Capítulo 14
Pude ver a los dos tipos que la vigilan al
entrar a la oficina. Estaban cerca de un auto fumando y mirando al edificio.
Al llegar me vieron pude verlos con sus gestos y
también al escuchar sus pensamientos.
Bajamos por las escaleras ambas en silencios. Bajar
por el ascensor hubiera sido mejor, así podría ponerla al tanto con el asunto.
Sin que los que nos están siguiendo nos oyeran y supieran que ya han sido
descubiertos.
Aunque sería difícil para ella saber que está
siendo vigilada por unos narcotraficantes asesinos pero más al saber por orden
de quien.
Bajamos tres pisos de escaleras en silencio. Por mi
parte me preocupa que hará después de esto, en su oficina tal vez ya tiene los
micrófonos y su celular y teléfonos con los que se maneje ya sea de la oficina
o de su casa estén pichados y también sus computadoras.
-Adriana – se sorprende al escuchar mi voz
estaba muy metida en sus pensamientos – ¿conoces algún lugar seguro para
hablar?
- Yo este mm mi casa, podemos ir allí, si quieres.
-Estoy segura que tu casa es un lugar seguro, pero
para lo que temes que escuchar y ver no lo es y después de esto no sé si
seguirá siéndolo.
- Me estas asustando, entonces vayamos a la tuya o
algún bar, no lo sé.
- Esta bien vamos a una de mis casas, allí podemos
hablar tranquila.
-Bueno, acompáñame a buscar mi auto ¿Quieres
manejar tu?
-Si yo manejo.
Puedo oler el miedo que emana de su cuerpo. Está
asustada de tanto misterio.
No tiene ni idea lo que la rodea. Estoy segura que
si sabe lo que soy saldría corriendo y gritando como una histérica.
Una vez en el auto observo tratando de encontrar
algún indicio de si estuvieron allí. Con gente como la que nos está vigilando,
nunca se sabe lo que van hacer con tal de no ser descubiertos.
-No puedes decirme ¿Por qué tanto misterio?
-Te lo diría, pero ahora cuando lo sepas vas a
entender el misterio.
-¿Queda lejos tu casa?
-Más o menos. Esta alejada del centro.
Con una de mis manos quiero tocarle la mano
para tratar de tranquilizar su nerviosismo, y su preocupación. Quiero que sepa
que conmigo está a salvo y no necesita estar así.
Detengo mi mano a mitad de camino cuando estaba
cerca de tocarla, cierro el puño y vuelvo al volante, mientras le dirijo una
sonrisa tranquilizadora.
-¿Porque retiraste tu mano? no voy a enojarme por
eso, tratas de reconfortarme.
-Lo que pasa es que tengo la mano helada.
-Jajá seguro la tiene fría, pero no helada como dices.
-No lo creas pero la tengo así, helada.
Si ella supiera que en realidad tengo la mano
y el cuerpo frio, más que frio helado, que está hablando con una no vivo. Con
los de mi especie tenemos el cuerpo frio, estamos hablando de muertos vivos no,
al no circular la sangre por nuestro cuerpo como en el de un ser humano,
nuestra temperatura es baja por eso.
El resto del trayecto seguimos en silencio.
-Llegamos
-¿Aquí vives?
-Sí, va es una de mis casas ¿No te gusta?
-Sí, solo que parece una casa antigua.
- Es antigua. Pero entremos así te saco las dudas.
Entramos a mi casa y la llevo al living. Antes
de cerrar la puerta detrás de mí, puedo observar que nos siguieron ese tal
Robert y Cristian.
Se sentó en unos de los sillones, y le acerque
mi computadora con auriculares, eso para que los que nos siguieron si se
acercan a la casa no escuchen.
-¿Quieres tomar algo?, te lo preparo, y tu escuchas
eso
-Un café si puede ser, ¿tengo que escuchar de esta
forma?
-Bueno, Abogada usted escuche eso y después sabrá el
por qué de todas las precauciones.
La deje sola por unos minutos para que ella viera
eso y yo poder preparar su café y también calmar un poco mi sed. Hace un par de
días no me vengo alimentando bien y si voy a empezar a ser de niñera de ella
necesito estar bien o si no podría defenderla.
Al volver la encuentro abrazada así misma viendo
otra vez el video. Tiene miedo.
-¿De dónde sacaste esto?
-Investigando para ti, logre grabar eso, ahora
tienes el motivo de porque mataron al guardia, pero debes tener cuidado en lo
que haces. Como sabrás te están vigilando. O mejor dicho no están vigilando.
- Lo sé, pero hasta en mi casa ¿Qué voy hacer?
-Ahora beber tu café, si quieres puedes quedarte
aquí, yo no vivo en esta casa. Puedes traer tus cosas. Además esta casa tiene
buena seguridad. Y si te preocupa el barrio para entrar en las noches, yo puedo
acompañarte.
-Gracias. ¿En serio no te preocupa que me quede
aquí?
-No jefa, puedes quedarte todo el tiempo que
quieras- solo tendré que avisar a Josías para que no venga aquí- es tu
casa ahora.
Recibo una hermosa sonrisa como agradecimiento,
haría esto por ella todas las noches con tal de verla sonreír.
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