Esperamos tu historia corta o larga... Enviar a Latetafeliz@gmail.com Por falta de tiempo, no corrijo las historias, solo las público. NO ME HAGO CARGO DE LOS HORRORES DE ORTOGRAFÍA... JJ

Danza entre lobos - Cristalsif - 38


Saludos a todas y todos.

Antes que nada, escribo para desearles un muy feliz inicio de año, les deseo grandes éxitos en sus vidas y alegrías por millares, ojala sus proyectos se cumplan o al menos se encaminen en la dirección de ser cumplidos. Después de esto, lo siguiente por decir es que espero me disculpen por la tardanza, si bien tenía de este capítulo 15 páginas el día 31 del 2016, me pareció que finalmente sería muy poco por lo que completé y mejoré el contenido haciendo de este capítulo, un logro personal. El siguiente capítulo ya está escrito, se encuentra actualmente en verificación y edición, otro de los motivos de mi demora fue justamente que el capítulo que actualmente será el 39 iba a ir primero que el que hoy es el 38, pero después de analizar y replantear algunas cosas, decidí que tenía un mejor orden tratar el tema en el orden en que lo voy a publicar. El capítulo 39 será publicado la semana próxima, con lo que espero darme algo de tiempo para escribir Tempus Vitae y Nunca Digas Adiós.

A todos gracias por su lectura. Abrazos.


Dedicatoria 1: 10/01/2017
He visto personas sonrientes y lúgubres, he caminado con otros irascibles y pacíficos, ha pasado tanta gente por mi camino, sin embargo tuve la suerte de toparme con los que son constantes, con los que están ahí casi en silencio cuando se les necesita y hacen escandalo para levantar los ánimos cuando están bajos, los que sonríen y tienen un humor diferente, excéntrico podría decirlo el mundo, para mí serían únicos y especiales… gracias por leer y encontrarme, gracias por preguntar y quedarte, aprecio como no tienes idea que de tan pequeños gestos nuestra amistad iniciara… pero más contento se queda el pensamiento, porque no solo pasaste… tu decidiste quedarte.

Te quiero mucho Irina, espero que este pequeño gesto se robe una sonrisa en el día de tu cumpleaños.

Dedicatoria 2: 11/01/2017
Un día blanco… no supe lo que significaba cuando me lo dijiste ¿Qué puede ser un día blanco? ¿Es acaso aquel día cuando el sol está en el cielo y las nubes son esponjosas? No, si el cielo es azul entonces debería ser día azul. ¿Es de otro modo la forma en que alguien cita el día en que nace? O sería tal vez un día para darle chocolates blancos a alguien que te gusta… pensé muchas cosas, pero claramente no adivinaría jamás lo que para un persona como tú significaría eso… así al final me rendí y pregunte, entonces me dijiste… no conmemoro mi nacimiento, no es mi cumpleaños, tampoco es el día en que conocí a alguien importante… El día blanco, es en memoria del día más feliz de mi vida, porque nacer no solo implica ser dado a luz por la madre, nacer es el momento en el que empezaste a vivir realmente, a ser feliz sinceramente…
¿Creíste que lo había olvidado?
Feliz día blanco, querida Zu. Te quiero un montón y espero pequeña que haya memorado dignamente este día, volviéndolo otro día lleno de recuerdos felices.

Ya y sin más demoras, el capítulo.


Danza entre lobos

Capítulo 38

Escógeme

La preocupación no sirve de nada, no hace bien a nadie. Era una frase que se decía una y otra vez a sí misma, pero no podía dejar de sentir aquella inquietante zozobra por el prolongado sueño de Nina, si su cuerpo ya no era motivo de angustia pues las heridas fueron sanadas mágicamente por la habilidad de Kruger, no comprendía por qué a pesar de sus súplicas a la diosa y las constantes horas de yacer junto a su cama, ella no despertaba. ¿Acaso era el destino ineludible del que hablaba Natsuki? Negó con la cabeza más que molesta con sus atormentados pensamientos. Un golpe más fuerte, dejó caer el martillo sobre el metal dos veces más descargando sobre la hoja toda su frustración, cuando se detuvo tensó la mandíbula conteniendo el llanto en su garganta. Quería gritar «Despierta»… pero eso no cambiaría las cosas. Estaba en su taller solo porque necesitaba distraerse y no pensar demasiado, porque se llenaría de lóbregas imaginaciones, pues de la magia nada sabía y muy en el fondo le decía el instinto que los obsequios de la vida siempre tienen un precio, no estaba acostumbrada a recibir bendiciones gratuitas y su lado reservado le hacía recelar las circunstancias que se presentaban. La joven Ho dejó de pensar cuando escuchó el sonido de su puerta, volvió la vista hacia atrás y vio a su cuñada abrir la puerta con premura.

Maya entró en el lugar un tanto agitada. —Erstin… es Nina—

La mente de Ers, apenas pudo procesar el nombre de su adorada novia. — ¿Está bien? ¿Le pasó algo?— Dejó a un lado el martillo y la espada sobre el yunque, depositando sus guantes de trabajo en la mesa más cercana.

—Tienes que correr, ¡Ven ya!— Maya se dio la vuelta sin decir más, desapareció raudamente, lo cual alarmó bastante a Erstin.

La rubia ni siquiera se ocupó de usar abrigo alguno o de lo brusco que sería el frío invernal fuera de su lugar de trabajo, simplemente siguió a su fugitiva cuñada de camino a la casa, una vez la pelinegra cruzó la puerta con apenas unos segundos de ventaja la perdió de vista, pero como la persona desbordada por las emociones que era Erstin en ese momento, simplemente pasó de largo hacía la habitación donde debía encontrar a su querida dama de cristal, la que inalcanzable fue durante tantos años y que ahora, correspondía su amor. Pero en cuanto abrió la puerta impetuosa como era, volvió a contener el aire dentro de sus pulmones, pues la cama donde Nina reposaba, estaba vacía y perfectamente dobladas las sábanas que la cubrieron antes.

Erstin estuvo tentada a salir en busca de Maya y exigir una explicación, se detuvo al ver un precioso vestido azul con lazos blancos y bordados dorados, estaba puesto sobre el nochero al pie del baúl de la ropa de Nina, sobre aquel enser notó un papel tintado con la fina caligrafía de alguien que seguramente recibió una estricta instrucción. Con la calma que no tenía tomó el papel y lo leyó con rapidez.

«Guarda la calma, estoy bien mi amor… Solo perdona a este terco corazón que no sabe esperar paciente al tiempo y aun cuando ansío verte, a otro poco se obliga mi consciencia para hacer de esta ocasión un momento eterno en tu recuerdo. Sonríe mi amado zafiro, tan puro el corazón tuyo es, que cautivarme se hizo parecer sencillo, empero, lo sabemos tú y yo que otra fue esa historia, digna de cuentos de aventura y fantasía. No sé por qué pareciera que solo yo puedo ver la grácil belleza que desprendes, no brilla tanto el sol como tus cabellos de oro, ni es tan precioso un zafiro como el celeste de tu prístino mirar, no han visto mis ojos más cremosa y nívea piel, aunque temo que al tocarte te evapores como un sueño, etérea y onírica… celoso es mi pensamiento, imploro a la diosa que no lo sepan otros, de la gloriosas formas de tu ser y las curvas prodigiosas de tu figura, del bello rostro que esculpido fue por deidades, de la gentileza que enamora irremediablemente…»

Releyó otro par de veces, sin comprender del todo el motivo de aquella carta, aunque sus mejillas estaban totalmente sonrojadas por aquella tácita declaración de amor, nunca se imaginó algo así de Nina. Recibir cartas así, era la fantasía de tantas mujeres y a ella le llegaba el turno de sonreír enamorada ante las finas letras de la bella pelinegra.

—No me dirás que no te haces una idea…— Maya sonrió como si mirara por primera vez a Erstin, pues la amaba como a una hermana pero la conocía lo suficiente para saber que dudaría sobre la propiedad de la prenda que Nina había comprado para ella y que solo en una ocasión tan especial como aquella, se tomaba el atrevimiento de entregarle. —Usa su regalo, que vas a quitarle el aliento en cuanto te vea—

Ante las indiscretas palabras de su cuñada, la rubia no tuvo más remedio que seguir su consejo, pero primero decidió ir a asearse para limpiar de su cuerpo las marcas de hollín y el sudor de sus esmerados trabajos. Transcurrido el tiempo prudente, Erstin salió de la habitación luciendo el vestido azul sobre su esbelta figura, estaba tan poco habituada a aquellas ropas que sus pasos se miraban tímidos hasta el momento de ver su propio reflejo en un espejo; por su parte la mayor de las dos, casi contuvo el llanto de dicha al verla como si de una preciosa muñeca de porcelana se tratara. Maya sonrió triunfal, pues no sabrían jamás los hombres de Fukka cuanta hermosura desestimaron a razón del oficio de herrero que tenía la dama.

—Si te viera tu madre…— No sabían las palabras describir la alegría de la pelinegra.

—Ella siempre me ve, después de apreciar tantas maravillas ¿Cómo dudar de la gentileza de la Diosa?—

—Tienes razón… ahora, la siguiente nota— La bella madre de Saya extrajo de su espalda otro papel blanco, aun en la distancia.

— ¿Confabulan todos?—

— ¿Cómo no hacerlo? Nina hizo una cara que ni siquiera el testarudo de tu hermano pudo refutar, ya sabes, se ganó su respeto… además que todo es por verte feliz—

—Simplemente no comprendo el motivo de tantas atenciones— Cuestionaba inocentemente con un expresión de duda mientras robaba la nota de las manos de su cuñada, esperaba ansiosa descubrir las palabras de aquella mujer de infinito mirar de fuego.

—Por mí, no lo sabrás todavía…—

«Toma el abrigo y envuelve tu piel como si fueran mis brazos los que te cobijasen. Porque siempre encontrarás en los míos el resguardo a las vicisitudes del mundo, seré el remanso en el vayas a descansar, el agua tibia que se deslice junto a ti, cubriéndote, amándote… porque en mi vida, todo cuanto puedo prometerte es que me tendrás enteramente tuya, a mis brazos para sostenerte y trabajar por nuestro futuro; a mis manos para acariciarte y protegerte de todo cuanto se oponga a nuestro lazo; a mis ojos para verte solo a ti con esta expresión de ensoñación…»

Al parecer el rojo sería el color permanente de su rostro ese día, eso dedujo Erstin comprendiendo con cierta ansiedad, la significación de aquel mensaje reservado solo para sus ojos, pues esperaba que Maya hubiera respetado esa privacidad que se debe solo a los amantes. Guardó los dos pequeños manuscritos dentro de la cazadora larga que la morena tendría ante ella como parte de lo ensayado.

—Hoy seré la emisaria que trae ante ti los mensajes enamorados de la impaciente Nina, quien espera por ti al final de nuestro corto viaje— Y vaya que se tomaría en serio su labor.

Ambas mujeres bajaron a la primera planta de la casa de los Ho, a cada palmo de distancia, un pequeño pero significativo obsequio seguido de un tierno y simbólico mensaje tomaba por sorpresa a Erstin, desde una botas de cuero acompañadas de la frase—«Pisa con cuidado, que tus pasos son míos y a dónde vas llevas contigo mis sueños, mis anhelos…» —pasando por primorosos velos, joyas, cestos, telas hasta un espejo de mano finamente tallado en madera con incrustaciones de plata aunados a la declaración —«Contempla con tus ojos la hermosura que cautiva al inocente, mas no olvides nunca la flecha de cupido que lanzaste hacia mí con la humilde y casta sonrisa que me obsequiaste aquel día»

No sabía cuánto más podría suspirar o incluso que tanto más podría soportar su enamorado corazón, tan contento y extenso en la sensación del amor primoroso que la embargaba tras cada letra. Nunca imaginó ni en sus más distantes fantasías, que aquella mujer posara sus ojos de fuego sobre ella y mucho menos sospechó, que tanta belleza fuera apenas comparable con su galantería.

Llegaron afuera de la casa de los Ho, con la blanca nieve sobre la tierra y un caminillo despejado Erstin supuso que debía seguirlo, Maya caminaba junto a ella silenciosamente con una sonrisa en los labios, era la ocasión de que descubriera las cosas por sí misma. Llegó cerca de la arboleda y vio un hilo rojo. ''Ata este hilo a tu dedo anular y al verte sabré tu respuesta'' ponía una nota. Hizo caso de lo dicho y procedió a seguir el trazo del hilo, desenredándolo de entre los árboles.

—Encuentra tu camino mi querida Erstin— Musitó la pelinegra con los ojos llenos de cristalinos alegres.

La joven rubia deslizó sus pasos sobre la nieve, cruzando cada árbol, hasta que encontró la siguiente nota adherida a un tronco.—«Estaba perdida en mis propios caminos, sin saber qué dirección tomar, triste y con el corazón roto, deshice mis promesas y me sumí en un mar de oscuridad. Esa es la persona que solía ser hasta el momento de conocerte, cuando tu presencia iluminó mi oscuridad con un brillo sin igual. Amarte es un regalo divino que supo aliviar las penas profundamente arraigadas dentro de mí, sanaste al alma rota que estaba perdida, recuperé mi camino por ti, avivaste el brillo de estos luceros que te miran, retornaste la sonrisa a los labios fríos y callados, hiciste que sanaran las heridas y latiese de nuevo este corazón…»— Leyó en un susurro, como temiendo dejar escapar las palabras, era un confidencia muy privada.

—Encontrarte, ha sido la gracia por la que mi deuda con la diosa es impagable…— Esta vez no era una nota la que leía, era la voz añorada de su amante.

Erstin volvió la vista al frente y allí pudo ver la celestina figura de la joven Kuga, se sonrojó en el acto ante su gallardía. Su larga melena estaba sujeta con una coleta que caía sobre su espalda, sin embargo algunos rebeldes mechones se deslizaban sobre su perfecto rostro que le sonreía con ternura y devoto amor. Nina usaba la casaca azul con tejidos de plata y una cinta blanco perla que se deslizaba diagonalmente por su torso hasta su cintura donde cortaba otra línea del mismo color en sentido horizontal, sobre este resaltaba un cinto de cuero negro en el cual colgaba la espada que la joven herrera hubo reparado con sus hábiles manos, contaba bajo el corte de la casaca con un pantalón blanco y unas botas que bajaban desde sus rodillas, nada tenía que envidiarle la joven a un caballero de alta estirpe.

La morena se deslizaba entre los árboles con la gracia de un cisne, como si bailara, deshaciendo el entramado del hilo de lana roja, de pie y estática Erstin se encaminó a su lado, se detuvieron una frente a la otra, como si fuera la primera vez que se miraran. —Te… te extrañé tanto…— Apenas pudo decir la de zafirino mirar.

—Fuiste mi primer pensamiento al despertar…— Musitó sonrojada la Kuga, se admiraba tanto la gracia de Erstin en ese vestido, que sentía todo el rostro arder, empero hizo acopio de valentía para lo siguiente. —Y es por eso, hermosa Erstin, que tengo una pregunta por hacerte— Nina levantó la mano en la que tenía atado el hilo escarlata. —Yo pienso que eres mi verdadero destino, así que quisiera saber ¿Aceptarías ser mi esposa y vivir nuestra vida juntas?— Preguntó con el alma en vilo, luego dejó caer suavemente por el hilo un precioso anillo de oro blanco con la incrustación de un diamante rosa. Una vez la joya alcanzó el dedo, Nina plantó su rodilla en la nieve tomando así postura de propuesta matrimonial. —Si no eres tú… no será nadie— Dijo nerviosamente ante el silencioso shock de la Ho, pero sus labios fueron callados con un silencioso beso lleno de la agitación de Erstin, quien no sabía cómo convertir en palabras sus deseos.

Fue un contacto lleno de la necesidad que había contenido su alma inquieta durante aquellos largos días de ansiedad y angustia, —Sí…— Susurró quedamente entre uno y otro beso. —Claro que sí…— Repitió plagando de besos esos tibios labios, aferrándose a los brazos fuertes que la cobijaban del frío y la apartaban del mundo.

Viven la ilusión del momento, ante una breve pausa, Nina tomó la oportunidad de poner el anillo en el dedo con un poco más de firmeza, de tal modo que este calzó perfectamente en el anular de la joven dama. Sonrió con la ilusión que había ocasionado su respuesta, la tomó de la mano. —Los demás esperan para celebrar con nosotros— Comenzó a caminar adentrándose más en la arboleda para llegar al claro donde los otros aguardaban.

—Estabas más que segura de mi respuesta— Sonrió Erstin con una mirada pícara caminando al mismo ritmo que su ahora prometida.

—No tanto, por eso te lo pedí a mitad de camino, no he querido presionarte con la presencia de los otros… la realidad es que eres una mujer tan increíble que…— Una mano se posó sobre sus labios y esos ojos de mar le miraron directamente con una sonrisa gentil.

—Yo te daría el sí, con los ojos cerrados ¿Por qué dudar?—

—Siempre voy a sentir que tengo demasiada suerte… porque me escogiste a mí— Admitió sonrojada la morena. —Es que, en mis sueños tan largos estos días… veía a un montón de personas pretendiendo tu mano, y yo gritaba una y otra vez… Escógeme a mí—

Le enternecía el alma esa repentina inseguridad. —No había una fila tan larga ¿Sabes?…— La rubia se sonrojo un poco ante esa confesión.

—No estoy tan segura, conocí al imbécil de tu ex—pretendiente— No evitó fruncir el ceño y hacer un mohín celoso. —No sería digno de ti jamás, tanta cobardía junta— Se cruzó de brazos sin esconder su encono.

Erstin recordó ese detalle y rauda vino la reclamación. —A ti te sobra demasiado valor, te arriesgaste demasiado— Reprochó sabiendo que había pasado tanto miedo al no verla despertar en días. — ¿Qué haría yo sin ti?—

—No fue mi intención…— Nina abrazó a Erstin. —Nunca he querido herirte—

—Entonces se más cuidadosa…—

—Haré lo mejor…— Iban a darse otro beso cuando escucharon una aclaración de garganta.

—Chicas… no hagan que mi marido las encuentre en acciones tan privadas— Oyeron la voz de Maya quien las miraba con una sonrisa mientras negaba con la cabeza. —Taro está comprensivo pero no tiremos tanto de la suerte ¿Les parece?—

Erstin y Nina se apartaron apenadas asintiendo, el grupo continuó el camino hasta llegar al claro, allí los ojos azules se sorprendieron de apreciar un camino de flores cristalinas de tantos colores como el arcoíris, aquel sendero con lirios y claveles a cada lado concluía en una estructura tan prístina como el cristal de hielo, dentro de aquella morada estaban todos reunidos, había una mesa llena de alimentos, una chimenea inverosímil cuyo fuego se proyectaba por toda la estructura como si de magia se tratara. Una vez les vieron llegar, Erstin ya lucía el espléndido Diamante de Venus, habían desatado el hilo rojo cuyos fines ya había cumplido.

—Dijo que sí…— Nina elevó la voz y las expresiones de contento, aplausos y algunos silbidos de celebración no se hicieron esperar, para bochorno de la joven rubia.

—Bienvenida a la familia…— Kano se acercó y le dió uno de sus efusivos abrazos a la pelinegra.

—Cuida de mi hermana— Musitó Taro levantando una copa en la cual había vino, como una señal de brindis y aprobación de su parte. Maya se unió a su esposo y lo saludó con un pronunciado beso, en sus brazos cargaba a una dormida Saya, ambos padres se miraban como una dulce fotografía de una pequeña pero feliz familia.

—¿Serás mi tío?— Preguntó inocentemente Minoru, quien halaba del pantalón de Nina, solicitando ser levantado por la joven, aunque el inocente niño todavía no distinguía mucho los géneros o la ambigüedad del atuendo de la Kuga, se dejó cargar bastante contento.

—Algo así, pequeño— La de ojos fuego no sabía bien cómo sacar de su error al pequeño, pero supuso que ya habría tiempo para eso, así que sonrió y lo dijo con más seguridad. —Claro que sí, Minoru… somos familia ahora— A lo cual el niño rió.

—No te llevarás lejos a mi hermana ¿Verdad?— Cuestionó esta vez Kiara con un mohín de lo más tierno.

—Construiré una casa para nosotros, cerca de aquí, podrás visitarnos todas las veces que quieras—

— ¿En serio?— Musitó con ilusión la rubita.

—En serio… Es una promesa de meñique— Y Nina extendió el dedo meñique para confirmar su valioso acuerdo con la menor de los hermanos Ho, tomó la mano de la niña mientras se dirigía hacia al señor Christoph, quien sonreía ampliamente ante el cuadro. Su nuera, su nieta y su bisnieto, no dudaba que la Kuga encontraría el modo de acrecentar la familia, pues al parecer era un imán para los niños.

Por su parte Erstin recibía la calurosa bienvenida de Shizuru, quien la felicitaba animosamente y le brindaba un abrazo. —No sabes cómo me alegro, ahora eres una Kuga… como una hermana para nosotras—

—Muchas gracias mi…— Erstin anticipó una pequeña mueca en la faz de Shizuru, pues iba a llamarla por su título. —Mi querida Shizuru— Corrigió inteligentemente.

—Yo no soy de la familia, pero como si lo fuera, así que por favor haz muy feliz a mi amiga, se lo merece en verdad— Musitó Arika, quien contaba con atuendos muy similares a los de Nina pero con la casaca roja, puesto que todos lucían sus mejores galas con motivo de la celebración que tenía lugar. Shizuru ostentaba un vestido Kimura color lila con bordados blanco perla y cintas violetas, además de un Obi púrpura.

—Me siento honrada… por la confianza que depositan en mí, prometo cuidar de Nina— Erstin inclinó su cabeza en una venia como muestra de genuino agradecimiento.

— ¿Te gustó la sorpresa?— Intervino Shizuru para ahorrarle el protocolo a la joven rubia.

—Me encantó— Musitó casi con los ojos brillando de la pura emoción.

—Nina se esforzó mucho para sorprenderte, es grato saber que sus esmeros rindieron frutos—

—Seas bienvenida…— Habló al fin Natsuki, su agraciada figura contrastaba con los colores blancos y cremosos, otros tan vivos como el celeste y el rojo, o el violeta, el Beige de Taro y Cano, o el café y verde de Christoph, opuestos colores que los demás habían elegido para tal gala, la Kruger contaba con su habitual pantalón negro, botas de cuero negro con placas metálicas, la blanca camisa de manga larga, sus amarras cubiertas por un chaleco negro y sobre este una casaca negra con bordados en hilo de plata semi—abierta, ostentaba el peto y la hombrera con la insignia del lobo la cual hacía juego con la ya conocida máscara lobuna. —Estoy feliz por las dos— Estrechó entre sus enguantadas manos las igualmente abrigadas de Erstin. —Espero ver que pronto ocurra la boda, estaré feliz de verte junto a Nina siempre—

—Cu… cuando Nina lo considere oportuno— La mención de la boda casi hizo que Erstin sintiera vértigo de la alegría, ya poco faltaría para ver completo su sueño. —Gracias Alteza—

—Natsuki… solo soy Natsuki, Erstin—

—Jejeje disculpen, es la costumbre… no sabe cuántas veces me equivoqué al referirme a Nina en los términos de su posición en el castillo Kruger—

—Me imagino que Nina hizo cara de ogro, como siempre…— Acotó Arika haciendo una mala imitación de la siempre parca y hasta fría Kuga. Al grupo se unieron Nina, los niños, el abuelo, Kano y Taro, así como Maya con la preciosa Saya, todos reían amenamente ante las ocurrencias de la ojiazul.

—Yo no soy así… Sayers— Se oyó el reproche de cierta pelinegra mientras se cruzaba de brazos, mirando de malas maneras a su amiga de la infancia.

—Claro que sí, no te has visto en un espejo cuando pasas junto a los demás con tanta seriedad…— Y así prosiguió el dilema de aquella conversación mientras Nina se sonrojaba y Arika se reía.

—Con su permiso, serviremos un par de copas— Dijo Shizuru como excusa para llevar consigo a Natsuki, a quien notaba extraña desde inicios de la mañana; cuando hubo una prudente distancia entre ellas y los demás, la dama de mirar rubí acarició silenciosamente la mejilla de la morena, obligándole con gentileza una mirada sincera, sabiendo que ya nadie podía oírlas preguntó discretamente. — ¿Te pasa algo Tsuki?— Delicadamente Shizuru comenzó a servir un poco de vino en un par de copas.

—Yo tengo un poco de envidia…— Confesó Natsuki con una expresión ligeramente triste. —Me hubiera gustado, solicitar tu mano en debida forma… llenar ese recuerdo de un momento romántico, lamentablemente no fue de ese modo—

—Sé que nuestro compromiso principió de una extraña forma, incluso podría decirse que tuvimos mucha suerte de llevarnos bien finalmente…—

—Siento que…— Los tibios dedos de Shizuru acallaron las torpes palabras de Natsuki.

—He oído de mil propuestas de matrimonio, cada señora de Tsu relataba el hecho al menos una vez al año durante las tardes de té, todas se escuchaban como la narración de un sueño fantasioso digno de la mente de una jovencita enamorada…— La palabras de la bella de Tsu robaban el aliento a una angustiada Natsuki. —Pero del mismo modo vi, cuan falsas fueron las promesas y aceptaciones de todas esas damas, durante el festival de la fertilidad en la vendimia… el día de mi cumpleaños, esas mismas mujeres buscaban algún otro hombre más agraciado, más joven o fogoso para engañar a sus esposos y ufanarse después de sus conquistas… muchas de ellas pagaban con moneda, el goce de un momento con los que a grandes voces ensalzaban como sementales ¿Acaso habrías preferido eso Tsuki?—

—No… Claro que no… Sabes perfectamente que soy tuya por completo y honestamente sé, que eres mía sin reserva— Susurró Natsuki acariciando con amor suave la blanca mejilla de su mujer, aceptaba que no soportaría compartir a la dama con ningún amante, pues sabría morir de tristeza su corazón. —No sé compartir, no podría…—

—Yo tampoco…— Sonrió la castaña. —El cómo pasaron las cosas amor mío, acontecieron en la correcta forma, si es que hiciste creer en el amor y el matrimonio a una mujer cuya Fe, cuya creencia en tal institución estaba por completo perdida… te aseguro que no me importa ahora quien crea cierto mi sentir, si me juzgan o no, en tanto las dos estemos juntas soy dichosa porque hiciste que te amara más allá de lo que podían ver mis ojos o entender mis tercas razones… esa, mi preciosa Tsuki, es la razón de que sea tan dichosa ahora— Dicho eso, Shizuru posó suavemente sus labios sobre los de una sonrojada Kruger. —Esa es la mejor propuesta de todas… las promesas que cumplimos—

La Duquesa sonrió con genuina alegría, su alma deseaba darle a Shizuru más, como si bajar para ella todas las estrellas del cielo no fuera suficiente derroche o muestra de su amor, la ex-lobuna jamás dejaría de engalanarse para cautivar a su adorada doncella, y era una de esas muchas cosas que la bella de Tsu amaba y agradecía de su esposa. Teniendo presente la excusa que expuso para hacerse de algún espacio para hablar con su mujer, Shizuru se acercó al barril que habían comprado con motivo de la fiesta de compromiso, es claro que si por Natsuki fuera lo hubiesen hecho en el castillo al son de una orquesta instrumental, con sirvientes, mil manjares, pero Nina quien se había armado de valor repentinamente aquella mañana, con apenas unos minutos de haber despertado de aquel extraño coma, decidió hacerlo sencillo, no menos meticuloso pues ideó cada detalle de una romántica forma, como si Aizen Myoo en persona hubiese llenado los pensamientos de la joven.

Todos ayudaron sin reparos en la empresa, Taro fue al mercado para conseguir la bebida y algunas provisiones especiales, Kano se ocupó de la limpieza y Christoph del cuidado de los niños, mientras que Maya y Shizuru dejaron todos sus esmeros en una comida deliciosa. Natsuki, Nina y Arika armaron aquel paraje de ensueño en el claro, la belleza pelinegra había echado mano de sus habilidades sobrenaturales, siendo de todas la única capaz de materializar cristal con su propio poder espiritual, construyó aquella estructura enteramente del translúcido material, una obra de arte que sólo podría apreciarse al ver de cerca, inteligentemente diseñada para mantener el aire cálido al interior y el frío afuera, por lo que la comida no había enfriado.

Shizuru puso las copas en una bandeja, en invitó a Natsuki a servirle a los demás. —Sería prudente comer dentro de un rato para que no se embriaguen todos tan prontamente—

—Sí, sería mortal consumir licor alguno sin antes tener el estómago bien lleno— Natsuki sonrió.

—Esa es mi chica… no me gustaría que otra persona tomara ventaja de ti en semejante estado— Sonrió ladinamente la de cabellos ocres.

Natsuki no entendió del todo a que se refería Shizuru, por lo que se apresuró a llevar las copas al grupo, pero no evitó seguir pensando al respecto… «Alguien másalguien además de mí» su sonrojo fue mayúsculo cuando al fin dió con la idea. Afortunadamente ya solo faltaba una copa, la cual le entregó al hermano mediano de los Ho, quien se miraba más alejado de los demás.

— ¿Se encuentra bien?— Preguntó Kano al notar el rojizo en el rostro de Natsuki.

—Si…— Le tendió la bandeja con la copa en la que yacía el vino de un color sangría, como los ojos de la señora Di Kruger.

—Claro…— Cuando el rubio notó que la duquesa se iba a marchar se apresuró a tomar la oportunidad, notando que los demás estaban ocupados y Shizuru servía los platos con ayuda de Maya. —Me… me preguntaba— La morena se volvió a mirarlo y escucharlo como una muestra de respeto. —Digo… Nina parece muy feliz—

—Sí, realmente lo está— Sonrió genuinamente la pelinegra que todo sería capaz de hacer por Nina, pues la consideraba una hermana.

—Aunque hace un rato… me pareció notarla un poco triste, sé que no se lo diría porque usted hace mucho por ella— El rubio intentó ser discreto pero cuando se trataba de alguien importante para la duquesa, ella no admitía demoras.

—Sé directo, te lo pido— Natsuki frunció el ceño con un ademán altivo que casi intimidó al muchacho, sin embargo mayor era la curiosidad del de ojos turquesa. Nagi había picado dentro de él una duda tan poderosa y una curiosidad tan insaciable como la de pandora.

— ¿Ni siquiera el día de su compromiso podrá librarse de esconder su rostro? El deseo de su prima no es otro más simple que contemplar sus ojos y su faz sin la necesidad del cobijo metálico que usted usa, después de todo… un compromiso y una boda no ocurren todos los días, será un recuerdo perenne—

—Pero…— Natsuki sopesó las palabras del rubio, frunció el ceño aunque la máscara lo ocultara. Recordaba no haberle explicado sus razones a Nina, y ella que la había visto actuar tan libremente en el paso ¿Verdaderamente se sentiría rechazada por algo como eso? —Veré el momento de complacerle… Gracias— Le dio la espalda dispuesta a ayudar con algunas de las labores de servir.

Kano se mordió los labios más que impaciente, molesto ¿Por qué tanto misterio en esconder su rostro? — ¿Por qué no puedes confiar?— Susurró por lo bajó, tan enfadado de que Nagi tuviera razón acerca del ocultismo de los Kruger.

La pelinegra se detuvo. –Eres como un niño caprichoso… ¿En qué te afecta a ti?—

—Es como sentir que no daría lo mismo que nosotros por ustedes…—

La de glauco mirar suspiró buscando paciencia, ciertamente los hombres tardaban más en madurar la mente a pesar de los años. –Tú no sabes muchas cosas… no te haces una idea de lo que significa esta máscara en mi familia, no uses a mi prima como excusa para saciar tu curiosidad, si retiro esto de mi rostro muchas cosas malas pueden suceder—

—Nina ya te ha visto sin la máscara ¿Verdad?—

—Es mi familia, mi hermana… ella daría su vida por mí sin dudarlo— No respondió directamente, a Natsuki no se le da bien mentir.

Kano buscó los ojos esmeraldas de la duquesa, la miró suplicante. —Yo daría la vida por ti…—

— ¿Por qué?—

—Porque, también… eres mi familia y…— Kano no se atrevió a decir más, tanto ya le había advertido Taro, decir algo más sería contraproducente.

Aquella respuesta hizo sentir un tanto mal a la morena. —Si estás dispuesto a dar tanto ¿Por qué es tan importante esto?— Natsuki dio dos toques al metal de su máscara. –No lo comprendiste aquel día…—

—No solo los ojos son las puertas del alma, las expresiones que no saben esconder las emociones en la cara de una persona exponen el verdadero ser de ese alguien, te entregas plenamente entonces, es… una muestra de confianza— Insistió con sus grandes ojos turquesa puestos sobre el precioso iris jade de la Kruger.

—Me pides más de lo que sé dar… no supongas ni un poco, que no fueron hirientes las palabras, los ardides hacen eco en mi memoria, ¿Por qué darte más de lo que he recibido de ti? Es mi vida la que pende de este secreto— Reprochó con molestia, si había sido 'El doncel de hielo de Fukka' toda su vida por personas como él.

—Yo me he… perdido por usted, estoy hechizado por su encanto, y si me obsequiara esa muestra de confianza, se lo juro. Yo habré de servirle mi vida entera… no aspiro nada, se lo aseguro… veo el amor en sus ojos para su esposa— La insistente mirada de Kano incomodaba en mil formas a Natsuki, esta dio un paso atrás por puro reflejo, ganándose con ello la mirada escarlata de una distante Shizuru.

—Su insistencia es molesta… no me siento halagada, no… no estoy acostumbrada a estas situaciones— Se cruzó de brazos con el ceño fruncido bajo la máscara y la barbilla tensa.

—Lo sé y lo siento… se lo prometo, retire la máscara y yo no volveré a molestarla…— Kano se atrevió a poner su mano en el hombro de la morena para evitar que escapara de su suplicante mirada.

—Es… exasperante— Refunfuño la pelinegra comenzando a caminar de un lugar a otro, para apartar de sí ese inapropiado contacto. —Te mostraré mi horripilante rostro, pero será poco antes del anochecer cuando el sol empiece a bajar del cielo, será privado… a cambio te pido guardes mi secreto y no vuelvas a acercarte a mí en estos términos, realmente no quiero ser descortés… pero no es correcto que una mujer casada como yo, consienta su cercanía después de sus declaraciones ¿Comprende?—

—Sí… le doy mi palabra. «Si haces eso por mí, querida Natsuki… yo no reservaré un solo secreto» Hasta la noche— Musitó antes de realizar una venia y acudir a la mesa donde la mayoría de los comensales estaban ya reunidos.

Para cuando la Kruger volvió a la mesa, encontróse con la serena faz de Shizuru, sin embargo, podía adivinar en sus ojos carmesíes aquella estela de celos que como toda una dama, sabía guardar para momentos más privados, y no es que la bella de Tsu desconfiara de su esposa, simplemente no podía evitar esa molesta sensación dentro de sí cada vez que advertía segundas intenciones en los que se acercaban a Natsuki y claramente la castaña adivinaba muchas ocultas intenciones en las acciones del mediano de los Ho. Shizuru sabía incluso cómo Kano miraba a su esposa, pero había decidido no actuar debido a la distancia que el rubio había puesto por sí mismo entre él y su mujer. Regla que al parecer estaba rota por el momento e indignaba en sobremanera a la joven hija de Satoru. Por su parte la Duquesa tomó asiento junto a su esposa y silenciosamente deslizó la mano bajo la mesa, hasta posarla sobre el puño cerrado de la dama, sus verdes ojos vieron la amada faz broncínea de aquella tan onírica, tan etérea que parecería un sueño. Tan breve pero significativo gesto fue suficiente para apaciguar la tempestad dentro de la Fujino, ella no tendría que darle tanta importancia puesto aquel era el quinto día de su estadía con los Ho, pasados los diez días de su acuerdo no tendría que soportar a Kano cerca de su amada.

Con los alimentos y las bebidas servidas, todos los reunidos comenzaron a degustar las exquisiteces que tan gentilmente habían preparado Maya y Shizuru para agradar a los paladares. Entre cucharadas y sorbos, hasta los niños hacían caso de los cuentos del abuelo, quien de todos los allí presentes, se apreciaba contento como nunca, Taro que sabía cuántos amargos silencios y tristezas escondían los ojos azules de aquel que fue como un padre para él, ahora vislumbraba la dicha y el orgullo del anciano, adivinaba la secreta fascinación de un hombre muy agradecido con la Diosa, por verse emparentado con la familia de aquellos a los que tanto admiraba y es que solo al conocer de cerca a ambas mujeres, pudo comprender el motivo de tanta pleitesía, eran en esencia buenas personas, así que más honda era la culpa que sentía el capitán de la guardia al mirar a Natsuki y a Nina… tenía tiempo, si pudiera pensar en una forma de mantener a su familia a salvo y aun así no traicionarlas. —«No quiero tener que confiar en la palabra de un hombre tan vil… pero ¿Cómo protegerlos de esas criaturas?»— Taro consumían sus alimentos mecánicamente, perdido en sus pensamientos, no podía disfrutar serenamente de la celebración como los demás. Oh, divina y envidiada ignorancia, qué feliz vivía antes de saber que el mundo está lleno de horribles monstruos.

En su silencio el mayor de los hermanos escuchaba los amenos relatos de su abuelo. —Nunca había visto a una chica alzar un tronco como ese…— Christoph contaba las peripecias que tuvieron para concluir las labores del establo a principios de aquella semana.

—Eres fuerte…— Musitó contenta Kiara mientras admiraba a Arika, quien estaba más roja que un farol. La joven Sayers tenía lo que bien podría decirse un buen físico, ya fuera por la sangre materna o por su terquedad, lograba cosas que ciertamente competían en muchos sentidos con las proezas masculinas, la joven castaña se ganaba a pulso el afecto de las gentes externas, pues curiosamente era recibida con los brazos abiertos allí a donde fuera, salvo por su propia morada en la casa de su padre.

—Come por dos, así que es lo mínimo…— Musitó la Kuga haciendo ver que ya nada quedaba en su plato.

— ¡Nina!—

—Mira el lado amable, siempre tienes energía de sobra y más de una chica daría lo que fuera por tener tu figura a pesar de lo mucho que comes…—

—Hey yo quiero crecer sana y fuerte…—

—Yo dudo que crezcas más centímetros— Refutó la Kuga intentando no reírse.

—Kiara… defiéndeme de su villanía— Arika se cruzó de brazos con un mohín que nada tendría que envidiarle al de un niño pequeño.

—Tía Nina no debe ser mala con Arika… ella crecerá tanto como quiera, Jum— Decía casi con la convicción de un adulto la pequeña Ho con aquellos ojos hechos cielo.

—Era broma nada más…— Intentó deshacer lo dicho la de ojos rojizos, pero tenía a una rubita de seis años con los brazos cruzados y un gran mohín de reproche, Erstin a su lado contenía por muy poco la risa. —Lo siento… Arika— No tuvo más remedio que decir Nina, a lo que la niña volvió a sonreír alegremente. Los demás rieron a sus anchas ante la circunstancia, desde su posición Natsuki palmeaba de buena gana el hombro de su prima ante aquel bochornoso sonrojo, mientras que Shizuru sonreía mirando a las entrañables amigas y la expresión de victoria de Arika.

Todos los platos habían sucumbido ante los voraces comensales, salvo el de la castaña quien parecía reacia a dar el primer bocado, inicialmente Natsuki supuso que se trataba de la cortesía o de aguardar el momento ideal en la temperatura de la comida pues Shizuru era ligeramente exigente en este aspecto, sin embargo, bien podría haberse enfriado demasiado sin que ella hubiera intentado dar la primera cucharada. — ¿No tienes hambre?— Preguntó entre susurros la morena, mientras los demás dirigieron la conversación a detalles más específicos de la boda y Nina era bombardeada sobre  asuntos como lugar, fecha, decoración, etc.

—Tengo hambre, sí, pero… el aroma de la comida me ocasiona, arcadas— El rostro de Shizuru no escondía cierta palidez, ni una disimulada mueca de asco al volver la vista sobre la sopa y la carne cocida en su plato.

— ¿Estás enferma?— Natsuki sujetó la mano de su mujer con todo cuidado, delatando en su faz un gesto de preocupación.

—Salvo por este repentino malestar, he estado en perfecta salud— Afirmó la castaña intentando no arruinar el buen momento familiar.

— ¿Tal vez un poco de pan con queso y jamón?— Preguntó la Kruger, tomando las cosas del cesto en el centro de la mesa.

Ante el asentimiento de la castaña, la de prístinos ojos verdes se acercó a la fogata de aquella chimenea hecha puramente de cristal, tostó el pan y luego posó el queso sobre éste de tal manera que quedó ligeramente derretido, añadió un par de tajadas bien surtidas del pernil y todo estuvo listo. Natsuki volvió a la mesa con la preparación en un plato y se lo entregó a la castaña, la cual le devolvió una sonrisa con infinito amor, le dió un corto beso a sus labios, a modo de agradecimiento y sonrojándola en el acto.

Shizuru olfateó el delicioso aroma y este no disgustó a su sensible nariz, comió con avidez para contento de Natsuki, después de todo y como bien dice la abuela Sanae, no está tan enfermo quien come con tantas ansias. La de escarlata mirar recuperó el color y con ello al parecer la vitalidad, dando por el momento, un poco de alivio a su amante; se unieron a las charlas y fue oficialmente notificado el apadrinamiento en cabeza de Natsuki y el madrinazgo para Arika. Christoph contó cómo modeló y fabricó la hermosa gema ahora en la mano de su amada nieta, a lo que Erstin se sintió profundamente halagada, pues sabía de antemano los esmeros que su querido abuelo había ocupado en cada una de sus creaciones. —De haber sabido yo que sería usado por mi nieta, seguramente hubiera añadido la filigrana de un pequeño martillo…—

— ¡Abuelo!— Reprochó. —Mi anillo es perfecto como es…— Reclamó la recientemente comprometida.

Claro… claro, pero querida… no menosprecies las formas rudas puestas delicadamente en el lugar indicado, hubiera resaltado mejor la base en la que monté el diamante—

—Sería el anillo de un hombre…— Erstin estaba molesta ¿Acaso no merecería el anillo de un doncella? Tan femenino y delicado como fuera posible.

—De ninguna manera…— Christoph quiso aclarar las cosas. —Para resaltar el encanto femenino de un gema se deben mezclar diseños firmes y estilizados...— Comenzó el mayor a enseñarle a su nieta, tan entretenido y divertido como fuera posible para alguien que se había convertido en un maestro de la orfebrería solicitado incluso por monarcas.

— ¿Tú entiendes algo de lo que dicen?— Le preguntó entre susurros Arika a Nina.

—No… pero déjalos a sus anchas que son orfebres… entre ellos se entienden— Dijo igualmente bajo al ver como el abuelo y su nieta ahondaban en aspectos más técnicos, cada vez más lejos de su comprensión.

— ¿Te imaginas donde hubiésemos comprado cualquier anillo por ahí? Christoph te hubiese destrozado con su crítica— Refutó Arika, recordando los apuros pasados por aquel no tan insignificante olvido de Nina.

—Shhh… conseguimos ese al final, es lo que cuenta— Y así muy sabiamente los demás les dejaron discutir los puntos estéticos, estructurales, alquímicos y demás de cómo sería el anillo de bodas perfecto, pues al final concluyeron que el Diamante de Venus, se acercaba mucho al ideal, fundamentalmente porque había sido creado y dado por amor.

Las horas transcurrieron, los niños corrían, jugaban con la nieve siempre bajo la mirada vigilante de los adultos, comenzaron a hacer muñecos con la escarcha. Luego los jóvenes amenizaron el ambiente, el violín de Natsuki, la flauta de Nina y el pequeño pero no desestimable tambor de Arika lo hicieron posible. Era notable la habilidad de las chicas pues no había quien se resistiera a bailar sus alegres y emocionantes melodías, o simplemente centrarse en disfrutar del sonido armónico para deleitar el pensamiento o una charla. Shizuru apoyaba su espalda en la de Natsuki, disfrutando el apacible momento casi con sopor, sabía que su esposa velaba por cada momento de su deteriorado bienestar, pues cuando supuso que estaría mejor después de comer, tuvo un desagradable episodio de náuseas que le obligó a devolver los alimentos, fue un momento bochornoso para la castaña pero el grupo en sí fue muy comprensivo, tal vez algo le había sentado mal, ante esto la Kruger se sintió un poco mal, pues fue ella quien preparó sus alimentos.
Hubo un breve interludio, Natsuki apartó el violín de su hombro y lo puso dentro de la funda con todo cuidado. Los ojos sangría se posaron sobre la blanca piel de la mano de su amante, quien había insistido en tocar sin el uso de guantes lo cual era insano con el frío del ambiente, suponía entonces que la de negra melena se había habituado a gélido ambiente a causa de su propio dominio sobre aquel elemento... —Nieve... pensé que estabas hecha de nieve—

Natsuki sonrió ante la repentina idea de su amada. — ¿Cuándo tuviste ese pensamiento?— Levantó una ceja.

—Sabes que solo vi un poco de tu piel aquel día en la casa de herramientas, cuando yacías convaleciente tras el incidente con el tornillo de la prensadora, ver la piel casi expuesta de tu torso fue un poco escandaloso para mí. Tienes la piel tan blanca, que seguramente te serviría para camuflarte en la nieve—

—Me congelaría si fuera por ahí desnuda— Sonrió divertida la de cobaltina cabellera.

—Yo jamás lo permitiría... la gracia de tu desnudez es solo mía para contemplarla— Afirmó la menor de los Fujino con una expresión teatralmente seria.

—Cuando tenía la forma del lobo, solo estaba cubierta por un fino pelaje... técnicamente estaba desnuda— Bromeó la de ojos esmeraldas.

—Y por eso no consentía que nadie más mimara a mi Durhan— Afirmó con toda certeza Shizuru, se miraban una a la otra con esa silenciosa complicidad, que solo se adquiere con el tiempo, con la devoción sincera. —Yo tampoco sé compartir... ¿Verdad?—

— ¿Te sientes mejor?— Preguntó Natsuki al notar que su mujer tenía un poco de rubor en sus mejillas.

—Sí, ya verás que no es nada...— Besó suavemente y no tan castamente los labios de la dama, era imposible no desear más, un poco más.

Natsuki suspiró hondamente sobre los carnosos labios de su amada, sintiéndose un poco afectada, últimamente Shizuru parecía más voraz de lo que recordaba. —Quisiera asegurarme, ¿Aceptarías ir con mi abuela mientras voy por un médico a la rosaleda? Prometo compensarte... al anochecer— Confesó al final con un sonrojo del tamaño de toda su cara.

Shizuru se sintió instantáneamente complacida ante la propuesta. —Mañana podría ser ¿Te parece si por hoy disfrutamos de la fiesta?—

—Sí...— Natsuki estuvo tentada a preguntar otra cosa a Shizuru, pero entonces se topó con la insistente mirada de Kano, quien se aclaró la garganta antes de hablar.

— ¿Me ayudaría a traer más vino?— Solicitó con una pequeña reverencia.

— ¿Es que no puede hacerlo nadie más?— Era la voz raramente molesta de la señora Di Kruger, si bien su rostro no mostraba nada como era propio en las damas de noble cuna, Kano estuvo seguro de sentir un abrumador escalofrío al contemplar los rubíes que eran los ojos de la bella de Tsu.

No se había sentido tan amenazado como hasta ese día. —Yo... yo no soy tan fuerte, el abuelo es algo mayor y Arika está tocando el tambor para que Nina... baile con mi hermana, Taro... se ha reconciliado con Maya y...—

—Lo entiendo, está bien... yo ayudaré, la próxima irá otro ¿Está bien?— Dijo Natsuki procurando evitar que Shizuru matara con la mirada al espantado muchacho, nunca la había visto tan irritada sobre alguien.

Shizuru asintió. —Te espero... Tsuki— Por el contrario, esa sonrisa fue absolutamente cautivadora y Natsuki pareció sumergirse en un breve hechizo a causa de ella, el mundo que desaparece con un insignificante gesto de su esposa.

—Me apresuraré...— Dijo antes de dar la media vuelta y halar a Kano con dirección de la casa, quería ir por los barriles, yacer de nuevo junto a esa preciosa mujer que robaba su aliento.

Mientras cruzaban el bosque en el que Nina había enredado el hilo de lana roja para su propuesta, la joven de negros cabellos volvió la vista atrás, Shizuru hablaba con Maya quien le hacía compañía, mientras Taro servía un poco de vino, notó por la presión del líquido que el barril estaba más que lleno, detuvo su caminar. — ¿Era un truco para apartarme de Shizuru? ¿Haces todo esto para que cumpla mi palabra?—

—Ante tu promesa, me di cuenta que tienes razón... estaba siendo un niño— El rubio continuó adelantando los pasos para llegar frente a la casa y tener un espacio a solas. —Esperar recibir algo tan preciado sin dar algo igualmente valioso a cambio, te daré una verdad como ninguna otra— El rubio más alto y de intensos ojos turquesa se detuvo, llevó la mano a su cuello y de él extrajo un collar con una gema negra en el dije. —Dijo que me protegería, si es así... entonces te lo daré a ti para que estés a salvo—

— ¿Quién? ¿Qué?— Natsuki miró más que confundida al rubio, aunque pensó que si para él era un objeto tan valioso sería descortés no darle la misma importancia. —Gracias...— Los iris esmeralda observaron las blancas manos con detenimiento, suspiró hondamente sabiendo que violaba un acuerdo importante ¿Qué tan problemático podría ser? Tomó con los dedos la base de la corona de metal que sostenía la máscara sobre su rostro, sin esta protección, llevó su mano hacia adelante ante la mirada insistente de aquel peculiar verde-azul, deslizó la pieza con cuidado, cerró los ojos por seguridad y apenas volvió a abrirlos cuando se halló libre de la prenda. —Mi palabra, mi secreto... mi vida— Dijo con firmeza sintiendo el frío del aire en su frente y mejillas, con la libertad que cada día se negaba a sí misma.

El aliento y el habla abandonaron al mediano de los Ho, era tanto su embeleso, ahora pensaba que había sido una completa falsedad, horripilante no es la expresión que usaría para describir... —Casi... como una deidad, eres perfecta en todo... aspecto— Confesó abrumado por la hermosura que contemplaba, un rostro tan níveo como la nieve en las copas de los árboles, así contrastaba la negra melena con aquel brillo cobaltino casi sobrenatural, cejas dibujadas por un pincel divino, facciones tan finas y esos ojos hechiceros, una boca que soñaría probar... tragó saliva, tenía mil razones ahora para asegurarse. —Toma... el cristal, te ayudará— Se acercó raudo a la Kruger y sujetó la mano que no sostenía la pieza de metal, sobre ella deslizó la cadenilla. —Debes irte, debes cuidar de la señorita Shizuru...—

— ¿Qué dices? Shizuru está perfectamente...— Natsuki se preocupó de inmediato sin entender a qué se refería el rubio, volvió la vista atrás pero el follaje cubría toda vista del otro lado del bosquecillo que separaba el claro de la casa de los Ho. —Apenas un malestar menor que... Arrggg— Soltó la cadena ante un picor doloroso en su mano, bajó la vista y vió una herida en la palma de su mano, allí donde había estado el cristal negro su piel se había lacerado en el acto. — ¿Protegerme? ¡Esa cosa es un veneno!—

—No... Lo he llevado todo este tiempo, yo jamás le daría nada que la hiriera— Intentó explicarse Kano sin adivinar por qué el cristal negro había lastimado la piel de su idolatrada Duquesa. Angustiado tomó la gema negra del suelo donde la mancha carmesí dió paso al nacimiento sobrenatural de una rosa roja, abrió la boca tan sorprendido como cuando vió el precioso rostro de la hija de Takeru. Luego negó con la cabeza y se obligó a concentrarse en lo importante. —No... No importa eso, debe escucharme... tiene que irse inmediatamente, está en peligro, ellos vendrán por usted y sin este cristal no podrá protegerse—

Natsuki no quiso darle importancia a la herida, pero ni loca volvería a tocar esa cosa, había sido un extraño dolor que no había sentido nunca. —No comprendo lo que dices pero te aseguro que yo pue...— Abruptamente la ex-lobuna guardó silencio y buscó con la mirada en los alrededores.
El rubio se preocupaba del corte que aun sangraba. —Nat....—

—A callar ¿Es que no puedes oírlo?— Quiso darse tumbos en la cabeza ¿Cómo podría oírlos un ignorante muchacho? Siempre fue un susurro en el viento, un lamento silencioso, inolvidable porque le atormentó durante mucho tiempo, tal sonido no podría venir de otro ser. —No puede ser...— Se volvió hacia atrás y sin darle oportunidad a Kano de reaccionar, corrió hacia el claro donde había dejado a su mujer desprotegida. Se maldijo a sí misma mientras ocupaba una vez más la máscara, como si faltar a su palabra trajera consigo problemas al instante como castigo divino.

Una vez arribó al claro siendo seguida muy de cerca por un confundido Kano, Natsuki vió a su amada compartiendo alguna platica de chicas con Erstin, Arika y Nina. Pese a todo no se detuvo ni un momento. — ¡Aléjense de la casa! ¡Salgan!— Gritó a todo pulmón.

Shizuru quien tenía plena confianza en su amante, tomó la mano de las chicas y salió corriendo de la estructura hecha enteramente del cristal mágico de Natsuki. Cuando sus pies alcanzaron la nieve junto a los demás a una prudente distancia de la estructura, volvió la vista atrás; la pelinegra que no había cesado su carrera, sacó dos dagas de la parte trasera de su saco, las arrojó con fuerza y puntería, una a la mitad de la pared y otra en medio de la primera daga y el techo, usándolas como pica de apoyo la Kruger alcanzó el tejado en tres saltos, corrió sobre el techo hasta la parte trasera que daba vista al bosque y realizó un salto extraordinario. En el aire la ex-lobuna concentró su energía hasta formar dos afiladas hachas de hielo, las cuales sujetó y clavó en la aparente nada, dos veces, un chillido gutural se escuchó en los alrededores. Lo que a la vista se camuflaba con la arboleda y la nieve, comenzó a sangrar un líquido negro que manchó las paredes de la casa de cristal, el líquido viscoso corría a borbotones pero Natsuki no se detuvo, ascendió un poco más sobre la criatura y arrojó las dos hachas con tino certero en un ojo y en el cuello del Orphan. Aquel ser perdió la capacidad de mutar con el ambiente revelando su verdadero ser, tenía una forma reptil y camaleónica de larga cola prensil, una hilera de afilados dientes en su boca, la que particularmente ocupaba la mitad de su cuerpo, el cocodrilo camaleón se desplomó sobre la estructura, rompióse el cristal con el peso y manchóse la tierra con el líquido putrefacto de aquel ser, la Kruger en cambio se deslizó delicadamente hasta el techo antes de que se desmoronara, saltó por la punta de la entrada, cayó al suelo flexionando las rodillas, dió un giro en el suelo y se puso de pie a unos cuantos metros de los demás. Así la casa cristalina terminó de colapsar destruyendo los restos de la comida, pertenencias como los instrumentos musicales y el barril de vino.

—Cielos... ese vino era de la casa de mi esposa— Se quejó Natsuki, recordando que era de la reserva de Tsu. —Y ese violín... me lo dió mi madre— Se lamentó un poco más la enmascarada.

—Esa es la menor de mis preocupaciones ¿Qué rayos es eso?— Cuestionó Christoph entre impresionado por las habilidades gimnásticas y de combate de la Duquesa y espantado ante la deplorable vista de un ser que no se antojaba de ese mundo, abrumado se escuchó el lamento de una vida extinguirse y el Orphan desapareció en medio de estelas verdes. A unos metros de distancia Maya abrazó a su hijo y tomó la mano de Kiara mientras Taro se ponía frente a ella y los niños, con Saya en un brazo, en la otra mano libre tenía más que lista su arma. Nina y Arika se miraron entre ellas buscando con la mirada, formaron un radio alrededor de la familia Ho desenvainando sus armas.

—Una larga historia y nada de tiempo— Murmuró Arika con desgana, tres figuras deformes salían por el flanco que protegía, bastó un pensamiento para que su lanza tomará las dimensiones de lucha ante los espantados y abrumados miembros de la familia Ho. —Creo que necesitamos darles tiempo para de salir de aquí— Corrió de frente hacia sus rivales, destajando y cortando con la descomunal hoja de su arma, en cuanto se hubo deshecho de los sin forma, Sayers saltó de vuelta al círculo de protección que habían formado con Natsuki al frente.

— ¡Taro lleva a tus hermanos a salvo!— Se escuchó la firme voz de Nina mientras otros 4 reptiles de menor tamaño con respecto al cocodrilo camaleón, emergieron de las sombras del bosque. La Kuga tenía a su estimada Neptuno en una mano y en la otra un clásico revólver de cartucho pesado, sin demora y ante la proximidad de cualquier monstruo a más de la distancia recomendable, descargaba sus disparos deshaciéndose en el acto de las 4 horripilantes criaturas.
—No podemos dejarlas solas— Musitó Kano estrechando entre los dedos de una mano el cristal negro y en la otra una pequeña pistola.

—Nosotros peleamos con estas cosas todos los días... ustedes solo estorban, así que largo de aquí— Informó Natsuki sin apartar la vista del frente, sabía que allí en las sombras largas formas se deslizaban serpenteando. —Kano, Taro... con esas armas de ahí no les harán ni cosquillas, los Orphan son duros como rocas— Sabiendo eso, la guerrera extrajo sus amados revólver cromados con cacha de marfil de sus costados y los arrojó a los pies de los dos hermanos Ho. —Concéntrese, ansíen proteger y no se agotarán las balas, atrévanse a dudar y entonces no funcionarán ni un poco— Sin siquiera mirar atrás, sin saber si ellos tomaron o no las armas, el doncel de hielo de Fukka volvió a concentrar su energía para formar un arco de cristal, con un hilo de energía pura, formó 3 flechas de cristal y energía, las que arrojó en seguidilla sobre las sombras entre los troncos de los pinos. Un chillido más fuerte y una Hidra de enormes proporciones se elevó sobre la copa de los árboles. <<Esto va a ser difícil... nunca había visto tantos en un mismo lugar, se dirigen a nosotros inteligentemente... como si alguien los guiara pero... ¡Eso es imposible!>>Pensó ocultando lo más posible su preocupación, volvió a formar más y más flechas luminosas.

—Vayan, tomen los caballos, dejen a Iperion, Cian y Doba, lleguen al castillo de Takeru y allí, estarán a salvo— Les apuró Arika que ya se batía a fuerzas con un Tigris cuyo pelaje era de púas negras que crecían y se disparaban de forma autónoma.

—Erstin, llévate mi arma y toma esta otra para tu abuelo... sé firme, te lo suplico— Nina le entregó sus armas a Erstin para que pudiera protegerse y darle más oportunidades. —Abuelo, cuide de ellas... nosotros les daremos tiempo y luego iremos tras ustedes, pero hasta entonces... depende de ustedes—

—Así será... las esperamos en un lugar seguro— Christoph tomó la mano de su nieta y la forzó a marcharse, mientras Nina invocaba el poder de Neptuno para contrarrestar un escarabajo toro de dimensiones terroríficas.

—No voy a dejarte... sabes que soy fuerte— Reprochó Shizuru materializando sin demora su Naginata roja, un breve movimiento de sus delicadas manos y un cuervo de tres ojos cayó exánime sobre los despojos de aquel lugar de ensueño que había sido creado por su esposa y destrozado en la confrontación.

—Ve... protégelos por mí— Dijo Natsuki sosteniendo la mano libre de su esposa. —No confiaría en nadie, tanto como en ti.... mi amada Zuru—

Shizuru sonrió brevemente. —Te amo... esperaré por ti en el castillo, Tsuki— Musitó antes de correr con los demás, siendo la última en iniciar la huida, se topó con algunos Orphan en el camino, empero, Oh infaustos seres... la bella de Tsu fácilmente podía convertirse en el demonio de las pesadillas de aquellos horrores y vaya que lo sería. La castaña extendió las cuchillas de su arma sin piedad, hizo pedazos a reptiles, aves negras y un sinfín de pequeñas serpientes voladoras. Para cuando llegó a la casa de los Ho, Shizuru vio con pesar al anciano Christoph, quien vertía lágrimas de pena mientras disparaba a los bichos aéreos que infestaban todo el lugar, la casa que él había construido con tantos esfuerzos, la morada en la que habitaron tres generaciones de la familia, estaba envuelta en llamas.

—Vamos abuelo— Shizuru tocó el hombro del mayor y lo miró con genuina comprensión. —La vida es lo más importante... lo material podemos recuperarlo después— Le dijo con gentileza antes de obligarle a correr hacia los establos donde Taro y compañía los esperaban, manteniéndose alejados de las criaturas por muy poco. Curiosamente los dos rubios elevaban en sus manos unas piedras negras que asemejaban cristales de ónix y por alguna extraña razón repelían a las criaturas.

Nadie prestó el debido cuidado al místico poder de las piedras, Maya tomó el dije que su marido le entregó sin dudar y Erstin obedeció a Kano, las cuatro rocas negras, además de los disparos de las armas encantadas mantuvieron a raya a los monstruos. Shizuru y Christoph se esforzaron en darle alcance a la carreta, no obstante, la oriunda de Tsu sudaba ya copiosamente y respiraba con agitación, era un terrible momento para tener mareos otra vez, veía borroso, tenía la sensación de no mantener suficiente aire en los pulmones. Se escuchó entonces el graznar de las aves a sus espaldas y los disparos azulinos se deshicieron de ellas en el acto, Natsuki le cubría la espalda.

— ¿Se encuentra bien Shizuru?— La voz grave de Christoph atrajo sus pensamientos, su percepción del mundo comenzó a distorsionarse, cada paso era fatigoso, al punto en el que el viejo orfebre le ofreció soporte para llegar a su transporte. Maya, Erstin y los niños contemplaban la circunstancia, impotentes, arriesgarse a descuidar a los menores en un momento así podría ser fatal.

—Kano, cúbreme y si algo sale mal... huye, cuídalas, yo iré por Di Kruger— Dijo el mayor abandonando la parte delantera de la carreta entregando las riendas al mediano, luego corrió como alma llevada al abismo. En cuanto estuvo cerca de su abuelo y la dama, guardó el arma en su cinto. —Con su permiso... miladi— Extendió su mano para relevar las labores de Christoph.
La Fujino vió venir la ayuda con agradecimiento mientras destajaba a un Orphan a la espalda de Taro y un par de disparos le limpiaban el camino, pero en cuanto el hermano mayor estuvo cerca, sintió un eco de lamentaciones que embotó sus sentidos, era como un zumbido proveniente de aquel raro cristal negro, sintió latidos palpitando en sus sienes, tan molesto y agobiante que los colores abandonaron sus ojos y todo se hizo sombras. Taro que anticipó los hechos al ver la mirada perdida de la castaña se apresuró a sujetarla entre sus brazos, para evitarle algún golpe inconveniente tras el desmayo, después y teniendo ya bien sujeta a Shizuru, el Ho, regresó sobre sus pasos a la carreta, sorprendiéndose de la habilidad de Erstin con las armas, pues la chica no fallaba un tiro.

—Yo fabrico armas, debo probarlas antes de entregarlas...— Explicó Erstin con calma, mientras recibían a una inconsciente Shizuru y la acomodaban en la carreta. Taro le entregó su arma a su mujer para que lo cubriera mientras ayudaba a su abuelo a subir, pero apenas y habiendo llevado a cabo la tarea, el capitán de la guardia de Fukka sintió un par de garras sujetarle los pies, un jalón y lo siguiente que vio fue cómo un sin fin de serpientes se deslizaban sobre él.

— ¡Hermano!— Gritó Erstin espantada mientras Maya disparaba frenéticamente a las endemoniadas serpientes que se habían llevado a su marido, cuyas expresiones iracundas no eran aptas para los oídos infantiles.

—¡Kano!— Se oyó la voz de Taro en alguna parte. — ¡Tu palabra! ¡Vete!—
El mediano obedeció al mayor sin dudarlo un momento, pese a los gritos de las mujeres, el llanto de los niños y la mirada llena de reproche de su abuelo. Kano deseaba proteger al grupo sobre todas las cosas, tal como se lo había prometido a su hermano y a la Duquesa, aunque una parte de él estaba sumida en el espanto, vio al final lo terrible que era aquel Conde, aun si se le fuera la vida como un nómada manteniéndolos a salvo, correría en la dirección opuesta a la que le ordenó aquel indeseable aristócrata.

Taro soportó la rueda de la carreta pasar sobre su pierna en cuanto su hermano apresuró a los caballos para huir, pero no gritó, ni siquiera cuando sintió la mordida dolorosamente ácida de algunas de las serpientes sobre su carne. El rubio toleró el dolor y se defendió como le fue posible con una daga, cuando vió suficiente la distancia entre él y la tartana en la que esperaba todos estuvieran a salvo, extrajo el dije y lo usó para repeler a los reptiles, una vez libre de ellos agradeció a la diosa cuando notó que sus heridas estaban llenas de un veneno no letal, aunque sí muy doloroso. Se puso de pie, contempló entonces la destrucción a su alrededor, la casa en la que había vivido desecha entre las llamas,  la arboleda cubierta del fluido asqueroso de esos seres, el suelo podrido, la nieve ennegrecida y todo ¿Por qué? ¿Por ser el títere de oscuros jugadores en un tablero de ajedrez mucho más grande? Maldijo con amargura recordando su traición, gritando su ira a los cuatro vientos, tan lleno de tierra, congelado, sangrante... ¿Qué más podría pasarle?

Ironía como siempre, <<burla divina>>... fue todo cuanto pensó al escuchar el sonido de un oso a sus espaldas, sin embargo por la sombra que proyectaba la incipiente luz de la fogata que prodigaban los árboles cercanos en aquel funesto atardecer, esa criatura medía 3 veces lo que un oso adulto. Taro que apenas podía moverse a causa del doloroso veneno, sonrió con dolor y derrotado, pero levantó la mano con la piedra negra mientras sus ojos celestes veían quemarse el peluche de felpa que había traído como regalo para su amada Saya. La piedra no amedrentó a la criatura pues este no era esclavo como los otros, casi molesto el Orphan gruñó con fuerza; Taro vió la sombra de su garra alzándose para darle el golpe de gracia y entonces lo supo, que había llegado el último momento de su vida. Todo en lo que pudo pensar, fue en su mujer, en sus hijos... en sus hermanas yendo lejos, rogaba que suficientemente lejos de los monstruos. Aunque no era más feliz por el camino del sendero que los llevara con aquel malnacido Conde ¿Y si Kano pensara en no cumplir el pedido de Nagi Dai Artai? Se le antojaba un consuelo, que el menor si tuviera la valentía que por temor él no, sería demasiado bueno para ser verdad.

Sintió el frío del invierno, el viento en su rostro, el movimiento del ataque sobre su integridad y al final... aquel moco asqueroso que manaban las heridas de los Orphan, la sustancia lo bañó de pies a cabeza, un gruñido lastimero y se vió envuelto en cientos de brillos verdes. — ¿Eres idiota acaso?— Escuchó la molesta voz de Nina, quien lo sujetaba de la solapa para ayudarle a ponerse de pie. —Renunciar tan... tan cobardemente a vivir. ¿Qué sería de Saya, de Minoru o Maya? ¿Con qué cara vería a mi prometida si no llego contigo a cuestas?—

—No se me hace una buena idea usar como escudo una piedra tan pequeña— Arika observaba la piedra que Taro sostenía fervientemente en la mano. — ¿Por qué es tan valiosa para ti?—

— ¿Dónde está mi esposa? ¿Los demás?— Natsuki miró en los alrededores notando que el oso pardo había sido misteriosamente el último Orphan en aparecer, fueron asediadas incansablemente por los horrores al punto de no poder moverse un solo metro con dirección del resto del grupo, pero repentinamente la intensidad del ataque de los monstruos cesó dándoles la ocasión de acudir al rescate del Ho.

—Se fueron... — Respondió el rubio poniéndose de pie con la ayuda de Nina. Había cumplido, le dió la ocasión a Kano de acudir con el conde o huir si es que la consciencia le pesara, que seguramente así sería pues él mismo se condenaba incapaz de mirar a Kruger a los ojos.

—Vamos al castillo, allí nos encontraremos con...— Apuntó Nina silbando para que los corceles volvieran a su encuentro y en efecto el primero en aparecer fue su querido Cian.

—No... No vamos a encontrarles en ese lugar— Natsuki parecía un lobo enjaulado, le gritaba el instinto y un mal presentimiento comenzaba a presionar a la altura del pecho. — ¿Verdad Taro?—

El rubio se quedó sin voz, mientras Arika y Nina miraban confusamente a la ex-bestia. — ¿Te golpeaste la cabeza Nat?—

—Kano quiso darme la piedra a la que tanto te aferraste cuando el pardo te iba a matar, incluso no pareciste sorprendido al ver a las criaturas... he visto a los más valientes palidecer, pero tú te aferraste a la idea de que esa cosa te protegería y para alguien tan escéptico como tú, es seguro que ya lo habías visto antes, incluso tenías un plan ¿Hace cuánto ensillaste los caballos? Una hilera, oh... dos hileras— La pelinegra percibió las huellas de los caballos en el suelo, sería imposible alinear a tres corceles en medio de una situación de pánico semejante, los animales no son estúpidos, saben aún mejor que los humanos los peligros que los acechan en la oscuridad. — ¡¿Dónde está mi esposa?!—

—Kruger...— Taro quiso replicar, pero ¿Cómo iba a continuar con semejante mentira? No podría con la culpa, ahora como sí la vida quisiera burlarse, también le debía la vida a la Duquesa, pues había sido su flecha la que había atravesado al pardo de lado a lado antes de desvanecerse y dejar lugar para caer a la sangre del oscuro ser.

—Prima... ¿Acaso insinúas que ellos...?— Nina no se atrevió a decirlo, desvió la mirada sin saber qué hacer. Jamás imaginó que tuviera que cuestionarse la lealtad de su ahora familia o el juicio de aquella persona la que tanto admiraba, habían un gran sinsentido en las palabras de Natsuki.

—Kruger... Shizuru está bien, de veritas— Intentó calmarla Arika.

—No... Ella no está bien, diablos no... No lo está— Natsuki se llevaba la mano a la cabeza mientras la otra se estrechaba contra su pecho. Los Orphan se habían ido, no escuchaba sus lamentos, sabía en el fondo de su ser que solo había sido una distracción como aquella vez cuando les atacó el cuervo que deseaba devorar el puro espíritu de Shizuru. Ahora no percibía el mismo riesgo, pero tampoco estaba tranquila.

— ¿Cómo lo sabes?— Preguntó Sayers sin entender.

—Lo siento dentro de mí... no lo puedo explicar, es un presentimiento— Natsuki tensó la mandíbula mientras Iperion relinchaba a su alrededor, impaciente por llevar a su jinete nuevamente.

—No debiste salvarme, Kruger...— Taro se dejó caer de rodillas al suelo vencido por el peso de su propia conciencia. —Ahora mi boca condenará a mi familia, pues el conde sabrá que lo he traicionado— Agachó la cabeza abatido.

— ¿Cuál conde? ¿De qué hablas Ho?— Natsuki sujetó por el cuello de la camisa al rubio, quien no tenía intención alguna de defenderse.

—Fuimos chantajeados, la libertad de Shizuru a cambio de la vida de nuestra familia— El de celeste mirar no replicó, ni se quejó del asfixiante agarre de aquella guerrera implacable. —El Conde Nagi Dai Artai desea de vuelta la prenda que usted posee, al parecer por un acuerdo con el padre de la señora, Satoru Fujino quiere de vuelta a la niña de sus ojos— Confesó Taro con dificultad en sus respiros. —No me dejó otra posibilidad, mi esposa, mis hijos... él ha jurado que no le hará daño, solo va a devolverla a su padre—

—Eso no puedes asegurarlo... Arrggg— Natsuki quiso golpearlo hasta dejarle funcionando apenas una neurona, pero no podía perder más tiempo. Si ese indeseable quería a Shizuru entre sus manos, sería como tener a todos los Kruger en la palma de la mano. <<Una vez más tendré que lidiar con mi ‘querido’ suegro... más le valdrá devolverme a Shizuru>>

—Nosotros... también éramos familia— Se quejó Nina con voz dolida, 10 días y una promesa era todo cuanto habían solicitado como muestra de Fe los Ho, ahora ellos mismos habían traicionado su palabra. — ¿Acaso Erstin...?— La Kuga no se atrevió a completar la pregunta sin sentir un profundo temor a esa nefasta posibilidad.

El hermano mayor negó con la cabeza. —Solo Kano y yo lo sabíamos... y yo obligué a mi hermano con una promesa— La ira del glauco mirar de Natsuki aterró por un momento al capitán de la guardia civil de Fukka, quien imaginó en la mano fuerte de la Duquesa la intención de arrebatar la vida que minutos atrás hubo salvado.

—En cuanto Shizuru sospeche una mala acción de su parte, te aseguro que ese Conde va a lamentarlo— Natsuki sabía que su amada era todo, menos indefensa.

—La... la Señora se desmayó por la fatiga, no podrá rebatir los deseos de su padre, ni los del Conde— Admitió con amargura el rubio, lo siguiente que supo el Ho es que a diferencia de la sangre de Natsuki, la cual vertía su brazo lastimado y formaba flores al contacto con el suelo, la suya propia solo manchaba la nieve de rojo.

—Arika...— Musitó impresionada Nina ante el gancho izquierdo de su amiga, pues le dio un buen golpe al sujeto rubio, siendo este más alto cayó al suelo sin ninguna gracia.

—Lo hice por las dos... tú no le puedes pegar porque es tu cuñado y tú tampoco le puedes pegar, porque si lo noqueas no vamos a saber a dónde llevaron a Shizuru— Sayers se acuclilló frente a Taro. —Y tu conciencia me lo agradece, pero vamos... ¿Nos dirás a dónde se dirigen?—

—Al poblado, Nagi pidió que... fuéramos allí, en la plaza de la escultura blanca— Dijo el ojiazul antes de escupir los residuos de sangre en su boca.

—Vamos entonces— Musitó Natsuki subiendo a su fiel caballo.

—Quizás él esté preparado, puede ser una trampa— Le confrontó Nina recordando el valor de la cautela, mientras seguía su ejemplo y subía en el lomo de Cian.

—Lo sé, voy en sus términos... pero saben que por Shizuru iría al mismísimo infierno y más aún si se encuentra enferma— Con el ceño fruncido y altiva sobre su caballo apreció el caminillo hacia el poblado. —Dudo en verdad que todo esto se deba a un favor, no es por dinero si es que mi padre pagó tanto para librar a Fujino de su deuda, él no podría comprar con oro estas ‘gentilezas’ venidas de la mano de Nagi—

Taro vió la resolución de la morena y admiró su valor sobre todas las cosas, el de las tres mujeres a decir verdad. —Kruger...— Una razón demás para decir lo que sabía. —... Él controla a los monstruos con estas piedras, por eso pude repeler a tantos de ellos mientras huía. No sé cómo funciona, sus esbirros decían palabras incoherentes y las criaturas brotaban del suelo, hacían su voluntad... ellos los llaman ‘esclavos’ otros les dicen ‘eslabones’—

El iris esmeralda se estremeció en la cuna que eran sus ojos, luego vino el entendimiento y un hondo suspiro de resignación. —Los ataques que hemos recibido a lo largo de este año, ciertamente no han sido comunes...— La ex-lobuna tenía la sensación de haber estado pisando una enorme red durante tanto tiempo que jamás lo vió venir, ahora tenía una araña inmensa a sus espaldas y se había quedado sin opciones.

—Deberíamos pedir ayuda al tío Takeru— Murmuró la alternativa Nina, recordando que justamente habían vivido tanto tiempo en el castillo preparándose para los asedios de esos monstruos.

—Él ya debe estar involucrado, si no vino aquí con los avisos de los vigías es seguro que tiene más problemas que nosotros y sabiendo ahora que Nagi puede dominar a los Orphan a su antojo, mi padre está en el lugar en el que él quiere que esté— Tensó la mandíbula mirando hacia la montaña del sur, donde también habían iniciado algunos incendios. —Debo resolverlo por mi cuenta—

—Es un peligroso rival, pero no estás sola... en tanto yo tenga vida siempre iré a tu lado— Dijo con toda seriedad la de ojos rojos. —Mi prometida, parte de mi familia también está en la misma dirección—

—Así se habla Nina, yo me apunto...— La de zafirina mirada sonrió, era una amiga kamikaze, de eso no había duda.

—Arika...— Natsuki y Nina la miraron con un profundo agradecimiento.

—Que no tenga intereses románticos no significa que me da lo mismo... es peligroso para todos, un tipejo capaz de amasar un ejército como éste, no es algo para subestimar— Murmuró lo que para sí era evidente, dejando un amargo sabor de boca en el pensamientos de las otras dos mujeres.

— ¿Aceptarían uno más?— Habló Taro con temor, más solo Sayers le ofreció un poco de espacio sobre el lomo de Doba. Kruger y Kuga comenzaron la marcha, no sin antes mirar atrás... las cosas se habían torcido de una indignante forma, pero ver aquel lugar reducido a cenizas hacía que una honda melancolía les llenara por dentro.

—Lo hago por Maya y los niños... no me malentiendas, aún debes hacerte responsable de tus actos y mirar a Christoph a los ojos cuando le pidas perdón por la destrucción de su casa— La castaña arrió a Doba y le dio alcance a las otras dos jinetes.

Galoparon durante lo que pareció una eternidad, avanzaron hasta llegar a la planicie de la llanura que conformaba el poblado cuando ya era de noche, a lo lejos vieron las casas y notaron con más horror que las criaturas no se habían dispersado como pensaron, estaban allí en el centro de Fukka sembrando el pánico en todas direcciones, incendios, heridos, las gentes huyendo, los hombres peleando sin poder defenderse efectivamente, la guardia de los Kruger no se daba abasto para proteger, algunos incluso ya defendían su propia vida. La mirada jade vió con horror como nunca en la extensión de toda su vida, que Nagi Dai Artai, había destrozado la paz y la protección por la que había derramado llanto y sangre durante tanto tiempo, ahora la gente de Fukka jamás olvidaría los horrores de aquellos, los hijos de la desgracia. Comprendió entonces el sentido de las acciones del Conde, supo que esa noche sería la más larga de su vida y esperó por la diosa, que sus esmeros fueran suficientes para mantener a salvo a sus seres queridos.



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19 comentarios:

  1. Que alegría, igual muchos buenos deseos en este año cristalsif..di saltitos al ver que actualizaste, ay! aquellos dias cuando nat y zuru se conocieron hace mucho tiempo (suspiro), que romántico esas declaraciones de nina hacia erstin, ese tal kano me pone los pelos de punta yo igual me sentí con celos al igual que la castaña que decir ^^. Cuando sabremos de juliet (nao) y los demás? La paciencia es un don que ultimamente estos años he pulido mucho jeje. Gracias por tu tiempo, en verdad por no olvidarte de tus historias

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    1. Las memorias son importantes ¿Verdad? El como las personas recuerdan las cosas, Shizuru confirmando lo mucho que le impacto darse cuenta que Nat era chica, sin mencionar que vio algo de piel ahi jajaja. Jejeje sentiste celos? Imagínate a Shizuru con esos cambios hormonales, ella quería matar a Kano por acercarse a SU mujer. Bueno sabremos de Nao en el capitulo 40, solo te digo algo... cuidado con lo que deseas jejeje.

      Te mando abrazos, gracias por tu lectura.

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  2. Oh nooo nat no debiste mostrar tu rostro ahora nagi sabe q la lobuna ya no esta bajo los efectos de la maldicion y ahora sabe q esta desprotejida y frajil.
    Ahora bien no podra protejerla la diosa gato.
    Esto se pone color de hormiga. Que nervios de saber que ocurrira.
    Besos
    Gracias por el cap
    Con cariño
    Maria Rene

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    1. Hola querida Maria Rene, bueno incluso Nagi no es un ser omnipresente, su afirmación de "Tengo ojos en todos lados" es más para decir que tiene aliados en todos lados, el tiene a sus maestros slave vigilando, pero ¿Qué tanto puede informar uno de sus esbirros si todos los Slave fueron derrotados? El conocimiento de Nagi se limita a lo que llega a sus oídos, a los que vigilan por él. No necesariamente lo sabe tooodo, pero ya se vera.

      Abrazos, gracias por leer.

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  3. X dios se quedo bien interesante sube el proximo jijiji esto no es de dios que dejarnos asi con la duda

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    1. Hola Maria Barjas, si sé que se quedó en un punto intenso pero de seguir más quizas le hubiera quitado ese suspenso, lo bueno es que estaré entregando el proximo prontamente. Espero que el siguiente capitulo tambien sea de tu agrado.

      Apapachos.

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  4. Cada vez MAS te superas, ansiosa por el leer el sgte estoy tan enganchada que con lo extenso que escribes por cap. Me parece muy corto. Que nivel que tienes aquí!
    Luci

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    1. Pensar que lo sientan corto cuando estoy aplicando casi el doble de paginas que escribo por capitulo jajaja. Bueno lo importante es que gusto y no se hizo soso, ya veremos que tan corto sale el proximo, es casi igual de extenso. Me alegra ver que mis esmeros rinden frutos y estas encantada querida Luci.

      Te mando abrazos, ten un lindo día.

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    1. Por lo menos el proximo es la semana que sigue... no puedo prometer no demorarme, ya que escribo en espacios de tiempo limitados y doy lo mejor de mí. Lo que puedo prometer es que seguiré escribiendo hasta el final.

      Gracias por leer.

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  6. Esta chida la historia woooo que imaginacion ��

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    1. Me alegro que te gustara y aun le faltan sorpresas jejeje.

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  7. A veces uno no mide las consecuencias de sus actos. por hacer algo bien y salvar a su familia los hermanos ho pusieron en gran peligro a todos a mi me preocupa el abuelo ho nada raro que pase lo peor y no quisiera ya que con su sabiduria se nutre la familia.
    Un caos total va a pasar con perdedores y ganadores batalla campal sin tregua.
    Pucha no aguanto la espera me estra como desesperacion de saber que pasara hahahahah

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    1. El abuelo Ho, ya bastantes penas ha soportado... pero es un hombre de esos que da guerra, asi que tengamos un poco de calma ya se sabrá lo que ha de pasar.

      Jajajaja no sé porque tengo la sensacion de que el capitulo siguiente no es justamente lo que esperan jeje. Ya me lo diras despues, si?

      Te mando abrazos.

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  8. Te hago porras desde aca se que tardas para darnos calidad de verdad griteee de la emoción cuando vi tu actualización. Espero ansiosa el proximo cap.

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    1. Saludos Querida Ross del valle. Te gustará saber que el 39 ya esta n.n

      Gracias a ti por tu comprensión y espero nos sigamos leyendo más adelante.

      abrazos

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  9. Querida Cristalsif.que emocion fue ver un nuevo capitulo de mis amadas suki y Zuru!!Cuando lo vi grite de la emocion!!y a medida que leia pase por todas las emociones,llore del amor que le profesa Nina a la pequeña Ho,me emocione con los cambios hormonales de Shizuru y sus celos(los hice propios) y maldije a Nagi una y mil veces.
    Que excelente es esta novela,cada vez te superas mas!!(amo tus escritos,sos una excelente escritora y no me voy a cansar de decirtelo)
    Esperando con muchas ansias la proxima entrega.
    Te mando muchos besos!!mia de bsas

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  10. Saludos Mia de Bsas.

    Jejeje que bueno saber que te emocionó tanto la actualización, fue un capitulo bastante emotivo, con muchos momentos y situaciones, me fue dificil escribirlo, tratar de poner la porción adecuada de cada momento fue complicado, pero me gustó el resultado y me alegra que sientas la mejora.

    La entrega ya fue publicada, espero que tambien te guste.

    Abrazos

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    1. Genia!!ya lo lei y di un grito de emocion!!(ultimamente causas eso en mi con tus escritos)anoche mientras leia sumergida en el mundo fantastico que creaste para nosotras,pensaba en el don que tenes y lo maravilloso que es poder leerte.Gracias por tanto talento!!Se te quiere genia del alma!! Mia

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