Al
despertar, me di cuenta de que no era una pesadilla como lo esperaba, era real,
y tenía que soportarlo.
Hoy
comienza mi primer día en otra escuela, sin ella, sin mi Mar, me levante de la
cama, can la firme convicción de tratar de avanzar lo más que pueda.
Al
escoger mi ropa, lo primero que tome fue mi blusa negra, con ese lindo
estampado plateado que tanto le gustaba a Mariana, no sé por qué la tome y me
la puse, tal vez aun creía por dentro que la volvería a ver, en el salón
sentada a mi lado.
Mamá se ofreció a llevarme el primer día,
durante el camino no le dije nada, no
quise discutir, pero al llegar ella mato el silencio.
-Todo
saldrá bien, conocerás chicos guapos- dijo, insinuándome lo que ya saben de
nuevo, al decir la palabra chicos, aumento el volumen de la voz, como para
dejarme en claro que tenían que ser chicos.
-Sí,
conoceré chicos, y chicas- le conteste asiendo un énfasis igual que ella, solo
que en la palabra chicas. Después de eso no me contesto nada, creo que entendió
mi indirecta, y eso me hiso muy feliz,
me gusta cuando entiende las cosas a la primera, lástima que no todo lo
entienda a la primera. Mire a mi alrededor y solo me encontré con caras
desconocidas, que solo me observaban detenidamente, por dentro solo deseaba
desaparecer de allí y aparecer mágicamente en mi otra escuela para estar con
Mar.
Después
de un suspiro, crucé la puerta que me conducía oficialmente a mi nueva
institución- mi nueva cárcel diría Mar- con el corazón un poco acelerado por la
combinación de sentimiento comencé a
caminar por el lugar, me dije a mi misma tienes que poder recuerda lo
prometiste. Esas palabras me dieron un poco más de fuerza, levante la mirada, y
camine con mucha seguridad por el lugar.
Sentía
las miradas, el murmullo de las personas, pero me sentía muy bien, segura y con
ilusión, las cosas tenían que salir bien, de pronto escuche el timbre, que
indicaba el inicio de las clases, todas las personas pasaban al lado de mí y yo
no sabía a donde ir, no tenía ni la menor idea de a donde moverme, el salón me
parecía muy difícil encontrarlo.
Preguntaba,
pero todos parecían ignorarme, era como si no existiera, todos pasaban a mi
lado sin ni siquiera inmutarse con mi presencia, era nueva, no tenía ni idea de
a dónde ir, en ese momento sentí como si yo no tuviera nada que hacer allí,
pensé en que tenía que volver a mi antigua escuela, donde conocía perfectamente
todo el plantel, donde tenía amigos, donde tenía a mi Mar, pero eso solo era un
deseo, no era algo que realmente pudiera hacer era tan solo una añorancia.
Mientras
pensaba de nuevo en lo que había perdido, comencé a caminar, y como no estaba
poniendo atención a todo lo que estaba a mí alrededor choque directamente de
frente con una chica que llevaba un enorme montón de libros que no la dejaban
ver por donde caminaba, a simple vista parecía un pequeño ratón de biblioteca,
era una chica no muy alta, (de mi estatura más o menos) de cabello negro y
sumamente lacio, ojos café claro, de tez blanca, y nariz fina. La mire a los
ojos y ella me miro a mí, de sus labios salió una dulce y tierna sonrisa, la
cual conteste de la misma manera.
-Lo
siento-dije mientras le ayudaba a recoger sus libros- no me fije por donde
caminaba.
-Descuida-dijo
recibiéndome los libros que yo había recogido del suelo- ¿A dónde vas?-pregunto
mientras metía sus cosas a su mochila.
-De hecho
no tengo idea de a dónde voy. Se supone que tengo que ir a la clase de algebra,
pero no tengo ni idea de dónde queda ese salón.
-¿Tu
clase es de algebra 2, con el maestro Franco?-Pregunto mientras se acomodaba el
cabello detrás de las orejas.
-Sí, esa
es mi clase,-Conteste alegre de que por fin alguien me diera alguna indicación.
-Es la
clase a la que voy. De hecho tú vas al
lado equivocado- sonrió ligeramente- ¡vamos!-dijo efusivamente.
-Gracias-conteste,
para después caminar con ella hacia la clase.
-¿Cómo te
llamas?-pregunto antes de entrar al salón.
-Abril,
¿y tú?-pregunte antes de que pasáramos.
-Claudia.
Inmediatamente
entramos al salón, nuestra suerte fue que el maestro aun no llagaba. Entre mire
a todos los que se encontraban allí, todos parecían no darse cuenta de mi
presencia, camine lentamente por el salón, observando a los compañeros que
estaban sumergidos por completo en sus respectivas conversaciones.
Camine
hasta donde ella estaba, se encontraba con unas chicos, a los cuales me
presento de uno por uno.
-Mira, él
es Luis, él es Carlos, ella es Sonia y ella es Dana.
-Hola-dije
con un tono de amabilidad- me acerque a cada uno de ellos y los salude de mano
a todos.
Cuando
estábamos platicando, a pareció una chica, que se acercó diciendo.
-Buenos
días, se me hizo un poco tarde- se acomodó el cabello para después dejar
escapar un suspiro que mostraba su cansancio.
-Mira-dijo
Claudia acercándose a la chica- ella es la nueva compañera, su nombre es Abril.
-Hola,
Abril, yo soy Judith- estiro el brazo para darme la mano.
-Mucho
gusto Judith-conteste al saludo, esa chica era unos centímetros más alta que
yo, casi nada, de piel blanca, tenía una sonrisa impactante, al sonreír se
formaron unos hoyuelos los cuales me parecieron muy lindos, su cabello era
castaño claro, un poco ondulado, y sus ojos color miel, llevaba una blusa color
rosa, del mismo tono que sus labios un poco gruesos; a decir verdad era muy
guapa; su saludo fue muy seguro, sentí como me miro directamente a los ojos,
fue como si me quisiera decir algo, al sentir ese simple apretón de manos mi
corazón comenzó a acelerarse sin ninguna razón, tal vez se deba a que extraño a
Mar, espero que sea eso.
En ese
momento apareció el maestro y todos tomamos asiento, yo me senté a un lado de
Judith al fondo.
Durante
la clase Judith me lanzo un papel que decía “hola”.
Lo leí y
me sorprendió que lo escribiera en lugar de que ella me lo dijera en persona,
decidí contestarle el recado con la misma frase un simple hola.
Al ver
que le conteste ella sonrío suavemente y se puso a escribir algo, para después
mandármelo.
Lo que
escribió fue “ya te aburriste”
-Sí, un
poco.
-Te gusta
la escuela.
-No esta
tan mal.
-Bien, tienes razón no esta tan mal.
Después
de este último mensaje el profesor nos llamó la atención por no poner atención
en clase, así que decidimos dejar los recados.
Durante
el resto de lo clase ella volteo a verme varias veces, yo fingí no darme cuenta
de sus miradas.
Al
término de la clase se acercó a mí.
-Oye
espera- me tomo del brazo.
-Sí-conteste
mientras me daba la vuelta hacia donde estaba ella.
-¿A dónde
vas?-tomo su mochila.
-Al
baño-conteste amablemente mientras me acomodaba un mechón de cabello.
-Te
acompaño-me tomo de la mano y salimos del salón.
Al llegar
al baño lo que hice fue acomodarme el cabello frente al espejo mientras Judith
me miraba con atención.
-¿Extrañas
tu escuela?-pregunto para romper el hielo mientras se ponía un poco de lápiz
labial.
-Sí, un
poco- en realidad no extrañaba mi escuela extrañaba a mi Mariana- pero es
normal, nada que no se supere.
-Este
lugar no esta tan mal- revisó sus labios para verificar que todo estuviera
perfecto- te vas a divertir, yo también extrañaba mi escuela cuando llegue aquí
pero encontré buenas amigas.
-Si-asentí
con la cabeza- se ve que Claudia es una buena amiga.
-Sí, lo
es- acomodo sus cosas-¿ya terminaste?
-Sí,
listo vamos-guarde mis cosas y comenzamos a caminar hacia nuestra próxima
clase, Judith parecía una muchacha muy
amable, pero había algo raro en ella, algo diferente.
Durante
el camino no pronunciamos palabra alguna, digamos que fue un momento incomodo,
mire su rostro el cual estaba completamente pasivo, era como una energía de
tranquilidad que brotaba de ella.
-¿Te
gusta historia?- pregunto para romper el hielo.
-No, es
la materia que más odio, no me gusta
nada- conteste mientras entrabamos a otro salón.
-Que mal,
yo amo la historia, es la materia que más me gusta- se sentó asta atrás.
-Pues en
lo personal no me gusta- me senté en la banca de al lado- no soy buena
recordando fechas- acomode mi cabello- pero si se te facilita pues darme una
mano- lancé una risa sarcástica.
-Sí,
claro- se rio- yo te daré la mano.
Ambas nos
reíamos, cuando la clase comenzó, durante la clase estuve muy aburrida,
mientras que Judith se miraba súper concentrada y emocionada.
Al fin
sonó la chicharra que indicaba que la clase se había terminado y la hora del
receso había llegado.
-¿Quieres
ir a la cafetería?-pregunto Judith mientras recogía sus cosas.
-Sí,
vamos.
En la cafetería comimos y
platicamos todo el rato, nos reímos asta más no poder.
Judith es la chica más divertida
que he conocido, incluso más divertida que mi Mar, será a coso que me estoy…
no, no lo creo, yo no puedo fijarme en otra, aun no, es demasiado pronto, la
herida de la separación con Mariana me tiene un poco sensible, no me puedo
enamorar de ella, además creo que ella no es como yo, ¿o si lo es?, bueno siento
algo diferente en ella, no sé qué sea, pero no es como las demás chicas.
Una de las clases que faltaba
era una relacionada con literatura, a mí
me gusta mucho la literatura, así que entre emocionada.
La maestra de la clase entro,
pidió que me presentara frente al grupo, me pareció un poco… ¿extraña?, bueno
no era como las demás maestras, ella era joven y puedo decir que linda, cuando
le di la mano sentí como una especie de energía cálida y al verla a los ojos sentí como si estos me
hipnotizaran, así que decidí cortar el contacto visual antes de que sospechara
algo. Me preguntó qué era lo que me gustaba, yo conteste que me gustaba la
literatura, cosa que es cierta y que no me gustaba estar en frente del grupo,
ella se rio de una forma muy natural, no fue como si forzara la risa, fue real
y su risa era muy linda y contagiosa.
Después nos pidió que
escogiéramos a algún escritor para una investigación y yo he decidido hacerla
de Emily Elizabeth Dickinson.
La escuela termino y Judith y yo
caminamos juntas hacia nuestras casas.
-Abril, ¿tienes algo que hacer
esta tarde?- pregunto suavemente sin dejar de caminar.
-No, tengo la tarde libre ¿por?-
pregunte intuyendo que quería que hiciéramos algo juntas, fingí que no
sospechaba nada.
-Qué te parece si vamos a dar una vuelta, al
parque- se acomodó un mechón rebelde que le estaba dando problemas, su voz se
notaba un poco nerviosa, y sus movimientos reflejaban un poco de ansiedad.
Baya me está invitando a dar una
vuelta, le prometí a Mar que saldría adelante, y tener una nueva amiga aquí no
me caería nada mal- si claro- conteste con una sonrisa de lado, las sonrisas de
lado son mi especialidad, recuerdo que a Mar le encantaba mi linda sonrisa de
lado.
Judith tomo la desviación a su casa, nos
despedimos con un beso en la mejilla que ella
me dio, camine en dirección a mi “dulce” hogar, abrí la puerta, entre y
justo en la sala se encontraba mi madre viendo otra de sus ridículas novelas
heterosexuales en donde la tonta protagonista no hace más que llorar y llorar
por un hombre que no hace más que lastimarla para que llorar por un hombre si
puedes reír con otra mujer, y la pregunta obvia
no se hiso esperar.
-¿Cómo te fue en la escuela?-
pregunto con un tono de entusiasmo.
-Bien, no fue tan mal- conteste
amablemente, ya que ella pregunto de buena manera, presentía que iba a salir
con lo mismo de siempre.
-¿Y no conociste a un chico guapo
que te gustara?-pregunto con un tono de voz diferente.
Estaba segura de que ella esperaba que le digiera que sí, que
había encontrado a un “hombre” guapísimo y encantador, que estaba profundamente
enamorada y que lo de Mar solo fue un experimento, pero para su desgracia no
fue así, su pregunta me hiso enojar un poco, sus insinuaciones me hacen desesperar- No mami, no conocí a
ningún chico guapo, pero las niñas de mi nueva escuela son muy bonitas, creo
que por eso me agrado el cambio de prepa- conteste para darle una lección, tal
vez soy un poco ruda, pero es para que ella entienda que no voy a cambiar lo
que soy, entre más pronto se haga a la idea de que no me interesan los hombres
mejor, es lo mejor para las dos. Cuando la vi, note en sus ojos un leve toque
de tristeza, eso me hizo sentir mal por ella, no la quiero lastimar, solo quiero
que me acepte tal y como soy, no soy una asesina o ladrona, no he hecho nada
malo, mi único delito es que me siento
identificada emocionalmente y sexualmente con otras mujeres y ya, ¿acaso eso es
malo?, ¿Quién dijo que eso no era correcto?, mi madre no lo entiende y me duele
en el alma que ella no me acepte, que ya no me quiera por eso, por el simple
hecho de ser lesbiana.
-Aun con esa tontería en la
cabeza- contesto gritando.
-¡No es ninguna tontería!-
conteste con la misma intensidad de sus palabras.
-¿Por qué te empeñas en
deshonrar a la familia?- gritó mientras
levantaba las manos con mucha ira.
Sus palabras me llegaron hasta
adentro del alma, sentí como si me hubieran dado una puñalada directamente en
el corazón causándome un dolor inmenso, hice todo lo posible por no llorar,
contuve mis lágrimas, tomé valor y le conteste- Por el mismo motivo que tú te
empeñas en cambiar lo que soy.- Después de decir esto tome la mochila que había
dejado en el sillón y me fui corriendo a
mi habitación.
Sus palabras taladraban en mi
cabeza una y otra vez, no podía olvidar lo que mi madre me había dicho, no concebía entender que ella me
dijera eso, sentí horrible, ¿Cómo una madre puede hacerle tanto daño a su
hija?, al llegar a mi habitación llore sin contenerme nada, lo tenía que hacer,
llore hasta más no poder, el llanto liberaba mi alma, con cada lagrima sacaba
cada una de las palabras pronunciadas por mi madre.
Con los ojos hinchados, el rimen
corrido, las mejillas húmedas, y el corazón herido, me metí a bañar, el agua
sobre mi rostro se llevaba el sabor a sal de mis lágrimas, recordé que Judith
pasaría por mí, así que tenía que lucir lo suficientemente bien para disimular
mi sufrimiento.
Me puse mi ropa favorita, me
arregle lo mejor que pude, y espere a que Judith apareciera para largarme de
aquí.
Esperaba a Judith con mucha
ansiedad, deseaba que llegara y me sacara de aquí, pero… acaso yo… no
definitivamente no podía ser lo que pensaba o ¿sí?
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Gracias por el capitulo sigue asi muy bonita historia, interesante.
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