Capítulo 14
La Boda I
*Aleth Zyden*
Hoy es el día, no sé muy bien que sea de mí al llegar la noche. Pero aquí estoy frente a un espejo arreglándome para la ocasión lo cual me sienta un poco masoquista, intento ser más fuerte de lo que soy realmente, pero al menos esta vez no estoy sola en esto, Giselle está conmigo y eso me da paz hasta cierto punto, se que evitara que yo haga una locura.
Me observo a mi misma de nuevo y me siento diferente, tanto o más que en cualquier otro momento de mi vida, es como si no fuera yo misma, totalmente de blanco por motivo del color exigido para la ocasión, aunque mi alma se tiña de rojo cuando las campañas y el sacerdote dicten que ella es suya y no mía como soñé unas mil veces. Ahogo en mi garganta un sollozo, me prometí no volver a llorar por ella, pero qué difícil es. Últimamente hago promesas casi imposibles de cumplir. Todavía añoro sus labios, sus caricias y muero por dentro al imaginarla en brazos de otro, circunstancia inevitable al llegar esta noche.
Todavía palpitan en mi pecho esos te amo, que hoy juzgo falsos pero que mi corazón se niega a creer una mentira, porque me cuestiono en el recuerdo de sus dulces miradas en aquel entonces, incluso aquella loca tarde en su despacho un dejo de mí gritaba que aquella forma de mirarme estaba más que solo teñida de la lujuria que nos embargara hasta el climas de nuestro desenfreno. Y aquí estoy preguntándome ¿Por qué te casas con él? ¿Por qué no me elegiste? ¿Acaso hay algo malo en mí? Tantas preguntas sin respuesta. Tu cuerpo y tus ojos me dicen que me amas pero tus acciones lo niegan todo.
-Para de romperte la cabeza... que conozco esa mirada tuya- Interrumpe con voz suave Giselle a mi lado.
-Odio que me conozcas tan bien-
-Oye... Aleth... si quieres nos saltamos la boda y nos vamos a algún lugar de copas, entradas en gastos y contigo tan guapa podríamos...-
-¿Que te dije sobre ese nombre?- La corte en medio del discurso.
-Que lo elimine de mi lista, que te llamas Krysta... pero es la fuerza de la costumbre- Dijo un poco apenada.
-Vale habiendo quedado claro, te diré que no planeo desistir del evento. Necesito que la última esperanza en mi alma muera al verla decir si en el altar, después si gustas iré contigo al fin del mundo-
Se quedo observándome con una extraña convicción, con un brillo en la mirada. -Yo estaré contigo, pero si añadiré que... que estás muy guapa... y si me permites la sinceridad, habrá más de una interesada en ti en esa fiesta- Me sonrió gentilmente.
Supe que intentaba apoyarme, incluso animarme de cualquier modo pero nada podría levantar mi espíritu aquella tarde. Esta la mañana permanecimos acostadas en la alcoba casi hasta el medio día. Hablamos largo y tendido aquella noche, expusimos nuestros pensamientos, nuestros sentimientos... nunca antes había tenido una amistad como esta, o pienso que hasta conocerla no tuve una amiga nunca.
Me observe a mi misma en el espejo, con un poco de maquillaje, somero para la ocasión, aunque me negué rotundamente a llevar vestido en un dejo de rebeldía, y ahora ostento un pantalón ajustado, unas botas de amarres que llegan hasta mis rodillas, una camisa diseñada a mi talle, apenas un corbatín negro en contraste con el resto, el cabello arreglado con algo de cera, un pendiente de gota invertida de tono translucido en la oreja izquierda, hecho de cristalino, finas facciones y por primera vez juzgo la belleza etérea del aquel reflejo, pero la mirada vacía me recuerda que la persona en el espejo soy yo.
Me doy la vuelta para ver a Giselle, quien si usa un vestido de gala propio del evento, sus cabellos rojos caen por sus hombros donde unas delicadas tirillas mantienen sobre su cuerpo la fina seda, un maquillaje sobrio y esta simplemente perfecta. -Estas... hermosa... tendrás un sin fin de pretendientes en la velada-
-Bueno... sabes que no aplica... a mí lo que me van son las tías-
-Bien corrijo... muchas chicas quedaran impactadas ante ti-
-Mucho mejor...- Sonríe mucho y muy naturalmente desde que le dije que su sonrisa le da sosiego a mi alma, creo que se lo tomo muy a pecho.
-Es hora de irnos- Tome mi chaqueta de cuero blanco y mis guates de la motocicleta, yuna2 será mi acompañante en este martirio.
-Aun no sé por qué prefieres una motocicleta y el frío de la tarde a riesgo de que la lluvia te arruine el look-
-No llueve...-
-Lo sé, pero tenía que argüir lo que tuviera a la mano para intentar que me acompañases en la limusina... al menos lo intente- Hizo una ademán de desgana con sus hombros y yo sonreí.
-No seas quejica, que seré tu escolta durante todo el trayecto- Añadí ampliando mi sonrisa.
-Vale no tengo ningún argumento contra eso- Camino a mi lado de forma coqueta haciéndome cuestionar porque con mujeres tan atractivas a mi alrededor, sigo sufriendo por la misma mujer.
-0-0-0-
Con el viento rozando la tela de mis ropas y la limusina de Giselle frente a mí en un semáforo en rojo, me sigo preguntando a mi misma porque no simplemente me doy la media vuelta y me largo a algún lugar donde no sepa nada de Asura, ni de este día. Con indignación me recuerdo a mi misma que me prometí verla una última vez antes de marcharme de esta ciudad con Giselle a Londres, me ofreció su casa, y la oportunidad de una nueva vida, pero aun me pregunto ¿Que es la vida sin ella?
Me trae a la realidad el silbato del auto tras de mí exigiendo que comience la marcha pues se ha puesto en verde el semáforo. Yo acelero rápidamente, al notar que he perdido de vista el vehículo de Giselle. Para mi descontento, noto dos cuadras más adelante que hay demasiadas limusinas y que ya es imposible encontrar la suya, decido tomar un desvió calles más adelante, una ruta menos transitada por ser desconocida, en las cercanías del parque central.
Me detengo después de unos minutos de transitarla, al ver que no faltan más de unas cuadras para llegar a la iglesia, al finalizar aquella arboleda pequeña. Siento que todo el valor y la entereza con la que desperté esta mañana se esfuma segundo a segundo, mientras un nudo sube desde mi estomago hasta mi garganta, siento nauseas de como mi vida se irá por el retrete este día. Miro al cielo buscando algo de consuelo en la que imagino será la figura etérea y celestina de mi madre, pero apenas hay nubes de la tarde. Así pasa cerca de media hora, quizás mi amiga debe estar pensando que deserte a la idea de la boda, cosa que sería lo más sensato en este momento, pero algo en mi interior grita que si me voy esta esperanza nunca morirá y con ello mantendré viva la herida eternamente.
Mientras mis suspiros llenan el pequeño espacio bajo los árboles de aquella calle, observo el paso lento de una limusina negra adornada con moños y flores de diversos tonos claros, pero aquellas rosas delatan a mi pesar la significación única que ellas tienen. Un rosa, es aquello que obsequias a una persona según su significado, blancas de respeto, amarillas de amistad, azules o negras, son propias de funerales o símbolo del amor marchito y finalmente rojas... en señal de amor. Cierro los ojos para ahogar el escozor del que devienen las lágrimas contenidas en el poso de mi alma y en mi mente retornan las imágenes de aquella rosa que posara en las manos de Asura una tarde, pensé en aquel entonces que un ramo sería exagerado y demasiado evidente dado lo secreta de nuestra relación, sin embargo nunca la vi tan feliz como aquel día. “Aunque me hubieran regalado todas las rosas del mundo, esta es mucho más importante que cualquier otra... porque me la has regalado tú, así que será por siempre mi tesoro...”
-Si esa frase era mentira quiero que me lo digas aquí y ahora- Le dije a la nada, sabiendo que aquel auto se llevaba consigo al amor de mi vida y lo entregaría en manos de otro.
Me puse el casco y encendí a Yuna2, acelere con fiereza hasta hacer que la llanta delantera se separase del suelo en un pique ruidoso, cuando la llanta volvió a tocar el suelo, ya estaba tras la limusina, sabiendo que no se detendría ni aunque implorase acelere para ponerme delante y a una prudente distancia frene ocasionando que la limusina se detuviera abruptamente, a pocos centímetros de mí.
Me baje de la motocicleta y me puse de pie frente al auto, asegurándome de que no reiniciara la marcha. -¡Asura! Sal de ahí y dame la cara- Grite para que no pueda decir jamás que no me escucho clamarla.
Ante el prolongado silencio, y la inoportuna intervención del conductor bastante enojado. -Ten el valor de mirarme a los ojos... de decirme que no me quieres... ten el valor de decirme que tantos te amo fueron falsos y te abriré el paso para que te vayas, pero si no era mentira...- El conductor intento calmarme a la fuerza, yo tome su mano, doble su muñeca y lo doblegue hasta hacerlo implorar que le soltara, solo entonces lo hice, camine a un lado de la limusina.
-Si no era mentira todo lo que vivimos, sal de ahí y quédate conmigo- Dije ya con la voz casi rota. Un largo silencio me taladro por dentro con las miles dudas que acusaron a mi mente.
El sonido de unos aplausos tras el vidrio polarizado me desconcertó por completo. El vidrio descendió y vi con enojo que la figura tras el vidrio no era otra que Freiya, quien para mi desencanto se hallaba sin Asura en el auto. Vi unos ojos verdes perturbadores y unos mechones rubios en otro pasajero, pero no preste demasiada atención.
-Bravo 'Señorita'...- De nuevo aquellos aplausos cínicos, acompañados de su desdeñosa mirada. -Eso se habría escuchado fenomenal tan solo si no te hubieras equivocado de auto... te admito valor o locura, porque Winston pudo atropellarte por accidente. Pero niña, comprende que si Asura se casa con tu padre es porque no se ha conformado con una mocosa como tú-
-Ni tampoco con una facilona como tú, así que estamos a mano- Respondí a su ardid. Su mueca sonriente cambio a una de disgusto instantáneamente.
-Winston... en marcha, no podemos perder el tiempo en estupideces- El vidrio bajo y supe que di en el clavo, el tal Winston ya estaba en el auto, retrocedió y evadió mi motocicleta, retomando su camino a la iglesia.
Yo me quede allí, observando cómo se alejaba. Sentí que las fuerzas me abandonaban otra vez, volví a mi motocicleta, me puse el casco y me dirigí a la iglesia. Debía completarlo, verla... verla decir si, o esta esperanza viva me taladraría por siempre... -necesito que me digas a quien escoges Asura Tredyan, o no tendré paz mientras viva-
*Freiya Tsukawa*
Si hubiera sabido que la persona en aquella motocicleta era ella, le habría exigido a Winston que pasara sobre la moto. Miro en mis manos la palpable ira que me carcome cuando se trata de Zyden, como se ha atrevido a insinuar algo con sus palabras absurdas, ardo en cólera momentáneamente, sin embargo una sonrisa mordaz y cínica llena mi rostro ante la idea de que pronto todo acabara para ella, de una u otra forma.
-¿Preparado para la fiesta Winston?-
-Claro que si señorita Tsukawa... hoy Zeth Deityan me pagara el haber arruinado a mi familia- Lo vi acariciar con disfrute el arma guardada en su saco, sonreí ante la idea, esta también sería mi venganza.
-Estoy de acuerdo con usted, Deityan ha vivido impune por demasiado tiempo, es hora de hacer justicia- La voz suave y sofisticada de aquel hombre rubio de ojos verdes, rasgos europeos e impenetrable rostro me hicieron sonreír ampliamente pues cada palabra estaba teñida de un rencor inconmensurable. Los años y las difíciles circunstancias hicieron mella en él, sin embargo aquel toque de elegancia inglés no le abandonaba.
-Tú sí que tienes razones para desear verlo muerto ¿verdad?-
-No sé cuantas más abominaciones pudiera cometer Zeth… pero te aseguro de los tantos que hay soy quien más desea verle muerto-
-De una u otra forma todos compartimos el mismo fin, sobre los medios nos olvidaremos por el momento… ya vendrá esta noche una luna carmesí, sobre Zeth y su estirpe- Mencione con tono venenoso.
-¿Estirpe?- Pregunto entornando sus ojos verdes.
Momento de principiar mi plan. -Recientes investigaciones han dado a lugar que el muy gañan tiene una hija sobre la cual soporta todas sus fraudulentas transacciones, en caso de muerte… el muy bribón sabe que todo quedara heredado a ella y a su próximamente esposa Asura- Tuve que controlar mi sutil frustración ante las expresiones de los pasajeros, y sostenerme en mi silla. Winston había frenado en seco ante esta nueva información.
-¡¿De qué rayos hablas?!- Winston no parecía nada contento, vi su deseo de tomar el arma, y sin embargo no tuve miedo… él estaba aquí.
-Explíquese por favor señorita Tsukawa… dudo que no tenga una solución si sabe lo que implica esta nueva información y él habérnosla ocultado hasta este día- Una mirada de él y Winston se había sosegado o más bien se obligo a sí mismo a controlarse por temor a sus represalias.
-Así es… dadas las actuales circunstancias… mi sugerencia no es nada ortodoxa, pero encuentro pocas ideas que puedan dar una solución a este impase… por ahora Winston, continua la marcha-
-Obedece, por favor- Dijo él a modo de orden antes de que Winston pudiera chistar. -Somos todo oídos querida Freiya-
-Esperaba que usaras mi nombre querido Neithan- Sonreí mirando en los profundos posos vacíos de aquel verde único. -Para que no existan herederos, los herederos deben morir-
-Insinúas amiga mía, ¿Qué demos muerte a una inocente criatura?-
-Yo lo haría con gusto… si así recupero lo que es mío- Dijo Winston sin dilación, pero no es suficiente.
-Neith… querido… ¿llamas inocente criatura a esa mujer que esta tan podrida como su padre? y que nada de criatura tiene ya habiendo cumplido 17 años-
-En que te basas para argüir esto, para mí su edad no cambia las cosas- No mostró señales de perder la calma y sin embargo, supe por su mirada que comenzaba a impacientarse.
Le entregue un folio con documentos que le permití observar detalladamente. -Observa… las últimas negociaciones de las compañías de Zeth- Demasiado inteligente, le fue fácil atar cabos entre fotos, contratos y nombres.
-mmm- Frunció el ceño.
-La inocente criatura de la que hablas, ha estado tras los hijos e hijas de los grandes empresarios con los que ha negociado su padre, incluso tras objetivos particulares como mujeres mayores, a quien el padre no conquista seguramente la hija si puede, arte, poesía, cuerpo atlético e inteligencia, suficientes atributos o no ha sido suficiente la fotografía…- Me molestaba admitir que la mocosa siempre tuvo con que robarse a Asura.
Un sutil gruñido escapo de los labios de Neithan.
-Una vez obtiene los contratos… se deshace de ellos… los últimos, la familia Kaname… seguramente aun no pillan lo que les viene encima, según los rumores la hija de Taro Kaname había sido por sus capacidades superdotadas la mano derecha en todos los negocios, siendo una genio matemática, el contrato por así decirlo "se firmo" en una cama tras varias noches de pasión, Aleth, hija de Zeth se ocupo de seducirla, posteriormente se deshizo de ella cuando se canso del juego- Ciertamente los rumores de pasillo en la academia han sido muy útiles, el despecho de Yuki Kaname redunda en las vocecillas de las estudiantes. -Como puedes ver es una zorra bastante parecida a su padre, déjala vivir si gustas, pero no dudes que será una piedra en nuestro zapato o ¿crees que va a dejar que se lleven su herencia? Más aun cuando ha participado tan directamente en acrecentarla-
Él presiono la fotografía hasta arrugarla en sus manos fuertes, casi pude sentir excitación ante la imagen que supuso en mi mente la yerta y exánime figura de Aleth Zyden al llegar el amanecer. Lo mire con más profundidad, su rostro permaneció impávido, la gélida mirada de Neithan se deslizo sobre la fotografía de una joven pálida de cabellera negra en todo su esplendor con traje de buzo en la competencia de la academia. -Pobre criatura… te llevaremos a un mundo mejor, ya te has manchado demasiado, es una pena no haber llegado antes de que él te hiciera a imagen y semejanza suya-
-Así sea…- Afirme.
Volví a mirarlo su voz casi poética, para la promesa de una muerte anunciada me erizo la piel, un dejo de compasión y solemnidad incluidas, sonreí de nuevo, a sus 42 años, Neithan aun deja ver un brillo febril en su mirada, definitivamente fue un gran partido hace tiempo, hubiera tenido una gran vida, pero como con todos Zeth arruino su buen destino.
Socios… que ironía, alguna vez fueron socios, en la lejana
juventud de universidad, los mejores amigos casi mosqueteros, todo cambio el
día que Zeth te mostro su verdadero rostro, ¿verdad Neithan? No lo esperabas,
tú que te habías formado con él en institutos de orden militar, que le conocías
de toda una vida… o eso pensaste.
No le reconociste cuando oso posar la mirada sobre lo más
valioso para ti, falto a la amistad, falto a todas las promesas, de entre esas
muchas porque la elegiría a ella.
Su sed por el dinero era grande, solicito la mano de
aquella dama, hubieras estado contento si no le conocieras tan bien, si no
supieras de las juergas y sus malas historias con otras tantas mujeres.
Era un buen amigo, pero no el hombre indicado para la joya
preciosa de tu corazón.
Se lo reprochaste, hablaste con tu padre y le obligaste a
decir no a la Boda, pero lo que Zeth quiere él lo obtiene del modo que sea.
Falleció tu padre bajo sospecha de asesinato, la sociedad
de las familias término de una u otra forma en sus manos, no te percataste de
ello, estabas ciego por la ira, así solo observaste que él te dio su cobijo o
eso les pareció, a ti y a ella.
Volvió a pedirla para él, pero sabias que ella lo repudiaba
y que no te gustaba la idea de entregarla, te negaste.
Firmaste tu propia sentencia, confabulo contra ti, te
mostro el camino hacia el "asesino" y como militar que eras debías
honrar a tu familia, volcó tu ira hacia un inocente dejando las pistas en tu
camino, lo hiciste llevado por la cólera, quitaste un vida de este mundo, que
tarde lo notaste.
Asustado pediste la ayuda de tu amigo al ver hasta donde
habías llegado, pero él mismo te entrego a la "justicia" a tus
espaldas, mientras fingía ayudarte.
Te consolaste con las cartas de ella suponiéndola a salvo,
que equivocado estabas si se perdió en las garras de un demonio, aunque ella
nunca te revelo sus pesares, tenía otras razones que la ataban al mundo, tú
eras una de ellas, la otra te fue desconocida.
De dos cartas por semana a tan solo una al mes, de una al
mes a ninguna y sospechaste que algo andaba mal.
Intentaste escapar pero eras un asesino, de la clase que
saben guardar, de la clase que él pago para recluir aun mejor.
Creíste en él y en cuanto no estuviste tomo a la fuerza lo
que le negaste, te lo hizo saber muchos años después tan solo para burlarse de
ti, si… justo antes de enviar un asesino a sueldo para que acabara contigo poco
antes de salir de prisión.
Se confió demasiado ¿Verdad Neithan? él olvido que viviste
tu juventud como militar y te recluyeron como a uno, el olvido que tu ya eras
un asesino, la sangre que vino después aun mancha tus manos.
Zeth fallo su treta y ahora la venganza será un plato que
te comas frío. Si tan solo supieras oh querido… Neithan, que la mocosa es hija
de él y de tu amada hermana Esmeralda, si supieras que para mal o para bien él
mezclo su sangre con tu sangre. Si supieras que la inocente criatura que
mataras por mí es también una Zyden.
Por suerte todos desconocen esta información, hice bien en
ocultarlo todo, tú Neithan eres mi mejor carta de la victoria.
Él destino es injusto, por segunda vez serás el títere de
las voluntades ajenas y tal parece que los Zyden están condenados al sufrimiento.
-Hemos llegado…- Dijo Winston y aquel rubio de musculosa figura entro en tensión al instante. Nuestro cortés conductor ya había pasado la entrada y los respectivos requisitos para presentar la carta, mientras yo aun vagaba en mis pensamientos.
-Winston… coordina a nuestros queridos amigos como está indicado…- Me aferré al brazo fuerte de Neithan. -Control querido Neithan, ya tendrás momento de cobrarle la injuria-
Él actuó como todo un caballero, abrió la puerta para mí y me ofreció su confortable brazo, al frente se alzaba la iglesia bellamente adornada, la novia aun no llegaba, el novio ya estaba de pie en el altar, mi rubio amigo debió respirar hondo confiaba en que su enemigo hubiera olvidado su rostro tras los años, contando con el hecho de que la última vez que lo vio una enorme barba, sangre y mugre cubrían su rostro sudoroso, mientras los guardias lo sujetaban por petición de Zeth. Aun me parece sumamente pintoresca su historia cada vez que le recuerdo, desde el día en que contacte con Neithan Zyden jamás olvidare su historia.
Justo tras nosotros se oyó el rugido de una moto, eso me saco de mis cavilaciones. Neithan observo impasible a la persona que descendió de ella, si, miro a su próxima víctima en traje blanco sacarse el casco. Como si ella lo supiera miro retadoramente al rubio, yo sonreí cínicamente una vez más afirmándome en él. -No tengas pendiente, tu martirio acabara pronto- Susurré por lo bajo, le dimos la espalda y caminamos al interior de la iglesia.
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Esto se puso color de hormiga , me sera un martirio pero bien vale la pena, agradecida por una nueva entrega . Atte. Maria - Mex
ResponderEliminarme mueroooo! estoi hipnotizada *.* es una emocion indescriptible el esperar cada capitulo, sigue asi cris
ResponderEliminarRogelia B/Perú
Awww genial cada dia esta de infarto me tienes muy atrapada . Besos cristalsif n.n. Maria Rene
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