Esperamos tu historia corta o larga... Enviar a Latetafeliz@gmail.com Por falta de tiempo, no corrijo las historias, solo las público. NO ME HAGO CARGO DE LOS HORRORES DE ORTOGRAFÍA... JJ

Melodia - Despistada

MELODÍA
Una melodía es una sucesión de sonidos que es percibida como una sola entidad. En ella, para que la armonía sea correcta, dos acordes suenan bien cuando tienen notas comunes. 
Las personas buscamos muchas veces componer la melodía de nuestro amor. Y debemos encontrar para ello nuestra propia armonía de pareja.


1. EMMA MÜLLER

No podía creer que estuviera teniendo un ataque de pánico. Se tuvo que sentar porque la sensación de mareo era cada vez más fuerte. No podía respirar. Se había enfrentado a lo largo de su vida a infinidad de tribunales. Tocaba la flauta traversa casi desde que tenía memoria, pero esta era la oportunidad de hacer de su pasión su profesión. Y por la puerta grande. La Filarmónica de Berlín era todo lo que había soñado en su vida. Había ido pasando los diferentes procesos de selección y hoy era la última fase. Mañana la orquesta tendría nuevo flautista y esperaba ser ella. Pero tenía que tranquilizarse. Había preparado para la audición una pieza de un compatriota suyo que había descubierto no hacía mucho y que le fascinaba. Tenía claro que  la obra Zeitflucht: Retrospection A de Cornelius Hirsch era una afortunada e innovadora elección. Pero tenía que tranquilizarse.

 Le habían dicho que preparara un fragmento de entre diez y quince minutos de un autor contemporáneo y que después tendría un cierto tiempo para leer y preparar otra pieza que el tribunal le propusiera. Las pruebas habían empezado. Eran cinco aspirantes. Ella era la última. Estaba escuchando tocar al primer participante. Era bueno, muy bueno, pero ella también. Tenía que tranquilizarse. Se dirigió a la sala de descanso que le habían asignado, para montar la flauta y tocar unas escalas. Debía calentar el instrumento.

Abrió la puerta y se acomodó en el sofá. Recostó la cabeza, cerró los ojos y se concentró en su respiración. Colocó el estuche de la flauta sobre sus muslos y respiró hondo. Inspirar, espirar, inspirar, espirar. Ya lo tenía. Habían desaparecido las náuseas y la taquicardia y había recobrado el control sobre sus emociones. Ya lo tenía. Abrió los ojos, irguió el cuerpo y comenzó a abrir el estuche de su instrumento. Allí apareció brillante y cuidadísima su flauta. La acarició con mimo y fue ensamblando sus piezas. La miró y se puso de pie. Se la acomodó bajo los labios y una sensación de calma y de control la invadió. Cuando la soplaba  perdía la noción del tiempo. Al rato una bombilla roja encima de la puerta de entrada a la sala de reposo comenzó a parpadear. Era la señal que le indicaba que el candidato anterior a ella estaba tocando ya. Respiró hondo, buscó en su bolso la partitura, se alisó el vestido y agarrada fuertemente a su flauta, como si de un salvavidas se tratara, se dirigió  a la zona de bambalinas. 

La cuarta aspirante, una mujer madura y enjuta estaba ejecutando el último movimiento de la obra. Estaba nerviosa y se le notaba. Inspirar, espirar. Ya, era su turno. se cruzó con la mujer. Creyó ver sus ojos bañados en lágrimas. 

Ahí vamos, se dijo. La sala imponía. Era espectacular. Se tomó unos segundos para recorrerla con la vista. Una de las pocas salas de conciertos del mundo con forma pentagonal, con una acústica excelente desde cualquier punto de la misma.  Solo por sentarse en este escenario había merecido la pena el largo proceso de selección. Se acercó al centro, colocó la partitura en el atril, acomodó su vestido con la mano , posó la flauta bajo sus labios, cerró los ojos, inspiró fuertemente, dirigió su vista a los papeles que tenía delante y con un ligero movimiento de cabeza su flauta pareció cobrar vida. 


2. JENNY HARTMANN

Recordaba perfectamente la tensión  cuando dos años atrás optó a una plaza de pianista en la Filarmónica. Consiguió la vacante, pero su mundo se desmoronó. Tenía su vida organizada en Londres cuando se enteró de que la Filarmónica de Berlín necesitaba una pianista. Hacía seis meses que se había ido a vivir con  Charlizey estaban muy enamoradas. O eso creía. Charlize todavía andaba haciendo masters para completar sus estudios de Publicidad y ella tenía un buen trabajo componiendo música para películas, que complementaba con  sesiones como pianista en un grupo modesto de jazz que la divertía terriblemente. Cuando le dijo a su pareja que iba a presentarse a las pruebas de selección en Berlín todo fueron arrumacos y besos, eres estupenda, ve y déjalos perplejos decía su Charlize cuando se lo consultó, tienes que perseguir tus sueños. 

Esperaba que la hubiera acompañado, pero no fue así y no le dio importancia. De esa forma se mantuvo concentrada aunque terriblemente sola. Cuando supo que sería la nueva pianista de la Berliner Philharmoniker siguió su impulso y cogió el primer vuelo a Londres para celebrarlo con su chica. No quería decírselo  por teléfono, quería ver su cara cuando se lo contara, dejarla que se la comiera a besos, quería sorprenderla... y la sorpresa se la llevó ella. Dolía recordar los detalles, recordar cómo había entrado al piso que compartían, solo para ver que Charlize no se la iba a comer a besos a ella, porque estaba ocupada comiéndose a lengüetazos a una morenaza desconocida. 

Hoy le tocaba ser a ella la pianista acompañante para la segunda pieza de los nuevos aspirantes a flautista. Y se preguntaba cómo y en qué le cambiaría la vida a la persona que consiguiera el puesto.


3. EMMA MÜLLER

La segunda pieza que debía tocar era Il Carnevale de Venezia Op78 de Giulio Briccialdi una obra que afortunadamente conocía bien. Una rápida lectura a la partitura le hizo hacerse una idea clara de cómo quería encarar la obra y pensó que la mayor dificultad que le podía plantear era la de acoplarse con un pianista con el que nunca había compartido ensayos y al que obligaban a colocarse dándole la espalda para que la ejecución de su pieza se ajustara a los tempos del piano y no a su intuición hacia el pianista. Era raro el proceso, pero prometía ser interesante. 

De nuevo vio parpadear la bombilla roja en su sala de descanso. Respiró hondo y se dispuso a dar, otra vez, lo mejor de sí en el espectacular auditorio. Echó un rápido vistazo hacia el piano, la pianista parecía estar ya preparada, colocó su partitura en el atril, acomodó su vestido con la mano, posó la flauta bajo sus labios, cerró los ojos, inspiró fuertemente, dirigió su vista a los papeles que tenía delante y exclamó con seguridad cuando quiera.  



4. JENNY HARTMANN

De espaldas a los flautistas solo le hablaban sus instrumentos. No había forma de dejarse influenciar por un físico más agraciado, por un gesto más tierno, por un porte más atractivo. Solo la música. Eso le gustaba. Escuchó ese último y enérgico cuando quiera y encaró la pieza por quinta vez. La verdad es que hasta ahora todos habían sido correctísimos técnicamente. La decisión sobre cuál había sido la mejor interpretación de esta pieza debía tomarla ella y pensó, que no le sería fácil hacerlo. Vamos con el último, se dijo.

Cuando el metal comenzó a sonar supo que la suerte ya estaba echada, esa flauta además de técnicamente impecable, le transmitía pasión, esa flauta tenía alma. Cuando acabó la pieza supo que esa era la persona a la que ella iba a recomendar para cubrir la vacante y quiso ver el aspecto que tenía.
Movió disimuladamente la cabeza hacia un costado para poder mirarla de soslayo. Apenas unos segundos.  Le agradó. Vio la delicadeza con la que sostenía el instrumento y esa rubia menuda que recogía con parsimonia la partitura le transmitió ternura; una corriente de simpatía inundó su cuerpo y le hizo esbozar una sonrisa. Para ella las primeras impresiones siempre habían contado mucho. 


5. EMMA MÜLLER

Se sintió satisfecha y aliviada y nerviosa y expectante y acalorada y viva. Limpió minuciosamente su flauta, la guardó en su estuche, se puso el abrigo y la bufanda, se colgó su instrumento al hombro y se dirigió a la salida. Allí afuera estaba su amigo Hotte. Hotte había crecido con ella en Colonia y eran amigos desde siempre. Cuando su amigo, por motivos de trabajo, se tuvo que ir a vivir a Berlín no perdieron el contacto, bien él viajaba a Colonia a verla a ella  o bien era ella la que se acercaba a Berlín para estar con él.

Salió a todo correr y se arrojó en sus brazos. El la alzó del suelo y le dio un beso en la nariz. Su amiga estaba feliz, la prueba debía de haber ido bien y eso la colocaba más cerca de él. Estaba encantado con la posibilidad de que Emma se quedara en Berlín.

-Veo que estás satisfecha con la prueba

- ¿Satisfecha? No sé. Aliviada, seguro. Vamos invítame a una cerveza.
¿Has venido solo o estás con Hugo?

- Hugo tenía que trabajar, por eso no está aquí achuchándote. Vamos a por esa cerveza.

Emma se dejó abrazar por Hotte. Y se alejó bromeando y riendo con él. Se sentía viva.




6. JENNY HARTMANN

Recogió las partituras. A la tarde tendrían la reunión en la que decidirían quién sería el nuevo flautista de la Filarmónica. O la nueva flautista, pensó Jenny acordándose de la rubita menudita que tanto la había impresionado. Pero ahora había quedado con Ben para comer. Ben era su primo. Nunca podría agradecerle lo suficiente todo lo que había hecho por ella cuando llegó a Berlín. Llegó sola y con el alma rota y Ben le hizo inmediatamente un hueco en su vida y en su corazón. La acompaño y la escuchó en sus horas bajas, le presentó a sus amigos, que ahora eran también los suyos y le ayudó a recomponer pieza a pieza su autoestima y su amor propio. 

Cuando franqueó la puerta de salida contempló una divertida escena, en la que un chico alzaba cariñosamente del suelo a una chica hasta colocarla a la altura precisa para besarla tiernamente en la nariz. Se dio cuenta de que ella era la flautista que tanto le había impresionado y pensó que era una chica con suerte. Esa chica tenía a alguien esperándola para abrazarla y ayudarla a calmar la tensión vivida esa mañana; ella no tuvo a nadie que le besara la nariz cuando acabó su prueba.



7. EMMA MÜLLER

Se tumbó en el sofá del salón de la casa de Hotte y Hugo. Inspira, espira, inspira, espira. Tenía que tranquilizarse.

-Emma, ¿estás bien?  gritó Hotte dirigiéndose a ella con cara de preocupación.

-Sí, si contestó Emma controlando apenas la respiración. Me han llamado, añadió. El puesto es mío



8. JENNY HARTMANN

La deliberación fue bastante más rápida de lo que ella pensaba. Y su voto inclinó definitivamente la balanza. Emma Müller se llama, pensó Jenny. Si mi intuición no me falla, será una compañera agradable.



9. EMMA MÜLLER

Todo le daba vueltas. Tenía que llamar a su familia. Tenía que buscar piso (le encantaba estar con Hotte y Hugo, pero una cosa era instalarse en su sofá unos días y otra era quedarse a vivir allí). Tenía que volver a Colonia y organizar la mudanza. Tenía que concederse por fin la posibilidad de intentar ser feliz.


10. JENNY HARTMANN

- ¿Cuándo vas a dejar que alguien entre de nuevo en tu vida? ¿Cuándo vas a permitirte siquiera intentar ser feliz? exclamó Ben mientras iba cargando la cafetera.

- Por favor, Ben, acabo de levantarme, aún no he desayunado... gimió Jenny.  Además, traer esos deliciosos pastelillos para el desayuno no sé si te da derecho a hurgar en mi vida...

- Quizás traer pastelillos no, pero quererte sí, respondió Ben. Cada noche que salimos veo chicas que intentan acercarse a ti. Y siempre chocan con el mismo muro. Por ahí  hay una mujer perfecta para ti, pero deberás arriesgarte y probar para poder encontrarla. Cada sábado, cuando salimos con nuestros amigos a cenar y a tomar algo me ilusiono con la posibilidad de que, al fin, dejes entrar a alguien en tu vida. Y cada domingo te despiertas de nuevo sola en tu cama.

- Pero ¿qué te pasa hoy, Ben? No entiendo tanta hostilidad,  le espetó Jenny

- ¿Hostilidad?   !Pero si más feliz no puedo estar!  exclamó Ben. Ayer le comenté a Beth cuánto me gustaría que viviéramos juntos  y me ha dicho que ella también lo estaba deseando. Soy terriblemente feliz por haber encontrado alguien que me emocione, alguien que me apasione, alguien que me acompañe, alguien que me complete.

Jenny se lanzó a los brazos de su primo. Estaba feliz por él. Y entendía que Ben, que ahora se sentía tan dichoso, deseara que ella experimentara también ese sentimiento. Ella no se había cerrado al amor. Sufrió una tremenda decepción con Charlize, es cierto, pero nunca decidió, al menos conscientemente, no volverse a enamorar. Simplemente no había sucedido. Tampoco creía en las grandes pasiones ni en los grandes sobresaltos; era de naturaleza tranquila y de las que prefería que el amor se cociera a fuego lento.


11. EMMA MÜLLER

Esta última semana había sido frenética, pero todo había salido estupendamente. Hotte protestó un poco cuando le dijo que iba a buscarse un piso, pero enseguida comprendió que era lo mejor para todos. Enseguida encontraron un precioso y acogedor ático, que ahora estaba lleno de cajas de cartón sin desembalar todavía. 

Hoy era su primer ensayo con la orquesta.


12. JENNY HARTMANN

Hoy tendría ocasión de comprobar si su primera impresión había sido buena o no. Le habían indicado que recibiera a la nueva flautista, le enseñara las instalaciones, le presentara al resto de sus compañeros y compañeras y la pusiera al día sobre la mecánica de los ensayos.



13. EMMA y JENNY

Jenny Hartmann, le dijo la pianista, tendiéndole la mano.

Emma Müller contestó la flautista ruborizándose inmediatamente al mirar a los ojos a la chica que la había abordado tan dulcemente.

Me han encargado que te acompañe en tu primer día, añadió Jenny. Y ahora si pudo tomarse tiempo para observarla. Era una mujer menuda y tremendamente magnética. Había algo en ella que provocaba ternura, quizás la expresión dulce de su rostro, quizás el rubor que asomaba a sus mejillas, quizás su mirada limpia. Le gustó mucho su estilo. Pensó que con ella entraba un soplo de aire fresco en la orquesta. Vestía pantalón y americana gris, camisa color azul claro, todo muy correcto,  pero completaba su atuendo con unos botines planos rojos y un bolso-mochila del mismo color. Eso y el pelo rubio corto alborotado, le daban un aspecto adorable. Sí, sería un soplo de aire fresco.

- Gracias, Jenny  contestó Emma.  No podía desviar la vista de los ojos de su compañera. Ese azul intenso le abrasaba el alma. Pensó que era una mujer tremendamente atractiva y que si personalmente era la mitad de impactante que físicamente, iba a tener un problema. Madre mía, pensó, lo que me faltaba.

Emma, que era de esas personas que creen en el amor a primera vista, había experimentado un fogonazo en el alma, lo cual para ella era siempre un problema ya que, al ser tan tímida siempre le costaba dar el primer paso. 


14. JENNY  HARTMANN

Jenny  le presentó a todos los compañeros y le enseñó todos los recovecos del edificio. Le gustó hacerlo. Le agradó la compañía y pensó que el chico alto que la esperaba el otro día, era un hombre con suerte. El ensayo estaba a punto de empezar. Condujo a Emma a su sitio y se despidió amablemente de ella. Ocupó su lugar delante del piano y desplegó la partitura.


15. EMMA MÜLLER

Nunca iba a espabilar. No podía creer lo que le había pasado.  Jenny,  para ella,  era un problema. Era malísima descifrando señales.

Su vida amorosa había sido siempre un desastre. Un par de veces antes tuvo flechazos. La primera vez, le pasó a los diecisiete años, en el instituto. Fue con su amiga Lucy. Estuvo casi dos años enamorada de ella, sin atreverse a decirle nada. Y menos mal, porque a Lucy decidida y definitivamente le gustaban los hombres. Casi dos años idiotizada con un amor platónico que además le hizo pedazos el corazón cuando Lucy comenzó a salir con su amigo Bodo. Salió trasquilada pero con la dignidad intacta. La segunda vez, fue peor. Le ocurrió a los 21 años, en la Universidad. Se enamoró perdidamente de su compañera Frieda. Pasó meses enteros perdidos en el verde de sus ojos, meses enteros reuniendo el valor para decirle que la quería, meses enteros soñando con su piel. Pero una noche fue Frieda quien, en el pub al que iban siempre se pegó a ella al bailar. Fue Frieda la que le susurró al oído. Fue Frieda la que la tomó de la mano y se la llevó a su apartamento. Fue Frieda la primera mujer que penetró su cuerpo. Fue Frieda la primera mujer a la que ella saboreó. Daba lo mismo, fuera como fuese que hubieran llegado allí, estaba donde quería estar. Pero bastaron unas pocas horas para hacer añicos su sueño. Cuando acabaron de amarse, Frieda amablemente le sugirió que se marchara, le dijo eso de que le resultaba difícil dormir acompañada, que había sido increíble pero que ahora debían descansar, que la llamaría... Salió de aquel apartamento con el orgullo roto y el corazón resquebrajado. No podía decir nada ni quejarse. Eran adultas, y fue una relación consentida y además plenamente satisfactoria. Frieda no le había prometido nada. Nada podía reprocharle a su compañera. El problema era otra vez ella y su incapacidad para descifrar las señales. Frieda solo quería un rollo de una noche. Estaba en su derecho. Ella quería un gran amor que nunca llegaba.

Desde entonces tuvo compañeras ocasionales con las que estuvo muy a gusto, con las que exploró, con las que se divirtió, con las que experimentó, con las que disfrutó, con las que compartió confidencias y experiencias. No se había vuelto a enamorar. Hasta ahora.

No había duda. Cuando se perdió en el azul de sus ojos supo que había vuelto a suceder. Feromonas y química. Cosquilleo en el estómago y latidos acelerados. No podía estar pasándole de nuevo. 


16. JENNY  HARTMANN

Una chica interesante Emma. Le había agradado mucho. Su intuición no le falló. Parece que la primera impresión había resultado válida. Sonrió.


15. EMMA MÜLLER

Estaba desconcertada. Valoró mentalmente pros y contras:

Contras:
 - Quizás era heterosexual y además intolerante, lo cual sería un problema ya que iban a ser compañeras de trabajo.
 - Quizás era lesbiana o bisexual pero ella podía lógicamente no gustarle, lo cual sería un problema ya que tendrían que verse casi a diario.
- Quizás querría estar con ella pero acabaría rompiéndole el corazón, lo cual sería un problema ya que tendrían que vivir con la incomodidad de compartir igualmente ensayos, conciertos y giras.

Pros:
- Quizás era heterosexual y tolerante y aunque ella no le gustara como pareja y pasado el primer momento de desconcierto para ambas, las dos aprenderían a querersesolo como amigas y su relación sería franca y sincera desde el principio. 
- Quizás era lesbiana o bisexual y ella también le gustara y con el tiempo se podría enamorar también de ella. Así podría perderse en el azul de sus ojos y en la frescura de su piel. Así podría encontrar a alguien que la quisiera.
- Quizás Jenny también se había enamorado a primera vista de ella y podía por fin encontrar ese amor loco, pasional y correspondido que siempre había esperado.

¿Qué iba a hacer?  Fuera lo que fuese lo que al final pasara, desde luego lo que no podía volver a repetir era lo que hasta ahora siempre había hecho, es decir, esperar a que fuera la otra persona la que actuara. Le vino a la cabeza una película que le encantaba  (Love Actually), en la que en un momento determinado uno de los personajes debe tomar una decisión respecto a dar el primer paso con alguien a quien ama o cree que ama y cuando decide arriesgarse y expresar sus sentimientos dice algo así como " vale, vamos a ello, vamos a dejar que el amor nos corra a leches".  Bueno, no sabía si llegaría al punto o no de querer luchar por su amor, pero sí sabía que quería dar el primer paso, sabía que quería acercarse a Jenny y sabía que quería conocer los gustos y las preferencias de la mujer que le había robado el aliento hacía un rato.


16. EMMA y JENNY

Cuando acabó el ensayo, Emma, aunque vacilante se encaminó hacia donde estaba Jenny.

Has sido muy amable enseñándome todo esto. Me preguntaba si para corresponder a tu amabilidad dejarías que te invitara a comer,  dijo Emma tímidamente sin poder apartar sus ojos de los ojos de Jenny.

- Lo siento, le respondió la pianista. Ya he quedado.

Emma sonrió y se dio la vuelta, se colgó el estuche de su flauta al hombro y abandonó el recinto. Decididamente el amor la había corrido a leches. Parece que no iba a tener que decidir nada. Ni pros ni contras. Cero interés. Ahora solo quedaba esperar a que el corazón dejara de acelerarse cada vez que la mirara y el estómago dejara de colocarse en su garganta cada vez que se le aproximara. Había sido el flechazo más fugaz de la historia. esperaba que se le pasara rápido.




17. JENNY  HARTMANN

Jenny abandonó el escenario y se dirigió a la salida. Allí afuera estaban Ben y Beth esperándola. Había quedado con ellos para comer. Estaba tan contenta de que hubieran decidido irse a vivir juntos. Los quería mucho a los dos y formaban una de las parejas más compenetradas que conocía.

- Hola, exclamó mientras besaba a ambos. Estoy feliz por vosotros. tenéis que contármelo todo, cómo estáis, dónde vais a vivir, qué planes de futuro tenéis...

- Así será, respondió Beth.

En ese momento asomó por la salida Emma. 

Ey, Emma, hasta luego!  dijo Jenny dirigiéndole una amplia sonrisa.

Hasta luego, respondió  Emma dejándose atrapar de nuevo por el azul de los ojos de Jenny.

¿Quién es esa chica tan mona? exclamó Ben dándole un codazo a su prima. Yo diría que le gustas...

- No digas bobadas, se sonrojó Jenny. Venga, vamos, he reservado mesa en el nuevo restaurante francés que tanto nos apetecía probar.

La comida fue distendida y agradable. Ben, que era incorregible, volvió a la carga con el tema de siempre, que si ya era hora de abrir de nuevo las puertas de su corazón, que si debiera esforzarse por conocer a alguien...

-¿Por qué no esa chica tan mona que hemos visto antes? insistió Ben.  No dirás que no te gusta... He visto cómo la mirabas... Debieras invitarla a tomar algo y tantear.

Eres incorregible, primo. Siempre igual, rió Jenny. En realidad ha sido ella la que me ha invitado hoy a comer para agradecerme que le haya enseñado las instalaciones...

-¿Qué?  ¿Una chica guapa te invita a comer y tú aquí sentada con nosotros?  ¿No sabes que existen los móviles? Avisas de que no puedes venir por una buenísima razón y listo,  rió Ben. Bueno, dinos, ¿cuándo has quedado entonces con ella?

- No he quedado, replicó Jenny.

-Ves, prima, esto es lo que te digo. Vas por la vida con gafas de madera. ¿Cómo vas a reconocer la oportunidad cuando se te presente, si nunca dejas que nada suceda en tu vida?  le regañó Ben. Dices que no a una invitación porque tienes un compromiso, lo cual es comprensible, pero si no das una alternativa, la otra persona solo ve el rechazo, no transmites ninguna esperanza, ninguna señal de que nada pueda pasar...

-¿Pero qué quieres que pase? concluyó Jenny

Si sigues así, nada. Nunca pasará nada si no te decides a arriesgar. Jenny, debes perder el miedo a vivir. Quizás la vida te traiga nuevas tristezas, pero si cierras tu corazón solo por no sufrir un nuevo desengaño, nunca vivirás tampoco un nuevo amor. ¿Es eso lo que quieres?  preguntó Beth,  ¿De verdad, con veinticinco años quieres cerrar tu corazón al amor solo porque pueden volver a rompértelo?  No debieras.


18. EMMA MÜLLER

Emma dedicó el resto del día a adecentar su piso. Cuanto antes desaparecieran todas esas cajas de cartón de la mudanza, antes comenzaría a parecer un hogar. Hotte y Hugo habían dicho que pasarían más tarde a ayudarla. Sabía que verían en sus ojos la pequeña sombra de desilusión que había prendido en ellos y sabía que la abrazarían para confortarla. Tenía suerte de tener amigos tan entrañables.

La verdad es que había resultado ser una inútil total a la hora de elegir de quién enamorarse. Solo esperaba que se le pasara rápido.


18. JENNY  HARTMANN

A lo mejor Ben y Beth tenían razón. No quería volver a sufrir de nuevo, pero hacía tiempo que su cuerpo no vibraba de amor y pasión, o solo de deseo y de placer. Tenían razón.

Claro, que no había forma de saber si Emma (que debía reconocer que le gustaba)  quería solo una amistad con ella o algo más. ¿Le atraían las mujeres? Sería lo primero que debiera averiguar...


19. EMMA Y JENNY

Emma llegó puntual al ensayo. Estaba distraída montando la flauta y Jenny se le acercó:

-Hola Emma,dijo. Ayer me invitaste  y te dije que no porque tenía un compromiso, pero luego he pensado que fui bastante descortés. Debiera haber quedado contigo para otro día. Así que déjame que arregle mi torpeza y te invite yo a comer. Hoy o cuando quieras. Si te apetece.

Emma no podía dejar de mirar sus ojos, sus labios, sus ojos, sus labios, sus ojos. Poco le había durado la decisión de desenamorarse. Otra vez ese vacío en el estómago. Otra vez esa sensación de que el corazón se le iba a salir por la boca. Otra vez ese desconcierto. Parecía estúpida.

-Sí claro. Hoy me viene bien, si tú puedes, replicó la rubia

Después del ensayo, entonces, sentenció Jenny esbozando una amplia sonrisa.

¿Qué había sido eso? ¿Jenny había estado pensando en lo que ella le dijo? ¿Había estado pensando en ella? No sabía que tomar la iniciativa iba a ser algo tan placentero. Saldrían juntas. Una corriente de excitación le recorrió la espina dorsal. No podía dejar de mirarla mientras se alejaba de ella; no podía creer que la poseedora de ese cuerpo tan escultural le acabara de proponer una cita. Basta, pensó Emma,  solo hemos quedado para comer. Seguro que  está siendo amable conmigo nada más... Bueno, por algo se empieza.

Pero qué mema soy. ¿Descortés? ¿Quién habla así? Va a pensar que soy rarita. Pero ha dicho que sí. Madre mía, no sé ni que le voy a decir. Estoy desentrenada. Jenny se sintió un poco abrumada, pero decidió no preocuparse más y dejar que las cosas fluyeran.


20. EMMA Y JENNY

Las cosas fueron mejor, mucho mejor de lo que ninguna de las dos había siquiera imaginado. La comida discurrió distendida y agradable. Hablaron de sus familias, de sus amigos, de su amor por la música...

Se levantaron tardísimo de la sobremesa. Decidieron ir a tomar una copa y allí llegaron las confidencias. Jenny habló de su vida en Londres, de Charlize, de su realidad actual en Berlín. Desnudó su alma y sintió una terrible sensación de alivio. Emma le habló de su vida en Colonia y desnudó casi su alma. Casi, porque no se atrevió a decirle que lo que había sentido al verla por primera vez golpeaba fuerte sus entrañas. No se atrevió a decirle que todo lo que quería ahora era besarla. No se atrevió a decirle que le encantaría perderse en el azul de sus ojos. Y no se atrevió a decirle que, no quería asustarla, pero que creía que se había enamorado.

Salieron a la calle de noche y se dirigieron a una parada de taxis cercana. Las dos confesaron haber estado muy a gusto y Emma propuso hacer otro plan juntas el  sábado. Jenny aceptó. Se despidió de Emma con un par de besos y subió en su taxi. Emma la miró alejarse con una sonrisa en su cara.


21. EMMA Y JENNY

Los días se sucedieron y los planes juntas también. Cines, restaurantes, exposiciones, eventos deportivos...

 Emma cada vez estaba más segura de que nunca había querido a nadie como a Jenny, pero cada vez estaba más segura de que estaba actuando como siempre. Dejaba que el tiempo pasara y no hacía nada por romper la inercia de los días. Estaba tan a gusto con Jenny que de nuevo comenzó a tener miedo de que si avanzaba en la relación, quizás  la perdería. Solo sabía que quería que Jenny estuviera en su vida, aunque solo fuera como amiga.

Jenny cada vez estaba más segura de que estaba comenzando a querer a Emma. Su amor se había ido cociendo a fuego lento. Pero sabía que si no avanzaban, la propia cotidianidad aplastaría al deseo y la pasión y comenzó a tener miedo de perderla. Solo sabía que quería que Emma estuviera en su vida, y no quería que estuviera solo como amiga. 

Iban dando un paseo por Tiergarten y estaba anocheciendo. Era ahora o nunca. El atardecer y un parque eran el marco ideal para un acercamiento. Las dos lo sabían.


Emma se volvió hacia Jenny. Antes de perderse en sus ojos le tomó la mano. Jenny sintió que un escalofrío recorría su cuerpo. Emma había contenido la respiración, pero cuando vio que la pianista no rechazó su contacto, giró su cuerpo hasta colocarse enfrente de ella. Iba a dejar que el amor la corriera a leches. O iba a dejar que el amor con mayúsculas entrara en su vida.

Jenny, susurró Emma.

Emma, susurró Jenny

La rubia  mordió suavemente sus labios, los lamió ligeramente y besó a la pianista. Un beso tierno y húmedo que provocó una ola de calor en su cuerpo. Emma posó una de sus manos en el cuello de Jenny mientras con la otra le sujetaba el rostro. Volvió a besarla, le mordisqueó los labios y los rozó con la punta de su lengua. Jenny separó sus labios para ella y jugó suavemente con su lengua. Un beso intenso y dulce que cuando finalizó las dejó mirándose a los ojos, hilando una corriente de ternura entre ambas y seguras de que habían hecho lo correcto.

Siguieron caminando de la mano, rozando sus pulgares con ternura, en silencio y sonriendo. Emma cada vez estaba más segura de que nunca había querido a nadie como a Jenny. Jenny estaba cada vez más segura de que estaba comenzando a querer a Emma.


22. EMMA Y JENNY

- Emma, ¿quieres venir a casa? 

- Claro.

Ambas sabían qué significaba y lo estaban deseando. 


23. EMMA Y JENNY

Cuando llegaron a casa de Jenny la ansiedad, el deseo y el nerviosismo habían arraigado en sus cuerpos. Emma temía que su amor no fuera correspondido y Jenny temía volver a enamorarse, pero las dos sentían un deseo sordo que les impulsaba a avanzar.

Jenny tomó a Emma de la mano y la condujo a su dormitorio. La atrajo hacia sí y comenzó a besarla. Emma respondió ávida y se quitó el abrigo que llevaba mientras profundizaba con su lengua en la boca de Jenny. Se fueron despojando de la ropa poco a poco y mientras exploraban sus cuerpos la excitación ganaba terreno al miedo y el deseo ganaba la batalla al nerviosismo.

Emma admiró el perfecto cuerpo de Jenny. Era increíble que tuviera tanta suerte. Se colocó encima de ella. Le miró a los ojos. Esos ojos azules que tanto la embelesaban. Emma besó su nariz. Lentamente mordisqueó sus labios y metió su lengua en la boca de Jenny mientras introducía el muslo derecho entre las piernas de su chica. Sintió su contacto cálido y húmedo y eso la excitó todavía más. Sentir el calor de Jenny hacía que ella ardiera. Atrapó suavemente un pezón entre sus dedos mientras con la otra mano masajeaba el otro pecho, que podía abarcar completo con su mano. Notó como ambos pezones se endurecían y descendió suavemente su boca hacia ellos, mientras liberaba su muslo de entre las piernas. Jenny arqueó su cuerpo para ofrecérselo completo, pero Emma no tenía prisa. Le gustaba oírla gemir, sentir como crecía la excitación de Jenny y la suya propia. Iba descendiendo lentamente con su lengua cuando Jenny la detuvo.

Jenny estaba excitada. El cuerpo menudo pero bien formado de Emma le parecía delicioso. El olor corporal es un elemento más de la química en las parejas y había descubierto que el olor de Emma la enloquecía. Estaba muy excitada y Emma iba acariciando cada rincón de su cuerpo, primero con sus manos y luego con su lengua. Su boca,  sus orejas, su cuello, sus pezones. Estaba excitadísima. La lengua de Emma descendía por su abdomen hacia su sexo. Ella también quería darle placer. Así que la detuvo. Sujetó firme la cara de Emma con sus manos y la atrajo de nuevo hacia su boca. Jugó con su lengua, jugó con sus labios y la oyó gemir. Estar así con ella piel con piel le producía un tremendo placer.

Emma sabía que Jenny estaba muy excitada. Con sus manos apretaba  sus nalgas. Seguía saboreando su lengua, sus besos profundos y húmedos. Se irguió en la cama y la incorporó para que se sentara frente a ella, entrelazando sus piernas,  su clítoris rozando su clítoris, su humedad inundando su humedad, su lengua cada vez más adentro en su boca. Se separaron.  Jenny se movía frenéticamente y oía su respiración cada vez más agitada. 

Emma... yo... no voy a aguantar más...., gimió Jenny

Emma echó hacia atrás su cabeza,   apoyó firmemente las manos en la cama y dejó que Jenny frotara su sexo contra el suyo hasta que la sintió vaciarse en un sonoro orgasmo. La atrajo hacia sí y besó su cuello, la comisura de sus labios, de nuevo su nariz.  Acarició despacio sus caderas, su cintura, sus pechos. Subió las manos hacia su cara y la separó de nuevo en un dulce gesto que dejó a la rubia de nuevo atrapada en el profundo azul de los ojos de su amada. Era feliz. 

-Yo, lo siento... ha sido muy rápido. Llevaba mucho tiempo sin... acertó a decir la pianista

Jenny iba recomponiendo el gesto y dejándose hacer. Descubrió una calidez y una ternura hasta ahora desconocidas para ella en los ojos de Emma que la miraba casi con veneración y pensó que decididamente no se podía ser más feliz. Deshizo la postura que la mantenía unida a su chica y la recostó en la cama tumbándose suavemente encima de ella. 

-Ahora te toca a ti, le anunció con voz ronca.

El cuerpo de Emma vibraba bajo las expertas manos de Jenny que iba recorriendo cada rincón del mismo, acariciando con dulzura cada centímetro de su piel. La lengua de Jenny rozaba juguetonamente la lengua de Emma, quien cada vez se sentía más excitada. Fue besando suavemente su cara y se detuvo en el lóbulo de la oreja el cual mordisqueó levemente mientras le susurraba al oído lo que pensaba hacer con ella en los próximos minutos. Emma gemía excitada. Deslizó su mano de derecha hacia  sus pechos y la izquierda hacia sus nalgas, mientras seguía susurrándole al oído lo linda que se veía y cuánto la deseaba. Emma ya no era dueña de su cuerpo, todo él vibraba al compás de las palabras de Jenny. Solo podía dejarse hacer. La mano derecha de Jenny se iba deslizando poco a poco desde el pecho hasta el abdomen, desde el abdomen hasta el pubis. La boca de Jenny descendía suavemente hacia el pecho de Emma y con movimientos dulces y tiernos lamía alternativamente sus pezones, llevando a Emma al borde del éxtasis. La boca de Jenny descendió hacia el pubis dejando un reguero de tiernos besos en la tripa de Emma. Con la mano  separó los labios del sexo de Emma  dejando al descubierto su clítoris hasta el que Jenny aproximó su lengua lamiéndolo con movimientos suaves y acompasados. Chupaba, lamía y succionaba tiernamente. La boca experta de Jenny recorría con avidez el sexo de Emma. Cuando Jenny sintió las sacudidas de placer en el cuerpo de Emma, besó su pubis, apoyó su cabeza en el abdomen de la rubia y se refugió en la calidez de su piel. Cerró los ojos y aspiró su aroma.


24. EMMA MÜLLER

Emma estaba segura de que nunca había querido a nadie como quería a Jenny. 

Llevaba semanas deseando lo que ahora por fin había pasado y aunque se sentía la mujer más feliz del mundo, su inseguridad había vuelto a anidar en ella. ¿Qué pensaría Jenny? ¿Qué sentiría Jenny? ¿Qué querria Jenny?

No quería ni respirar. Acariciaba el cabello de la pianista cuya cabeza seguía apoyada en su tripa. De repente, sintió que Jenny abandonaba la posición y todos sus temores le golpearon de nuevo en el pecho. La vio sentarse en el borde de la cama y agacharse buscando sus pantalones. No, otra vez, no, pensó Emma, ella no.

- ¿Qué haces? preguntó la rubia. ¿Quieres que me vaya?


25. JENNY  HARTMANN

Se sentía feliz. Un largo camino de cortejo había traído a la pareja a donde ahora se encontraba, un largo romance cocido a fuego lento que había dado a Jenny la seguridad necesaria para saber que estaba de nuevo preparada para abrir su corazón, que estaba preparada de nuevo para amar y para dejar que la amaran. Quería a Emma. Ya está. Lo tuvo claro. 

Abrazada a su cuerpo no quería ni necesitaba nada más... Bueno, necesitar sí, necesitaba un pañuelo. Depositando  un beso en la tripa de Emma se incorporó y se sentó al borde de la cama. Se agachó y tanteó el suelo en busca de sus pantalones en uno de cuyos bolsillos había un paquete de kleenex. Entonces la oyó.


26. EMMA Y JENNY

-¿Cómo dices? dijo Jenny

- Digo que si quieres que me vaya, apostilló Emma.

-¿Por qué voy a querer que te vayas, Emma? Lo que quiero es buscar mi pañuelo y luego volver lo más rápidamente que pueda a tus brazos. Quiero oler tu piel, acariciar tu boca y besar tus ojos. Quiero saber qué es lo que te gusta y lo que no, qué es lo que te excita, qué es lo que deseas. Quiero volver a recorrer tu cuerpo con mis labios y hacerte otra vez el amor. Quiero penetrarte y hacerte mía. Y luego quiero caer rendida a tu lado y acunar tu sueño entre mis brazos.
A Emma se le humedecieron los ojos. Se sentía la mujer más afortunada del mundo.


27. EMMA MÜLLER

La noche fue larga e intensa y el alba las sorprendió despiertas charlando, amándose, riéndose, acariciándose. Cuando Emma se despertó tuvo que pellizcarse para asegurarse de que no estaba soñando, para asegurarse de que esa excitante y estupenda mujer que trajinaba por la habitación enfundada en un blanco albornoz había sido suya esta noche. Toda la noche. 


28. JENNY  HARTMANN

Cuando abrió los ojos la vio a su lado. Había abierto de nuevo a alguien las puertas de su corazón y Emma había irrumpido por la puerta grande, arrasando todos los resquemores a su paso, asolando todas las desconfianzas. Allí estaba ella de nuevo abandonada a la placentera sensación de amar y sentirse amada. Tuvo que pellizcarse para asegurarse de que no estaba soñando, para asegurarse de que esa deliciosa mujer que se acurrucaba imponente a su lado había sido suya esa noche. Toda la noche.


29. EMMA Y JENNY

Hola dormilona, exclamó sonriente Jenny y se abalanzó en la cama encima de Emma.  La besó tiernamente en la nariz. Encima de esa silla te he dejado toallas limpias para la ducha y si hurgas en esos cajones encontrarás quizás algo de ropa mía que pueda valerte.

- Buenos días, respondió Emma. Gracias. Seguro que encuentro algo. 

Desayunaron juntas, mirándose a los ojos, disfrutando de cada gesto, de cada silencio, de cada sonrisa.

Ahora voy a marcharme a mi casa. Estaba decidida a respetar el espacio de Jenny. Emma estaba decidida a hacer las cosas bien. Si te parece bien, podemos comer juntas luego.

- Me encantaría comer contigo, respondió Jenny. Estaba decidida a respetar el espacio de Emma. Jenny estaba decidida a hacer las cosas bien. Si te parece bien podemos comer en tu casa y luego retozar un rato en el sofá viendo alguna película, no quisiera volver muy tarde a mi casa, hoy es domingo y mañana tenemos que madrugar.

-Claro, apuntó ilusionada Emma.  Ayudó a Jenny a recoger las tazas y platos del desayuno y enfundándose su abrigo se dirigió a la pianista. Ha sido una noche deliciosa. Solo puedo decirte que estaba deseando estar así contigo. Te quiero.

Y posó dulcemente sus labios sobre los de Jenny.

Adiós, Emma. Hasta luego


30. JENNY  HARTMANN

Nadie puede ser más feliz que yo ahora, pensó Jenny.

Se sentía plena. Emma era todo lo que siempre había soñado. Era preciosa, atenta, considerada, leal y divertida. Y la quería a ella. No sabía lo que le deparaba el futuro, pero lo encararía con calma. Se tomarían su tiempo para conocerse, pero algo en su interior le decía que por fin, había encontrado su amor con mayúsculas.


31. EMMA MÜLLER

Vagaba ensimismada por la calle, regodeándose en su suerte.

Nadie puede ser más feliz que yo ahora, pensó.El teléfono móvil le vibró en el bolsillo. Era Jenny.

- Emma, soy Jenny, solo quería decirte que te quiero.

Sintió derretirse su alma. Jenny era todo lo que siempre había soñado. Era excitante, amable, decidida, sensible y divertida. Y la quería a ella.  No sabía qué le depararía el futuro, pero algo en su interior le decía que, por fin, había encontrado su amor con mayúsculas.


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9 comentarios:

  1. Que bueno! Extrañaba a Jemma! Gracias por tu historia, espero que siga! :)

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    1. Gracias a ti. Es la primera vez que escribo algo y me alegra ver que hay al menos una persona que lo ha leído y le ha resultado agradable

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  2. ESTÁ LINDA LA HISTORIA

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  3. Quien me dice el nombre real de la historia y si es libro oh película por favor?

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  4. Las Jenny y Emma son personajes de una novela adolescente alemana de hace dos o tres años, son las chicas que están en la imagen. Si buscas por youtu como Jemma seguro encontrase algún vídeo. Saludos

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  5. No conocía yo a esta parejita. La historia, muy entretenida

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  6. Gracias a todas por dedicarme un poco de vuestro tiempo.

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  7. Hola...para un buen amanecer estuvo hermosa la historia, gracias a la escritora por compartirla

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