8
La bese sin pensarlo, junte mis
labios con los suyos, ella al sentirme entre abrió la boca para corresponder,
esa señal me dio luz verde para continuar, comencé a juguetear con sus labio,
dando pequeños y suaves mordiscos con los labios, moviendo la cabeza para
acomodarnos, buscando nuestras lenguas, explorando nuestras bocas como si no
quedara nada más, nos olvidamos del mundo, de todo; en aquel momento no había
lugar en mi mente para nadie más que ella, no podía pensar en mi madre, lo
sociedad e incluso en Mariana, nada de eso parecía importar solo ella.
Comenzamos a abrasarnos, nuestros
cuerpos estaban lo más cerca que podíamos, las caricias se hicieron presentes,
puse mis manos sobre su cintura y me fui abriendo paso hacia sus prominentes
caderas, ella había comenzado con las manos acariciando mi cara, pero poco a
poco fue avanzando hasta que con su mano derecha acariciaba mis pechos, no
podíamos soltarnos era como si estuviéramos unidas, comenzamos a avanzar hacia la
cama, cuando logramos llegar ella se abalanzó sobre mi derribándome sobre el
colchón.
Sentía su cuerpo, comencé a
quitarle la bata lentamente mientras besaba su cuello, ella abrió la mía y
comenzó a quitarla, me di la vuelta y ella quedo bajo mi cuerpo, me detuve uno
segundos, la mire a los ojos, esperando a que ella entrara en razón y me
detuviera, pero lo que hiso fue besarme como yo lo había hecho en un principio,
deslicé mi mano por su cuerpo, en una larga y suave caricia, bese su cuello y
fui bajando hasta llegar a los pechos, bese suavemente sus pezones endurecidos,
y fui bajando a un más hasta llegar a su ombligo, me regrese a disfrutar un
poco más de su vientre mientras con las manos acariciaba sus largas piernas, no
sé la razón que me llevo a meter la mano por entre sus piernas, donde la
acaricie con mucho cuidado para no lastimarla, Judith comenzó a gemir
levemente, con una expresión de satisfacción en su cara.
-No te detengas- susurro
vagamente entre sus gemidos
Después baje un poco más hasta llegar
a aquel rincón que antes habían explorado mis manos, y mis labios continuaron
con la misión de conocer por completo a Judith…
Ella comenzó a respirar más a
prisa, sus gemidos eran más fuertes y su cuerpo se tensaba, yo la recorrí toda,
explore por completo su vagina, el montee de venus, su clítoris duro, su
orificio vaginal, sus labios, no hubo sitio en donde yo no estuviera.
Después de hacerla sentir volví a
su cara, estaba sonrojada, sus pupilas dilatadas, y su pecho subía y bajaba
mostrando que su respiración se normalizaba.
Me beso, suave pero apasionada,
giro su cuerpo y se posó sobre mí, comenzó a tocarme igual como yo lo había
hecho con ella, comenzó a acariciar mis pezones, para después besarlos, su mano
se deslizo muy suave hasta mi vagina y empezó a tocarme, suave como seda, con
cuidado, sin arrebatos bruscos, me beso
en la boca mientras continuaba tocándome, bajo sus labios a mi cuello, como si de un vampiro se tratase comenzó a
succionarme, sentía que llevaba parte de mi alma, fue bajando suavemente, con
curiosidad por conocer mi cuerpo, sentía como sus pezones me recorrían como si
de espías se tratase, acariciando; yo sentía que con cada caricia me acercaba
más al cielo. Bajo hasta aquel lugar prohibido, beso todo lo que le fue
posible, probo todo lo que pudo, y yo, gemía como ella lo había hecho
anteriormente, ahora la que le pedía que no parara era yo, paso sus dedos
suavemente por dentro de mí, con mucho cuidado
y delicadeza propia de una flor para no lastimarme, en ese momento
estaba entregada a ella, en cuerpo y alma.
Y pensar que yo solo iba con la
intención de encontrar indicios, no me esperaba conocer el paraíso esa noche.
Al terminar estábamos las dos
acostadas en su cama, de lado, mirándonos de frente, calladas, aun en el
momento, acaricio mi mejilla suavemente
con su mano, sonreí disfrutando.
-Fue mágico- susurro sonriendo.
-Sin duda- conteste mientras ella
seguía acariciando mi mejilla.
Se acercó a mí y me abrazo
fuertemente.
-No quiero perderte- susurro a mi
oído llorando.
-Nunca me perderás- conteste
mientras la abrazaba, busque su boca y la bese- no te pienso dejar.
Al oír mis palabras pareció
tranquilizarse me abraso y nos dormimos, juntas, abrasadas, aferradas la una a
la otra, sin pensar en lo que ocurriera al día siguiente…
Eran las 7:00 a.m., desperté y
abrí los ojos muy lentamente, y allí estaba ella abrazándome, no era un sueño,
era real, la vi y sonreí, creo que debí de haberme movido o algo por que en ese
instante ella despertó.
-Buenos días- dijo mientras se
estiraba un poco.
-Buenos días- respondí,
frotándome la cara con las manos.
-¿Descansaste bien?- preguntó
mientras se ponía boca arriba.
-Sí, perfectamente, ¿y tú?
Giro la cara hacia mí- Como
nunca.- Contesto con una enorme sonrisa.
La mire y no pude evitar sonreír,
ella se subió arriba de mí y me beso, igual que anoche. Yo le correspondí y nos
dejamos llevar, mire al reloj por error y note que ya eran las 7:15a.m.,
-Llegaremos tarde, le dije entre beso y beso.
-Cierto, tenemos que irnos.
Nos levantamos, nos vestimos y
emprendimos el camino hacia la escuela. Llegamos obviamente tarde, nos
regañaron y nos pusieron un retardo, cosa que ni siquiera nos interesó.
Toda la clase estuve distraída,
no me podía concentrar, por más que lo intentaba, Judith me mandaba miradas
picaras e insinuaciones algo discretas que solo yo comprendía.
Estuvimos juntas todo lo que duro
la escuela, normales, como si nada hubiese pasado, parecíamos dos simples
amigas, nadie podía imaginar que anoche habíamos sido mucho más que amigas.
Íbamos por el camino que siempre
tomábamos para irnos a casa, fue entonces cuando ella se animó a abordar el
tema.
-Abril, anoche…
-Sí, anoche…
-Dijiste que no te perdería- dijo
con miedo, su mirada estaba clavada al suelo, como si sintiera pena.
Me detuve, y ella también seso su
paso, la tome de la mano, la jale hacia atrás de un enorme árbol que se
encontraba en el camino, me acerqué más a ella y conteste.- Y no me perderás,
al menos que tú ya no quieras verme.- la tome de la cintura y la bese.
-Quiero verte, diario y a todas
horas- me volvió a besar hasta que escuchamos ruidos que indicaban que alguien
se acercaba y nos apartamos lo más rápido que pudimos.
Las personas que se acercaban
eran dos viejitas que llevaban su mandado, no nos prestaron atención, estaba
concentrada en su plática, además para ellas solo se trataba de dos chicas más,
como las otras, estoy segura que si no nos hubiéramos separado si nos hubiesen
notado.
-¿Vamos a otro lugar?- pregunto
Judith, vigilando que las señoras siguieran su camino.
-Claro, a donde tú quieras yo
voy.
Sonreímos y salimos corriendo de
allí, nos fuimos corrimos hasta aquel sitio que Judith me había mostrado antes,
supongo que íbamos demasiado rápido puesto que el lugar quedaba muy lejos y
llegamos en un abrir y cerrar de ojos.
-Aquí estaremos más tranquilas-
suspiro y me vio a los ojos como buscando algo.
-¿Pasa algo?- pregunte intrigada
por su estado.
-Siempre quise esto.
-¿A qué te refieres?- no
comprendía a que se refería.
-A estar contigo.
Me acerque y la bese nuevamente,
ya no me causaba ningún temor hacerlo.
-Espera, ¿tú ya sentías algo por
mí?- seria acaso que ella pasaba por lo mismo que yo.
-Sí, desde que te vi por primera
vez, no sé, sentí algo diferente en ti, solo que no sabía que era.
-Los días que estuviste un poco
distante, recuerdas- suspire- me comentaste que había alguien que te
interesaba, ¿era yo?
-Sí, eras tú, en ese momento
pensé que tal vez si me alejaba de ti un poco, dejaría de quererte.
-Pues me preocupaste- dije un
poco molesta.
-¿Por?
-Pensé que estabas enojada, pero
después de que me dijiste que estabas así por alguien…
-Te alegró- interrumpió mi
explicación.
-No, me rompió el corazón, al
pensar que estabas enamorada de alguien más y que de la amiga no pasaría.
-Pues…-hiso una larga pausa para acariciar
mi cabello- ya somos algo más…
Nos besamos nuevamente, y nos
sentamos a contemplar la vista, juntas y abrasadas, sin que nadie nos viera.
-Abril, se puede decir que
somos…-titubeó un momento, no se atrevía a decir la palabra, o tal vez no sabía
cómo expresarla.
-Novias, esa es la palabra que
buscas.
-Sí, lo es; novias, ¿se lo
diremos a nuestros padres?
Su pregunta me extraño, yo no
podía decidir por ella, si ella quería o no decirlo era cosa de ella y yo no
podía meterme en su decisión.
-Si tú quieres- conteste seria-
es tu decisión compartirlo con quien tu gustes.
-¿Cómo crees que lo tomen?- su
cara reflejaba que eso le preocupaba.
-Bueno, no se la reacción que
tengan tus padres, pero podría decirte la que tuvieron los míos.
Dio un salto pequeño de la
impresión- ¿Tú ya les dijiste?- pregunto exaltada.
-Sí, ya les dije.
-¿Cuándo?
-Hace como un año.
Su cuerpo pareció relajarse, no
sé qué es lo que ella pensó que les había contado.
-¿Y reaccionaron bien?
-Bueno, de primero mi madre se
enojó, me dijo que preferiría que fuera puta, que me iría al infierno, me
golpeo y bueno pues hiso todo un drama bollero.
-Lo siento, ¿y tu padre?
-Bueno, él me dijo que él sería
feliz con la ¡persona! que me hiciera
feliz.
-Ojala que todos los padres
pensaran eso- pensó en voz alto- es por eso que no te llevas bien con tu madre.
-Sí, ella trata de cambiarme, de
“curarme” según ella.
Nos quedamos en silencio, se veía
que ella estaba pensando mucho, estoy segura que pensaba en si tenía que
decírselo a sus padres, tal vez se sentía obligada por que los míos si sabían
mis preferencias sexuales, y pensara que ella también tenía que decirlo, para
estar a mano.
-Judith.
-Sí.
-No te presiones por eso, tú eres
libre de decidir si quieres decirles o no, es tu sexualidad y solo te incumbe a ti.
-De acuerdo.
Nos levantamos y nos marchamos a
nuestras casas, cuando llego la hora de que cada quien siguiera su camino nos
despedimos con un abrazo, no uno como los de antes, sino con uno que era más
que un abrazo, se trataba de dos corazones que se unían por unos segundos.
Al llegar a casa mi madre estaba
allí, sentada en la sala esperándome.
-¿Dónde estabas?- pregunto muy
enojada, tal parecía que no le había agradado que me quedara en casa de Judith.
-En la escuela- conteste muy despreocupada.
-¿Por qué no estabas anoche?
-Me quede en casa de una amiga,
le pedí permiso a mi padre.- Esperaba que eso fuera suficiente y que no
sospechara nada, rogaba que eso fuera suficiente para ella.
-¡No me vallas a salir con otro
de tus chistecitos!- gritó muy exaltada.
-¿A qué te refieres con eso?- conteste con
toda la tranquilidad que me fue posible, estaba muy contenta con lo de Judith
como para querer arruinarlo peleando con mi madre.
-Mira Abril, si vuelves con tus
pendejadas de que eres marimacha…
La palabra que utilizo mi madre
me hiso reír, “marimacha”, trate de contener la risa pero no pude, eso mostraba
claramente su ignorancia.-Madre, no tienes nada de qué preocuparte- la mire y
se vio claramente que se relajó un poco- solo soy lesbiana.
Su cara comenzó a ponerse de
color rojo, después azul y culmino con un ligero tono purpura.
-¡No!, cállate- levanto la mano y
cuando menos lo espere me dio un cachetada que me dejo en el suelo, sea lo que
sea mi madre poseía una fuerza descomunal, que francamente no sé cómo no es
luchadora de la WWE.
Me levante un poco mareada, y
desconcertada, mi mejilla estaba tatuada con la marca de sus dedos, sin poder
evitarlo llore, el golpe físico no dolía tanto como el emocional, estaba
enojada y triste.
-Hija no quise…- se acercó
dándose cuenta de lo que había hecho, estiro su brazo tratando de acariciar el
lugar del golpe.
Al sentir que su mano se acercaba
nuevamente a mí, con otras intenciones distintas al primer acercamiento, me
aleje por instinto.
-Abril, lo siento no quise- dijo
tratando de disculparse.
-Descuida-conteste sin emoción
alguna, estaba muy desconcertada, no entendía el por qué lo había hecho, tanto
le molestaba lo que soy. Mi falta de emociones mostraba que el daño había sido
mayor a lo que ella creía, cuando reacciono con enojo es normal, pero cuando
reaccione sin emoción aparente es peor, porque me quedo con todo dentro, en
parte mi falta de emoción se debía a que no sabía que decir, no podía decirle
lo siento, puesto que esto no es algo para disculparse, estaba en shock.
-Enójate dime algo- grito mi
madre.
-No tengo nada que decir- subí
las escaleras me fui a mi cuarto, me metí a la ducha y me quede inmóvil,
sintiendo las gotas de agua sobre mi piel, reviviendo el golpe una y otra vez.
Estaba acostumbrada a discutir
más, a ponerme al tú por tú con mi madre, pero siempre eran solo palabras, a
acepción del día en que se lo dije por primera vez, pero en esta ocasión no
sentí que fuera tan fuerte para que me golpeara, ¿será que es lo suficientemente
malo?, a lo mejor y ella tiene razón y es malo…
Estaba ida, no sabía nada de mí
en ese momento, actuaba en automático, no sabía qué hacer, era muy confuso,
nunca me había sentido así, por primera vez me sentía confundida, sí, era
difícil, pero era lo que sentía, confusión, confusión al no saber si lo que soy
es correcto o no, si es que ella tiene razón y no debe de ser así, si yo debo
de cambiar y ser como ella quiere… en ese momento sonó el teléfono, conteste y
dije –bueno.- uno voz dulce contesto, era Judith, se escuchaba feliz.
-Hola Abril, ¿cómo estás?
-Bien- conteste un poco
desconectada aun- ¿y tú?
-Bien, aunque extrañándote, oye
te quiero.
Al oír sus palabras sentí que mi
corazón latió de nuevo, la respuesta estaba clara, no sé cómo puede haber pensado
que era malo, la voz de Judith, sus palabras, me habían hecho entrar en razón,
¿confundida yo?, nunca más, era más que claro que lo que sentía no podía ser
malo.
-Yo también te extraño- conteste
mucho más alegre- y te quiero, más que a nadie.
-Me alegra oír eso, por un
segundo pensé que estabas mal.
-No, ya no.
Comenzamos a hablar de tonterías,
a reír por todo, y las horas se fueron volando, cuando nos dimos cuenta ya eran
las 9:00p.m., así que nos despedimos y colgamos.
Mi confusión momentánea se había
desvanecido y estaba más segura que antes
de que no me equivocaba.
Ahora lo que me preocupaba era
como le decía a mi madre que tenía otra novia, si con el hecho de haberle
restregado que era lesbiana la había enloquecido, si le contaba eso tal vez y
me mata, lo mejor sería que esperara un mejor momento para decírselo. Además
par la cara de Judith creo que no les dirá a sus padres, y bien la entiendo, el
salir del “closet” siempre da miedo, es muy difícil, sientes que te rechazaran
y es muy fuerte, no tienes poderes mágicos para saber cómo reaccionara la
persona, lo único que te queda es esperar, la sensación de que potaras sin
haber terminado de hablar, la constante sudoración y el enorme vacío que
sientes en el estómago, y si potas antes de decirlo el vacío es mayor.
Lo importante aquí es que ella
siente lo mismo que yo, y que estaremos juntas, no sé si por siempre pero por
lo menos por ahora, ella es el amor de mi ahorita.
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Hermoso!.
ResponderEliminarUyyyy esta emocinante espero el proximo capitulo ^^
ResponderEliminarMagnifico.
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