Esperamos tu historia corta o larga... Enviar a Latetafeliz@gmail.com Por falta de tiempo, no corrijo las historias, solo las público. NO ME HAGO CARGO DE LOS HORRORES DE ORTOGRAFÍA... JJ

Danza entre lobos - Cristalsif - 43

Saludos mis estimados lectores.

Las votaciones continúan, se cerraran el día de la publicación del capítulo 44, lo cual implica que tienen todavía el tiempo para decidir acerca del futuro de nuestros amados personajes, motivo por el que refresco, las opciones.

1) El amor debe triunfar a pesar de la adversidad, Arika debe quedarse con Mashiro a pesar de todo.
2) La honestidad y la lealtad en los sentimientos dan valor, Arika se aparta de Mashiro y se relaciona con otra persona digna de ella.
3) La vida es el halito que otorgan los dioses, un fuego que puede extinguirse a causa de la fragilidad humana, Arika muere en batalla protegiendo el futuro de Windbloom.
4) No siempre el amor es el camino que se nos designa, Arika se marcha de Windbloom a Argos.

Cabe mencionar, que hasta el momento no se ha hecho una sola modificación con dirección de generar el resultado en base a la elección del público. Por lo que leean en este capítulo, estaba ideado desde mediados de la historia.

Un abrazo, déjenme saber que piensan, feliz día.





Danza Entre Lobos

Capítulo 43

Insidias II

-Mai... ¿Estás bien?- Cuestionó el joven castaño de ojos grises que era el prometido de la hija mayor de los Fujino, Lord Kanzaki había acudido para agendar algunos pendientes relacionados con su boda y saludar a su amigo, Takumi, sin embargo... encontróse rostros tan lúgubres como si de un sepelio se tratara, así pues, el único hombre de los Fujino en el lugar, le relató los hechos tomando la ocasión y el tiempo en el que la joven Okuzaki se hallaba buscando al médico en el pueblo. El ex-militar se sorprendió en sobremanera acerca de los acontecimientos y ahora aguardaba silenciosamente junto a su querida pelirroja.


-Reito, no sé aceptar que mi padre cometiera acciones tan atroces- Sus ojos de aquel precioso violeta que el castaño amara tanto, brotaban cristalinos que lo torturaban, amoroso y paciente extendió abiertos sus brazos para recibirla en ellos y brindarle un hombro donde decantar aquella amargura. Allí en el cobijo de esos brazos amigos, Mai continuó divagando en susurros... -Shizuru es la luz de sus ojos, su pequeño retoño... ella... siempre ha sido distante y conocen los dioses los motivos, pero ella es... nuestra hermana pequeña, la última de la camada, casi no llega a este mundo cuando madre la dio a luz, era un poco enfermiza siendo apenas una niña y siempre sentimos que tal vez se evaporaría en un suspiro, por eso teníamos un ojo puesto sobre ella todo el tiempo. Nos decían: “son sus hermanos mayores, cuiden de ella”... algo tan simple nos dijo a Takumi y a mí, y fue él quien rompió la regla. ¿Cómo pudo hacer esto papá? Arruinar su felicidad así ¿y si Natsuki en verdad llega a odiar a nuestra familia?-

El día no había mejorado demasiado, Mai aún intentaba entender las palabras de Shizuru, o cuánto había cambiado en ese tiempo, destrozó la mesa sin aparentes esfuerzos con esa extraña forma de luz brotando de sus manos. Sus ojos borgoña, las expresiones en su faz se habían trastornado  a causa de las acciones de su padre Satoru. Shizuru daba miedo por un momento y al siguiente se había desplomado, como si la fuerza le fuera succionada sin razón alguna. Ahora el médico contratado por Akira auscultaba a su hermana en la presencia de su madre y las abuelas, la joven guerrera había acudido a la esquina opuesta de la sala de la casa con Takumi para dialogar privadamente asuntos relacionados con sus propias nupcias. Nina por su parte había estimado tomar un respiro en el salón, tan perdida como todos en sus pensamientos no prestaba atención al mundo, solo esperaba los anuncios del doctor, en tanto consumía una copa de vino tras otra, lenta y pausadamente.

Reito intentó mediar, acariciando gentilmente la melena de fuego tan suave y con aroma a flores silvestres, adoraba la fragancia que desprendía su prometida. -No podría culparlo, amor mío... si pensara que uno de... de nuestros hijos viviera desdichadamente y sintiera que hay algo en mi mano para hacer, no sé qué tan honorable serían mis actos... tal vez tu padre interpretó infeliz a Shizuru-

-Es lo que no comprendo, Shizuru estaba molesta por la forma en que se dieron las cosas, pero su amor por la Duquesa es incuestionable... sé que vimos todos su enfado y se debía simplemente al hecho de que Natsuki no se había declarado románticamente; un matrimonio arreglado puede ser un incordio para una doncella y suponer entonces que se ama a quien ha comprado tu mano, es incluso peor-

-Me alegro entonces, de que el nuestro sea un arreglo en el que te he hecho saber cuán grande es mi amor por ti, Mai... serás mi esposa y yo soy el hombre más afortunado de esta tierra por esa razón-

-Ta... también me alegro, de eso- Musitó nerviosamente, con las mejillas sonrojadas violentamente. Entonces lo vió venir, la proximidad del atractivo rostro de Reito buscando con gentileza un beso. En el acto desvió su cara, permitiéndole a los labios del buen mozo posarse en su mejilla. -No... no es apropiado, es un momento triste- Respondió ante la muda pregunta en la contrariada faz del moreno.

-Perdona, eso no ha sido caballeroso de mi parte...-

-Soy yo quien lamenta... “Lamenta no amarte Reito”- Retuvo el pensamientos en sus labios callados. -las dificultades que se nos posan en el camino-

-No es nada que no pueda resolverse... por ahora, te diría que le des el beneficio de la duda a tu padre, no sería justo no escuchar lo que tiene para decir antes de tirar por la ventana tu amor y tu respeto... él será juzgado por quien deba hacerlo, pero jamás dejará de ser tu padre-

-Lo sé...- Ciertamente no era quien para juzgar a su padre, pero tampoco podía decir que no estuviese desencantada o angustiada, había participado en la muerte de un príncipe de Windbloom y Satoru tendría que responder por ello en un juicio. Sería llevado a la horca, al paredón o algo peor, todas las opciones eran horripilantes, mas no cabían ideas de inocencia, porque Shizuru le había visto jalar el gatillo ¿Por qué la había obligado a ver tan nefasto momento?

Antes de que pudiera sumergirse una vez más en sus sombríos pensamientos, se oyeron los pasos masculinos del galeno descender por la escalera seguido de su madre y las ancianas de ambas familias. Se pusieron de pie y todas las miradas se fijaron sobre el conocedor de las artes sanatorias, la ruda expresión de éste incrementaba los nervios, mientras sus tupidas cejas se fruncieron buscando entre los reunidos al responsable, encontrando solo a un hombre cuyo aspecto ausentaba algún parentesco entre todos, se aproximó al castaño y estrechó su mano no sin antes ampliar una sonrisa bajo su encrespado mostacho.

-Felicidades señor, será el padre de un hermoso bebé y su esposa se recuperará prontamente, es de cuidar las emociones fuertes, procure que coma un poco más por la salud de ambos, dejé un par de indicaciones a las señoras, así que todo irá bien-

La sinapsis neuronal del Kanzaki se apagó por un momento, luego se sonrojó completamente ¿Un bebé? Pero... pero él no había desposado a nadie. -Yo ¿Qué? ¿Padre de...de quién?- Reito miró a su dama más que confundido. -¿Mai?-

-Creo que se confunde, doctor- Dijo algo abochornada por la insinuación del médico.

-¿No es usted el esposo de la dama enferma?- El galeno acarició sus sienes, era un poco extraño que todos menos el interesado estuvieran presentes y dudaba que aquel pelinegro de ojos rojizos fuera el padre.

-No, soy... el prometido de Mai Fujino, la doncella a mi lado- Aclaró Reito.

-Oh perdona usted, estoy reemplazando al doctor Rockfield y no estaba al tanto... ¿No se encuentra el esposo de la dama?-

-No... no se encuentra, permítame cancelar sus honorarios para que pueda retornar a sus menesteres- Musitó Takumi, quien medianamente reaccionaba al hecho de que sería tío muy pronto. -Le estamos profundamente agradecidos- Decía el joven Fujino mientras le pagaba y guiaba al hombre al carruaje.

-¿Tu hermana está embarazada?- Cuestionó Reito con expresión confundida. -¿Kruger no es acaso una mujer como ella también?-

-Así es... y de antemano les digo, quien ose insinuar ciertas cosas... conocerá el filo de mi espada-  Advirtió Nina con tono claramente mortífero.

-¿Y el padre de la criatura?- Preguntó Kaede lo más álgido del asunto. -Imagino que Natsuki y Shizuru encontraron a un semental que prestase para ellas ese servicio, dado que mi nieta realmente anhelaba tener uno o dos hijos-

-Es un matrimonio joven y Shizuru apenas cumplirá 17 años la próxima primavera, sería bastante apresurado- Expuso Sanae. -Yo no creo que haya un tercero involucrado...-

-Me encantaría suponer que fuera posible... pero todo aquel que sepa del verdadero género de Natsuki, supondrá un acto infiel venido de la mano de mi hija- Intervino Mizue con una expresión mortificada en el rostro.

-Ella no haría... cosa semejante, con el sufrimiento que he visto en su rostro ante la idea del desdén de Natsuki por lo que hizo Satoru, no puedo pensar que hiciera algo contra su voluntad o su afecto- Nina no podía imaginar siquiera que la castaña hiciera algo que causara el sufrimiento de su prima, al menos no por propia voluntad.

-Tal vez, Shizuru ha buscado en otro lugar lo que por sí misma no podría darle la Duquesa, lo cuestionable sería en tal caso, si Kruger estuvo o no de acuerdo en ello, dudo que aceptara compartir a su esposa... nadie en su posición querría hacerlo, pero también está el hecho de su incapacidad para concebir- El ex-militar expuso su punto de vista.

-¡Reito!- Le miró con reproche la pelirroja por su falta de tacto, aunque ningún Fujino se atrevía a decir nada pues entendían bastante poco acerca de una relación entre dos doncellas. -No es la forma de decirlo-

-Mai, no cuestiono a tu hermana, le doy la razón... es algo que debe entender Kruger si la ama en verdad, no puede negársele a una mujer la bondad de ser madre por puro egoísmo- Se justificó el castaño intentando no entrar en una discusión con su novia.

Entonces se oyó la voz fría de Nina, con tono indignado. -Lo dices fácilmente, das por sentado que sembrarás vida en el vientre de Mai Fujino cuando sea tu esposa- Los aludidos se abochornan en el acto, más Reito que Mai, pues mil veces había imaginado el goce de poseer a la dama en su noche de bodas. Nina sonrió burlescamente. -¿Serías tan honesto si los dioses te negaran la posibilidad y tu semilla estuviera marchita?-

-¿Cómo te atreves?- Reito pasó del placer de aquella imaginación al desencanto y el enojo por aquel ardid, nadie cuestionaba su virilidad tan descaradamente.

-Me atrevo por cuanto soy mujer y es a mi prima, casi mi hermana a quien deshonras con tus proposiciones...- La morena sostuvo la empuñadura de su espada presta a sacar el arma de su funda. -Te aseguro que Neptuno no fue creada para probar la sangre de los hombres, pero si te atreves a desdeñar a mi cuñada insinuando deslealtades o dudando siquiera, serás el primero en tener el honor de ser cortado por la espada que me obsequió una diosa-

Viendo la realidad de la tensión entre Reito y Nina, Mai no tuvo más remedio que confesar, pues su silencio había mancillado ya la dignidad de su convaleciente hermana menor. -Ha sido, Ame no Mikoto- Las palabras fueron dichas para romper el silencio, llegando a cada mente como la piedra que se lanza a un quieto estanque. -¡Es su regalo!- Se apresuró a decir. -... Shizuru está embarazada de Natsuki, se los puedo jurar-

Entonces Mizue reaccionó un poco, intentando no hacer ver tan mal a su hija. -Mai, hija... los dioses no intervienen en estas cosas... la fe es hermosa pero-

-No Mai...- Gruñó por lo bajo Reito, casi advirtiéndole de no hablar más de aquella deidad a la que él juzgaba infame. La pelirroja miró con súplica a su prometido, mientras esté negaba con la cabeza, frunciendo más y más su ceño.

-Mi niña... ¿Es verdad lo que dices?- Preguntó Kaede esperanzada, mientras Mizue negaba suavemente con la cabeza.

-La diosa de la Tormenta... no- Se aclaró la garganta para dejar fluir el sonido de su voz con claridad y serenidad. -La diosa, Ame no Mikoto me dijo acerca del estado gestante de Shizuru, incluso me advirtió sobre cómo la honra de mi hermana sería cuestionada por la gente, me dijo que era su regalo y que de este dichoso momento, nacerán dos hermosas niñas... serán gemelas mamá, abuela... las hijas de Natsuki y Shizuru-

-¡Mentira! No es posible, simplemente no se puede... ¿Vas a dejarte engañar y engatusar por... por una criatura tan vil?-

-Reito...- Takumi dió dos pasos adelante y encaró al castaño. -Debes irte, no permito que le hables así a Mai o que continúes deshonrando el nombre de Shizuru, ella es hija de mi madre y ha aprendido bien de ella el cómo ser una digna esposa, no toleraré que dudes de eso... aun si eres tú mi amigo-

-Ustedes disculpen... no he razonado debidamente- Reito se dió la media vuelta y salió de la casa, en cuanto abrió la puerta sintió el frío invernal y la corriente gélida golpeando su cara. Se quedó de pie en el pórtico contemplando la blancura de la nieve sobre cada lugar, salió del resguardo dejando que los copos llenaran sus ropas, mientras marchaba con dirección del establo pero antes de dar más de 5 pasos oyó un andar a su espalda.

-Reito ¿Por qué actúas así? No es propio de ti- Musitó Mai, sosteniendo con fuerza un chándal de abrigo, un paliativo insignificante contra el frío invernal al que acudió la Fujino por la premura de las circunstancias.

-Lamento desvirtuar la imagen que tienen de mí, pero tal vez... perdí la cordura al entender que mi prometida, no puede mantener una promesa con el hombre que será su esposo- El castaño no dió un paso más cerca de Mai, se mantuvo expuesto a la nieve. -Solo te pedí apartarte de esa criatura, un dios no te obliga, es el regalo de Izanagi la libertad que tienes de elegir en quien pones tu fe, pero tú te niegas a hacer caso de mí... Si no es así, ¿Entonces por qué sigues hablando a cada ocasión de esa diosa? Si no supiera que no eres como tu hermana, dudaría-

-Reito... Shizuru es mi hermana, no podía solo esconder esa información para complacerte, pero si te sirve de algo, se rompió el vínculo- Mai extrajo el collar de sus atuendos, delatando entonces una cadena sin dije. -Ya no veré más a Mikoto-

-¿Quién lo ha roto? ¡¿Ella o tú?!- Al percibir el silencio de la joven lo intuyó raudamente el Kanzaki, sintiendo entonces una punzada de dolor más grande y honda. -Ella...-

-No es...- ¿Verdad? Sí, Mikoto la había dejado en soledad, esperando que fuera feliz con un simple mortal. Cuando cualquiera palidecería al ser comparado con ella, con sus labios y sus caricias, con la sensación electrizante de su sola presencia.

-¿Qué ha pasado en esos sueños?- Cuestionó genuinamente enfadado y dolido. Una vez más el abrumador y delator silencio. El de ojos grisáceos se tornó rojo de la ira. -¿Tal vez deba angustiarme porque esa criatura quiera bendecirnos con vida, sin que yo medie en el nacimiento de nuestros hijos?-

-¡Eso no ha pasado!- Se abochornó en sobremanera, pero la pelirroja conocía de antemano que si aquella divina mujer hubiese osado más, tal vez no habría tenido voluntad para negarle nada. ¿Quién podría decirle no a un dios?  No, ¿Quién podría negarse a Mikoto? -No seas injusto- Musitó mordiéndose los labios, más que apenada.

-¿Cómo sería justo? Tengo la impresión de que extrañas mucho más a esa deidad que a mí y dime ¿Cómo voy a competir con un dios?... ¿Serás mi mujer o suya?-

-Los dioses tienen prohibido nuestro mundo... somos mortales simplemente, solo con mortales podemos estar ¿Entiendes?- No era un argumento muy fuerte a decir verdad, Mai se lamentaba de herir a Reito en cada decir, lo veía en sus ojos, las heridas que se formaban a cada sonido de su voz, como si estuviera buscando la estocada que acabara con todos sus sentimientos.

-Y si fuera humana ¿La rechazarías?- Esa era la más cruda pregunta.

-No... podría- Desvió la mirada un tanto avergonzada, deseaba a Mikoto como nunca podría anhelarlo a él y la amaba, locamente... si estaba sintiendo dolor al punto de querer llorar un río, no era por el inminente rompimiento entre los dos, era por la imposibilidad de verla una vez más.

-Eres como tu hermana, incluso Takumi, yo no sé si Akira Okuzaki es o no un varón o una dama, pues no se comporta como tal... son extraños los modos-

-No te atrevas a insultar a mis hermanos- Todo lo concedía en tanto no se metiera nadie con sus seres queridos.

El Kanzaki se esmeró en aclarar sus ideas. -No lo hago, solo aprecio que debí saber esto mucho antes de hacer que fueras toda mi vida, porque yo no soy la tuya...-

-Lo deseé con todo mi corazón, Reito-

El moreno sabía que ella no mentía al respecto, pero el vacío por dentro continuaba carcomiendo en sus temores y debilidades. -Eso no es suficiente, pensaré acerca de nuestro compromiso... con lo que me has informado acerca del Conde Nagi Dai Artai, tengo la impresión de que seré llamado por el reino para enfrentar el problema, eso nos dará un tiempo a los dos. Solo al volver tendremos una verdadera charla, hasta entonces, sé una digna prometida- Dicho esto y sin la acostumbrada reverencia de un caballero o la sonrisa de siempre, Reito continuó su caminata hacia el establo donde un fiero corcel aguardaba la ocasión de llevar a su amo a casa.

A pesar del frío, Mai se quedó estática contemplando la blancura del paraje frente a ella. Después de un rato, notó que los copos deshicieron las huellas de Reito, como si nunca hubiese estado allí y por una vez, el dejarlo ir le daba algo de sosiego a su inquieto corazón, como si se desprendiera de una carga enorme. Cruelmente tenía entonces una respuesta para él al retornar, su lazo estaba roto desde hace tiempo o en primera instancia nunca tuvo el tinte que todos hubieran querido. ¿Pero qué haría ahora? Se había acostumbrado a la presencia del caballero de Tsu, tan deseado por las cortesanas y doncellas, que en más de una ocasión se había visto espantando a mujeres de cascos ligeros, recordaba entonces cómo sonreía el moreno, diciendo una y otra vez, que su corazón solo podía pertenecerle a ella. Era claro entonces que sus actuaciones egoístas le estaban causando un gran pesar, tendría que pedir a los dioses la sabiduría suficiente al hablar para herirlo lo menos posible. Con aquellos pensamientos en mente, caminó hasta la puerta para entrar en la casa, encontrándose con la Srta. Kuga, quien iba de salida.

-Te suplico cuides de Shizuru Di Kruger- Nina realizó una leve inclinación.

-No tienes que pedirlo, es mi hermana...-

-Lo sé, pero tengo algunas promesas pendientes con ella... procuraré venir a verla cada día, enviaré un carruaje por mi abuela en horas de la noche, ella no quiere apartarse ni un poco de Shizuru- Y así, como otra sombra que se desvanece en el día, la joven Kuga se marchó de la casa de la familia Fujino.

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Tuvo suerte, Sergei y Ankara habían sido audaces negociantes, una vez arribó a los terrenos del viejo Ikeda Asakura, este había cedido ya la propiedad a su nombre, no tuvo más que firmar frente al escribano y estrechar la mano del anciano en presencia del último de sus herederos. Aquel hombre estaba agradecido por aquel negocio, pues al parecer, las cosechas más recientes no le habían redituado lo esperado y sus hijos mayores, llenos de avaricia habían hecho más esmeros en disputarse las pocas ganancias que en prosperar sus tierras como lo había hecho el hijo de su rival, Takumi Fujino, tristemente a ellos no les interesaba su legado ni la tradición de la familia, pero Ikeda ya estaba muy viejo y cansado para devolver su antigua gloria a los Viden Di Carmil, un tipo de fruto que se diferenciaba sutilmente del sembradío de los Fujino, pues el vino de los Asakura era el único que competía en sabor y calidad con el de sus vecinos. Agobiado el señor Ikeda y su esposa, vieron oportuno vender las tierras y darle su herencia a cada hijo, no sin antes asegurar lo necesario en sus años de vejez. Los hijos mayores, ya habían tomado su parte y se había largado sin siquiera preocuparse del destino de sus padres, esto último se lo comentó Yuichi Tate a la joven Kruger, el rubio se había contenido por muy poco de golpear a los desnaturalizado hijos. Al viejo Asakura ahora y apenas le acompañaba el menor de sus hijos, un muchacho de no más de 14 años, al cual Ikeda esperaba poder enseñarle los modos.

-No tiene que irse inmediatamente señor Asakura- Musitó Nina con gentileza, de algún modo el informe recibido por Tate le había conmovido, ella tenía una abuela, el solo pensar en abandonarla le parecía un acto vil y reprochable. -De hecho, ¿Le gustaría aceptar un trabajo como administrador del Viñedo? Me parece que al menos por un año necesitaré su consejo y experiencia, tome entre los hombres a quien juzgue más hábil y ocúpese de las labores frecuentes de la tierra, inicialmente y una vez por mes, solicitaré una rendición de cuentas de su parte-

-Lord de Sirene...- Empezó a decir el antiguo señor de aquella casa. -Estoy muy agradecido por su comprensión, será un gran honor servirlo-

Nina se sonrojó por dos aspectos, el que le confundieran con un caballero y que emplearan su título para referirse a ella, bajo cualquier caso no tenía mucho tiempo para dar esa clase de explicaciones. -Sé que es difícil, así que por ahora concedo que siga en la habitación principal, yo tomaré una de huéspedes que esté debidamente arreglada y la familia Ho, tomará las más cercanas a la mía ¿Entendido?-

-Sí, Alteza...- Inclinó su cabeza con servilismo.

-Señor Asakura, le recomiendo entonces por el bien de su hijo menor, que disponga el pago recibido en el banco más cercano, para tales fines le apoyarán Ankara y Sergei si así lo desea, ellos son honestos en extremo... sobre los sirvientes de la casa, estarán a mi mando dentro de ella, son suyos en el campo cuando se inicien los preparativos de la nueva cosecha-

Dicho eso el ahora sirviente de Nina, se ocupó de dar las órdenes correspondientes para que las habitaciones estuvieran dispuestas antes del anochecer, la morena en cambio tomó rumbo del lugar donde supuso encontraría a los Ho y en efecto los halló cerca de la zona donde herraban a los caballos, junto al establo. A una prudente distancia y evitando en toda medida cruzar miradas con Erstin, le dirigió la palabra al patriarca de los Ho. -Christoph, concédame unas palabras-

Por un breve momento y el silencio mortecino apenas se interrumpió por los pasos del mayor dando alcance a la joven ama de aquella nueva tierra, Nina caminó un poco más para apartarse lo suficiente del grupo, llegando a un árbol junto a la casa principal, un sauce blanco de firmes ramas tan blancas por la nieve como el suelo que pisaban las botas de ambos.

-¿De qué gusta hablar Ni... Alteza?- Preguntó con un súbito temor el señor Ho.

-He tomado una decisión... le hago saber que voy a romper mi compromiso con su nieta...-

-¡No!- Gritó el viejo suponiendo en un flash de imágenes la pena que acaecería sobre Erstin. El mayor se dió cuenta de su impertinencia al mirar el ceño fruncido en la faz de la pelinegra, quien ahora tenía un aire tan similar a la Duquesa cuando ella se miraba aterradora y todos pensaban que era una bestia en el poblado. -Quiero decir- Se corrigió con tono conciliador, sabía que no estaba en posición de exigir nada. -¿No sería posible no castigar a mi nieta por los rufianes de sus hermanos? La pena debe castigarlos a ellos por sus faltas-

-La familia Ho, por completo... ha sido el medio por el cual, mi familia ha sido desarraigada y extinta en una noche, tiene razón al referir que Erstin es inocente y no lo olvido, es por todo mi amor a ella... que Taro y Kano no pagarán con su vida el precio de esta traición, sellaré los labios de quien ose referir su nombre bajo esas nefastas circunstancias, su vida es mi regalo a cambio de su corazón roto-

-No creo que... eso le haga feliz, a usted ¿O sí?- Intentó una vez más persuadir, no podía suponer que no amara a Erstin, si no había tomado venganza por el filo de una espada sobre sus nietos.

-No estoy pensando en mi alegría, se lo aseguro... yo me maldigo ahora y cada minuto después por no haberla robado de su casa esa noche, sin más... no tendría esta espina asfixiándome- Una mueca melancólica se formó en el rostro de Nina. -Mi padre robó a mi madre de su casa, según me dijo mi abuela, después de casados... la trajo de vuelta y entonces el abuelo los aceptó, después de todo ya no podía hacer nada al respecto, algunas veces la espada es más aguda que la pluma-

-Sus intenciones, fueron buenas... se lo imploro, no hiera así a mi nieta- Poco faltaba para que el mayor hincara la rodilla en tierra y suplicara a Nina desistir, pero esta se lo impidió sujetándole el hombro con fuerza. Vió entonces Christoph los ojos magma llenos de una ira destructiva, más para sí misma que para cualquier otro.

-No sirvieron de nada mis intenciones Christoph, ellos... exigieron pactos de confianza a cambio de mi promesa y yo quise demostrarles cuán confiables éramos, mi error claramente es que di la mía por descontado y no la merecían- Musitó tensando la mandíbula con arrepentimiento, en el acto soltó al viejo. -No dolería tanto si hubiera pagado yo tal error-

-Yo... no puedo excusarlos, pero sé que Taro aceptaría mil latigazos antes que ver a Erstin padecer estas bochornosas circunstancias, en cuanto se sepa que fue despreciada... nadie solicitará su mano nunca más temiendo que ustedes dos... cof cof-

En el fondo, por más cruel que pudiera escucharse, eso le aliviaba a Nina, saber que nadie más intentaría desposarla, porque de todo ello, era esa idea la que más le aterraba. -Es una suerte que solo ustedes sabían de nuestro enlace, yo jamás le falté a Erstin y ella puede asegurarlo- Olvidándose así de su temor, dejó espacio solo a su enfado. -y Taro, él vivirá con la misma culpa, abuelo... es por eso que no le concedo el placer de un castigo en su propia carne, del mismo modo que yo tengo que vivir sabiendo que serví a mi familia en bandeja de plata, por poner mi confianza en el lugar equivocado-

-¡Fue Fujino el que mató al Duque!- Reprochó el rubio de blancos cabellos ya perdiendo los estribos, tan cansado de la vergüenza y el dolor que le aguardaría siempre a su familia como si las acciones de esa casta no fueran incluso más graves... ellos recibían un perdón más gentil o eso suponía el Ho.

-Y a él le espera la muerte o la venganza del Doncel de hielo de Fukka, del mismo modo sé que el apellido Fujino no saldrá indemne de esto, pero creo que Natsuki buscará la forma de resolverlo... dado que es la familia de su esposa, lo dejo a su elección, claro... en cuanto logre liberarla y resolver muchas más dificultades, por otro lado...-

-¡No puedes hacerle esto a Erstin!- Los ojos zafiro, ya con algunas cataratas en su vista buscaron la comprensión de la morena.

Nina suspiró, lo había pensado, si no había parado de hacerlo casi atormentándose. -No puedo prometerle ahora, lo que no tengo para dar... mi vida no me pertenecerá de nuevo, no hasta que recupere el honor de mi familia y cumpla mi promesa, la libertad de Natsuki y la purga de Fukka de los mil demonios que surgirán en la luna escarlata, sin mi tío... no tenemos tantas esperanzas de vencer ¿Comprende?- Aquello fue suficiente para callar los reclamos del mayor de los Ho.

-No vayas...- Fue todo cuando atinó a decir, pues no entendía a qué se refería la muchacha, salvo por una distante noche en su recuerdo, un dragón blanco de flamas rojas como la sangre y un incendio en el que perdió más de lo que puede decirse sin derramar alguna lágrima.

-No sabría vivir con la culpa...- La joven morena extrajo de su ropa la carta que le había obsequiado Taeki y la puso en las manos del anciano. -No puedo adivinar qué pase en el futuro, es incierto... pero si un día ella lograra perdonarme y seguir con su vida junto a otra persona, este documento hará que no importe la carne con que haya nacido ese alguien... así que debe cuidarlo como un tesoro- Se desprendió del objeto y comenzó a caminar lejos del anciano, susurrando para sí... -Yo ya no lo necesito- Pero Christoph pudo escucharla e intuir entonces la magnitud de los peligros que afrontaría la joven, para recuperar lo que había perdido esa noche.

La charla concluyó con el silencio y ambos se dirigieron al interior de la casa, el frío arreciaba y la Kuga no quería que el mayor enfermara. La pelinegra pensaba en buscar la forma más adecuada de informar sus nuevas circunstancias a Erstin cuando sintió el peligro venir, iba a evadirlo, sin embargo, se quedó de piedra al contemplar tras su agresor, el llanto desprendiéndose de la mirada aguamarina que tan bella le parecía.

-Eres una cobarde ¡Nina Kuga!- Se oyó una voz llena de ira y reproche.

La mejilla roja y el labio partido, la boca sabía a sangre y no estimaría nunca la de ojos magma, que Maya tuviera la mano tan pesada. Pero no la culpaba, no haría menos en su posición. -¿Algo más por decir?- Preguntó sin darle importancia a la herida. -¿Deseas, hacerlo tú? Es a ti a quien te concierne- Esta vez miró a su ex prometida.

-Yo no busco herirte, Nina... nunca lo querría- Negaba con la cabeza en respuesta.

-Lo siento... Erstin, si Maya me ha golpeado seguramente ha llegado a sus oídos que doy por terminado nuestro compromiso- Se obligó a decirlo sin titubear, para no retractarse aun si la veía a los ojos.

-Lo imaginé, desde ese día en el carruaje... o cuando le concediste tal cercanía a Kara- Confesó la joven rubia secando el llanto de sus ojos con la manga de su camisa. Nina tragó saliva intentando no flaquear, cuando así le parecía tan insoportablemente frágil. Gracias al cielo Maya le brindó cobijo a la joven herrera con un abrazo.

-Eres una... colma tu ira sobre mí, deja en paz a mi hermana- Se escuchó la voz de Taro entrando en la discordia de aquella acalorada conversación. -Si ibas a jugar con ella para avergonzarme, no eres menos vil que yo-

Nina desvió la mirada a un lado mientras cerraba con fuerza los puños. -No tengo en mente cambiar una prometida por otra, si no iba a ser Erstin, no será nadie...- Intentó dejar las cosas así, quiso seguir adelante pero el mayor de los hermanos se puso de pie frente a ella.

-¿Qué tengo que hacer para que respetes tu promesa?- Casi suplicó el mayor, cuando la culpa le carcomía las entrañas.

-No le daré ese alivió a tu alma, Taro- Musitó Nina tensando la mandíbula.

-Entonces tendremos que resolverlo como los hombres...- A pesar de la diferencia de alturas, por la posición de sus barbillas casi podía jurar que ese par llegaría a los puños.

-¡Basta!- Gritó Erstin. -No se diga una palabra más...- Todos los Ho se sintieron apenados en el acto, era claro que demasiados estaban interviniendo acerca de algo que solo les atañía a ellas. La joven Ho se acercó a la pelinegra y acarició el nudillo blanco en el tembloroso puño cerrado de su amada. -Está... está bien, Nina... si esto es lo que necesitas para sanar... está bien. Nunca me importó el nombre que le darían a nuestra relación, no me importa ahora... incluso si quieres que no exista ahora, es más difícil ver cómo te pierdes, a ti misma-

-Entonces no me veas, de ahora en más... no te hará bien- Dicho esto retiró suavemente la mano de Erstin de la suya, una vez libre continuó su camino hacia el interior de la casa con paso presuroso.

Dada la oportunidad, la directamente afectada se acercó a su hermano. -Es la última vez, Taro... elegiste por mí, ¡Por todos! No eres mi padre y no eres mi carcelero- Le gritó sin reparo, poco antes de picarlo con su dedo a la altura del pecho. -Lo que hicieron Kano y tú, yo no sé perdonarlo... la diosa sabe que tal vez Nina pueda hacerlo algún día, ya se preocupa porque no te pase nada, siente que traiciona a su familia por favorecer a la nuestra... entonces no te atrevas a decir que es vil, porque si lo fuera, Maya-chan ya estaría viuda en este momento- Reclamó al final con la voz rota, Erstin se quitó el anillo de compromiso y se lo entregó a Taro, quien miraba la joya sin entender. -Quiero que seas tú quien se lo devuelva a Nina y le pidas perdón. No se lo has pedido todavía ¿Verdad?- Ante el silencio del mayor, la rubia contuvo un gruñido y se apresuró en volver a la herrería, necesitaba con urgencia darle con todas sus fuerzas martillazos a cualquier cosa, con al menos la excusa de estar trabajando.

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Podía ver los arreboles en el cielo, con sus prístinos tonos naranja y violeta tintados tímidamente en las nubes del cielo, la luz del sol se extinguía poco a poco tras las montañas. Era un panorama hermoso, parecía casi criminal que un día como aquel hubiera estado plagado de momentos tristes, como si la composición artística de los dioses en el mundo esperara brindar consuelo ante el desencanto que los asolaba. Las silenciosas mujeres se rotaron durante horas para cuidar de la menor de la casa, quien curiosamente y por obra del destino, sería la primera en dar vida a los nuevos miembros de su familia. Mizue, quien como todos se dividía entre la alegría y la tristeza, contemplaba a su hija con amor profundo.

-¿Hace cuánto fue?- Musitó removiendo con gentileza un rebelde mechón sobre su cara, se veía tan pacíficamente dormida.

-¿Qué cosa?- Kaede miró a su nuera con alerta, pensando que Shizuru tuviera un mal sueño, pero supo que no era así, al ver la nostalgia en la mirada violácea de la dama.

-Me parece que fue hace poco, cuando sostenía su mano temerosa para ir al mausoleo o al templo, porque se asustaba ante las muchas cosas que yo no podía ver, pero ella sí... tengo hoy la misma sensación que entonces- Admitió con los ojos lacrimosos la castaña madre de Shizuru. -No estaba segura de qué la espantaba, pero me fingía muy serena... aunque estaba aterrada, pensando... que no se acerquen a ella, que no la toquen... solo porque yo no podría protegerla de esos seres y ahora, vuelvo a sentir miedo... ¿Qué pasará si alguien la insulta? ¿Si intentan herirla por ser diferente? Si le alcanzan las heridas donde no puedo... protegerla, a ella o... a sus niñas- El llanto asomó las mejillas de la mujer que había visto nacer y crecer a la bella joven de Tsu, decir aquello, que en algún tiempo Shizuru sería madre atrajo aún más lágrimas a sus ojos.

-Madre, ella no estará sola... nosotros estamos aquí y si debo batirme en duelo con cada hombre que intente mancillar la honra de mi hermana, que así sea... Shizuru es y siempre ha sido una persona extremadamente fuerte, con el mismo carácter que la abuela, es una alma vieja ¿Lo sabes verdad?- Esta vez era Takumi el que hablaba, el que ofrecía un brazo fuerte y un hombro imperecedero a su madre.

-Lo que digan los demás, no importa ahora... sabes que lo más valioso para Zuru siempre ha sido y será la familia... además, ahora sus hijas formarán parte de ella, junto con Natsuki- Animó Mai, nadie olvidaba que su nombre había sido manchado de forma indeleble por el patriarca de la casa, pero no era el momento para cuestionar eso, había algo mucho más importante.

Kaede sonrió, observando con orgullo la fortaleza que mostraban sus nietos, tenía la sensación[1]  de que ellos serían la mejor versión de sus padres, aún si había fallado con Satoru, le consolaba la vista de los honestos muchachos que son sus nietos. -Deberíamos saber que tratándose de Shizuru, cosas extraordinarias pueden pasar y no creo, querida Mizue que ninguno de tus hijos sea ordinario...- Una sensación de paz recorrió brevemente al grupo, no estaban solos, no en tanto se tuvieran los unos a los otros.

Horas más tarde cuando la noche estuvo cernida en el cielo, los iris borgoña de la convaleciente castaña volvieron a abrirse, dando paso una vez más a la pesada consciencia de las memorias que la atormentaban. Para ese momento, solo Mai estaba en la habitación, cerrando las cortinas y terminando de acomodar las pertenencias y el equipaje de Shizuru en sus roperos, la mayoría intuía que su estancia en Tsu sería más larga de lo estimado.

En cuanto la pelirroja notó el despertar de su hermana, se apresuró a llegar a su lado. Le ofertó un vaso con agua para aclarar su garganta, dado que posiblemente tendría la boca ligeramente seca. Shizuru recibió el líquido con agradecimiento y posó la vista sobre Mai, la admiró silenciosamente por un momento que pareció eterno a la de ojos violáceos. Sonrió nostálgicamente antes de acariciar la mejilla de la mayor de las dos. -Estás preciosa... diferente-

Mai se sonrojó en el acto, recordando que ella siempre había sido así de perceptiva y que su relación como hermanas aunque no fuera muy estrecha, era de una comunicación silenciosa, no se perdían de vista la una a la otra. -Te extrañé, Zuru... la casa no ha sido lo mismo sin ti-

-Ni el castillo, sin ustedes allí...- La castaña abrió sus brazos para recibirla en ellos con un genuino y gentil amor fraterno, se quedaron así por unos momentos, disfrutando por un momento algo de paz.

La ojilila acarició la cabeza de Shizuru, como tomando medidas. -Tengo la impresión de que has crecido más...- Queriendo mantener la conversación lejos del problema más reciente, con su padre como un homicida.

Shizuru miró a su hermana con un gesto de paciencia infinita, hasta que expresó la verdad con tono suave para no espantarla. -El tiempo no pasa en vano, pero no tienes que sonreír Mai... mamá no está mirándote, puedo ver en tus ojos una pena tan grande como la mía. ¿Qué te agobia?-

Abrió sus ojos más que sorprendida. Luego se dió cuenta que no debería extrañarse de ello, Shizuru era Shizuru, sin importar cuanto tiempo pasara. -Creo que, Reito romperá nuestro compromiso...- Admitió con algo de vergüenza, estrujando en sus manos el mandil con el que normalmente cubría su vestido cuando hacía oficios del hogar, esperando no ensuciarlo.

-¿Cómo se atreve? Si se le ocurre deshonrarte de esa forma yo voy...-

-Es un alivio ¿Sabes?- La interrumpió antes de hacer del castaño militar objeto de la ira de su hermana, posiblemente histérica como efecto colateral de su embarazo.

-Vaya... así que al fin lo notaste, que no sientes lo mismo por él- Musitó sorprendida, pero más estupefacta quedó la propia Mai al oírla.

-Me maravilla la capacidad que tienes para percibir a los demás Zuru... todos lo sabían, menos yo- Se abochornó nuevamente.

La Duquesa entrecerró los ojos mirando con suspicacia a Mai ¿Qué había cambiado para la pelirroja en ese tiempo? -Es por otra persona, ¿No es así?-

-Ojala lo fuera... es por Mikoto- Confesó al fin, con una sonrisa ligeramente rota.

-Oh... la diosa- Ya veía de dónde las complicaciones.

-¿Cómo lo sabes? Es un nombre un tanto común- Había al menos conocido a 3 Mikotos entre hombres y mujeres a lo largo de su vida, y no había salido de Tsu en ese tiempo.

-Dijiste que no era una persona y yo solo conozco a una Mikoto que no lo es- Explicó Shizuru con genuina inocencia, libre de cualquier cuestionamiento al género o lo sobrenatural de la criatura que era objeto de su afecto. -Solo lamento que pareces con el corazón roto- Añadió casi acertando en la realidad.

-Ella siente lo mismo por mí...-

-Lo sé...- Mostró una expresión de lo más comprensiva.

-¿Pero cómo?- Volvió a cuestionar sorprendida. ¿Es que todos sabían más de su vida que ella misma?

-En Fukka, cuando el Oso pardo nos atacó... te lastimaste y yo intenté, protegerte... pero cuando creí que no sería capaz de hacerlo, Mikoto intervino. Creo que rompió como mil reglas divinas por eso-

-Pero... los dioses tienen prohibido yacer con mortales, así que- Mai intentó no parecer destrozada ante la idea, pero sí que lo estaba. -No se puede hacer mucho-

-...pero la forma en que te miraba, como si quisiera protegerte de todo. Así me miraba... Natsuki- La sola mención del nombre de su amante, trajo inmediatamente memorias dolorosas. -Creo que odio a papá, debo ser una terrible persona por eso... pero lo odio por herir a Natsuki y me detesto por no haberlo impedido- Shizuru tensó la mandíbula e intentó componer la expresión pero el llanto comenzó a brotar silenciosamente de su rostro. -Lo siento... Mai, estaba a su lado pero no tenía la fuerza siquiera para levantar los brazos, estaba ahí sintiéndome tanfrágil y débil, así que no le impedí ser... el hombre que mató a Takeru Kruger-

La hermana mayor envolvió en un abrazo protector a la menor, mientras está sollozaba, tan extrañada del hecho o la idea de su propia vulnerabilidad, pero agobiada lo suficiente para no sentir las curiosas diferencias en su propia anatomía. Así con voz suave la de violáceo mirar susurró cerca de su oído mientras acariciaba su espalda. -No podemos cambiar el pasado, Zuru... ni deshacer lo pasos, sentir no te hace una mala persona, creo que ese sentimiento no enraizará en tu corazón, porque todo lo que Kruger Natsuki ama de ti, está justamente en tu corazón, además ella estará bien, es una guerrera... y creo que encontrará la forma de volver a ti, porque te ama como a nada en el mundo, lo suficiente para obtener la bendición de un dios... si lo piensas, ¿Qué tan grande debe ser su amor para posar sobre sí los ojos de un dios?- Lo último lo dijo casi más para sí que para la propia Shizuru.

-Mai... no entendí la otra mitad, pero gracias por animarme...-

-Además...- Suspiró pensando en la forma de dar la noticia, mejor ahora que estaba sentada y sosteniéndola en sus brazos. -No puedes andar tan deprimida, no es bueno para ellas-

-¿Cuáles ellas? ¿Y qué tiene que ver con que yo esté así de triste? Es lo natural, mi esposa está secuestrada y... mi padre...-

-Zuru... estás embarazada- Lo dijo en un solo respiro.

Se extendió un largo silencio entre las dos, Shizuru retiró suavemente las manos de su hermana sobre sus hombros y negó con la cabeza. -Es... una cruel broma... Mai- Se delató dolida. -Sabes que Natsuki es mujer y... yo no sabría serle infiel jamás, me repugna la idea de otro contacto... no juegues así, te lo pido- Frunció el ceño al final.

-Pero nada le impide a un dios, obsequiar vida...- Susurró suavemente con una mueca apenada y otra de sincera alegría. -Mikoto quería darles un obsequio a las dos, lamenta no poder decírtelo en persona, o presencia... ya sabes, vive en múltiples planos a la vez o algo así, es difícil explicar...- Y cuanto más lo intentaba explicar, más raro y confuso sonaba todo, pero para el momento la menor ya no hacía caso de sus palabras... estaba en un mundo aparte.

El iris escarlata temblaba en la faz sorprendida, la mente de Shizuru trabajó vertiginosamente encontrando el momento exacto en el que las acciones por sí mismas habían modificado su destino, y lo encontró en una distante noche en Fukka. “-Una vida... ¿No quisieras una vida? Deja que lo implore, tal vez las estrellas así me hagan caso...- Natsuki no dejaba de mirar el cielo, sin perder su oportunidad lo suplicó a la estrella fugaz en el firmamento. -Un regalo de vida te imploro... déjame al menos soñarlo, para ver completos sus anhelos-” No pudo evitar sonreír, lo había pedido con tanta fe que esa noche la amó un poco más por creer como los niños inocentes en las estrellas y claro que había hecho méritos esa noche. “-Hoy será diferente, quiero que veas todo cuanto es, cuanto te pertenezco... no tendré escudos para las lanzas apasionadas que lleguen a mi corazón, ni barreras para las amadas miradas de tus brillantes ojos- Respondió Natsuki tomando las manos de la castaña entre las suyas y guiándolas a su pecho...” Se sonrojó en la memoria de los hechos posteriores, pero esta vez, al levantar la mirada sobre su hermana, no era el pasado el que buscaba en sus remembranzas.

“De pie en la sala, una alta figura camina de un lado a otro de la habitación meciendo gentilmente en sus brazos una figura tan pequeña y frágil, envuelta en una manta celeste muy abrigadora, ve la ilusión en su cara tan blanca como la nieve y en sus ojos esmeralda un brillo de alegría, un fulgor amoroso y protector, su voz susurra una nana que no puede oír, pero sabe de antemano que la tonada es la más hermosa. Aprecia entonces como aquel momento se detiene en el tiempo y la memoria, cuando una manita diminuta envuelve el dedo índice de su madre y lo sujeta con sus infantiles fuerzas, hasta que la paz llega y le vence el sueño... la sonrisa de la hermosa mujer se amplía, vuelve su mirada sobre los ojos que le miran con ternura...

... y entonces musitan sus labios... un silencioso -Te amo-”

Shizuru traga saliva e intenta musitar palabra, pero la voz no sale, el llanto baja por sus mejillas y se lleva la mano a los labios. Temblorosa, ante las mil emociones que la embargan, profunda mezcla de alegría y de tristeza. -mamá... voy a ser mamá- Traga saliva y mira la enorme sonrisa, en los ojos cristalinos de su hermana. -Será de mí y de... Natsuki- Mai asiente también incapaz de musitar palabra sin que se rompa su voz de alegría.

La hijas de Mizue se abrazan por un momento eterno y memorable, que la noticia más maravillosa jamás escuchada haya venido de los labios de Mai, hará que su lazo jamás se rompa. Mas una chispa en su memoria atrae entonces una inquietud. -¿Dijiste ellas?- Pregunta una aún sollozante castaña, recordando que esas fueron las palabras de su hermana antes de darle la buena nueva.

-Serán 2... Eso dijo Mi... Mikoto- Añade un poco apenada.

Re imaginar el cuadro con una bebita en cada uno de los brazos de Natsuki, renueva, duplica su alegría y al mismo tiempo, le recuerda que la pelinegra amada no está. -Ella sería tan feliz... si lo supiera...-

-Y lo sabrá y las cuidará... ya verás cómo las cosas se resuelven Zuru... no dejes de creer por favor, ellas te necesitan firme y fuerte, por su bien-

Shizuru asintió, luego se llevó la mano a la barbilla como pensando en los profundos enigmas del universo. Hasta que habló... -Ara ara, me pregunto si mi Natsuki será ambidiestra, quiero ver que cambie dos pañales al mismo tiempo, fufufu...-

Una enorme gota de sudor bajó por el cuello de Mai mientras esta hacía una mueca nerviosa e imaginaba a la pobre pelinegra haciendo malabares, sería complicado suponer que pudiera complacer a sus futuras 3 mujeres, sus dos hijas y su esposa. Pero al mismo tiempo le animaba, el cómo la mirada de su hermana se llenaba de resolución, ya estaba segura que posiblemente aunque tuviera que ir a Fukka a sacar a Natsuki del agujero en que estuviera, ella movería cada piedra hasta encontrarla, solo por el hecho de darle a saber que serían madres dentro de un tiempo, solo por ver a su familia reunida de nuevo. Así comprendió la pelirroja que envidiaba el valor y la tenacidad que mostraba el matrimonio Kruger-Fujino, deseaba en verdad estar llena de esa pasión, pero no sería posible con Reito, eso estaba más que claro. Aun así no era momento de pensar en cuestiones lóbregas. -Puedes ir pensando en los nombres... ya que sabes que serán niñas-

-Tengo que hacer una lista... para ver cuál le guste más a mi Natsuki, dado que son dos... creo que debe elegir un nombre y yo el otro- Mai asintió ante esta irrefutable lógica.

Se escuchó un tenue toquido. -Pase- Musitaron a coro las dos.

-Oh mi niña, cómo me alegra verte despierta y con mejor semblante- Mizue se apresuró a llegar junto a Shizuru, detrás de ella venían las abuelas y el joven Takumi en la compañía de Akira.

-Madre...- La menor de los hijos allí reunidos miró a su madre con nuevos ojos, entendiendo por fin el sentimiento que embarga a una mujer desde el momento mismo en que emprende el difícil camino de la concepción, si tan grande era su sentimiento de protección por aquellas personitas creciendo en su interior, no imaginaba el desvelo que las circunstancias le habían causado a ella. -Oh... mamá- Abrió los brazos para unirse en un gesto de mutuo afecto. -Te entiendo tanto... ahora-

Un par de miradas y todos supieron que la joven ya estaba al tanto de su estado, la mayoría agradeció a Mai la tarea pues nadie estaba muy seguro que cómo informarlo. Quién mejor para explicar las peculiares circunstancias de un futuro alumbramiento con la colaboración divina que la directamente informada del asunto.

-Creo conveniente darte una vez más este olvidado regalo mi niña...- La anciana Kuga, extrajo de su delantal un paquete envuelto que la había acompañado desde el inicio del viaje, desde el castillo Kruger. Al abrirlo Shizuru contempló aquel atuendo que la mujer le hubiera entregado como regalo de bodas, recordando que entonces se lo tomó como una broma de muy mal gusto sin entender que la señora, le obsequiaba más que aquella enternecedora prenda, una que hacía latir y ensanchar su corazón de una ternura y amor inconmensurables, ella le había dado su esperanza.

-Abuela Sanae, ¿tú lo sabías no es así?- Sonrió intentando no llorar nuevamente de alegría, abrazando a su pecho aquel mameluco perlado con un par de zapatitos a juego tejidos a mano.

La que en otrora tuviese larga melena negra, negó con la cabeza. -Sabía que mi nieta haría lo imposible, por verte feliz, así que esperé lo mejor y te lo hice saber en el momento oportuno-

-La cuestión Sanae, es que te falló el cálculo... van a ser dos y es que a Natsuki la diosa le dio un tiro y la chica atinó dos en uno... como la llamaríamos... ¿Semental? Nah no aplica, no es apropiado... ¡Tiro fijo! está mejor- Eso no podía decirlo nadie que no fuera Kaede Fujino. -Agradece Shizuru que los regalos de ese tipo se dan de a uno, porque si no Natsuki te llenaría de hijos fufufu-

-¡Abuela!- Dijeron a coro Mizue, Mai y Takumi más que abochornados, pero era solo el principio de un momento mágico y familiar, Shizuru se sonrojaría mucho por causa de su abuela en lo venidero.

-Claro que tejeré otro para mis bisnietas y muchos... de muchos colores...- Añadió Sanae con una sonrisa apacible en sus labios.

-Gracias... a todos- Musitó Shizuru sintiendo por primera vez en días, un tipo de felicidad que no se apartaría de ella, hasta el final de sus días.
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En Windbloom...

Estaba molesta, indignada a un nivel que no podría explicar a nadie y Nina, no estaba allí para escucharla. De hecho, era justamente la sensación de no ser escuchada lo que estaba carcomiendo su paciencia, y no se consideraba virtuosa en ese aspecto. Pero... ¿Cómo podía el Rey de Windbloom no atender una emergencia semejante con la prontitud que las circunstancias lo requerían? Natsuki había sido secuestrada por el Conde Dai Artai para enfrentar a una criatura mística de inimaginable poder, la guardia de Fukka se había disuelto o en su defecto unido al enemigo, Lord Takeru murió en la batalla y no se le había rendido el más mínimo honor, de él no habían quedado ni los despojos. ¿Acaso no le corría sangre por las venas a Taeki? Negó con la cabeza, hizo un profundo silencio mientras miraba en la ventana los copos de nieve caer. Tardar 3 días en viajar a ese lugar, desfallecer en la sala poco después de relatar lo sucedido, despertar esperando que las cosas fuesen diferentes, que la armada estuviese lista para tomar camino de Fukka y solo encontrarse con la estupidez de una bonita fiesta con miras a la celebración de la Decimoquinta Centuria del Reinado de la familia Kruger, eso era de lo más decepcionante. Como si estuviesen para festejos en momentos tan llenos de amargura, era casi de arrepentimiento el pensamiento.

-“No puedo entenderlo... debí haber ido a Tsu con los demás, ellos seguramente están preparando un contragolpe y mientras tanto estoy yo aquí, casi recluida”- Arika se levantó de la cama y arrastró una cobija consigo, a pesar de solo contar con un pantalón de lana y una camisa de seda abierta, donde podían evidenciarse las vendas que usaron para tratar sus heridas. Tenía el cabello aparentemente suelto, la mirada perdida, se acomodó en el alféizar de la ventana con su abrigo para guarecerse del frío y apoyó la frente en el marco de madera con la vista perdida en ningún lugar en específico, rondando entre los jardines cristalinos y las numerosas edificaciones de techos rojos y puntiagudos que para la ocasión estaban llenos de nieve, mirando el entramado laberíntico de las lejanas callejuelas y  la distante plaza principal, así tan distraídamente, Sayers posó los dedos en el vidrio sintiéndolo tan gélido, frunció brevemente el ceño notando en el vidrio su propio reflejo, no supuso que estar allí le causaría tanta nostalgia.

Había ido a informar las dificultades que afrontaban, relató esa horrorosa noche con lujo de detalles y no había bastado. Era para desear golpear ese vidrio y emprender la huida bajo el inclemente invierno. Se sentía verdaderamente estúpida, pudo haber enviado a Akira Okuzaki, salvo por el hecho de que sabía que la pelinegra se moría por viajar a Tsu para ver a su prometido, incluso pudo hacerlo Sergei, pero estaba el hecho de un peculiar pendiente con una adivina. En realidad todos tenían excusas muy válidas, pero pudo mandar a un soldado a dar el aviso y en su lugar, a pesar del malestar de la costilla que no imaginó estuviese tan mal, había acudido al castillo para ser esa persona en la que pudieran confiar, para demostrar por una vez que era más que solo la hermana de Ren Sayers y tal vez, entonces... -“¿Qué esperabas Arika? ¿Verla arrepentirse de sus súplicas? Eso no va a pasar... ¡Entiéndelo!”- Se reprochaba a sí misma con los ojos cerrados. Después de un largo momento sintió una ligera somnolencia, pero no quiso apartarse de ese lugar, ver la inmutable habitación era deprimente. Por momentos cuando el sopor parecía vencerla, oyó el sonido de la perilla de la puerta.

-Estás despierta...- Escuchó la suave voz ligeramente preocupada de la persona que había esperado ver y que no deseaba ver al mismo tiempo, era una ambigüedad de placer y de tortura el contemplarla.

-Hace unas horas...- Respondió la castaña pese al exabrupto inicial o los rápidos pálpitos de su corazón, odiaba entonces que aún le emocionara verla allá en los rimbombantes latidos de su cuerpo.

-¿Por qué no me mandaste llamar? Sabes qué quería verte en cuanto despertaras- Podía oír los pasos de sus finos zapatos sobre las baldosas de cerámica perla fabricadas en las estepas ardientes de Argos. Sayers se había desacostumbrado a los lujos en la humilde morada de los Ho y pese al poco tiempo, ahora se sentía extraña en la habitación que ocupó tantas veces durante sus visitas al castillo siendo todos apenas unos niños.

-Seguramente, estarías ocupada...- Respondió Arika sin interés, en una actitud tan extrañamente opuesta a la que le era natural, que los pasos sobre el lustroso piso se oyeron apresurados.

-No para ti, lo sabes...- Insistió poco antes de situarse a un lado del alféizar. -¿Te duele mucho?- Intentó romper el extraño hielo que había entre las dos, sin lograrlo demasiado.

-Casi nada- Se hizo el silencio mientras la joven de cabellos platinos tomaba asiento en el respaldo opuesto. -Sabes bien por qué volví, Mashiro y no ha servido de nada...- Tensó la mandíbula. -Eso me preocupa más-

-Es todo lo contrario, de no ser por ti, seríamos objeto de un ataque sin estar preparados... mi padre no desestima eso, mucho menos yo- La nívea piel de la princesa de Windbloom se superpuso en otra ligeramente más morena, Mashiro sujetó la mano de Arika notando en ella un par de asperezas, propias de las personas del servicio o de los soldados que sujetan armas frecuentemente, sonrió, era como si su querida Sayers desistiera definitivamente del aspecto de doncella frágil y delicada, sus esmeros y su aspecto, todo de ella había cambiado, incluso su cuerpo ahora tan atlético, los músculos tenuemente visibles a la luz del día filtrándose por la ventana o su respingado pecho apenas cubierto por las vendas bajo la camisa abierta, era tan difícil no mirarla o una cruel jugarreta de la bilogía de su cuerpo, eso lo sabía Mashiro. -Jamás voy a olvidarlo, Arika- Logró articular intentando mirar en lugares menos indecorosos.

Los ojos zafiro y aguamarina se encontraron, ambas sostuvieron la mirada tan intensamente como la silenciosa tensión, el anhelo y la atracción ahora bastante más tangible. Tener el sentimiento tan latente y reconocido entonces solo traía pena a aquellas jóvenes damas, que fácil hubiese sido besarla, tanto más dejarse llevar, pero ahí estaban sus palabras ausentes, reservadas en los principios y las elecciones que ya habían sido tomadas. Así la Kruger apartó la vista, desencantando una vez más a la castaña, porque sabía ahora con más certeza que nunca, que no tenía ningún derecho.

-Pero tu padre, no ayudará a Natsuki...- Refutó Sayers, de fondo esa era la más grande razón de su disgusto. Los que han muerto no pueden ser traídos de vuelta a la vida, pero los vivos...

-Aunque no lo parezca, las noticias que trajiste son absolutamente dolorosas y difíciles para nosotros, la muerte de mi tío...- Mashiro debió respirar un poco antes de continuar, sabía que se rompería su voz si se permitiera expresar su dolor. -Mi prima presa en las manos de un desalmado...- Tensó la mandíbula llena de malestar. -Mi padre supone que si mi prima cayó en las manos de Nagi Dai Artai, solo caben 2 alternativas; La primera, es muy posible que haya fallecido, ya que sería un verdadero impedimento para el Conde, cuantos menos de nosotros quedemos más fácil le será tomar el poder, lo cual nos deja solo a mi padre y a mí. La segunda circunstancia probable, es que si la mantiene con vida, no se debe a su generosidad, seguramente tenga un propósito para ella, intentar pedir algo a cambio de su vida o usarla como arma, ya que como sabes... Natsuki no es completamente humana, incluso al haber roto la maldición que pesaba sobre sus hombros, continúa teniendo la facultad de crear objetos de hielo y cristal, desconozco entonces las intenciones de los dioses al no haberla privado por completo de sus facultades, pero es claro que todo ello tiene un propósito...-

Arika asintió suavemente. -Así que para Taeki... tú eres como la última gota de agua en el desierto, te cuidará sin importar el precio y desistirá de su sobrina a falta de pruebas de vida...- No necesitaba ser un genio para comprender que el rey tomaba la apuesta más segura que tuviera en mente, aun así ¿No haría nada por su sobrina? ¿Acaso para gobernar tenía que renunciar a su alma y a su corazón? Si ese era el precio de la corona, no entendía porque Nagi la deseaba tanto.

La de cabellos plateados con aquel peculiar brillo lila sonrió tristemente. -No te haces una idea... más ahora que nunca... “Tengo que decirlo, ¿No es así? Entonces ¿Por qué no soy capaz?”-

-Sigue siendo cruel, casi bárbaro- Negó con la cabeza frunciendo el ceño, algo tan raro en ella.

-Sé que es tan cruel como lo haces ver- La aguamarina miró también los copos de nieve caer fuera de la ventana, tomando por un breve momento la imagen de una reina, aún si no tenía corona. -... Como familia quiero llevar a un ejército entero de hombres para hacerle pagar al Conde sus atrevimientos y si se ha atrevido a poner un dedo sobre Natsuki, ansío arrancarle la mano, la vida entera, pero también comprendo que... si tuviera la corona en mi frente, sería la persona que tendría que elegir entre salvar a su propia familia o proteger a los hijos de nuestro reino de monstruos tan horrorosos como pesadillas, cuando no contamos ya con el arma definitiva... no quedan bestias en Fukka, ni protectores. Al mismo tiempo yo tengo la esperanza de que Nina y los demás, junto con la escuadra de soldados leales a Takeru y Natsuki, así como un grupo de apoyo que he enviado a Tsu a escondidas de mi padre o de Ren- Ante eso Arika no evitó sonreír, así que no todo era tan recto ni blanco con la Kruger, eso le gustaba. -...puedan entrar más discretamente a Fukka para ayudarla, nuestra falta de sigilo talvez, resultara ser al final el motivo de la muerte de Natsuki y no es lo que deseamos, mi padre espera que se pueda negociar o...-

-Mashiro... eso sería por demás iluso, no sé cómo puedo explicarlo y que ambos lo entiendan ¿Por qué un hombre con un revólver apuntándole a un pobre campesino con una pica en la mano se detendría a negociar?-

-Porque el hombre del revólver sabe que si toma por la fuerza aquella tierra, vendrán los hijos de aquel al que ha matado, los amigos y otros tantos a enfrentarlo con más que solo picas... ser el monarca de un país no solo implica gobernar con armas, requiere muchas más cosas que Nagi no desestima... sabe que no puede solicitar mi mano, pues ya la he concedido, también sería imposible sostener la corona en su frente si su propio pueblo se revela contra él, necesita congraciarse tan pronto como acceda al poder, pero nuestra monarquía no ha tenido revueltas ni sublevaciones en más de ochocientos años, casi podría decir que Windbloom se siente felizmente gobernado, entonces debe tener algo entre manos y quizás espere usar a Natsuki para ello, simplemente se me escapa el qué tiene en mente-

-Lo conoces mejor que bien- Se oyó un hilo de celos que la castaña no había querido exponer, por lo que se sonrojó un poco.

Mashiro se congració con los dioses por ese precioso gesto que le recordaba a la chica de siempre, a quien tanto amaba. -Jugué ajedrez con él en repetidas ocasiones, durante una breve época de cortejos que rechacé posteriormente... lo desestimé justamente porque no era la clase de hombre que se preocupara del bienestar de sus súbditos, era tan simple como ver la forma en que trataba a los sirvientes que nos servían durante esas partidas-

-¿Cómo es que no estaba enterada? De sus citas- Arika se mostró aún más molesta ya sin siquiera darse cuenta.

-Estuviste de visita en la casa de campo en Renuayes durante ese verano...- Explicó Mashiro con toda la paciencia posible, sonriendo ligeramente divertida. -Tu padre esperaba que hicieras buenas amistades con los Gallagher, por motivo de un buen negocio... y dado que Lady De'Zire tenía la misma edad, era propicio llevarte-

-Sí... fue molesto al principio, luego mejoró... aunque, es curioso notar lo evidente que es, yo solo fui una ficha por mover en el juego de mi padre, aquella vez creí otra cosa... que inocente fui- Suspiró largamente, luego apoyó la cabeza en el marco de madera donde también reposaba su espalda. En ese punto, Mashiro apreció que la castaña continuaba usando la trenza en la patilla derecha que le vió en su visita anterior, había dejado atrás los años en los que cruzaba las trenzas sobre su cabeza en un peculiar peinado, ahora tenía el pelo largo y solo la punta se ataba con un listón azul, dejándole ver en todo momento un aire de feminidad tan soberbio, que la engalanaba más.

-No parabas de hablar de lo divertido que fue jugar con la princesa De'Zire...- No lo expresaría en voz alta, pero aquello la había molestado más que solo un poco en ese tiempo. Mashiro lamentaba no haber diferenciado entonces sus celos más profundos de lo que una simple amistad concedería, si tan solo hubiera tenido una gota de iluminación entonces.

-Siendo así, todo ha quedado claro...- Asintió con expresión bastante seria. -Iré a Tsu en cuanto pueda subir a un caballo otra vez, Doba será gentil... yo iré con ese grupo en auxilio de Natsuki-

Esa fue una respuesta inesperada en verdad. -La ocasión anterior viniste con las manos destrozadas y la espalda lacerada, esta vez tenías una costilla en lamentables circunstancias, veneno bajo la piel, ¿Acaso la siguiente oportunidad en la que te vea será en un féretro? ¿Así deseas castigarme por mis errores, Arika?-

-Solo fue un coletazo nada más, cómo iba a saber que esas púas eran venenosas si no sentí nada durante un buen tiempo...- Justamente lo habían llamado el veneno silencioso, peligroso en la medida que los síntomas aparecían dos o tres días después, delatando entonces el daño ocasionado. En este aspecto Arika pasaría cerca de una semana bajo cuidado y vigilancia del médico de cabecera del Rey, solo para estar seguros.

-Colapsaste en el salón, casi me matas de un susto... a todos nos preocupaste mucho- Alzó su voz con reproche y se puso de pie, comenzó a andar de un lado a otro. -Si no hubieses venido aquí, quién sabe qué habría podido pasarte, incluso... pudiste morir-  Mashiro no sabía olvidar cómo se presentó ante ellos, con las ropas llenas de hollín, la cara pálida y el agotamiento a cuestas, literalmente parecía un soldado que hubiera regresado de una guerra, se supo después que en efecto lo fue, nadie comprendió del todo qué fue lo que la mantuvo de pie para relatar los acontecimientos en Fukka, pero es claro que una vez transmitió el mensaje, el temple que la había sostenido se desmoronó igual que ella. -¿Crees que es un juego? Los Orphan son criaturas tan destructivas... y van a tomar tu vida si sigues este peligroso camino... ¡¿Acaso no lo entiendes?!-

La castaña no había visto nunca sobresaltos como aquel en la siempre impoluta princesa, porque a decir verdad, la hija de Taeki era un mar de elegancia y serenidad, como debía ser siempre una princesa, pero ahí estaba, llena de enojo, mirándola con total contrarío, más de lo razonable. -¿Te pasa algo? Tú no eres así... Mashiro- Deslizó las palabras en el tintero, esperando que la hermosa princesa contestara esa vital pregunta.

El cisne de plata se detuvo en el acto, casi palideciendo. Suspiró profundamente para acumular el valor suficiente, decir esas palabras que se terminarían de llevar su alma, su paz, su todo y que a la par la llenaron de inmensa alegría. -Arika... hay algo que debes saber y realmente no... no me gustaría que lo supieras por alguien más...-

-Te escucho... siempre- La miró con toda atención y esos ojos Zafiros se hicieron inmensos como el cielo y el mar juntos, lo cual puso aún más nerviosa a Mashiro.

¿Por qué se hacía tan difícil exponer esas palabras? Tal vez se debía al hecho de que las dos estaban de pie junto al alféizar, Arika sostenía sus manos entre las suyas con delicadeza, inundándola de una tibieza única, se imaginaba un abrazo suyo como el lugar más cómodo del mundo, o era quizás la insistente necesidad de su contacto afectuoso cuya ausencia tanto resentía. -Sabes el motivo por el cual acepté casarme con Ren y...-  Hizo acopio de fuerza. -De una u otra forma es la clase de noticia que me llenaría de alegría como nunca, si hubiese venido de... “¿Nosotras? No es posible, es justamente esa mi mayor pena”... pero al mismo tiempo me nubla de tristeza...-

-Odio que sufras, pero ¿Qué podría darte tanta...? “Felicidad y amargura”- Pensó al final Arika sin entender.

Mashiro movió sus labios para explicar sus circunstancias. -Ren y yo...-  El sonido de la puerta abriéndose importunó su relato. Ambos tablones de caoba barnizada y finamente esculpida con motivos de flores se abrieron de par en par como si alguien la hubiera empujado con afanes, Arika retiró sus manos y dio un paso atrás, tomando asiento en su acomodo anterior ante la mirada azul del recién llegado.

-Arika...- Era la voz de un hombre cuyo parecido físico con la joven castaña era más que evidente, como si la mención de su solo nombre hubiese desencadenado las circunstancias de su arribo. -Me han dicho que estuviste peligrosamente enferma, padre arribará esta tarde, está tremendamente preocupado, no más que yo, claro está-

-Creo en ti, hermano... y te juro que no quiero incordiar, pero se me hace un tanto extraño que mi padre venga a mi encuentro, cuando llevo ya tantos meses fuera de casa- No escondió su desencanto.

-Tienes razón, lo siento Ari... no es la única razón por la que ha decidido venir...- Ren miró a Mashiro mientras la rodeaba con su brazo, como si pensara que tuviese frío o quisiera guarecerle del mundo entero. -¿No se lo has dicho ya?- Sonrió gentilmente el castaño mayor, con un brillo tan intenso en su mirada azul. Mashiro negó con la cabeza escondiendo en su platinada melena una mirada de vergüenza.

-¿Tendrían la gentileza de decirme qué pasa?- Reprochó ya un poco molesta la hija de Rena.

Ren miró a su esposa y con un tenue asentimiento de cabeza, supo que podía decirlo. -Arika... serás tía prontamente, ya que Mashiro está encinta y un hermoso bebé está en camino- Musitó el castaño con una sonrisa de oreja a oreja. -Nos enteramos hace pocos días, te juro que he remitido una misiva para darte la noticia y cuando llegaste pensé que la habías recibido, más me lamento de saber que no has vuelto por las felices noticias, siento tu perdida... sé que Takeru-sama...-

-¿Serán... padres?- Fue todo cuanto pudo procesar la joven Sayers.

-Je, yo puse esa cara de sorpresa poco antes de sentirme el hombre más feliz del mundo... pero sí, lo seremos, además estoy seguro que tendrá la madre más hermosa y la tía más amorosa del mundo- Era como si la magnificencia de aquella vida gestante hubiera renovado a Ren Sayers, ya no estaba preocupado por la presencia de Arika y es que en todo caso, por principios ella ya no intervendría, lo sabían ambos.

Por su parte Arika, lo supo entonces, que las últimas palabras para sus sentimientos no habían sido dichas esa noche cuando se había despedido de Mashiro... que el final de su historia iniciaba con la vida de aquella hermosa criatura gestada en el seno de la familia que jamás se atrevería a romper, el amor de su vida y amiga, Mashiro Blan y su hermano mayor, Ren Sayers. Arika se inclinó haciendo una reverencia a pesar de las vendas en su costado, como era costumbre ante esas bienaventuradas noticias. No pudo evitar el cauce de las lágrimas saliendo de sus ojos, del mismo modo que una sonrisa se formó en su boca, en cuanto se irguió nuevamente, los próximos reyes de Windbloom observaron una expresión de genuina dicha y de profunda tristeza. -Fe... Felicidades a los dos, les prometo que voy a ser en verdad... la mejor tía del mundo-

-Arika...- Ren contempló con admiración a su hermana menor, él sabía que no era nada fácil afirmar tal cosa, pero ella lo hacía sonriendo como siempre, aun si llorara de pena al mismo tiempo. -Gracias, hermana- Soltó brevemente a su esposa y se acercó a la menor, le ofertó sus brazos y Arika no los rechazó, aunque estuviera tan molesta por las circunstancias que corrían ya no podía enojarse con ninguno de los dos. -Lamento cada lágrima que te he ocasionado Ari, ojalá puedas perdonarme... actúe como un tonto, aquella vez... bueno, muchas veces-

Apartada, Mashiro apreciaba la escena de ambos hermanos, mientras Arika sollozaba silenciosamente en el hombro de Ren y este le solicitaba el perdón que ella debería estar suplicando. Por un momento la fugaz idea de que ambos castaños hubiesen sido inmensamente más felices sin su presencia en el mundo, tiró abajo el contento que sentía por la ocasión de ser madre... la parte más egoísta dentro de ella le reprochaba con fuerza titánica todas las decisiones seguidas, con un arrepentimiento tan gigantesco como una montaña, ansiaba gritar ¿Por qué no Arika? ¿Por qué no era ella la otra mitad de su vida y la persona que hubiese traído consigo la dicha de tener un hijo? Porque nacimos mujeres y no soy dueña de mi vida... se respondió a sí misma, tensando la mandíbula. En tal caso ¿Qué podría hacer ahora? Había arrojado al fuego todas las esperanzas que aún persistiesen allí desde el momento en que intimó con Ren para dar un heredero a la corona, dichoso ya podía estar su padre puesto que se había dado al fin el legado que tanto anhelaba a cambio del precio de su propio corazón y el de sus dos mejores amigos.

-Por favor... perdónenme los dos- Musitó el cisne de plata antes de apresurarse a llegar a la puerta.

Ambos castaños se miraron preocupados, Ren no quería abandonar a su hermana cuando al fin la recuperaba, pero Arika sabía que ese ya no era su lugar ni debía ser quien acudiera tras ella. -Ve... todo va a estar mejor mañana, que no sea imprudente ahora-

Ren miró con agradecimiento a la más joven. -Te veré más tarde, descansa por favor- Musitó antes de apresurarse a darle alcance a la princesa.

Así volvió a quedarse sola, pero estaba ésta vez como si un huracán hubiese pasado destrozándolo todo en su interior. Era la clase de sentimiento del cual no podía escapar, pero ya no quería continuar huyendo de todo, necesitaba hacer algo productivo y dejar de atormentarse con las ideas, ciertamente la conversación tenida con Mashiro, le había mostrado un par de aspectos que no contempló en medio de su enojo inicial, así que con prontitud se dirigió a la mesa, tomó una pluma y comenzó a escribir una misiva con dirección de Tsu.

Horas más tarde, una doncella al servicio de la casa real se presentó en la habitación de Arika, la querida Shinzo que había cuidado a Mashiro y Arika desde la más tierna infancia acudió ante la castaña por expresa solicitud del Rey y fue recibida con un abrazo con sabor a antaño. -Mi lady...- Hizo una reverencia en cuanto la castaña le dejó escapar. -Me gustaría decir que estoy aquí para prepararle su chocolate favorito, aunque si usted gusta...-

-Lo sé, Shinzo... hace mucho tiempo que no pruebo un chocolate igual... pero sospecho que se debe a la razón de crecer, pero sí me dieras ese chocolate estaría más que feliz- Arika sonrió como siempre, lo cual alivió enormemente a la mujer de rosáceos cabellos, ella no ignoraba de ningún modo la historia que ocultaban las paredes de esa habitación o del castillo con respecto a las dos señoritas. -Por ahora, soy toda oídos... ¿En qué puedo servir a quien me solicita?-

-¡Majestad! La señorita se encuentra en atuendos apropiados- Informó a la aparente nada, pero la puerta se abrió dando paso a aquel hombre alto de largos cabellos negros y ojos azules, tan portentoso a la mirada pero tan memorablemente lastimero a los recuerdos de Sayers, después de todo Taeki y Takeru eran gemelos cuando el mayor de los dos vivía. -Xana, Lelieth...- Shinzo llamó a sus colaboradoras, las cuales entraron en la habitación llevando consigo dos atuendos debidamente enfundados para preservarlos perfectamente desde la modistería del castillo. -Deposítenlos sobre la cama de la joven dama... y esperen fuera de la habitación hasta que las llame nuevamente-

Las mujeres obedecieron ante la estupefacción de la joven Zafiro y una vez obtuvieron la privacidad suficiente, Shinzo volvió a hablar. -El Rey pone ante ti, dos posibilidades...- La doncella señaló el primer traje dentro de la funda, luego diligentemente lo sacó, como si el mismísimo Taeki no estuviese allí, lo cual extrañaba en más de una forma a Arika. -Este es un obsequio de su majestad, un precioso vestido de satín rojo que espera usted use durante la fiesta que tendrá lugar al anochecer, si usted escoge la prenda todos sabrán, incluso su padre... que su deseo es ser una doncella como cualquier otra y será escoltada a la casa de verano de la familia, donde no tendrá que saber de las situaciones conflictivas que agobian a nuestra monarquía, o podrá ir a donde lo desee, allí a donde vaya su majestad se encargará de proveerle de todo lo que necesite-

Una amarga sonrisa se formó en los labios de la joven de ojos azules, sin que los suyos dejaran de ver los turquesa del Rey. -Gané la bolsa de Lotto sin siquiera haber comprado un boleto, ¿Es eso? ¿O se debe a que resulta más que inconveniente el hecho de que yo esté cerca de Mashiro ahora que está encinta?-

-No tengo palabras ni suficientes formas de agradecer, Arika... aun en estas adversas circunstancias no les separaría de ningún modo, salvo por el hecho de que tu presencia fuese destructiva para Mashiro y no creo que lo sea nunca- Aclaró con tono neutro, el Kruger se miraba tan altivo y orgulloso como debe verse un Rey, sin embargo estaba pálido y frío, mortalmente frío. -Pero tengo, otra alternativa que tal vez esté más de acuerdo con lo que realmente quieres...-

Shinzo se acercó a la segunda funda, de ella extrajo los atuendos de un caballero, de color azul naval, hecho a la medida, ropas tan similares a las del mismísimo rey que Arika miró con toda contrariedad  a su estimada Nana y a él.

-¿Acaso se encuentra enfermo mi hermano y debo reemplazarlo nuevamente?- Negó con la cabeza. -Eso es imposible pues hace unas horas nos despedimos... estaba en perfecta salud-

-Ren está perfectamente, pero creo que estas vestiduras te sientan muy bien...-

El rostro de Arika fue todo un poema. -¿Se burla de mí entonces?- Y Taeki negó con la cabeza.

-Permita que lo explique- Shinzo se adelantó, veía la languidez en dos personas tan queridas para ella. -El rey estuvo observándola durante la ocasión anterior, usted se desenvolvió maravillosamente, nadie notó la diferencia entre usted y el príncipe Ren, tanto por la peculiaridad de sus habilidades como esgrimista- Shinzo tosió ligeramente, la forma de enterarse no fue la más adecuada pero comprendió después que ambos hermanos necesitaban resolver pendientes y particularmente aquel fue el modo que encontraron. -... su dominio en los menesteres de la política y su facilidad para negociar, así como... sus sentires hacia cierta doncella- Dicho esto Shinzo se sonrojó involuntariamente mientras Arika desviaba la mirada un tanto azorada por la verdad de aquella frase.

Taeki posó su mano en el hombro de Shinzo. -Seré directo, Arika... considero que tal vez sea de tu interés, obtener los títulos y los derechos que de haber nacido varón hubiesen estado en tu mano, desde la herencia, la facultad de voz y voto en la corte, hasta la posibilidad de desposar a una doncella que encuentre prudente guardar tu secreto... si Ren es llamado ‘el León de Arias’, tu título será Arik Sayers, ‘El baluarte de Zafiro’... pero, entiendes que ni siquiera yo puedo desestimar el hecho de que debes renunciar a ser una dama en primer lugar-

La confusión y abrumación de Arika alcanzó niveles insospechados. -¿Acaso estás diciéndome que para obtener la igualdad con respecto a mi hermano o cualquier hombre de Windbloom tengo que convertirme en...?-

-En un caballero por completo, igual que El doncel de Hielo, Natsuki Kruger o la mismísima Nina Kuga... con todos los privilegios y responsabilidades que ello conlleva, que como sabes bien, exige en cierto modo el que te comprometas-

-¿Comprometerme? ¿Es esa su solución mi Lord?-

-He buscado una alternativa en la Princesa De'Zire, quien es bastante cercana a ti...-

-Majestad, su generosidad me abruma pero no pienso... que yo esté a gusto con la idea de un compromiso- Dijo la castaña con sinceridad.

-Intento adelantarme a las exigencias de tu padre, Arika... él piensa en hombres como Kanto de Carteya o el honorable Agnus de Ealis, yo quisiera darte la ocasión de al menos tener una opción más acorde a tus sentires-

-¿Cómo se atreven? ¿No ha sido ya suficiente con Ren y Mashiro como para pensar que yo deba someterme a semejante ignominia?- Cerró los puños y desvió la cara. -¿Entonces tendré que irme?-

-Claro que puedes huir y tener la vida de una joven campirana, como la querida Rena Yumemiya... ¿Pero realmente quieres huir? Sabes bien que tu padre tiene la potestad sobre ti debido a tu edad y a tu género, estarás huyendo siempre, no podrás ver a Mashiro nunca más, ni al niño que espera...-

Ese era un golpe bajo y ambos lo sabían, pero había sido tan claro que no hubo lugar a dudas, frustrada como estaba Arika cuestionó la única cosa que se le vino a la mente. -¿Y porque no cambias eso? Puedes reescribir las Leyes ¿No eres el rey?- Shinzo intentó refutar la descortesía de la joven Sayers pero una ademán de Taeki fue suficiente para serenarla, él no ignoraba el peso de la noticia que había recibido y sabiendo hace tiempo que ese momento llegaría, estimó darle por lo menos una opción diferente aun contra la voluntad de su amigo y padre de la joven.

-Las leyes no siempre son acatadas, las mujeres las ignorarán ya que no es costumbre que se instruyan, muchas ni siquiera saben leer, y aun propiciando la educación femenina como ha ocurrido desde el reinado de mi padre, sus madres no las expondrán en los monasterios escolásticos por temor a que cedan a las insidiosas palabras de algún truhán, conoces de antemano los severos castigos que reciben las mujeres cuya virtud no se preserva hasta el matrimonio e incluso las instrucciones y doctrinas de algunas familias con respecto a la voz femenina... yo no puedo cambiar el mundo con una Ley o Edicto, pero sí tu vida Arika...- Sonrió con un dejo de amargura. -Eso es lo que te ofrezco, la libertad que de haber nacido varón tendrías, aunque... sabes bien que incluso los hombres están obligados, tu padre te buscaría una persona con la cual resultara conveniente... aún sobre la pena de aquella mujer a quien seguramente forzarían contigo. Lady De'Zire en cambio está feliz por la posibilidad dado que tú serías la mejor de las opciones en su haber... sé que lo que realmente ansias no puedo dártelo, pero esto es lo más próximo, y sabré que has decidido, basado en las ropas que escojas para asistir a la fiesta... serás Arika Sayers o Arik Sayers ‘El baluarte de Zafiro’, en cualquier caso, tu padre no podrá hacer nada al respecto, salvo aceptar porque así lo he decidido, incluso él es un súbdito y debe obedecer, mientras yo viva... “Y de eso no hay tanta certeza en el futuro”- Taeki dejó aquellas palabras en el tintero antes de salir de la habitación y atender otros pendientes antes de la velada.

.
.
.

El gentil toquido de la puerta atrajo la atención de la dama en la habitación, la mirada violeta se posó en la blanca madera en derredor del picaporte y una tenue sonrisa se dibujó en su fino rostro, complacida por la significancia de aquel momento, que esperaba fuera dichoso, apuró a sus leales con un ademán de su mano enguantada. Las doncellas al servicio de la princesa se apresuraron a retocar raudamente el suave brillo de la esencia de fresas con aceite de rosa en los carnosos labios de su joven ama, mientras otro par acomodaba el vestido de color Azurite cuidadosamente ceñido al talle delicado de la bella De'Zire. Así aquella hija de la tierra de Remus se puso de pie y acudió a la puerta, la joven Gallagher ostentaba la corona de su nación siendo una hermosa enredadera con incrustaciones de diamante, lo cual contrastaba con sus largos cabellos de un rubio cenizo dispuesto en una moña de cascada, tejidos trenzados que a la altura de la coronilla se deshacía en la lacia cabellera en cuyas puntas se extendían hermosos bucles de oro vivo.

-Mi lady...- Se escuchó la voz de Sayers al otro lado.

Gallagher abrió la puerta, encontróse con un atractivo ‘muchacho’ de ojos celestes y castaña melena, tan larga como la suya, pero sencillamente atada por una cinta blanca a la altura del fajín de su pantalón negro. Había elegido atuendos a juego por solicitud del Rey, pero ello carecía de importancia ante el hecho de que una tácita respuesta se le daba con su sola presencia en aquel traje de gala color azul marino. -Arik... a....- Sería un tanto difícil acostumbrarse al cambio, pero debía. -Ha pasado un largo tiempo y me pareces, tan diferente-

-Puedes continuar llamándome como siempre...- La castaña se abochornó un poco, casi había olvidado el carácter juguetón de la joven rubia o lo peculiarmente hermosa que era. -Me parece que me debes un par de explicaciones alteza...-

-Hormiguita no es apropiado ahora... algunos lo juzgarán grosero en cuanto se sepa del compromiso- De'Zire tomó el brazo de su acompañante y caminó fuera de la habitación, despidiéndose con una mirada de sus leales sirvientes, las que no dejaban de observar al joven prospecto de futuro prometido de su querida princesa. Aprobando el atractivo con bastantes puntos a favor de Arika, alguna suspiraba de contento, cuando para ninguna de ellas era un secreto la verdadera piel bajo aquellas ropas varoniles que sin embargo sentaban de maravilla al ‘hijo’ menor de la casa Sayers.

-Entonces inventa uno, con el que te sientas más cómoda...- Musitó sin dejar de tomar la dirección del gran salón. -Pero... a eso me refiero, De'Zire... ¿Qué has acordado realmente con el Rey?-

-¿Cielo? No podría imaginar otra cosa con tus lindos ojos...- Sonrió ladinamente y un tierno sonrojo nació en la faz de Arika. -Llegada cierta edad la familia real de Remus debe contraer nupcias y sabes mejor que nadie cuánto odio la idea de complacer a mi madre, no sé con qué viejo aburrido hubiese visto oportuno atarme- Expuso con toda sinceridad y una genuina sonrisa se formó en su rostro, ya sabía la castaña cuántas lamentaciones vociferaba la reina en el nombre de Lady De'Zire cuando eran unas niñas, o cuantos más años pasaban... sin embargo había dejado de remitir cartas a la joven en cuanto se marchó del palacio de Windbloom esperando escapar del infierno en el que ese lugar se le había convertido, era una suerte que no estuviera molesta por su descuido y abandono. -Tal parece que una carta solicitando algún buen candidato llegó a las manos de Taeki, el cual no dudó mucho en proponerte a ti, claro... adornando un poco las cosas, como el que seas una hermosa mujer bajo esas ropas de príncipe encantador, madre no te reconocería ni aunque su vida dependiera de ello y es que con verte, me haces dudar de mis instintos- La rubia de violácea mirada rió cubriendo elegantemente su risa, las dos sabían que los hombres nunca fueron una opción en su vida y fue absolutamente refrescante encontrar en Sayers otra persona con la misma clase de sentimientos. De lo que sí comenzaba a lamentarse la hija de la Reina Sara Gallagher, es que había dejado pasar demasiado tiempo sin ver a Arika otra vez y cuando la comunicación cesó, no imaginó en cuantos problemas habría de meterse su castaña amiga, aún se sentía preocupada por los rumores acerca de extrañas heridas que casi le habían costado la vida un par de ocasiones, pero a la par esperaba que ese encuentro les diera la oportunidad de charlar sobre los pendientes de ese año.

El sonrojo de Arika tomó tintes tan rojos como los labios de la bella Gallagher. -¿Por qué querrías desposar a una persona como yo? Ni siquiera pertenezco a la realeza... tampoco puedo aportar herederos a nuestro enlace ¿No es eso inconveniente?- Y lo que en primer lugar la había puesto en tan desastrosa situación, de haber podido ofrecer hijos a la corona, Mashiro sería suya y no de Ren, pero se había jurado no volver sobre el tema, así que acalló sus pensamientos.

-¿Cómo no aceptar? Te conozco con sinceridad, sé que puedo confiar en ti desde aquel día en la casa de campo, guardaste cada secreto que te dije aun si fueran tonterías o verdades peligrosas en los oídos equivocados...- De'Zire sujetó la mano de Arika con profundidad y cariño. -Además, tengo un par de tíos y primos con suficientes hijos para suplir el linaje real durante al menos, 10 generaciones- Se rió de buena gana. -Y eres hermana del futuro Rey-Consorte de Windbloom, ya eres de la realeza-

-Sabes de qué hablo...- Aceptó con un dejo de timidez.

-Sé lo de Mashiro, no pretendo que la olvides o que mágicamente me ames, incluso yo tendré que comenzar a verte de otra forma y no lo haces parecer tan difícil...- La alegre sonrisa de la princesa de Remus se apagó ante un breve pensamiento, igual que detuvo su paso. -A menos que... tal vez, no estés interesada ¿Es eso?-

-Yo en realidad me preguntaba, si tu estarías interesada en alguien con el corazón roto y hecho jirones... porque, siento tanto dolor que apenas puedo sonreír ¿Quién querría a alguien así?- Celestino cielo y el violeta de la flor, iris se encontraron para transmitir sinceramente aquellas emociones. -...Sé que tengo que seguir adelante y olvidarme de ella, pero no me resulta fácil-

-Yo... las heridas sanan aunque pienses o sientas ahora que eso es imposible- La mirada violeta se posó gentilmente sobre la faz melancólica de Arik, como se supone debía llamarle. -Yo no olvido, que estuviste ahí, durante aquella ocasión en la que yo sufría por alguien que no valía la pena... deja que yo esté aquí esta vez y claro... deja que me vengue un poco de Mashiro por hacerte llorar- De'Zire soltó las manos de Arika y se apresuró un poco antes de que pudiera reaccionar, de no ser por aquellos zapatos tan inadecuados para correr hubiera puesto pies en polvorosa sin tanta elegancia.

-Vengarte...- Arika se quedó pensando un poco, ¿Cómo es que alguien? Podría vengarse de una princesa casada, con la presencia de un chaperón allí a donde quiera que fuese. -No será nada físico... De'Zire, ella está embarazada-

-Apresúrate...- La princesa rubia ya estaba frente a la puerta y sería muy poco adecuado que su acompañante y prometido no estuviese a su lado en la entrada a la sala principal. Sayers casi corrió para salvar aquella distancia convenientemente ganada por la princesa de Remus. -¿Acaso no conoces a las mujeres? Puedo divertirme mucho sin siquiera tocar uno solo de sus cabellos, no sería tan vil... nada físico-

-Gracias, pero no te excedas.... ya que dudo hacerte cambiar de parecer, sobre tu venganza ¿Verdad?-

-Ella fue la que eligió casarse con la persona equivocada, no yo... mis acciones están dirigidas a ti y a mí- La remusiana acarició la mejilla de su ahora prometida con gentileza.

-No puedo culparla, en aquel momento Ren y yo éramos sus amigos, dudo que supiera de mis sentimientos o de los suyos propios en primer lugar, pero ahora ya no importa- Arika quiso bajar la mirada, pero Zire se mantuvo firme sosteniendo su barbilla mientras las puertas de la sala se abrían dejando a la vista de todos la “comprometedora” escena, la princesa de Remus no se detuvo, acomodó suavemente el corbatín de Arika y tomó su brazo, obligándole a reaccionar para entrar. -Yo quiero que seas feliz, pero ansío que esa felicidad sea conmigo... el pasado no puede resolverse, pero hoy... solo vivamos el presente- La castaña hija de Rento Sayers, tuvo que concentrar a todas sus neuronas en la labor de no tropezar, ya que toda la sangre de su cuerpo se había alojado en sus mejillas.


la sensación de ...? Ahí la frase está incompleta aunque sea el preámbulo del comentario de la abuela
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14 comentarios:

  1. Muy bueno creo que perseguire esta historia hasta la eternidad si es necesario.... mil gracias sam .colombia

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    1. Sam... sam... me suena... ah memoria de viejito tengo. Bucaramanga?

      Confirmación plis

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    2. Tu nombre me suena...buscame en face sam sam cabello corto camisa blanca

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  2. Como siempre magnifico la historia. Vote por la opcion 1. Pero en este punto me abstengo todavia a ratificar. Espero leer el proximo para definir con que opcion me quedaria.
    Agradecimiento infinito y mas alla por la entrega inmediata espero que los dioses se apiaden para que subas pronto jijijiji ��

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    1. Jajaja los dioses no, mi jefe y me den mis vacaciones algun día jajajajaja.

      cof cof, err una bromita inocente, me alegra que te guste, esperando entonces que eliges para el conteo, un abrazo.

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  3. Muchas gracias por este nuevo capitulo. Me han encantado mucho a pesar de lo triste que ha sido. Ahora con respecto al futuro de la pareja en discusión después de los acontecimientos relatados se me hace muy difícil ver a arika con mashiro juntas. Creo que ya es imposible dado que para ello debería morir Ren lo cual seria un poco injusto, además es mashiro con cada una de sus decisiones quien ha elegido y su vida será lejos de arika. De las otras opciones que me quedan jamás estaría de acuerdo con la muerte de arika seria demasiado cruel después de lo que ha ocurrido. El nuevo personaje solo lo veo como una amiga o compañera para arika pero no veo amor y seria mas una unión forzada por el rey y su padre, solo dejándole dos opciones a elegir. Arika es un gran personaje y siempre ha demostrado libertad y rebeldía por lo que me queda escoger que huya y elija ella lejos que vida quiere vivir, quizás al cumplir su mayoría de edad pueda regresar ya siendo dueña de su vida y no su padre.

    Ya dando mi opinión, debo decir que a pesar de todo concuerdo con un comentario dejado en el capitulo anterior. Creo que lo mejor es que seas tu quien elija que camino Arika deba seguir como creadora de la historia, porque es imposible complacernos y algunas estarán de acuerdo con algo y otras no. Agradezco que nos dejes participar con el desarrollo de esta pareja, pero voy a esperar que seas tu quien nos sorprendas con el final que elijas, sea cual sea.

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  4. Que rápido! No se si tal vez se adelante una actu en mi cumple cof cof jeje a mitad de agosto :) si se puede claro :D \o/
    Ahora vamos parte por parte sip?
    La reacción de Reito cuando lo felicitan seguro fue una cara póker de ¿Wtf? me dio risa, vaya comentarios de todos eh, sobre la "infidelidad" de Shizuru sobre la concepción de los bebés, más bien que Mai sale en defensa de ella. Me parece que Reito y Mai ya no seguirán con el compromiso pues una relacion es de 2 obviamente, por mí que Mai se quede vistiendo santos hasta el final de sus dias (o sea esperando a mikoto jiji), la parte del abuelo me dio tristeza imaginarmelo queriendo suplicar por Erstin y su compromiso, ay mi Nina la culpa le corroe en todo, la culpabilidad ese sentimiento que no da paz al corazón, esta pareja va a sufrir hasta que esten de nuevo juntas no es asi? o hasta que Natsuki le haga entender que no fue su culpa (cosa que a veces necesitamos escuchar). Ahora puedo decir queee que al fin! al fin! Shiz sabe sobre su embarazo, bueno doble embarazo pues que le vamos hacer es que Nat es una semental? jaja No no asi no, mejor dicho (pulgar arriba) que bien Nat tu si que apuntas fijo ;)
    Me quedé con cara de póker (igual que Reito e igual que Arika supongo) del embarazo de Mashiro O.O no me lo esperaba en serio! ash se me hace difícil querer la opción 1, pero no es culpa del bebé bla bla y bla lo sé, Arika siempre tendrá presente que ese hijo es de su hermano "si ocurre el caso" que lo hagas desaparecer y Arika se haga cargo? mmmm mmm y mmm me sigo quedando con la opción 1.
    Me surgió una duda y donde está? la pelo disparejos si esa la Tomoe jeje.
    Quiero saber de Naaat ella está herida, quiero que juegues con Nao ese amor—odio que tiene con ella que sufra la condenada por ver lo que perdió con Natsuki jum!
    Gracias Cristalsift es un placer leerte

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    1. Ehhhh una pequeñisima aclaración. Esto esta puesto al comienzo en el cap 42 pequeña partesita de los que has escrito querida Cristasilf y no me he dado cuenta y dice:
      ........ "cerraré las urnas algo así como en el capítulo 45 o 46, claramente sabremos qué votación ganó al leer el final de la historia".
      Mi incertidumbre el final, final final? O.O de la historia? O.O o el final solo del destino de la pareja? (Lloro T.T si ese serian los cap proximos para finalizar tan tremenda trama de Danza entre lobos) me muerdo las uñas si es asi.
      Y otra aclaracion más jejeje ya que tenias
      el cap 44 al 70 %
      y el cap 43 estaba al 20%
      digo yo no que en unos dias aqui no taaan larguitos cof cof subiras el cap. 44 no? debe de estar terminado jeje
      Cuidate cristalsif y otra vez decirte que es un placer leerte

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  5. Gracias por otro capitulo Cris... voto por la opción 1.

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  6. Yo quiero k nina se quede con su herrería ella no tiene la culpa de lo k sus hermanos se isieron y que natsuki y su esposa estén juntas y sus bebes

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  7. Hola!
    Mmm pero Mashiro no se sentirá ¿"más" mal ahora con el embarazo?, ¿Con la opción 2? Que le vengan los celos y toda la vaina. Me gusta la idea de arika con otra persona pero noce no veo que se enamore de ella. Tengo muchas preguntas
    1.¿Porque todo es tan jodido Bueno aqui (la historia)?
    2. ¿Que haré si actualizas pronto? ¿Salto, corro, grito, pongo tu nombre escrito en algún puente? Jaja exagere no
    3.¿Mai se convertira en sacerdortisa?veo la opcion mas factible, creo
    4.¿Como está natsuki?
    5.¿Nina como puedes dejar a Erstin?
    6.¿Erstin porque eres terriblemente linda (hasta de enojada)?
    Att Luci

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  8. El amor que siente Arika por Mashiro jamás lo va a superar, no importa quién llegue, el amor de su vida es Mashiro, así como Arika es el de Mashiro, a veces juzgamos muy duramente a Mashiro pero el peso sobre sus hombros es demasiado. Sigo optando y siempre optaré por la opción 1, el amor verdadero SIEMPRE debe triunfar; eso sí, no me gustaría que fuera fácil para Mashiro, ojalá muriera de celos y en serio se arrepintiera de todo lo que ha hecho. Me despido con una frase que me llega mucho y me recuerda a mi ex, que creo que iría en esta historia...
    "No es lo que siento por ti, es lo que no siento por nadie más" -Jaime Sabines

    Gracias Cris por esta historia tan INCREÍBLE y hermosa.

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