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Tempus vitae - Cristalsif - 10

Tempus Vitae

Capítulo 10

Nexus



La luz del sol brillaba cálidamente para quien se dignara contemplarlo, como si supiera aquel astro de la grandeza del acontecimiento que tendría lugar ese día. Dos pueblos, dos razas divididas por diferencias que alguna vez fueron insalvables, encontraron en un objetivo común el medio para unir en paz esas particularidades y complementarse. Todo estaba dispuesto y perfecto para la ocasión, sería una celebración que se extendería a todo el reino y duraría dos días, de ser otras las circunstancias seguramente ocuparían un mes de festejos, pero la guerra con los Reptilian no se olvidaba, ellos atacaban el ovoide en oleadas cada vez más intensas. Tal y como la joven Tempus había expuesto con antelación, los sangre fría estaban organizados y tenían armas de guerra tan eficientes como los mismos Eliditas o Tempurianos podrían producir, sus catapultas se alzaban poderosas arrojando piedras descomunales que continuaban golpeando incansablemente el escudo, ácido y otras inmundicias eran arrojadas en las cercanías de las Atalayas, esperaba el enemigo que el olor desconcentrara los rezos y una brecha fuese abierta. Ante esto, la sacerdotisa del Fuego Eterno y la sacerdotisa Polar, junto con Yukariko Sanada, la nueva Sibila Mayor de la Orden Vitae, ordenaron una nueva estratagema horaria de intercambios de turno con los que las sibilas pudieran ser relevadas en el justo tiempo, nada... impediría aquellas nupcias, habían jurado las tres mujeres, por el bien de las naciones aliadas.


El enlace definitivo de los dos Reinos se haría unificando las tradiciones de las dos naciones, con el fin de exponer la igualdad. A cargo de tan importante tarea estaba la sacerdotisa Julieth de la Orden Tempus Vitae, quien auspiciaría la boda. Mai, Nina y Yukariko la observaban de cerca para velar por el estricto cumplimiento de los protocolos y cada una a su vez se había asegurado de que las comprometidas hubieren realizado los rituales de rigor, previos a una boda. Se sabía de Tempuria, que la Reina había danzado frente al corazón de Chronos en la sala sagrada durante 3 horas, tomado después un baño en las aguas de Magmare en Helios y vestido el traje de bodas, después de recibir los símbolos de enlace Argo. Así mismo, de Élide se conocía que la heredera de Vitae había ido a la llamada fuente de la sabiduría junto al primer árbol, se sumergió en las aguas y despojó de sus ropas y joyas, de toda posesión material y sentimental, elevándose gloriosamente desnuda sobre la tierra como un ser nuevo, recibiendo telas prístinas para cubrir su cuerpo por la mano de su madre y ejecutando una meditación de 3 horas, antes de acudir con las mujeres de la familia para ser engalanada en la debida forma, para su boda.

Surtidas las ceremonias previas, los nobles de cada nación acudieron al templo Vitae en el risco que se alzaba en el centro del lago Iriscentia. La emblemática construcción en honor de la deidad patrona de los Eliditas, era la obra maestra de las 8 castas. Dicho santuario había sido esculpido en mármol blanco, amarillo y verde, así como adornado con marfil por los Terranos; esculturas fueron incrustadas con joyas, oro y plata, materiales que los Animalium obtuvieron; el templo contaba con la forma y el diseño establecido por los Herba, siendo una flor de ocho pétalos abierta hacia el cielo perfecta en todo detalle; la roca que la componía fue brillada y pulida por un flujo de agua que los Aqua mantuvieron durante un quinquenio dejando preciosas formas de ondas y serpenteos, apenas visibles al tacto; sus dos salas fueron iluminadas por fuegos tempes, atrapados por los Ignis y sellados por los Vitae Animus, llenas sus paredes de inscripciones de las más gloriosas y sabias narraciones del Endeldimian por la mano de los Luz Spectra. Así como los Aer diseñaron el Septuventis, un instrumento musical de tal envergadura y complejidad, que resulta ser un entramado laberíntico de tubos capaz de usar la fuerza del viento para producir las melodías más bellas. Tal artilugio funciona con las corrientes de aire que se dan en las alturas, y que con la disminución o incremento, presión o fuerza de las mismas, generan una armonía distinta como cada corriente lo sea, siendo llamado así, el canto de los dioses.

Una gran caravana tenía lugar desde los puntos opuestos del plano cardinal, desde el este iniciando su camino, la princesa Shizuru saludaba a su pueblo con la gracia que acostumbraba, elevada a la categoría de divinidad que todos le conferían, le rendían pleitesía arrojando pétalos de flores y alabanzas en su nombre. La veían pasar sobre un precioso carruaje blanco el cual se deslizaba por el aire siendo halado por cuatro dragones Libélus cuyos aleteos estaba sincronizados, de tal modo que podía ocupar una velocidad moderada y estabilidad para el confort de la castaña, conservando una prudente altitud sobre las gentes allí reunidas. Una vez llegó al punto del recorrido en el que no había más personas por saludar, tomó asiento en la silla dispuesta en el centro, de pie y a su lado, con la mano puesta sobre el espaldar del asiento, estaba Reito, su hermano mayor. —¿Has considerado mi propuesta?—

Un escalofrío recorrió la espalda de la castaña y nada tenía que ver el que su vestido tuviese una gran porción de ella descubierta. Mantuvo la serenidad, intentando pensar en la última propuesta de Reito, no lo había olvidado... a su hermano no le caía en gracia su enlace con Natsuki, además de su historia con Irial, él cuestionaba su posición y su origen Tempuriano más que cualquier cosa, pero no le haría entender que aquellos innombrables no eran ella.

—Estoy agradecida, querido Reito... pero eso no será necesario, Kuga y yo hemos llegado a un acuerdo conveniente— Una tenue mentira, algo astuto para no decir...— “Odiaría que le hagas daño”

—Ella... no es digna de ti, ni siquiera está a tu nivel— Casi gruñó las palabras, como si fueran veneno en su boca.

—Ella es la Reina de una nación y portadora del Tempus Spatium, un don divino... no imagino a nadie que pueda equiparárseme como ella— No lo había visto así, que por simple posición aquella criatura tenía dentro de sí el fragmento de un Dios, el amado Chronos. Sonrió, qué tonta... se había ocupado tanto en la idea de despreciarla que no había buscado sus virtudes y solo pudo notar su calidez cuando sus brazos la envolvieron para derramar el llanto que no se había dado el lujo de verter frente a nadie más, así de simple, ahora comprendía que no quería a ninguna otra persona parada en el altar... incluso si tenía el corazón roto.

—Ella es solo una comandante...— Refutó sin entender de qué hablaba su hermana, pues para él había sido bien guardado el secreto. Trasladó su mano del asiento al hombro expuesto de la castaña. —Dices locuras—

Sujetó la mano que intentaba esconderla del mundo, su hermano había sido siempre sobreprotector, aun si la Diosa la había elegido y tenía a mil cuidando sus pasos, él siempre estaba vigilando, de modo que fue sincera. —Era una careta para protegerse o ahorrarse cuestiones diplomáticas, pero te prometo Reitoto... mi dulce ReiRei, que lo es...—

El mayor se sorprendió en sobremanera, ella no usaba esa expresión desde que eran pequeños, porque lo abochornaba en cada ocasión que lo decía. Sus iris de tono miel vibraban sin que su mente pudiera entender ¿Por qué ella decía esas cosas? Ya no eran esos niños, ya no era su admirado hermano mayor... tensó el puño sintiendo una aguja clavada en el corazón.

El carruaje se detuvo frente al lago Iriscentia, a unos cuantos metros de la orilla, allí una barca aguardaba, en ella esperaba la Reina Madre. Su tiempo se había agotado, ambos lo sabían. El mayor vió a la bella, más que preciosa princesa aproximarse en su traje de bodas, un atuendo de impoluto blanco, era un tejido de la seda más fina que se trazaba gloriosamente sobre la figura portentosa de la castaña, la tela caía desde su cuello cubriendo apenas una mínima fracción de la clavícula, bajaba sobre el respingado pecho de la joven Elidita y se ceñía a la base del pecho a la altura de las costillas por una cinta dorada que se ajustaba al diámetro de sus costados y espalda, a la vez que sujetaba en el centro del inicio de su estómago, un anillo de oro por el que la tela cruzaba tomando la dirección opuesta de la anterior, yendo las dos líneas de seda hacia los costados hasta sostenerse en la cadera de la castaña y cubrir una fracción de los laterales. El vientre exponía el delicado ombligo y poco más abajo donde la imaginación aventuraría dulces fantasías, eran completadas por un cinturón adornado de oro y plata, esculpido con motivos de enredadera, contaba con un rubí incrustado en el centro. Dicho elemento sostenía una falda del mismo tono, que bajaba entre las piernas con dos aberturas evidentes en los laterales, unas que exponían las atléticas piernas de su alteza, dejando ver unas sandalias plateadas con amarras cruzando las pantorrillas hasta el tobillo, donde iniciaba una cobertura metalizada, semejante a las de las platinas de guerra. Además de la corona ceñida a su cabeza con la forma de hojas de olivo como la que se emplea después de la victoria según la tradición Elide, Shizuru ostentaba brazaletes en sus muñecas con la misma cuidada filigrana que el cinturón, salvo que estos representaban corrientes y dibujos intrincados de los elementos que ella dominaba sin dificultad. Sin que hiciera falta, aquella beldad, había sido maquillada sutilmente para delatar los labios carnosos, así como con sombras ocres, negras y doradas, resaltaron la gracia escarlata de sus ojos.

Tan efímera e inefable, ella acarició su mejilla y estiró los brazos para abrazarlo. Reito la envolvió como no pasaba hace mucho tiempo y sintió extrañamente que una rara paz le inundaba, allá en las agrietadas heridas de su alma, cuando dos hermanos en el pasado se enamoraron de la misma mujer, aquella pena, dejó de pesar.

—Te quiero... ReiRei, pero ya es hora de dejarme ir— Sabían que no hablaba de ese momento precisamente, el desapego, el desprendimiento eran símbolos muy tangibles en su actual camino si quería superar aquel pasado, Reito debía dejarla ser de esta nueva y diferente forma. —No puedo llegar tarde a mi boda, fufufu—

Se apartaron el uno del otro, el comandante de la guardia de Elide, miró con nuevos ojos a su hermanita. —Espero Zuru que en verdad ella te trate bien o en verdad me enojaré mucho...—

—Es más amable de lo que crees...— Sonrió, antes de prodigar un beso a la mejilla de Reito y dar la media vuelta, para llegar junto a Shizuma, quien apenas contenía las lágrimas de la emoción, aquel momento lo había aguardado en su corazón paciente de madre que ama y anhela la paz entre sus hijos.

Al otro lado, en la orilla oeste, la caravana de Natsuki había arribado, salvo que la suya fue movida por preciosas aves de celeste y turquesa color, propiedad de algunos jinetes de aire. Sus acompañantes Mai Tokiha y Mikoto Minagi, estuvieron durante todo aquel resonar de tambores y muestras de afecto de la nación draconiana, en su tradición, ellos arrojaban lazos multicolores, cantaban y celebraban al paso de su joven Reina. En el trayecto libre de público, la sacerdotisa del Fuego Eterno no había hecho otra cosa que sermonear acerca de los protocolos que debían seguirse, sobre su forma de hablar o su mal talante, sería la vez primera de codearse con los nobles de Aurus y por tanto, no podía darse el lujo de errar los pasos, ya no digamos indisponer los tratados, enlaces y movimientos políticos que la de ojos lila había construido esmeradamente. Mikoto sudaba agobiada ante la mención del uso de las clases de etiqueta en las que ella como Natsuki también fallaba de tanto en tanto, sin embargo la pelinegra estaba más que abstraída en sus pensamientos.

Hasta que la de cabellera rojiza perdió los estribos. —¿Natsuki sí me estás escuchando?—

—No...— Ni siquiera miró a su amiga a la cara.

Mikoto tragó saliva, la ceja de Mai estaba ocupando su conocido tic de loca maniaca compulsiva.

Sin siquiera preocuparse por el riesgo a su cabeza, vendada bajo la corona del Chronos en su frente con aquella cornamenta de dragón antigua, hecha de oro blanco y desgastada a base de tinta, que bien podría ser empleada como arma para apuñalarla, Kuga se puso de pie dispuesta a caminar hacia la barca hecha de cristal y adornada con preciosas flores, esa que la llevaría a la base lateral del templo que le correspondía para acceder a su lugar en el altar, no dió más de dos pasos cuando la mano de Mai la sostuvo por el brazo con más fuerza de la necesaria. —¿Qué rayos te pasa?—

—Es... es mi boda Mai, no pidas más de mí, me estoy desmoronando paso a paso, déjame respirar hoy— Retiró el contacto con cierta tosquedad, lo cual hizo fruncir el ceño a la joven guerrera de ojos oro.

Eran amigas, sabía de las malas pulgas de Natsuki en sus días, pero... ese día esperaba otra cosa. —No te entiendo... no paraste de decir que ella era la indicada, ¿por qué no estás feliz?—

—Ella ama a otra persona, yo soy su lustrosa carcelera... déjalo— ¿Por qué iba a estar feliz de apresar al ave más hermosa si eso significaba romper sus alas?

—Lucha... nosotros jamás nos rendimos, Natsuki— Murmuró con tono grave Mikoto, esta voz era la de su ‘yo guerrero’, invitando a otra igual a conservar el brío.

—No me he rendido— Sus ojos dijeron sinceramente su sentir. —Pero por ahora... debo replegarme— Dicho esto, caminó sin mirar atrás.

Kuga llegó junto a la barca y encontróse una figura encapuchada. Esto le generó sospecha por lo que se puso a la defensiva, sabía por aviso del estimado Tarik y sus vigías nocturnos, que algunos intentarían truncar su matrimonio. Pero una voz conocida llegó a sus oídos trayendo consigo alivio. —Hola... Lunita—

—¿Re... Rena?— Tenía la sensación de que el oído le engañaba, pero nadie en toda esa tierra la llamaría nunca de ese modo y no evitó sonreír por su presencia grata. –Me alegro de verte—

Rena Yumemiya se había ofrecido a ser la barquera de Natsuki por propia voluntad y ya que la única otra opción era Wong… Mai no tardó en aceptar a la líder de la casta Aquarium. —Cualquier cosa era mejor que Nina, da miedo lo que hacen ese par cuando están a solas— Susurró en el oído a su esposa explicando el cambio de último minuto y Mikoto aprobó la sabiduría de su mujer. Contenta por el resultado de su acuerdo, Tokiha ordenó a la caravana llevarla al templo, el viaje por el Iriscentia tenía un valor simbólico importante para la nación elemental, lo cual hacía afortunada la presencia de Rena, quien había delatado genuino aprecio por Kuga.

La castaña de Aquarium retiró el velo de su cabeza y movió la capa, dejando ver un Gregoris de color azurita, esta vez ocupaba bastantes más joyas e insignias, además de mejores galas y un peinado en el que recogía sus largos cabellos. La guía, miró a la morena con la jovialidad que la caracterizaba. —No mencionaste unas cuantas cosas Luna, me dice tu corona que eres la Reina de Tempuria, supe por mi hermana que eres la comandante del ejército draconiano, oí por ahí que eres una leyenda, la guardiana de jade de Helios… y claro, la doncella a punto de abordar el bote de cristal en este célebre día, así que deduzco eres también la prometida de mi sobrina— Una sonrisa divertida se formó en los labios de la mujer de ojos zafiro.

Le sorprendió que la Aquarium no estaba molesta porque le hubiera ocultado esas cosas, era mayor la curiosidad en su brillante mirada, del mismo modo, no todo había sido dicho de su lado. —¿Sobrina?— Unas por otras, ciertamente sabía demasiado de Shizuru para ser una noble cualquiera.

—Shizuma es mi hermana mayor… por ende, Shizuru es mi querida sobrina, seremos familia después de todo— Exponía contenta, mientras tendía el brazo para ayudarle a subir al bote cristalino. Natsuki quien había entregado su confianza el día anterior, tomó la mano y subió sin reparo, aunque se sorprendió del cálido abrazo que vino después. —Yo también estoy feliz de verte—

—Disculpa que no lo dijera, curiosamente fui mucho más honesta en tantas cosas a raíz de eso— Se apresuró a aclarar casi con una sensación culpable en el pecho.

Rena miró a la morena con ternura, en verdad tenía un puro corazón, temía así que los nobles de las otras 7 castas la despellejaran viva, o tal vez, sería el modo en el que la astucia de cierta Fujino saldría a la luz. Pero eso, estaría sobre el plató más tarde. —Lo entiendo, yo misma fui reservada y tuve cuidado de develar solo aquello que en mi consideración, te permitiría dilucidar la situación por la que pasabas. Sé que Shizuru jamás te lo habría dicho y espero que guardemos el secreto de quien reveló sus circunstancias, no sé si ella podría ver que mi intención ha sido y será siempre la de cuidar su corazón.—

—No lo preguntó, sólo… aceptó esa realidad y vertió su llanto, profusamente. Odié no tener el medio para aliviar su tristeza, solo me quedé ahí hasta que se durmió.— Anunció mientras tomaba asiento en la silla cristalina de la barca, miró a ambos lados, notando que no había remos.

—Y te aseguro que no necesitó más…— Murmuró Rena, imitando a la joven Tempuria. —Se mueve así,— explicó poniendo su mano sobre el borde de cristal y el anillo en su mano brilló, debajo de ellas la figura conocida de Zafira emergió de las aguas con la forma de una Seiren pero hecha completamente de agua. —Veo que la amas en verdad…—

Un tenue sonrojo nació en sus mejillas, pero pasó pronto. —Más y más intensamente cada minuto en el que su terquedad me vuelve loca, pero la sensación no es grata.— Admitió al final desviando la mirada sobre el paisaje más próximo mientras Zafira empujaba el barco con una apacible corriente. Sus ojos esmeraldas se maravillaron entonces con las preciosas algas multicolores en el suelo acuático del lago, algunas de ellas eran tan largas que  sobresalían más allá de la superficie, curiosamente se miraban flexibles y suaves bajo el agua, pero las puntas fuera de la superficie, estaban recubiertas de cristal en cuyo centro, al parecer líquido, fluía el alga, como si el agua viva de aquel lago protegiese a sus criaturas incluso más allá de las leyes naturales.

—No estás feliz por tu boda— Rena intentaba seguir el hilo de las ideas de la joven Tempuriana. —Supongo que no, ¿detestas tanto la idea de amar a Shizuru?—

Caviló sus palabras, sabía que una vez dichas no podría deshacerlas y conociendo el vínculo entre Rena y los Fujino, sería imprudente. —Me dijiste que Shizuru empleó el octavo estado de vitae y con ello hizo posible, la existencia de Arika— Sonrió sin siquiera notarlo al pensar en la pequeña. —Pero para ello, tomó la semilla marchita de Takemi, e hizo lo que un Dios haría… lo que parecía imposible.— Cuanto más pensaba en ello más la admiraba. —Para un Tempus es simple mover materia a un espacio donde se ausentan otros objetos, pero es casi imposible, mover vacío a un espacio ocupado por materia, parece la misma cosa, pero no es igual. El vacío visto como la nada absoluta, casi podría decirse, no existe… y si lograra traerlo, rasgaría la realidad misma… ya sabes, el tipo de cosas que están totalmente prohibidas— Notó Natsuki por la cara de la castaña que estaba tratando temas lejos del alcance de su conocimiento. —Lo que intento decir, es que primero tengo que llenar de vacío su corazón antes de pretender ocuparlo y no es algo que yo pueda hacer, ni siquiera violando las leyes divinas… es la elección de Shizuru, ante esto, mis sentimientos están fuera de lugar y tiempo.—

Las ideas de Rena batallaron por encontrar luz entre las palabras de Natsuki. —¿Piensas llevar vacío a tu corazón, dado que en el suyo no puedes obrar?— Fue lo que pudo concluir, cierto que no estaba en su mano decidir por Shizuru, esto, era evidente.

—No es posible ni lo deseo, pero... entiendo lo suficiente para saber que soy por mi sentir un agobio más, entonces no me verá de esa forma… me parece que puedo ofertar mi lealtad y esperar que pueda encontrar una semilla marchita, a la que pueda dar vida con el tiempo... o marchitar la propia hasta hacer vacío donde estaba lleno.—

—Lo has decidido ya…— Eran crudas las palabras de quien se disponía a acudir a su boda con la mujer que amaba.

Asintió. —Me parece que es la mejor forma de hacerle saber que en mí encontrará una compañera, no un lastre... también soy consciente de las limitaciones que nuestras propias responsabilidades nos imponen, este enlace no fue concebido por el afecto a las emociones, fue en todo sentido político, en tanto se preserve pulcro en este aspecto, las verdaderas acciones tras nuestras nupcias, son algo que le dará libertad de hacer y decidir, siempre que sea muy discreta.—

—¿Estás dispuesta a dejarla ser con... con otras doncellas?— La Aquarium creía haber entendido mal.

—¿Qué se lo impediría? No llevaba una vida diferente antes de esto...— Y con referir ‘esto’, se señaló a sí misma con las manos abiertas a la altura del pecho. —Rena, será el camino que elija para sí...—

—¿Y qué hay de tí?—

—Ya verás mi arrojo en el campo de batalla— Le dió una media sonrisa. —Rena, odiaría ser una más en la lista, así que...— ¿Cómo decirlo? —Para mí la pasión se distingue del vínculo, nada llena tanto como el amor... sacia infinitamente más y para un Tempuriano, la concepción es en sí misma, la acción más profunda de amor.—

Las mejillas de la castaña mayor se sonrojaron violentamente al comprender exactamente a qué se refería la querida Reina de los dragones, palabras muy crudas para quien no había tenido oportunidad de gozar las alegrías del amor ni sufrido las dificultades del matrimonio. —Es... precipitado—

—No para quien como en nuestra familia, se vive poco... si mis padres no hubiesen sido veloces en este proceder, nuestra raza habría sucumbido con ellos ese día... y es la tradición—

—Cuando pensaba que nosotros éramos radicales. ¿Cuantos años tienes Lunita?—

—Hoy... se cumplen 18 años, además cada huevo es distinto... el alumbramiento es tardío, no es de 9 meses como para ustedes, ni se da de manera directa en nuestros cuerpos—

En este punto la cabeza de Rena, estaba a punto de explotar, comprendiendo que su ignorancia sobre la raza vecina era más que abismal, bochornosa. Aclaró la garganta intentando no cuestionar los detalles, ¿acaso los draconianos no intimaban en los mismos términos? Incapaz de cuestionar tal cosa, prefirió llevar la plática en otras direcciones. —Err... ¡Feliz cumpleaños!— Y senda idea le había caído del cielo. —¿Por qué no mencionaste tu cumpleaños, me veré mal al no traer un obsequio diferente al de bodas—

—No creo que muchos lo sepan, así que no pasa nada— Kuga era todo lo simple que fuera posible en esos aspectos, la convención asociada a la celebración anual en memoria del nacimiento, era una cosa que había celebrado pocas veces y solo porque Mai había amenazado con retirarle el placer de la ingesta de un brebaje poco frecuente, hecho de aceite de oliva, especias y huevo, la cremosa sustancia era un secreto que sólo la sacerdotisa del fuego eterno sabía preparar. Era el arma definitiva de cualquier convencimiento. —Rena... ¿Por qué usamos la barca? podría haber arribado en un santiamén, el espacio es mi dominio—

—¡Es cierto!— La ama de la segunda Casta se apenó de olvidar tan pronto su labor como barquera. —Bueno mi querida Luna, el viaje a través del Iriscentia tiene significado y la guía no puede ser otra que un miembro de la casa de Aquarium. Sería mortal si te cayeras de la barca, las bellas plantas que cambian de color cada vez que las miras, tienen... consciencia y te atraparían de inmediato, no te soltarían y puesto que no eres una Seiren, morirías ahogada—

—Eso suena horrible— Miró con más respeto las algas que pululaban por ahí, mortalmente hermosas.

—Cof cof... creo que era importante aclarar este aspecto práctico, porque luego no quiero tener que lanzarme al agua por ti—

—No confundas mi desamor con intenciones tan cobardes— Casi parecía obvia la cuestión, sin mencionar que arruinaría su traje de bodas, por no decir los trazos que las sacerdotisas se demoraron horas en hacer sobre su piel. Si no le asesinaran las algas lo harían Mai y Nina. —No tienes idea de lo tardado que ha sido prepararme, no he dormido, tengo hambre...—

—Concéntrate Luna...— Chasqueó los dedos frente a la morena, pues su mente quizás vagaba ya sobre el banquete de bodas, y no justamente el de carne y hueso representado por la princesa de Élide. —Se dice que este lago tiene consciencia y en él debes...— no sabía qué palabra emplear que fuera diciente, clara. Rena se rascaba la barbilla, seguro Shizuma lo tendría más fácil, eran cosas que sabían los niños pequeños de Aurus... se iluminó el pensamiento. —Pescar... sí, pescar—

—Pero me dijiste que no me lanzara al agua...— No veía otras alternativas, nadie dijo que llevara una vara ni sedal. —Si al menos recordara el lugar exacto donde puse la caña de pescar la última vez podría traerla hasta aquí—

—No hace falta, Luna... entiendo que no se me da lo de las explicaciones filosóficas; cuando digo pescar, me refiero a que tienes que atrapar un memorama y el lago... es un lugar sagrado en el que puedes, si tienes suerte, encontrar el nexus entre tú y Shizuru—  Alegremente para Rena el rostro de su guiada mostró interés, la de azul mirar sabía que sería considerada la peor guía Aqua del reino si no lograba que Natsuki completara el ritual del Iriscentia. —Confía en mí y haz lo que te diga— Tomó la mano de Kuga y la aproximó al borde, muy cerca de uno de los cristales de alga que estaba al alcance de la mano.

La castaña mayor retiró el guante de metal que Kuga usaba para cubrir las vendas en sus manos, la cuales sabía Rena habían ocurrido en la labor de salvar lo que para ella era más valioso, la pequeña Arika. Agradecida, besó el envés con gentileza, pues no podría una vida pagar el precio de la valentía que aquella curiosa tempuriana había demostrado. —Rena...— Musitó Natsuki abochornada por el gesto, pero no sabía si eso hacía parte del ritual, así que no retiró su mano.

—Gracias... aún siento que no lo dije lo suficiente ayer— Aclaró Yumemiya antes de ponerse más seria en los detalles técnicos; con su encanto sobre el agua, el cristal se disipó hasta ser una vez más un líquido fluyendo alrededor del alga iridiscente, que como un prisma descomponía la luz en múltiples colores, todos ellos en movimiento, lo cual era una vista cautivadora y atrayente para la Reina Tempuriana. —Las algas viven, son conscientes de tu presencia y quieren de ti lo que les da consciencia... tus valiosos recuerdos.—

La mano de Natsuki se detuvo, imaginando la propietaria, que su memoria sería succionada por un monstruo aparentemente muy hermoso. Había recuerdos que quería en su mente para después de la boda...

Rena no evitó reir un poco ante ello, adivinando por la cara de su amiga lo que intuía. —Pero no temas, ellas no roban, ellas ven y replican; sujétala por favor... no podré mantenerla expuesta por mucho tiempo, podría dañarla y tardaríamos meses en hacerlas volver a la superficie.—

—¿Por qué debo darle mis recuerdos?— Aunque sus ojos veían el movimiento del alga y casi sentía su incomodidad con la exposición al aire, necesitaba saber por qué debería depositar sus memorias en aquel lugar, en ellas había secretos de incalculable valor para su pueblo que había jurado jamás revelar.

Rena no imaginó una negativa o duda en la voz de su guiada, cosa que le tomó más que por sorpresa. Desconcertada veía cómo Zafira se esmeraba en mantener abierta la brecha y temiendo una tardanza mayor, el alga se marchitaría. —Para que... ellas puedan traer de vuelta un recuerdo suyo, tendrás a cambio... el recuerdo más valioso de Shizuru en el que por un instante en el tiempo, sabrás qué sintió y pensó, y lo sabrás porque a cambio del suyo, ella tendrá un recuerdo tuyo... por una vez, sin importar si ella es o no tu destino, será parte de ti y tú lo serás de ella, eso es el Nexus.—

“Un recuerdo... conocer un valioso recuerdo de Shi...zuru.”

—¡Natsuki! ¡Decide!— Le apuró Rena.

“Ella es todo... mi todo…”

Saliendo de su ensoñación vió que la aquarium estaba por cerrar la brecha, por lo que rauda estiró la mano y en cuanto sus dedos rozaron el alga, una corriente de aire se dispersó en todas direcciones, sacudiendo el bote. Así mismo, Natsuki se desplomó inconsciente en el acto, por suerte Rena la sujetó antes de que cayera al agua, no tuvo tanta suerte su corona, la cual se sumergió en las aguas del Iriscentia. —La peor... guía... de la historia— Susurró con cansancio la castaña de ojos azules, en cuyo regazo reposaba una durmiente Natsuki. —Zafira, ¿puedes por favor traer la corona?— y le pareció ver una sonrisa en la faz líquida de su elemental. —No te rías...— Suspiró, por lo menos Kuga había tomado el alga iridiscente, apreciaba la rara planta enredada alrededor de la mano, fluyendo junto con una tierna capa protectora de agua en movimiento.

———
Liviano, comprendió el significado de esa palabra después de tocar el alga iridiscente. Estaba consciente, pero el tacto ya no era un sentido del que pudiera tener certeza, de cierto modo la percepción de las cosas cambió, pues notó prontamente que ya no estaba hecha precisamente de materia, ni se encontraba en la barca de cristal. No se extrañó de la sensación, era semejante a las meditaciones en el templo de Chronos, parecido al desprendimiento para ir a su morada, salvo que aquellas no eran sus corrientes temporales; las ondas fluyen sin ritmo ni frecuencia, pensó al principio, luego apreció patrones, tanto complejos como intrincados que se desvanecían incluso más rápido. Un precioso caos de sensaciones, porque Vitae no es predecible...

¿Dónde estaba exactamente?...
No en un lugar...
No en su cuerpo...
No en ella...

Se sintió timada.

¿Eres digna?... oyó un eco, lo más parecido a una voz, pero no podía percibir las cosas del mismo modo, sentía y veía, todo al mismo tiempo. Podía ser doloroso... y placentero.

Es confuso, pensó, tratando de distinguir la voz en aquel caótico lugar.

Entonces todo se detuvo, todo se desdibujó hasta ser un espacio en blanco, con su presencia y la de otra, una en la que fluían todos los elementos, en la que se formaba la tierra, crecían las plantas, emergían los animales, luego desaparecían, de la tierra fluía el agua, volvía a secarse, se incendiaba, se apagaba, brillaba una luz y este fulgor mutaba tornándose en espíritu y energía pura. Era nada y volvía a principiar.  Todo ello pasaba dentro y sobre una forma humanoide que se movía a su alrededor, pero cambiaba, que era diferente en cada instante al mirarla. ‘Vitae’ pensó.

¿Eres digna?... oyó de nuevo y no habiendo nada más que ella y Vitae, supo que era su voz... si por voz era posible escuchar el tono y el color de un sonido de múltiples y una al mismo tiempo.

Le abrumó por un momento la idea, ¿ella te percibe así?

¿Ella? Sin una respuesta, la dama del todo dejó de ser todo, siendo apenas... una mujer, una conocida figura. Desvió la mirada, viendo lo que la desnudez física le permitía ver aunque cerrara  figurativamente los ojos en su mente. Si hubiera tenido carne se habría sonrojado, porque Shizuru desnuda, sería siempre algo digno de un sonrojo.

¿Eres digna?. volvió a decir. Pero esta vez dejó de ser la forma corpórea de su portadora, tornando su figura en una esencia translúcida, apenas distinguible del blanco vacío por un color verde, tan semejante al de sus propios ojos.

Entendió lo insignificante que se sentiría cualquiera que hubiera pasado por ese proceso alguna vez, con un portador, siendo apenas... un simple mortal contemplando a la Diosa, y qué amarían de su uma... ¿a la mujer o la deidad?

Entonces pudo ver la imagen más alejada en el espacio aproximarse como una epifanía, una burbuja en la que se apreciaba la voz de Shizuru y una secuencia de imágenes sumergidas dentro de aquella esfera. Intentó tomarla en las manos, aunque no podrían caber en una mano, pero la figura de lo que dedujo era el elemental de Shizuru se interpuso entre ella y aquel memorama.

Vitae insistió, ¿Eres digna? y tendió su mano etérea frente a ella.

No sabía qué hacer ¿Cómo le demuestras a un Dios que eres digno? ¿Qué esperaba que hiciera? ¿Qué quería que le diera?

Sin una voz, simplemente asintió comprendiendo que si quería obtener aquel preciado recuerdo, debía, dar otro a cambio, el que Shizuru estaría buscando en la otra barca, al otro lado del lago. Elevó su mano, la que tomó su forma conocida, vendada y húmeda... en ella se esmeró en formar aquella memoria, una esfera cálida que le entregó a la criatura...

En cuanto su mano y la de Vitae tuvieron contacto, se sintió arrebatada de ella, viajando a una velocidad abrumadora, incluso para quien se ha movido en el espacio en apenas fracciones de segundo...
———

Se levantó en carne y hueso espantada, con la respiración agitada, con los sentidos embotados. En cuanto pudo enfocar, vió la cara de Rena bastante cerca y sus brazos envolviéndola como si no quisiera que escapara.

—¡Dioses! ¿Qué le diste?— Preguntó con cierta preocupación en la cara y puede que un tic nervioso.

—¿Mi... recuerdo más valioso?— Se cruzó de brazos, sintiéndose como al principio... Timada.

—Vaya... eres una derrochadora, con razón las algas quisieron llevarte con ellas— Rena sudaba y no sabría nunca Natsuki que había librado una batalla épica por mantenerla en la superficie, eran los gajes del oficio de barquero, no se apuntaría para otra boda en lo que le restara de vida.

—Pero yo no obtuve nada a cambio, no pude tomar la esfera de Shizuru— Dejó escapar un suspiro un tanto frustrado.

La castaña mayor negó con la cabeza, aún sonriendo. —La mano...—

—¿Qué?—

—Abre la mano...—

—Pero...— al ver la emoción en la faz de su amiga, no tuvo más remedio que obedecer, y efectivamente al abrirla, tenía en la palma una perla hecha de cristal, notó para sí que esta era la cosa más bonita que había visto nunca y vaya que conocía de joyas.

—Oh… te dió un recuerdo de su infancia, le gustas— Anunció la tía de la aludida con un gesto que delataba ternura.

—No se puede ver— Por más que intentaba con la vista enfocar a través de la rara gema, no veía nada además de fractales muy hermosos. —¿Soy yo quien no logra ver?—

—No tienes tiempo, no es el lugar ni el momento— Apuraba la castaña notando que los minutos habían corrido en contra, necesitaba llegar a la base del templo. —No se vería bien que llegaras tarde este día— Dicho lo anterior puso la mano en el borde de cristal, que Natsuki notó ligeramente tarjado en varios puntos, casi parecía una suerte que continuara de una sola pieza. —Zafira, algo de velocidad—

—¿Qué le pasó al bar...?— No pudo concluir la frase cuando el repentino movimiento, la tiró hacia atrás, obligándola a sentarse, agradeció a los dioses que su mano estrechó la gema o de otro modo habría caído al agua. En un santiamén alcanzaron la base y la tempuriana se puso de pie para salir de la nave, agradecida de pisar tierra firme y de no haber comido antes del paseo por el lago.

La base del templo, al igual que la bella flor en la cúspide de aquel risco, estaba hecha de mármol, pero este era de una tonalidad azul. La joven Tempus caminó por los alrededores buscando el medio para ascender, no encontró por ninguna parte unas escaleras, ni una soga, nada medianamente utilizable para subir.

—Luna... ¿Por qué no asciendes?— Cuestionó Rena. —Pero antes...— Se aclaró la garganta y tendió la mano, a su lado una preciosa corriente de agua se movió, trayendo consigo un objeto conocido en su interior. Zafira depositó con cuidado la corona de Tempuria en la mano de su ama elemental, mientras que en la otra Rena tenía el guantelete de metal que había retirado de la mano de Natsuki al inicio del ritual. —¿No se te olvidan éstos?— Expuso las dos prendas, más que dignas de la soberana que tenía frente a sí.

—La falta de costumbre... no la uso todos los días— Aclaró apenada ocupando de nuevo el guante, antes de tomar la corona. Notó que parecía recién lustrada y el efecto de tinta desgastada se había atenuado un poco, casi podría apostar que los cuernos draconianos estaban más afilados. —¿Y cómo esperas que suba? Aquí no hay ni siquiera una soga, ¿insinúas que debo escalar la montaña para probar la fortaleza de mi amor o algo así?— Intentó por mera figuración, visualizar a Shizuru haciendo lo mismo y... lo único que vino a su mente fueron sus preciosas piernas visibles mientras ascendía pico a pico. Tragó saliva… —¿O puedo emplear otros métodos?— No sería como hacer trampa, no quería llegar llena de tierra a la boda.

—No... a partir de aquí está permitido usar los medios más naturales... un Elidita asciende con su elemental, tú... técnicamente usarías tu dragón.—

—Técnicamente no puedo usar a mi dragón— Respondió intentando no apenarse por ese hecho, se cruzó de brazos.

—¿Perdiste a tu dragón?— No suponía que fuera posible. ¿Bromeaba?

—No…— Tensó la mandíbula. —El muy ingrato me abandonó desde hace dos días, solo porque en su consideración debí seguir a Shizuru después de esa desavenencia, yo pienso que ella necesitaba espacio y yo también, no había una razón para su enojo, yo cumplí el rigor de las solicitudes de la sacerdotisa Tempus Vitae— Suspiró. —No tenía que enojarse por eso, haría lo que fuera por este momento, por ella ¿por qué iba a indignarle tanto?—

—¿Qué solicitó la sacerdotisa?— Rena levantó una ceja, interesada en aquellas cosas, observaba que Luna casi hablaba como si se tratara de una pareja consumada, le recordaba a Takemi en algunos ademanes. Al mismo tiempo, pareciera entonces que las impresiones de la pelinegra fueran desacertadas acerca de las emociones de Shizuru y su desinterés radical, según sabía, la portadora de Vitae jamás perdía los estribos.

Intentó serenar sus respiraciones y vergüenza, sosteniendo con fuerza entre sus manos la tela turquesa que ocupaba el lateral de su falda Shenti. —Igualdad en términos de experiencia amatoria. Exigió que estuviera con al menos una dama en la intimidad, para no estar por debajo de las expectativas de Shizuru dado que yo… no había conocido hombre o mujer en tales términos, y ella… ella había conocido más personas, incluso durante nuestro compromiso— Casi gruñó lo último, no se lo había mencionado a nadie además de Nina y ahora tenía la sensación de que sus amoríos con ella le habían restado objetividad en ciertas cosas.

—Oh…— Musitó con entendimiento. —Es de lo más poco... ortodoxa— Anunció intentando no alargar la conversación, sospechaba que la Tempuriana no se había tomado muy bien las andanzas de su sobrina, pero tampoco sentía el derecho a reprochar. Al mismo tiempo imaginaba que esta imposición habría generado más fricciones y malos entendidos entre las dos. ¿Cuál había sido la razón de aquel sinsentido? Cualquiera habría estallado de rabia si para casarse, se impusiera que la pareja se entregara a alguien más, pero teniendo en cuenta que aquel enlace no había iniciado por cosas como el amor, las líneas de lo conocido se desdibujaban.

—Dímelo a mí, como resultado mi hermano draconiano me ha abandonado un día en el que… ningún dragón abandonaría a su jinete.— Así que no solo dolía lo de siempre, ahora se sentía sola, sin una madre para recibir un consejo, sin un padre para estar orgulloso, sin un hermano para ascender con dignidad hasta el templo.

—¿Y no tienes algún medio para llamarle? Digo, Zafira es bastante libre pero ningún elemental puede desprenderse de su amo, incluso si lo deseara, nos ata el destino, la voluntad de los Dioses.—

—Reiji…— Respondió, temía que lo preguntara. Porque tenía la solución en las manos pero estaba tan molesta con Durhan por sus acciones que no había buscado conciliación alguna. —La gema en mi brazo, me permite invocarlo sin importar qué tan lejos esté…— Señaló con su dedo la joya a la altura de su bíceps espectacularmente definido.

—¿Entonces cuál es la dificultad?—

—Si él no quiere acompañarme, no le obligaré— No era del tipo que se impusiera por la fuerza. —Pero puedo… simplemente levitar o moverme a ese espacio en un segundo.—

—Que no sea por orgullo, hay muy pocos momentos en la vida tan atesorables como este, lamentarás que tu hermano dragón no esté aquí, aún si pelearon por una tontería… además, queda mal que la Reina de la nación de los dragones no llegue con el suyo.—

Sabía que la señora de los Aquarium tenía razón, así que cedió derrotada. Tomó la perla con el recuerdo de su prometida y haciendo uso de sus facultades sobre el espacio desprendió el zafiro en su brazalete, reemplazándolo con la esfera en un pestañeo. Sabiendo a salvo aquel tesoro, Natsuki concentró sus intenciones en traer a su dragón, deslizó sus dedos frente a la reliquia Reiji, imitando del objeto sagrado, la forma de sus símbolos arcanos. La magia azulina de la reina tempuria formó un vórtice luminoso a través del cual, emergió la magnífica forma del dragón plateado, conocido como Durhan. Rena quien no había tenido la oportunidad de ver uno tan cerca quedó más que maravillada con la forma estilizada pero fuerte de la mística criatura, apreció las escamas perla cuyo brillo plata y violáceo se desprendía con más fulgor debido a las algas iridiscentes de las proximidades, pero sólo al acariciarlas percibió que las curiosas escamas eran en realidad vellos flexibles y suaves, que podrían endurecerse en un instante como la más formidable armadura. No hubieron palabras, el dragón de la leyenda inclinó la cabeza mostrándole a su jinete que en su lomo reposaba la silla adornada con flores azules, ajustada para dos personas. Hasta olía a jazmines, seguramente se había bañado a fondo para la ocasión, así que la hermosa pelinegra relajó el ceño fruncido, se aproximó a la criatura y le dió un golpe insignificante en la pata, antes de tomar la cabeza de la criatura entre sus manos y juntar sus frentes. —No vuelvas a abandonarme así...— Susurró intentando no soltar una sola lágrima.

Pasados aquellos fraternales momentos, la elidita aclaró su garganta. —Alguien debe estar impaciente...— Le informaba el instinto que seguramente Shizuru esperaba en el altar a su prometida.

—Ven con nosotros...— Le invitó Natsuki, tendiendo su mano.

—No es la tradición... yo llegaré, un poco más lento que tú, pero allí me verás.— Anunció Rena con una enorme sonrisa mientras guiñaba el ojo a Lunita. Kuga asintió e inició el ascenso con su dragón, el cual con apenas un par de aleteos se elevó hacia las alturas, acortando la distancia entre ellos y aquel momento.

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El gentil viento mecía algunos mechones escurridizos de sus cabellos delicadamente cepillados, y adornados en la parte de atrás, con ligeras ataduras de flores rojas. Obtuvo el recuerdo, lo sostuvo entre sus dedos y lo admiró. Para la princesa Élide había sido un apacible paseo sobre el lago Iriscentia, las algas percibían la presencia de Vitae y ninguna osó, arrastrar a la joven de mirada escarlata hacia sus aguas. Era una gema septagon, con 7 lados… algo más que simbólico admitió en sus pensamientos, teniendo en referencia, el nombre de la propietaria de aquel memorama.

—Es muy bello…— Anunció la voz de Shizuma, quien observaba a su hija con tierna adoración, memorando al mismo tiempo, la ocasión en que ella estuvo en la posición de la menor. Aún guardaba la joya con el recuerdo que Kenji le había dado, hacía parte de su indumentaria frecuente, era la gema insertada en la tiara que llevaba casi todo el tiempo, salvo como ese día, que debía lucir la corona en la frente por cosas del protocolo.

—No lo siento apropiado… el tenerlo en mi mano.— ¿Por qué tomar algo de ella? Algo valioso… si no podía dar a cambio nada igual. Con culpa intentó entregar la joya a su madre, como si quemara, pero Shizuma envolvió entre sus manos la de la menor y la cerró gentilmente con la gema dentro de su palma.

—Hija mía… no sufras, no siempre tiene que ser de esa forma…— Sonrió, moviéndose para acariciar la mejilla de la que sin importar los años que pasaran, seguiría siendo su niña. —La mayor parte de las veces, no es con la persona destinada, pero la gente es feliz, yo soy feliz.—

—No del todo… no... ¿no se sienten incompletos?— Entonces interpretó las palabras de su madre con entendimiento repentino. —¿Tú?—

—Shizuru…— Shizuma suspiró suavemente, su barca ya llegaba a la base del templo, por lo que salió primero y ayudó a su hija a hacerlo después. —Kenji… Él no es mi Filum Fatum… yo no pude encontrarle. Pero tu padre, él me gustó, me sentí atraída, después lo amé profundamente y ha sido bueno, me ha cuidado cada día, me dio a mis dos hijos, está siempre junto a mí, sin importar si el tiempo es bueno o malo, él es constante— Inclinó la cabeza  y sostuvo la barbilla de Shizuru, contemplando el amado rostro de su hija. —Y Natsuki es tiempo, es Saxar… ella es la definición de la constancia, y es linda, ¿no es así?—

No podía siquiera asimilar las primeras palabras de su madre, sus padres que se amaban, sin duda, pero no habían estado destinados y aun así, habían hecho tanto para estar juntos. —Lucharon contra todas esas reglas, papá debía desposar a una Herba, de acuerdo al ciclo establecido por las tradiciones era la ocasión de la quinta casa, pero se negó a hacerlo… y él no era… tu Filum Fatum, ¡Las castas casi provocan una revuelta!—

—Nadie dijo, que no existiera el amor entre aquellos que por afecto se unen… aún si no están destinados— Sonrió ladinamente. —El destino que nos trazan los dioses, se hace y deshace a cada paso que damos, y aun si tu padre no era mi destino, yo hice que lo fuera para mí—

La calidez en la mirada azul de Shizuma le dió a saber a Shizuru que en todo momento pudo elegir aún si su padre no estaba de acuerdo; al final si era su genuino sentir, la Reina la apoyaría en memoria de sus propias acciones pasadas, de lo que en verdad creía. —Lo justifiqué todo en ello… era… ustedes parecían—

—La gran dificultad hija mía, fue justamente que no estábamos destinados… si fuera el caso, nadie habría refutado nada, porque sería la expresión de la voluntad misma de los Dioses— Claro que recordaba la expresión de las Reinas, vaya que fue difícil convencer a las madres de Kenji, ahora de hecho se llevaban bastante bien, pero ello fue debido al nacimiento de Reito y Shizuru. —Para aceptarlo, los líderes de las ocho castas acordaron que tu padre buscara el hilo en cada hombre o mujer Elidita, sin importar su nivel social—

—Cada verificación debió ser… una tortura—

—Cualquiera podía ser su Filum Fatum, fueron días angustiosos… pero tu padre estaba resuelto a probar, por oposición matemática, que yo sería su futura Reina—

—Ahora tiene más valor…— No evitó reír un poco, visto como un recuerdo era de lo más romántico.

—Sé mi niña, que pueden ser extrañas mis palabras, pero, ¿cuánto ha debido pasar para que ustedes estén juntas?— Shizuma se empinó y con ternura prodigó un beso a la frente de la castaña menor. —Haz, lo que debas hija mía…—

La madre se hizo a un lado y con apenas un pensamiento de la princesa, Vitae emergió portentosa a su lado, tenía aquella forma verde translúcida hecha de energía pura, una vista de su octavo estado. Pese a su extrañeza inicial, Shizuru levantó la palma de su mano vendada y la forma elemental de la Diosa imitó sus movimientos, en cuanto se rozaron sus manos, las vendas se evaporaron como arena arrastrada por el viento y las heridas causadas por las espinas de Dalia en su enfrentamiento con Tomoe Margueritte, se disiparon como si nunca hubieran existido. La Reina no pasó por alto ese detalle. ¿Qué había herido las manos de su hija? ¿Un Tempuriano? No, nadie osaría tocar a la prometida de su amada Reina y Shizuru le habría derrotado en un suspiro. Había sido un elidita, alguien de la casa Herba dedujo, al ver la tonalidad y profundidad de los cortes en aquellos breves momentos. Lo averiguaría y esa persona, pagaría con sangre tanta osadía.

—Aer… Vitae— Susurró sabiendo que en cuanto su querida elemental volviese al primer estado, no podría retornar nuevamente al octavo, no sin la liberación del sello por parte de su padre. —Vamos… a tu morada— Las corrientes de aire se arremolinaron alrededor de Shizuru, formando en la superficie de granito la preciosa ave sobre la que sólo la portadora podría posarse. —Te quiero… madre— Con un ademán de la mano sobre sus labios envió un beso a Shizuma antes de poner su atención en alcanzar la entrada lateral este del templo que la llevaría a su altar.

Una vez alcanzó la entrada y sus zapatos tocaron el mármol blanco un estremecimiento se sintió hasta los cimientos del risco y los sonidos del Septuventis se extendieron con una melodía alegre por todo el lugar. Entró la castaña en la sala, los súbditos de las dos naciones se pusieron en pie e inclinaron la cabeza con rapidez, todos querían continuar contemplando la belleza sobrenatural de la bella Shizuru Fujino, cuyo atuendo recordaba a las doncellas Oráculo de las Xanas en las tierras antiguas. En cuanto la hija menor de Kenji tomó su posición en el altar, los botones de flores que adornaban cada lugar, abrieron sus capullos floreciendo a la vista de todos y manando los dulces aromas de sus pétalos, el agua que fluía en las fuentes próximas alcanzaba mayores alturas, los Fuegos Tempes que iluminaban la sala se inclinaron como muestra de respeto. Pues saben los seres y los elementos, que la señora de aquel templo había arribado.

Un silencio ceremonioso se extendió por todo el lugar, dando la oportunidad a la otra contrayente de aparecer por la entrada opuesta. Impávida, portentosa y serena, Shizuru esperó, sospechando de antemano que el desconocimiento de Natsuki de sus rituales nupciales sería motivo de un proceder más lento. Pero corrieron los minutos y la comandante Tempuriana no aparecía.

Las voces como susurros comenzaron a revolotear cerca de sus oídos, mientras la castaña dirigía una mirada a su apenado padre, quien como otros comenzaba a dudar del arribo de la joven pelinegra. Pese a todo, Shizuru no dudó, comprendía igual que Natsuki el valor de su enlace y que a pesar de la oportunidad servida por su madre unos minutos atrás, decidió continuar con aquel enlace, principalmente por la paz de sus reinos y porque tenía la esperanza de llegar a sentir y vivir algo, con aquella rebelde Tempuriana…

—¡Indignante!— Gruñó el padre de Tomoe Margueritte. —Dos desplantes y la princesa debería desposarse con un Herba—

La voces subieron en tonos, escuchándose ya la aprobación de algunos nobles a las ideas de líder de la casta Herba... la opinión dividida y los Tempurianos quienes juzgaban impaciente la duda por la tardanza de su majestad, comenzaron a exigir el acuerdo original señalando que la princesa debe desposar a su Reina; Mai, Mikoto y hasta Nina llamaban a la calma entre los señores de las tribus nómadas esperando el buen ejemplo de los líderes.

—¡A callar!— Gruñó casi como un león el Rey, dando a saber con apenas una mirada que el siguiente mentecato Elidita que tuviera a bien decir otra idiotez semejante, pagaría con su libertad o su vida, tal injuria.

Entonces se escuchó el aleteo fuerte de cierta criatura, junto al sonido de otra melodía resonar. Shizuru quien estaba en la posición perfecta para ver hacia el exterior opuesto, observó el ascenso de su prometida llenándose de sorpresa y maravilla. Lo primero que sintió, fue el viento fresco sobre el rostro y los velos de sus ropas, lo siguiente que apreció fueron las alas blanquecinas del dragón plateado de Natsuki, y después a ella... la mejor versión de la Reina Tempuriana vista hasta entonces.

En su cabeza reposaba la corona, era un elemento hecho de oro blanco con texturas desgastadas en tinta, en cuyo centro una gema azul brillaba intensamente. La forma misma de la corona sugería a un dragón rey, pues exponía la cornamenta de un draconiano antiguo, bastante similares a las astas que adornaban a Durhan. La joyería en general que usaba la joven Tempus, conservaba el mismo estilo, tanto los guanteletes de metal, como los brazaletes en las muñecas, el Reiji, el cinturón y las botas que ascendían hasta sus rodillas. La mirada escarlata apreció que la larga melena de aquel precioso negro con brillo cobalto estaba sujeta y trenzada en las patillas, mientras que el largo natural en su espalda apenas estaba atado por una cinta blanca bordada en hilos de plata. El rostro normalmente níveo, había sido pintado con líneas doradas y negras en trazos geométricos desde la frente hasta la barbilla, dando a la morena un aire un tanto místico, salvaje podría decirse. Sus ropas de blanco lino, se componía de dos piezas; la prenda superior era un tejido que cubría el pecho, sostenido por amarras cruzadas desde el cuello y la espalda, sobre esta, Kuga usaba un par de hombreras integradas en forma circular con broches que sujetaban una capa de color verde turquesa. La segunda pieza era una falda Shenti de dos telas, la principal blanca y la secundaria del mismo tono que la capa, la cual apenas cubría hasta los muslos de la joven.

Con andar seguro, la Reina Tempuriana se aproximó hasta tomar la posición que le correspondía en el altar junto a la portadora de Vitae; pese a la profunda apreciación que tuvo Kuga de la belleza sensual que engalanaba a Shizuru en ese momento, su expresión se mesuró, tan serena como le fue posible, inclinó suavemente la cabeza antes de centrar su atención en Nao, la sacerdotisa encargada de atestiguar y bendecir su enlace.

La pelirroja miró el gesto complacida, estaba segura que ninguna de las dos mujeres, seguía siendo la misma que aquel distante día del inicio de sus estudios prenupciales. —Aproxímate, hija amada de los dragones— Dicho esto cualquier duda sobre la sacerdotisa se disipó de la mente de los Reyes Eliditas y los nobles de las naciones reunidas. Natsuki obedeció ascendiendo dos escalones hasta la plancha de granito en la que las ofrendas eran puestas y que por el momento la sibila ocupaba como asiento en acojinadas almohadas de satén rojo.

Sin anticipar siquiera la peligrosa aproximación de Nao, se quedó estática cuando la mujer posó la mano sobre su estómago, tan excelsamente esculpido por el rigor de sus esfuerzos  y entrenamientos diarios. Abochornada debió esperar con impaciencia y ante la mirada extrañada de los reunidos que se preguntaban si el ritual pertenecía a la nación vecina, suponiendo los Tempurianos que era idea de los Eliditas y viceversa. —La promesa de la Reina Kuga ha sido cumplida— Anunció triunfal con voz ceremoniosa, mientras Shizuru y Natsuki procuraban intuir de qué cosa hablaba la mujer, más una mirada escarlata sobre la verde limón fue suficiente para intuir en su mueca burlesca una adivinación de lo que refería, la ira reverberó en sus entrañas, más aún cuando la castaña fue invitada a acercarse y recibió la misma auscultación extraña. —Por poco...— Musitó por lo bajo, mirando con reproche a Shizuru, luego alzó la voz audiblemente para los asistentes. —La promesa de la princesa Fujino también fue respetada, es justo entonces dar principio a esta boda—

Con aquellas palabras memorables como un eco, el ceño fruncido de Natsuki persistió en su rostro por al menos la media hora que tardaban las menciones importantes del Endeldimian en las cuales se explicaba a las dos naciones, los enlaces naturales entre la Fe de los Tempurianos y la de los Eliditas. Tan solo hizo caso de la ceremonia cuando oyó a Nao decir audiblemente. —Retira los guanteletes y la capa...— Añadió por lo bajo. —No quiero trampas— Guiño su ojo mirando a Natsuki, luego le murmuró a Shizuru a su vez. —Tú vienes casi desnuda, así que... estás perfecta.—

La paciencia de la castaña fue puesta a prueba, estaba claro que no le había caído muy en gracia a Yuuki; más pronto que tarde Shizuru desvió su molestia sobre Nina Wong, quien se aproximó a la que sería su esposa, para prestar ‘innecesariamente’ sus servicios en la labor de retirar las hombreras junto con la capa, además de aguardar por los guantes de su ‘querida’ Reina. Así, atendiendo curiosamente a la tardanza de Natsuki para cumplir la voluntad de la pelirroja, evidenció que esta se apenaba de la idea de mostrar sus manos. Levantó una ceja musitando mudamente con la mirada la duda que le asolaba... Kuga suspiró y retiró los guanteletes develando para todos, las vendas que se había esmerado en vano por cubrir.

“¿Te has lastimado? ¿Cómo?”— El disgusto por ignorar tales cosas, trajo un mal semblante a la faz de la castaña, pero lo dejó ser por el momento. Pues sus ojos contemplaron al tiempo, la espalda ahora expuesta a la morena, en la cual pudo apreciar intrincados trazos, de nubes y corrientes tan vivas, azules y negras, de estrellas pulsantes en dorado color, era como ver una noche en tormenta plasmada en tan curioso lugar. —“¿Es eso en honor de quién o qué?”—

—Sin... coberturas... me temo.— Añadió Nao, con cierta compasión.

—Nina... corta las vendas.— Solicitó la aludida de inmediato.

—A sus órdenes, majestad— Rauda, la sacerdotisa polar extrajo una daga de su cinto y con sumo cuidado, rasgó las vendas hasta exponer los raspones y cortes en las palmas, dedos y el envés de las manos de Natsuki.

Las dudas y las voces volvieron a cuestionar con murmullos tales heridas, imaginaciones audaces hacían y deshacían en busca de la explicación que por supuesto Kuga, no daría ni siendo sometida a tortura. Nao llamó al orden aclarando su garganta. —Será empleado el ritual del espejo, combinando en él la tradición del hilo del destino.—

Bastó un ademán de la sacerdotisa para que dos hombres fornidos de la guardia tempuriana se acercaran al altar con dos espejos de cuerpo entero, enmarcados en cobre rojizo, modelado con formas draconianas propias de la tradición Tempuriana, los cristales en cuyas superficies reflectantes tenían inscritos conjuros muy antiguos fueron puestos paralelamente en medio de las dos contrayentes, dejando entre los mismos un espacio de un metro entre cada espejo y apenas medio entre cada prometida y su espejo.

—La tradición Tempuriana dicta, que al tocar los espejos de manera simultánea la imagen que aparecerá reflejada es la de aquella persona por la que se siente profunda atracción, amor de ser posible…— Sonrió mirando a Shizuru, quien comprendía al fin las implicación de aquel ritual y sentía recorrer un escalofrío por su espalda. La imagen reflejada, sería entonces la de Irial, nadie mencionó esta situación e incluso los Reyes se miraban contrariados ante la idea, puesto que sus rituales eran más discretos al exponer una posible incompatibilidad que en la mayoría de los casos se daba. Así que nadie cuestionaría si Natsuki no resultaba ser el Filum Fatum de Shizuru, pero vaya que sería problemático que la imagen del amor diverso de las dos jóvenes estuviera expuesto a la vista de todos y resultaran ser otras, mujeres u hombres. Conociendo los predicamentos suscitados, la sacerdotisa Vitae prosiguió. —…así mismo en Élide se aprecia el valor del sentimiento a través del hilo del destino, el cual es un flujo de energía pura proyectado por las contrayentes— Nao se miraba incluso profesional, porque explicaba a quien desconociere las tradiciones de la nación vecina, a la par que daba instrucciones a las dos doncellas en nupcias. —Así pues, posen sus manos desprovistas de toda prenda, sobre el espejo y dejen fluir su energía a través de él, en su estado más puro, como cuando hacen los trazos de sus conjuros—

Kuga depositó la palma en el centro de su espejo dejando fluir una luminiscencia azulina y pocos instantes después pudo ver a Shizuru como si aquellos artilugios mágicos no estuvieran allí, ni un filamento continuo de fuego azul se formara en el espacio vacío entre los dos espejos, siendo este solitario hilo contenido por Nao a la espera de que Fujino ejecutara su parte. —Pronto... princesa— Apuró a cierta castaña dubitativa.

Para la mirada esmeralda que contemplaba el espejo sin que existiera nada más que la hermosa castaña en él, vió el miedo que habitaba en los pozos escarlata, pero Shizuru tornó inexpresivos sus gestos y abrió la palma de su mano para posarla en el espejo, teniendo para sí la oportunidad, en la que Natsuki leyó una marca con un nombre en ella... “Irial” exponía el pequeño tatuaje, una letra que jamás hubiese visto de no ser por el espejo, el cual revelaba aquel viejo pacto. Comprendió con enfado, que no eran las primeras nupcias de Shizuru y que su angustia por tocar el espejo, se debía simplemente al hecho de exponer a su anterior pareja, a quien seguramente amaba todavía.

—No te obligo... jamás— Musitó con voz ronca en una distorsión del espacio que creó para ser escuchada, sólo por Fujino.

Lo siguiente que supieron los invitados, es que los espejos se rompieron en mil pedazos, pero las esquirlas no lastimaron piel alguna, porque la joven Tempus, lo evitó de inmediato con su control sobre el tiempo, deteniendo para sí los efectos de la gravedad o la sinergia de aquella pequeña explosión. Al final los cristales formaron una pequeña lluvia sobre un cuenco y en él reposaron, mientras la gente miraba sin entender lo que ocurría.

Shizuru se mantuvo impávida pese a los acontecimientos, su mano aún estaba extendida emanando energía pura hacia el punto central donde Nao trataba de mantener estable el encuentro de los dos filamentos. Aún no podía pestañear o mover un músculo, con una sombra de confusión en la cara, parecía perdida en sus pensamientos hasta que cuestionó las circunstancias. —¿Qué ocurrió?—

—Son muy poderosas, el espejo no toleró la intensidad de su energía— Mintió la pelirroja que conducía las nupcias, sabiendo que la mención del gran poder de las futuras Reinas alegraría a los reunidos y justificaría las ruines acciones de Natsuki Kuga. —Estos inesperados eventos nos obligan a contrastar solo el hilo del destino— Miró a la causante de sus penurias, ‘tendría que haber cobrado más’ pensó. —Pongan la mano izquierda en posición de oración, con el pulgar a la altura de su corazón, calmen sus inquietudes y mantengan la serenidad— Ordenó y obedecieron las dos.

La sibila demostró al fin porque su orden estaba por encima de las de las propias naciones, cuando citando palabras en un idioma desconocido para todos y ejecutando trazos de luz con su mano, generó un escudo octagón alrededor del punto de encuentro de los filamentos de energía, los cuales se estabilizaron de inmediato. La energía azul de Natsuki formó un hilo del mismo color, del que brotaban llamas azules, pero el hilo de Shizuru era rojo, hecho de fuego escarlata.

—Sus destinos están atados...— Alzó su voz Nao para ser oída por todos y las voces de júbilo se oyeron en toda la sala del templo. Con calma se aproximó a la Elidita y cerró su mano, deshaciendo el hilo de fuego escarlata. Dió así la ocasión a algunos pensamientos, pues sólo quienes conocían el secreto de su historia pasada, comprendería la magnitud de las circunstancias reveladas intencionalmente por Julieth. —...desde los inicios de su existencia— Sonrió ladinamente, como si confirmar lo que los Reyes ignoraban fuera el golpe de gracia para la de cabellos ocres. —...cuando el vientre las albergó— Miró a Shizuru. —O el huevo, según se mire...— Añadió al ver la contrariedad en la cara de Natsuki, que no entendía del todo la referencia, pero había imitado a Shizuru en la conclusión de su filamento de energía.

—¿Estás diciendo que... yo soy su Filum Fatum?— Natsuki preguntó en tono bajo, imaginando que había entendido mal, mientras a sus espaldas la gente comenzaba a celebrar, incluso podía oír la trompetas llevando la buena nueva a kilómetros de distancia.

—Sí, eso dije... en palabras que ‘todos’ pudieran entender— Se burló un poco de la pelinegra mientras nadie atendía a su voz. Era por todos sabido que un sacerdote Dartaria, cualquier sibila, o incluso un oráculo Seiren están demás una vez el vínculo se identifica, en los raros casos que algo así ocurre, por ello podría marcharse de inmediato y las dos majestades ya serían consideradas esposas. —Supongo que quieres que lo haga oficial... pero sí, son Filum Fatum, Reflejos perfectos... o como lo llame cada civilización— Pero la pelirroja de felino andar y mirada limón, sabía de antemano cuál era el verdadero deseo de Kuga. —Sobre sus sentimientos, estos no están tan claros, están envueltos en llamas como si quisieran protegerse de la mirada intrusa, era el objetivo del espejo, ¿comprendes? Aún así, ten esperanza... surgirán... algún día— Completó con malicia sabiendo de antemano la incertidumbre que le asolaría. Para alguien como ella, era definitivamente una señal divina, aquellas almas aún no estaban listas para ser la mejor versión de sí mismas.

—Dame así la marca...— Solicitó la princesa con el ceño fruncido.

—No es necesario...— Sostuvo su postura Nao, empezando a delatar en su frente un gesto de enfado.

—Yo... la quiero— Intentó no sonrojarse, pero fue en vano.

—Quieres sobreescribir tu nombre y no es posible— Expuso, sabiendo los motivos, tampoco para ella había pasado por alto la marca de Shizuru, sin embargo la aludida a quien miró de soslayo estaba cruzando palabras con el rey y este parecía molesto por una razón más que obvia a su entender.

—Yo... yo no he marcado la mía, ni siquiera tienes que escribir nada en su piel— Refutó Natsuki asegurándose de ser más específica.

—Es bastante grande su terquedad, querida Reina— Ironizó al final. —¿Dónde desea la marca?— Natsuki señaló con un dedo en el lateral izquierdo de su cuello. —Va a dolerle...— Negó con la cabeza, como si mencionar aquello hiciera cambiar de idea a una guerrera Saxar.

—Disfrútalo— Sonrió Kuga retando a la sacerdotisa.

—Y mucho— Tomando una pluma con tinta roja y conjurando una vez más, se aproximó al cuello de la tempuriana y en él dibujó la forma triangular del Argo, en cuyo centro escribió con pulida caligrafía el nombre Primigenio de la princesa, así como en la base su ascendencia y su enlace con Vitae. De tal modo que las líneas se extendieron desde la parte superior del cuello muy próxima a la mandíbula, hasta las cercanías de la clavícula. Una vez terminó, selló la tinta con magia pura, lo cual ocasionó un ardor tremendo a quien recibió la marca. —Como una quemadura... pero, ¿cómo no sabría de ello un dragón?— Sonrió esta vez con más cordialidad. —Ten presente, Kuga... que los genuinos sentimientos, nacen o mueren incluso para las almas que están destinadas, el que sea un reflejo perfecto es un empujón divino, nada más—


Dejando las palabras en el tintero, Nao caminó a través de la gente hasta perderse de la vista esmeralda de Natsuki, la morena aguardó en silencio sopesando las intenciones esquivas de aquella sibila, apreciando entonces que las circunstancias habían cambiado a causa de su intromisión.
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3 comentarios:

  1. Unidas la una con la otra, ahora falta la concepción ... que cosas cada vez más sorprendente

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  2. Yo, humilde lectora y admiradora tuya desde las sombras, me atrevo a escribirte para decir que estoy fascinada con tus historias.

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