiero que hagas lo que amas hacer, que puedas apreciar otros estilos... y creo que yo necesito también un respiro de Fukka y sus monstruos, de ser lo que debo ser por el bien de otras personas, quiero ser egoísta contigo... porque nada duele tanto como no tenerte en mi vida—

Lágrimas esta vez de alegría surcaron las mejillas de Erstin mientras  se abrazaba a la mujer que amaba, tenía la sensación de que aquellos amargos días acabarían pronto, por lo que se volvió a mirar a su novia con interés. —Con el incidente y las personas intoxicadas ¿Qué haremos?—

—No puedo esperar, incluso si yo misma padezco los malestares de aquel veneno ardiente... temo que Natsuki no tenga más tiempo, no con la luna escarlata tan próxima, más aún no puedo olvidar que ella ya no lleva consigo la fuerza de la bestia que solía ser, no lo dije antes, pero pensar que Nagi lo descubra me aterra tremendamente, ¿qué le impediría matarla en tal caso?—

—Si sientes dentro de ti que ella está viva entonces, lo está. Iré a preparar a los que estén en pie de lucha, les animaré a ello...— Quiso levantarse de la cama, pero la mano de su amante aferrada a su muñeca se lo impidió.

—Espera... aún faltan unas horas para que sean las 6 y no has dormido nada— Con una sonrisa en la boca atrajo a Erstin y le plantó un beso en los labios, podría amarla incluso más veces, pero estaba consciente que la empresa que les esperaba sería tremendamente más difícil sí no reposaban aunque fuera un poco. Por otro lado, estaba a unos instantes de cumplir su anhelo, despertar con la hermosa herrera a su lado, quería sin duda saber lo que se siente. Con delicadeza tomó el dije, movió los rubios cabellos a un lado y lo colgó del cuello de Erstin. Luego la abrazó por la espalda y se acomodaron para dormir, casi un instante después de reposar sus cabezas en la almohada, las dos mujeres viajaron al mundo de los sueños, teniendo la certeza de que incluso los oníricos más dulces no serían comparables con el derroche compartido durante esa noche.

Unas horas más tarde, Erstin fue la primera en abrir los ojos, intentó por todos los medios no despertar a Nina al abandonar el lecho, pero el más tenue movimiento alertó a la morena de sus intenciones malvadas. — ¿No te marcharías sin despedirte? ¿O sí?— Musitó con voz por demás ronca cuando aún oscilaba entre la realidad y el sueño.

—Te daría un beso al final— Anunció con una sonrisa abochornada, tomando sus prendas de ropa, de las cuales algunas estaban desperdigadas por aquí y por allá. Todo ese tiempo se sintió observada por los iris de magma, advirtió que le gustaba la sensación porque la pelinegra no solo la miraba con deseo, podía palpar su amor en el brillo de sus crecidas pupilas.

— ¿No quieres ducharte conmigo?— Dijo la Kruger saliendo de la cama, dispuesta a prepararse para el inicio de aquella travesía.

—Tengo que intentar pasar desapercibida en el retorno a mi habitación, si llegase bañada, Maya lo sabrá y no creo que sea prudente— Refutó abrochando los botones de su vestido. —En verdad no quiero más problemas con ellos, no quiero su intervención— Poniendo cada prenda en su lugar, no pasó mucho tiempo antes de que estuviera lista.

—Nos veremos pronto, en los establos antes de salir...— Lo comprendía, que si las cosas estaban bien entre ellas no necesariamente todo sería color de rosa con su familia.

—Así sea...— Se acercó a Nina y acarició sus labios por un breve momento en un tierno beso de despedida. —Ve a la ducha, te prometo que después tomaremos una juntas— Se encaminó a la puerta, mientras cautelosamente guardaba el dije de su anillo de compromiso debajo del vestido.

Abrió la puerta esperando no hacer ruido, cerró tras de sí, pero al voltearse debió contener por reflejo un grito de espanto, la mirada oscura de la madre de sus sobrinos se apreciaba acusadora. ¿Qué hacía allí? ¿Esperarla? Con el corazón galopante y un vacío en el estómago, apreció el agarre que Maya ocupó en su brazo, con una brusquedad tan poco habitual en ella, sumado al sonrojo iracundo que no escondía su faz, quedaba más que claro qué estaba pensando la mujer.

Se dejó mover lejos de la puerta, porque un grito o sonido extraño de su parte, seguramente haría salir a Nina en quizás no los más apropiados atuendos, lo cual sin duda ocasionaría más problemas. —¿Qué haces aquí?— Musitó por lo bajo de camino a la habitación que compartía con Christin y Alanis.

—¿Además de esperarte?— Comenzó a gesticular como si le estuviera gritando a la rubia, pero su tono enojado apenas era audible para las dos, —...pensé lo peor cuando no llegaste en la madrugada, pero me quedé corta— Le dió la clase de mirada que solo una de cascos ligeros merecería.

Indignada por demás, Erstin se zafó de la mano de su cuñada con facilidad, era fuerte de sobra. —No sé lo que estés pensando, pero entiende dos cosas...— Le mostró el dedo índice, exponiendo su primer punto. —No es lo que sea por lo que me estés juzgando— Añadió el medio para exponer el segundo punto. —Bajo cualquier circunstancia, no te incumbe... mi madre murió hace muchos años, no intentes ocupar ese lugar—

No intentaba ser su madre, eran casi hermanas así que las palabras igualmente dolieron. Enojada amenazó con la única cosa que podía. —Taro va a saberlo ¿Me oyes?— Gritó entre susurros.

—Lo que él haga, me tiene sin cuidado o ¿Acaso yo cuestioné sus ligerezas antes de su boda hace años?— Fue un golpe bajo y ambas lo sabían. Pero no iba a ceder ni un poco... —Ya perdí bastante por sus elecciones, si tengo algo que perder todavía, que sea por mí y no por él, al menos tendría que pagar los platos que yo he roto, no los suyos— Taro se lo debía, así lo sentía.

—En verdad espero que no tengas que arrepentirte de esto— En el fondo Maya no quería que las indiscreciones de Erstin se supieran, podía deducir con solo mirar el brillo en sus ojos lo que había pasado, ni qué decir de las marcas en su cuello. Sabía incluso que la siempre disciplinada Nina Kruger Kuga, había tomado como muchos y por error, un vino en mal estado, el cual había intoxicado y animado la virilidad de varios hombres en la velada. Así que las deducciones eran obvias… no necesitaba una afirmación y es que la idea de que la Duquesa jugara con las emociones de Erstin, le hacía hervir la sangre. Eso era lo que no soportaba de la proximidad de aquella infame mujer que incluso y pese a haber roto su compromiso, aún así había tomado la virtud de su joven y crédula cuñada. Sin decir más Maya se alejó del sitio, dando a Erstin la oportunidad de acudir a su habitación y prepararse apropiadamente para el viaje a Fukka.

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Miedo, pérdida... zozobra. Se había prometido no volver a sentir algo semejante, pero allí estaba la angustia atrapando cada pensamiento. ‘Traidores’, esa palabra le atormentaba junto a la sonrisa de Hideki al pronunciarla, la expresión complacida de su rostro delataba un placer vinculado normalmente a los deleites que compartía con su amante antes de que este muriera, la siguiente cosa que aquel esbirro adoraba, era ver caer a aquellos predilectos de Nagi, para ascender un nivel más en la escala. Solo ella estaba por encima de él en la escala de aquel Conde y ello era algo de lo que dudaría desconfiada algunas veces. Aún así, la posibilidad de que ellos fueran la siguiente ficha por caer, era suficiente para volverla loca.

Zade... Darsiv... no quería perder a su familia una vez más. La idea de sentir una cosa semejante llenaba de pánico su mundo y helaba su corazón calando poco a poco hasta los huesos. Si sabía de la tortura, era meramente porque había vivido una propia, era desde su propio padecer que encontraba fácilmente lo que a otros lastimaba... tan sumergida en su propia maraña de pensamientos estaba que no veía más allá de su propia pena, su víctima más reciente caminaba a su lado el mismo camino, tan perdida como ella misma.

Natsuki…

El paso que silente no se oye, no se siente, suele atribuirse a los fantasmas… ¿Qué era ahora? Se preguntó la de opacos iris esmeralda en medio de su mustio caminar, era un espectro a la merced de un cazador vil y descreído, se respondió a sí misma.  Si él, que no temía a las deidades, podía triunfar en su oscuro proceder ¿Qué lealtad debía guardar a quien en el momento más crudo se desvanecía? Había pensado en Ame no Mikoto en las horas más oscuras, pero su voz pareció ser tan muda porque ni las más fuertes imploraciones atrajeron su presencia. Los dioses, no sería por ellos que saldría de allí, lo aceptó al final.

Levantó la cabeza y se detuvo generando sospecha en Hideki. —Será la última vez, ya no lo preguntaré y no va a importarme entonces… ¿Por qué me odias tanto?— Observó a la pelirroja con toda la amargura que podía contener su alma.

De este modo Nao no pudo evitar pensar en ese tiempo, en ese momento terrible cuyo destino se hubo modificado, porque pasó en el que esperaba fuera uno de los instantes más dichosos de su vida.


——
Solo recordaba tres razones de dicha plena: La noche primera del goce absoluto con Zade y las que vinieron; La sonrisa de Lana y los ojos amorosos de Kenji al contemplarla junto a Genko y Haruhi; estar junto a Natsuki en la fuente y hablar durante horas... cuando el mundo aún tenía sentido.

Era feliz, de formas que jamás volvió a serlo... cuando pensaba que no sería como todas las chicas ilusionadas con los arreglos de una boda, estaba más que feliz ayudando a su hermana y aprendiendo sobre cómo sería en algún tiempo la suya propia, Haruhi había estado más que contenta por las noticias que no tardó en comunicarle sobre su acuerdo con ‘el Duque’. Las tareas que realizaba para ayudar a su madre ocupaban su tiempo cuando Natsuki se ausentaba y sus aproximaciones crecían cada ocasión en la que compartían su tiempo en el jardín, pero aún no contaba con el valor de robarse un beso, para sentir una vez más aquel electrizante cosquilleo. Claro tenía que Natsuki no daría el primer paso, en ese sentido había heredado la torpeza del señor Takeru.

—Nao...— Oyó la voz de su madre mientras ocupaba un dobladillo en el juego de colchas de la cama.

— ¿Sí madre?— Levantó la mirada.

— ¿Qué deseas para tu cumpleaños?— Cuestionó la pelirroja mayor con una sonrisa en los labios.

No le haría gastar en cosas tontas. —Sabes que no hay algo que quiera, ya tengo lo que quiero...—

—Ah sí... ¿Cuéntame que es todo eso que ya tienes?— Sonrió divertida, le causaba admiración la seguridad que mostraba la menor.

—Pues te tengo a ti madre, puedo ver a mis hermanos y a papá. Tenemos un buen lugar, estás bien... estoy bien, la señora hada es agradable, están mis amigas...— En eso mintió un poco, no se llevaba bien con Nina y para las demás chicas era una niña mimada o “la Srta.” Alguien más a quien servir, pero eso no le importaba. —Natsuki...— Dijo después, pero le traicionó la voz, la expresión en su cara.

Una Lana disgustada frunció el ceño, si bien nunca concluyeron su diálogo sobre las preocupantes aseveraciones de Nao acerca de sus inadecuados gustos, suponía que ya pronto dejaría aquel capricho, preocupada evidenciaba que aquello bien podría volverse una obsesión. —Hija... ya hablamos al respecto, no quiero que estés cerca de su alteza… aún si parece un caballero, no lo es—

—Lo que pides es imposible, madre… ella no es una mala persona y eso debería ser lo más importante— No su cuerpo, su sangre ni sus títulos… valía por quien era en cada espacio de sí.

—No para gente como nosotras— Anunciaba Lana bajando la mirada, sabía de antemano que la posición al final siempre acababa importando.
Las viejas historias contaban justamente de aquel príncipe cruel al cual el poder y la riqueza le importó mucho más que una honesta doncella. Las historias algo deben enseñarte Nao—

—No son más que eso, viejas historias. Te aseguro que no le importa si soy o no de noble cuna, ni a mí me importa su posición... yo la quiero mamá— Confesó más que apenada, odiaba verse forzada a decirlo pero no tenía un modo de hacérselo entender a su progenitora.

—Nao, hablas sin saber… ser la sombra de otra mujer es la peor cosa posible— Respondió abochornada la mayor incapaz de tolerar la idea, por cuanto había sido relegada por Harumi tantos años. —Y claro que importa, porque cuando tenga lo que quiere de ti… entonces serás desechada y cambiada por esa princesa ¿Acaso no has aprendido nada de los hombres?—

— ¡Madre! Ella no es un hombre, jamás haría de mí lo que hizo mi padre contigo y técnicamente no es posible que… me pase exactamente lo mismo— Murmuró refiriéndose a su propia concepción, sin notar el reproche implícito en sus palabras.

Una sonora bofetada hizo eco en la habitación, la incredulidad en sus ojos temblorosos y el ardor en la mejilla, la cual tocó solo para estar segura de lo que pasó. Lana jamás le había pegado… pero para todo había una primera vez. Contuvo el nudo en su garganta y mantuvo una expresión orgullosa.
Siento, lamento no ser lo que esperas que sea… puedes continuar y nada, cambiará… no es algo que yo pudiera decidir—

Entre dolida y enojada, con la mano temblando por la senda bofetada que le prodigó a su hija la señora Yuuki miró a la menor, tenía la misma expresión que Genji.
Ve a lavar la ropa al río… en tanto decido qué se hará, pero óyeme bien Nao: Aún si tengo que llevarte a cualquier otro lugar y empezar de nuevo, no consentiré esta torcida relación entre tú y Natsuki—

Estuvo tentada a decir que no le importaba lo que hiciera, que no podría arrastrarla con ella… pero eso solo motivaría incluso más su deseo de partir y ello era lo que menos quería. Tomó el cesto tensando la mandíbula para no hablar, pese a lo mucho que le dolía la mejilla y la boca y se encaminó al río, sabía que podía lavar la ropa dentro del castillo, dado que la edificación tenía alcantarillas y una fuerte bomba, pero era ese un castigo, nada menos que eso.

Mascullando entre dientes, pateando piedras en el camino hasta llegar a su destino, cumplió al pie de la letra las órdenes de su madre, solo en lo que se refería a la ropa claro está. Ocupó la mayor parte del día en ello, no estaba acostumbrada a lavar en el río, la corriente amenazó en más de una ocasión con llevarse las prendas, el calor era apenas tolerable debido a su vestido y los oficios que ocupaba. Estaba tan molesta que ni siquiera volvió para la hora del almuerzo… no quería regresar para ser juzgada o vista por su propia madre como a una cualquiera. Más que eso, sentir su aborrecimiento a la idea de lo que verdaderamente le hacía feliz, ya ni decir que había aceptado casarse, seguramente le emparejaría la otra mejilla y el labio roto.

— ¿Puedo ayudarte?— Escuchó la voz grave, causante de la mitad de su problema.

—Te mancharías tan reservadas galas alteza— Mencionó con ironía, aunque una sonrisa se alojó en su rostro por el lado que Kruger no podía verle.

La pelinegra se quitó las botas y demás prendas innecesarias, quedando apenas con sus pantalones negros remangados hasta la pantorrilla y una camisa blanca de lino con las mangas igualmente enrolladas.
Aunque no lo creas yo lavo mi ropa en cada viaje… en la montaña no hay sirvientes que te cocinen, laven o atiendan…

—Pobrecilla… ¿No será demasiado esfuerzo?— Quería evadirla, que no le viera el rostro.

—Te afectó el sol… ¿Cuánto llevas aquí?—

—Desde la mañana… intento no volver ¿Quieres escaparte conmigo?—

—Claro ¿A dónde quieres que vayamos?—  Se agachó, tomó parte de la ropa pendiente, un pedazo de jabón y se aproximó a una de las piedras de la orilla. —Pero primero…— Buscó una roca lo suficientemente lisa y grande.
Te enseñaré los trucos que aprendí de mi madre— Le daba espacio, esperaba que lo que la tuviera tan molesta y castigada, pasara. Untar en los puntos críticos, ya sabes axilas, cuello y mangas… el jabón se distribuirá a la totalidad de la prenda cuando la frotas un poco— Ludió la tela con fracciones de la misma, limpiando a la par múltiples lugares de aquella camisa y después un par de buenos golpes contra la piedra liza retiró cualquier impureza restante. Lo del golpe es la clave, no te cansas tanto y es relajante, enjuague y al cesto—

—Natsuki… sé lavar, pero estoy tan… tan enojada con ella que no quiero volver…— Admitió con el llanto escurriendo por sus mejillas.

— ¿Por qué lo est…? ¿Qué diablos te pasó en la cara?— Dejó a un lado el cesto, lo que estaba haciendo y se acercó a su prometida. — ¿Quién se atrevió a…?— Ya eran evidente los colmillos asomando en su boca. Mientras la envolvía en sus brazos

 —Lana…—

—No lo entiendo… ella nunca antes—

—No quiero hablar de eso ahora, no está de acuerdo sobre nosotras y punto… ¿En serio no te escaparías?—

—Sin dudarlo, pero me gustaría más demostrarle a tu madre mi valor, si es que cree que soy poco para ti.—

—Curiosamente te ve como a un hombre solo para lo malo de ellos, generaliza demasiado… El problema radica en lo que no tienes entre las piernas— Afirmó con tono ácido. —Y lo siento, pero no me interesarías de ser ese el caso—

— ¿Qué piensas que pueda hacer para congraciarnos?— Tomando uno de los trapos húmedos, produjo en su mano un par de cubos de hielo, los que envolvió en la prenda y aproximó cuidadosamente a la mejilla de Nao. vNo fue prudente que toleraras este sol con esa inflamación—

—Solo deja que se le pase, la convenceré… — Se dio un poco de valor, tal vez las dos se habían pasado de la raya.

— ¿Ella sabe de nuestro… acuerdo?— Cuestionó la morena con algo de ilusión.

—No, ¡Por la diosa! ¿Quieres que me mate?— Se exasperó, tomó entre sus manos el paño con los hielos y los puso más firmemente sobre su labio.

— ¡No! Claro que no…— Al parecer su pelirroja amada estaba un tanto alterada, así que procuró ser más sutil.

Madre es anticuada en ese asunto, no concibe que dos mujeres puedan…— Intentó no romper en llanto otra vez.

—Creo que mis padres podrían dialogar con ella y hacerle ver cuánto te amo, cuán seria es mi intención—

—Si me hizo esto solo por saber que me interesas, no quiero pensar de qué es capaz si llega a saber que vamos a desposarnos, amenazó con marcharnos, así que mantén la calma, dame tiempo…—

—Sí, seré paciente— Se quedó en silencio un momento hasta que su mente tamizó aquellas palabras. — ¿Te intereso? Es dulce oírlo de tus labios—

Se sonrojó hasta las orejas, se puso de pie, con la intención de increpar se aproximó a Natsuki señalándole con el dedo índice… —Tú… engreída…— Cara a cara comenzó a recortar la distancia entre sus rostros, hasta sentir su respiración o más bien la ausencia de ella, sujetó el cuello de su camisa y miró sus labios. —Idio…— Iba a besarla cuando vió sobre el hombro de Natsuki que el cesto comenzaba a ser arrastrado por la corriente, ni decir qué pasó con la camisa que la lobuna estaba lavando. — ¡La ropa!—

Observando de cerca la herida en la mejilla y la comisura del labio de Nao, haría lo que fuera por haber recibido ese golpe en su lugar. Al mismo tiempo la cercanía de la pelirroja le robaba el aliento. —Te compraré nueva…— Tragó saliva.

—Es el vestido favorito de mamá— Explicó apurando con la mirada a su peculiar novia.

— ¡Rayos!— Sin siquiera pensarlo Natsuki se arrojó al agua para recuperar el cesto y su preciado contenido.

Algunos minutos más tarde, fue Nao quien perdió el habla cuando la joven pelinegra salió del agua con el cesto en el hombro y el vestido en el brazo, de la prenda lavada ni rastro. La camisa blanca de la duquesa translucía a causa de la humedad, la tela casi como una segunda piel exponía lo atlético de la joven, ahora se arrepentía de no haber seguido adelante sin importar el impertinente vestido, la ropa o lo que fuera. Sonrió dispuesta a aligerar las cargas de Natsuki. —Me agrada... la vista— Por ese momento estuvo feliz de que aquella chica de tan gentiles emociones y con... por qué negarlo, un cuerpo apolíneo, fuera suya por entero. Lo dedujo con la sonrisa ligeramente afilada por sus colmillos, al diablo, incluso encontraba lindas esas garras y que la llamaran loca por ello. —Gracias por venir— Tomó el vestido y lo puso con el resto de la ropa sin lavar, ya se las arreglaría luego con el resto, por un par de monedas seguro que Norihiro la sacaría del aprieto.

Tenía hambre y odiaba la idea de compartir la vista, pero Natsuki quien no se daba por enterada de los detalles, simplemente buscó las prendas de las que se despojó previamente y una canasta que Nao no notó en su llegada, con lo que aparentaba ser... ¡Comida!

— ¿Aceptarías cenar conmigo Srta. Yuuki?— Realizó una venia, con lo que parte del contenido líquido escondido en las hendiduras de la máscara escurrió mojando incluso más las ropas de Natsuki. Ocasiones como esa hacían que la pelinegra hija de Takeru odiara con todo el tener que llevar siempre la máscara.

—Oh... estamos caballerescos— Sonrió olvidándose del mal inicio del día. —Me complacería mucho Sir. —

—Siendo así...— Extrajo de inmediato de la canasta un mantel, el cual tendió diligentemente sobre el pasto a la sombra de un árbol cercano. Un par de platos y sobre ellos sirvió un poco del estofado bien cubierto que había preparado la abuela Sanae. —Esto es un manjar y solo se ve dos veces al año, la abuela no gusta de estar en el castillo pero cuando viene en serio es comer como reyes— Sonrió, también sirvió pan, jamón y queso en una canastilla más pequeña.

—No lo dudo— Le enterneció la forma en que hablaba de Sanae, había un afecto muy dulce alrededor de ello. Así mirándola con detenimiento a los ojos se dió cuenta que todo el tiempo con Natsuki era como tener una cita, solo que ahora, era explícitamente romántica. —Me parece que tu familia y el río tiene una historia... estás muy mojada, deberías poner a secar tu ropa o vas a resfriarte—

—Sí... claro— Tartamudeó.

“No esperé que lo hiciera” Pensó incapaz de quitarle la vista de encima, tragó saliva casi olvidándose de la necesidad acuciante de probar alimento.

Jamás habría hecho algo así frente a nadie, era especialmente tímida. Sin embargo se puso de pie, se aproximó al río y retiró la camisa, los pantalones, los remojó, enjabonó, ludió y enjuagó, luego los tendió en una rama. Quedando apenas en paños menores, sí contaba con el hecho de que las vendas que usaba para sostener su pecho eran blancas igual que la parte inferior, la cual era una versión sencilla de un pantalón corto. Natsuki daba gracias a los dioses que nadie iba por esos lares o moriría de la vergüenza.

—Me consuela que no me quedé atorada en una roca, porque tendrías que haber ido a salvarme— Bromeó para intentar actuar normal.

—Lo habría hecho sin dudarlo...— Se la estaba comiendo con los ojos, no se reconocía a sí misma, así que desvió la mirada sobre el plato para darle espacio.

—Come, se enfría— Tomó asiento y sirvió su propio plato para unirse al festín.

—En serio jamás te quitas esas cosas— Se había desnudado prácticamente, pero los brazales de muñeca y superiores a la altura de los bíceps, así como esa especie de grillete—collar en su cuello.

—No querrías ver cómo se deforma mi cuerpo sin ellos— Interrumpió el bocado.

—No suena posible— Esos músculos casi parecían de acero y a quién le importaba un poco de vello corporal, se veía suave.

—Mira mis pies...—

Tal vez no prestó atención, sabía que sus dedos eran más largos, algo peludos y sus uñas puede que peligrosas. Pero eso era frecuentemente sólo en la planta y los dedos, no es que no la hubiese visto descalza antes. Sabía que si usara botas de cuero sin refuerzos de platino en las puntas, es claro que ningún zapato le duraría mucho, sin embargo allí estaba, la pata semi humanoide de un lobo casi hasta la pantorrilla y ascendiendo.

—No te asustes, por favor— Suplicó con mirada de cachorro, esa con la que le convencía en casi todo, desde que eran niñas.

Mintió. —No me asusta...— Le temblaba el pulso, apuró una cucharada para darse tiempo con la boca ocupada, no quería herir sus sentimientos. Tragó los alimentos y volvió al ruedo. — ¿Te duele?—

—La cabeza es la que más duele... los huesos a veces, la piel... no es agradable— Sonaba como si no fuera la gran cosa, pero al ver cómo crecía el vello y se tornaba recio como el pelaje de un animal grisáceo, era espeluznante.

— ¿Qué eres al final? Cuando todo eso cambia— Era difícil describirlo y no herir susceptibilidades, dudaba, porque no parecía algo humano, más bien monstruoso.

—No lo sé, a veces un lobo completo... a veces solo la mitad de eso, aún estoy aprendiendo a controlarlo, padre dice que se tarda... pero al final, lo dominas—

— ¿Él es igual que tú? ¿Se torna lobo... lobo?—

—Sí, de pelaje negro, pero más sabio y más fuerte, más grande... no sé cuándo pueda derrotarlo y probar que puedo—

— ¿Por qué?—

—Es... algo de orgullo, es por el simple hecho de poder... vamos ¿acaso las chicas no compiten por demostrar quién es la más bella?— Intentó desviar el tema, le apenaba decir sus verdaderos pensamientos.

—Quieres exhibirte... suenas como todo un hombre— Negó con la cabeza ¿Desde cuándo a Natsuki le interesaba tanto la opinión de las otras personas?
¿Qué escondes?

Suspiró con resignación. —Quiero probar que puedo protegerte y saber que nunca tendré que sentir o pensar que te has ido de este mundo, como ese día...
Tensó la mandíbula. Tienes que morir de vieja ¿Entendido?— y luego se entretuvo con la comida, como dando por terminada la conversación.

No imaginaba la pelirroja que le hubiera afectado tanto. —No pasará... tranquila— Ser querida, de modo que así se siente eso... no era igual que el amor de otras personas, incluso el de su madre era tan diferente a la extraña calidez que le embargaba saber que le importaba a Natsuki.

Cuando la velada culminó, las ropas de la morena volvieron a su sitio cubriendo lo importante y las dos caminaron de regreso a casa, la joven bestia cargaba el cesto lleno de ropa prácticamente sin dificultad, cuando a ella le había costado bastante llegar al río con aquella carga. — ¿Qué hay de... Harada?— Ni siquiera se tomó la molestia de aludir todos los títulos que ostentaba la morena argita, lo quisiera o no, las palabras de Lana calaban dentro de ella generando dudas a las cosas obvias que aquellos días no había preguntado, si bien la caravana de la princesa de Argos continuó su camino, los rumores entre los sirvientes continuaban.

—Está feliz de ser invitada de honor en nuestras próximas nupcias y aunque aún falte mucho para eso, le prometí que tendría una de las mejores mesas en esa velada— Sonrió sujetando la mano de Nao entre la suya, había deseado hacerlo desde hace tiempo, pero solo hasta la ocasión es que se daba la oportunidad, daba gracias que nadie las veía y que su extraña forma no incomodaba a su querida pelirroja.

— ¿Entonces no habrá una guerra por un desplante semejante?— Nao pensó, que si fuera la hija de un rey y este se enterara de un desplante, ¿qué tanto haría el hombre por recuperar su honor? Imaginaba que mucho.

—No, Chie ama profundamente a una persona y su padre no considera apropiado que alguien en su posición elija a quien por sangre o riqueza no puede competir con los otros pretendientes, ya no decir que al tratarse de una mujer, el Rey teme que la continuidad del trono se pierda por lo que juzga una acción anti natura— Sabía que la idea de aceptar algo tan fuera de lo común era un problema y no solo uno que la agobiara a ella en particular, pero tenía la esperanza que Lana reconsiderara y tenía un plan para ello. —Ella fue desterrada por él y un enlace conmigo, resolvería al menos la mitad del predicamento, porque cumpliríamos con las exigencias de nuestros padres... cuando hablamos me lo explicó, entonces lo ví conveniente dadas las circunstancias, yo dejaría de pasar vergüenzas y ella no tendría que continuar en un éxodo eterno hasta la aceptación de su padre, por mi linaje, es claro que se obligaría a callar cualquier descontento si es que esperara seguir siendo un gran aliado comercial de Windbloom, lo típico—

—Casi es lamentable que no se casarán— Gruñó cruzándose de brazos, intentando no sentir aquella espina llamada celos dentro de sí. —Tendría niños lindos, de pelaje negro y piel dorada— Continuó incapaz de mantener a raya sus pensamientos. — ¿Cómo serían sus ojos? ¿Verdes o...?—

—Nao...— La lobuna frunció el ceño y se detuvo, obligando a Yuuki a mirarle directamente pues no la había soltado.
No te burles de mí así... te lo pido

— ¿Lo sabe tu padre?— Cuestionó con seriedad en sus iris limón.

— ¿Qué?— No podía seguir el hilo de aquella conversación.

Retiró la mano del agarre de Natsuki con bastante disgusto, deducía la respuesta. — ¿Que dejaste tirada a la princesa de la nación vecina por una simple servil a la merced de su hospitalidad?—

— ¿Te escuchas a ti misma?— Puso el cesto a un lado y se aproximó, pero Nao se delataba arisca con la sola expresión en su rostro.

Se cruzó de brazos. —Estoy siendo razonable, parece que a muchas personas les importará la sangre azul que no corre por mis venas y yo no pensé en ello cuando...—

—Hey... detente— La sujetó por los hombros. — ¿Acaso mi madre es un cuadro puesto en la pared? A nosotros no nos interesan esas cosas, piensa... su enlace con mi padre debería ser suficiente prueba de que la casta o la riqueza no nos importa. Yo simplemente le doy gracias a la diosa por tu existencia, por conocernos...— La abrazó. — ¿No entiendes que renunciaría a todo por ti?— Sonrió acariciando su mejilla con cuidado de no lastimar sus heridas, mirándola con aquella infinita ternura. —No se lo dije a mi padre porque sé que en cuanto él lo sepa, querrá que nos casemos al día siguiente si es preciso y no quiero poner tal agobio sobre tu espalda, no si no te sientes lista—

Más tranquila acerca de sus odiosas inseguridades, retomaron su camino, apenada por ello igualmente preguntó. — ¿Por qué tu padre se apresuraría tanto al respecto?—

Levantó lo hombros intentando quitar de antemano peso a sus palabras. —Él cree que una esposa puede destruir mi maldición, una que heredé por nacer de su carne... su culpa puedo verla cada vez que me ve a la cara—

—Eso es terrible...—

—Le falta entender que no es importante, porque a pesar de todo... estás aquí y la maldición no pudo quitarme eso... entonces todo está bien— Sonrió.

Nao recordaba que para los demás ver los colmillos de Natsuki era atemorizante, para ella, era una sonrisa más, incluso una que importaba mucho. A la par se abochornó, la Kruger decía esas cosas tan a la ligera, sabía que no mentía, pero odiaba sentirse tan expuesta en cada sonrojo que su voz suave pero grave le atraía.

Mamá sí lo sabe... y está feliz Añadió aún alegre, por la ocasión fue Nao la que sujetó su mano. Rojo sería su nuevo color natural de piel…

Al llegar al castillo la proximidad se desvaneció de común acuerdo, Natsuki volvió a sus deberes frecuentes con la asistencia financiera a su padre durante el día de pago, por su parte la pelirroja acudió a la lavandería donde Shiori y Kara estaban recogiendo la ropa seca para doblarla, como estaban en compañía de otras mujeres que seguramente la delatarían con Lana, esperó pacientemente a que una de las dos mirara en su dirección y con un ademán sigiloso las atrajo a un lugar más apartado.

Chicas tengo un pequeño negocio que puede interesarles Anunció depositando el cesto de ropa a medio lavar en el suelo y sacudiendo una bolsa de cuero en la que resonaba el choque de monedas una contra otras.

¿Qué rayos… te pasó en la cara? Dijo Kara sin ningún filtro. Nao le parecía una mujer muy bella, motivo por el que tal desatino no pasaba de largo a sus ojos siempre interesados en sus congéneres. Eso se ve hinchado

Discreción niñas… Intentó no centrar su disgusto en lo mal que había quedado su cara por la agresión de Lana y que Natsuki no le había informado lo suficiente. Les pagaré un jornal completo porque me ayuden con esto

Oh… te castigó Lana Intuyó Shiori, pese a que el negocio era bueno sabía que la pelirroja estaba en un aprieto y daría más.

A cada una… Añadió para cerrar el negocio, sabía que ese par eran de peligro pero convenientes por el momento.

Tus deseos son órdenes ‘Alteza’ Le reverenció Kara, siendo seguida por Shiori. Norihiro detestaba de cierta manera que Nao hubiese logrado antes que ellas y sin ningún esfuerzo, pertenecer a la familia con todos los beneficios relacionados. La algarabía por la fiesta en su nombre no pasaba desapercibida a nadie, sabía que Saeko y Takeru tirarían la casa por la ventana como si fuera el festejo de una de sus hijas y la envidia sin duda incrementaba para todos al saber que no por sangre ella merecería más que el resto.

Nao se dio la media vuelta.
Mañana debe estar listo ¿Entendido?

Sí… Dijeron a coro el par mientras tomaban la bolsa y el cesto.

Gracias La de iris verde limón se encaminó a su habitación, sabía que las chicas trabajarían en la noche de ser necesario y las compensaría por ello. Aún si eran demasiado ambiciosas, tal vez le salvarían el pellejo en algún momento en el futuro, por lo que convenía mantenerlas a su favor.

Llegó a su habitación, teniendo al fin la ocasión de contemplar su propio rostro en un espejo, notó abrumada que la hinchazón era mayor a la que suponía por la sensación y entonces pensó que de verdad fue mala idea estar todo ese tiempo bajo el sol. Se abochornó de que Natsuki tuviera razón, era más que obvio, pero tuvo sentido hasta que ella lo dijo… había estado tan molesta y más que nada dolida, la idea de ser rechazada por Lana estrujaba su pecho agobiándola constantemente. ¿Cómo lograría su aceptación?

No llegó a una solución aquella tarde, y al llegar la noche fue llamada para asistir a la cena, pese a los ungüentos que empleó para ayudar a la pronta curación de su herida, aún se miraba evidentemente inflamada. Apenada acudió a la sala comedor, donde la mirada azul de su madre se posó sobre ella sorprendida del daño que le ocasionó en medio de aquel enojo.

Nao… ¿Qué te pasó en la cara? Cuestionó Saeko levantándose de la mesa para ir a verla más de cerca.

¿Te golpeó algún mastín? Preguntó Takeru dispuesto a cobrar la injuria de inmediato.

Negó con las manos y la cara raudamente.
Lo siento, estaba atorada la puerta de mi armario, tiré sin cuidar mi fuerza y me di un golpe con el pomo cuando la puerta cedió, un accidente de lo más vergonzoso No dejaría que algo tan íntimo entre ella y Lana ocasionara enemistades entre los Kruger y su familia.

¿Segura? Los ojos verdes de la pelinegra mayor se posaron inquisitivos sobre ella, causándole un nerviosismo que disimuló simplemente asintiendo. Natsuki…

La lobuna se puso de pie tan rígida como una tabla, con un súbito temor de que por su torpeza se arruinara la mentira de Nao.
Sí ¿Madre? Sanae y Nina se miraron extrañadas por la conducta de los comensales, pero prefirieron prudentemente no opinar al respecto.

¿Podrías amenizar la noche con una melodía de tu violín?

Sae… no es… prudente Casi susurró el Duque del castillo mirando de soslayo a Lana quien ocupaba una expresión más que culpable.

Somos familia, Takeru… no más, secretos Con apenas poner su mano sobre la peluda garra de su marido, la bestia mayor se calmó. Sin entender por completo las intenciones de su amada esposa, el pelinegro de azul mirar asintió, dando el visto bueno definitivo para que Natsuki fuera corriendo a su habitación por su violín, ante la espera que no fue demasiada se sirvieron las entradas y una copa de vino para cada comensal.

Lana, quería preguntarte… La aludida tembló, pero se recompuso en el acto. Saeko sonrió sabiendo por las acciones de su amiga quién había lastimado el rostro de Nao. ¿Nos concederías darle un obsequio a tu hija, en su cumpleaños décimo cuarto? Por su edad es momento de presentarla en sociedad. ¿Estarías de acuerdo que se realizara con un baile?

No tienes que hacerlo, yo… pensaba en llevarla al pueblo y... y estaba claro que no podría competir jamás con los regalos de sus amigos, o de aquella joven duquesa que mostraba tanto interés en su hija. ¿Acaso esa era la dirección que debían tomar sus caminos o por el bien de Nao debía marcharse pronto?

Claro que puede hacerse, tarde de damas en el pueblo señora Yuuki… y en la noche a celebrar Se animó Takeru.

No tenía argumentos, lo sabía, así que miró con esperanzas a la menor.
¿Qué opinas hija? Fue la primera vez en la noche cuya voz se dirigió a Nao desde la pelea.

Me gustaría, lo que dice Lord Takeru… Sentenció contra la obvia voluntad de Lana.

No tienes que usar tales apelativos muchacha… eres de la familia Anunció Takeru con buen talante, mientras apuraba a Natsuki a tocar, al ver que ya llegaba. Vamos hija, déjanos oír la más bellas de tus composiciones

Sorprendía que aquellas manos no destruyeran el violín por accidente, que aquellos filos pudieran sujetar el arco sin hacerlo pedacitos, la posición aprendida por su cuerpo le hacía lucir encantadora. El primer movimiento del arco fue suave, como una tierna introducción en la que los acordes y el preciso roce del arco sobre las cuerdas, atrajo una melodía dulce, una armonía capaz de apaciguar los enojos más intensos. Lana quien no se había permitido un reposo ni por un momento, cerró los ojos para apreciar mejor los sonidos que no sabía cómo una caja de madera y unas cuerdas podían producir, por lo hermosos que sonaban. La bella música adquirió más cuerpo y velocidad a medida que Natsuki avanzaba y así ya pasada la mitad, la mirada zafirina de la madre de Nao, pudo ver algo fuera de todo entendimiento. Natsuki quien se había entregado apasionadamente al roce de las cuerdas en un cada vez más intrincado juego de notas, desprendía una luz dorada la cual formaba hilos, o papiros dorados, extendiéndose por toda la sala, fuera de la vista de cualquier extraño, se aproximaban a los reunidos, incluso a ella misma. Con una mezcla de maravilla y otra de espanto, pudo sentirse alcanzada por aquella extraña magia y  una tibieza que no solo calentaba su cuerpo frío, sino que también aliviaba el dolor de sus pies, la espalda y otros tantos, la embargó por completo. Sin salir de su asombro... observó a su hija, apreciando cómo la cara pulida de la menor, se deshinchan y sanaba, ya sin dejar rastro de la existencia de aquel golpe que tuvo lugar tantas horas atrás.

Cuando la melodía cesó, con un alargado final más que adecuado, los hilos se desvanecieron. La sonrisa, la mirada de Nao estaba puesta sobre Natsuki y la evidente atención que la duquesa le prestaba devuelta, fue para la mente de Lana la última gota capaz de romper su cántaro.

Apártate de mi hija... Le ordenó a Natsuki.

Pero... Refutó ligeramente confundida, no había hecho nada malo ¿o sí?

Lana... hablemos Solicitó Saeko, mirando con gentileza a su amiga de la infancia.

Brujería... encantamientos y otras tantas artimañas prohibidas... cuánto he desviado la mirada Saeko, para estar cerca de aquella en quien confío. Pero que no se acerquen a mi hija es todo lo que pido Informó la Yuuki con el ceño fruncido, aquello iba contra toda ley de los dioses o la naturaleza, imposible para un humano lograr tal cosa.

No lo veas de ese modo Insistió la morena de verde mirar, mientras Takeru fruncía el ceño y los ojos que ocultaba su propia máscara no escondían el disgusto que su tensa mandíbula delataba.

Nao... ven conmigo Tendió la mano a la menor, rogando que las diferencias entre las dos no fueran motivo de desobediencia aquella vez.

Madre... te lo imploro Se negó a ir a su lado, deseando ser comprendida por la mayor.

La respuesta enojada de Lana le dio a saber que no.
¿Prefieres quedarte aquí para vivir banalidades a cambio de tu alma? ¿De tu Fe?

Lo lamento madre... pero no coincido contigo Respondió Nao sin soltar la mano de Natsuki, quien desviaba la mirada dolida por las palabras de Lana sobre su mejor dar.

La pelirroja mayor asintió indignada y se marchó sin siquiera probar bocado, más que espantada por el hecho de sentir como si le hubieran quitado un par de años de encima. Ya ni el corte accidental que había tenido en la cocina esa mañana estaba debajo de la venda que ocupaba su mano.

Después de lo acontecido, la frecuencia con la que Lana salía del castillo se incrementó en los días posteriores. Lo que hacía durante aquellos días no se lo dijo y la tensión entre las dos podía palparse en el aire… era la primera vez que un disgusto se trataba a través del silencio. La situación más que inusual teniendo en cuenta la proximidad de su cumpleaños catorce, ya rayaba en lo absurdo. Pero Nao temía acercarse de nuevo, sabiendo de otro posible rechazo, uno más doloroso que una bofetada o un grito a viva voz, era una acción casi cobarde, pero esperaba que la paz silente le diera la oportunidad de pedir en su cumpleaños, el permiso de Lana para ser y estar libremente con Natsuki, con el valor y el respeto que una esposa merece.

Así el día, que llamaría en adelante, el último día de su vida durante los años venideros. Llegó como cualquier otro...

Se levantó, aseó y ordenó su habitación, además de a sí misma, desayunó con la servidumbre antes de acudir a sus clases con Grace Burt ya que Lord Takeru no estaba en el castillo, y la señora hada no se sentía tan bien, por lo que le fue llevado el desayuno a su cuarto, Natsuki estaba con ella; coincidió con Nina, quien aunque preocupada por su madre adoptiva, había visto prudente darles un espacio, se notaba que las mujeres tenían algo importante de qué hablar y no era su asunto, motivo por el que asistir a sus clases con normalidad fue una gran excusa en el momento, pese a todo las dos estaban tan distraídas y la institutriz les llamó la atención en más de un par de ocasiones. Al final Grace Burt perdió los estribos y las dejó castigadas, siendo la primera vez que Nina ocupaba tan deshonrosa posición, terminaron moviendo baldes de agua de la fuente principal a los establos.

Felicidades... Dijo cuando iban en la cuarta ronda y ya algunas gotas de sudor se deslizaban por su barbilla, les faltaban al menos otros 6 cubos a cada una.

¿Por qué? Nao se detuvo intentando recuperar el aliento, comenzaba a compadecer a los hombres que ocupaban tales labores diariamente, al parecer se habían estropeado algunas tuberías por lo que hasta resolver la avería tenían que volver a los métodos tradicionales.

Tu próximo enlace, tienes su sello... Señaló el anillo en su mano. Es evidente

Gracias... Sabía lo difícil que estaba siendo para Nina decir aquello. No tienes que...

Lo sé, solo cuida bien de ella... no pido más Suspiró. ¿Lo prometes? Extendió la mano como si realizara un acuerdo, una promesa muy valiosa en todo caso.

Claro Estrechó la mano. Lo prometo

La morena no era de mucho hablar y menos con ella, pero aquella tarde le dijo más que siempre acerca de lo que planeaba hacer con su vida o pensaba. Viajar, eso quería hacer... llevar los negocios de la familia al otro lado del mundo y tal vez, conocer a esa persona. Nao deseó honestamente que tales sueños pudieran cumplirse y se preguntó por qué una persona que tenía los medios para ello, no sólo económicos sino también el conocimiento, no se había embarcado ya en la labor, si bien Nina era menor que ella estaba segura que era muy capaz de salvar su propia seguridad y a ratos se mostraba incluso más madura. La respuesta más que evidente se reducía al hecho de que Nina velaría por Natsuki hasta el momento en que una esposa llegara a su vida. Terminaron de transportar el agua y el señor Muzho agradeció su ayuda, aún si era un castigo, le había beneficiado bastante ya que él se ocupaba de lavar las caballerizas.

Al fin... uff Secó el sudor de su frente.

¿Ahora qué harás?

Mamá salió como siempre, ya ni siquiera me lleva a sus tareas... Extrañaba ver a sus hermanos. Quizás vaya a la biblioteca para leer ese libro que deje a medio camino el otro día

Ah sí... la historia de dragones, entes y principados, es buena

¿Ya la leíste? No esperaba coincidir en gustos literarios.

Es mi favorita... me identifico con la sacerdotisa polar Sonrió.

Tengo que admitir que pensé lo mismo Le devolvió el gesto, tal vez, podrían ser amigas más adelante.

Yo iré con madre... Dijo Nina refiriéndose a Saeko. Nos vemos en la cena Levantó una mano en señal de despedida mientras daba la vuelta por los jardines laterales, después de algunos metros recorridos se detuvo con la mirada en el horizonte. ¡Demonios! Nina no era de las que empleara malas palabras, así que escucharla decir aquello solo podía significar una cosa, problemas.

Yuuki buscó con la mirada el foco de su interés notando una serie de fogatas de tamaño colosal en las montañas teniendo en cuenta la distancia; el fuego formaba una especie de hilera. Lo recordó, los vigías... Natsuki le había explicado el valor de su existencia y sí había entendido correctamente su función, las fogatas representaban puntos cardinales de alto riesgo, uno o varios Orphan están de camino hacia el pueblo desde los bosques y con distintas direcciones. El tiempo que tuvieran por delante estaría dado por los esfuerzos del ejército del señor Asano Nagara, para que la segunda ola con Natsuki a la cabeza repeliera a los monstruos de una buena vez.

¡Toca el cuerno! Ordenó la pelinegra a uno de los sirvientes, mientras comenzaba a correr hacia el castillo para tomar las prendas necesarias, su espada y la armadura.

Nao corrió tras ella sabiendo de antemano que encontraría a Natsuki ocupando quizás la misma premura. Subió a la planta de las habitaciones y se encaminó hacia donde Saeko reposaba, Nina siguió directa a su habitación para armarse a la mayor brevedad. Abrió la puerta y el eco del sonido grave del cuerno que se escuchó en cada espacio posible del castillo y sus alrededores, le dió sin lugar a dudas una entrada legendaria a la habitación.

Encontró a la morena sosteniendo la mano de su madre, con la mirada puesta sobre la intrusa que interrumpía tan privado momento. Sonrojada observó a su prometida. Es… urgente Explicó para justificar su inapropiada entrada.

La Lobuna se puso de pie y se aproximó a la ventana, movió tenuemente la cortina para no dejar ver del todo a Saeko el panorama. Notó la magnitud del peligro que asechaba en la numerosa cantidad de fuegos de alerta de los vigías, la misma o más que cuando atacó el ave gélida hace meses.

Ve… no te preocupes por mí Musitó con voz débil la madre de la menor, quitando valor y verdad a sus palabras cuando una tos le atacó. Nao quien estaba más cerca observó como el blanco pañuelo de la señora hada se manchaba de escarlata y su aún más rápido movimiento por ocultar la prenda de los ojos de su hija. Un nudo se le formó en la garganta al pensar que también Lana estaba en Fukka.

Iré Anunció sin siquiera despedirse, pues no le gustaba hacerlo, en su albur era de mala suerte.

A mitad del pasillo Natsuki oyó los pasos de Nao que le seguía, se detuvo. ¿Solicitas algo de mí? Se volvió a verla.

No… no los dejes pasar, mamá está ahí Suplicó.

Lo he hecho cientos de veces, confía en mí Intentó transmitirle seguridad, por los dioses que ni un solo Orphan llegaría al pueblo.

Confío Se acercó y acarició la mejilla bajo la máscara, se aproximó con la intención a flor de piel. Natsuki pareció entender la indirecta y acercó su rostro esperando que Nao tomara la última decisión.

Hey tórtolas… no es momento, hoy el tiempo es oro Mencionó la que como una hermana, resultaba tan inoportuna en el momento. Nina le arrojó a Kruger las piezas de su armadura en una bolsa tejida a mano. Te la pones en el camino…

¡Nina! Abochornada en sobremanera, con el anhelo inconcluso se apresuró a seguir a su prima. Cuida a mamá, por favor Dijo en voz alta antes de perderse de la vista en las escaleras que daban a la entrada principal.

“Quizás, no está lista para verlo” Pensó, aún si había aceptado la relación entre las dos y sus deseos eran los mejores, no dudaba que los celos aun estarían haciendo mella en la Kuga menor.

Esmerándose por mantener la calma, volvió con Saeko, al entrar en su espacio la vio sentada en la cama, con la vista perdida en la ventana cuya cortina cubría el vidrio. Casi como la primera vez de verla, tuvo la sensación de que la dama era inalcanzable, un ser lejano al mundo mortal que le rodeaba, pero pensaba en la mancha roja en el pañuelo y todo lo etéreo de la señora hada se desvanecía dejando una sensación cruda y ácida en su estómago.

¿Ella lo sabe? Susurró la duda, sin un saludo o un filtro, todas las previas clases de protocolo las había tirado por la borda presa de aquella zozobra.

Saeko volvió sus expresivos iris esmeralda sobre la bella pelirroja prometida de su hija. Soy feliz, por ti… por Zuki, eso es todo cuanto importa

Esa no es una respuesta, pero se lo agradezco

Tienes la suspicacia de la que a veces mi niña carece, ella cree más en las personas de lo que debería, pero es algo que no cambiaría por nada del mundo

Ciertamente, tiene un noble corazón y puede ser lastimada por ello La inquietud aún latente le obligó a insistir. ¿Acaso no han tocado una melodía para usted? ¿No padece en vano? ¿O es algo que solo funciona con los golpes?

Takeru no ha cesado de tocar su flauta para mí, con las melodías más bellas que puedas imaginar La sonrisa de Saeko delataba sin lugar a dudas cuánto amaba al torpe Duque, sus ojos aún ilusionados a pesar de los años, brillaban al hablar del pelinegro mayor. Y yo siempre he sido un poco enfermiza, tal vez por ello Lana y yo nos llevamos bien, a ella la consideraban débil y a mí frágil… un desdén insoportable

Juntas en la soledad de la indiferencia o la incomprensión de otros, en un mundo hecho para quien es fuerte Claro que conocía esa historia, ambas se apoyaron.

La astucia de quien es inteligente… puede valorarse incluso más que la fuerza

U... usted consigue no responder a la pregunta

Natsuki no… no lo sabe, pero tal vez lo intuya… algunas verdades duelen lo suficiente para hacer que desvíes la mirada

¿Cómo puede vivir con esta zozobra? ¿No es ese el motivo de su malestar? Algo que lo inicia ¿Tal vez…?

Nací con ello Culminó todas las suposiciones de Nao. La magia que sana me ha permitido llevar una vida maravillosa y albergar vida en mí, amar y vivir… pero no se altera el destino que ha sido establecido y yo, lo he eludido el suficiente tiempo Aún si aquella charla se antojaba tan lúgubre, Saeko se miraba serena porque había vivido una buena vida.

Nao por su parte no lo aceptaba. Encuentro al fin el momento de… ¿Cómo decirle que la había idealizado lo suficiente para sentir que algo tan trivial se miraba imposible antes? Que incluso en ese momento temía una traición de su mente o sus palabras.

¿De hablarme? Completó, tan imperturbable como antes.

Justamente…

¿Y estás decepcionada? Cerró los ojos fatigada.

¡No! Claro que no… Se sonrojó de inmediato, no sabía qué hacer o cómo actuar, era una persona importante para ella, más que solo por ser la madre de Natsuki. Hay tanto que quiero decir o hacer y preguntar… pero siento que no hay tiempo

Lo hay, aquí y ahora…

La voz de la señora hada le daba sosiego, así que fue honesta en cada pregunta o decir, cada inquietud que nacía de la idea de unirse a la lobuna fue disipada con paciencia materna, cada relato conocido por Saeko, fue descrito casi con magia, pues la mujer mayor era por demás elocuente.  La grata compañía de la dama, aunada a la interesante conversación sobre la juventud de la mujer que no se miraba muy mayor, el nacimiento de Natsuki, las dificultades asociadas a su particular circunstancia, incluso su propia llegada y las alegres impresiones de Saeko, alejaron sus pensamientos de las preocupaciones que aún latían en su interior, sobre el bienestar de la gente en el poblado. Su madre, sus hermanos… su familia. Vieron pasar las horas, consolándose en la mutua compañía.

¿Cómo lo soporta? Cuanto más pasaba el tiempo, más comprendía lo intolerable que es la espera cuando son las personas que amas, quienes se exponen a terroríficos peligros.

Solo puedo confiar en que mis niñas han aprendido lo suficiente de su padre, pienso que Natsuki tiene una fortaleza potencialmente mayor que él y Nina es formidable en todo lo que se propone, su voluntad es motivo de mi admiración. Juntas son más que formidables, se complementan Había orgullo en su voz, amor en sus ojos. Aún con todo, si soy honesta, el sosiego no llega por completo hasta volverlas a ver sanas y salvas

La comprendo bien Se aproximó a la ventana y movió la cortina, sus iris se estremecieron. Los incendios que atisbaban sus ojos no eran justamente los avisos luminiscentes de los vigías, eran el producto de la batalla. Observó a los heridos llegar a pie y en caballo, las carretas estaban reservadas para los muertos… en el jardín depositaban los cuerpos con mortajas blancas sobre los cadáveres. Dedujo que en el salón principal, serían atendidos los heridos. Volvió la vista sobre Saeko. Le agradezco este tiempo, yo haré por ahora lo que está en mi mano para ayudar

Ve con cuidado… pequeña La señora Hada asintió con una sonrisa, antes de apoyar su cabeza en la almohada y disponerse a dormir, no había querido decirlo, pero estaba fatigada en extremo y la conversación le había robado las pocas energías que le quedaban.

Salir de aquella habitación, fue como emerger en una dimensión diferente, la paz y la calma que la sola presencia de Saeko le infundió durante horas, se evaporó en un instante; veía a los sirvientes correr, ir y venir, el caos mismo en movimiento, alimento, medicinas y otras tantas, la sangre un factor común en las prendas usadas. Sanae había tomado las riendas del castillo en la ausencia de sus amos, y seguramente salvaba las vidas que le era posible. Se apresuró a llegar a la cocina para recibir alguna instrucción que le permitiera ser útil, porque la mujer era una curandera en la base de la experiencia.

Llegó en un santiamén y con el aire faltándole a sus pulmones. Abuela… estoy aquí a su servicio, por favor dígame en qué puedo ayudar Pronto se sirvió aclarar a la madre de la señora hada. La señora Saeko, está dormida… seguramente el cansancio le obligará el sueño la completitud de esta noche

La mujer de negros cabellos cubiertos la mitad de canas, sonrió al contemplar a la prometida de su nieta dispuesta a servir, asintió ante la información y dio una inmediata directriz. Agua… se necesita agua y con la falla de las tuberías es… más que urgente para lavar heridas

Sin cuestionamientos de ningún tipo, tomó un cubo vacío de madera y se apresuró a llegar sobre el lugar conocido de su castigo en horas de la mañana. En más de cinco ocasiones llevó agua consigo, preparó remedios con la ayuda de la abuela y atendió a varios heridos. El cansancio y el hambre atacaban, la segunda se resolvió con un mendrugo de pan, queso y algo de jamón, un sorbo de agua para la sed y en menos de nada estaba de vuelta con las diligencias de Sanae. Fue en una de sus tareas, que apreció a un grupo de mujeres, tal vez en su descanso… esperaba seguir adelante cuando oyó la voz de una conocida con tono disgustado ante las otras serviles.

Odio esto… Se quejaba Kara cruzándose de brazos en la esquina.

¿Quién no? El trabajo se duplica cuando esto pasa ¿Sabes lo enorme que será el proceso de lavandería esta semana? Respondió una mujer mayor, de mal semblante.

Ya no me digas, que entre lavar la mugre y atender a los heridos, esperan que tenga tiempo de cocinar para un ejército Apuntó otra. Mis hijos me esperan en casa, es desconsiderado

Nao tensó la mandíbula, sabía que Takeru y Saeko les darían mayores compensaciones, algo que no cualquier noble haría, y con derecho. ¿Acaso esas mujeres no sabían que esos hombres y mujeres estaban allá enfrentando el peligro para mantener a salvo a la gente? Su gente. La ira no le concedió un instante de serenidad al oír que otra se unía, quejándose de tener que atender además a la señora hada.

¿Cómo es posible que estén aquí quejándose cuando personas mueren en medio de su indiferencia? Con un fuerte movimiento puso el cubo lleno de agua a los pies de la mujeres y salpicándolas en el acto. ¿Y si fueran sus hijos e hijas... serían así?

Unas cuantas de las allí presentes inclinaron la cabeza avergonzadas por su comportamiento, principalmente las mayores que observaban a la menor tan sudorosa y cansada como ellas mismas, con las conocidas manchas de las labores realizadas.

¿Crees que por hacer un par de cosas un día tienes derecho a reprocharnos? Refutó Kara molesta por las ínfulas crecidas de una que había nacido en la misma casta que ella. A diferencia de ti, nosotros no nos vendemos

Yo no me he vendido jamás Respondió más que roja e indignada.

¿Ah no? ¿Acaso no te sedujo la riqueza de sus altezas y al final engatusaste a la Duquesa? Fea y todo, hay tantos tesoros que le adornan Se mofó Shiori.

Yo jamás haría tal cosa Sus sentimientos por Natsuki eran honestos, no le importaría aun si no tuviera nada.

No tú, pero vaya que te ha vendido tu madre... oi a Lord Takeru ofrecerle sin pestañear, toda su fortuna, ¿Verdad Himeno? Kara miró a una mujer, de mediana edad que se notaba incómoda y agobiada. Esta asintió... confirmando su versión.

Como una meretriz, muy cara Acotó Shiori, amiga de la primera. La otras mujeres se miraron asombradas, encajando algunas piezas asintieron.

Grrr... Nao quiso golpearla, pero eso sería rebajarse al nivel de aquel ponzoñoso par.

Ellos han estado discutiendo cosas... Intervino otra mujer, la mayor del grupo.

Pero Lana dijo que no... ella no va al pueblo por eso— Añadió Himeno, para disgusto de las otras.

—Calla...— Ordenó la mayor a la indiscreta mujer.

—Himeno... di lo que debas decir, te lo pido— Insistió Nao, más que interesada por saber lo que la servil diría.

—Tu madre no se vendería, jamás— Afirmó. —Aún si le ofrecieran el mundo entero, tú eres su tesoro— Aquello le devolvió el alma al cuerpo.

—Gracias— Vería bien donde estaban las lealtades y Himeno sería una de las suyas, sin duda. —No olvidaré tu gentileza—

—Lamebotas— Se cruzó de brazos Kara negando con la cabeza.

—A trabajar... no queremos que su mini alteza nos delate con los señores— Casi gruñó la mujer mayor, una que Nao ignoraba había sido antes que su madre la encargada de impartir el orden entre los sirvientes como ama de llaves. Su voz se hizo ley y cada quien tomó la dirección correspondiente asociada a sus tareas pendientes.

No le resultaba un secreto saber que no era del agrado de los demás sirvientes, porque efectivamente nunca había recibido el trato de una, pero estaba segura de no haberselo restregado en la cara a nadie y aun así la envidia casi pudo palparse, eso no le importaba. Intentó no dejarse afectar por aquel veneno, mas solo una cosa la había indignado de los relatos de aquellas mujeres, Lord Takeru había ofrecido comprarla, algo ruin pese a la reticencia intransigente de su madre, la cual estaba siendo un problema para todos. Pero... ¿Por qué el duque tomaría tales acciones? Tendría que conocer su negativa. ¿Acaso Natsuki había roto su promesa?

No... ella no haría algo así.

Continuó su camino, ahora con las ideas atacando sus pensamientos,  su atención no fue la misma y poco a poco la llegada de más hombres heridos socavó su paciencia, pero la zozobra solo llegó a su límite, cuando entre los heridos encontró al mismísimo Asano Nagara comandante de las tropas en las proximidades del lago maldito. El hombre aun consciente tenía clavado en el hombro una púa de cuerpoespin pero de proporciones exageradas, cuando lo atendió inmovilizando su brazo cruzó miradas con el hombre, quien observaba con interés una pequeña abertura cerca del busto en su vestido, sí es que un par botones desabrochados por debajo del cuello podrían llamarse escote.

—De dónde viene... señor Nagara— Intentó no prestar atención a la sinuosa mirada, no es que los hombres no le miraran a menudo con deseo, anhelando lo que jamás podrían poseer.

Sabiéndose visto, desvió la mirada tan negra como la noche y retiró los húmedos cabellos de su rostro. —Del suroeste, no sé cuanto más podamos evitar el paso...— No dijo más, prestó atención a quien venía en camino, quien retiraría la púa.

Nao dio paso a Sanae y su comitiva, pálida como el papel se tornó su piel y pétrea como la roca su expresión, pese a la espina insoportable que sintió en su pecho. Tenía que traerlos a salvo, o enloquecería ese día... con determinación fue hacia los establos, los sirvientes estaban tan ocupados con el quehacer que daban las presentes circunstancias, que nadie le prestó atención cuando subió a un caballo, tampoco le impidieron salir, aunque alguien quizás más sabio le advirtió del peligro a gritos.

No miró atrás, ni la lluvia torrencial que diluviaba le disuadió, galopó sobre el corcel con premura, tan veloz que de no ser pura sangre, el animal hubiese caído muerto al llegar la pelirroja a su destino. No encontró obstáculo en su camino, pese a que vio a más soldados heridos dirigirse hacia el castillo, pese a ello, al arribar apreció con alivio que el poblado estaba a salvo.

La dificultad radicaba en encontrar a Lana para llevarla de vuelta y luego verificar el estado de sus hermanos, su padre... fue al mercado en busca de la señora Hino que siempre les surtía las mejores calabazas y sandías de Fukka, y con quien su madre había trabado amistad desde hacía varios años, sí alguien sabía sobre Lana estaba segura que sería ella. Cuando llegó el puesto estaba cerrado, había un estropicio por la lluvia y las aguas sucias se deslizaban formando charcos en el suelo sin que los surcos a los lados de la calle se dieran a basto para distribuir el líquido fluvial. Apenas dos o tres puestos de tenderos rezagados que movían sus mercancías con afán delataban la presencia de las gentes, observó que algunos guarecían de la lluvia en la panadería y otros comercios abiertos... vio a un hombre correr hacia su casa bajo la intensa lluvia, pero ninguno de sus conocidos más frecuentes.

—Yuuki...— Oyó una voz que la llamaba, buscó con la mirada aún sosteniendo la rienda de su caballo tratando de ver dos palmos más allá de sus narices, algo casi imposible con aquel torrencial cayendo; se oyó un trueno que rompió el cielo en dos, iluminando aquella tarde sombría y un brinco dió su corazón preocupado. El espanto del caballo que se agitó relinchando la tomó también por sorpresa, arrebatándole a sus manos con fuerza la cuerda, incapaz de calmar al animal lo vió correr con dirección desconocida a todo galope, dejándola sola y sin transporte. —Srta. Yuuki— Volvió a oír, al volverse a la dirección de la que provenía el sonido, notó que era el señor Kurt quien la invitaba a ir dentro de su local.

Tomándole la palabra, se puso a salvo bajo el cubierto de su techo. Mas no se preocupaba de sí misma aunque seguramente va a pescar un resfriado. —Señor... ¿Ha visto a mi madre?—

—Vino ayer, no la he visto desde entonces...—

—Ha estado viniendo a mi casa, me ha pulido un par de joyas y limpiado algunos relojes, incluso me ha cosido algunas prendas, mis vestidos favoritos...— Intervino otra mujer, de ojos marrones y cabellera blanca, por sus atuendos y joyas, era seguramente la esposa de algún terrateniente de las cercanías. Barada como todos los presente allí a causa de la tormenta que arreciaba fuera, la señora se dignaba hablarle a la hija de una sirvienta, seguramente sería su buena obra del día.

—¿La vió hoy?— Insistió antes de que hablara de bordados u otras de las tantas desconocidas habilidades de Lana.

Negó con la cabeza. —Declinó el día de hoy, murmuraba sobre hablar con alguien para hacer entrar en razón a su terca y obstinada hija— Sonrió con un tono burlesco, pues nada más contemplar a la pelirroja menor, tenía claro que se refería a ella justamente.

—¿Con quién...?—

—Un hombre, creo haber oído su apellido... aunque imagino que no será el mismo de anteayer— Añadió para plagar de más dudas y preguntas a la de verde mirar. —Discutían airadamente—

—¿Cúal hombre?— Frunció el ceño, sí es que acaso Genji se atreviera a alzarle la voz a su madre, estaba segura de tener los medios para hacerle entrar en razón y que jamás vuelva a repetirse.

—Uno alto, de pelo negro y con un raro fetiche por los lobos, los tenía por toda la ropa y hasta en la cara, usaba un antifaz con forma de lobo— El rostro de la mujer delataba disgusto, como si fuera a su entender una falta de glamur y un atropello al buen gusto. —Le dije que como volviera a hacer una escena semejante en lo futuro, tendría que buscarse otro trabajo— Había sido paciente, y su rostro exponía aquel pensamiento. —Más vale jovencita que le causes menos problemas a tu madre, haz lo mejor, ponte a trabajar, si lo deseas eres bienvenida a servir en mi casa— Ofreció magnánima.

Nao tensó la mandíbula, servirle a alguien tan desagradable y vanidosa, no sería algo que quisiese hacer. ¿Por qué Lana lo hacía? No le hacía falta, su trabajo era mucho mejor en la casa Kruger y claro que cambiaría algunas cosas, ya llegaría el tiempo en el que su madre no tendría que trabajar a la merced de ningún señor. —Agradezco su gentileza madame... por ahora, me preocupa que mi madre se halle fuera—

—Nonono... iba con unos amigos, los Sugi...— Pareció recordar... —Ohh... que mala memoria— No completaba la última parte del nombre.

No hizo falta más, para cuando la señora recordó el apellido, Nao ya había puesto pies en polvorosa, corriendo como alma llevada a las tierras de los muertos.  No hubieron pausas ni tiempo para los agobios propios de sus fatigas, del frío o los dolores de sus piernas. No, cuando la única razón por la que Lana volvería a la casa de los Sugiura, sería para hacer que su padre tomara acciones en sus desacuerdos, estaba segura de a quién apoyaría Genji y no era a ella, ni a sus ‘antinaturales’ afectos. Incluso temía que Haruhi lo supiera y la rechazara por mentir acerca de Natsuki, claro que todo pasaba a un segundo plano cuando la idea de las criaturas en el suroeste de Fukka, asomaba al pensamiento.

Respiró pues al llegar la casa de su padre encontrándola intacta, por ende su familia estaba bien o eso esperaba. Se dió la oportunidad de tomar un descanso, había pasado un tiempo desde la última vez de estar en esa casa, pero con cada segundo que pasaba la falacia oprimía casi tanto como su angustia, aún existía la posibilidad de un riesgo inminente con los Orphan intentando avanzar por el suroeste, justamente en las proximidades de aquel lugar, tal cosa la tuvo en vilo desde el instante mismo en que Nagara mencionó cual frente estaba defendiendo.

Se aproximó a la puerta y llamó insistentemente con firmes toquidos. No tenía tiempo que perder y temía que el sonido de la tempestad ahogara sus llamados, golpeó hasta lastimarse las manos, logrando al fin la atención de una de los sirvientes de su padre.

—Srta... Julieth— El sirviente moreno de ojos miel observó el deplorable estado en el que llegaba su intrépida visitante, pues su ropa ya parecía una segunda piel con la humedad.

Casi fue extraño recordar el nombre que se había inventado para cubrirse el rastro con Harumi la ocasión anterior. —Akio, ¿Quién se encuentra en la casa? Llama a los señores, debemos salir de aquí de inmediato—

—No lo creo posible con esta tormenta, pero pase... si la dejo aquí en ese estado la Srta. Haruhi va a enojarse mucho—

Nada más entrar escuchó el acalorado intercambio de palabras, reconoció la voz de su madre alzándose sobre la de todos, en el que recordaba el despacho de su padre. —No me importa, eres su padre... es lo menos que puedes hacer—

—Sobre mi cadáver... de esa ilegítima jamás nadie sabrá nada— Como si aquellos alaridos no se lo publicaran ya a las multitudes. —Mantente apartado como siempre— Dedujo que Harumi le hablaba a su padre, se aproximó a la habitación pese a los susurros de Akio, quien le insistía en permanecer en la sala. —Bien hubieras hecho tú en callar tus deslices con mi esposo— Ahora la ofensa se posaba sobre su madre, tensó la mandíbula.

—Es la única cosa que podrás hacer por ella Genji... estará en tu conciencia si no lo haces, Nao no tiene culpa de nuestras acciones— Lana hacía caso omiso de las injurias de Harumi.

Ocupando todo el valor con el que contaba, entró sin tomarse las ceremonias de tocar la puerta. —Señores... debemos salir de aquí, de inmediato— Intentó parecer serena.

Iris azules, verdes y miel se posaron sobre la inoportuna doncella, con más asombro Lana que los demás raudamente se aproximó a su hija al ver el estado deplorable en que llegaba y cuestionó si la menor estaba herida, ya que lucía bastante pálida, pero bien podría ser causado por la lluvia.

—Mamá, te lo imploro...— Insistió tomando su muñeca para llevarla lejos de allí. —¡No hay tiempo!, las criaturas podrían superar a los soldados en cualquier momento y... no estamos a salvo—

La madre no comprendió del todo el significado de las palabras de su hija, quien a su juicio estaba hablando puras incoherencias. –Mi niña, pareces afectada… ¿Tienes fiebre? ¿Qué haces aquí?—

—¿Qué significa esto? ¿Eres la hija de... de esta mujer?— Quedó claro que las prioridades de Harumi eran otras.

—Ahora no me importa nada más que su bienestar, las explicaciones pueden venir después…— Miró al sirviente que intentaba pasar desapercibido junto a la puerta. –Akio, ve por Haruhi y Genko, procura un par de caballos y que todos los sirvientes… se preparen para salir de inmediato—

El hombre miró a sus amos buscando la aprobación, sin comprender del todo a quién debía obedecer, pues la joven en cuestión se miraba tan segura y tenía un aire de autoridad difícil de ignorar.

—Ve por mis hijos…— Confirmó Genji para disgusto de su mujer. La ligera complacencia del señor Sugiura trajo una tenue calma a los alterados nervios de Nao, al menos alguien hacía caso de ella.

—Mi niña ¿Qué tienes? ¿Por qué has venido?— Lana miraba preocupada a la menor, buscando todavía algún daño, algo que le permitiera entender cómo es que Nao se había atrevido a ir a la casa de su padre.

—Mamá… cree en mí, confía. Tenemos que volver al castillo, Fukka está bajo ataque— Sostuvo sus manos con una súplica como no se había visto en ella desde que era niña.

—¿De quién?— Cuestionó Genko que llegaba al salón junto con Haruhi a su espalda, los dos jóvenes se notaban apurados, habían llegado casi corriendo al encuentro de su hermana.

Un grito irrumpió en el tenso silencio, pero pronto fue cubierto por el ruido de la lluvia y los truenos en el exterior, la palidez ya preocupante en la faz de la pelirroja menor, se tornó en una blancura comparable a la de un papel. ‘Julieth’ tragó saliva, sabiendo que un horror semejante sólo podría ser causado por el temible aspecto de las criaturas, muy a su pesar la voz femenina que volvió a escucharse ahogada después, se apreciaba demasiado cerca. Genji intentó acudir en su auxilio, pero casi como un reflejo la pelirroja abrió un brazo para impedírselo. –Te lo imploro… no vayas padre— El castaño de mirada verde como la de la menor, se detuvo. –Marchémonos ya, que aún hay tiempo—

—¿Vas a dejarte asustar por una niña?— Atizo Haruhi el orgullo de su esposo, no concedería que un par de aparecidas tuvieran las riendas de su propia casa en las manos. —Akio, ve a ayudar, seguramente alguna de la sirvientas hizo un estropicio—

Reticente, el sirviente moreno no hizo más que obedecer y se marchó a la cocina, con algunos momentos de silencio ante la paranoia de la hija de Lana,  sonrió la señora de aquella casa suponiendo lo inverosímil de las palabras de la menor. Solo unos segundos después, los gritos, gemidos y ruidos extraños, ocasionaron el suficiente espanto para que al fin los Sugiura y Lana, hicieran caso de ella. —Si en algo aprecian sus vidas, salgamos de aquí… silenciosamente—

La pelirroja más joven se encaminó a la puerta ante el temor de Lana, pero la mujer abrumada por las circunstancias no atinó a sujetarla para mantenerla lejos del que se sabía un gran peligro. Nao miró a través de la abertura de la puerta, contemplando por vez primera a uno de los monstruos de los que Natsuki le había hablado, la criatura de un tamaño descomunal parecía estrecho en el salón principal, olisqueaba con su hocico, era un can, no… un lobo negro de un tamaño imposible en la naturaleza, las manchas que sus patas dejaban en el suelo, dedujo pronto era una mezcla de barro y sangre, el olor nauseabundo que emanaba aquel ser unido a la idea de que los restos de Akio y los demás yacían a sus espaldas trajo arcadas a su garganta pero se contuvo por mero instinto de supervivencia. Pese al temblor en cada fragmento de su cuerpo, volvió la vista atrás y con un ademán de silencio, añadió un manoteo que apresuraba su salida por la ventana, Haruhi y Lana ya estaban fuera intentando ayudar a Harumi a salir. Rogó a Tsukuyomi y a todos los dioses que conocía ofreciendo su propia vida a cambio de la de su familia, pero supo que no fue escuchada, cuando la torpeza de Harumi aunada al miedo en medio de su escape por la ventana, empujó desde la mesa cercana al marco un jarrón de una patada, cayendo este al suelo… un sonido sordo que opacó por breves momentos el de la tormenta en el exterior los estremeció a todos, una mirada bastó para saber que estaban perdidos.                           

—¡Genko!— Gritó Genji corriendo hacia Nao, la quitó de la puerta y la arrojó a los brazos de su hermano. –¡Llévalas lejos!— Ordenó, mientras ocupaba cada músculo en mantener la puerta cerrada. –Los quiero…— Anunció como si en alguna parte de su mente, adivinara el destino fatal que le aguardaba.

Fue la última vez que lo vio, a su padre… recordaba que gritó, que se resistió a marchar, sintió el fuerte agarre de su hermano forzándola a salir, era irreal pero no podía oír nada más que sus propios latidos mientras el llanto escurría por sus ojos. Genko corrió con ella a cuestas, la incomodidad del lobo en un espacio tan reducido fue lo que le dio tan valiosos segundos, el castaño la llevó a rastras y saltó rompiendo la ventana, cayeron fuera sobre el pasto húmedo no sin algunos cortes por motivo de los vidrios, era una suerte que el despacho quedara en el primer piso. Oyeron la madera agrietarse como si alguien estuviera demoliendo el lugar desde dentro, un gruñido, un lamento ahogado por los truenos… el lugar comenzó a caerse a pedazos por lo que tuvieron que apartarse de la casa, huyendo sin mirar que atrás toda la construcción colapsaba sobre el monstruo y Genji.

El mayor de los tres hermanos las arrastró junto a su madre y su hermana, no sin la ayuda de Lana quien estaba tanto o más destrozada que la propia Harumi al saber que Genji seguramente estaría muerto. Apenas corrieron la distancia suficiente para esconderse bajo el cubierto de un árbol.

—Nos dividiremos… Lana — Ordenó el nuevo señor de la casa Sugiura, aunque su voz amenazaba con romperse a causa de la pérdida que de algún modo se negaba a creer acabara de ocurrir.

—No…— Nao negó con la cabeza, sabía que podrían haber más criaturas por ahí, pero no estaba segura de si proporcionar aquella información podría hacer que se rindieran desde el principio.

—No puede seguirnos a todos…— Arguyó el de ojos verdes para infundirles valor. –Manténgase a salvo, se los suplico— Musitó con una mirada que conocía en los ojos de su padre…

Negó con la cabeza. —¡No vayas!—

 —¡Corran!— Dicho eso el mayor corrió de vuelta a la casa esperando distraer a la criatura el tiempo suficiente esperando darle una oportunidad a su seres queridos.

Lana no tardó en hacer caso del muchacho, aún si eso significaba dejarlo a su suerte, aún si quería a los dos jóvenes por el largo tiempo en el que estuvo a su servicio, su Nao… lo era todo para ella y por ella, haría lo necesario. Huyeron en la dirección contraria a la que tomó Genko Sugiura, hasta agotar cada aliento durante lo que parecieron eternos momentos. La pelirroja menor quien ya había corrido antes un gran trecho sentía que se le iría la consciencia en cualquier momento, pues apenas soportaba el dolor se sus piernas extenuadas de tanto correr.

La primera en caer fue Harumi, a quien atuendos tan pomposos le habían complicado la existencia en aquella carrera en medio del bosque, Lana quiso seguir huyendo, no tenía tan en gracia a su antigua ama ni quería arriesgar a Haruhi y a Nao, pero notando que la primera no daría un paso más sin saber segura a su madre y la segunda tampoco lo haría por la seguridad de su hermana, no tuvo más remedio que buscar entre los arbustos y la rocas un lugar para esconderse, esperando que la lluvia borrara su rastro y tuvieran una distancia suficiente.

—Hija… ¿Hay soldados de los Kruger… en alguna parte?— Preguntó con los ojos de aquel azul tan puro delatando un dejo de esperanza.

—No lo sé, lo dudo si lograron llegar hasta aquí… se supone que ellos defienden esta área— Sabía que no les daba muchas esperanzas, pero no podía mentir.

—¿Trajiste algo para defenderte?—

Rauda buscó entre sus ropas, dejando ver gracias a la luz de luna en gibosa creciente una de las armas plateadas de Natsuki.

—¿y Natsuki?— Preguntó Lana ahora preocupada por la morena y pensando que lo peor le había pasado.

—Ella salió a proteger el pueblo, no sé dónde está… pero sabe defenderse mucho mejor que nosotros—

—¿Ella? ¿El duque es una ella?— Había cierta decepción en la cara de su hermana. Claro que no pensaba que ese nombre fuera tan varonil después de todo.

—Haruhi… lo siento yo… quería decírtelo— Había una lamentación, odiaba ver tal expresión en su rostro.

—Y tríbada… por los dioses— Casi escupió las palabras.

—Shhh…— Llamó al orden Lana, segura de haber visto algo moverse en la oscuridad de aquella noche.

Un gemido y las ramas rompiéndose a varios metros de distancia les alertó, se encorvaron incluso más, escondidas detrás de las rocas y el follaje. Pasaron desapercibidas debido a las interminables gotas que caían por doquier proporcionando a sus respiraciones y latidos el camuflaje suficiente.

Temblorosas por la proximidad de la criatura que se movía de un lado a, esta se hizo visible en un claro, el horror y la locura cubrieron los rostros de aquellas mujeres en un pestañeo, dejaron de respirar cuando apreciaron el cuerpo de un hombre en las fauces de la bestia, uno que padecía agonizante y gemía ante las sacudidas del animal cuyos filosos colmillos le había atravesado el costado,  era el sonajero que aquel monstruo presionaba llenando la noche de torturados gemidos y lastimeras súplicas.

Lana cubrió las bocas de Haruhi y Nao, para esconder sus gritos ahogandolos en sus palmas. Pero no pudo hacer lo mismo con Harumi, quien fuera de sí... sollozó con dolor el nombre de su amado hijo... —¡Genko!— Musitó una y otra vez como un mantra, más allá de la razón o su propio aprecio por su propia supervivencia.

La pelirroja mayor movió a fuerzas a las dos doncellas, apenas lo suficiente para evitar la embestida que decapitó a la señora Di’ Sugiura. La escalofriante vista de su cuerpo desplomarse sin vida, manchándolo todo con la sangre que fluía a borbotones desde su cuello cercenado, fue suficiente para dejar catatónica a Haruhi.

Ni sus gritos, o la impotencia llenando cada sentido y pensamiento atenuaron un poco el paralizante miedo que la embargó al ver a la criatura apenas a unos metros de ellas, sin la posibilidad de escapar o encontrar un escondrijo que salvara su existencia. El ser cuyos ojos rojos se posaron sobre la joven que abrazaba el cuerpo sin vida de su madre, escupió de sus fauces la cabeza de la señora, como si esta tuviera un incipiente sabor o simplemente hubiera saciado una hambruna visceral. Lana estrechó la mano de su hija, sabiendo que esas serían las últimas horas de su vida y en la otra, sostuvo el arma plateada de Natsuki, apuntando al monstruo con ella.

La criatura se precipitó sobre Haruhi mientras los disparos de Lana aunque certeros, no le hacían ni cosquillas al temible lobo, apenas sacudían su grueso y puntiagudo pelaje. La inexorable muerte de la hermana de Nao bajo el peso de las garras del monstruo, se unió a un grito capaz de estremecer al más valiente de los hombres y atormentar en la memoria a quien lo hubiere oído, a este le siguieron otros no menos espeluznantes que se repitieron mientras los filos cercenaban la carne virginal de aquella doncella hasta que su último aliento fue exhalado casi con alivio en un charco de su propia sangre. Tal ocasión fue aprovechada por Lana para poner alguna distancia entre ellas y aquel cancerbero salido de las tierras infernales… pues no imaginaba la pelirroja mayor de dónde más podría surgir una bestia tan horripilante.

Pese a la ventaja inicialmente ganada, Yuuki oyó las pisadas galopantes tan próximas, sabiendo que serían alcanzadas en cualquier momento miró atrás apreciando las fauces abiertas del lobo a punto de plantarle un bocado a su hija, rauda disparó… siendo aquella parte mucho menos dura que el exterior, la bala ocasionó una herida en el paladar del gigante animal, un aullido de dolor aunado al impulso de la embestida descontrolada, arrojó a Nao varios metros en el aire, aterrizando la más joven contra el tronco de un árbol. Lana resbaló y tuvo suerte de no acabar bajo las garras del Lobo que continuó su camino en lamentación.

Lana se irguió con el aliento que provee el instinto materno, buscó a su pequeña, quien sin éxito intentaba levantarse. Una vez a su lado, extendió el brazo para ayudarla a ponerse de pie, pero la menor apenas se mantenía consciente. —Vamos mi niña… levántate por mamá… por favor—

Nao asintió aunque una tos sanguinolenta manchó las ropas de su madre, con sendos esfuerzos logró levantar la rodilla del suelo, mientras sentía el tirar del brazo de su madre desde arriba. Elevó la mirada sobre ella, apreciando los ojos cristalinos de aquel bello azul, la cara espantada pero firme bajo la luz de la luna, “Mamá es la mejor” recordó que esas eran sus palabras para referirse a ella cuando era una niña y se apenaba de no haberlo dicho más a menudo. Alzó la otra pierna, aunque un dolor agudo la estremeció desde el costado, apoyó su peso en Lana, sosteniéndose de su hombro, cada movimiento era tan insoportablemente doloroso que ni siquiera sabía cómo diablos iba a correr en cuanto estuviese de pie.

No logró erguirse por completo, cuando un líquido tibio le salpicó la cara, temblaron los iris verdosos al notar un par de filos que atravesaban el pecho de Lana desde la espalda y por los cuales fluía la sangre que manchaba las ropas de las dos. Miró la faz de su madre, angustiada, dolorida, sintió como nada en el mundo un vacío, un abismo, la consciencia desprenderse a la par que aquel monstruo se la arrebataba de las manos, arrojándola a un lado como si se tratara de una muñeca insignificante. Impotente, arrodillada sobre la tierra húmeda contempló la muerte que le estaba cernida, deseándola para sí, suplicando a los dioses la culminación de una agonía tal… vió los ojos tan rojos y atisbó consciencia en ellos, como si aquel desdeñable ser pudiera burlarse de su tormento, como una venganza a la herida que su amada madre le causó.

Si iba a ser un último bocado, sería uno difícil, pensó al notar por el rabillo de su ojo el arma plateada al alcance de su mano derecha. Lo vió venir, tomó el arma y disparó con toda la amargura que contenía su alma, brillaron las líneas esculpidas en el revólver y una estela de luminiscencia roja brotó del cañón. El monstruo no pudo evadirlo del todo y recibió el impacto en el costado, un aullido de dolor que se escuchó como música para los oídos de Nao, le dio la fortaleza para ponerse de pie y apuntar con más convicción a la criatura, quien se miraba dubitativo en su ataque. El lobo negro comenzó a moverse alrededor de su presa buscando un punto débil, el cual por la lastimera movilidad de Nao, resultaba ser la espalda. Una vez el can lo intentó, la pelirroja se arrojó a un lado y desde el suelo volvió a disparar, encajando por suerte su disparo en un punto próximo a la herida que causó con el primero, resonaron otra vez gruñidos y aullidos.

Pese a todo no tenía aire para levantarse y el costado dolía horrores, solo la idea de acabar con esa criatura la mantenía consciente. Sin poder moverse esta vez, apuntaba lo mejor posible desde el suelo al colérico ser, dejaba puntos descubiertos que el animal dudaba en atacar. Cuando supuso que todo se definiría en una última embestida y tensó todo su cuerpo intentando darlo todo en ese disparó, una oleada de tiros de escopeta se escucharon no muy lejos, algo de ello asustó lo suficiente al lobo quien emprendió la huida cuando ella disparaba, emanando una esfera de tamaño descomunal que dejó un cráter tremendo en la tierra y destrozados algunos árboles. Se arrastró sobre la tierra en busca de su madre quien temblaba y gemía a la par que la vida se escapaba entre sus dedos... pese a todo, al contemplar el rostro de su hija y saberla a salvo, una sonrisa pacífica fue el último gesto que se formó en su cara.

Nao abrazó el cuerpo yerto de su madre, preguntando a los dioses ¿Por qué el arma no funcionó igual mientras era la mano de lana la que la sujetaba? ¿Por qué darle la carta del triunfo cuando todo lo había perdido? Nada tenía importancia, el llanto y sus gemidos se extendían en la noche, incluso ahogaba el ruido de la lluvia. Ahora carecía de significado el dolor de cada respiro o la presencia de un grupo de hombres cada uno armado con una escopeta más negra que la misma noche, aproximándose a ella con rostros bastantes sombrios.

—Lo perdimos, mi Lord— Musitó con miedo uno pelinegro de ojos marrón a otro alto y de melena platinada, ojos rojos, con un aire de superioridad en cada poro. —Debió dejarla morir, hubiésemos estado más cerca y...—

—¿Me cuestionas Hideki?— Chasqueó la lengua con un tono bajo y amenazante. El hombre que parecía a cargo del grupo se aproximó a la doncella que sostenía temblorosa el cuerpo inerte de otra, una como tantos, desafortunada víctima de la criatura. —¿Ni siquiera un gracias Nagi? Os debo mi vida... serviros de mí— Añadió al final con un segundo tono ladino, no imaginaban cuantas doncellas había salvado de monstruos por el placer de su compañía nocturna, no todas tenía que comprarlas.

Pero Nao no se rindió en infinitos agradecimientos, sus ojos verdes llenos de ira y resolución sorprendieron a Nagi Dai Artai, Conde de la familia imperial. —No eres... mi salvador, sólo el imbécil que asustó al monstruo que deseaba matar—

Hideki le quiso voltear la cara de una bofetada a la jovenzuela, pero un ademán de su amo le detuvo. —Como yo lo veo, te habría caído encima... hubieras muerto aplastada—

—Como yo lo veo, me arrebataste mi venganza...— Nao se puso de pie por mero orgullo.

—No sabes nada niña, jamás habrías vencido al Duque— Insistió Nagi cada vez más interesado en la mujer frente a él, no estaba acostumbrado a ser... retado en tal forma. —Llevo años tras esa formidable máquina de guerra, ya viste lo que puede hacer ¿Cuantos hombres podría reemplazar en un ejército sin fin?— Sonrió al ver la ira creciente de la pelirroja quien se contenía por muy poco de dispararle, si bien era malo elogiar al asesino de la familia de la chica, era lo que honestamente pensaba.

—Y tú sabes lo suficiente... No intentabas matarlo ¿Entonces que querían?— Esta vez tenía un interés particular, ¿Acaso ese hombre sabía del origen de aquel monstruo?

—Sí... quería cazarlo, someterlo y convertirlo en mi más formidable arma... pero es un hombre astuto, y es inconveniente para mí el que lo quieras muerto, yo lo necesito— Levantó los hombros.

—¿Es un hombre?—

—Uno cuyo linaje fue maldecido hace mucho tiempo...— Miró con interés a la chica, quizás había perdido la capacidad de sentir a causa del horror vivido, pero nada más pronunciar aquellas palabras, supo que le había asestado un golpe directo al ver las dudas en su rostro. —En cuanto me pertenezca puedo complacerte con torturas inimaginables sobre él, a cambio de una sola cosa. Si sabes a lo que me refiero— Relamió sus labios, dejando la obviedad a la vista.

Asqueada respondió pronto. —O podría buscarlo por mi cuenta el resto de mi vida... y matarlo antes que usted. Porque honestamente no tengo esos intereses—

Nagi negó con la cabeza, haciéndose a un lado. —Lamento oír eso... Hideki, mata a la doncella... que sea rápido e indoloro— El esbirro sonrió ansioso por cumplir la voluntad de su patrono.

—No...— Extendió el brazo frente a Nagi. No acababa de sobrevivir a una bestia infame para morir a manos de un hombre, sabía que no tenía tantas balas ni movilidad para salir airosa.

—¿Has cambiado de parecer? ¿O existe alguna otra cosa que puedas darme a cambio?— En el fondo, sabía que ella no se daría como las otras.

—Dar significa recibir... yo no veo qué pueda ganar— Negoció esperando abrirse una posibilidad en la que pudiera destruir a ese monstruo y salvar su virtud, además claro de la propia vida.

Sonrió, no era tonta... muy pocas mujeres tenían la instrucción o las agallas que aquella mujer, al verla directamente a los ojos sabía cuán conveniente sería tener una aliada como ella. —Bien, Te daré al lobo negro y tendrás su destino en tus manos, pero antes... me servirás en cada cosa que yo pida sin siquiera cuestionarlo. Te prometo que ni yo, ni ninguno de mis hombres tomará de ti, lo que no sea dado por propia voluntad— Tendió la mano, era eso o morir.

No tuvo más remedio que aceptar. —¿Por qué desistes de la criatura que has cazado durante años?— Era sospechoso.

—Preciosa hay dos lobos místicos en Fukka, uno negro y otro blanco...— Sonrió. —Yo me quedaré con el blanco—

Dos lobos, uno negro y otro blanco... sintió una estocada en el pecho, preguntándose a la par cómo sería posible tolerar tanto dolor, no podía ser verdad, no podía. Palideció hasta casi desvanecerse...

—Sherezade... no dejes morir a la srta...— Nagi se hizo a un lado y una chica encapuchada, al parecer de más baja estatura se aproximó, desprendiéndose de la prenda para dársela. Al principio no la vió demasiado, ni noto la belleza exótica con la que la chica contaba, sólo sus ojos tan esmeraldas como los de una persona a la que amaba, casi gruñó disgustada por ello.

—Julieth Nao... ese es mi nombre— Murmuró con la vista puesta sobre Lana o lo que quedaba de ella. —Sí vamos a ser amigos, me ayudarás a enterrar y disponer de los cuerpos de mi familia, luego... tendrás mi lealtad— Concluyó con un tono sombrío...

——

—Si tú no existieras... mi madre estaría viva, mi padre... mis hermanos ¡Mi familia!— Gritó conteniendo en su garganta el tono roto de su voz, mas no pudo impedir el llanto silencioso brotar y descender por sus mejillas.

El dolor que podía apreciar en las almas atormentadas de aquellas mujeres era sin lugar a dudas para Hideki, la culminación placentera de su paciente venganza. Odiaba a Nao, por ser y prosperar en poco tiempo lo que él no pudo, la detestaba porque incluso su amante, Kaburo había posado su atención sobre ella, admirando su belleza y astucia. Sí, aquel idiota al que amaba mostró interés en la pelirroja, para cuando se resolvió y todo iba bien, boom... Natsuki derrotó a Tesso en la batalla de la cosecha. Así que tenía muchas razones para disfrutar la discusión que tenía principio, pese a que su arma aún apuntaba sobre la peligrosa Duquesa tenía muy seguro que si Kruger decidía cobrarse corporalmente la injuria con Nao, se lo permitiría.

— ¡Ojalá jamás te hubiera conocido! Cada vida que tocas, se marchita... ¡Sí, estás maldita! y lamento no haberlo creído cuando lo dijiste, para haberme alejado cuando aún podía— Quería dejar de llorar, pero no podía detenerse, cuando creía que no podría derramar una lágrima más porque su alma se había secado de tanto dolor y pena vertida, allí estaban tan vivas como entonces.

Esas palabras eran más hirientes, más profundas que las heridas de su carne. — ¿Cuál familia? ¡Nosotros éramos tu familia!— Exclamó como si le torturara algo más que su cuerpo. — ¡Mi madre te amaba como a una hija! y mi padre, te quería más que solo para ser mi esposa, aún si la culpa del destino que sellaba sobre mí pudo atormentarlo, sé que no mataría por ello, por corazón y por maldición, no sin pagar un precio tan alto que aún hoy, me impide a mí matar...— Tensó la mandíbula. —... incluso a pesar de lo que me has hecho— Negó con la cabeza como si careciera de fuerza para respirar.

—No es familia quien te compra... quien intenta por la fuerza compensar su culpa, quien ante una mínima negativa o duda, actúa tan atrozmente. ¿Era tan fácil? Para un lobo negro destripar y destrozar la pura carne de una doncella que planeaba su boda, desangrar a un muchacho que quería viajar por el mundo o aplastar a mi padre, que infame jamás escogió a mi madre sobre Harumi, pero era mi padre y siempre fue dulce conmigo. Y mi madre, mi vida entera a quien yo más amaba... me quitaste todo. Así cuando escuché los gritos de agonía de mi familia, perdí el juicio... aún me torturan cada noche los sonidos... pero no hay más lobos en Fukka... he visto cada Orphan, cada Slave y jamás ninguno tuvo la forma pulida de un Lobo negro, ¿eso qué nos deja Natsuki?—

Era difícil desvanecer entonces los argumentos que aquella mujer llena de rencor había construido durante tanto tiempo, su lógica por otra parte era extraña. —Si la única intención de mi padre era que me desposaras... ¿No era ese el peor camino?—

— ¿Supones que no pensé en el sentido de las cosas? Tuve años para martirizarme— La pelirroja se movía de un lado a otro, inquieta y turbada. —¿Cual era el obstáculo? No mis sentimientos y tú lo sabías! Comprendí que hubiese funcionado si yo no lo hubiese sabido, y que de no ser por mi afán pues no quise esperarlos, yo fui al pueblo en medio de esa tormenta, yo vi al monstruo con mis propios ojos y cuando volví a buscar el cadáver de mi padre vi a la guardia de Fukka, a Ankara quemar cualquier vestigio... al final, pude ver al lobo negro y es idéntico a ti, más grande, más fuerte ¿Recuerdas?... tú solo me lo recordaste en los campos, durante la cosecha, salvo porque tenías el pelaje tan blanco y jamás en cinco años de ver y cazar cada Orphan que existe, jamás vi uno...—

— ¿Ankara?—

—El fiel amigo de tu padre...— Sonrió negando con la cabeza, era un gesto de ironía. —El fuego le hizo pensar a todos que fue, un terrible desastre de la naturaleza ocultando para todos el más oscuro momento de mi vida—

— ¿Hablas de los Sugiura?— Palideció, había sido una circunstancia más que lamentable.

—Un trueno que dió inicio a un voraz incendio, ese fue el rumor que esparcieron... fuego en medio del día más lluvioso que se hubiera visto en Fukka—

Pieza por pieza Natsuki comenzó a formar un rompecabezas que había dejado inconcluso durante los cinco años anteriores y cuyo enigma se mantuvo vivo en su pensamiento. —Nao, no siempre podemos defenderlos a todos... mi familia existe solo para ese propósito, proteger a las personas de los Orphan y si me hubieses dicho que eran importantes para ti, si tú sabías hacia dónde había marchado Lana, entonces yo habría dado mi vida defendiéndola de la criatura...— ¿Cómo hacerle entender si estaba ciega de ira y tristeza? —¿Por qué no dijiste nunca que había personas en tu vida? En nuestra amistad jamás lo mencionaste—

—Era mi secreto, mi derecho... ¿No escondías tú vilmente ese rostro capaz de maldecir a quien lo mirara? Conocí muchos más secretos de ustedes lejos de su morada, de lo que alguna vez revelaste realmente. Así que... tú o tu padre ¿Qué importa ahora?—

—Ese monstruo no era mi padre, pero si fuera el caso... por ti, habría vencido o muerto enfrentándolo y sabes de lo que yo era capaz— Gruñó las palabras con la tensión viva en la mandíbula.

Pero Hideki comenzaba a aburrirse de la pelea, si bien era interesante saber por qué la antigua prometida de Kruger se había unido a las filas del Conde, ver a dos mujeres histéricas no le atraía profundamente. Se acercó para apresurar la marcha, pero tanto Natsuki como Nao le ignoraron olímpicamente.

Nao extrañó los colmillos que solían asomar cierta bestia en su dentadura. —Sólo hubieses sido otro cadáver Natsuki. Esa maldición que todo lo corrompe te habría arrastrado también ¿Quién dice que no sigues maldita todavía? Por lo que veo, este no es un jardín de rosas— Señaló con las manos extendidas a su alrededor lleno de penumbra, apenas iluminado por un par de lámparas de aceite, era prácticamente una caverna que les permitía moverse en el castillo sin dar vistas de vida desde el exterior, así lo había mantenido oculto Nagi, preservando aquel aire de abandono. —Piensa bien en la historia de tu vida... ¿Cuánto tiempo ha vivido Nina sufriendo por desamor luchando a tu lado con monstruos que pudieron matarla? Estaba en ello por ti ¿Sabes?; o dime ¿No perdió Sanae a todos sus hijos? ¿No perdí yo a mi familia en tu nombre a la merced de un monstruo desalmado? Dime qué no encaja en todo esto, además de ti o de tu padre. ¡Oh! Perdona... Él también murió— Lo había dicho y sabía que esas palabras no se las llevaría el viento. —Cada historia que he leído de tu familia está plagada de desgracia y pena para aquellos que alguna vez, sintieron afecto o amor... por uno de tu clase. Y sólo comprendí lo que hiciste de mí en el momento preciso de verte sin la máscara, por salvar tu vida destruí la mía, por un acto de valor y bondad recibí dolor y martirio... no es de extrañar que los Arcaid y yo perdiéramos la Fe en tus dioses. O dime si me equivoco ¿Por qué el dios gato no ha venido a salvarte? Explícame ¿Por qué murió Saeko con la aparición de una extraña enfermedad en la flor de su vida?—

—¡No metas a mi madre en esto! No tienes derecho ¡No eres nadie!— Respondió con un grito herido e iracundo, mientras sus ojos esmeralda se plagaban de una locura más que intensa e irracional, la fibra más profunda, la herida abierta en la que Nao había punzado, supuró con una culpa silenciosa que había escondido dentro de sí. —No pronuncies sus nombres, no les llames siquiera... nunca, no a mi Nina— Si tuviera colmillos por ellos habría sangrado su boca. —Ni a mi abuela...— Dio un paso más cerca de Nao y ésta sintiendo el peligro al acecho retrocedió un par. —...o a mi padre, que dió la vida para protegerme— Había algo espeluznante y amenazante en el tono grave que casi recordaba a la ambigua voz del licántropo en los campos. —Si todo cuanto puedes ver de mí, es el horror del monstruo que soy... entonces— Abrió la palma de su mano dejando ver sobre ella una flama roja de la que se formó un cristal de hielo tan rojo como la sangre, Natsuki dió un paso más cerca y otro, hasta que Nao quien retrocedía a la par sintió el frió de la pared en su espalda —...entonces deja que acabe tu miseria— El cristal que formó, claramente tenía la forma de una espada y por ello supo Nao que sería esa su última hora; Hideki sonrió al adivinar lo mismo. —¡Ve con los dioses que desprecias!—

—Hazlo ¡Cobarde!— Respondió tan orgullosa como era, a pesar del miedo y de todo. Temblaron las pupilas de los iris limón, cuando la vió realizar la estocada y sintió el corte gélido en la piel, uno que ardía y dejaba fluir todas las emociones de la antigua bestia de Fukka a través de él.

No se movió, no se quejó, así pudo apreciar el zigzagueo de Natsuki, quien soltó el arma que había clavado en la pared hasta la mitad del filo, engañando a Hideki con una finta, se oyó un disparo que chocó contra las paredes hasta perder fuerza y ser un eco. Saltó y con una patada en la base del cuello del esbirro, lo noqueó de inmediato, el cuerpo rebotó contra la pared y se desplomó en el suelo.

Yuuki podía oír los latidos desbocados de su corazón, tragó saliva y movió la cabeza lejos de la hoja de hielo, delatando el corte en la mejilla que la espada le había causado. Miró a Natsuki quien sudaba y jadeaba con manos temblorosas.

—Pensé que ibas a matarme— Aceptó todavía abrumada, palpando la sangre en su cara, dolía pero no tanto como seguramente lo haría la espada gélida en su pecho o vientre, estaba ilesa.

—Deseé hacerlo... pero vi mi oportunidad y tus deseos suicidas, culpa... te atormenta la culpa Nao— Levantó la mirada y en su cara aún apreciaba una sombra de la locura que sin duda le hizo creer que sería capaz de matarla.

—No es verdad...— Desvió el rostro dando gracias de la poca luz y algunos mechones rojizos cayeron sobre su mejilla herida.

—Sé de la daga en tu cinto, pudiste apuñalarme antes... lo esperé para evadirlo si se presentaba, no soy tan lenta normalmente o tal vez, te intimidé simplemente—

—Je, lo dice quien me puso en el lugar menos posible de disparo. ¿No será que todavía me quieres?— Se rió con un dejo de ironía. Notó la planeación de Kruger, pudo atacar a Hideki en cualquier momento pero la arrinconó haciendo que ocupara el menor ángulo posible, logró así tener espacio, moverse y evadir.

—Tsk...— Frunció el ceño y gruñó. Se aproximó a Hideki, sólo para asegurarse de que no se levantara mágicamente para acribillarla por la espalda, vivía pero por poco, no sería un peligro en un tiempo próximo.

—Pudiste escapar, hace tiempo— Concluyó al final la de iris limón.

—No hace tanto tiempo... El error de Hideki, no me importa qué precio pague ante su señor... con Zade es otra historia, gracias a ella estoy viva... así que vida por vida, pero ya puedo irme— Pese a su intención de marchar, no se movió, Natsuki estuvo tentada a invitar a Nao a salir de allí con ella y al mismo tiempo le pareció inapropiado.

El tenso silencio que se hizo, les dio espacio, vacío era la única cosa que quedaba entre las dos...

—Hazlo, tarda tres días en volver con tu esposa y vuelve a pelear el cuarto día... lleva a Kagutsuchi a su casa, solo para darte cuenta que no tienes la fuerza para vencer, mira el mundo arder, y cuando veas a la madre de tus hijos muerta bajo las garras de la bestia, conocerás la verdadera locura, lo que es desear no haber existido jamás—

—Si ese es mi irrefutable destino y el del mundo... no es mi asunto, es la voluntad de los dioses... y quisiera ver su rostro antes de morir— Después de todo ese martirio, no pedía mucho. Simplemente verla...

—No seas patética, ya te lo dije, los dioses nos olvidan... somos pequeñas marionetas a sus ojos, pero si quieres vencer a la criatura, y darle un mundo en el que nacer a tus hijas...— Era un sucio truco, las dos lo sabían y Nao no dudó en recordárselo. —Necesitas a Darsiv y Zade contigo, tienes una oportunidad con ellos...—

—Ellos son los traidores de quienes él hablaba— Dedujo de inmediato. —¿Cómo sé que no mientes?—

—Clavaste esta espada a la pared, hielo contra roca... pero eso no será suficiente, ellos son dos valiosos guerreros que Nagi ha tenido a su merced y servicio desde que los conocí, incluso antes, los necesita pero igualmente les teme por una razón—

—¿Qué cosa?— Levantó una de sus preciosas cejas negras.

—Su conocimiento...— Suspiró, y miró a Natsuki a los ojos. —Ellos son capaces de desprender los cristales negros de la magatama gigante, tales piezas le han permitido a Nagi obtener un suministro constante de armas, sé que algunos de los cristales contienen dentro de sí Slaves de tiempos remotos, otros, los que están vacíos son los que Nagi emplea para cazar a las criaturas que emergen del lago maldito... intuyo que la razón por la que ese material te hiere tan crudamente es debido a que son fragmentos de un tesoro divino, corrompido por la oscuridad de las criaturas que alberga... tu esencia, tan llena de espíritu, de algo que no sé describir apropiadamente es muy opuesta a esa oscuridad—

Natsuki se cruzó de brazos mirando con desdén a Hideki, en el fondo estuvo tan cerca de matarlo, pero se contuvo solo un poco, sentía a un monstruo consumiendo su interior como había ocurrido 5 años atrás. —Ya no es pura... Nao— Levantó la mano y en ella formó una pequeña flama de su propio poder espiritual, uno que ya no lucía cristalino de luminiscencia azulada, el tono variaba entre rojo y ébano, con apenas un par de destellos blancos bastante intermitentes, cerró el puño y confrontó a la pelirroja. —Me destruiste, por segunda vez— La Kruger suspiró profundamente aún cavilando sus opciones, pero esas palabras se quedaron grabadas con duda en la mente de Yuuki. —Esta es mi única oportunidad Nao, dame una razón de ti... y no intentes adornarla— Cerró la palma asfixiando la flama.

Sus argumentos habían sido buenos, veía en las gemas esmeraldas el deseo de la vida, el anhelo de prolongar su existencia el tiempo suficiente para ver a la luz de sus ojos, aún si la había roto por dentro como ella misma afirmaba. —Zade...— Le tembló la voz. —Ella es para mí... lo que Fujino para ti—

Un tenue temblor en la mirada y las pupilas, era casi un sacrilegio que hablara de ella. —Tú no podrías amar nunca...— La de mirada Limón juraría que sí tuviera colmillos ya habría sangrado su boca. —¡Ni siquiera te compares!—

Tal vez era preciso decirlo, que la amaba... pero no quería que la primera persona en escucharlo fuese su antiguo primer amor. No hizo caso de la rabieta de la ex lobuna. —Si perdí a mi familia una vez... no voy a perderla otra vez, yo haría... cualquier cosa por Zade y Darsiv— Bajó la mirada. —Incluso lo que te hice—

—No te excuses simplemente...—

—Eras tú o ella... ella servida a grupo de energúmenos, la elegí a ella... ¿No habrías hecho lo mismo sí fuera esa mujer?—

La belleza pelinegra negó con la cabeza conteniendo por muy poco otro estallido de enojo. —No... yo no haría algo así, el camino más fácil siempre fué asesinar a Sherezade y huir, si eligiese de la misma forma que tú, hoy no la tendrías de todos modos— Al final sonrió casi riéndose de un chiste que solo ella entendía.

—Maravilloso, ahora enloqueciste— Levantó una ceja, no podía perder el tiempo de semejante forma.

—Lo olvidaba Nao, ya no la tienes... no después de lo que hiciste, de paso le rompiste el corazón a ella—

—Imbécil— Frustrada y más que molesta simplemente se dió la media vuelta con la intención de acudir al salón ya fuera con o sin la ayuda de Natsuki.


No oyó los pasos seguirle, una gran decepción volvió a palpitar en su pecho, pero no se detuvo, conocía ese camino mejor que nadie y tal vez sería la última ocasión en la que lo hiciera. Sin Natsuki, habría más que dos traidores en la sala y puede que más de una ejecución, estaba segura que a diferencia de esa ocasión, vivir sería más intolerable que afrontar la muerte sí aquel era el destino de aquellos a los que más amaba, pero igual que entonces no sucumbiría sin dar pelea.

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2 comentarios:

  1. La espera de esta historia es una tortura, pero cuando sube un capítulo es el mayor de los placeres cada parte de la misma. Gracias

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  2. Soy fans de esta historia por favor no tardes tanto en el siguiente capitulo me encanta en verdad felicidades

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