Esperamos tu historia corta o larga... Enviar a Latetafeliz@gmail.com Por falta de tiempo, no corrijo las historias, solo las público. NO ME HAGO CARGO DE LOS HORRORES DE ORTOGRAFÍA... JJ

Pecados Capitales - Despistada - 4

4. GULA
(Gula: Exceso en la comida o bebida, y apetito desordenado de comer y/o beber).

Inés se había acostumbrado a ir cada día a casa de sus padres a desayunar. Veía a sus padres a diario evitando tener que cruzarse con ella. Pero esa mañana había decidido creerse a pies juntillas las palabras del poeta; cuando no hay camino, se puede construir uno simplemente andando, en este gran viaje, que es la vida cada uno podemos y debemos dar los pasos necesarios para forjarnos el destino que buscamos, o al menos, intentarlo. Y ella estaba decidida a hacer camino al andar. Su madre le había comentado que Andrea era muy golosa, así que esa mañana, cuando fue a desayunar con sus padres llevaba bajo el brazo una enorme caja de los mejores bombones artesanos que pudo encontrar.

Inés: Mamá, he traído estos bombones para Andrea. Fui bastante desagradable con ella y me gustaría disculparme. Si te parece bien, quisiera hacerme cargo de los gastos derivados de la rehabilitación de papá. La verdad es que las cosas me van bien en el bufete y acabo de recibir una generosa comisión por el último caso que he ganado…
Madre: Gracias cariño, pero no creo que haga falta. Tu padre está encantado con los progresos que está haciendo con ella y no creo que quiera que ninguna otra persona la sustituya.
Inés: Mamá, tengo que disculparme con vosotros. Nunca debí anteponer ningún bien material a vuestro bienestar. Me siento terriblemente avergonzada.
Madre: Pues yo estoy encantada de tenerte aquí cada día, prefiero mil veces tu compañía a tu dinero, así que sea como fuere, lo que pasó ha hecho que te recuperemos en nuestras vidas. Y estoy feliz de que así sea.
Abrazó a su hija e Inés se dejó acunar en los brazos de su madre.
Cuando esa noche Andrea se sentó a cenar con Carmen y Pedro, la mujer le alargó el paquete.
Carmen: Por cierto, Andrea, esto es para ti
Andrea: ¿Para mí? Pero, Carmen, no tenéis que comprarme nada.
Carmen: No, cielo, no es nuestro. Alguien lo ha traído para ti.
Andrea: ¿Pero quién?
Carmen: Como ves, también tiene un sobre. Será mejor que lo leas con tranquilidad cuando llegues a tu casa. Ahora, sigue tomándote la sopa, que se te va a enfriar…
Andrea sonrió. Había perdido a sus padres hacía dos años en un accidente de tráfico y sentarse todos los días a compartir cena, charla y compañía le hacía sentirse de nuevo parte de un grupo familiar. Carmen siempre estaba pendiente de ella, de sus necesidades, de sus gustos, de sus preocupaciones. Le preguntaba por el hospital, por sus compañeros, sus amigos y Pedro le daba frecuentes consejos y unos cariñosos pellizcos en las mejillas que la hacían sonreír con ternura.
Cuando llegó a su casa abrió el sobre que acompañaba al paquete y sacó la nota de su interior.
Andrea, quería disculparme contigo por mi salida de tono. Quiero agradecerte de corazón lo que estás haciendo por mis padres. Fui muy egoísta con ellos y muy soberbia e injusta contigo. Pero pretendo remediar ambas cosas.
Si te parece correcto me gustaría pagarte las sesiones de rehabilitación que haces con mi padre, aunque nunca podré pagarte el cariño y el afecto con que los tratas a ambos.
Gracias.
Inés”
Abrió con delicadeza el paquete y descubrió con gozo su contenido. Sonrió y se metió un bombón a la boca. Estaba desconcertada pero intrigada. La nota venía a reafirmar lo que hacía unas semanas había atisbado en la discoteca, que bajo esa fachada de mujer dura y distante que proyectaba Inés se escondía un corazón sensible y tierno. Un segundo bombón dio paso a la siguiente cavilación, ¿habría sido una casualidad que su regalo fueran bombones, o Inés había preguntado a Carmen por sus gustos? El tercer bombón llegó asociado a otro interrogante, ¿qué sentimientos despertaba en ella Inés? Desde su último encuentro en la discoteca se había descubierto pensando en ella muchas veces, preguntando a Carmen y a Pedro cosas sobre ella, mirando viejos álbumes de fotos en casa de sus vecinos… El cuarto bombón llegó acompañado de una certeza, la abogada era una mujer bellísima. Con el quinto bombón, ya había decidido que probablemente la había juzgado precipitadamente. El sexto la acompañó en su boca mientras redactaba una nota para Inés y el séptimo definitivamente sirvió para hacerla reír y decirse a sí misma “para,  Andrea, que como sigas así te los vas a comer todos de una sola sentada”. Le costaba controlarse con el chocolate. Tenía una genética generosa que hacía que su cuerpo no reflejara sus excesos.  Pero el chocolate además de su debilidad era un tremendo placer al que le costaba renunciar.
Inés se sentía un poco ridícula. Lo que en principio le había parecido una buena idea, ahora la tenía completamente desasosegada, ¿Y si Andrea se había molestado con ella por haberle ofrecido dinero? ¿Y si seguía enfadada con ella? ¿Y si no quería saber nada de ella? ¿Y si…?
Cuando al día siguiente llegó a casa de sus padres vio que los bombones no estaban en el aparador donde los había puesto la víspera, y aunque no quería mostrarse ansiosa, quería saber todo sobre la reacción de la enfermera. Su madre sacaba el pan de la tostadora y su padre leía distraídamente el periódico. Estaba claro que si no preguntaba nadie le iba a decir nada.
Inés: Mamá, ¿le diste ayer el paquete a Andrea?
Madre: Sí cariño
Inés: ¿Y dijo algo?
Madre: A mí no me dijo nada, ¿a ti te dijo algo, Pedro?
Padre: No, a mí tampoco me dijo nada.
Inés bajó la vista. No pudo evitar un destello de decepción en sus ojos.
Padre: Decir no nos ha dicho nada, pero esta mañana antes de irse al hospital ha pasado por casa para dejarnos un sobre para ti
Inés: ¿Un sobre? ¿Dónde está?
Padre: Pues déjame pensar dónde lo puse… (sonriendo)
Inés: Papá…
Madre: Está encima de la mesita del salón, hija
Se levantó como movida por un resorte. Fue al salón, cogió el sobre y extrajo la nota que había en su interior.
Disculpas aceptadas.
Por supuesto no pienso admitir ninguna compensación económica por ayudar a tu padre en su rehabilitación. Estoy más que pagada con el cariño que ambos me muestran.
Pero dado que sabes que mi gratitud se gana fácilmente a través de mi estómago, estoy segura de que se te ocurrirá alguna otra forma de compensarme aparte de la de ofrecerme dinero. Se creativa…
Andrea”

Estrechó la nota contra su pecho. No sabía si reír o llorar de emoción. La enfermera  estaba claramente abriéndole una puerta que ella estaba deseosa de traspasar, había propiciado un acercamiento que estaba dispuesta a aprovechar. Se sentía de nuevo una triunfadora.
Volvió a la cocina. El desayunose le había quedado frío pero no le importó. Ese resultó ser el café más delicioso que había tomado nunca.
Inés: Mamá, ¿no tendrás por ahí el teléfono de Andrea?
Madre: Claro, cielo. Toma, apúntalo.
Salió de casa de sus padres con una sonrisa bobalicona en la cara. Casi tanto como la de sus padres, quienes cuando oyeron que se cerraba la puerta de entrada se miraron con dulzura complacidos con la situación.
Carmen: Cariño, creo que tu hija se ha enamorado
Pedro:  Y no podía haber elegido mejor.

Mientras bajaba en el ascensor Inés mandó un mensaje de texto a Andrea: “ Hola, soy Inés. ¿Te parecería bien cenar conmigo este viernes? Conozco un pequeño restaurante con una carta exquisita e ingeniosa”. Antes de llegar a su coche ya tenía la respuesta en su móvil: “Recógeme a las ocho y media en el hospital”.
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4 comentarios:

  1. Conquistandola por el estómago. Ehhh!! Inés es una tramposa jajaja excelente historia..

    Saludos a ti

    J.s

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  2. Me esta gustando a ver si inés la conquista

    M. S

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    Respuestas
    1. Gracias por leer la historia y comentarla. Faltan otros tres pecados y el epílogo. A ver si al final os gusta

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